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Las religiones en la globalización: La fe al servicio de la política (Contribución).

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Religiones y geopolítica.

Por Juan David Correa

Tras discutir asuntos de índole petrolífera, hace unos años, el rey de Arabia Saudita Abdalá bin Abdelaziz lanzó una inusitada propuesta a Vladimir Putin, primer mandatario ruso: dejarle comprar un predio en Moscú para la construcción de una gran mezquita. Putin contestó afirmativamente, a cambio de que el rey le permitiera erigir un templo ortodoxo en sus dominios. El rey reaccionó con sorpresa argumentando que esto no podía ser posible en tanto que su religión, la ortodoxa, no era la verdadera y no se podía engañar al pueblo, lo que llevó a Putin desde su consabida audacia a esgrimir: “yo pienso igual de su religión y sin embargo permitiría edificar su templo si hubiera correspondencia, así que hemos terminado el tema”.

Las religiones han tenido como finalidad a lo largo de la historia, dotar de sentido la existencia de los hombres y explicar la relación de éste con el cosmos a través de la creencia en un ser o varios seres divinos. Es un rasgo cultural que moldea a un grupo social, que puede ir desde una etnia hasta una civilización. Todas las representaciones del mundo cambian ostensiblemente de una latitud a otra.

Precisamente, una característica esencial de una religión es el “anclaje” a un determinado territorio. Si bien es cierto que ha habido religiones que desde su origen han sido desancladas; como por ejemplo el cristianismo, el islamismo o el budismo, hay que decir que hasta finales del siglo XX han seguido estando supeditadas a una determinada cultura y, como se advirtió, a una territorialidad concreta. Con el proceso de la globalización y la proliferación ingente de los servicios tecnológicos, las religiones acuden ante un escenario de peligrosidad en lo que respecta a su existencia. Si son pequeñas pueden sentirse vulnerables de poder ser absorbidas por religiones mucho más fuertes, acostumbradas al desanclaje con gran capacidad de adaptación. Si son grandes pueden perder protagonismo en determinada zona y cederle espacio a otras religiones, que pueden adueñarse de la parte mística de algunas personas y, más importante aún, del aspecto político.

Es innegable que la imbricación de las religiones y la política, más que algo potencial, es un hecho. Hay sociedades en donde la vida política tiene sentido en un entendido religioso y doctrinal, como en el mundo musulmán. En otras sociedades, la religión no se explicita en lo político directamente, sino que es un recurso del que se sirven algunas autoridades políticas para tener control social en su territorio y para relacionarse exteriormente con otras autoridades político-religiosas, o simplemente,  políticas o religiosas. Ante un mundo globalizado, la paranoia de la absorción cultural por parte de una masa homogeneizadora que tienen las religiones en sí y los órdenes políticos que apelan a la religión para legitimarse, abre la posibilidad a múltiples búsquedas para mantener cierta rigidez que permita dejar a estas religiones y ordenes políticos sin menoscabo alguno.

Paradójicamente, esta rigidez precisa de mucha movilidad, es decir, los tomadores de decisiones necesitan mover las fichas necesarias para que una sociedad o una religión no sucumban. Entre estos movimientos tenemos el del diálogo inter-religioso, que propende por la unificación de ciertos aspectos básicos doctrinales y ceremoniales entre dos religiones distintas o entre facciones de una misma religión. El puente que hace posible tal diálogo son las relaciones internacionales. El profesor Gabriel Andrade nos dice que “a partir de la globalización, los procesos de conformación de polos y diálogos interreligiosos se llevarán a cabo por medio de la política”. Las alianzas estratégicas entre religiones distintas con fines de supremacía política en el orden internacional están actualmente y seguirán estando a la orden del día en el tercer milenio. Así es como los acercamientos entre la Irán chií y el resto del mundo musulmán (predominantemente suní) se pueden dar para reivindicar el panislamismo. El telos de estas alianzas no es más que la erección de polos político-religiosos.

Pero ¿por qué la religión sigue siendo tan vigente en un mundo supuestamente “moderno”?. Lo primero que habría que decir es que la única civilización donde la religión y la política se han separado tajantemente ha sido en la Occidental, dando lugar a un proceso de secularización que se decantó en la modernidad y el capitalismo. Luego, en su apogeo, el capitalismo se constituyó en industrialización y   en progreso, algo que se denominó como modernización. El abrigo filosófico de éste fenómeno fue la Ilustración. No obstante, la religión siguió ocupado un lugar prominente en dicha civilización, sólo que hizo una mutación. El mundo laico no deja de ser religioso, simplemente manifiesta la religiosidad de otro modo. Bien decía Nietzsche que en el Occidente cristiano “Dios es la verdad”. Con la Ilustración simplemente se invierte la premisa, pero sigue dando el mismo rédito y la misma operatividad para la sociedad: “La Verdad es Dios”.

Así pues, se tiende a asumir lo “moderno” con lo occidental, y con éste rasero se juzgan a las demás civilizaciones que no han tenido procesos de escisión entre lo espiritual y lo temporal. Se las llama “pre-modernas” y arcaicas. A pesar de que la modernización ha hecho que muchas sociedades se secularicen y se ha incrementado exponencialmente el grupo de los no-religiosos, las religiones no han perdido fuerza. Por el contrario, ante la crisis de la modernidad y los fenómenos existenciales, los humanos se han amparado más fuertemente en las religiones.

Éste resurgir de las religiones en un escenario globalizado ha arrojado problemas muy nuevos como el fundamentalismo. Se está dando el rechazo a ultranza de determinados pueblos respecto de los intereses imperialistas y expansionistas de Occidente (en cabeza de E.E.U.U) como bastión de la “modernización”. En esa dialéctica de la inclusión y de la exclusión propia de la globalización encaja perfectamente el fenómeno del fundamentalismo islámico, por ejemplo. Los intentos fallidos de la occidentalización en Oriente Medio y en el mundo árabe en general ha hecho que éstos pueblos se pregunten muy seriamente si la adopción de los cánones de ésta civilización sirve para potenciar el desarrollo en sus territorios. Después de la incógnita se han decantado por un “no” rotundo, y ha habido mucho brotes de grupos que intentan reivindicar su cultura y volver a implementar los códigos y las normas propias de su religión para auto-determinarse. Este es el caso de los  renombrados Estado Islámico, Al Qaeda o Hezbolá, entre otros.

En este estado de cosas podemos aseverar que la religión seguirá teniendo un rol enorme en la configuración del orden global. Los diálogos y acercamientos interreligiosos acarrearán el origen de diversos polos y enclaves políticos, que buscarán la supremacía frente a los demás. Habrá muchas pugnas por la influencia en ciertas zonas que tienen unas religiones minoritarias y en algunos territorios con una población místicamente débil. Se constituirá pues un cierto estado avanzado del Choque de Civilizaciones, y será mucho más complejo de entender, porque pueden darse diálogos entre un país que hace parte de una civilización dada con otro país de otra civilización (ambos religiosamente y culturalmente disímiles) y podrán pelear contra una diada similar.

La religión pues no está rezagada, vive hoy más que nunca.

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Dos golpes a la democracia: Atentado en Niza e intento de golpe en Turquía

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Ciudadanos turcos sobre uno de los tanques usados por los golpistas en Estanbul.

Esta semana el mundo nos recordó que la historia no nos da un respiro; que, en su ritmo imparable, parpadear nos deja en el camino. Un parpadeo, y ocurre un terrible atentado terrorista en la ciudad francesa de Niza, otro parpadeo, y una facción del ejército turco intenta derrocar a su presidente democráticamente electo.

Los eventos se vuelven la historia. Nos impresionamos con la crueldad de los perpetuadores, nos aliviamos con las anécdotas de valentía y sacrificio de las víctimas y nos aterramos con el número de muertos y heridos. Pero en ocasiones, la mediatización del hecho nos esconde las consecuencias a largo plazo, la cadena de eventos que se desencadenan por ese único hecho.

En Francia, por ejemplo, las víctimas no habían terminado de contarse y ya se hablaba de un aumento en la popularidad de partidos de extrema derecha como el Frente Nacional de Marine LePen. La respuesta al miedo siendo más miedo. De hecho, la consecuencia natural al terror-casi un lugar común en política-, es el aumento del apoyo a decisiones draconianas, como cerrar fronteras a los inmigrantes o aumentar los controles sobre las libertades ciudadanas.

En Turquía, el intento de golpe solo sirvió para fortalecer la posición del presidente Erdogan, un líder que poco a poco ha girado hacia el autoritarismo, la islamización y el totalitarismo. En efecto, su partido político es la representación de los intereses del islam político en un país en el que el laicismo es un principio defendido a sangre y fuego -literalmente-. El mismo golpe, del que faltan claridades para sanjar cuestiones,  parece haber nacido de la histórica preocupación del ejército de mantener a la religión por fuera del Estado. Ahora Erdogan tiene este impulso en popularidad y apoyo internacional que le permitirá seguir apretando las tuercas a los ciudadanos y sobre todo, al ejército de su país.

La peor tragedia de estos días supera a las víctimas de los hechos puntuales; se extiende a los millones de personas que sufrirán sociedades menos democráticas.

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¿Qué está pasando con Venezuela?

Algo parece haber cambiado en América Latina. Por años, los excesos y problemas internos del gobierno chavista venezolano habían pasado de agache en las discusiones de los organismos multilaterales latinoamericanos. De hecho, por casi una década, el mismo Chávez dictó los términos en los que organizaciones como Unasur o la Celac operaban en la región, y aunque la OEA (Organización de Estados Americanos) nunca fue un escenario amistoso para el chavismo, sobre todo por la participación y el protagonismo de Estados Unidos en este organismo, la mayoría de países latinoamericanos que se alineaban en las discusiones regionales del lado venezolano volvía irrelevante el espacio para presionar a que su gobierno revisara sus problemas internos o decisiones internacionales.

Pero el contexto internacional ha cambiado. En primer lugar, la crisis venezolana no ha hecho sino empeorar en los últimos meses. La escasez de alimentos y productos de consumo básico, la rampante inflación y la prevalencia de inseguridad en las calles de Venezuela no dan un respiro a sus habitantes. El gobierno de Nicolás Maduro parece demasiado preocupado por controlar la situación política y mantenerse en el poder como para intentar resolver los problemas cotidianos de su población.

En segundo lugar, la llegada de la oposición como mayoría a la Asamblea Nacional ha equilibrado un poco el poder en Venezuela y al debilitar la posición de Maduro como líder del chavismo, exacerbado su temor de perder el poder ante alguno de los demás “herederoes” de Chávez, como Diosdado Cabello. La persecución a opositores y la creciente impopularidad del gobierno de Maduro tampoco ayudan a calmar la convulsionada situación nacional. Maduro es sustancialmente más débil ahora en su control del país, su política y sus recursos internacionales de lo que nunca había sido.

Y lo tercero -y lo más importante-, el cambio política de la región. En efecto, el debilitamiento de gobiernos de izquierda, como el de Dilma Rousseff en Brasil o el de Evo Morales en Bolivia, y la llegada a Argentina de un nuevo gobierno de derecha en la cabeza de Mauricio Macri. Esto ha reducido el margen de maniobra de Venezuela en términos internacionales, menos aliados y un poco más de enemigos, sumado a una mayoría de países de la región que poco o nada tienen para ganar en apoyar a su gobierno en problemas.

Ahora, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha invocado la Carta Democrática y el organismo evalúa la puesta en marcha de acciones diplomáticas e incluso la expulsión de Venezuela de esta organización multilateral si no se presentan cambios sustanciales en la situación del país. Aunque hay diferentes atajos en el procedimiento, formalmente el secretario Almagro debe discutir su proposición en una comisión permanente, en donde se decidirán hacer más consultar e intentos de mediar entre gobierno y oposición, para luego convocar a la Asamblea General-que reúne a los 34 países miembros- para discutir la posibilidad de expulsar a Venezuela de la OEA.

Por supuesto, lo más relevante de este episodio no son las formalidades del organismos internacional, sino más bien, el aprovechamiento política que tanto oficialismo como oposición le darán ala noticia para impulsar sus agendas internas. Y aunque pueda sugerirnos que nada ha pasado, la decisión de la OEA es solo un síntoma de un cambio importante en la región: la situación política de Venezuela ha dejado de ser un tabú en las discusiones latinoamericanas, y eso si debería preocupar al gobierno de Nicolás Maduro y ser una prudente esperanza para los venezolanos.

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¿Se aproxima la tercera guerra mundial?

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Fuente: telegraph.co.uk

Por Santiago Silva Jaramillo

Para empezar, no. No es probable que en el futuro cercano -y menos por el conflicto en Siria, como afirman algunos– se produzca una tercera guerra mundial.

En primer lugar, porque las apuestas y tensiones no son tan altas en este conflicto de Medio Oriente; es decir, que el riesgo de las afectaciones que una confrontación a gran escala produciría a los involucrados es mayor al de resolver los problemas por medio de la diplomacia. Por eso el derribo de un avión ruso por parte de Turquía ha creado muchos problemas, pero no produjo un escalamiento en la confrontación o más desorden que el incidente mismo. En efecto, Vladimir Putin y Percep Erdogan se pueden despreciar y considerar enemigos, pero esos sentimientos e intereses encontrados no alcanzan para generar una guerra entre ambos países.

En segundo lugar, la geografía supone un reto enorme e impone unas restricciones prácticas bastante complejas para todas las potencias involucradas. Es decir, que aunque Medio Oriente es fundamental para las potencias Occidentales, Rusia y obviamente las potencias regionales (Irán, Arabia Saudita y Turquía), el grado de dependencia sigue siendo bajo, y las condiciones de un despliegue completo en la región serían una pesadilla logística.

Finalmente, la oposición interna, las democracias y la inestabilidad de una guerra a gran escala disparada por un conflicto ajeno y lejano, convierten la alternativa de una confrontación armada entre las potencias por Siria en la fuente de inestabilidad interna que la mayoría de los líderes mundiales prefieren evitar. Esto no es una garantía, pero le resta puntos a la probabilidad de una tercera guerra mundial.

Así que calma, el apocalipsis todavía está lejos.

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¿Por qué la guerra contra el Estado Islámico sigue empeorando?

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Combatiente de las fuerzas leales a Bashar al-Assad en la ciudad de Deir ez-Zor. Fuente: Time (Ver la galería completa).

Por Santiago Silva Jaramillo

Luego de meses de mantenerse neutrales, los turcos han decidido intervenir en la guerra que en su frontera con Siria luchan las fuerzas del Estado Islámico, las tropas leales a Bashar al-Assad, las diferentes facciones rebeldes y los kurdos. Era casi inevitable que el caos en Siria e Irak terminara por arrastrar a los turcos –al igual que lo ha hecho con otros países vecinos como Jordania e Irán y amenaza hacerlo con Líbano, Arabia Saudita e Israel- al enfrentamiento del enemigo común representado por el EI.

La decisión del gobierno turco –que sus aliados occidentales venían esperando desde hace varios meses– llegó luego de que un atentado terrorista en una localidad al sur de Turquía fuera atribuido al Estado Islámico y su intención de golpear a sus enemigos kurdos y a los refugiados sirios que utilizan la frontera turca para refugiarse, aprovisionarse y atacar las posiciones del EI.

Los turcos, que habían evitado el enfrentamiento directo con el EI por razones geopolíticas –aunque prestaban ayuda y apoyo indirecto a fuerzas que combatían a los islamistas- han lanzado varias operaciones aéreas en el norte de Siria y operativos para capturar simpatizantes dentro de su territorio (unos doscientos en cuestión de días). Aunque el gobierno de primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan ha descartado el despliegue de tropas al otro lado de la frontera, los bombardeos aéreos o de artillería a posiciones del EI tenderá aumentar.

La entrada directa de los turcos al conflicto sirio no solo afecta al Estado Islámico. Los kurdos, por otro lado, también se ven perjudicados por la decisión de Turquía. En efecto, las fuerzas kurdas que combaten al Estado Islámico en el norte de Siria están fuertemente relacionadas con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (KPP por sus siglas en inglés), una guerrilla kurda que lucha por la independencia de la etnia en el oriente de Turquía. El gobierno turco, que en muchos sentidos había evitado luchar directamente con el Estado Islámico por no ayudar a los kurdos, ha lanzado operativos simultáneos contra ambas fuerzas para “equilibrar” sus intereses en la región.

De esta forma, el caos de la guerra en Siria aumenta el territorio de las hostilidades a buena parte del sur y oriente de Turquía, donde las fuerzas turcas enfrentarán al Estado Islámico en la frontera, mientras atacan a los militantes del KKP en un intento por evitar que ocupen los vacíos dejados por un eventual retroceso del EI.

20 year-old YPJ fighter Beritan Khabat from Derek, Syria. She joined the YPJ four years ago to protect her homeland and put an end to the suppression of women. "I fought with ISIS in Jezza and Serikani.  Women of YPJ are not scared of ISIS."  Newsha Tavakolian for TIME  Beritan believes that in her society women should be armed with guns and fight for their rights. She says that they have created a new idea for the men of the world. telling them that women too can be good fighters. "I fought with ISIS in Jezza and Serikani. And the first time I heard the sound of bullets next to my ears was in Talala town, while I was fighting with ISIS for the first time. The first time I thought about facing ISIS, my whole body was shivering and the whole thing seemed more like a joke to me. But when I thought deeply, I realized that I was going to fight with a radical group, and this empowered me so much that all my fears faded away. Women of YPJ are not scared of ISIS".

Una de las mujeres que combaten con las fuerzas kurdas cerca de la frontera turco-siria en la localidad de Kobani. Fuente: Time.com (Ver galería completa).

Por último, frente a este nuevo jugador en la guerra, el principal beneficiado es el presidente sirio, Bashar al-Assad, enemigo de los turcos, que verá como tres de sus contrincantes luchan entre sí mientras él puede concentra sus fuerzas e intenta recuperar algo del territorio perdido en cuatro años de guerra. Porque las hostilidades continuarán y solo dan señales de agravarse en el futuro, así en las últimas semanas la diplomacia mundial –en cabeza de la ONU– esté intentando sentar a las partes del conflicto sirio en una mesa de negociación.

Una solución negociada al conflicto parece improbable porque algunos de sus actores más importantes no tienen ninguna intención –al menos por el momento y visible- de ceder en sus posiciones sin exigir demasiado de sus contrapartes (como al-Assad y las mismas fuerzas rebeldes) y otros han ganado mucho en el caos de la guerra para querer que una negociación “prematura” les haga perder sus victorias (como el Estado Islámico o los kurdos).

En este punto, la comunidad internacional solo puede esperar que la guerra, que arrecia, no se siga saliendo por las costuras fronterizas y arrastrando a más partes al conflicto. Pero de esas esperanzas solo suelen quedar tragedias.

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¿Por qué sigue creciendo el terrorismo internacional?

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Provincia de Helmand, Afganistán (2008). Fuente: Time.com (Ver galería).

Por Santiago Silva Jaramillo

La semana pasada, ataques terroristas simultáneos -aunque no necesariamente coordinados- golpearon con tragedias a tres países. En Francia, una persona murió y diez quedaron heridas luego de un ataque de un grupo presuntamente yihadista en una fábrica de Lyon; mientras que en Kuwait, un terrorista suicida hizo explotar un chaleco-bomba en una mezquita; y en Túnez, un militante armado asesinó al menos a treinta turistas en las playas de la costa Mediterránea.

La pregunta que surge en este contexto es clara ¿está creciendo el terrorismo mundial? Y si ése es el caso ¿por qué?

La respuesta a la primera cuestión es sencilla y soportada por datos del Global Terrorism Data Base (ver gráfica) es claro que entre mediados de la década del 000′ y el 2013, los incidentes asociados a actos de terrorismo se han más que duplicado. De igual forma, de acuerdo a cifras del Departamento de Estado de Estados Unidos, en 2010 hubo un total de 13.186 muertes por ataques terroristas, mientras que en 2014 ese número aumentó a 32.727. De hecho, ese año se ha convertido en el momento más fatal del terrorismo desde que se recogen datos.

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Comportamiento histórico de incidentes relacionados al terrorismo (bombas, ataques armados, asesinatos, sabotaje). Fuente: Global Terrorism Data Base, 2015.

Ahora bien, la segunda pregunta permanece ¿cuál es la razón del incremento? Lo primero para acercarse a una respuesta podría ser intentar pensar un poco más sobre las motivaciones y razones del terrorismo. El terrorismo es ante todo un instrumento de guerra irregular o de resistencia violenta en situaciones de asimetrías de fuerza. Mejor dicho, es el arma de los que quieren tener un impacto en una población o poder enemigo y tienen pocos recursos o se oponen a una contra-parte que los supera sustantivamente; es ante todo una forma “eficiente” -terrible, pero positiva en términos de un cálculo costo-beneficio- de buscar un objetivo político por medios violentos.

Por supuesto, la naturaleza del terrorismo solo puede explicar el incremento en los incidentes y las víctimas si se relaciona con la coyuntura política. En efecto, la región del planeta más afectada por el terrorismo en la última década es el Sur de Asia (Afganistán, Pakistán), seguida por Medio Oriente y el Norte de África. Tres circunstancias parecen explicar la explosión del terrorismo en estas zonas: (1) la invasión de Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos y varias potencias europeas; (2) la Primavera Árabe iniciada en 2011 en países como Libia, Siria, Egipto y Túnez; y (3) el enfrentamiento geopolítico entre las potencias sunnita y chiíta, Arabia Saudita e Irán.

La primera circunstancia le dio gasolina a grupos islamistas como el mismo al-Qaeda o los talibanes, generando una lucha desigual en la que la única manera de oponerse a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en las montañas de Afganistán y las ciudades de Irak era el terrorismo. La segunda circunstancia creó enfrentamientos entre autócratas regionales y sus poblaciones, pero llevó a el ascenso de organizaciones islamistas, respuestas violentas de los mismos dictadores que se resistían a ceder el poder o en los casos de Siria y Libia, un caos de transición o guerra en donde florecen las fuerzas de organizaciones como el Estado Islámico. Y la tercera circunstancia ha servido de combustible -en dinero, armas y apoyo político- a expresiones políticas y religiosas violentas de cada frente por la lucha entre sauditas e iraníes por la hegemonía del Medio Oriente.

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El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

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Ganadores y perdedores de los bajos precios del petróleo

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Durante semanas, el precio del petróleo no ha hecho sino descender. Preocupados, las economías exportadoras de crudo –dependientes tanto por el flujo de capital que lleva a la economía como por la financiación que provee para sus presupuestos- han intentado reunir voluntades, informalmente, y también en el marco de la OPEP, para reducir la producción y al disminuir la oferta, aumentar el precio internacional.

(El precio del barril de petróleo brent pasó de 112 dólares el 31 de junio de 2014 a 70 dólares al 28 de noviembre de 2014).

Pero la OPEP, liderada por Arabia Saudita, decidió el pasado jueves 27 de noviembre mantener los niveles actuales de producción, contra las pretensiones de países como Venezuela o Nigeria. De hecho, el efecto de los bajos precios sobre las economías petroleras ha sido diverso. Mientras países como Venezuela, Nigeria, Irán y Rusia se encuentran en una incómoda o crítica situación por culpa de la disminución del precio, otros grandes productores como Arabia Saudita, Estados Unidos o Canadá no parecen tan preocupados.

Ante la crisis, la explicación del fenómeno –que tiene grandes consecuencias no solo económicas sino geopolíticas- han sido en general dos. La primera, que supone un esfuerzo de parte de Arabia Saudita y las potencias occidentales (particularmente, Estados Unidos) de golpear las economías y los presupuestos de dos enemigos particulares, Rusia e Irán. El primero, en el marco de las sanciones impuestas por Occidente por la invasión en Ucrania y el enfrentamiento en Europa Oriental. El segundo, para presionar a los iraníes en las negociaciones por su programa nuclear y apoyar también las sanciones impuestas a su país.

Por supuesto, los bajos precios se apoyan en la baja eficiencia de estos mismos países productores y otros que quedaron en la mitad del enfrentamiento.

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Fuente: Deutsche Welle, 2014

La segunda explicación se refiere a una lucha entre los productores de petróleo sauditas y las empresas estadounidenses, canadienses y británicas que extraen el petróleo de esquisto. En efecto, la técnica del petróleo de esquisto resulta bastante costoso e implica costos de producción altos y poco competitivos contra la explotación eficiente de un productor convencional. En este sentido, Arabia Saudita estaría manteniendo los precios por los suelos para golpear los reducidos márgenes de sus competidores en Occidente y su competencia por el mercado estadounidense y europeo. Esta estrategia puede golpear a varias compañías petroleras, pero no a todas las que utilizan el método de extracción, que a través de mejores modelos de gestión y aprovechamiento, no tienen márgenes tan altos.

Ambos casos son probables –es más, seguramente la realidad, siempre compleja, sea un poco de ambas cosas-, aunque también otros elementos podrían explicar la disminución del precio (o ser causalidades complementarias), como la diminución en la demanda de China y Japón.

Ahora bien, sea como sea el escenario, es bastante improbable –en casi todos los escenarios- que el precio aumente en el mediano plazo, aunque es claro que eventualmente, es decir, en uno o dos años, un precio tan bajo es insostenible incluso para los saudíes y estadounidenses. Mientras tanto, por supuesto, los países petroleros tendrán que hacer con lo poco que les está entrando y enfrentar los seguros problemas económicos y políticos que acompañarán su falta de presupuesto.

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5 razones por las cuáles el Estado Islámico será derrotado

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Combatientes del Estado Islámico desfilan por las calles de una ciudad iraquí. Fuente: Aljazeera.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Ante la sorpresa –y el horror- de la comunidad internacional, en los últimos meses la organización fundamentalista de origen sunnita, autodenominado “Estado Islámico” se ha hecho al control de grandes porciones del territorio del oriente de Siria y el norte y occidente de Irak. En el camino, humillaron al ejército iraquí con rápidas victorias, atacaron a las fuerzas rebeldes moderadas que luchan contra Bashar al-Assad en Siria y ha intentado exterminar a minorías étnicas y religiosas y enclaves de minorías locales como los kurdos o los yizadiz.

Las potencias vecinas, como Turquía o Arabia Saudita –con algo de reticencia-, y Occidente –con mucho más escepticismo- han lanzado una campaña de bombardeos y apoyo a poderes locales para enfrentar al Estado Islámico. En un principio, la intervención no logró los resultados esperados, pero el mantenimiento de la ofensiva y la ayuda de combatientes locales, han empezados a conseguir avances en las últimas semanas.

Algunos analistas siguen desconfiando de la posibilidad de “destruir” al EI, como lo prometió el presidente estadounidense Barack Obama al anunciar los bombardeos de la OTAN contra el grupo, pero existen cinco razones principalmente para entender que, coyuntural y estructuralmente, el Estado Islámico se encuentra condenado al fracaso.

1. Conquistar es fácil, gobernar por otro lado…: el fundamentalismo del Estado Islámico es uno de sus peores enemigos. En efecto, luego de conquistar pueblos, ciudades y provincias sirias e iraquíes, el Estado Islámico ha intentado establecer algunas mímicas de autoridad (la mayoría, simplemente reciclando instituciones locales o tribales existentes), pero al mismo tiempo, han impuesto las sanciones de su versión de la Ley Islámica, sobre un control social extremo, violento y arbitrario, con crucifixiones, decapitaciones, violaciones, y masacres. Ese tipo de dominación ya ha probado ser un importante incentivo para la resistencia de las poblaciones locales y el ascenso de grupos de oposición armada a la ocupación. En el caso del EI, es solo una cuestión de tiempo.

2. Hacer enemigos es más sencillo que hacer amigos: el Estado Islámico nació como un proyecto de construcción de nuevo Califato Islámico, y este objetivo “misional” ha determinado las acciones y la expansión del grupo, llevándolo, primero, a crecer demasiado rápido y dependiendo de poblaciones locales y tribus cuya lealtad es en el mejor de los casos dudosa, y segundo, ha implicado la creación de docenas de grupos y países enemigos en un cortísimo lapso de tiempo, mientras, por supuesto, la creación de amigos ha sido exigua.

Explosiones de bombas lanzadas por aviones de la OTAN en el norte de Siria. Fuente: Aljazeera.com

Explosiones de bombas lanzadas por aviones de la OTAN en el norte de Siria. Fuente: Aljazeera.com

3. La geopolítica puede ser bastante cruel con sus hijos: el Estado Islámico nació y se nutrió de la inestabilidad de la región –y el creciente extremismo de algunos grupos locales- en la primera década del 2000. Su expansión fue posible, sobre todo, por los problemas vividos por Bashar al-Assad en Siria y luego, por las decisiones políticas torpes del gobierno chiita de Bagdad, cuya persecución de la minoría sunnita del norte del país preparó el terreno para que el EI fuera recibido como liberador por las poblaciones excluidas. Pero nacer del caos implica vivir de él, y la caminante coyuntura regional puede crear reyes y destronarlos con igual rapidez.

4. Llamar la atención de Occidente es perder: durante meses, las potencias Occidentales, aunque declaraban su preocupación y apoyaban el ingreso al conflicto de las potencias regionales, se mantuvieron prudentemente distanciados de intervenir en la lucha contra el Estado Islámico. Pero la creciente inestabilidad y sobre todo, el asesinato de ciudadanos occidentales por el EI llevaron a que Estados Unidos y sus aliados europeos no tuvieran opción sino intervenir directamente y buscara construir un coalición regional contra el grupo fundamentalista. Este es, por supuesto, un enemigo que el Estado Islámico no puede permitirse y que ha invertido recursos económicos y políticos importantes en luchar contra la expansión del grupo en la región.

5. Financiarse con el saqueo es insostenible: el Estado Islámico, como otros grupos similares, utilizan el saqueo como principal fuente de financiación. El problema es que el robo de recursos y la captura de rentas no suelen crear riqueza y aunque en los primeros momentos de la conquista son una fuente importante para mantener el esfuerzo bélico, tienden a agotarse rápidamente o a crear dependencia de intermediarios poco confiables, como en el caso del contrabando de petróleo o artefactos históricos. Así, con el tiempo, las rentas que sustentan a los militantes, sus armas y provisiones, se irán reduciendo cada vez más, obligándolos a ampliar su control territorial y a estirar sus líneas de comunicación y de logística, hasta un punto, seguramente, insostenible.

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5 preguntas: La caída del precio del petróleo (Camilo Silva)

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Fuente: Forbes.com

Camilo Silva* (@camilosilvaj) es socio y cofundador de Valora Inversiones y responde a cinco preguntas sobre la caída del precio de petróleo. En efecto, en los últimos meses, el precio del crudo ha mantenido una tendencia a la baja, con profundas consecuencias económicas y geopolíticas para el planeta.

RealpolitikMundial (1): ¿Cuáles son las principales fuerzas impulsando la disminución del precio internacional del petróleo actualmente?

Camilo Silva: Varios aspectos, pero en resumen serían: 1. Menor demanda de crudo a nivel mundial: la economía a nivel global no ha repuntado como se esperaba, China no repunta en crecimiento y consumo, tampoco la Zona Euro que ahora piensa en estímulos económicos, y Estados Unidos va a ritmo, lento pero seguro, se podría decir. 2. Mayor producción de crudo: el más grande consumidor de crudo se encuentra a punto de no importar crudo e iniciar a exportarlo –Estados Unidos-, esto sumado a la estabilización en la producción de países como Siria, Libia, Iraq e Irán, además de la lucha de Arabia Saudita por no perder el mercado en Asia donde estaría vendiendo su crudo con descuento sobre el precio del mercado. 3. Tecnologías como el Fracking en Estados Unidos que les está permitiendo aumentar sus reservas de manera considerable.

RealpolitikMundial (2): ¿Qué efectos ha tenido esta diminución en los mercados internacionales? ¿Podría ayudar a acelerar a las estancadas economías europeos y estadounidense?

Camilo Silva: Sin duda es un alivio para aquellas economías que son netamente importadoras, como la Zona Euro, pero no tanto para Estados Unidos pues ahora su éxito está basado en el fracking que es una tecnología costosa pero exitosa de extracción de crudo, para lo cual necesita un precio por barril por encima de los niveles actuales.

RealpolitikMundial (3): Muchas naciones viven, casi exclusivamente, de la venta internacional de petróleo, desde los estados árabes deL Golfo Pérsico, hasta las repúblicas tropicales como Venezuela y Ecuador ¿Cómo han recibido las economías dependientes del petróleo los bajos precios del crudo?

Camilo Silva: Las economías que más sufren son aquellas que no aprovecharon la “época de vacas gordas”, como los son Venezuela y Ecuador en nuestra región; pero también aquellas que están apenas buscando recuperar tiempo perdido por conflictos armados difíciles, largos y costosos, además de las sanciones económicas que tienen, como Irán, Iraq, Siria y Libia.

“La caída del precio del petróleo afectará el presupuesto del Gobierno colombiano, afectando inversiones como las asociadas el tan sonado postconflicto”

-Camilo Silva

RealpolitikMundial (4): Para Colombia, que en las últimas décadas también se ha convertido en una economía dependiente de su comercio de hidrocarburos ¿qué consecuencias ha tenido y puede tener los bajos precios del petróleo?

Camilo Silva: Un importante porcentaje del PIB de Colombia se debe a la exportación de crudo, por ello es de alta relevancia que los precios se encuentren un 20% por debajo en este último trimestre del año respecto a lo visto en lo corrido del 2014. Con ello se dificulta el plan de inversiones del Gobierno Nacional para los próximos años, además del tan sonado “postconflicto”. Es por esto que en el país urge que permitan tecnologías de recobro como el fracking en el cortísimo plazo.

RealpolitikMundial (5): En el corto y mediano plazo ¿Podemos esperar un cambio drástico en la tendencia actual del crudo a nivel internacional?

Camilo Silva: Una recuperación en precios se debería a un conflicto de nuevo en países de incidencia en la producción mundial como los antes mencionados, o que la OPEP en su reunión a finales de noviembre decida dejar de bombear al ritmo que lo hace hoy en día, lo que por consenso de analistas es poco probable.

*Camilo Silva Jaramillo, socio y fundador de Valora Inversiones con más de siete años de en los mercados de valores, actualmente es columnista del diario La República.

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