La alianza central


Sobre lo que Colombia le puede enseñar a los países centroamericanos en la lucha contra el narcotráfico.

El pasado 22 de junio, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, participó en la conferencia sobre seguridad centroamericana realizada en Guatemala. Los países centroamericanos se han estado enfrentando en los últimos años a un incremento en la actividad de las mafias de narcotraficantes en sus territorios. Sus líderes, que reciben la presión de sus ciudadanos por mejorar los esfuerzos de sus Estados en la lucha contra estas organizaciones, han iniciado varias iniciativas para mejorar sus capacidades para combatir al crimen organizado y la violencia asociadas al tráfico de drogas.

Santos, en su intervención durante la conferencia, defendió un enfoque integro en la guerra contra las drogas, donde toda la cadena del tráfico ilegal de estupefacientes sea atacado. Colombia, al fin de cuentas, tiene mucho que enseñar a sus vecinos, desde los peruanos (que se convirtieron en 2010 en los principales cultivadores de coca del mundo), hasta los centroamericanos y mexicanos (que viven en los lugares sin guerra más peligrosos del mundo), sobre la manera de enfrentar este increíble desafío. Una mayor cooperación, no solo en medios sino en know how, puede representar un fortalecimiento del esfuerzo conjunto por derrotar a los carteles de la droga y a la violencia e inestabilidad que estos producen.

Tanto en el marco de la conferencia centroamericana, como en sus relaciones bilaterales con Perú y México, Colombia, que cuenta con algunos buenos resultados que mostrar, puede enseñarles, entre otras cosas, algunas de estas lecciones:

  1. En la cooperación está la clave: la primera lección parece obvia y sin embargo, es la que menos se ha aplicado en la lucha global contra el narcotráfico. Los esfuerzos de países solitarios, incluso de un par de Estados, pueden verse frustrados con facilidad por la ineficacia o inoperancia de un tercer país que se encuentre en algún eslabón de la cadena. Mejor dicho, Colombia puede utilizar todos sus recursos en combatir a los grupos armados que protegen los sembrados de mata de coca, pero si los países vecinos son incapaces (o no quieren) atacar fenómenos como el tráfico de armas o la misma salida de la droga por sus fronteras, el esfuerzo no solo es frustrante, sino que puede resultar inútil.
  2. Inteligencia y contrainteligencia: el presidente Santos lo dijo, con toda razón, en Guatemala, la mayor fuerza (y el mayor peligro para los Estados) de las organizaciones narcotraficantes, es su capacidad para infiltrar y cooptar las instituciones del Estado. No es raro, además, que pretendan hacerlo, pues al fin de cuentas, esto les puede garantizar apoyo político, inmunidad judicial y policial e incluso algunos nuevos recursos (¡los públicos!) de los que echar mano. Este es un fenómeno que hemos visto con demasiada frecuencia en Colombia, desde Pablo Escobar en el Congreso, hasta los pactos de la “parapolítica”. Tanto recursos en inteligencia y contrainteligencia son importantes para combatir las infiltraciones, aunque también resulta fundamental:
  3. Un vigoroso sistema de justicia: los criminales se nutren de la debilidad institucional del lugar en donde delinquen. Son agentes del caos y la falta de presencia de un Estado fuerte, o incluso mínimamente funcional, facilita su capacidad de delinquir con impunidad. Esa esta, finalmente, la posibilidad de no pagar por los crímenes cometidos, el mayor incentivo para los narcotraficantes. Un sistema de justicia vigoroso es aquel que, en derecho, funciona eficientemente y además, es lo suficientemente fuerte para resistir la corrupción del dinero de los criminales y sus amenazas.   
  4. Competencia por territorio: finalmente, las bandas de narcotraficantes son, en esencia, mafias, organizaciones criminales estructuradas que buscan incrementar y proteger sus intereses económicos utilizando el dinero ganado en los negocios ilegales o la capacidad de ejercer violencia. Así, la guerra contra las mafias narcotraficantes se termina convirtiendo en una por el control que éstas ejercen en el territorio, donde, además, pretenden reemplazar muchas de las prerrogativas del Estado. Los narcos extorsionan (cobran impuestos), ajustan cuentas (ejercen justicia) e incluso financian obras públicas para mejorar su imagen entre la población. El Estado debe configurarse, a través de una presencia vigorosa y sostenible y de una promoción de la gobernabilidad y la utilización efectiva de los recursos públicos, en una opción viable y atractiva frente a la que representan el dinero y la justicia rápida de los carteles.

 

¿Qué otras lecciones puede enseñar Colombia a los países de Centroamérica? ¿Tiene alguna posibilidad de éxito la Guerra contra las Drogas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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