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¿Por qué las personas subestiman el riesgo de contagiarse del COVID-19?

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Calles vacías durante la cuarentena, Nueva York.

Por Santiago Silva Jaramillo

Las últimas semanas, hemos sido testigos de irresponsabilidades, imprudencias o descuidos alrededor de la prevención del contagio del COVID-19 de ciudadanos desprevenidos que parecen subestimar el riesgo y las consecuencias de la pandemia que tiene paralizado al planeta. Esto incluye las personas que se resistieron en los primeros momentos a las recomendaciones de higiene o distanciamiento social, luego, los que viendo el advenimiento de las cuarentenas (en particular las de Bogotá y Medellín) salieron de viaje o intentaron evadirla saliendo de estas ciudades.

Las imágenes de las filas de carros que salían justo antes de que entraran en vigor las medidas de restricción de movimiento, de personas que los días antes todavía asistían a eventos en el que se reunían cientos de asistentes (o los organizaban) o que incumplían las medidas de cuarentena en la que se encuentran varias ciudades, han hecho las delicias de la indignación de redes. Estos incumplimientos individuales a lo que todos los demás estamos haciendo no solo son muy peligrosos para poder contener efectivamente el contagio del virus, sino que señalan un problema que por complejo no deja de ser muy común: las limitaciones de la acción colectiva.

Ahora ¿por qué hace la gente esto?

Uno de los retos que nos impuso la llegada del COVID-19 es la importancia de la responsabilidad individual y la coordinación del cuidado propio y la reducción que comportamientos cotidianos pueden tener sobre el riesgo de contagio. Es decir, que todos dependemos de todos, que solo podemos reducir el ritmo de contagio (para lograr la ya famosa “aplanar la curva”) si todos ponemos, si todos asumimos lo pequeños y grandes sacrificios que esta situación nos impone. Ahora, esto puede ser difícil de lograr por dos razones. La primero, el sesgo de optimismo y exceso de confianza, que puede estar llevando a que muchas personas subestimen el riesgo efectivo y la importancia de los cuidados personales.

El sesgo de optimismo es una limitación cognitiva que lleva a que los seres humanos creamos que somos un poco más hábiles en las cosas que hacemos de lo que realmente somos, que tenemos mayores probabilidades de salir airosos de una dificultad o que la posibilidad de que sufriremos un accidente o desgracia es más baja de los que realmente es. Este sesgo es una disposición evolutiva fundamental, es lo que permite en muchos casos que nos levantemos todos los días de la cama, que pensemos que el día siguiente será mejor que el presente (cuando en muchas ocasiones no tenemos información suficiente para hacer esa suposición), nos lleva a invertir en un negocio o empezar una relación sentimental.

Pero, así como garantiza muchos escenarios en el que a falta de optimismo solo tendríamos parálisis, nos lleva a cometer muchos errores, precisamente, porque nos puede inclinar a subestimar un riesgo. Por ejemplo, el riesgo de contagiarnos de una enfermedad viral llegaba de China o de que, al contraerla, se la pasaremos a otras personas.

La segunda razón por la que lograr la cooperación necesaria de todos los miembros de la sociedad es difícil es que las personas pueden sentir que los demás no hacen tampoco su parte y, por tanto, pueden pensar que su propio comportamiento no es significativo respecto a la magnitud de este problema. Esta percepción de injusticia, es decir, pensar que solo nosotros estamos poniendo de nuestra parte y que eso está mal y nos perjudica, nos puede llevar a defraudar preventivamente. Nadie quiere ser el “bobo”, nadie quiere sentir que se están aprovechando de su nobleza.

Estas dos dificultades no son únicas de un fenómeno como el contagio de un virus. Buena parte de los problemas públicos son problemas de acción colectiva y a su vez, muchos de ellos sufren por estas mismas limitantes comportamentales.

Ahora bien ¿qué podemos hacer entonces?

La teoría de las normas sociales de Cristina Bicchieri (y algunas aplicaciones de “nudge” y políticas conductuales) tienen pistas sobre herramientas para mejorar nuestro desempeño a la hora de contribuir individualmente a la prevención colectiva del contagio. Una norma social supone que para un comportamiento existen una expectativa empírica y otra normativo (y que de esta hay alguna percepción de sanción al incumplimiento). Es decir, las normas sociales implican que uno crea que la mayoría de la gente hace algo, que esa mayoría espera que uno haga lo mismo y que si uno (u otro) no lo hacen, puede ser sancionado por los demás.

La manera más común de trabajar en normas sociales implica el uso de información pública direccionada o masiva, pero dirigida a mostrar que un comportamiento es visto como conveniente por muchos y que todos están dispuestos a hacerlo, cuando no lo están haciendo ya. Usar la misma idea de que “todo el mundo lo hace, o lo haría o cree que deberíamos hacerlo” para que muchos más se sumen al comportamiento.

Ya tenemos incluso alguna evidencia sobre al efecto que diseñar mensajes dirigidos a los comportamientos de autocuidado y cuidado mutuo que utilizan la referencia a principios morales, enmarados como normas sociales, funcionan bien para incentivar el lavado de manos y el distanciamiento social.

Esto que escribo no pretende excusar a las personas que no se han tomado el aislamiento seriamente. Su comportamiento es efectivamente irresponsable y reprochable. Pero no es extraño, hay que reconocer que la subestimación de este riesgo parece ser algo común a todos nosotros (así sea en diferentes grados). De igual forma que algunos bogotanos y medellinenses no tuvieron problema en salir de sus ciudades, contra toda recomendación, justo cuando se declaró la cuarentena, así hay casos de personas que no han calculado bien los riesgos de asistir a mercados, conciertos, reuniones, de no lavarse las manos cada tres horas y por más de treinta segundos, de no guardas las distancias con las otras personas y demás en todo el mundo.

Es justamente cuando nos enfrentamos a algo tan humano como esto, que deben intervenir la sociedad y en particular el Estado, usando sus herramientas para que las personas tomemos mejores decisiones. Y que todo juntos, ahora sí, superemos esto.

 

¿Podemos cambiar nuestros comportamientos durante la crisis del COVID-19?

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Por Santiago Silva Jaramillo

La pandemia del COVID-19 está presentando unos retos enormes para personas, organizaciones y gobiernos del mundo. Acercándose cada vez más a las 200,000 infectados y los 10.000 muertos, el virus ha afectado ya a casi todos los países del planeta. La realidad de esta crisis, que empezó como un lejano eco noticioso en una provincia china, se ha convertido en la conversación cotidiana, la preocupación constante y la angustia de infectados, aislados y no.

Este no es el momento de subestimar las contribuciones individuales a un problema colectivo. La evidencia científica ha demostrado la importancia de lavarse bien las manos, reducir el contacto físico (como en los saludos), evitar conglomeraciones de personas (y prohibir o cancelar eventos que puedan llevar a que se produzcan) y el aislamiento de las personas.

Todos estos son comportamientos que ayudan a reducir la propagación del virus, lo que se ha venido llamando “aplanar la curva”, esto es, espaciar los casos de contagio para evitar el colapso de los servicios de salud. Pero, sobre todo, no son comportamientos comunes y fáciles y esto ha implicado la toma de decisiones públicas, como las cuarentenas o campañas educativas, y organizacionales, como el cierre de sedes, servicios y el teletrabajo. En esta coyuntura, cuidarnos nosotros es ayudar a los demás, es prevenir que se enfermen otros.

Este reto, que es enorme, de producir cambios comportamentales en poco tiempo y frente a situaciones extremas, podemos tomar algunas lecciones y aprendizajes de los estudios del comportamiento, el conocimiento acumulado de la sicología, la economía y la ciencia política para modificar la manera como las personas toman decisiones y actúan. Muchas de estas estrategias tienen la ventaja de ser sencillas, baratas y escalables y, por tanto, perfectas para momentos como este.

Un reciente artículo de la Universidad de Princeton (Haushofer  y Metcalf, 2020) reseña algunas ideas, sacadas de otras experiencias en salud pública que utilizaron cambio comportamental. En Kenia se han usado mensajes de texto que recuerdan a los padres los momentos para aplicar medicina a sus hijos, con aumentos del 20% en quienes los recibieron. Lavarse las manos, al menos, cada tres horas, podría recibir un “recorderis” sencilla en la forma de mensajes de texto o incluso en redes de parte de las autoridades locales y nacionales.

Otra experiencia, parte del trabajo de los Nóbel de economía Esther Dufló y Abhijit Banerjee, encontró que entregar pequeños incentivos (casi simbólicos) como paquetes de lentejas, podía llevar a que las personas superaran la procrastinación sobre una acción de cuidado y se decidieran a hacerla. En India, la instalación de dispensadores de jabón líquido de bajo costo en los hogares llevó a que el 23% de las familias lo usaran diariamente antes de comer. Una combinación de estos dos aprendizajes podría llevar a que entregáramos dispensadores para instalar en los hogares, esto permite el comportamiento deseado y a la vez es una señal relevante para que ocurra. Si indicáramos a las personas lo mejores lugares para ubicarlos, el uso también podría mejorar.

También el conocimiento en intervenciones de normas sociales podría ayudar en este contexto. Algunos de los cambios de comportamiento que necesitamos implican cierto grado de cálculo por expectativa social, es decir, las personas toman la decisión de quedarse en la casa, de no acaparar productos, de lavarse las manos o aplicar el distanciamiento social, porque ven que otras personas también lo están haciendo y que estas personas esperan que ellos también lo hagan. Esa doble expectativa, diría Cristina Bicchieri, configura una norma social. La comunicación pública puede hacer mucho por mejorar la adscripción a un comportamiento si es capaz de presentarlo como una expectativa colectiva de comportamiento, es decir, si logra que las personas vean ese comportamiento como algo que “todo el mundo está haciendo” o que “cada vez más personas lo están haciendo”.

Campañas de comunicación pública que conecten la información de cuidado y emotiva (que es lo que he visto por ahora) con testimonios, historias y experiencia de las personas que están aplicando las recomendaciones y les cuentan a los demás ciudadanos y les preguntas por lo que hacen, pueden ser un muy buen primer paso en este sentido. La premisa aquí, en términos sencillos, es que los comportamientos pueden ser contagiosos, pero que necesitamos la exposición a ellos para poderlos copiar. Contar las historias de cuidado mutuo, autocuidado y solidaridad es fundamental para promoverlos.

Lo frustrante es que muchas de estas cosas son baratas y sencillas y podrían estarse haciendo. Pero con excepción de algunas cosas espontaneas, no están ocurriendo. Podemos hacer más para superar esta crisis; las intervenciones conductuales como las que recojo aquí no pueden reemplazar ciertas medidas más coercitivas o de atención, pero pueden ayudar y sería muy conveniente, tanto desde el gobierno, pero también de la sociedad civil, que las intentáramos.

Las religiones en la globalización: La fe al servicio de la política (Contribución).

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Religiones y geopolítica.

Por Juan David Correa

Tras discutir asuntos de índole petrolífera, hace unos años, el rey de Arabia Saudita Abdalá bin Abdelaziz lanzó una inusitada propuesta a Vladimir Putin, primer mandatario ruso: dejarle comprar un predio en Moscú para la construcción de una gran mezquita. Putin contestó afirmativamente, a cambio de que el rey le permitiera erigir un templo ortodoxo en sus dominios. El rey reaccionó con sorpresa argumentando que esto no podía ser posible en tanto que su religión, la ortodoxa, no era la verdadera y no se podía engañar al pueblo, lo que llevó a Putin desde su consabida audacia a esgrimir: “yo pienso igual de su religión y sin embargo permitiría edificar su templo si hubiera correspondencia, así que hemos terminado el tema”.

Las religiones han tenido como finalidad a lo largo de la historia, dotar de sentido la existencia de los hombres y explicar la relación de éste con el cosmos a través de la creencia en un ser o varios seres divinos. Es un rasgo cultural que moldea a un grupo social, que puede ir desde una etnia hasta una civilización. Todas las representaciones del mundo cambian ostensiblemente de una latitud a otra.

Precisamente, una característica esencial de una religión es el “anclaje” a un determinado territorio. Si bien es cierto que ha habido religiones que desde su origen han sido desancladas; como por ejemplo el cristianismo, el islamismo o el budismo, hay que decir que hasta finales del siglo XX han seguido estando supeditadas a una determinada cultura y, como se advirtió, a una territorialidad concreta. Con el proceso de la globalización y la proliferación ingente de los servicios tecnológicos, las religiones acuden ante un escenario de peligrosidad en lo que respecta a su existencia. Si son pequeñas pueden sentirse vulnerables de poder ser absorbidas por religiones mucho más fuertes, acostumbradas al desanclaje con gran capacidad de adaptación. Si son grandes pueden perder protagonismo en determinada zona y cederle espacio a otras religiones, que pueden adueñarse de la parte mística de algunas personas y, más importante aún, del aspecto político.

Es innegable que la imbricación de las religiones y la política, más que algo potencial, es un hecho. Hay sociedades en donde la vida política tiene sentido en un entendido religioso y doctrinal, como en el mundo musulmán. En otras sociedades, la religión no se explicita en lo político directamente, sino que es un recurso del que se sirven algunas autoridades políticas para tener control social en su territorio y para relacionarse exteriormente con otras autoridades político-religiosas, o simplemente,  políticas o religiosas. Ante un mundo globalizado, la paranoia de la absorción cultural por parte de una masa homogeneizadora que tienen las religiones en sí y los órdenes políticos que apelan a la religión para legitimarse, abre la posibilidad a múltiples búsquedas para mantener cierta rigidez que permita dejar a estas religiones y ordenes políticos sin menoscabo alguno.

Paradójicamente, esta rigidez precisa de mucha movilidad, es decir, los tomadores de decisiones necesitan mover las fichas necesarias para que una sociedad o una religión no sucumban. Entre estos movimientos tenemos el del diálogo inter-religioso, que propende por la unificación de ciertos aspectos básicos doctrinales y ceremoniales entre dos religiones distintas o entre facciones de una misma religión. El puente que hace posible tal diálogo son las relaciones internacionales. El profesor Gabriel Andrade nos dice que “a partir de la globalización, los procesos de conformación de polos y diálogos interreligiosos se llevarán a cabo por medio de la política”. Las alianzas estratégicas entre religiones distintas con fines de supremacía política en el orden internacional están actualmente y seguirán estando a la orden del día en el tercer milenio. Así es como los acercamientos entre la Irán chií y el resto del mundo musulmán (predominantemente suní) se pueden dar para reivindicar el panislamismo. El telos de estas alianzas no es más que la erección de polos político-religiosos.

Pero ¿por qué la religión sigue siendo tan vigente en un mundo supuestamente “moderno”?. Lo primero que habría que decir es que la única civilización donde la religión y la política se han separado tajantemente ha sido en la Occidental, dando lugar a un proceso de secularización que se decantó en la modernidad y el capitalismo. Luego, en su apogeo, el capitalismo se constituyó en industrialización y   en progreso, algo que se denominó como modernización. El abrigo filosófico de éste fenómeno fue la Ilustración. No obstante, la religión siguió ocupado un lugar prominente en dicha civilización, sólo que hizo una mutación. El mundo laico no deja de ser religioso, simplemente manifiesta la religiosidad de otro modo. Bien decía Nietzsche que en el Occidente cristiano “Dios es la verdad”. Con la Ilustración simplemente se invierte la premisa, pero sigue dando el mismo rédito y la misma operatividad para la sociedad: “La Verdad es Dios”.

Así pues, se tiende a asumir lo “moderno” con lo occidental, y con éste rasero se juzgan a las demás civilizaciones que no han tenido procesos de escisión entre lo espiritual y lo temporal. Se las llama “pre-modernas” y arcaicas. A pesar de que la modernización ha hecho que muchas sociedades se secularicen y se ha incrementado exponencialmente el grupo de los no-religiosos, las religiones no han perdido fuerza. Por el contrario, ante la crisis de la modernidad y los fenómenos existenciales, los humanos se han amparado más fuertemente en las religiones.

Éste resurgir de las religiones en un escenario globalizado ha arrojado problemas muy nuevos como el fundamentalismo. Se está dando el rechazo a ultranza de determinados pueblos respecto de los intereses imperialistas y expansionistas de Occidente (en cabeza de E.E.U.U) como bastión de la “modernización”. En esa dialéctica de la inclusión y de la exclusión propia de la globalización encaja perfectamente el fenómeno del fundamentalismo islámico, por ejemplo. Los intentos fallidos de la occidentalización en Oriente Medio y en el mundo árabe en general ha hecho que éstos pueblos se pregunten muy seriamente si la adopción de los cánones de ésta civilización sirve para potenciar el desarrollo en sus territorios. Después de la incógnita se han decantado por un “no” rotundo, y ha habido mucho brotes de grupos que intentan reivindicar su cultura y volver a implementar los códigos y las normas propias de su religión para auto-determinarse. Este es el caso de los  renombrados Estado Islámico, Al Qaeda o Hezbolá, entre otros.

En este estado de cosas podemos aseverar que la religión seguirá teniendo un rol enorme en la configuración del orden global. Los diálogos y acercamientos interreligiosos acarrearán el origen de diversos polos y enclaves políticos, que buscarán la supremacía frente a los demás. Habrá muchas pugnas por la influencia en ciertas zonas que tienen unas religiones minoritarias y en algunos territorios con una población místicamente débil. Se constituirá pues un cierto estado avanzado del Choque de Civilizaciones, y será mucho más complejo de entender, porque pueden darse diálogos entre un país que hace parte de una civilización dada con otro país de otra civilización (ambos religiosamente y culturalmente disímiles) y podrán pelear contra una diada similar.

La religión pues no está rezagada, vive hoy más que nunca.

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Gráfico: Precio del petróleo, inflación y elecciones en Venezuela

Precio del petróleo, inflación y elecciones en Venezuela: mientras se adelantan elecciones parlamentarias en Venezuela es importante recordar el panorama económico del país desde que el Chavismo llegó al poder. En efecto, estas elecciones de 2015 presentan problemas para el gobierno del heredero de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, que no había conocido su proyecto político. La descontrolada inflación y el bajón del precio del petróleo (la principal fuente de ingresos del Estado venezonalo) han creado una tormenta perfecta en donde el Chavismo puede empezar a perder terreno frente a la fuerzas de oposición. Fuente: inflation.com; wikipedia.org & Banco Mundial (2015). Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

Petroleo, inflación y elecciones en Venezuela

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Audio: Colombia y el Resto (22/10/2015)

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Colombia y el Resto (Podcast): en este enlace pueden escuchar el audio de Colombia y el Resto de esta semana; hablo sobre la victoria electoral de Justin Trudeau en Canadá, la visita de Bashar al-Assad a Rusia, la democracia en Colombia y una explicación superficial sobre le Estado – Nación.

Colombia y el Resto (22/10/2015)

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El ascenso del Estado Islámico (Presentación – EAFITMUN)

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Abu Bak al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, habla en una alocución desde Mosul, Irak

El ascenso del Estado Islámico: el pasado martes 01 de septiembre tuve la oportunidad de compartir con el grupo de estudiantes que conforman el modelos de las Naciones Unidas de la Universidad EAFIT (EAFITMUN). Estuve presentando algunas ideas sobre el nacimiento y desarrollo del Estado Islámico y sus consecuencias para el Medio Oriente. A continuación, les comparto mi presentación para ese día.

Agentes del caos. Presentación para EAFITMUN

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Gráfico: Ética del trabajo

Ética del trabajo: la relación entre las personas y su trabajo puede depender, en gran medida, de los valores de cada sociedad. Los siguientes gráficos comparan la importancia percibida en cada país del trabajo como parte de la vida. Superficialmente, parecería que los países más ricos tienen una relación más relajada con su trabajo, aunque el segundo ejercicio, que compara la percepción de la importancia del trabajo con el PIB per cápita, mostrando una visión mixta de los casos, particularidades de cada uno de los miembros de la muestra. Fuente: World Values Survey, 2015. Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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Ética de trabajo

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El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

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5 preguntas: Las consecuencias políticas de la victoria de Syriza en Grecia (Daniel Montoya)

Syriza

El líder de Syriza, y próximo Primer Ministro griego, Alexis Tsipras.

 

Daniel Montoya*(@D_nielMontoya), negociador internacional de la Universidad EAFIT, responde a cinco preguntas sobre los escenarios político que se han desencadenado y podrían verse en Europa y Grecia luego de la victoria del partido político de izquierda, Syriza, en el país mediterraneo.

RealpolitikMundial (1):    El pasado 25 de enero el partido de extrema izquierda griego, Syriza, ganó las elecciones parlamentarias del país mediterráneo, con una plataforma política volcada a enfrentarse a la medidas de austeridad del gobierno, promovidas por Europa ¿cómo perciben los demás países de la Unión, sobre todo Alemania, esta nueva realidad política?

Daniel Montoya: Políticamente es preocupante que los miembros de la eurozona entren en conflicto directo con las autoridades supranacionales –la unión es el principio fundamental del proyecto europeo post-guerra mundial-. Económicamente el impacto que puede tener una eventual salida de Grecia de la UE no es mucho pero políticamente puede sentar precedentes y abrir el camino a otros países. La nueva realidad europea muestra países en busca de, primero, su propio bienestar y, segundo, el de la Unión Europea. Eso pone en riesgo los intereses de economías exportadoras como Alemania.

RealpolitikMundial (2):   Respecto a Alemania ¿qué margen de maniobra tiene el líder de facto de la Unión Europea para contener el cuestionamiento a su poder que supone la nueva situación política en Grecia?

Daniel Montoya: Personalmente, no me parece correcto individualizar la toma de decisión dentro de la UE y hablar solo de Alemania. La UE tiene varias herramientas para disuadir a Grecia de no honrar las condiciones del rescate financiero. La primera es que la población griega quiere permanecer dentro de la Unión Europea y esto será explotado en una eventual mesa de negociación por sus acreedores. Segundo, Syriza ganó con promesas de expansión fiscal, como subsidios y programas sociales, pero Grecia tiene acceso muy limitado a mercados financieros internacionales, siendo la eurozona el único dispuesto a prestar más dinero, por esto el nuevo régimen no podrá tomar decisiones unilaterales sin negociación previa y arriesgar perder su (casi) única fuente de dinero.

“Grecia enfrenta problemas estructurales que reducen el margen de maniobra de cualquiera que sea el presidente, sea de derecha o izquierda”.

-Daniel Montoya

RealpolitikMundial (3): La victoria de Syriza podría darle aliento a otros partidos con ideas similares de oposición a la austeridad y sobre todo, a lo que perciben como “imposiciones” de la Unión Europea en sus países ¿aumentará el atractivo político de las fuerzas anti-austeridad en países afectados por la crisis como España, Italia, Portugal o Irlanda?

Daniel Montoya: La tendencia política en Europa es el surgimiento/fortalecimiento de partidos nacionalistas, este triunfo de Syriza es un ejemplo claro. Dentro de los próximos años se espera que estos partidos ganen más espacio político y, posiblemente, lleven a una transformación del sistema actual europeo hacia un sistema más fragmentado.

RealpolitikMundial (4): La victoria de Syriza ha implicado, incluso, algunas uniones incómodas dentro del parlamento griego ¿será que la unidad le dura al nuevo primer ministro, teniendo en cuenta las difíciles decisiones y el contexto internacional adverso que le esperan?

Daniel Montoya: Es difícil pronosticar si esa unión va a durar pero se sabe que son endebles, mucho más sabiendo que las promesas de Syriza son difíciles de cumplir. Grecia enfrenta problemas estructurales que reducen el margen de maniobra de cualquiera que sea el presidente, sea de derecha o izquierda. Por más que Syriza quiera relajar las políticas de austeridad, los problemas de liquidez y acceso a mercados financieros limitan sus capacidades, así que es de esperar que el actual gobierno suba el tono contra la UE pero se restrinja de tomar decisiones unilaterales que minen su popularidad y pongan en riesgo las alianzas endebles.

RealpolitikMundial (5): Europa ha visto en los últimos años el ascenso de las fuerzas populistas (de izquierda y derecha) en varios de sus parlamentos ¿es esta es una tendencia que se mantendrá en el futuro y qué consecuencias podría tener para el proyecto de unidad europea?

Daniel Montoya: Como mencioné antes, el surgimiento/fortalecimiento del nacionalismo en Europa es una tendencia actual. Endurecimiento de leyes migratorias, demandas de mayor independencia económica y protección de la identidad cultural, son algunas de las propuestas de estos partidos que vemos en Hungría, Francia, Países Bajos o Balcanes, entre otros. El riesgo es que esto lleve a un colapso del proyecto de unión europeo y abra la puerta a nuevas guerras.

 * Daniel Montoya es Negociador Internacional de la universidad EAFIT, donde se desempeñó como coordinador del grupo de investigación en Estudios Internacionales y se enfocó en el estudio del impacto de las remesas en el sector de la construcción en Colombia. Durante su carrera profesional, Daniel ha trabajado y vivido en el exterior donde se destaca su trabajo en Proexport China y Stratfor. Sus áreas de conocimiento incluyen la inversión extranjera, inteligencia estratégica y geopolítica.

5 preguntas: Las consecuencias económicas de la victoria de Syriza en Grecia (Camilo Silva)

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Camilo Silva* (@camilosilvaj) es socio y cofundador de Valora Inversiones y responde a cinco preguntas sobre la victoria del partido de izquierda griego Syriza en las recientes elecciones de ese país y las consecuencias económicas para Europa y el mundo de su plataforma política anti austeridad.

RealpolitikMundial (1): El pasado 25 de enero el partido de extrema izquierda griego, Syriza, ganó las elecciones parlamentarias del país mediterráneo, con una plataforma política volcada a enfrentarse a las medidas de austeridad del gobierno, promovidas por Europa ¿cómo reaccionaron las bolsas del mundo con la noticia?

Camilo Silva: Estables, inclusive subieron en la jornada del lunes, esto porque todo apunta a que Syriza ha moderado su discurso y cualquier cambio que busquen hacer en políticas con la Unión Europea buscaría ser un poco más ajustada a la realidad. El DAX alemán subió 1.39%, el IBEX español 1.08% mientras la bolsa de Grecia fue la perdedora con un -3.20%.

RealpolitikMundial (2): A pesar de las expectativas ¿un nuevo gobierno griego tendría el margen de maniobra para tomar las decisiones en contra de la austeridad que promete Syriza?

Camilo Silva: Alcanzaron 149 de los 300 escaños posibles, por lo que son una mayoría notable y con solo conseguir 2 parlamentarios más pueden tomar medidas contundentes en Grecia, sin embargo es claro que una cosa es el debate político con el que se buscan votos y otro muy diferente estar al frente del “cañón” y buscar ir en contravía de todo un continente.

RealpolitikMundial (3): ¿Qué medidas podríamos esperar de parte de la Unión Europea si el nuevo gobierno griego abandona las medidas de austeridad, particularmente desde Alemania y el Banco Europeo?

Camilo Silva: Sería catastrófico para Grecia, perdería inmediatamente cualquier pequeño impulso que hoy tengan de recuperación, se irían en contra de ellos las calificadores y bancos del mundo. El mejor ejemplo que pueden seguir es el de España, un país que se acopló a lo que le exigieron las instituciones europeas y hoy en día tiende a ser uno de los países más atractivos de la zona euro para los inversionistas.

“Europa ha entrado en una fase de plan de estímulos económicos, y serán clave los próximos datos de inflación y crecimiento de su PIB, pues de ello dependerá el éxito de estas medidas que son tan polémicas pero que han demostrado su efectividad en Estados Unidos”

-Camilo Silva

RealpolitikMundial (4): Frente al contexto ¿cuál era la situación de la economía europea justo antes de la victoria de Syriza? ¿Es un golpe que frena la recuperación o la herida mortal de la recesión para Europa?

Camilo Silva: Grecia es muy pequeño y pesa muy poco en el conjunto de la Union Europea, así que golpes para el continente serían menores, sin embargo quienes han puesto el dinero para que las economías como España, Italia, Portugal y Grecia que se recuperen tendrán dificultades y uno de los mayores aportantes es Alemania, por ello el malestar de Merkel a cualquier intento de incumplir con lo pactado.

RealpolitikMundial (5): Y para la economía mundial, que se debate entre la reducción de expectativas de crecimiento y consumo en China, pero bajos precios del petróleo ¿cómo la afecta la nueva situación en Grecia y Europa?

Camilo Silva: Europa ha entrado en una fase de plan de estímulos económicos, y serán clave los próximos datos de inflación y crecimiento de su PIB, pues de ello dependerá el éxito de estas medidas que son tan polémicas pero que han demostrado su efectividad en Estados Unidos. China por su parte debería buscar hacer algo similar, pues hoy crece a la mitad de lo que lo hacía hace una década. El precio del petróleo los beneficia, pues son importadores y estarían buscando aumentar sus inventarios gracias a esto.

*Camilo Silva Jaramillo, socio y fundador de Valora Inversiones con más de siete años de experiencia en los mercados de valores. Actualmente es columnista del diario La República.


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