Los peligros de tener conciencia


Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el daño que puede provocar la ayuda  y caridad internacional

Los hombres somos naturalmente caritativos, es decir, casi todas las personas cuentan con un sentimiento de compasión que se solidariza con otras personas cuando éstas se encuentran en situaciones desesperadas de pobreza, enfermedad o abocados a las terribles circunstancias de un desastre natural.

Y es por esto que la mayoría de nosotros corremos a realizar donaciones cada vez que vemos el hambre y la enfermedad en África o los devastadores efectos de un tsunami en Japón o un terremoto en Haití. La caridad es una acción estimable y que se soporta en la solidaridad entre los hombres, pero en ocasiones, un impulso noble no lleva necesariamente a consecuencias igualmente buenas.

Este es el caso de las perjudiciales, y a veces ridículas, donaciones que muchas personas en el mundo terminan enviando a los lugares de los desastres. Es el caso de la “ropa usada”, uno de los artículos más populares de las donaciones, y que como efecto contraproducente solo ha logrado minar la capacidad productiva de las industrias textiles locales, incapaces, a todas luces, de competir contra camisas, zapatos y pantalones gratis.

Las donaciones de comida también pueden entrar a jugar un papel perjudicial en las difíciles dinámicas del país y la sociedad receptora. En 2004, por ejemplo, una empresa norteamericana donó una gran cantidad de pasteles dulces, dirigidos a los niños de Afganistán. Sin embargo, la mayoría terminaron en el mercado negro, perpetuando el comercio ilegal que tanto daño le ha hecho a la economía y al precario sistema tributario afgano.

Lo anterior se refiere a las donaciones y a la caridad privada, es decir, la impulsada por las personas de a pie o por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, los mayores proveedores de ayuda internacional son los gobiernos y las organizaciones multilaterales.

El problema es que este tipo de ayuda, que busca atender sobre todo el problema de la pobreza en los países en vías de desarrollo, también puede llegar a cometer errores en las aproximaciones que tienen sobre el problema.

La primera dificultad se refiere a la dependencia económica que algunos países pueden desarrollar respecto a la ayuda internacional que reciben. Es el caso de Afganistán, en donde el dinero recibido del exterior representa casi la mitad de la economía, de tal manera que cualquier reducción en la cantidad de ayuda enviada (como la que se producirá una vez las tropas estadounidenses se retiren en 2014) podría representar una catástrofe para el país asiático.

El segundo inconveniente está dado por la naturaleza de los regímenes que reciben la ayuda internacional y cómo las consideraciones políticas locales, convierten al más altruista esfuerzo en una manera de perpetuar las condiciones que causaron el desastre humanitario en primer lugar. En efecto, en muchos países que dependen en gran medida de la ayudad internacional, tanto para atender su problema con la pobreza, como para funcionar con relativa efectividad como Estados, el dinero de préstamos y donaciones internacionales se termina utilizando para soportar la reducida legitimidad del régimen. Es el caso de la comida que USAID y la ONU envío a Somalia durante la reciente sequía y que fue utilizada por el grupo islamista Al-Shabab como moneda de cambio para mejorar su posición entre los somalíes con hambre.  Así, en algunos casos, los recursos salidos del altruismo y solidaridad terminan empeorando o perpetuando la situación de pobreza, opresión y violencia que buscaban atender.

¿Cómo puede la ayuda internacional mejorar su impacto en los países con pobreza extrema o víctimas de desastres naturales? Cuéntenme lo que piensa, comente.

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5 Responses to “Los peligros de tener conciencia”


  1. 1 Felipe Arango García 13 octubre, 2011 en 9:06 pm

    Hola Santiago,

    Como bien lo muestras, una cosa es la ayuda humanitaria de emergencia, dentro de la cual cabe la ayuda alimentaria, y otra cosa es la ayuda oficial al desarrollo (aod). La primera me parece indispensable aunque sufra tantos traspiés, pues afirmar que el suministro de alimentos no es deseable en casos de hambruna me parece una contradicción en los términos. Los casos de Somalia, Corea del Norte o Myanmar deben ser tratados a parte; si los gobiernos o insurgentes no permiten la llegada de ayuda ningún pais va a arriesgar tropas para hacerla llegar bajo coerción. En Corea del Norte la población considera la ayuda alimentaria que ha logrado entrar al país como un regalo de su máximo líder, pero importan estos réditos políticos si se salvan vidas? En caso de una catástrofe natural no, pero a largo plazo tal vez sería preferible dejar que la escasez de alimentos detone la caida del régimen . La ayuda alimentaria puede atrofiar aun más la agricultura de un país si se vuelve crónica, y por ello debe permanecer una medida reactiva provisional y no una medida proactiva permanente. En cuanto a la ayuda oficial al desarrollo, todos los economistas disidentes del banco mundial y del FMI (easterly, stiglitz, moyo) coinciden en que los mayores receptores de ayuda son los paises con mayores retrocesos en términos de crecimiento economico y consecución de las metas del milenio.La solución que proponen es “dead aid” pues los flujos financieros de gobierno a gobierno minan la disciplina fiscal, generan desconfianza para los inversionistas, bajan la notación de los paises receptores en el mercado financiero, incentivan la corrupción y por lo general aumentan las flotas presidenciales de yates y aviones en lugar de incrementar el ingreso per capita de la población.
    Felicidades
    Felipe

  2. 2 Santiago Silva Jaramillo 14 octubre, 2011 en 11:06 am

    Tienes razón, la diferenciación es muy importante y supone reconocer que la ayuda humanitaria (en casos de desastres naturales o situaciones de pobreza extrema) es necesaria en muchos casos, incluso cuando pueda llegar a ser poco eficiente o efectiva. Mejor dicho, las consideraciones económicas poco importan en un asunto puramente humanitario.

    La ayuda para el desarrollo es otra historia, sobre todo cuando debilita las capacidades productivas y de gobernabilidad de las personas y gobiernos que apuntaba a ayudar. Quizás no me identifique completamente con la idea de acabarla por completo (defendida por ejemplo en el artículo libertariano que pongo en uno de los enlaces) pero si vale la pena mantener una posición crítica respecto a este tipo de intervenciones y, sobre todo, a las organzaciones que escudan su funcionamiento en la supuesta efectividad de las mismas.

    Me gustó mucho tú referencia a los pobres resultados sociales y económicos alcanzados por los países que más reciben ayuda. En efecto, los países que han logrado mayores avances en reducción de la pobreza en los últimos años (China, India y Brasil) reciben en términos comparativos muy poca ayuda internacional. Lo hicieron solos, a partir de reformas institucionales internas.

    Muchas gracias por seguir leyendo y comentando.

    Un saludo

  3. 3 Felipe Arango García 14 octubre, 2011 en 5:24 pm

    Es cierto que suprimir la ayuda internacional suena radical. El argumento de William Easterly en the white man’s burden es que el volumen o la cantidad de dinero no es un indicador de éxito. De poco sirve que los países del Norte se jacten de ser los mayores donantes en tal o tal región del planeta. La ayuda debe incorporar una lógica de mercado; es decir que a la población que se pretende beneficiar se le debe dar el mismo trato que a un cliente: hacer un estudio para ver qué necesita, y luego preguntarle si está satisfecho con el producto. Por ejemplo en cierta aldea africana una agencia de desarrollo financió miles de textos escolares nuevos y contrató nuevos profesores para luchar contra el analfabetismo y la deserción escolar. La agencia asumió que el problema era la cobertura y la calidad, pero el alto analfabetismo se debía sobre todo a la deserción de las niñas que llegaban a la adolescencia, quienes abandonaban la escuela porque les llegaba el periodo y como no tenían letrinas de uso exclusivo pues preferían no volver a la escuela a verse humilladas por los varones. Por otro lado, Easterly explica que los “Big push” para el desarrollo son un mito. Un Plan Marshall solo es eficaz cuando hay una institucionalidad sólida y un grado aceptable de gobernabilidad. En este sentido los recursos donados sirven para dotar a un pueblo de agua potable, o para construir una escuela; es decir para mejorar la calidad de vida de los pobres, pero nunca para alcanzar una educacion primaria universal ni una cobertura global de agua potable; eso es tarea del “homegrown development”. Finalmente, vos hablabas del altruismo como motor de la ayuda. Pero la ayuda fue hasta hace pocos años “ayuda atada”. Los préstamos condonables del BM eran una recompensa para aquellos paises que introdujeran reformas neoliberales, y en la guerra fría la ayuda era para quienes lucharan contra el comunismo, como el programa Alianza para el Progreso en Colombia o la ayuda de 20 millones de dólares a Zaire durante el régimen de Mobutu, dinero que compraba la lealtad del dictador hacia occidente.Definitivamente el título de tu blog le hace honor a la AOD.
    Muy interesante este tema!
    Cuidate

  4. 4 llantas firestone 8 agosto, 2017 en 2:13 am

    Excelente Articulo.


  1. 1 Los peligros de tener conciencia | Política Internacional | Scoop.it Trackback en 14 octubre, 2011 en 11:08 am

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