Posts Tagged 'ayuda internacional'

Gráfico: Multilateralismo

Multilateralismo: en las últimas semanas las campañas para elegir al presidente del Banco Mundial y del director de la OIT han recibido bastante atención internacional. También han sacado a relucir un viejo debate sobre qué países han monopolizado las direcciones de los principales organismos multilaterales. Estas gráficas muestran los presidentes y directores de algunas de estas instituciones y su país de origen. Fuente: wikipedia.org, ilo.org, iadb.org

Mapa: Aportes para la paz.

Aportes para la paz: la ONU funciona, obviamente, porque los países miembros le transfieren recursos anualmente. Este dinero mantiene en marcha docenas de misiones humanitarias y el funcionamiento de los programas, entidades y agencias que le dan vida a la misión del organismo de mantener la paz mundial. El siguiente mapa recoge diferentes datos de las finanzas de la ONU, especialmente, respecto a dónde y cómo obtiene sus recursos. Fuente: un.org (1, 2, 3, 4).

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Los peligros de tener conciencia

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el daño que puede provocar la ayuda  y caridad internacional

Los hombres somos naturalmente caritativos, es decir, casi todas las personas cuentan con un sentimiento de compasión que se solidariza con otras personas cuando éstas se encuentran en situaciones desesperadas de pobreza, enfermedad o abocados a las terribles circunstancias de un desastre natural.

Y es por esto que la mayoría de nosotros corremos a realizar donaciones cada vez que vemos el hambre y la enfermedad en África o los devastadores efectos de un tsunami en Japón o un terremoto en Haití. La caridad es una acción estimable y que se soporta en la solidaridad entre los hombres, pero en ocasiones, un impulso noble no lleva necesariamente a consecuencias igualmente buenas.

Este es el caso de las perjudiciales, y a veces ridículas, donaciones que muchas personas en el mundo terminan enviando a los lugares de los desastres. Es el caso de la “ropa usada”, uno de los artículos más populares de las donaciones, y que como efecto contraproducente solo ha logrado minar la capacidad productiva de las industrias textiles locales, incapaces, a todas luces, de competir contra camisas, zapatos y pantalones gratis.

Las donaciones de comida también pueden entrar a jugar un papel perjudicial en las difíciles dinámicas del país y la sociedad receptora. En 2004, por ejemplo, una empresa norteamericana donó una gran cantidad de pasteles dulces, dirigidos a los niños de Afganistán. Sin embargo, la mayoría terminaron en el mercado negro, perpetuando el comercio ilegal que tanto daño le ha hecho a la economía y al precario sistema tributario afgano.

Lo anterior se refiere a las donaciones y a la caridad privada, es decir, la impulsada por las personas de a pie o por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, los mayores proveedores de ayuda internacional son los gobiernos y las organizaciones multilaterales.

El problema es que este tipo de ayuda, que busca atender sobre todo el problema de la pobreza en los países en vías de desarrollo, también puede llegar a cometer errores en las aproximaciones que tienen sobre el problema.

La primera dificultad se refiere a la dependencia económica que algunos países pueden desarrollar respecto a la ayuda internacional que reciben. Es el caso de Afganistán, en donde el dinero recibido del exterior representa casi la mitad de la economía, de tal manera que cualquier reducción en la cantidad de ayuda enviada (como la que se producirá una vez las tropas estadounidenses se retiren en 2014) podría representar una catástrofe para el país asiático.

El segundo inconveniente está dado por la naturaleza de los regímenes que reciben la ayuda internacional y cómo las consideraciones políticas locales, convierten al más altruista esfuerzo en una manera de perpetuar las condiciones que causaron el desastre humanitario en primer lugar. En efecto, en muchos países que dependen en gran medida de la ayudad internacional, tanto para atender su problema con la pobreza, como para funcionar con relativa efectividad como Estados, el dinero de préstamos y donaciones internacionales se termina utilizando para soportar la reducida legitimidad del régimen. Es el caso de la comida que USAID y la ONU envío a Somalia durante la reciente sequía y que fue utilizada por el grupo islamista Al-Shabab como moneda de cambio para mejorar su posición entre los somalíes con hambre.  Así, en algunos casos, los recursos salidos del altruismo y solidaridad terminan empeorando o perpetuando la situación de pobreza, opresión y violencia que buscaban atender.

¿Cómo puede la ayuda internacional mejorar su impacto en los países con pobreza extrema o víctimas de desastres naturales? Cuéntenme lo que piensa, comente.

El futuro de Afganistán.

De cómo el país ganará en estabilidad, pero perderá en DDHH y desarrollo en los próximos meses.

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y el Secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, han confirmado en los últimos días que tanto el gobierno afgano, como las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos, adelantan conversaciones preliminares con la insurgencia talibán, que desde su resurgir en 2003, tiene en jaque al país asiático.

El esfuerzo busca que Afganistán gane algo de estabilidad antes de que las fuerzas aliadas se retiren totalmente en 2014 e incluso, antes de que empiece la reducción de su presencia en algunas zonas del país, en apenas unas semanas.

Sin embargo, las negociaciones con los talibanes implicarían que estos exijan concesiones para volver a la vida civil. Estas necesariamente pasarían por recuperar algunas de sus antiguas normas y ocupar cargos dentro del ejecutivo y legislativo afganos.

De esta forma, la llegada de los talibanes al gobierno y la retirada de las fuerzas internacionales amenazarían los tibios logros en materia de desarrollo económico y protección de los derechos humanos en el país.

La economía afgana, según un reciente informe del Congreso de Estados Unidos, se constituye en un 95% por la ayuda internacional y, como lo demuestra el caso del Irak de la posguerra (que pasó de recibir más de 9 mi millones de dólares anuales en 2008 a menos de 3 mil millones en 2009), la reducción de los recursos que entran actualmente al país son inevitables. Las consecuencias para la anémica economía afgana, en todo caso, serán previsiblemente catastróficos.

Todo esto repercute en el deterioro de la situación social del país y de la popularidad del gobierno de Karzai en su conjunto. En la intrincada y compleja red de lealtades, tribus y clanes que se encuentran en todo Afganistán, esta pérdida de poder del gobierno central puede llevar a que los insurgentes talibanes ganen mayor influencia dentro de las estructuras regionales. Y con un presidente débil, la posibilidad de ganar mayores concesiones dentro del régimen político aumentarán.

Los extremistas serán más fuertes e intentarán imponer su agenda sobre la sociedad afgana.

Lo que quiero decir es que Afganistán, luego de la salida de las tropas aliadas y del final de los grandes flujos de ayuda económica, podría volver a lugares similares a los anteriores a la invasión de 2001. Las consecuencias en términos de respeto de los derechos humanos, desarrollo económico y el mejoramiento de la calidad de vida de los afganos en general serían catastróficas. Durante el régimen Talibán, las normas de conducta podían ser tan ridículas (la prohibición de las cometas), como terribles (prohibir a las mujeres trabajar, estudiar o salir de sus casas sin un hombre que las acompañara). Ellas, las afganas, serían las más afectadas con el regreso al poder del Talibán.

¿Qué deben buscar Estados Unidos y el gobierno afgano en su negociación con los talibanes? ¿Hay una manera de reincorporarlos en la vida civil sin que trastornen a la sociedad y política del país? ¿Es la negociación siempre la mejor salida de un conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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El mayor peligro.

De porqué las armas nucleares de Pakistán representan el mayor peligro para la seguridad internacional.

El pasado 23 de mayo, seis comandos de la facción pakistaní de los talibanes atacaron una base naval en la ciudad de Karachi. El ejército de Pakistán solo logró recuperar el control del lugar luego de 16 horas de intensos combates. Un portavoz talibán sostuvo que la acción había sido una retaliación por la muerte de Osama bin Laden; pocos días después, otros ataques suicidas y bombas sacudieron al país. La humillación para el ejército pakistaní, que se ha visto en verdaderos aprietos para evitar estas acciones, y la creciente desconfianza de la comunidad internacional en el compromiso de los altos mandos militares de combatir a las organizaciones terroristas, han disparado el temor por la situación de inestabilidad dentro de Pakistán.

En 1971, luego de perder otra dura guerra contra India por la disputada región de Cachemira, la dirigencia pakistaní inició la elaborada y difícil tarea de conseguir armas nucleares. Cuando algunos años después lo consiguió, luego de robar secretos industriales en Europa e incluso recibir financiamiento de Gaddafi, los pakistaníes se sentaron sobre un arsenal nuclear modesto, pero con todo el potencial para amenazar y sobornar al mundo.

Digo amenazar, porque gracias a su capacidad nuclear, Pakistán ha logrado mantener una efectiva detente con India, donde ninguno de los dos países puede ganar mucho frente al otro o dejar que el conflicto escale. De esta forma, los servicios secretos pakistaníes han podido patrocinar ataques terroristas contra objetivos indios y recibir respuestas muy tibias por parte de las prudentes fuerzas de seguridad de Nueva Delhi.

Y digo sobornar, porque si no fuera por sus armas nucleares, Pakistán no sería ni un décimo de lo importante que es para la comunidad internacional, no recibiría la cantidad de ayuda internacional que recibe, ni llamaría la atención de Estados Unidos de la forma que lo hace. Sus bombas nucleares le han dado un  prestigio y peso ficticio, pero indiscutible en el juego regional, que Pakistán no está dispuesto a perder.

Sin embargo, hechos como el ataque de la semana pasada (y las otras tantas acciones terroristas similares), levantan dudas sobre la capacidad de las fuerzas pakistaníes de proteger sus armas nucleares. Según un reporte del Centro para Combatir el Terrorismo de la academia militar de West Point, casi la totalidad de las centrales nucleares pakistaníes se encuentran en zonas con alguna presencia de militantes islamistas y aunque la seguridad puede ser mejor que la de la base naval de Karachi, los peligros de que éstas armas caigan en las manos equivocadas (así sea por un corto lapso de tiempo) supone un peligro para el mundo, pero sobre todo para el mismo Pakistán, que tiene que ser asumido.

Por eso, las sugerencias de muchos de que se despoje a Pakistán de sus armas nucleares cuanto antes, sin embargo, teniendo en cuenta lo complejo de la situación y los intereses en juego, esto es sumamente difícil de hacer. Pero mientras la situación de seguridad del país se degrade, el peligro de sus armas nucleares será cada vez mayor y más complejo de enfrentar.

¿Qué otros peligros traería la desestabilización de Pakistán? ¿Cómo se podría disminuir el riesgo de que las armas nucleares caigan en las manos equivocadas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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3 lecciones del desastre en Japón.

Terremoto+Tsunami+Desastre nuclear=Lecciones para el mundo.

  1. Nunca se está ‘demasiado’ preparado: es difícil decir que el mejor país para sufrir un desastre de esta magnitud era Japón, pero lo era. No porque lo mereciera, ni mucho menos, sino porque estaba mejor preparado que cualquier otro para enfrentarlo. Los japoneses han vivido siempre con la sombra del desastre sobre ellos, tanto su arquitectura como su cultura de la prevención y la prudencia nacen de milenios de soportar la inestabilidad de la isla. Aún así, incluso los previsores japoneses se vieron superados por el sismo de 9.0 grados en la escala de Ritcher y sus consecuencias, lo que supone un poderoso argumento a favor de las suficientes disposiciones para prevenir y enfrentar estos desastres.
  2. La energía nuclear no es popular, pero eso no la hace menos necesaria: luego de los estallidos y las fisuras de los reactores de la planta nuclear de Fukushima, averiada por el terremoto y el tsunami, países como Alemania y China detuvieron sus proyectos de construir nuevas centrales e incluso adelantan inspecciones sobre las que están en operación. Otros, como Venezuela, detuvieron sus propios programas por completo. El miedo  a sufrir accidentes similares se apoderó de muchas naciones y algunas organizaciones ambientalistas incluso han impulsado protestas buscando presionar una reevaluación de la utilización de la energía nuclear. El problema es que para muchos países (entre ellos Japón) las plantas nucleares ha representado una solución a sus problemas de generación de energía e incluso, a los de la protección al medio ambiente. Porque, sin esta alternativa, las grandes potencias económicas tendrían que recurrir a centrales de gas o carbón, muchísimo más contaminadoras, menos eficientes y más costosas. Y ese es el dilema, que ninguna alternativa en generación de energía (con la tecnología actual) es suficientemente buena.
  3. El liderazgo es una necesidad fundamental: Japón ha sufrido en los últimos años una escasez de liderazgo como pocas en su historia, décadas de primeros ministros sin talante o visión, que se han hundido en el pantanoso escenario de la política local y han sido incapaces de proveer al pueblo japonés de la guía para superar el estancamiento económico y social de una potencia mundial en clara decadencia. Naoto Kan, primer ministro japonés, había sufrido algunos reveses políticos en las últimas semanas y antes del desastre, se estaban reuniendo las condiciones para su renuncia. Sin embargo, el terremoto lo cambió todo e incluso cuando Kan no ha sido especialmente activo o visible en la crisis, todo su gobierno recibió el impulso de la unidad nacional a causa del desastre y la preocupación por el futuro. Lo difícil es determinar cuanto le durará y si logrará utilizar esos réditos políticos para encaminar efectivamente a su país en el el camino de la recuperación.

¿Qué otras cosas se pueden aprender del desastre en Japón, sobre todo, de cómo lo han recibido los japoneses? ¿Cree que el país asiático podrá recuperarse? Cuénteme lo que piensa, comente.

La maldición

Al lunes de esta semana, 1334 personas habían muerto en Haití por culpa de la epidemia de cólera que azota desde octubre al país caribeño. La enfermedad llegó como remate al terremoto de principios de año y a la temporada de huracanes de las últimas semanas, que tienen a la nación en ruinas y a su gente en un constante estado de emergencia humanitaria.

Como podía esperarse en estas circunstancias extremas, sobrevino el descontento de la población y una serie de disturbios entre haitianos y las fuerzas de la ONU que operan el país añadieron otras victimas al ya largo conteo de la tragedia.

El descontento con los cuerpos de paz, según informaron las agencias internacionales, se inició cuando se esparció el rumor en el norte de la isla que los miembros nepalíes de ésta habían sido los responsables de llevar la cólera a Haití. El presidente haitiano se apresuró a desmentir esto (no solo la identidad de los supuestos culpables, sino el hecho de que los haitianos estuvieran diciendo que la misión de la ONU estuviera maldita), dijo el primer mandatario, que aquellos rumores habían sido esparcidos por opositores y políticos locales, con miras a las elecciones de fin de año.

Poco importa en realidad el porqué creen los haitianos que la cólera los afecta o incluso si vino con las fuerzas de paz nepalíes o si siempre estuvo allí, lo que de verdad debe llamar la atención es lo que todo el episodio, en el fondo, dice de las necesidades y la situación extrema del país.

Por eso es que el compromiso internacional en Haití no puede flaquear, porque el futuro del país depende de la determinación de la ayuda y acompañamiento internacional. Pensar en abandonar el país en este momento (o incluso el futuro cercano) implicaría tanto para los haitianos, como para el Caribe y el hemisferio occidental, confirmar la mala suerte (la maldición, podrían decir algunos) de un pueblo que ha sufrido todo lo que ha podido, pero que resiste, aún cuando la amenaza de resquebrajamiento interno se mantenga.

¿Cree que la ayuda internacional si está llegando a Haití como debería? ¿Es necesaria la presencia internacional en la reconstrucción del país? Cuénteme lo que piensa, comente.

Un presidente para Haití.

El pasado 12 de enero todo el mundo observó con terror las imágenes de todo un país que se venía abajo. Haití, la nación más pobre del hemisferio occidental, sufría los embates de un terremoto que lo dejaba prácticamente en las ruinas. El mundo, movido por compasiones genuinas y cosméticas, prometió miles de millones de dólares en ayuda (10 mil millones más o menos) y movilizó a miles de socorristas y convoyes de ayuda. Una parte importante de la destrucción del país pudo explicarse por la corrupción endémica que durante años ha asfixiado a los haitianos y simbólicamente, mientras la confianza en su clase política tambaleaba, el palacio presidencial se encontraba en ruinas.

Este 28 de noviembre los haitianos elegirán un nuevo presidente y los medios internacionales andan entusiasmados con una inesperada candidatura. El cantante haitiano-americano Wyclef Jean  inscribió su candidatura pocos días antes del límite para hacerlo y ha iniciado ya en regla su campaña para acceder a la presidencia de su país. Su plataforma se sostiene sobre dos fundamentos: su interlocución directa con los jóvenes y su promesa de renovación respecto a los políticos tradicionales que durante décadas se han robado al país.

Pero sus fortalezas también son sus debilidades. Como tantos otros antes que él, su condición de celebridad puede hacerlo ver como poco preparado para el cargo (sin contar con su juventud, tiene 37 años). Si es inteligente, y por lo menos sus asesores estadounidenses lo serán, responderá a esta posible critica como lo propone la revista Time, resaltando que su fama e interlocución internacional lo ayudará a mantener la atención sobre Haití y evitar que se le deje en el olvido. Sus relaciones con el ex presidente Bill Clinton, que lidera el esfuerzo estadounidense en la reconstrucción del país, son bastante buenas y fluidas, lo que no es despreciable.

Apostar en una elección por el apoyo de la juventud es sin embargo un riesgo (algunos casos recientes pueden atestiguarlo) porque los jóvenes son inconsistentes en sus afiliaciones y pueden cambiar con rapidez un entusiasmo inicial por la apatía y las elecciones se pierden cuando ell candidato deja de despertar interés. Mantener la atención de los jóvenes haitianos será el reto de Wyclef, uno para que él mejor que nadie debería estar preparado.

Finalmente, su propuesta de renovación puede ser muy bien acogida, pero tendrá que ser  muy cuidadoso cuando trace la línea entre “ellos y nosotros”, pues la polarización del país en momentos como el que atraviesa no le conviene a nadie. Sin embargo, esta misma imagen le ha ganado la confianza  del entorno internacional y todo el entusiasmo mediático con su candidatura así lo demuestra. La principal preocupación de los estados donantes se refiere al modo en que se distribuye la ayuda y a los reales beneficiados, temen la famosa corrupción de las autoridades haitianas. Y aquí entones reside otra de las ventajas de Wyclef Jean, los donantes podrían sentirse más a gusto despachando sus ayudas con él como presidente. Y esta es una promesa sencilla, pero cierta y poderosa, que le puede ganar el cargo.

¿Cree que los artistas están preparados para ejercer en cargos públicos? Cuénteme lo que piensa, comente.


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