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Descenso al infierno

Fuente: hispanidad.com

De cómo Centroamérica se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo

El terrible incidente acontecido en una cárcel hondureña el pasado 15 de febrero, cuando un incendio llevó a la trágica muerte de más de 350 de los reclusos deja ver mucho más que la falta de previsión o la intransigencia de los guardas. En realidad, habla sobre la realidad política y social de buena parte de Centroamérica y sirve de macabro ejemplo para entender las dinámicas de la región en los últimos años.

Centroamérica ha vivió en los últimos años un doloroso proceso de desinstitucionalización y agudización de la problemáticas de violencia y pobreza que llevan al pesimismo sobre sus perspectivas a futuro. Con las representativas excepciones de Costa Rica y Panamá, toda la región se encuentra en una situación que hace suponer que los años por venir serán particularmente difíciles para sus gobiernos y ciudadanos.

Por un lado, la violencia se ha incrementado a un ritmo dramático. Entre 1999 y 2009, la tasa de homicidios en Honduras se duplicó, pasando de 42,1 a 82,1 y alcanzando el primer lugar a nivel mundial. El segundo lugar lo ocupa El Salvador, con una tasa de 66 homicidios. Tanto Guatemala, Nicaragua y Panamá han sufrido también aumentos en la última década, aunque no tan drásticos. Para darle algo de perspectiva a estos datos sería bueno saber que la tasa de México es de 18,1, mientras la de Colombia es de 33,4. En efecto, Centroamérica es actualmente la región más violenta del planeta.

Esta tendencia se puede explicar en dos difíciles y complejas dinámicas que han caído como pestes sobre los países centroamericanos. Por un lado, el incremento de la presencia de carteles del narcotráfico (en especial venidos de México a cuidar las rutas de la droga colombiana), y por el otro, la configuración de las famosas ‘maras’ o pandillas luego de la deportación de cientos de sus miembros desde los Estados Unidos en los años noventa.

Pero los países centroamericanos también sufren por la incompetencia y falencias de sus gobiernos. Algunos analistas han incluso sugerido que Honduras, El Salvador y Guatemala sean vistos como Estados potencialmente fallidos, un término que hasta hace poco se le reservaba a algunos países africanos inmersos en guerras civiles y crisis humanitarias. Pero aunque el apelativo pueda parecer drástico, la realidad compite por cumplir sus expectativas.

El caso es que los débiles gobiernos de estos países han perdido gobernabilidad e incluso control territorial frente a pandilleros y narcotraficantes, una situación a la que los desafíos sociales y económicos de su empobrecida población no ha ayudado. De igual manera, y como quienes hemos vivido en países con problemas de narcotráfico y violencia del crimen organizado bien conocemos, las débiles instituciones democráticas han hecho poco para soportar el embate de la ilegalidad y la corrupción política y policial se ha convertido en la regla.

La tragedia de la semana pasada en la prisión hondureña fue solo una consecuencia más de la difícil situación que viven los países centroamericanos y demuestra los enormes retos que les depara el futuro a sus debilitados gobiernos.

¿Cómo puede enfrentarse la situación en Centroamérica? ¿Están sus problemas determinados únicamente por el narcotráfico? Cuénteme lo que piensa, comente.

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La alianza central

Sobre lo que Colombia le puede enseñar a los países centroamericanos en la lucha contra el narcotráfico.

El pasado 22 de junio, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, participó en la conferencia sobre seguridad centroamericana realizada en Guatemala. Los países centroamericanos se han estado enfrentando en los últimos años a un incremento en la actividad de las mafias de narcotraficantes en sus territorios. Sus líderes, que reciben la presión de sus ciudadanos por mejorar los esfuerzos de sus Estados en la lucha contra estas organizaciones, han iniciado varias iniciativas para mejorar sus capacidades para combatir al crimen organizado y la violencia asociadas al tráfico de drogas.

Santos, en su intervención durante la conferencia, defendió un enfoque integro en la guerra contra las drogas, donde toda la cadena del tráfico ilegal de estupefacientes sea atacado. Colombia, al fin de cuentas, tiene mucho que enseñar a sus vecinos, desde los peruanos (que se convirtieron en 2010 en los principales cultivadores de coca del mundo), hasta los centroamericanos y mexicanos (que viven en los lugares sin guerra más peligrosos del mundo), sobre la manera de enfrentar este increíble desafío. Una mayor cooperación, no solo en medios sino en know how, puede representar un fortalecimiento del esfuerzo conjunto por derrotar a los carteles de la droga y a la violencia e inestabilidad que estos producen.

Tanto en el marco de la conferencia centroamericana, como en sus relaciones bilaterales con Perú y México, Colombia, que cuenta con algunos buenos resultados que mostrar, puede enseñarles, entre otras cosas, algunas de estas lecciones:

  1. En la cooperación está la clave: la primera lección parece obvia y sin embargo, es la que menos se ha aplicado en la lucha global contra el narcotráfico. Los esfuerzos de países solitarios, incluso de un par de Estados, pueden verse frustrados con facilidad por la ineficacia o inoperancia de un tercer país que se encuentre en algún eslabón de la cadena. Mejor dicho, Colombia puede utilizar todos sus recursos en combatir a los grupos armados que protegen los sembrados de mata de coca, pero si los países vecinos son incapaces (o no quieren) atacar fenómenos como el tráfico de armas o la misma salida de la droga por sus fronteras, el esfuerzo no solo es frustrante, sino que puede resultar inútil.
  2. Inteligencia y contrainteligencia: el presidente Santos lo dijo, con toda razón, en Guatemala, la mayor fuerza (y el mayor peligro para los Estados) de las organizaciones narcotraficantes, es su capacidad para infiltrar y cooptar las instituciones del Estado. No es raro, además, que pretendan hacerlo, pues al fin de cuentas, esto les puede garantizar apoyo político, inmunidad judicial y policial e incluso algunos nuevos recursos (¡los públicos!) de los que echar mano. Este es un fenómeno que hemos visto con demasiada frecuencia en Colombia, desde Pablo Escobar en el Congreso, hasta los pactos de la “parapolítica”. Tanto recursos en inteligencia y contrainteligencia son importantes para combatir las infiltraciones, aunque también resulta fundamental:
  3. Un vigoroso sistema de justicia: los criminales se nutren de la debilidad institucional del lugar en donde delinquen. Son agentes del caos y la falta de presencia de un Estado fuerte, o incluso mínimamente funcional, facilita su capacidad de delinquir con impunidad. Esa esta, finalmente, la posibilidad de no pagar por los crímenes cometidos, el mayor incentivo para los narcotraficantes. Un sistema de justicia vigoroso es aquel que, en derecho, funciona eficientemente y además, es lo suficientemente fuerte para resistir la corrupción del dinero de los criminales y sus amenazas.   
  4. Competencia por territorio: finalmente, las bandas de narcotraficantes son, en esencia, mafias, organizaciones criminales estructuradas que buscan incrementar y proteger sus intereses económicos utilizando el dinero ganado en los negocios ilegales o la capacidad de ejercer violencia. Así, la guerra contra las mafias narcotraficantes se termina convirtiendo en una por el control que éstas ejercen en el territorio, donde, además, pretenden reemplazar muchas de las prerrogativas del Estado. Los narcos extorsionan (cobran impuestos), ajustan cuentas (ejercen justicia) e incluso financian obras públicas para mejorar su imagen entre la población. El Estado debe configurarse, a través de una presencia vigorosa y sostenible y de una promoción de la gobernabilidad y la utilización efectiva de los recursos públicos, en una opción viable y atractiva frente a la que representan el dinero y la justicia rápida de los carteles.

 

¿Qué otras lecciones puede enseñar Colombia a los países de Centroamérica? ¿Tiene alguna posibilidad de éxito la Guerra contra las Drogas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Lo que el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua dice sobre la política latinoamericana. 5 realidades.

La semana pasada, la OEA se pronunció respecto al reciente conflicto entre el gobierno costarricense y el gobierno de Nicaragua. El presidente del último, Daniel Ortega, había ordenado a sus tropas ocupar la rivera del río San Juan, limite de los dos países (y por el que mantienen una disputa de soberanía), pero la resolución de la OEA le instaba a replegar a sus hombres y negociar con Laura Chinchilla, la presidenta costarricense.  Ortega, como se puede esperar, no hizo caso e incluso lanzó alucinantes declaraciones diciendo que todo era parte de una conspiración orquestada por Colombia, México, Costa Rica, Panamá y Guatemala para proteger intereses narcotraficantes.

La pelea no tiene mucho de raro, los países latinoamericanos han tenido la tendencia natural de pelearse por las difusas líneas fronterizas de su territorio y de utilizar estas rencillas para distraer al público de los problemas internos, el mal gobierno o la corrupción. Pero ¿qué otras cosas nos dice sobre la política de nuestros países este conflicto?

  • Primero, que ya nadie le hace caso a la OEA, y ¿por qué habrían se hacerlo? El organismo esta desprestigiado, su alcance se ha reducido enormemente, en el caso de algunos países se ha vuelto irrelevante (UNASUR) y le hace falta un líder claro.
  • Segundo, ese líder de la OEA era hasta hace unos años Estados Unidos, pero parece que los estadounidenses han perdido todo interés en las relaciones con sus vecinos del sur, concentrados en sus problemas internos y en conflictos internacionales más apremiantes.
  • Tercero, que la política interna sigue dictando la externa. Es decir, que los gobiernos utilizan las relaciones internacionales de sus países para distraer, contentar o contener a sus ciudadanos, en claro detrimento, por supuesto, de su política exterior.
  • Cuarto, que existe un vacío de poder en Centro América, con México debilitado por su lucha contra los carteles, la OEA desprestigiada y Estados Unidos mirándose el ombligo, los países centroamericanos están más solos que nunca en la resolución de sus conflictos.
  • Y quinto, que curiosamente Ortega nombró como parte de los países que apoyaban el narcotráfico lo que más esfuerzos hacen para combatirlo, en un intento claro por buscar la polarización que tantos réditos le han generado a otros gobernantes latinoamericanos, como a su aliado venezolano.

¿Cómo cree que evolucionará este conflicto? ¿Negociarán entre ellos? ¿Intervendrá un tercero? Cuénteme lo que piensa, comente.


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