Una mesa en un andén.


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Mesa de solidaridad en Frontino.

Por Santiago Silva Jaramillo

Los días pasan. Todos los contamos con partes iguales de angustia y expectativa, esperamos en la tarde los reportes del Ministerio de Salud para conocer el nuevo número de contagios, muertes y recuperaciones. Y hacemos cuentas en la cabeza, calculamos, en ocasiones con más esperanza que sensatez, si vamos bien o mal, si el ritmo al que avanza el virus es mayor o menor al que esperábamos. Si ese nuevo reporte, si ese nuevo día, es motivo de un poco más de miedo o un poco más de tranquilidad.

Los días pasan.

También revisamos noticias de otros lugares, paneamos las redes con dedos entumidos, leemos un nuevo artículo o columna que intenta dar nuevas luces, aunque ya muchos se parecen a anteriores (Igual a este, seguramente). Expertos que se contradicen, políticos que juegan a la demagogia, al estadista o al contagiado, analistas de todo que se graduaron de epidemiólogos en cuestión de días. Pero también, detrás de todo este ruido, una mesa, un letrero y algunas bolsas de lentejas, arroz y frijoles.

La foto delata, con su andén empinado y su ventaja enrejada, algún pueblo de Antioquia. Es Frontino, nos enteramos si leemos la nota o el tuit que acompaña la foto, y conocemos a Jader Aldana, un vecino del municipio que vio en redes una idea similar y la quiso replicar en su pueblo. El letrero, en letra azul, dice: “Yo cuento contigo. Tú cuentas conmigo. Si necesitas toma. Si te sobra dona”. Una rima sencilla para un objetivo bonito. A los días, Jader tiene que añadir otra mesa a su iniciativa de solidaridad para disponer de las donaciones que llegan más rápido de lo que se van y también por redes y notas de prensa nos enteramos de que el experimento se riega por el país, que en Bogotá, en Medellín, en Cali, hay nuevas mesas con la misma invitación a pensar en los demás.

Que la mesa en un andén de Frontino se ha convertido en un mecanismo para ayudar a los que pasan por momentos difíciles, pero también, para permitir que expresemos nuestra preocupación por los otros, que nos sintamos corresponsables de su bienestar, parafraseando la definición que Cayetano Betancur daba de la solidaridad. La iniciativa de Jader y sus réplicas son solo una de las expresiones parecidas que hemos visto por estos días, son cientos las invitaciones a donar suministros y dinero, miles los voluntarios que continúan entregando y movilizándose para espantar el hambre en estómagos que tan bien la conocen, muchísimas las organizaciones, empresas e instituciones que han asumido la corresponsabilidad por el otro de la que hablaba Betancur.

Porque la solidaridad espontánea, tan común, es una contribución para disminuir las angustias por las que muchos pasan por estos días, pero también, un recuerdo insistente, una realidad cotidiana de esas que se olvidan, un pensamiento alentador en tiempos aciagos. Uno necesario y fundamental para no olvidar que detrás del miedo, de la incertidumbre, detrás de la melancolía persistente de los días que se superponen, de los días que pasan, podemos contar con lo mejor de las personas. La solidaridad no es un milagro, porque en el estado de las cosas, por emocionante que nos parezca, no deja de ser común.

Y todo lo maravilloso es cotidiano.

4 Responses to “Una mesa en un andén.”


  1. 1 juan pablo 12 abril, 2020 de 12:35 pm

    Una iniciativa solidaria, ingeniosa pero sobre todo pedagógica que enseña a que no solo, ante las grandes catástrofes, debe el estado protagonizar la ayuda a los sectores más vulnerables. Ese sufrir el dolor del otro, ese hacerlo nuestro, debe desactivar nuestro egoísmo (¿natural?), que generalmente hace que busquemos solo la propia seguridad… La simplicidad con que se tiende la mano es lo más conmovedor en esta ejemplar y noble iniciativa: una pequeña mesa, un cartel sobriamente persuasivo, algunos productos modestos, pan, lentejas, arroz, pero que valen más que el mismo oro (el dios ante el cual hoy se inclina el rico y el pobre) cuando situaciones límite, como la actual, destruyen o ponen en riesgo esa casita artificial y de oropel en la que han convertido el mundo, esa oligarquía invisible que lo gobierna con la ayuda de la varita mágica de la supuestamente todopoderosa tecnología (otro dios). Ese coloso tiene pies de barro y mientras más poderoso parece ser, hace de nuestro mundo un sistema muy vulnerable, entre otras razones porque solo un pequeño ejército de científicos y tecnócratas se encarga de hacerlo funcionar, mientras la casi totalidad de la población mundial son meros usuarios que no tienen la menor idea de las leyes físicas, químicas o biológicas que hacen el “milagro” cotidiano en el que participamos casi como simple decorado o a lo sumo como anónimos extras de una tragicomedia en la que tarde o temprano terminaremos absorbidos por el agujero negro de nuestra infinita estupidez… Mientras tanto continuemos remando sin derrotero, emborrachados del soma con el que el mundo descrito por Huxley era feliz…


  1. 1 Detrás de la puerta. | RealPolitikMundial Trackback en 14 abril, 2020 de 8:45 am
  2. 2 Un pequeño empujón a la solidaridad | RealPolitikMundial Trackback en 20 abril, 2020 de 8:12 pm
  3. 3 ¿Qué haría Marco Aurelio? | RealPolitikMundial Trackback en 24 abril, 2020 de 3:00 pm

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