Llamar la atención: de porqué Corea del Norte quiere que no lo olviden.


La semana pasada, un científico estadounidense tuvo la oportunidad de realizar uno de los tours más difíciles de conseguir (si es que alguien lo quisiera hacer), se dio el lujo de dar un paseo guiado por las plantas nucleares de Corea del Norte. Los norcoreanos le mostraron con orgullo las nuevas instalaciones con las que pueden conseguir producir armas nucleares mucho más potentes con mayor facilidad y rapidez que antes. El científico, como era la intención del régimen norcoreano de Kim Jong Il, contó su aventura a los medios, ratificando las sospechas de varios servicios de inteligencia que sospechaban de la nueva y mejorada capacidad nuclear de Corea del Norte.

Pero esto no fue todo. Frente a una respuesta tímida de la comunidad internacional al nuevo desafío de Kim Jong Il, el martes 23 de noviembre, varias descargas de artillería norcoreana bombardearon una isla de Corea del Sur, matando a dos soldados y dos civiles, e hiriendo a otras veinte personas. Los surcoreanos contestaron con su propio fuego de artillería, pero se detuvieron poco después, conscientes de los peligros de forzar una guerra traería.

Estas dos provocaciones han despertado diferentes reacciones en el ámbito internacional. Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, han iniciado maniobras para mostrar al régimen que no se encuentran intimidados, mientras China (aliada de Corea del Norte y prácticamente el único país que tiene alguna real influencia en cómo se comporta) hacía prudentes llamados a la calma, apostándole a la reanudación de los diálogos.

Sin embargo, las motivaciones de Corea del Norte todavía no están muy claras ¿qué es lo que busca con lo que algunos dicen es un ataque para llamar la atención? Dos cosas, al parecer.

Primero, mostrar fortaleza frente a la comunidad internacional y sus vecinos en busca de nuevas ayudas y beneficios para su destruida economía. En otras palabras, Corea del Norte quiere utilizar la agresión para recibir ayuda económica, extorsionando con ataques como el del martes pasado y amenazas como la de su nuevo poder nuclear. Y segundo, el dictador Kim Jong Il quiere afianzar a su sucesor, su hijo menor Kim Jong Un, dentro de su país y con el alto mando militar que cuida su régimen, al mostrarse agresivo en su relación con el exterior.

Ambas dinámicas dicen mucho de la política norcoreana sin embargo: muestran un régimen en realidad debilitado e inseguro, que busca llamar la atención y mostrarse más fuerte de lo que es. La pregunta, en todo caso, es ¿qué será más peligroso, una dictadura fuerte o una débil en Corea del Norte? ¿Cuál puede causar más daño en la región?

¿Zanahorias o garrote, cuál cree que funciona mejor con el régimen norcoreano? Cuénteme lo que piensa, comente.

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