Razones para el optimismo


Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre porqué no desesperar por el presente y el futuro de la humanidad

El pesimismo es un ejercicio sencillo, al que las personas se rinden con facilidad y demasiada rapidez. Es bastante común que los hombres nos dediquemos a predecir  y temer por un futuro lleno de inconvenientes y desgracias. Pero al mismo tiempo que nuestra afición al pesimismo, existe el impulso a creer en que la historia humana se desarrolla en la manera de un constante y sostenido progreso.

Pesimismo y optimismo. Historia cíclica e historia lineal. Futuro incierto o progreso seguro.

La verdad, como siempre, es mucho más compleja. Pero, en realidad, el mundo y con él los hombres, mejoran su situación en la manera de “un paso atrás, dos hacia adelante”. Aun así, la situación general, según algunos datos recientes parecen inclinar la balanza hacía el lado del optimismo. Incluso personas tan escépticas respecto al porvenir como los colombianos tenemos razones para sentirnos tranquilos.

En primer lugar, la lucha contra la pobreza va mejor de lo que muchos podrían esperar. Por un lado, los últimos treinta años han visto una reducción sostenida en el número de pobres del mundo. De igual manera, aunque la reducción se ha concentrado en China y el Pacífico, casi todas las regiones del planeta (con la excepción del África Subsahariana) han hecho parte de este fenómeno.

De igual manera, y posiblemente gracias a esa misma reducción de la pobreza, la tasa de mortalidad infantil se ha reducido ostensiblemente durante la segunda mitad del siglo veinte y los primeros años del veintiuno. Esta reducción es transversal a todos los países del mundo, con algunas excepciones por supuesto y el caso particular de las naciones africanas, que aunque han mejorado sus indicadores, lo han hecho a un ritmo sustancialmente menor al del resto del mundo. Aun así, países como Malí han cortado a la mitad el número de muertes infantiles en los últimos cuarenta años, y otras naciones como Turquía, Irán e India han tenido reducciones igualmente impresionantes.

No sorprende entonces que la expectativa de vida al nacer para la población del mundo haya pasado de algo más de 30 años a principios del siglo 20 a 69,4 en 2009. Solo en los últimos siete años, por ejemplo, la expectativa de vida de los hombres como especie ha crecido en 2 años. Las mejoras en la medicina moderna y la mayor disponibilidad de alimentos son los responsables de que la humanidad viva el doble de lo que lo hizo durante casi toda la historia.

En su libro “Better Angels of Our Nature” publicado hace unos meses, el profesor de sicología de Harvard Peter Singer sostiene que la violencia, en todas sus expresiones, pero particularmente causada por las guerras, se ha reducido sostenidamente durante el último milenio de historia humana. Así pues, “La tesis central de “Better Angels” es que nuestra época es menos violento, menos cruel y más tranquila que cualquier otro período de la existencia humana” dice un artículo del New York Times.

Por supuesto que no hay que bajar la guardia; ha sido gracias al inconformismo humano que hemos alcanzado la situación actual en la que nos encontramos. La inquietud y ambición por mejorar es el principal insumo del progreso.

Pero la próxima vez que nos visite el espíritu del pesimismo frente a nuestro futuro, mejor pensar que las cosas no están tan mal como algunos dicen, ni empeorando como otros profetizan. Todo lo contrario, parece que el futuro será mejor de lo que esperamos.

¿Existen otras razones para ser optimista? ¿O el pesimismo es justificado? Cuénteme lo que piensa, comente.

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2 Responses to “Razones para el optimismo”


  1. 1 Nicolás Peñaloza 7 marzo, 2012 en 7:43 pm

    Si, hay más razones. En un momento realmente difícil de la historia, ante la destrucción de Europa y el temor de una invasión a Gran Bretaña el líder político ingles Winston Churchill salió con esto: “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”

    • 2 Santiago Silva Jaramillo 8 marzo, 2012 en 3:42 pm

      Claro, el pesimismo es bastante inutil en la mayoría de las circustancias. Además, puede resultar dañido en tanto desvía o retrasa el curso del progreso y el desarrollo de una sociedad. Tampoco hay que resignarse con facilidad o dejar de ser inconformes, pues al fin de cuentas, es del deseo de mejorar que se logran cosas. Es una dificil pero necesaria balanza entre optimismo y realidad; donde buscamos hacer los cambios y avanzar, pero no perdemos perspectiva de lo que se ha conseguido y que, al fin de cuentas, las cosas no van, ni están, tan mal.

      Gracias por comentar, Nico


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