Entendiendo el acuerdo con Irán


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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Las negociaciones en Ginebra están dando resultados; qué se ha logrado y las dificultades en el camino

Este 24 de noviembre, el presidente estadounidense Barack Obama anunció el logro de los primeros acuerdos en las negociaciones entre seis potencias mundiales (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China, Rusia y Alemania) e Irán. Este es el primer avance claro de semanas de diálogos en Ginebra, Suiza, e incluye el compromiso de Irán de reducir su esfuerzo de enriquecimiento de uranio (con fines pacíficos, dicen ellos, pero con posibilidad de construir armas nucleares, sostiene la comunidad internacional) y de Occidente de relajar algunas de las sanciones económicas impuestas al país asiático desde 2012.

Este éxito da un respiro al golpeado gobierno de Barack Obama y ha validado su apuesta política respecto al conflicto con Irán. En efecto, Obama se decidió por una combinación de duras sanciones económicas y acercamientos diplomáticos de alto nivel para intentar resolver la tensión entre Occidente e Irán. Las sanciones funcionaron, llevando al liderazgo iraní a buscar el diálogo luego de que la elección del nuevo presidente, el moderado Hassan Rouhani, abriera una ventana de oportunidad.

Irán

Fuente: The Big Picture – Boston.com

El acuerdo alcanzado la semana pasada es, por supuesto, un primer paso en un todavía largo proceso. Construir confianza entre las partes ha sido un enorme reto y el limitado éxito se enfrenta  a varios desafíos que dificultarán que se consigan más avances en los próximos meses:

  1. Oposición y desconfianza por parte de Israel y los gobiernos árabes: la dirigencia israelita no ha estado de acuerdo con que se negocie con Irán, menos, que se relajen las sanciones en espera de compromisos por parte de los iraníes. La desconfianza es comprensible. El anterior presidente de Irán, Mahmod Ahmanineyad, se había vuelto famoso por hablar sobre la inevitable “desaparición” de Israel. Pero los israelitas no son los únicos nerviosos, los saudíes (también los otros estados petroleros del Golfo Pérsico) son los némesis geopolíticos de los iraníes. Su dinero financia a los rebeldes sirios que se enfrentan a las fuerzas Bashar al-Assad, aliado de Irán y sus títeres se enfrentaron en la pequeña isla de Bahréin, durante los primeros meses de la primavera árabe. Para ambos, israelitas y árabes del golfo, un Irán nuclear cambiaría el delicado equilibrio de poder de la región y resulta una situación tan inaceptable, como para planear un temido desenlace militar del conflicto.
  2. Presión interna en Irán de parte de la Guardia Republicana: pero no solo los enemigos de Irán podrían oponerse a que las negociaciones y concesiones continúen. El presidente Rouhani se ha jugado su posición interna al “ceder” frente a Occidente. En efecto, la Guardia Republicana iraní –una élite militar que se ha configurado también como una élite económica, social y política en los últimos años- compone la principal oposición a reducir el ritmo o detener por completo el programa nuclear iraní. El problema es que la influencia de la Guardia dentro de Irán es muy importante, y cuenta con el apoyo de algunos sectores sociales y una representativa sección de las fuerzas políticas. Rouhani tiene que manejar un delicado equilibrio entre seguir comprometiéndose a nivel internacional, sin que su posición interna se debilite mucho.
  3. Verificación de los acuerdos: durante años, desde que Irán empezó su programa nuclear, Occidente se ha debatido entre la especulación, la paranoia y el espionaje respecto a los verdaderos avances del proceso de enriquecimiento de uranio y construcción de las centrifugas. Luego del acuerdo anunciado el domingo pasado, la información y verificación del cumplimiento serán claves para que las negociaciones continúen y logren mayores resultados. Esto implica la presencia de inspectores de la Agencia de Energía Nuclear en las plantas iraníes, algunas de ellas, concebidas como inexpugnables y recelosamente custodiadas por los iraníes en previsión de actos de espionaje, sabotaje o incluso un ataque directo. La confianza ganada por las partes en las últimas semanas y la voluntad política de todos será puesta a prueba.
  4. Punto final: el último desafío será alcanzar el final de la negociación. En efecto, los acordado hasta ahora supone solo una “relajación” y reducción” de las aspiraciones de ambos bandos. Pero tanto para Irán como para las seis potencias, resultará bastante difícil conocer muy bien hasta dónde pueden llevar todo el asunto ¿Irán está dispuesto a clausurar todos los componentes de su programa nuclear? ¿Occidente aceptará un punto en el que no lo haga? ¿Saudíes, israelíes e iraníes pueden relajar sus tensionadas relaciones?

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