Archive for the 'política internacional' Category



Gráfico: Imagen de Estados Unidos en América Latina

Imagen de Estados Unidos en América Latina: el antiamericanismo (el odio o desprecio a los “yanquis”) es uno de esos viejos pasatiempos latinoamericanos -como los golpes de Estado, las democracias débiles y la desigualdad- y su presencia en la cultura popular de la región es un lugar común. Así, el discurso “antiyanqui” ha alimentado generaciones de movimientos, partidos y líderes políticos (particularmente de izquierda) en los países del sur y centro de América. Sin embargo, revisando las respuesta de los latinoamericanos en la encuesta de Latinobarómetro 2015 el sentimiento de resistencia hacia los Estados Unidos parece no ser tan claro en la mayoría de los países. En realidad, tampoco parece haber una definitiva relación entre tener un gobierno de izquierda y la imagen negativa de Estados Unidos en la región. De hecho, para The Economist, la explicación aparente para la popularidad y odio de los latinoamericanos va desde la cantidad de inversión estadounidense directa en el país, o la afición al béisbol.  Fuente: Latinobarómetro, 2015; Wikipedia, 2016. Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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¿Necesitamos de los grandes líderes?

Lider

El liderazgo como cliché… y culto.

Cientos de programas, cursos, seminarios y conferencias lo validan: la sociedad contemporánea está obsesionada  con la preparación de “líderes” que nos guíen fuera de las crisis, que nos tracen rutas inverosímiles y que nos den sentido en las organizaciones y los Estados. No es una idea reciente; la historia de Occidente ha estado regida por la búsqueda de liderazgos absolutos -no en el sentido puramente político, sino en su carácter definitivo- por eso buena parte de la historiografía gira entorno a los grandes hombres, a los reyes, los emperadores y los presidentes.

Esa misma obsesión ha determinado las preocupaciones de capacitación de cientos de miles de personas en empresas, organizaciones y en el Estado; la idea de que al educar líderes estamos invirtiendo en sus habilidades para guiarnos en el futuro. Pero así como este interesante artículo de The New Yorker apunta, esta idea tiene dos importantes vacíos que vale la pena revisar antes del apoyo incondicional a los líderes sociales.

El primer problema con nuestra fe en los liderazgos absolutos es precisamente el grado de esa confianza. En el fondo, los liderazgo de un solo hombre hiede demasiado a autocracia, incluso en una organización privada, y esa descarga de la responsabilidad en un solo personaje superior sufre de una indiscutible pretensión de subestimación de las personas que conforman esa organización. Así, buscar un líder es buscar quién nos pueda liderar, alguien al menos en parte percibido como superior.

El segundo problema es del poder real de un solo personaje, incluso una “inteligencia superior” que se ha alzado con el liderazgo de un grupo u organización. Veamos un ejemplo cercano: los liderazgos políticos de de América Latina en los primeros quince años del 2000. Para personajes como Luis Ignacio “Lula” Da Silva, Hugo Chávez, Álvaro Uribe, Evo Morales, Michelle Bachelet o Rafael Correa los primeros diez años de este milenio los recibió con altos precios de materias primas y un contexto internacional político y económico que les permitió desarrollar gobiernos bastante populares en sus países.

Ese contexto macroeconómico tenía bien poco que ver con aquellos líderes y su falta de control sobre esas circunstancias los hizo benefactores del azar más que buenos agentes de sus propias habilidades. Ahora bien, aunque esto no debería descartar por completo su influencia en las trayectorias de sus países -es fácil señalar que Michelle Bachelet tomó mejores decisiones que Hugo Cháves en su gobierno- si nos permite poner el alcance de sus habilidades en los logros de sus propios gobierno. De igual forma, la caída de los precios internacionales de las materias primas y al desaceleración económica de los últimos meses han “desenmarcarado” la realidad regional, poniendo a los presidentes del continente -la mayoría herederos de los populares líderes de principio de siglo- en bastantes problemas. Esto no quiere decir necesariamente que Uribe fuera mejor presidente en Colombia que Santos o que Rousseff no fuera tan buena presidente en Brasil que “Lula”, solo que su propio poder se puede volver casi irrelevante al enfrentarse a las aplastantes fuerzas de la economía global.

Así pues, estas dos razones nos invitan a mirar con escepticismo a los liderazgos absolutos. El artículo de The New Yorker invita a que esta reflexión nos lleve a pedir más democracia y menos liderazgos mesiánicos, a reconocer que no es en esos hombres absolutos que se construye una sociedad o se levanta una organización, sino, por el contrario, en la toma de decisiones colectiva y el trabajo en ocasiones anónimo de todo el grupo. En este sentido, cita a John Adams, que invita a los estadounidenses a confiar en ellos mismos y a desconfiar de sus líderes, “deberían aprender a reverenciarse ellos mismos  en vez de adorar a sus servidores, sus generales, almirantes, obispos y políticos”.

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¿Podemos predecir el futuro?

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Una ilustración del año 1900 imaginando el año 2000.

En los últimos días he estado leyendo la trilogía de la Fundación de Isaac Asimov, un clásico de la ciencia ficción que recorre una larga historia de los hombres de las dos fundaciones en un futuro de miles de años. Para los que no lo hayan leído o no lo recuerden bien, Fundación se centra en el psicohistoriador Hari Seldon, un científico que logra utilizar su disciplina -mezcla de sicología de masas, matemática y prospectiva histórica- para predecir la inevitable caída del Imperio Galáctico y planear el establecimiento de dos fundaciones que pudieran reducir el periodo de barbarie subsiguiente a solo mil años, antes de establecer ellas misma un segundo imperio galáctico.

La historia inicia sobre la suposición de que el modelo de Seldon es matemáticamente perfecto y que en efecto, la historia se desarrolla de acuerdo a sus pretensiones. Y en principio así parece, pero sin entrar en detalles que puedan estropear su lectura, incluso la inevitabilidad de Seldon es puesta a prueba y solo con dificultad parece mantener su camino. Estas dificultades al plan de la psicohistoria nacen de dos problemas: una paradoja y el poder individual.

La paradoja es que las personas que se enfrentan al futuro conozcan hacia donde se dirijan y puedan estropear el trayecto al interferir. Seldon soluciona esta paradoja al sepultar la psicohistoria y envolver buena parte de su plan en el misterio, dejando solo pistas suficientes para que los habitantes y dirigentes de la Fundación puedan continuar el camino trazado por su modelo.

El poder individual es más difícil de controlar. En la ciencia de la psicohistoria de Seldon, los cálculos se hacen teniendo en cuenta las tendencias sociales, políticas y económicas de billones de seres humanos que habitan la galaxia. En su enormidad, la galaxia elimina el impacto que sobre esa trayectoria puede tener un individuo. O al menos, eso piensa Seldon.

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Una ilustración de Hari Seldon, protagonista de la saga de Fundación de Isaac Asimov.

Ahora bien, lejos de la ciencia ficción de Asimov, los intentos desde la geopolítica y la prospectiva contemporánea por entender las tendencias globales y pensar en los desarrollos futuros de la humanidad se han configurado en herramientas reales de toma de decisión. Pero ¿podemos confiar en la veracidad y efectividad de esos ejercicios? ¿Podemos predecir el futuro?

Probablemente la respuesta se divida en grados. Es decir, que es posible que podamos predecir el futuro en algún grado, sobre todo, cuando consideramos grandes tendencias sociales y futuros cercanos. Por ejemplo, no sería muy aventurado decir que en los próximos cincuenta años las crisis de migrantes se agudizarán, presionando sobre todo a países del primer mundo o que el desgaste ambiental seguirá en aumento, dificultando la producción de alimentos en países de bajos niveles de desarrollo. Pero ¿se puede llegar a ser más específicos? O más aún ¿podemos considerar alternativas a estas supuestas inevitabilidades?

En efecto, la futurología se encuentra siempre con dos grandes obstáculos –similares a los que Seldon tuvo en la historia de Isaac Asimov-: la paradoja y los actos individuales. En la primera, se puede decir que estar conscientes de un trayecto nos puede ayudar a evitarlo o corregirlo, incluso, cuando el problema es tan abrumador como el calentamiento global. En la segunda, nunca podemos descartar el efecto que las decisiones de ciertos individuos pueden tener sobre algunas trayectorias. Y en esto no me refiero a líderes o políticos, sino a los seres humanos que de verdad cambiar tendencias globales: los científicos, inventores y emprendedores. La prospectiva ha estado siempre limitada por la inexplicable fuerza, el inmedible impulso de la creatividad humana y su capacidad de encontrar soluciones a problemas.

La imagen que encabeza esta entrada es una de esas bonitas experiencias fallidas de predecir el futuro. Iguales a toda la literatura distópica de mediados de siglo o la televisión y el cine alarmista y apocalíptico de la Guerra Fría. La prospectiva es un ejercicio difícil y en ocasiones, fútil.

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¿Cómo gobernaría el presidente Trump?

Fuente: tomado de ElPais.com

Fuente: tomado de ElPais.com

Aceptémoslo, la posibilidad de que Donald Trump sea el candidato presidencial  estadounidense por el partido Republicano es una realidad. Y esto aumenta su chance -teórico, por supuesto- de convertirse en el hombre más poderoso del país más poderoso del planeta.

Ignoremos el escalofrío y evaluemos lo que, según sus principales propuestas y declaraciones, sería la presidencia de Donald Trump.

Aunque sus propuestas para la política interna de su país resultan inconvenientes, no se diferencian sustancialmente de las ideas de algunos de sus contendores republicanos. Curiosamente, las diferencias más sustanciales en términos programáticos entre los republicanos se refieren a sus posiciones de política internacional. Las ideas de Trump, además, lindan con el absurdo pero revisarlas levantan dos dudas ¿se pueden hacer? Y ¿qué consecuencias tendrían para su propio país y el planeta?

Empecemos con el vecindario. Trump ha señalado su intención de apretar la política migratoria de Estados Unidos, aumentando los controles para la llegada de ilegales y persiguiendo a los que ya viven en Estados Unidos para expulsarlos. Lo primero se realizaría, sobre todo, con la construcción de un muro en la frontera con México que Trump ha sostenido sería pagado por el mismo gobierno mexicano. La bravuconada -que lo es- no solo tendría serias consecuencias en una de las relaciones más subestimadas pero importantes de los estadounidenses. De hecho, México es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos y un acto hostil como la construcción de un muro en toda la frontera, además de la exigencia de pago al gobierno mexicano, ganarían un incidente internacional bastante grave.

Todavía más, la sola presencia de Trump en la presidencia estadounidense implicaría un resentimiento como pocos en la imagen internacional de Estados Unidos. En efecto, los únicos líderes mundiales que han señalado algún reconocimiento a Trump como líder político son enemigos geopolíticos de Estados Unidos como Vladimir Putin –e incluso de sus elogios a Trump habría que desconfiar, pues tener a un inexperto e impulsivo hombre como Trump sería terriblemente conveniente para Putin-.

Otra de las propuestas más populistas de Trump –y apreciadas por sus seguidores, por supuesto- es la amenaza de adelantar una guerra comercial contra China que, según el candidato republicano, balancee el intercambio comercial en rojo que tiene Estados Unidos con la potencia asiática e incluso haga regresar las fábricas de varias empresas estadounidense a suelo propio. Esta propuesta, delirante por sí misma, podría tener profundas consecuencias sobre el comercio internacional y la economía global si Trump intenta llevarla a cabo. Las importaciones estadounidense de China suponen ya una buena parte de los bienes de consumo de sus ciudadanos y reemplazarlos resultaría imposible, esto sin contar que el comercio es de lado y lado y que seguramente China respondería con sanciones propias a los productos estadounidenses su los suyos son vetados.

Finalmente, su ligera afirmación de derrotar al Estado Islámico y “tomar el petróleo” en su poder. Trump ha bravuconeado –de nuevo- con la que sería su estrategia efectiva para derrotar a la organización terrorista Estado Islámico rápidamente y luego apropiarse de las fuentes de petróleo que controla. En su simpleza, esta idea ignora la complejidad de los conflictos en Siria e Irak y el campo minado que supone la política regional en Medio Oriente. Más allá de su torpeza, la idea parece señalar el poco conocimiento de Trump en asuntos como estos y/o su disposición a decir tonterías grandilocuentes para ganar puntos en las encuestas y concretar votos en las votaciones.

Algunos meses atrás habíamos analizado las razones de la popularidad inesperada de Trump y sus perspectivas de ganar las elecciones estadounidenses. En ese momento su candidatura no era más que una situación peculiar, pero ahora que sus perspectivas son reales es imposible no preguntarse ¿en qué estarán pensando los estadounidenses al dejar que llegue a la presidencia?

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Gráfico: Confianza y Desconfianza Interpersonal

Confianza y desconfianza interpersonal: ¿confía usted en la mayoría de las personas? Es decir ¿confía en las personas que no conoce pero eventualmente se cruzarán en su camino? ¿confía en los desconocidos? No es una pregunta sencilla y por su misma complejidad, desde algunos estudios sociales se asume como una buena muestra de la disposición efectiva a confiar de los ciudadanos de un país. Esta gráfica -similar a otras hechas para este blog- da cuenta de las respuestas de los encuestados en unos sesenta países por la Encuesta Mundial de Valores. Fuente: World Values Survey, 2016. Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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Gráfico: Cultura tributaria en América Latina

Cultura tributaria en América Latina: No hay mejores resultados de una consulta que los que resultan contraintuitivos; sorprenderse es lo mejor de la investigación social -incluso la que se adelanta con la practicidad e irresponsabilidad de este blog-. Este es el caso de los resultados de comparar los impuestos sobre la renta y la disposición a justificar la evasión de impuestos en caso de oportunidad. Los prejuicios -y la experiencia- llevan a suponer dos cosas, que en América Latina el porcentaje de justificadores será alto y que en países con más impuestos los evasores potenciales serán mayores. Ambas hipótesis parecen desbaratadas por la aproximación del gráfico; en donde a mayor impuesto sobre la renta, menos disposición a justificar la evasión de impuestos y en general, el comportamiento parece estar poco normalizado -al menos desde la encuesta de autopecepción- en la región. Fuente: tradingeconomics.com; World Values Survey.  Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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Las dos caras del 2015 (II)

cuarteto de Túenz

Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez, ganadores del Nobel de Paz de 2015

Por Santiago Silva Jaramillo

En el plantea convive tragedia con esperanza, maldad y bondad, y aunque en este blog he defendido la escuela de pensamiento de los “grises”, eso no quiere decir que sea imposible determinar con bastante certeza cuando las cosas salen bien o mal en los asuntos internacionales. El 2015 no ha sido diferente, presentando estas dos caras del trepitar constante de la historia, de su insistente disposición a presentarse en forma de dicotomías.

2. Grupo(s): El cuarteto para el diálogo nacional en Túnez y el Estado Islámico.

Tanto la democracia tunecina como la guerra civil en Siria son producto del mismo hecho significativo: la Primavera Árabe. Los dos son casos extremos de lo que las protestas y revueltas empezadas en 2011 por la inmolación de un frutero tunecino provocó en varios países del Medio Oriente y el Norte de África. La indignación y el descontento recorrieron Egipto, Libia, Barheim, Siria y el mismo Túnez, pero quizás solo este último puede ver algo positivo en el desenlace de la revolución iniciada en sus calles. Y buena parte de este éxito se debe al papel desempeñado por el Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez (conformado por la Unión General Tunecina del Trabajo, la Unión Tunecina de la Industria, el Comercio y la Artesanía, la Liga Tunecina de los Derechos Humanos y la Orden Nacional de los Abogados de Tunicia) para defender la naciente democracia del país y que fue reconocida con el Premio Nobel de Paz en 2015. El Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez ha permitido que los tunecinos tengan el único caso de verdadero éxito luego de la Primavera Árabe y que las nuevas instituciones democráticas del país funcionen efectivamente.

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Miembros del Estado Islámico, organización terrorista.

Por otro lado, el Estado Islámico se ha configurado en 2015 como una de las principales fuerzas de la destrucción y el caos y en enemigo común de la comunidad internacional. En primer lugar, su control sobre amplias zonas de  Siria e Irak continúa en medio de la crueldad y los desenfrenos, con reportes cada vez más detallados de la tragedia que es vivir bajo el estricto y a la vez caótico orden impuesto por el grupo extremista. Y aunque la expansión de su territorio parece haberse detenido por la acción de las coaliciones internacionales que lo combaten y la apertura de demasiados frentes de batalla, millones de sirios e iraquíes continúan viviendo bajo el injusto gobierno del EI. En segundo lugar, el grupo ha echado mano de formas de violencia más “convencionales” a su tipo de organización y ha desarrollado ataques terroristas en varios países, como Líbano y Francia. Esto es a partes iguales signo de debilidad y demostración de fuerza. Da cuenta de que los bombardeos y esfuerzos internacionales están funcionando, de que el EI tiene pocas alternativas al terrorismo para devolver esos golpes, pero también que los ataques son difíciles de prevenir y costosos en vidas y moral para estos países. En sus ataques en Paris, además, el Estado Islámico demostró su capacidad y disposición a responder a las potencias sus operaciones en Siria, su alcance y poder de organización. El terror de esa noche los graduó en la organización más peligrosa del planeta.

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Las dos caras del 2015 (I)

Francisco I, Papa de Roma.

Por Santiago Silva Jaramillo

En el plantea convive tragedia con esperanza, maldad y bondad, y aunque en este blog he defendido la escuela de pensamiento de los “grises”, eso no quiere decir que sea imposible determinar con bastante certeza cuando las cosas salen bien o mal en los asuntos internacionales. El 2015 no ha sido diferente, presentando estas dos caras del trepitar constante de la historia, de su insistente disposición a presentarse en forma de dicotomías.

  1. Personaje(s): El Papa y Putin.

El Papa Francisco I se ha convertido en una presencia constante, relevante, pero prudente y constructiva en las discusiones internacionales, desde sus buenos oficios para el restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba, hasta sus llamados constantes a que se alcanzara un acuerdo internacional para trabajar en contra del cambio climático. Sus buenos oficios han estado acompañados de su trabajo por recuperar el buen nombre de la Iglesia, con una ingeniosa mezcla de mercadeo personal y reformas de fondo y forma en la jerarquía eclesiástica que ha seducido hasta a los más escépticos.

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Vladimir Putin, presidente ruso.

Por otro lado, Vladimir Putin ha tenido un año de enormes apuestas y consolidación de su papel en el sistema internacional. Mientras continuaba apoyando en “secreto” a los rebeldes prorusos del oriente de Ucrania, Putin anunció y dio inicio a una operación a gran escala en Siria, desplegando hombres, barcos y aviones de combate que ayudaran a su aliado, el disputado presidente Bashar al-Assad, a detener el avance de los rebeldes sirios y el Estado Islámico y a lanzar ofensivas para recuperar territorio perdido en el último año. Putin enmarcó la operación rusa en Siria como parte de su compromiso con la comunidad internacional por combatir el terrorismo (e.i. el Estado Islámico), pero la mayoría de las bombas rusas han caído en territorio de los rebeldes sirios y parecen estar más encaminadas a proteger a al-Assad que a combatir al EI. De igual forma, el derribo de un avión ruso por los turcos tampoco ayudó a mejorar la situación en la región y aunque en este incidente el gobierno turco tiene tanta culpa como el ruso, todo parece indicar que Putin solo le ha echado gasolina a la guerra civil en Siria.

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¿Por qué están perdiendo los gobiernos de izquierda en América Latina?

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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

Por Santiago Silva Jaramillo

(Publicado originalmente en Bajo la Manga).

La primera década del 2000 fue la década de la izquierda en América Latina. A Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia llegaron gobiernos de izquierda y en otros lugares como Chile, Argentina y Uruguay se profundizó el control político de partidos y políticos desde este espacio del espectro político. Para evaluar con justicia los alcances, logros y limitaciones de estos proyectos habrá que esperar un par de décadas, pero es claro que podemos determinar algunas de las razones por las que llegaron y se mantuvieron –sin muchos cambios por casi una década, más o menos- en el poder y sobre todo, el porqué de su reciente crisis.

Porque los gobiernos de izquierda parecen estar en problemas en América Latina y en el ambiente –aunque también en la realidad política de la región- se intuye un cambio en las tendencias políticas. Así, en Argentina Mauricio Macri venció once años de kirscherismo, en Brasil Dilma Rousseff enfrenta un juicio político por las denuncias de corrupción en su gobierno y el de su antecesor Lula Dasilva y en Venezuela Maduro acaba de perder la mayoría del chavismo en la asamblea nacional, mantenida a capa y espada por el gobierno desde que Hugo Chávez llegó al poder a finales de los noventa.

Los tres casos son particulares. En Argentina y en Venezuela el desgaste político jugó un papel fundamental, así como las denuncias de corrupción han sido determinantes en la crisis en la izquierda en Brasil. Pero también comparten condiciones, sobre todo económicas.

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Dilma Rousseff, presidente de Brasil.

Lo cierto es que lo único que subió a principios del dos mil en América Latina no fueron los partidos de izquierda, a la par lo hizo la demanda mundial por materias primas, el rubro al que pertenecen la mayoría de las exportaciones de la región. Así, las economías de América Latina y el Caribe crecieron en promedio un 3,5% anual entre el año 2000 y el 2008, comparado con un crecimiento en promedio de 2,65% en la década anterior (Banco Mundial, 2015). Esto creó una fuente de ingresos inesperada para los gobiernos que llegaban al poder y la bonanza económica permitió financiar programas sociales e inversiones públicas pero, sobre todo, supuso un clima de prosperidad interna que consolidó la popularidad de los gobiernos latinoamericanos de la época.

Pero en 2009, con la crisis económica internacional y un par de años después, con la desaceleración china y su reducción en el consumo de material primas, la bonanza económica terminó. El precio del barril de petróleo, por ejemplo, que es la fuente de ingresos más importante de varios países de la región, se ha reducido en al menos el 50% entre 2013 y 2015.

Aunque la crisis no sea la culpable del cambio político en la región –los errores particulares de cada uno de los proyectos políticos internos tiene más velas en ese entierro- sí supuso un contexto contrario para los gobiernos de izquierda que han tenido que enfrentar estas crisis con presupuestos mermados y ciudadanos descontentos por el estancamiento económico.

En efecto, lo que los salvó a principios del milenio ahora los condena: la predilección de la historia por la ironía y las implacables fuerzas del mercado.

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