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Respuesta: Desde hace unos días circula vía correo electrónico un artículo de Julio César Centeno, donde defiende al líder libio Muammar Gaddafi, y se pregunta  ¿Por qué Occidente quiere derrocar y asesinar a Gaddafi?. Les comparto mi respuesta a la pregunta de Centeno: Porque se lo ha ganado.

A continuación, mi texto, seguido por el de Centeno:

Porque se lo ha ganado.

Que bueno que se den los espacios para este tipo de debates y empiezo por decir que estoy de acuerdo con el señor  Julio César Centeno en que la unánime condena internacional contra Gaddafi debe soportarse en argumentos y no en meras suposiciones. Sin embargo, es en los argumentos que él da para defender al líder libio en donde se reafirma mi convicción de que Gaddafi es en efecto un dictador y un criminal y no un líder revolucionario comprometido con los Derechos Humanos, como lo quiere hacer ver Centeno.

Quizás el primer argumento que me llama la atención del texto de Centeno se refiere a la supuesta inocencia del líder libio en la ola de ataques terroristas de finales de los 70 y la totalidad de los 80. El mismo autor reconoce que Gadafi accedió a pagar las indemnizaciones de las 270 familias de las victimas del estallido del avión de Pan Am. Ese mea culpa a medias no supone una aceptación de responsabilidad, como acertadamente señala Centeno, pero en los últimos días un numero importante de oficiales del gobierno libio, incluyendo su representante ante la ONU, han reconocido que Gaddafi no solo estaba enterado del atentado, sino que lo ordenó. Aquello podría reconocerse como sospechoso, dado que quien lo dice es un desertor de la causa del coronel libio, sin embargo, Gaddafi nunca ha sido tímido en aceptar su papel en la promoción de grupos terroristas y revolucionarios en el África subsahárica y medio oriente durante los 80.

Y entonces viene su papel como líder de la liga pan africana y sus acciones en este continente. Centeno lo hace ver como un iluminado estadista en busca de un África unida, sin embargo, Gaddafi se dedicó durante años a financiar el entrenamiento y las armas de grupos rebeldes en todo el continente, sobre todo, en el occidente africano. Su escuela cuenta con ilustres graduados como Blaise Compaoré de Burkina Faso y Idriss Déby en Chad, recocidos violadores de derechos humanos. Pero no solo eso, su apoyo en armas y dinero también financió a docenas de grupos armados con una especial predilección por realizar sangrientos golpes de Estado en sus países de origen para instalar regímenes de terror y cleptocrácia.

Porque aprendieron bien de su maestro y sus hijos. La familia Gaddafi, como la de Mubarak, como la de Ben Alí y tantos otros, han saqueado sus países durante décadas y reunido increíbles fortunas. El hijo menor de Gaddafi, por ejemplo, figura en la nómica del ministerio de la defensa libio como un ‘asesor en seguridad nacional’, un puesto burocrático medio, con el que de alguna forma, gana el dinero para realizar lujosas fiestas en las islas del Caribe donde, junto con su hermano mayor, pagan millones de dólares para tener presentaciones personales de artistas como Mariah Carrey o Beyoncé. De la misma forma, ¿Quién cree que paga por las excentricidades del líder libio? ¿Sus 200 guardaespaldas mujeres con entrenamiento Ninja, su gigantesca tienda de beduino y sus lujosos y extravagantes trajes? El “hermano líder” no resulta barato para el pueblo libio, ni para las compañías petroleras que nacionalizó, solo para poder saquearlas junto a sus hijos.

Centeno también describe cómo en los últimos años el ‘rebelde’ Gaddafi se acercó a Occidente, pero nunca afirma que esto supuso una traición a todo lo que supuestamente había defendido hasta entonces. Sugiere sin embargo, que Gaddafi se vio obligado a esto por las potencias occidentales, pero el acercamiento lo inició el líder libio y Europa y Estados Unidos en realidad lo único que hicieron fue halagarlo, buscando que sus compañías pudieran operar en Libia. Las muestras de rebeldía de Gaddafi en Francia, Italia y en la Asamblea General de la ONU fueron orquestadas para mantener la apariencias, mientras el “hermano líder” denunciaba las supuestas hipocresías e injusticias de Occidente, firmaba con ellos tratados de cooperación económica y concesiones para la explotación petrolera. Por eso fue que pagó la indemnización de Pan Am y se reunió con todos los presidentes de las naciones que antes decía odiar.

Ahora bien, Centeno afirma que los medios internacionales han tomado una dura posición frente a Gaddafi en las últimas semanas, influenciados en alguna manera por sus gobiernos para hacer quedar mal al líder libio frente a la opinión pública internacional. Sin embargo, el medio de comunicación que más airadamente ha condenado al dictador libio no es occidental, ni siquiera pro-occidental. A-Yazira ha sido uno de los mayores denunciantes de los abusos cometidos por Occidente en Medio Oriente, sobre todo en las invasiones de Estados Unidos a Afganistán e Irak y ha apoyado las revueltas árabes con determinación. Centeno exalta el derrocamiento de Mubarak y Ben Alí, por su cercanía con Estados Unidos, Europa e Israel, pero Gaddafi, detrás de toda su retórica, no era muy diferente.

Ahora bien, supongamos por un momento que nada de lo que he dicho sea cierto, que en realidad Gaddafi sea un adalid de la civilidad y la democracia, que sólo sea un incomprendido estadista. Supongámoslo por un segundo, desoyendo toda nuestra razón. Entonces son sus acciones de las últimas semanas las que lo han deslegitimado completamente y convertido en un criminal. Cuando a finales de febrero las protestas amenazaron con salirse de control, Gaddafi, siempre acompañado por sus hijos, hizo traer del occidente africano a cientos de mercenarios para apoyar la represión y luego, frustrado por la falta de efectividad de disparar a mansalva contra protestantes desarmados, ordenó que sus aviones de guerra bombardearan las manifestaciones y atacaran los barrios donde se realizaban.

Por supuesto, todo esto podría racionalizarse si las protestas no estuvieran inspiradas en los deseos de libertad del pueblo libio, sino en la instigación de las malignas y maquiavélicas compañías petroleras occidentales, como sugiere Centeno. Afirmando que el hecho de que la mayoría de las sedes principales de estas empresas se encentren en Benghazi y que la revuelta haya empezado allí tiene alguna relación. La verdad es que la revuelta beneficia a todos menos a las compañías petroleras, Centeno sugiere que las potencias occidentales instigaron todo esto para apoderarse de los recursos de Libia, el problema es que los estadounidenses, europeos y chinos ya tenían acceso a las riquezas del país africano, llevaban años explotándolas sin problema alguno. De la misma forma, el previsible incremento del precio del barril de petróleo es tan perjudicial que incluso se habla del posible estancamiento de la recuperación económica mundial.

Gaddafi es un criminal, un dictador sanguinario y asesino de su propio pueblo y es mi convicción que, cuanto antes salga del poder, mejor. Mejor para el mundo, pero, sobre todo, mejor para los ciudadanos de Libia.

Santiago Silva Jaramillo

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¿POR QUÉ OCCIDENTE QUIERE DERROCAR Y ASESINAR A GADDAFI?

EL LEÓN DEL DESIERTO

Julio César Centeno
El coronel Gaddafi nació en una tienda tribal beduina un 3 de septiembre  en 1942. Se graduó de abogado a los 21 años de edad. Luego estudio en la Real Academia Militar de Sandhurst, Inglaterra, y en la Academia Militar Helénica de Grecia.
En 1969, a los 27 años de edad,  derrocó al rey Idris, un tirano impuesto por Inglaterra y Francia. Declaró querer ser “el Che Guevara del oriente medio“. Al año siguiente ordenó la expulsión de las bases militares extranjeras de territorio libio. Estableció el llamado “socialismo islámico” por medio del cual se buscaba una democracia directa: el gobierno de las masas a través de consejos populares y comunas. Se creó así la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista.
La Yamahiriya: estado de las masas, es un  híbrido de Islam, socialismo y democracia directa, ideología que proclama en su Libro Verde. Se estableció un Congreso General del Pueblo, con Gaddafi como su Secretario General.
Nacionalizó las empresas petroleras y expulsó a los funcionarios norteamericanos, británicos e italianos que habían dominado y vejado al país durante décadas. Libia era la sede de la base militar aérea mas grande de los Estados Unidos en el norte de África: Wheelus Air Base. El pentágono mantenía una base para el lanzamiento de misiles a sólo 25 kilómetros de Tripoli.
Nunca se lo perdonaron. Fue inmediatamente catalogado como enemigo de los Estados Unidos. Libia fue señalado como un estado paria por defender su derecho a la autodeterminación y la autonomía. Las cosas empeoraron aun mas  por el papel protagónico de Gaddafi en el embargo petrolero de 1973 contra los Estados Unidos y por su cooperación con la Unión Soviética.
Fue un ferviente seguidor del destacado dirigente egipcio Gamal Abdel Nasser, especialmente en su lucha por la unión de los pueblos árabes en una gran Nación Árabe. Defendió la nacionalización del Canal de Suez por parte de Egipto. Firmó con Nasser la llamada Carta de Trípoli, donde se concretan acuerdos de cooperación militar, estratégica y económica entre Egipto y Libia.
Con la muerte por envenenamiento de Nasser en 1970, Gaddafi tomó el liderazgo del pan-arabismo. Dos años después se anuncia la creación de la Federación de Repúblicas Árabes, integrada entonces por Siria, Egipto, Irak y Libia. Fue también uno de los mas destacados líderes de la Organización de Países No-Alineados.
Gaddafi ha apoyado sin vacilación la causa Palestina durante décadas. En 1972 anunció que Libia apoyaría, entrenaría y financiaría a cualquier árabe dispuesto a defender la causa Palestina. Fue inmediatamente catalogado como “terrorista”.
A partir de entonces llovieron acusaciones sobre su participación o apoyo en numerosos atentados terroristas en Roma, Viena, Berlín, Chad, Filipinas, Egipto. Se le acusó de ser el principal punto de apoyo de uno de los terroristas mas connotados  de la época: el venezolano Carlos Illich Ramírez,  “El Chacal”. Carlos fue capturado en 1994 y cumple desde entonces una condena a cadena perpetua en la prisión La Santé de Paris.
Como es costumbre contra cualquier jefe de estado que se rebele contra el orden internacional impuesto a los países en desarrollo después de la segunda guerra mundial, se le acusó de participación en el narcotráfico, de fomentar el terrorismo, de desarrollar armas de destrucción masiva, de apoyar a las FARC en Colombia, al IRA (Ejército Republicano Irlandés), a la ETA en España, a Hizbolla  en Líbano, a Hamas y otros “terroristas” palestinos. El presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, se refería a él como “el perro rabioso del desierto“.
El gobierno norteamericano trató varias veces de derrocarlo. En agosto de 1981 la revista Newsweek dio a conocer un plan presentado por el director de la CIA al gobierno norteamericano para asesinar a Gaddafi.  Días después dos aviones de guerra norteamericanos atacaron dos aviones Sukhoi libios en espacio aéreo libio. Los aviones norteamericanos habían despegado del portaviones John Kennedy, estacionado frente a las costas libias de mar mediterráneo.
En 1986 Ronald Reagan ordenó el bombardeo de las principales bases militares y edificios gubernamentales en las ciudades de Trípoli y Benghazi, en un intento por asesinar a Gaddafi e incitar la sublevación popular. Los aviones despegaron desde bases norteamericanas en Inglaterra. En el bombardeo murió una de sus hijas menores, Jana, y docenas de oficiales de su entorno mas cercano. El crimen quedó impune.
Libia fue rápidamente convertido en un estado paria. Durante los siguientes 10 años el coronel Gaddafi se convirtió en el Osama Bin Laden de la época. Libia fue cercada. Se le impuso un embargo comercial para forzar el derrocamiento de Gaddafi, similar al que ha padecido Cuba por mas de 50 años.
Fue acusado de ordenar la colocación de una bomba en un avión comercial Boeing 747 de la principal línea aérea de los Estados Unidos para entonces: Pan American. El avión explotó en el aire en diciembre de 1988 sobre la población de Lockerbie, Escocia. Murieron 259 personas que viajaban en el avión y 11 ciudadanos de Lockerbie. Luego de un largo proceso de negociación, en 1999 Gaddafi entregó a la justicia escocesa a los dos ciudadanos libios acusados de haber colocado los explosivos.
En 1997 Nelson Mandela tuvo la valentía de visitar a Gaddafi en Trípoli, para denunciar la injusticia que se cometía contra ese pueblo por su rebeldía y su intento de decidir su propio destino. Mandela sabía por experiencia propia lo que era ser acusado de crímenes sin que existieran pruebas sobre ellos y sin derecho a la defensa. Había sido liberado de la cárcel 7 años antes, después de 27 años de prisión por su rebeldía ante el régimen discriminatorio de la población negra de Sur África por parte de una minoría blanca de origen europeo. Visitó a Gaddafi siendo el primer presidente de raza negra y el primer presidente electo democráticamente en  Sur África.
Su visita fue seguida por la del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, de origen Africano. Libia aceptó cancelar 2.700 millones de dólares en compensación a familiares de víctimas de atentados terroristas de los que se acusaba a ciudadanos libios, aunque sin reconocer culpabilidad de la nación Libia. Se levantaron las sanciones internacionales que pesaban sobre el país.
En el 2008 el presidente Bush deja sin efecto las sanciones unilaterales que había impuesto Estados Unidos contra Libia, retirándola de la lista de “estados que apoyan el terrorismo”.
Las transnacionales petroleras se abalanzaron sobre Libia en busca del control de los gigantescos yacimientos de su codiciado petróleo liviano. Lo mismo hicieron los perros de la guerra, ofreciendo armas, desde sofisticados aviones de combate hasta fusiles, ametralladoras y municiones. Muchos se jactaron de haber finalmente obligado a Gaddafi a ceder en sus posiciones radicales.
Ese mismo año Gaddafi recibió la visita de Condoleezza Rice, secretaria de Estado del gobierno norteamericano. Luego desfilaron por Trípoli los jefes de estado de los países que se proclaman dueños del planeta: el primer ministro británico, Tony Blair, seguido por su remplazo Gordon Bown, el presidente de Francia, Sarkozy, el presidente de Rusia, Vladimir Putin. El rey Juan Carlos de España, y Rodríguez Zapatero se humillaron ante él en el 2009 para venderle 3.500 millones de euros en armas.
Gaddafi se convirtió en una especie de vedette política en círculos internacionales. Fue invitado a participar por primera vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde fue recibido por el presidente Barak Obama. Fue invitado a visitar Francia, Italia y España, siempre recibido como el “Rey de Reyes” y “el León del Sahara”.

En el 2009 fue electo Secretario General de la Unión Africana. Allí proclamó su determinación a seguir luchando por el establecimiento de la integración de los países africanos y la conformación de los Estados Unidos de África. Su discurso en este foro dejaba en evidencia que sus concepciones radicales y socialista se mantenían intactas. Los analistas internacionales de las principales empresas de comunicación concluyeron sin embargo que se trataba solo de “retórica populista”.
En su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2009, Gaddafi dejó claramente definida su posición. Acusó a Israel del asesinato de John Kennedy; abogó por la solución del conflicto Israelí-Palestino a través de un estado único. Se refirió al Consejo de Seguridad como “el Consejo del Terror”; criticó la validez de la Asamblea General de la ONU por permitir que sus decisiones sean  ignoradas por los países mas poderosos y rompió la Carta de las Naciones Unidas en el podio de los oradores.
En marzo del 2010 uno de sus ocho hijos, Hanibal, fue detenido en Suiza acusado de maltrato a dos empleadas domésticas. Gaddafi suspendió la venta de petróleo y adoptó represalias económicas y comerciales adicionales contra Suiza,  llamó a la guerra santa contra ese país y declaró que anhelaba que fuera “barrido del mapa”.
La Unión Europea no se apresuró a denunciar semejante amenaza, asumiendo una posición diametralmente opuesta a la tomada contra Irán por presumiblemente aspirar lo mismo sobre el estado de Israel. Por el contrario, la UE se disculpó públicamente  por haber prohibido a unos ciudadanos libios la entrada a Europa a raíz del conflicto entre Suiza y Libia.
El comportamiento de Gaddafi ha sido frecuentemente considerado excéntrico. Cuando visitó la ciudad de Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas solicitó autorización para colocar su gigantesca carpa beduina en un parque. Así se hizo. Armó su carpa en los jardines de la mansión del millonario Donald Trump. Allí conducía sus negocios y recibía visitas. Llevó además camellos, para tomar leche fresca al levantarse. Como es su costumbre, viajó acompañado de docenas de jóvenes mujeres guardaespaldas, quienes no sólo lo protegen, sino que se encargan de su cuidado y su alimentación: nunca falta ni el queso de cabra ni los dátiles.
En una reunión cumbre de la Liga Árabe, Gaddafi se puso un guante blanco en su mano derecha. Explicó que trataba de evitar infecciones al estrechar la mano de otros jefes de estado que pudieran haber tenido contacto con funcionarios israelíes.
Algo similar ocurrió cuando visitó Paris, por invitación de Nicolás Sarkozy. Fue recibido como un rey. La visita concluyó con negociaciones para la venta de armas de guerra y la inversión de empresas francesas en el negocio petrolero libio.
Cuando viajó a Roma, como invitado de honor de Silvio Berlusconi, colocó su carpa en un parque en el centro de la ciudad. No llevó los camellos, sino 200 mujeres guardaespaldas que conforman varios anillos de seguridad, armadas con Kalashnikovs.
Las mujeres que custodian a Gaddafi son expertas en artes marciales, en el uso de armas de fuego y de armas blancas, en pilotear aviones, helicópteros y barcazas; son entrenadas como francotiradoras, en el manejo de explosivos y en actividades de espionaje. Berlusconi lo honró con una cena de lujo para 800 personas, apropiada para un Rey.
A pesar de las atenciones y los halagos de Berlusconi, Gaddafi fue particularmente severo con sus anfitriones italianos. Fueron demasiados los crímenes y vejaciones cometidos por Italia durante su ocupación y colonización de Libia desde 1911 hasta 1943. Cuando Berlusconi menos se lo esperaba, Gaddafi se despojó de su ropaje beduino y se vistió de militar. Junto a sus condecoraciones castrenses, se colgó  del pecho una fotografía en blanco y negro de 1931.
En la fotografía se encuentra, humillado y encadenado, el héroe libio Omar Al-Mukhtar, rodeado de sus captores italianos. Al-Mukhtar liderizó durante veinte años la lucha de los beduinos contra la brutal ocupación italiana. Fue para él que se acuñó el apodo de “el León del Desierto”. Su figura es venerada en Libia. Los fascistas italianos lo ahorcaron en público  a los pocos día después de haber tomado y divulgado aquella humillante fotografía. Justo antes de morir exclamó: “Sobreviviré a mis verdugos“. Para entonces Italia se encontraba bajo el dominio de Benito Mussolini.
Cuando le preguntaron porque llevaba esa fotografía en su pecho, Gaddafi, consciente de que el catolicismo es la fe predominante en Italia, proclamó en presencia de Berlusconi: “Para nosotros la imagen de Al-Makhtar es tan sagrada como el crucifijo que llevan algunos de ustedes en el pecho

En la lucha por el control del mar de petróleo liviano bajo el suelo libio, durante la segunda guerra mundial el país se convirtió en el campo de batalla  entre las fuerzas nazis bajo el mando de Rommel y las fuerzas británicas bajo el mando de Montgomery. Con la derrota de Italia en la segunda guerra mundial, Libia fue repartida cual trofeo de guerra entre Inglaterra y Francia.
Las continuas luchas de los beduinos por su independencia condujeron a que en 1951 se declarara una monarquía bajo el rey Idris, una marioneta al servicio de los europeos. Para el momento de su independencia Libia no tenia escuelas y contaba con sólo 16 graduados universitarios, formados en el extranjero. La administración continuó así en manos de ingleses, franceses e italianos. Todo cambió con la llegada de Gaddafi al poder en 1969.
Los honores y halagos de que era objeto Gaddafi por parte de los jefes de estado de Europa hasta finales del 2010 cambiaron súbitamente. Sanguinario, loco, tirano, demente, autócrata, asesino, corrupto, psicópata, perro rabioso. Estos y muchos otros adjetivos son usados hoy contra Gaddafi. Los medios de comunicación de todo el mundo, salvo algunas excepciones, se han ensañado contra su figura. El objetivo parece ser destruirlo ante la opinión pública internacional. Algo similar le ocurrió a Saddam Hussein justo ante de la invasión de Irak por parte de fuerzas militares norteamericanas y británicas en el 2003.
Al mimo tiempo, se teje una red de “legalidad” para invadir Libia y deponer al déspota. En la ONU se toma la decisión de expulsar a Libia del Consejo de Derechos Humanos, mientras que la Corte Penal Internacional declara que actuará con agilidad para condenarlo.
En paralelo s estimula y apoya a movimientos opositores a Gaddafi para incitar a la rebelión interna, con el propósito de generar un estado de violencia y caos que contribuya a justificar la intervención de las grandes potencias para “pacificar al país y proteger los derechos humanos de sus ciudadanos”.
El objetivo es claro: invadir Libia, deponer a Gaddafi, tomar control de su codiciada riqueza de petróleo liviano, tal y como ocurrió con Irak y como trató infructuosamente de hacerse en Venezuela en el 20o2. Tal y como trata de hacerse con Irán y como años atrás se concretó en Arabia Saudita, Kuwait, Katar y los Emiratos Árabes. Las siguiente presas serán Algeria, Venezuela e Irán.
El Gadafi que hoy todos condenan fue recibido y halagado como un gran estadista en la Cumbre del G8 en Italia, invitado por el presidente Barack Obama. Hace sólo unos meses se abrazaba con Sarkozy en Paris, con Tony Blair en Trípoli y con Berlusconi en Roma.
Que ocurrió para justificar este cambio tan radical contra Gaddafi?

El despertar del pueblo árabe
Protestas populares por el aumento en el precio de los alimentos y la pobreza generalizada derrocó en pocos días a Ben Alí en Túnez. Irónicamente, sólo semanas antes Túnez había sido señalado por Hillary Clinton como el modelo de democracia a seguir en el medio oriente.
Las protestas se extendieron de inmediato a Egipto, concluyendo con la remoción del poder de Hosni Mubarak, un dictador apoyado por Estados Unidos durante 30 años. Mubarak recibía de Estados Unidos mas de 3.000 millones de dólares anuales, la cooperación mas alta proveniente de Washington después de la otorgada a su principal aliado de la región: Israel.
Las protestas en Egipto fueron también inicialmente motivadas por aumentos en los precios de los alimentos, los insoportables niveles de pobreza en que se encuentra la mayor parte de la población, la creciente indignación ante la descarada confabulación de Mubarak con el gobierno de Israel en su criminal opresión al pueblo palestino, la falta de libertades fundamentales y los grotescos niveles de corrupción. La fortuna de Hosni Mubarak se estima en 70.000 millones de dólares. Mientras el 40% de los 80 millones de egipcios viven con menos de dos dólares al día. Egipto mantuvo una suspensión de los derechos fundamentales de la población durante todo el período de dominación de Mubarak, a través de una Ley de Emergencia, con el consentimiento y apoyo de Estados Unidos.
Las analogías que se han querido trazar entre las revueltas en Libia con las de Túnez y Egipto lucen ficticias. En Libia se canalizaron enormes inversiones petroleras para financiar servicios públicos y gratuitos de salud,  educación y vivienda. Se ha promovido el desarrollo económico y se han reducido sustancialmente las desigualdades sociales. El índice de desarrollo humano es el más alto de África. Los índices de desempleo son tan bajos que se ha tenido que facilitar la entrada de cientos de miles de trabajadores de otros países: Egipto, Túnez, China, Pakistán.
El consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió recientemente a Libia por su “ambicioso programa de reformas” y su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado”.
En marzo del 2007 Anthony Gidden, asesor de Tony Blair, publicó un artículo en The Guardian en el que afirma:  “Gadafi parece ser genuinamente popular. Libia será en dos o tres décadas una Noruega del norte de África: próspera, igualitaria y progresista
A diferencia de Túnez o Egipto, Libia es una potencia petrolera. Produce 2 millones de barriles de petróleo liviano cada día, y su producción puede al menos duplicarse. Sin embargo, una buena parte de sus 6 millones de habitantes aún se mantiene en la pobreza.
Gaddafi ha sido criticado por haber fomentado el regreso de empresas petroleras europeas y su creciente participación el la actividad petrolera y gasífera. La mayoría de estas empresas operan desde Benghazi desde donde, coincidentalmente, se formó el núcleo de la rebelión contra Gaddafi.
También se le ha criticado por haber contribuido, desde su posición como secretario general de la Unión Africana, a la consolidación de un acuerdo con  la NATO para ampliar sus operaciones militares en Sudan, Somalia y Etiopía. Ha venido promoviendo también una tratado de cooperación militar entre la NATO y la Unión Africana. Organizaciones radicales dentro y fuera de Libia consideran tales actitudes como traición.
A la cabeza de la insurrección se encuentra el Frente Nacional para la Salvación de Libia (NFSL por sus siglas en inglés). Sus líderes son sistemáticamente presentados como los chicos buenos, en una lucha desigual contra la opresión y la barbarie. Poco se destaca que el FNSL se creo en 1981 en Sudan, bajo la protección del coronel Nimieri, un déspota apoyado por Estados Unidos que gobernó ese desdichado país desde el 77 hasta el 85.
El FNSL realizó su “congreso nacional” en los Estados Unidos en el 2007, con el patrocinio de la NED. A la cabeza se encuentra Ibrahim Sahad, quien realiza acusaciones de toda índole contra el “régimen despótico” de Gaddafi, casi siempre sin ofrecer prueba alguna al respecto y sin que los entrevistadores o editores se las soliciten. Sin embargo, sus planteamientos son transmitidos por las principales agencias de información de todo el mundo como si fueses ciertas. La misma realidad virtual se divulga como cierta por internet, facebook, twitter.
Significativo es también que los rebeldes de Benghazi hayan bajado la bandera verde de la república de Libia y elevado en su lugar la bandera de tres franjas, roja, blanca y negra, que se usaba durante la monarquía  del rey Idris, impuesta por Europa en 1951.  También ha surgido de la nada un presunto Príncipe Senussi, “heredero de la corona”.
Fue el rey Idris quien entregó la soberanía nacional al permitir el uso irrestricto de aire, mar y tierra por parte de fuerzas militares británicas. Fue el rey Idris quien firmó el acuerdo para que los Estados Unidos establecieran y administraran sin restricciones la base militar mas grande de África: Wheelus Air Base, cerca de Trípoli. El rey Idris firmó además un convenio para exonerar a Italia de todos los daños que pudieran imputársele como consecuencia de los 30 años de brutal colonización, permitiendo además que la comunidad italiana en Trípoli conservara todos sus propiedades, negocios y privilegios.
Pero la legitimidad o veracidad de los señalamientos contra Gaddafi parecen irrelevantes. Sirven sólo de fachada para alcanzar el objetivo estratégico deseado: la ocupación de Libia.
Paul Wolfowitz, quien sirviera como subsecretario de defensa de los Estados Unidos y como presidente del Banco Mundial, arquitecto de la guerra de Irak, publicó una carta abierta al presidente Obama incitándole a convertir a Libia en “un protectorado bajo el control de la OTAN“, en nombre de la “comunidad internacional“.
En su editorial del 23 de Febrero 2011, el Wall Street Journal, vocero de los intereses comerciales de los Estados Unidos, sentencia: “Estados Unidos y Europa deben ayudar a los libios a derrocar el régimen de Gaddafi
Simultáneamente, se moviliza al mar territorial libio una flota de guerra norteamericana, mientras en Naciones Unidas y en la Corte Penal Internacional se concreta apresuradamente el marco legal que justifique la invasión.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el 25 de Febrero del 2011 una resolución  para que se investiguen los posibles crímenes contra la humanidad que pudiera haber cometido Muammar Gaddafi. Pero, sin que tal investigación haya comenzado, ya Gaddafi ha sido condenado.
Es no sólo irónico, sino hipócrita, que haya sido justamente los Estados Unidos quienes hayan promovido la moción para que la ONU eleve el caso de Libia ante la Corte Penal Internacional. Estados Unidos nunca ha reconocido la jurisdicción de dicha corte. Se opuso además a su creación en 1998, junto con Israel, Irak y Libia. Tales contradicciones parecen pasar desapercibidas para los medios transnacionales de la información.
El comandante supremo de la OTAN, Wesley Clark, ya había señalado hace un par de años que Libia estaba en la lista oficial del pentágono para ser dominada después de Irak, junto con Siria y la joya de la corona: Irán.
Si se concreta lo que Fidel Castro ha llamado “La guerra inevitable de la OTAN“, se desatará un movimiento de resistencia por todo el mundo Árabe que haga realidad las últimas palabras del León del Desierto: “Sobreviviré a mis verdugos“.

“Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad… Haga circular esta información”.
Rodolfo Walsh

3 Responses to “Especiales”


  1. 1 Jose Antonio Gonzalez Lartitegui 23 junio, 2011 en 8:01 pm

    Quería introducir algunas reflexiones sobre el tema Libia-Gaddafi que tal vez no está muy en sintonía con lo que otros expusieron. Creo que en ésto hay una dictadura mediática que marca como “políticamente correcto” hablar mal de Gaddafi. Yo procuraré ser políticamente incorrecto.

    El apoyo de los países occidentales a los rebeldes libios se produce a causa de que supuestamente Gaddafi atacó a civiles

    indefensos en unas manifestaciones pacíficas que tuvieron lugar en Trípoli y Bengasi y que fueron reprimidas con la
    Aviación causando cientos de muertos.

    La verdad es que nunca ha habido pruebas claras de esas masacres. No ha habido fotos ni videos ni fuentes hospitalarias que

    confirmen ésto ni nada mínimamente sólido que lo apoye. Sólo la palabra de los rebeldes.

    Por si fuese poco Rusia ha demostrado por medio de sus satélites que monitorizan todo el cielo de nuestro planeta que en
    ningún momento se empleó en Trípoli y Bengasi la Aviación Militar los días 21 y 22 de Febrero.

    Bombardeos sobre manifestantes en Libia nunca

    ocurrieron

    Con lo cual la causa principal que condujo a los países occidentales a tomar partido a favor de los rebeldes y en contra de

    Gaddafi está bastante poco clara. Al menos la Aviación no fué empleada contra la población civil tal como fué publicado en

    diversos medios.

    Para Estados Unidos sería fácil comprobar si lo que dicen los rusos es verdad o no. Ellos tienen sus propios satélites que

    monitorizan el cielo y podrían saber lo que ocurrió en el cielo de Libia el 22 de Febrero. Sin embargo, hasta ahora no

    dijeron nada al respecto.

    Otra cosa diferente es que hubiese víctimas en Libia como resultado de unas revueltas violentas que empezaron con el atentado suicida con coche-bomba y posterior asalto contra el cuartel principal de Bengasi seguidos de ataques con cocteles Molotov y bombas caseras contra otros cuarteles y comisarias. Lo que hizo el gobierno de Gaddafi en su respuesta a estos ataques creo que no es demasiado diferente de lo que habría hecho cualquier otro gobierno en esas mismas circustancias.

    Pasando a otro tema, una de las razones por las que Gaddafi tiene tan mala prensa en Europa y EEUU es ésta: muchos le acusan de ser el autor intelectual del atentado de Lockerbie, atentado con bomba en un avión en el que murieron 270 personas. Sin embargo, si se analiza ésto un poco parece que está muy poco claro.

    Parecía que “encajaba” bien que hubiese sido Gaddafi por el hecho de que dos años antes había tenido lugar el bombardeo de
    Trípoli por Reagan. Pero una cosa es que “encaje” y otra que sea verdad.

    Veamos el contexto en el que se produjo el atentado de Lockerbie. Estados Unidos había derribado en Julio de 1988 un avión

    iraní con 290 pasajeros a bordo, los cuales todos ellos murieron. Dijeron que había sido un error. Pero Irán afirmó que el

    derribo había sido intencionado y prometió venganza. Cuando cinco meses más tarde tuvo lugar el atentado de Lockerbie,

    inmediatamente la mayor parte de las miradas se dirigieron hacia el eje Irán-Palestina-Siria.

    Un año y medio después Sadam Hussein invadía Kuwait provocando una crisis internacional. En ese contexto se hizo necesario

    llevarse bien con todos los países de la zona (incluídos Irán y Siria) para evitar que esos países se decantasen por dar su

    apoyo a Saddam Hussein.

    Fué entonces cuando Libia , un tanto alejada del escenario en conflicto, fué acusada del atentado de Lockerbie. ¿Podría ser

    que la encrucijada política del momento hubiesen hecho preferible acusar a Libia antes que a Siria o Irán?

    Esta es una posibilidad bastante verosímil, sobre todo si miramos un poco el desarrollo del proceso sobre Lockerbie.

    Al Megrahi fué condenado a cadena perpetua como autor material de la colocación de la bomba. El siempre se declaró
    inocente, pero todos sus recursos le fueron rechazados.

    En 2007 hubo un testigo del caso Lockerbie que reconoció haber cometido perjurio en el mismo, y también que alguna de las

    pruebas clave en el proceso había sido fabricada por la CIA.

    http://www.11-septiembre-

    2001.biz/PerjurioenLockerbie.html

    En Abril de 2009, después de años de trabajo concienzudo por parte de varios abogados, Al-Megrahi presenta un nuevo recurso

    contra su condena. Un recurso muy bien fundado y que amenazaba con dejar en mal lugar a la justicia escocesa que lo condenó.

    Pues bien, curiosamente cuatro meses después se le ofrece la libertad si retira dicho recurso, a lo cual él accedió. Se alegó, de cara a la opinión pública, que tenía un cáncer terminal y que le quedaban tres meses de vida. Sin embargo, hasta el día de hoy está vivo.

    Ante ésto cada cual puede pensar lo que quiera. Los más interesados en saber la verdad se supone que son los familiares de las víctimas. En el siguiente artículo habla la hermana de la única víctima española de aquel atentado y a pesar del titular (¿interesado?) “Gadafi no pagará su culpa” , si uno lee el artículo se ve que ella no tiene nada claro que la orden de aquel atentado saliese de Libia. Más bien piensa que no se quiere investigar porque hay intereses políticos.

    http://www.deia.com/2011/04/22/mundo/esto-parece-una-pesadilla-no-tengo-ninguna-esperanza

  2. 2 Jose Antonio Gonzalez Lartitegui 23 junio, 2011 en 8:09 pm

    Han salido mal dos de los tres enlaces que había puesto. Los volveré a poner a ver si ahora funcionan:

    Perjurio en Lockerbie

    Bombardeos sobre manifestantes en Libia nunca ocurrieron


  1. 1 El mundo en 2011 « RealPolitikMundial Trackback en 21 diciembre, 2011 en 2:12 pm

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