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¿Qué está pasando con Venezuela?

Algo parece haber cambiado en América Latina. Por años, los excesos y problemas internos del gobierno chavista venezolano habían pasado de agache en las discusiones de los organismos multilaterales latinoamericanos. De hecho, por casi una década, el mismo Chávez dictó los términos en los que organizaciones como Unasur o la Celac operaban en la región, y aunque la OEA (Organización de Estados Americanos) nunca fue un escenario amistoso para el chavismo, sobre todo por la participación y el protagonismo de Estados Unidos en este organismo, la mayoría de países latinoamericanos que se alineaban en las discusiones regionales del lado venezolano volvía irrelevante el espacio para presionar a que su gobierno revisara sus problemas internos o decisiones internacionales.

Pero el contexto internacional ha cambiado. En primer lugar, la crisis venezolana no ha hecho sino empeorar en los últimos meses. La escasez de alimentos y productos de consumo básico, la rampante inflación y la prevalencia de inseguridad en las calles de Venezuela no dan un respiro a sus habitantes. El gobierno de Nicolás Maduro parece demasiado preocupado por controlar la situación política y mantenerse en el poder como para intentar resolver los problemas cotidianos de su población.

En segundo lugar, la llegada de la oposición como mayoría a la Asamblea Nacional ha equilibrado un poco el poder en Venezuela y al debilitar la posición de Maduro como líder del chavismo, exacerbado su temor de perder el poder ante alguno de los demás “herederoes” de Chávez, como Diosdado Cabello. La persecución a opositores y la creciente impopularidad del gobierno de Maduro tampoco ayudan a calmar la convulsionada situación nacional. Maduro es sustancialmente más débil ahora en su control del país, su política y sus recursos internacionales de lo que nunca había sido.

Y lo tercero -y lo más importante-, el cambio política de la región. En efecto, el debilitamiento de gobiernos de izquierda, como el de Dilma Rousseff en Brasil o el de Evo Morales en Bolivia, y la llegada a Argentina de un nuevo gobierno de derecha en la cabeza de Mauricio Macri. Esto ha reducido el margen de maniobra de Venezuela en términos internacionales, menos aliados y un poco más de enemigos, sumado a una mayoría de países de la región que poco o nada tienen para ganar en apoyar a su gobierno en problemas.

Ahora, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha invocado la Carta Democrática y el organismo evalúa la puesta en marcha de acciones diplomáticas e incluso la expulsión de Venezuela de esta organización multilateral si no se presentan cambios sustanciales en la situación del país. Aunque hay diferentes atajos en el procedimiento, formalmente el secretario Almagro debe discutir su proposición en una comisión permanente, en donde se decidirán hacer más consultar e intentos de mediar entre gobierno y oposición, para luego convocar a la Asamblea General-que reúne a los 34 países miembros- para discutir la posibilidad de expulsar a Venezuela de la OEA.

Por supuesto, lo más relevante de este episodio no son las formalidades del organismos internacional, sino más bien, el aprovechamiento política que tanto oficialismo como oposición le darán ala noticia para impulsar sus agendas internas. Y aunque pueda sugerirnos que nada ha pasado, la decisión de la OEA es solo un síntoma de un cambio importante en la región: la situación política de Venezuela ha dejado de ser un tabú en las discusiones latinoamericanas, y eso si debería preocupar al gobierno de Nicolás Maduro y ser una prudente esperanza para los venezolanos.

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Gráfico: Precio del petróleo, inflación y elecciones en Venezuela

Precio del petróleo, inflación y elecciones en Venezuela: mientras se adelantan elecciones parlamentarias en Venezuela es importante recordar el panorama económico del país desde que el Chavismo llegó al poder. En efecto, estas elecciones de 2015 presentan problemas para el gobierno del heredero de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, que no había conocido su proyecto político. La descontrolada inflación y el bajón del precio del petróleo (la principal fuente de ingresos del Estado venezonalo) han creado una tormenta perfecta en donde el Chavismo puede empezar a perder terreno frente a la fuerzas de oposición. Fuente: inflation.com; wikipedia.org & Banco Mundial (2015). Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

Petroleo, inflación y elecciones en Venezuela

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Acuerdo en Ucrania >Crisis en Venezuela

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Ucrania y Venezuela recorren, a miles de kilómetros de distancia, pero con realidades políticas curiosamente similares, los caminos de la resistencia contra los hombres fuertes que los gobiernan. Las manifestaciones en Ucrania iniciaron en noviembre de 2013, luego que el entonces presidente, Viktor Yanukóvich decidiera estrechar sus vínculos con el gobierno de Vladimir Putin, en vez de acercarse a la Unión Europea (una perspectiva que implicaba su posible y futuro integro a la UE).

En Venezuela, una protesta en rechazo a varios hechos de violencia en el occidente del país, salida de control luego de la agresiva respuesta de las autoridades a las concentraciones estudiantiles del 12 de febrero de 2014. El presidente Nicolás Maduro, heredero del difunto Hugo Chávez, y gobernante de un país con profundos problemas económicos (desabastecimiento e inflación) y de seguridad, respondió con fuerza y su represión logró unir a la desorganizada oposición venezolana y radicalizar el país hasta el borde de la violencia organizada.

Tanto Maduro, como Yanukóvich se decidieron por la alternativa más sencilla y arbitraria, la represión violenta de las manifestaciones. Una herramienta de autócratas, pero que siempre tiene un doble filo; puede dar cuenta de firmeza para la facción del dictador, pero termina de polarizar a los manifestantes y, generalmente, llama la atención y el repudio internacional.

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The Big Picture – Boston.com

La intermediación de los países vecinos fue fundamental para alcanzar un pre-acuerdo en Ucrania y llevar al país a la situación de relativa calma y reforma democrática en el que se encuentra actualmente, pero ¿qué han hecho los vecinos de Venezuela por ayudar a superar la crisis?

En efecto, la diferencia entre los desarrollos de la situación de ambos países reside –hasta ahora- en las posiciones de los demás países (sobre todo los vecinos) en influenciar el desenlace del conflicto. En Ucrania, Rusia jugó un papel de apoyo a Yanukóvich, pero siempre con el freno puesto en las reacciones de los demás países europeos a los excesos. De igual forma, la Unión Europeo intentó en primer lugar darle una salida al presidente ucraniano, al ofrecerle un nuevo trato, pero ante su rechazo (presionado por Moscú, seguramente) inició una campaña de apoyo diplomático a la oposición, que incluyó, incluso, sanciones económicas.

El pasado 21 de febrero el presidente Yanukóvich y los opositores firmaron un acuerdo para intentar superar la crisis que atraviesa su país. Pero luego de la presión por parte de los opositores, el presidente ucraniano se exilió de la capital –y se rumora, del país-, mientras los líderes de la protestas formaron un gobierno de emergencia y convocaron a elecciones.

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The Big Picture – Boston.com

Ahora bien, en Venezuela el único actor internacional que hasta el momento ha actuado realmente es Cuba, que según reportes de los opositores, ha estado enviando aviones llenos de oficiales cubanos para apoyar a los leales a Maduro a reprimir las protestas. En efecto, Cuba tiene mucho que perder en la caída de los chavistas; su influencia internacional y el petróleo que Venezuela le regala son demasiado importantes para los Castro como para no dar la pelea.

Sin embargo, desconcierta un poco el silencio y la inacción del resto de países del hemisferio. Estados Unidos ha hecho algunas declaraciones aisladas (sobre todo en la voz no vinculante de sus congresistas latinos) condenando la violencia y advirtiendo a Maduro por la utilización de fuerzas excesiva. En la mayoría de los demás países la política ha sido el silencio. El presidente colombiano Juan Manuel Santos hizo un llamado al diálogo, pero luego de la airada respuesta de Maduro a la no intromisión en sus asuntos internos, Santos abandonó el tema.

Esperemos que los líderes de las Américas no esperen a que los asuntos se salgan de control, a que la violencia sea generalizada y huela a guerra civil o represión armada, para presionar al régimen venezolano a dejar de matar a su gente, y luego, quizás, a escuchar sus justos reclamos. Si no, a que inviten a Maduro (tan “cortésmente” como sea necesario) a dejar un lado la presidencia de su convulsionado país.

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Gráfico: Pasando la batuta (Tendencias de seguridad en Colombia y Venezuela).

 

Gráfico: pasando la batuta (Tendencias de seguridad en Colombia y Venezuela): el siguiente gráfico (y subsecuente tabla) evalúa algunos indicadores de seguridad ciudadana en Colombia, Venezuela y sus capitales. En primer lugar, aborda el indicador universal para medir la seguridad de un lugar, la tasa de homicidios, esto es, el número de homicidios que se dan en una población por cada 100.000 de sus habitantes. La tabla compara varios indicadores como la percepción de seguridad y victimización en ambos países. Fuente: UNODC, PNUD y OEA
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Informe Especial Venezuela después de Chávez – Valora Inversiones

Venezuela después de Chávez: perspectivas políticas en el corto plazo.

El pasado 05 de marzo murió el presidente venezolano Hugo Chávez. A continuación, algunas perspectivas sobre las consecuencias política a corto plazo para Venezuela, Colombia y la región.

Este es un informe especial elaborado para Valora Inversiones. Pueden leerlo gratís completo en:

Informe Especial Venezuela después de Chávez – Valora Inversiones

¿Qué viene para Venezuela?

Venezuela

Fuente: venciclopedia.com

El país petrolero se acerca más al abismo de una crisis política de largo plazo. Algunos escenarios y sus posibles repercusiones para la economía venezolana.

La ausencia del presidente Chávez debido a su grave estado de salud y las recientes intervenciones quirúrgicas a las que ha sido sometido en Cuba ha profundizado la crisis política que vive Venezuela. El jueves 10 de enero, fecha de la posesión del presidente en su nuevo periodo constitucional de seis años, Chávez se ausentó de la ceremonia, siendo reemplazado por una “toma de poder simbólica” realizada por el oficialismo. La oposición venezolana ha exigido que el gobierno informe sobre el estado de salud real del presidente y en cabeza del ex candidato a la presidencia y contendor de Chávez, Henrique Capriles, ha advertido al oficialismo sobre violaciones a la constitución.

Si el presidente venezolano muere o queda incapacitado permanentemente para ejercer, la opción constitucional sería que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela asumiera el cargo y llamara a nuevas elecciones. Una nueva contienda presidencial implicaría que un debilitado chavismo, representado quizá por Nicolás Maduro, se enfrente a una fortalecida oposición que ya ha demostrado que cuenta con la capacidad de dar la pelea política. Al fin de cuentas, un “chavismo” sin Chávez se vería en serias dificultades para ganar las elecciones en el caso de enfrentarse a un candidato popular como el mismo Capriles.

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Aun así, también existe la posibilidad de que, previendo las dificultades, el oficialismo pretenda mantener a Maduro, como vicepresidente, en el poder, sin llamar a nuevas elecciones. La oposición ya ha hecho advertencias sobre este escenario, señalando su clara inconstitucionalidad. Un conflicto de esta envergadura supondría inestabilidad para el sistema político venezolano y un aumento de la polarización, en el marco de la ilegalidad y falta de legitimidad del presidente.

De igual manera, implicaría un nuevo líder del “chavismo”, que en la figura de Maduro, carece del carisma de Chávez y probablemente tendría que enfrentarse a una popularidad mermada y a la presión de una oposición fortalecida. Por otro lado, la sucesión sigue siendo todo menos seguro, pues aunque el mismo Chávez haya designado a Maduro como su segundo, dentro del “chavismo” existen otros líderes (particularmente Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea y Adán Chávez, gobernador y hermano del presidente) que buscarían heredar el poder.

Incluso en la delicada situación de salud de Chávez cabe la posibilidad de una mejoría. Si el presidente venezolano regresa a su país y logra asumir su cargo, tendrá que cargar con las acusaciones de des legitimidad que con toda seguridad utilizará la oposición respecto a la manera cómo se ha manejado su enfermedad y su ausencia durante la ceremonia de posición ante la Asamblea.

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Finalmente, la situación venezolana (bajo la presión de la enfermad de Chávez) ha empeorado. La polarización política sigue aumentando, mientras el oficialismo hace todo lo que puede por mantener el poder hegemónico que ha ejercido por catorce años y la oposición gana aire sobre el descontento de los venezolanos con años de desgobierno, corrupción y violencia. La inestabilidad política seguirá siendo, por lo menos en el medio plazo, una realidad para Venezuela.

Nota: este artículo hace parte del esfuerzo conjunto de análisis de hechos políticos que realizamos para Valora Inversiones.

Colombia y Venezuela.

6 razones por las que con Santos podrían mejorar las relaciones con Venezuela:

  1. Porque no es Santos, tanto como un nuevo gobierno, lo que importa. Incluso si, como el electo, es continuista, un nuevo presidente siempre ofrece la oportunidad al vecino de un inicio fresco. Lo mejor para Chávez hubiera sido un reinicio con Mockus, pero Santos, como todo parece indicar, también le sirve.
  2. Porque Chávez lo necesita. El desabastecimiento venezolano está llegando a dimensiones catastróficas y la economía no solo está en recesión, es una de las pocas que no se puede contar en los pronósticos de recuperación de las demás de la región. Colombia ofrece a Venezuela, por lo menos, energía y víveres a buen precio.
  3. Porque Santos también lo necesita. Muchos de los apoyos más importantes de Santos durante su campaña vinieron del sector empresarial, el gremio que más lobby ha hecho intentando recuperar la relación entre los dos países. Santos no va a decepcionarlos.
  4. Porque tiene que pasar. Nada de “países hermanos” o “historias compartidas”; no necesitamos nada de eso para comprender que la interdependencia económica de ambos países derivaría en el eventual restablecimiento de las plenas relaciones diplomáticas y comerciales. Esto tiene que pasar; un rompimiento indeterminado es insostenible.
  5. Porque a Chávez le sirve. Hay que aceptar que las relaciones se han mantenido rotas, sobretodo, por la intransigencia del líder venezolano, sin embargo, puede ser momento de que Chávez comprenda que el dialogo le puede dar más réditos que el conflicto y que trabajar de la mano con el gobierno colombiano puede serle más lucrativo que enfrentarlo. Solo en términos de ayuda energética, Colombia puede salvarle el gobierno al presidente venezolano, o al menos de una fea derrota en las elecciones de fin de año.
  6. Porque la frontera lo necesita. El caos que se ha apropiado de algunos tramos de la zona fronteriza no beneficia a nadie, y la única forma de evitar que empeore es el restablecimiento y fortalecimiento de las relaciones binacionales.

¿Cree que las relaciones si se restablecerán a corto plazo? ¿Serán estos elementos suficientes? Cuénteme lo que piensa.

¿Por qué están perdiendo los gobiernos de izquierda en América Latina?

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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

Por Santiago Silva Jaramillo

(Publicado originalmente en Bajo la Manga).

La primera década del 2000 fue la década de la izquierda en América Latina. A Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia llegaron gobiernos de izquierda y en otros lugares como Chile, Argentina y Uruguay se profundizó el control político de partidos y políticos desde este espacio del espectro político. Para evaluar con justicia los alcances, logros y limitaciones de estos proyectos habrá que esperar un par de décadas, pero es claro que podemos determinar algunas de las razones por las que llegaron y se mantuvieron –sin muchos cambios por casi una década, más o menos- en el poder y sobre todo, el porqué de su reciente crisis.

Porque los gobiernos de izquierda parecen estar en problemas en América Latina y en el ambiente –aunque también en la realidad política de la región- se intuye un cambio en las tendencias políticas. Así, en Argentina Mauricio Macri venció once años de kirscherismo, en Brasil Dilma Rousseff enfrenta un juicio político por las denuncias de corrupción en su gobierno y el de su antecesor Lula Dasilva y en Venezuela Maduro acaba de perder la mayoría del chavismo en la asamblea nacional, mantenida a capa y espada por el gobierno desde que Hugo Chávez llegó al poder a finales de los noventa.

Los tres casos son particulares. En Argentina y en Venezuela el desgaste político jugó un papel fundamental, así como las denuncias de corrupción han sido determinantes en la crisis en la izquierda en Brasil. Pero también comparten condiciones, sobre todo económicas.

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Dilma Rousseff, presidente de Brasil.

Lo cierto es que lo único que subió a principios del dos mil en América Latina no fueron los partidos de izquierda, a la par lo hizo la demanda mundial por materias primas, el rubro al que pertenecen la mayoría de las exportaciones de la región. Así, las economías de América Latina y el Caribe crecieron en promedio un 3,5% anual entre el año 2000 y el 2008, comparado con un crecimiento en promedio de 2,65% en la década anterior (Banco Mundial, 2015). Esto creó una fuente de ingresos inesperada para los gobiernos que llegaban al poder y la bonanza económica permitió financiar programas sociales e inversiones públicas pero, sobre todo, supuso un clima de prosperidad interna que consolidó la popularidad de los gobiernos latinoamericanos de la época.

Pero en 2009, con la crisis económica internacional y un par de años después, con la desaceleración china y su reducción en el consumo de material primas, la bonanza económica terminó. El precio del barril de petróleo, por ejemplo, que es la fuente de ingresos más importante de varios países de la región, se ha reducido en al menos el 50% entre 2013 y 2015.

Aunque la crisis no sea la culpable del cambio político en la región –los errores particulares de cada uno de los proyectos políticos internos tiene más velas en ese entierro- sí supuso un contexto contrario para los gobiernos de izquierda que han tenido que enfrentar estas crisis con presupuestos mermados y ciudadanos descontentos por el estancamiento económico.

En efecto, lo que los salvó a principios del milenio ahora los condena: la predilección de la historia por la ironía y las implacables fuerzas del mercado.

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¿Ganan mucho dinero los congresistas colombianos?

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Cámara del Senado colombiano.

Por Santiago Silva Jaramillo

Un congresista colombianos se gana un salario mensual -luego de la expedición del Decreto 1739 por parte de la Presidencia de la República a inicio de septiembre- de unos $26 millones de pesos (un poco más de ocho mil quinientos dólares); esto supone unos 40,3 salarios mínimos colombianos de 2015. El salario mínimo en Colombia es de $644.350 pesos (un poco más de doscientos dólares). La diferencia no es solo sustancial por sí misma, o porque Colombia continúe siendo uno de los países más desiguales del planeta con un coeficiente de GINI de 52,5 (el de Venezuela es de 44,8, el de Perú de 45,3 y el de Estados Unidos 41,1), sino porque es bastante mayor que la de otros países.

Así, un parlamentario ecuatoriano se gana unos 21 salarios mínimos de su país, uno argentino se gana 20 salarios mínimos de su país y un peruano se gana 31 salarios mínimos de su país. Sin embargo, en América Latina nuestro país no tiene la mayor diferencia entre salario de parlamentario y salario mínimo, Brasil y Chile tienen diferencias mayores. Por fuera de la región -y en sistemas menos desiguales- la diferencia se acorta. En Estados Unidos un congresista gana diez veces el salario mínimo federal (aunque puede variar respecto a los mínimos estatales, aunque siempre para disminuir la diferencia) y el Reino Unido un parlamentario se gana solo cinco veces el salario mínimo de su país.

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Un explicación a la diferencia entre el salario de los congresistas y el salario mínimo de nuestro país es que los aumentos de los parlamentarios responden a dos particularidades. La primera, el sistema de gobernabilidad clientelista que sigue determinando las relaciones políticas entre ejecutivo y legislativo en el país, en donde el presidente del a República y su gobierno asegura apoyos en el congreso por medio de responder a las ansias de poder político y económico de los congresistas. Así, al aumentarles el salario y/o otorgarles prerrogativas de la ejecución del presupuesto de la nación el Gobierno Nacional se asegura algún grado de control sobre el Congreso, mejorando las perspectivas de aprobar proyectos de ley que puedan encontrar oposición en el órgano legislativo.

La segunda particularidad es la desigualdad del sistema económico y político colombianos. La diferencia entre el salario de altos funcionarios y la población del común parece relacionarse con la desigualdad general de un sistema económico y una sociedad; por eso es un fenómeno tan extendido en América Latina, pero menor en Estados Unidos y en Europa. De esta forma, la diferencia es a la vez síntoma y parte del problema de la desigualdad de nuestros países.

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¿Por qué trasnocha a los presidentes latinoamericanos la desaceleración económica china?

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La ciudad china de Qindao. Fuente: The Boston Big Picture

Por Santiago Silva Jaramillo

La reducción en expectativas y realidad del crecimiento chino ha implicado que, al bajar su demanda, los precios de las materias primas (sobre todo el petróleo, el carbón, el hierro y el cobre) también bajen. La tendencia no parece un asunto de contexto, sino una realidad que, al menos en el mediano plazo, va a significar un dolor de cabeza para los líderes de países exportadores de materias primas como, por supuesto, los latinoamericanos.

De hecho, los efectos ya se están viendo. Primero, con el mediocre crecimiento de las economías de la región en los últimos cinco años -sobre todo en 2015, con un crecimiento estimado por el FMI de menos del 1%– y pocas posibilidades de una mejoría en los siguientes periodos. Segundo, por el descontento que ya empiezan a sufrir algunos países por cuenta deentre otras cosasel estancamiento económico y la reducción en los recursos de inversión de los gobernantes, con protestas en Brasil, Ecuador, Argentina y Venezuela; y descontento en Colombia, Perú y México.

Protestas en Brasil en contra del gobierno de Dilma Roussef. Fuente: BBC.com

Protestas en Brasil en contra del gobierno de Dilma Roussef. Fuente: BBC.com

En la primera década del dos mil, América Latina tuvo una camada de presidentes inusualmente populares que bien podrían darle las gracias (aparte de sus méritos personales, que son siempre discutibles) a que contaron con los excedentes de recursos de inversión que salían del ascenso de los precios de las materias primas, impulsados por la demanda industrial de China. Pero ahora, con el gigante asiático recortando expectativas y desacelerando su economía, el boom de las materias primas parece estar llegando a su fin, y con éste, la popularidad exorbitante y el amplio margen de maniobra político de líderes y gobernantes de los países productores.

Lo particularmente frustrante de todo este escenario es el “poco poder” con el que cuentan los jefes de Estado latinoamericanos (aunque el fenómeno no se reduzca a ellos, por supuesto) en el desempeño de sus economías y por consiguiente, en la popularidad y apoyo político que sus propuestas, partidos y plataformas consiguen de parte de sus ciudadanos. Por otro lado, nos presenta un vistazo a un futuro de descontento político, algunos cambios en los partidos e ideologías gobernantes y en general, mayor inestabilidad política en la región.

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