África en llamas.


Lo que estaba pasando mientras mirábamos las revueltas de Medio Oriente y el terremoto de Japón.

La semana pasada ha sido uno de los momentos más movidos de noticias en la historia reciente, tanto, que eventos que en otras circunstancias habrían resultado de primera plana, se perdieron entre los reportes de los bombardeos aliados en Libia (junto con el recrudecimiento de las protestas en Yemen y Siria) y los temores de un desastre nuclear en la planta japonesa de Fukushima. Uno de ellos, y quizás el más importante por los desafíos y peligros que entraña, es la guerra civil a la que ha descendido el pequeño país africano de Costa de Marfil.

Todo empezó luego de que en las disputadas elecciones presidenciales de noviembre del año pasado, el presidente Laurent Gbagbo desconociera los resultados de su derrota frente a su rival, Alassane Ouattara, reeligiéndose, luego de diez años en el poder. La comunidad internacional (la ONU y la Unión Africana de Naciones) reconocieron a Ouattara como el verdadero ganador, pero los jefes militares locales apoyaron la fraudulenta victoria de Gbagbo, que se negó a ceder a las presiones externas. Ambos presidentes (el legitimo y el de de facto) reunieron entonces bandas armadas y dieron inicio a enfrentamientos por controlar el país. Avances, retrocesos y denuncias de violaciones de DDHH y al DIH siguieron, mientras el mundo seguía pendiente de las crisis en Egipto y Libia.

Todo esto ha pasado relativamente desapercibido gracias en parte a los acontecimientos de Medio Oriente, donde la ola de revueltas ha mantenido la atención internacional por semanas, dados los importantes intereses en juego. Costa de Marfil sin embargo, resulta de poco valor o importancia estratégica para ninguna de las potencias y por eso su conflicto solo ha logrado preocupar a los compradores de cacao, principal exportación de la pequeña nación africana.

Mientras, los combates siguen cobrando victimas civiles. Se estiman que más de un millón de personas han sido desplazadas, unas cien mil de ellas fuera del país, y abundan los reportes de ataques por parte de los milicianos a los pobladores. Los temores porque se repitan atrocidades como las de Ruanda abundan y periodistas, diplomáticos y miembros de ONG’s, claman porque las sanciones que ya impuso el Consejo de Seguridad se amplíen.

Ahora bien, si alguna vez hubo un caso claro para la intervención humanitaria internacional (incluso más que Libia) es Costa de Marfil. Pues todo lo que puede salir mal se reúne en la crisis del país africano. Primero, una nación que ha sufrido anteriormente de violencia étnica y partidista, donde dos lideres con un poder militar similar se disputan el control territorial y rodeada además de otros países con iguales antecedentes de guerra civil e inestabilidad política. Las perspectivas para costa de Marfil no son buenas y el hecho de que el mundo parezca ignorar esta crisis empeora todo. Así pues, como en Libia, el Consejo de Seguridad de la ONU debe ordenar una intervención en orden de proteger la vida y los derechos humanos de los civiles, pues a falta de la capacidad o disposición por parte de sus líderes de hacerlo, esta responsabilidad recae en todos los gobiernos del planeta.

¿Cree que la intervención humanitaria es necesaria en el caso de Costa de Marfil? ¿Puede detener los abusos a los DDHH? Cuénteme lo que piensa, comente.

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3 Responses to “África en llamas.”


  1. 1 Jairo H. Quirós 30 marzo, 2011 en 12:23 pm

    Nunca estará de sobra la ayuda humanitaria donde quiera que se necesite. Lamentable si es, que las gestiones de buena voluntad sean condicionadas por las prioridades de las grandes potencias y ´por qué no, de los intereses creados de los medios de comunicación. Lamentable, también, que sea nuevamente el continente africano el protagonista; como si no hubiese superado el colonialismo ni sus guerras tribales.

    • 2 Santiago Silva Jaramillo 30 marzo, 2011 en 4:54 pm

      Es en verdad lamentable la situación en Costa de Marfil. Hay quienes han sugerido, y yo me adhiero, que el país y su posible guerra civil es un candidato fuerte para una intervención como la de Libia para proteger a su población civil de la indiscriminada e irresponsable lucha de poder de sus líderes.

      Creo que la comparación entre Libia y Costa de Marfil cabe, diferente a la que se hace en este momento con Yemen y Siria, sin embargo, el hecho de no ser tan ‘importante’ juega finalmente en contra del país africano. Esperemos que, en el menos peor de los casos, como ya está sucediendo, el legitimo presidente marfiles, el señor Ouattara, logré ganar el control del país sin hacer una masacre en el camino.

      Gracias por comentar y un saludo, tío.


  1. 1 realfanblast.zendesk.com Trackback en 1 febrero, 2015 en 10:26 pm

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