Posts Tagged 'Cambio Climático'

Detrás de la puerta.

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Los bomberos del siglo XXI imaginados por ilustradores franceses en 1900.

Por Santiago Silva Jaramillo

La futurología es una tarea malagradecida. Solo basta mirar las ilustraciones de revistas y cromos de inicio del siglo XX sobre el siglo XXI, sobre el futuro, para comprobar que buena parte de la imaginación (y conocimiento) de esos bienintencionados, no acertó a la realidad de nuestro presente. Por frustrante que esto sea, no deja de ser cierto que las predicciones (o prospectiva) son difíciles y deberían asumirse con una buena dosis de humildad analítica. Reconocer, antes de nada, que muchas de esas ideas simplemente pueden estar equivocadas.

Dejando por escrito la aclaración de las limitaciones de predecir el futuro, vale la pena revisar algunos de los posibles cambios producidos por la crisis del COVID-19 y que empiezan a esbozarse en el horizonte como transformaciones en la forma como funciona nuestra sociedad, se estructuran nuestros gobiernos y se mueven nuestras economías. La que sigue no es una lista exhaustiva, solo algunas ideas que se han venido revisando sobre las posibles consecuencias de la pandemia en nuestro mundo.

(Algunas de estas ideas se amplían y revisan en detalle en la conversación del foro “¿Qué tanto va a cambiar el mundo?”).

Ahora bien, uno de los primeros asuntos que podría cambiar es la disposición que tenemos a asumir costos para resolver problemas colectivos. En efecto, el repertorio de medidas, sacrificios individuales y colectivos e incluso algo de la sensación de urgencia y crisis del enfrentamiento de la pandemia del COVID-19 pueden servir como simulacro de nuestras tareas pendientes respecto a problemas como el cambio climático y la degradación medio ambiental.

Primero, respecto al tipo de medidas y el rango de alternativas que tenemos a la mano para enfrentarlos. No es casualidad que un efecto indirecto de la cuarentena haya sido la disminución de emisiones. Siempre hemos sabido, aunque en ocasiones evitemos la conversación, que enfrentar el cambio climático supone, en el mejor de los casos, modificar sustancialmente algunas de las formas como funciona nuestra economía. Segundo, respecto a la validación, casi insistencia, en que las acciones individuales sí son relevantes para los problemas colectivos. Recordarlo puede ser muy valioso para movilizar a las personas en el futuro.

Las formas en las que trabajamos también han cambiado. Es probable que algunos de los elementos de la virtualización forzada en la que nos encontramos sobrevivan la superación del COVID-19. Hay mucho más de lo que veníamos haciendo que se puede hacer sin la necesidad de la presencialidad. Obviamente la adaptación ha sido difícil y el teletrabajo ya entró al panteón de los memes como tema preferido para burlarnos de sus limitaciones y frustraciones, pero eso no quiere decir que justo en este momento no haya muchas organizaciones y personas cayendo en la cuenta de que hay bastantes procesos, diligencias y actividades que podrían virtualizarse.

Hemos visto también expresiones de solidaridad, altruismo y apoyo mutuo en todo el mundo, desde lo simbólico, como los aplausos y conciertos de balcón, hasta lo caritativo, con cientos de miles de voluntarios y donantes recogiendo mercados, medicinas, fabricando implementos de protección médica, haciéndole el mercado a sus vecinos mayores o del personal médico, entre muchas otras cosas. Pero todo esto estaba allí, siempre lo ha hecho, estamos delimitados por nuestra disposición -con algunos matices, por supuesto- a preocuparnos por otros, a querer ayudarlos, a superar estas crisis juntos.

Lo que puede cambiar es la empatía. Una de las cosas más interesantes de hacer voluntariado o de ayudar a una causa a través de una donación (incluso compartir o invitar a apoyar una causa va por ese camino) es la posibilidad de acercarse a las necesidades y angustias de otras personas. Es probable que sean vecinos o conciudadanos, y que en el trajín de la vida en el exterior no pensáramos en ellos, no los conociéramos o subestimáramos sus dificultades. Sentirnos corresponsables de su situación puede superar el altruismo y llevar a la acción política; a que asumamos la reivindicación de lo insostenible de su situación.

Finalmente, está el fortalecimiento del Estado, sus sistemas de salud, también los ajustes político-electorales. El manejo de la crisis, y un poco de suerte, podría llevar a cambios políticos en varios países. El Estado se fortalece no solo en su manera de atender la salud de las personas, sino también en sistemas de atención social y laboral, y en políticas redistributivas y esto puede ser muy costoso de desarmar una vez pase la pandemia. Este giro “keynesiano” es similar al que otras crisis económicas han provocado, pero no son pocos los que señalan la novedad en el tamaño del cambio. Al final, es esperable una tensión entre políticos que quieren mantenerse en el poder, poblaciones insatisfechas por su manejo del COVID-19 y programas sociales ampliados, más incluyentes, pero apretando demasiado las finanzas de los gobiernos en plena recesión económica. Navegar esa coyuntura será el reto político de 2021.

Todo esto puede pasar, así o diferente. O no. Al final, el juego de las predicciones sigue siendo ingrato.

 

Mi reino bajo el agua

Fuente: themaldivas.com

Sobre los nuevos desafíos políticos que para algunos países implica el cambio climático

Algo no anda bien con el clima. Todos lo sentimos, pero los científicos y climatólogos lo corroboran. Puede que los tiempos y las magnitudes cambien en el diagnostico, incluso que las fuentes del problema exijan mayor claridad, pero que nuestro planeta y su medio ambiente están sufriendo cambios profundos e irreversibles es casi una certeza.

Por supuesto, todo cambio en las dinámicas globales, en este caso ambientales, supone una nueva característica para las relaciones sociales, económicas y políticas de los hombres. El mundo se enfrenta entonces a una nueva realidad y los enormes desafíos que ésta representa.

El mejor caso para entender esto es el de las Islas Maldivas, un pequeño país en el Océano índico conformado por 1200 islas. Su territorio se encuentra en su inmensa mayoría sobre el nivel del mar, lo que lo ha convertido en el seguro damnificado de un incremento del agua gracias al deshielo polar.

Muchos países, sobre todo con importantes intereses costeros conocen del peligro que un aumento de las aguas tendría para sus territorios, sin embargo, para las Maldivas la amenaza es existencial; el país podría desaparecer como consecuencia del cambio climático.

Esto ha llevado a que sus líderes, particularmente el ex presidente Mohamed Nasheed, se hayan convertido en importantes voceros de la lucha por reducir las emisiones de carbono, principales responsables del calentamiento global. Nasheed realizó varios esfuerzos, en especial publicitarios, para visibilizar ante el mundo la desesperada situación de su país, desde una junta de ministros bajo el agua, hasta un documental sobre su cruzada ambiental.

Pero lo más importante del trágico y aparentemente inevitable destino de las Maldivas no es el hecho de la desaparición del territorio nacional, sino más bien el ejemplo respecto a los desafíos que el cambio climático nos plantea, bien por delante de las consideraciones puramente ambientales.

De esta forma, el incremento en la temperatura de la tierra puede llevar no solo a la pérdida de millones de kilómetros cuadrados de tierra costera (contando ciudades o como el Maldivas y otras islas, países enteros), pero también empeorar las posibilidades productivas de las tierras interiores. La subsecuente crisis alimentaria podría alcanzar proporciones inimaginables para la sociedad internacional moderna con consecuencias que, aunque especulativas, podrían ser desastrosas.

Ahora bien, las Maldivas también representan el ejemplo sobre un plan de acción. El pequeño país se ha involucrado en un ambicioso plan para convertirse en el primer lugar del planeta cuya energía no depende en ningún grado de combustibles fósiles. La meta no solo es ambiciosa, sino particularmente costosa para la pequeña economía turística de las Maldivas.

Aunque esto solo aumenta la admiración por la situación y compromiso de ese país. Lástima, por supuesto, que en las manos de sus líderes no esté la llave para atender el problema.

¿Son las consecuencias del Cambio Climático inevitables? ¿Cómo coordinar los restos económicos con los ambientales? ¿Es la falta del compromiso mundial una consecuencia de problemas políticos, tecnológicos o sociales? Cuénteme lo que piensa, comente.

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