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¿Se aproxima la tercera guerra mundial?

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Fuente: telegraph.co.uk

Por Santiago Silva Jaramillo

Para empezar, no. No es probable que en el futuro cercano -y menos por el conflicto en Siria, como afirman algunos– se produzca una tercera guerra mundial.

En primer lugar, porque las apuestas y tensiones no son tan altas en este conflicto de Medio Oriente; es decir, que el riesgo de las afectaciones que una confrontación a gran escala produciría a los involucrados es mayor al de resolver los problemas por medio de la diplomacia. Por eso el derribo de un avión ruso por parte de Turquía ha creado muchos problemas, pero no produjo un escalamiento en la confrontación o más desorden que el incidente mismo. En efecto, Vladimir Putin y Percep Erdogan se pueden despreciar y considerar enemigos, pero esos sentimientos e intereses encontrados no alcanzan para generar una guerra entre ambos países.

En segundo lugar, la geografía supone un reto enorme e impone unas restricciones prácticas bastante complejas para todas las potencias involucradas. Es decir, que aunque Medio Oriente es fundamental para las potencias Occidentales, Rusia y obviamente las potencias regionales (Irán, Arabia Saudita y Turquía), el grado de dependencia sigue siendo bajo, y las condiciones de un despliegue completo en la región serían una pesadilla logística.

Finalmente, la oposición interna, las democracias y la inestabilidad de una guerra a gran escala disparada por un conflicto ajeno y lejano, convierten la alternativa de una confrontación armada entre las potencias por Siria en la fuente de inestabilidad interna que la mayoría de los líderes mundiales prefieren evitar. Esto no es una garantía, pero le resta puntos a la probabilidad de una tercera guerra mundial.

Así que calma, el apocalipsis todavía está lejos.

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Audio: Colombia y el Resto (22/10/2015)

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Colombia y el Resto (Podcast): en este enlace pueden escuchar el audio de Colombia y el Resto de esta semana; hablo sobre la victoria electoral de Justin Trudeau en Canadá, la visita de Bashar al-Assad a Rusia, la democracia en Colombia y una explicación superficial sobre le Estado – Nación.

Colombia y el Resto (22/10/2015)

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Infografía: Amigos y enemigos en Siria

Bashar al-Assad y su aliado Vladimir Putin en un cartel propagandístico en Siria.

Por Santiago Silva Jaramillo

La guerra civil en Siria ha dejado millones de desplazados y cientos de miles de muertos; sus consecuencias sobre la población civil siria e iraquí han sido traumáticas, heridas que tomará décadas sanar en una región en donde los riesgos de inestabilidad geopolítica lo condicionan todo. La capacidad de escalamiento también es sustancial, como hemos visto en las últimas semanas en Siria con la intervención de Rusia, que ha estado lanzando bombardeos a posiciones rebeldes y del Estado Islámico y ha apuntalado fuerzas militares en defensa de su aliado Bashar al-Assad; la red de amigos y enemigos se puede volver confusa rápidamente, por eso, miremos un poco cómo se dividen las facciones de la guerra. Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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Ganadores y perdedores de los bajos precios del petróleo

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Durante semanas, el precio del petróleo no ha hecho sino descender. Preocupados, las economías exportadoras de crudo –dependientes tanto por el flujo de capital que lleva a la economía como por la financiación que provee para sus presupuestos- han intentado reunir voluntades, informalmente, y también en el marco de la OPEP, para reducir la producción y al disminuir la oferta, aumentar el precio internacional.

(El precio del barril de petróleo brent pasó de 112 dólares el 31 de junio de 2014 a 70 dólares al 28 de noviembre de 2014).

Pero la OPEP, liderada por Arabia Saudita, decidió el pasado jueves 27 de noviembre mantener los niveles actuales de producción, contra las pretensiones de países como Venezuela o Nigeria. De hecho, el efecto de los bajos precios sobre las economías petroleras ha sido diverso. Mientras países como Venezuela, Nigeria, Irán y Rusia se encuentran en una incómoda o crítica situación por culpa de la disminución del precio, otros grandes productores como Arabia Saudita, Estados Unidos o Canadá no parecen tan preocupados.

Ante la crisis, la explicación del fenómeno –que tiene grandes consecuencias no solo económicas sino geopolíticas- han sido en general dos. La primera, que supone un esfuerzo de parte de Arabia Saudita y las potencias occidentales (particularmente, Estados Unidos) de golpear las economías y los presupuestos de dos enemigos particulares, Rusia e Irán. El primero, en el marco de las sanciones impuestas por Occidente por la invasión en Ucrania y el enfrentamiento en Europa Oriental. El segundo, para presionar a los iraníes en las negociaciones por su programa nuclear y apoyar también las sanciones impuestas a su país.

Por supuesto, los bajos precios se apoyan en la baja eficiencia de estos mismos países productores y otros que quedaron en la mitad del enfrentamiento.

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Fuente: Deutsche Welle, 2014

La segunda explicación se refiere a una lucha entre los productores de petróleo sauditas y las empresas estadounidenses, canadienses y británicas que extraen el petróleo de esquisto. En efecto, la técnica del petróleo de esquisto resulta bastante costoso e implica costos de producción altos y poco competitivos contra la explotación eficiente de un productor convencional. En este sentido, Arabia Saudita estaría manteniendo los precios por los suelos para golpear los reducidos márgenes de sus competidores en Occidente y su competencia por el mercado estadounidense y europeo. Esta estrategia puede golpear a varias compañías petroleras, pero no a todas las que utilizan el método de extracción, que a través de mejores modelos de gestión y aprovechamiento, no tienen márgenes tan altos.

Ambos casos son probables –es más, seguramente la realidad, siempre compleja, sea un poco de ambas cosas-, aunque también otros elementos podrían explicar la disminución del precio (o ser causalidades complementarias), como la diminución en la demanda de China y Japón.

Ahora bien, sea como sea el escenario, es bastante improbable –en casi todos los escenarios- que el precio aumente en el mediano plazo, aunque es claro que eventualmente, es decir, en uno o dos años, un precio tan bajo es insostenible incluso para los saudíes y estadounidenses. Mientras tanto, por supuesto, los países petroleros tendrán que hacer con lo poco que les está entrando y enfrentar los seguros problemas económicos y políticos que acompañarán su falta de presupuesto.

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La nueva geopolítica del petróleo

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Algo está cambiando en el mercado energético y por supuesto, en la estabilidad geopolítica de las últimas cuatro décadas. En efecto, el precio del petróleo -pero también de otros hidrocarburos y en general, de los recursos naturales- se han desplomado en las últimas semanas. Algunos analistas señalan a una decisión de competencia internacional y lucha política los bajos precios del petróleo. Tom Friedman, por ejemplo, sostiene que la reducción del precio del petróleo internacional no ha sido una coincidencia, sino consecuencia del enfrentamiento entre Estados Unidos y Arabia Saudita contra Rusia e Irán. Es decir, un aumento en la venta de las reservas de los estadounidenses y sauditas que busca aprovechar la dependencia de las economías de sus enemigos en el comercio del crudo, ahondando en las sanciones económicas que ya ha impuesto Occidente a ambos países.

Sin embargo, parece no ser solo un asunto de contexto. De hecho, los datos del mercado energético parecen presentar una tendencia más profunda de bajos precios del petróleo. En primer lugar, por el desarrollo tecnológico que ha permitido que varios países que hasta hace poco solo tenían producciones marginales o apenas suficientes para su consumo interno, han aumentado su producción, convirtiéndose incluso en exportadores de energía.

En segundo lugar, la conservación y apuestas por nuevas tecnologías de generación -sobre todo más limpias- han reducido la dependencia de algunos países en las fuentes fósiles de  generación de energía. Este ha sido un esfuerzo explicado por dos razones: (1) la respuesta a las necesidades ambientales y la agenda de sostenibilidad, y sobre todo (2), la “independencia” de las importaciones de hidrocarburos y el riesgo que implica depender de los países petroleros (que suelen ser inestables y conflictivos) para suplir la demanda energética.

Son estos, los países petroleros, los mayores afectados con estas nuevas tendencias del mercado energético.

Por supuesto, el enemigo de las potencias petroleras no es el “fracking” estadounidense, sino el ascenso de las energías alternativas, la conservación energética y el desarrollo de nuevas tecnologías. Es decir, no es una consecuencia lineal ni única del “fracking” como herramienta de extracción, sino de varias tendencias energéticas que están moldeando la nueva geopolítica de la energía global. Así, el consumo energético de Estados Unidos, por ejemplo, ha reducido de manera importante su dependencia no solo de las importaciones de petróleo, sino del uso de energía de fuentes fósiles en general, pasando del 91,4% en el año 1980 al 83,6% en 2012.

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Por supuesto, esto supone un escenario de consumo de energía más complejo, en donde las nuevas tecnologías, la preocupación por el medio ambiente y los conflictos geopolíticos parecen estar, por fin, desincentivando la dependencia y el uso de hidrocarburos en muchos países. Esto implica que el bajo precio del petróleo, que incluso ha aguantado el empeoramiento de la situación política en Medio Oriente y en Europa del este, algo que hace algunos años hubiera lanzado el precio del crudo al cielo.

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Por supuesto, el crecimiento de los centros urbanos también ha implicado un incremento importante en la demanda de energía, pero sobre todo, de la contaminación y la preocupación por encontrar alternativas energéticas.

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Pero no solo las grandes potencias petroleras de Medio Oriente y Asia han sentido el golpe de los cambiantes precios de hidrocarburos. Países latinoamericanos, como Venezuela y Colombia (en grados diferentes, pero ambos con preocupaciones fiscales) han visto sus presupuestos reducidos en semanas. El asunto es que la inestabilidad de los precios pueden influenciar la inestabilidad de su política. Venezuela, por ejemplo, ya ha extendido el temor en los mercados de una cesación de pagos y las dinámicas de su política interna no ayudan a tranquilizar sobre su futuro cercano en el que las rentas del petróleo costoso se hayan terminado.

Así, como otros países dependientes del petróleo, Colombia y Venezuela tendrán que replantear su política fiscal en la nueva realidad energética, en donde las reducciones del consumo en Europa y China, la “independencia” energética de Estados Unidos, y el enfrentamiento entre los saudíes e Irán, mantendrán el precio del crudo en precios relativamente bajos en comparación con los últimos años.

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5 preguntas: La nueva estrategia de Obama contra el Estado Islámico (Daniel Montoya)

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Tropas iraquíes entrenan para enfrentar al Estado Islámico – Fuente: The Big Picture – Boston.com

Esta es la primera entrada de “5 preguntas”, entrevistas sobre política internacional. Daniel Montoya*(@D_nielMontoya), negociador internacional de la Universidad EAFIT, responde algunas cuestiones sobre la nueva estrategia del presidente estadounidense, Barack Obama, para combatir al Estado Islámico en Siria e Irak.

RealpolitikMundial (1): El presidente Obama presentó recientemente una nueva estrategia de su país en su lucha contra el Estado Islámico ¿cree que la nueva apuesta por contener la expansión del grupo con bombadeos, apoyo en armas a la oposición siria y construcción de coaliciones internacionales es suficiente?

Daniel Montoya: La estrategia puede ser suficiente para contener y debilitar, como en Yemen a AQAP y en Somalia a Al-Shabab, pero insuficiente para eliminar definitivamente del mapa al Estado Islámico (EI)

RealpolitikMundial (2): Ahora, con la nueva estrategia, que compromete directamente a Estados Unidos en la región ¿cómo reaccionará el mismo Estado Islámico en el territorio?

Daniel Montoya: Si la estrategia de EEUU resulta efectiva, EI podría cambiar de la guerra de posiciones a la guerra insurgente donde evite la confrontación directa; movilizarse en células pequeñas, emplear tácticas de ataque-repliegue y esconderse entre la población civil.

RealpolitikMundial (3): Algunas voces -incluso de las mismas fuerzas armadas de EEUU- han criticado la estrategia como tímida en sus recursos (sin tropas en el terreno), y ambiciosa en su discurso (la promesa de “destruir al EI”) ¿cree que estas críticas están justificadas?

Daniel Montoya: Tienen razón en que para borrar a EI del mapa se necesita comprometer más recursos – como tropas en el terreno, sin embargo es muy costoso política y económicamente, y por eso Obama se ha cuidado de optar por esta opción.

El objetivo principal de EEUU en la guerra contra EI es evitar la formación de una plataforma exportadora de terrorismo a EEUU, y en segunda instancia, conservar la balanza de poder regional; en orden de eficiencia primero están los ataques aéreos, apoyo militar y de inteligencia a tropas de la región, que la intervención directa.

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– Daniel Montoya

RealpolitikMundial (4): Otro asunto relevante para los países occidentales ha sido el flujo de “combatientes extranjeros” que pelean en las fuerzas del Estado Islámico ¿cómo se puede configurar esto como un peligro para su seguridad interna en el futuro?

Daniel Montoya: Definitivamente es una preocupación para los países occidentales el regreso de veteranos Yihadistas, sin embargo no se debe sobredimensionar. Un ataque terrorista requiere de una logística compleja que hoy funciona bien en Siria e Irak, pero que es difícil de replicar en Europa o EEUU. Eso incluye acceso a dinero, explosivos, transporte, entrenamiento y personal, entre otros.

En realidad el mayor peligro son los “lone-wolfs”: radicales que operan solos y hacen ataques de baja elaboración – por ejemplo el Tiroteo en el Museo Judío en Bélgica, el 24 de Mayo de 2014. En este caso lo más importante es la capacitación y trabajo con la Comunidad para la detección temprana de esas personas con comportamiento sospechoso.

RealpolitikMundial (5): La política local había sido un obstáculo para Obama -y otros líderes occidentales- de tomar decisiones en el caso del EI ¿cómo reaccionaron y se comportarán las fuerzas políticas y los ciudadanos de los países involucrados en la intervención?

Daniel Montoya: La política doméstica de EEUU, Turquía, Irán, Arabia Saudita y, en menor medida, Rusia, se verá afectada en el momento en el que los gobiernos tengan que comprometer recursos sustanciales, hasta el momento no lo han hecho. Solo si el asunto EI rompe el equilibrio de la región, los países mencionados estarán dispuestos a intervenir directamente y las fisuras internas se harán evidentes.

* Daniel Montoya es Negociador Internacional de la universidad EAFIT, donde se desempeñó como coordinador del grupo de investigación en Estudios Internacionales y se enfocó en el estudio del impacto de las remesas en el sector de la construcción en Colombia. Durante su carrera profesional, Daniel ha trabajado y vivido en el exterior donde se destaca su trabajo en Proexport China y Stratfor. Sus áreas de conocimiento incluyen la inversión extranjera, inteligencia estratégica y geopolítica.

¿Quién llenará el vacío dejado por Estados Unidos en el mundo?

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Reclutas chiítas marchan en el sur de Irak. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La lenta, pero firme, retirada de Estados Unidos del mundo, está dejando enormes vacíos de poder que han llevado a la inestabilidad de regiones de vital importancia para el orden internacional y la estabilidad de los asuntos globales.

En Medio Oriente, donde millones de personas, tres religiones, varios cientos de facciones y docenas de intereses colisionan, Estados Unidos ha jugado un controvertido papel de “equilibrio de poderes” durante casi toda su historia reciente. En ocasiones fracasa, por supuesto, como durante y luego de la invasión de 2003 en Irak, pero en otras ha sido capaz de mantener una tensa estabilidad entre los poderes regionales, a través de profundas relaciones diplomáticas y de cooperación, o en algunos casos (particularmente en el Golfo Pérsico) por la intervención armada.

Sin embargo, el Medio Oriente no es, ni mucho menos, el único lugar en el que los estadounidenses intervienen en búsqueda de mantener el statu quo. La independencia de Europa occidental, la seguridad de la navegabilidad en el Océano Índico, la contención de China en el Mar Amarillo, la democratización de América Latina y el apoyo contra rebeldes y terroristas en el África Subsahárica, son algunos de estos casos.

Ahora bien, esta apuesta de política exterior supone una carga importante en recursos –tanto económicos como políticos- para el Estado Federal y los presidentes estadounidenses, y siempre ha supuesto un reto para justificar internamente. En efecto, los ciudadanos estadounidenses han sido durante casi su toda histórica democrática aislacionistas, recelosos de las “responsabilidad y cargas” que su país ha asumido en el siglo XX y XXI en el resto del planeta.

Así, de acuerdo al Pew Research Center, en 2013 el 52% de los estadounidenses sostuvieron que su país debía “ocuparse de sus propios asuntos internacionalmente”, el porcentaje más alto desde 1964, primer año en que se realizó esta encuesta. El escepticismo del público estadounidense puede verse, sobre todo, como una consecuencia de la “fatiga de guerra”, luego de más de una década de acciones armadas a gran escala en Asia, pero también, se explica un poco en las preocupaciones internas asociadas a la crisis económica internacional y sus consecuencias para Estados Unidos.

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Restos del avión de Malasya Airlines derribado en el este de Ucrania. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Tres de las más sonadas crisis internacionales de los últimos meses sirven como buenos ejemplos para la “retirada estadounidense” y algunas de sus consecuencias en las regiones donde los compromisos se están reduciendo.

En primer lugar, Ucrania, donde Vladimir Putin, el envalentonado presidente ruso, ha invadido la península de Crimea e incentivado y apoyado la rebelión de fuerzas pro-rusas en el Oriente del país. Estados Unidos ha liderado a Occidente en rechazar las acciones y aplicar sanciones económicas a Rusia por su intervención en Ucrania, pero tanto el presidente Obama, como sus conciudadanos, tienen poco interés en presionar demasiado al liderazgo ruso, mucho menos, intervenir en la defensa directa del territorio ucraniano.

Por un lado, Ucrania supone, en la nueva doctrina estadounidense de “liderar desde atrás” del gobierno Obama, parte de la influencia directa de Rusia y no de Europa Occidental y de la OTAN. Es decir, que por más que el presidente estadounidense continúe con su mandato histórico de “mantener el equilibrio internacional”, no intervendrá más allá de lo absolutamente necesario y posible políticamente. Porque, por otro lado, la opinión pública de su país ha dejado bien claro que no quiere ver a su país inmiscuido en Ucrania, peor aún, en un enfrentamiento con Rusia. Así, de acuerdo al Pew Research Center, el 56% de los estadounidenses sostuvieron en marzo de 2014 que su país no debía involucrarse mucho en la crisis ucraniana.

En segundo lugar, Siria e Irak, donde esta “doctrina Obama” se ha enfrentado a varios retos respecto a su propio compromiso descuidado y lejano con la estabilidad. En efecto, ni la represión del dictador Bashar al-Assad de su propio pueblo y luego su duro enfrentamiento con las fuerzas rebeldes sirias, incluso utilizando armas químicas, y cruzando la “línea roja” establecida por el propio Obama; han logrado mover a Estados Unidos a intervenir más allá del apoyo condicionado a algunas de las organizaciones rebeldes.

En este contexto, donde al-Assad pudo enfrentarse directamente a las fuerzas rebeldes más moderadas, mientras en el oeste y sur del país, la ya famosa organización extremistas ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) ganaba poder, poniéndose por encima incluso de otras fuerzas rebeldes, ganando terreno, controlando ciudades y acumulando armamento. A principios de 2014, este mismo grupo lanzó una ofensiva militar en el norte de Irak, su lugar de nacimiento, y apoyándose en el descontento de los sunnitas con el gobierno chiíta del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, su avance ya ha llevado a la caída de ciudades como Mosul, Tikrit o Fallujah, y amenazan la capital, Bagdad.

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Bombardeo de las fuerzas de seguridad israelí en una localidad de la franja de Gaza. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Ante el preocupante avance, Obama decidió recientemente atacar las posiciones de ISIS en el norte de Irak, intentado detener su ofensiva contra los kurdos. Es solo contención, en el mejor de los casos, la “atención de los síntomas, no de la enfermedad”. Y su alcance está determinado de entrada por la negativa de los Estados Unidos a tener compromisos más amplios.

De nuevo, los ciudadanos estadounidenses se oponen a esta acción, y sobre todo y particularmente, a cualquier incremento en el involucramiento de su país en la crisis del país del Medio Oriente.

Por supuesto, la política exterior de Obama da cuenta de nuevas realidades en las actitudes políticas de sus conciudadanos. De esta forma, tomar decisiones de intervenir internacionalmente –incluso frente a peligrosos conflictos y enemigos tan claros, como en los primeros meses del conflicto en Siria- se ha convertido en una tarea imposible para un líder estadounidense, por culpa de los altos costos políticos.

Y esta es una realidad interna que plantea un obstáculo casi imposible de salvar para el presidente Obama y los líderes estadounidenses por venir.

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5 consecuencias geopolíticas de la crisis en Ucrania

Barack Obama visita Europa, Londres Fuente: The Big Picture - Boston.com

Barack Obama visita Europa, Londres
Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

A las anteriores entradas sobre la crisis en Ucrania (Un realista, un liberal y un socialista discuten la crisis en Ucrania; y Putin está ganando: tres consecuencias para el mundo), ahora presento estas cinco consecuencias geopolíticas de las agresiones rusas en Europa Oriental y la tímida respuesta de Occidente:

Llamada de atención a la Unión Europea y sus detractores: los enemigos comunes son siempre el mejor incentivo para fortalecer una alianza. Y en los últimos años, a la Unión Europea le faltaba precisamente eso, un enemigo común claro que no fuera las peleas internas y la crisis económica. Rusia ha llegado a llenar ese vacío en la confederación de estados europeos. Ahora, los líderes europeos utilizan a este nuevo-viejo contendor internacional como la excusa perfecta para destrabar procesos de integración estancados e incluso contener las tendencias de separación en algunos países como Reino Unido. Una idea clásica, pero no por eso menos poderosa.

Puerto de Sebastopol, Crimea Fuente: The Big Picture - Boston.com

Puerto de Sebastopol, Crimea
Fuente: The Big Picture – Boston.com

“¡Fascistas del mundo, uníos!”: curiosamente, el mayor apoyo de Putin a su agresión en Ucrania no ha venido del interior de Rusia, los más emocionados con la “nueva asertividad” rusa son los extremistas de derechas de los países europeos. Partidos y líderes políticos nacionalistas de extrema derecha de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Hungría, entre otros, han reconocido el referendo de Crimea que la anexó a la Federación Rusa y apoyado públicamente las pretensiones de Putin en Europa Oriental. Putin resulta un modelo a seguir tentador para muchos extremistas europeos: nacionalista, xenófobo, autoritario y conservador. Su apoyo resulta extraño, pero posiblemente peligroso si siguen ganando escaños en los parlamentos de sus países igual que en los últimos años.

La sonrisa en la boca de China: Barack Obama había anunciado un “pivote a Asia” hace poco más de un año y aunque la semana pasada realizó un extenso viaje en la región como soporte de la estrategia de contención del ascenso chino, la realidad es que la crisis en Ucrania probablemente s se ha robado la atención de la opinión pública estadounidense, y los tomadores de decisión de Washington. El pivote tendrá que esperar a que el viejo enemigo resurgido en Europa Oriental pueda regresar a las buenas maneras de los años noventa o a que los europeos occidentales asuman un rol más activo en su oposición a las valentonadas de Putin.

Escuela de Cadetes, Rusia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Escuela de Cadetes, Rusia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

La impotencia del Occidente democrático: sanciones. Esa ha sido la principal respuesta de Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental a la agresión rusa. Eso y hablar duro. Pero ninguna de esas dos apuestas han detenido las acciones de Putin en contra de Ucrania, ni han ayudado al torpe e incapacitado gobierno ucraniano a responder efectivamente a la práctica invasión de varias de sus provincias en el este y la pérdida de Crimea. Occidente ha demostrado que no cuenta ni con la determinación, ni con las herramientas adecuadas para prevenir una agresión como la de Rusia en Ucrania. Esto lanza al ambiente global un peligroso mensaje: que las potencias locales pueden pretender hacer algo similar sin que Estados Unidos o Europa tengan la voluntad suficiente y los recursos para impedirlo.

La doctrina Putin: toda la crisis en Ucrania ha sido, por supuesto, el perfeccionamiento de la política internacional expansiva de Vladimir Putin. Rusia, en las manos de Putin, busca volver a las viejas glorias del imperio soviético, poniendo bajo su bota, por lo menos, a los países que considera vitales para mantener su influencia regional y proyectar su poder global. Es nostalgia de potencia perdida, pero real y con consecuencias tan claras como las que ahora viven los ucranianos. Dos ideas sustentan esta doctrina –que con seguridad marcará las acciones rusas en los próximos años-: (1) que el “vecindario ruso” es inviolable por otras potencias y que, llegado el caso de una amenaza de oposición a la voluntad rusa (2) la fuerza puede utilizarse con impunidad ante la inactividad de la comunidad internacional. Estas ideas fueron puestas en práctica por Putin primero en Georgia en 2007, ahora en Ucrania y Moldavia y probablemente podrían influenciar sus estrategias futuras en Europa del Este y Asia Central.

Protestas en Europa en 2012, Grecia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Protestas en Europa en 2012, Grecia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

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Mirando al Oriente

China

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Aunque los recientes acontecimientos en Rusia podrían sugerir lo contrario, el enfrentamiento geopolítico más importante del siglo XXI será entre una China que asciende en Asia y se proyecta más allá de sus fronteras, y un preocupado Estados Unidos que intenta contenerla antes de que llegue a competir con su influencia en otros lugares del mundo. En la mitad, el mundo. Pero antes que los demás, los principales implicados (beneficiados o perjudicados) son los vecinos inmediatos de la nueva potencia oriental.

Desde el año 2012, el presidente estadounidense Barack Obama anunció un profundo cambio en las preocupaciones estratégicas de su país, lo que denominó el “pivote de Asia”; es decir, la concentración de intereses, recursos y presencia política, económica y militar en la región Asia-Pacífico. La idea era doble. Por un lado, aprovecharse de los recursos y mercados de la región más económicamente dinámica y de crecimiento estable del mundo, y por otro, contener el crecimiento de la influencia de China en la región.

La apuesta de política exterior del presidente estadounidense no solo fue acertada y pertinente, sino que supuso un cambio efectivo a la pasividad –algo desubicada– de la política internacional de Estados Unidos luego de los desastres en Medio Oriente. Sin embargo, la realidad ha presenciado pocos cambios reales en terreno hasta ahora.

Esta semana, Obama iniciará una gira por Asia que busca “lanzar” el famoso pivote asiático, pero las visitas han despertado poco interés en la prensa y bastante menos en los países interesados en que haya claridad sobre la posición de Estados Unidos en la región. Dos asuntos podrían ser culpables de esto: la crisis en Ucrania (y el comportamiento de Rusia) y la falta de un plan de acción claro por parte de Estados Unidos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

De hecho, es muy probable que el tema del que más se hable estas semanas en Asia sea la crisis en Europa oriental. La intervención, hasta ahora impune, de Rusia en territorio ucraniano ha avivado los temores de que China haga algo parecido en territorios en disputa con sus vecinos, particularmente en el Mar del sur de China, donde Japón, Taiwan, Filipinas, Vietnam y China sobrelapan sus intereses.

Esta preocupación se sustenta en dos realidades. La primera, la demostrada imposibilidad de Estados Unidos para defender a sus aliados en los conflictos regionales, como en el caso de Ucrania; y la segunda,  el incremento del gasto militar chino y su agresividad a la hora de defender lo que considera su área de influencia natural.

En efecto, el incremento del presupuesto militar de China ha sido espectacular en los últimos diez años, sobre todo, si se compara con el comportamiento de los presupuestos de sus vecinos. Particularmente, Japón y Corea del Sur, dos de los países más nerviosos con el ascenso chino, más cercanos a Estados Unidos y, hasta hace relativamente poco, los que contaban con mayores inversiones en defensa en la región.

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 Por supuesto, muchos analistas sostienen que el enfrentamiento en Asia entre China y Estados Unidos y sus aliados no es inevitable. De acuerdo a dos escenarios. En el primero, el temido ascenso de China y el aumento de su influencia mundial se ve constreñido por los problemas políticos y demográficos internos. Es decir, que la potencial inestabilidad interna del país impediría que su crecimiento y expansión sean sostenibles en el tiempo. En el segundo escenario, tanto China, como Estados Unidos y sus aliados en la región, logran repartir sus áreas de influencia e interés en la región, y gestionan efectivamente los posibles conflictos.

Sea cómo sea, Obama inicia un cambio estratégico de suma importancia para la política global de los próximos cien años. Determinará, entre otras cosas, luego del enfrentamiento (no necesariamente violento), la nueva potencia regional en Asia y quizá, la nueva súperpotencia global (o la renovación de la actual). También, el futuro de la región más importante del planeta, y que como Europa en el Siglo XX, determinará el futuro del planeta en el XXI.

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Putin está ganando: Tres consecuencias para el mundo

Fuente: imagenpoblana.com

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Por Santiago Silva Jaramillo

Sin conocer todavía el desenlace final del conflicto en Ucrania (al momento de escribir este texto, insurgentes pro-rusos del oriente de  Ucrania y fuerzas rusas encubiertas toman el control de estaciones de policía y edificios de gobierno ante un vociferante pero impotente gobierno ucraniano, mientras las fuerzas armadas rusas continuaban concentrando elementos en la frontera), se pueden asumir algunos grandes cambios que los últimos acontecimientos implicarán para el futuro del orden internacional.

Estas son tres consecuencias iniciales de que, en Ucrania, Vladimir Putin, presidente de Rusia, esté ganando:

Fuente: time.com

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1. El nuevo zar: desde que llegó al poder en el año 2000, Vladimir Putin se dio a la tarea de crear una Rusia a su imagen y semejanza. Fría, calculadora, fuerte y cruel. Pero próspera y respetada, luego de toda una década de ser la burla del sistema internacional, y unos veinte años de estancamiento político y económico. Y lo ha logrado. Por un lado, con un poco de suerte, al impulsar el crecimiento económico de su país con las bonanzas de las materias primas desde mediados de la década del dos mil, y por el otro, con mucha astucia y algo de arrojo, al ganar varias manos internacionales con sus enemigos occidentales. Putin ha restaurado la influencia rusa en su vecindario y el mundo, ganó las partidas en Georgia en 2007, Siria en 2013, y parece estar a punto de asegurarse otra victoria en Ucrania en 2014. El nuevo zar, y la nueva Rusia, se han convertido en una fuerza a tener en cuenta a nivel global. Justo lo que Putin se planteó desde que asumió el poder.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. El “pivote” europeo: en enero de 2013, el presidente estadounidense Barack Obama planteó una nueva “gran estrategia” para la política exterior de su país, el “pivote de Asia”. La idea era concentra los recursos económicos, políticos e incluso militares de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. En primer lugar, para aprovechar el dinamismo económico y las prospectivas de crecimiento de los países de esa zona del mundo, pero en segundo lugar -y no menos importante- para “contener” la expansión de la influencia china. Pero el viejo frente europeo se ha vuelto a abrir. Los estadounidenses habían gestionado las relaciones con los rusos desde la caída de la Unión Soviética; incluso superando crisis complejas como las guerras en los Balcanes y el Caucaso, pero el conflicto en Ucrania, y el incremento de la agresividad rusa a nivel internacional, le exigirán a Estados Unidos que su “pivote de Asia” se vuelva simplemente el viejo “pivote europeo”. Los chinos, al margen, deben estar sonriendo.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

3.La potencia desafiada: desde el final de la Guerra Fría se ha debatido sobre si el mundo se encuentra en un orden unipolar o multipolar. Aunque la crisis en Ucrania ni sea la primera señal de la multipolaridad y la dificultad para Estados Unidos de dirigir y liderar el mundo, si se ha convertido en un poderoso argumento para los que, en efecto, consideran que la súper potencia está todo menos sola en el orden político global. Por supuesto, esto no solo tiene efectos académicos. Futuras crisis -y algunas actuales, como el conflicto en Siria- se verán afectados por los poderes locales que, envalentonados por el ejemplo que da Rusia, no hacen caso de la presión o la negociación de los diplomáticos estadounidenses.

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