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El futuro de Afganistán.

De cómo el país ganará en estabilidad, pero perderá en DDHH y desarrollo en los próximos meses.

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y el Secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, han confirmado en los últimos días que tanto el gobierno afgano, como las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos, adelantan conversaciones preliminares con la insurgencia talibán, que desde su resurgir en 2003, tiene en jaque al país asiático.

El esfuerzo busca que Afganistán gane algo de estabilidad antes de que las fuerzas aliadas se retiren totalmente en 2014 e incluso, antes de que empiece la reducción de su presencia en algunas zonas del país, en apenas unas semanas.

Sin embargo, las negociaciones con los talibanes implicarían que estos exijan concesiones para volver a la vida civil. Estas necesariamente pasarían por recuperar algunas de sus antiguas normas y ocupar cargos dentro del ejecutivo y legislativo afganos.

De esta forma, la llegada de los talibanes al gobierno y la retirada de las fuerzas internacionales amenazarían los tibios logros en materia de desarrollo económico y protección de los derechos humanos en el país.

La economía afgana, según un reciente informe del Congreso de Estados Unidos, se constituye en un 95% por la ayuda internacional y, como lo demuestra el caso del Irak de la posguerra (que pasó de recibir más de 9 mi millones de dólares anuales en 2008 a menos de 3 mil millones en 2009), la reducción de los recursos que entran actualmente al país son inevitables. Las consecuencias para la anémica economía afgana, en todo caso, serán previsiblemente catastróficos.

Todo esto repercute en el deterioro de la situación social del país y de la popularidad del gobierno de Karzai en su conjunto. En la intrincada y compleja red de lealtades, tribus y clanes que se encuentran en todo Afganistán, esta pérdida de poder del gobierno central puede llevar a que los insurgentes talibanes ganen mayor influencia dentro de las estructuras regionales. Y con un presidente débil, la posibilidad de ganar mayores concesiones dentro del régimen político aumentarán.

Los extremistas serán más fuertes e intentarán imponer su agenda sobre la sociedad afgana.

Lo que quiero decir es que Afganistán, luego de la salida de las tropas aliadas y del final de los grandes flujos de ayuda económica, podría volver a lugares similares a los anteriores a la invasión de 2001. Las consecuencias en términos de respeto de los derechos humanos, desarrollo económico y el mejoramiento de la calidad de vida de los afganos en general serían catastróficas. Durante el régimen Talibán, las normas de conducta podían ser tan ridículas (la prohibición de las cometas), como terribles (prohibir a las mujeres trabajar, estudiar o salir de sus casas sin un hombre que las acompañara). Ellas, las afganas, serían las más afectadas con el regreso al poder del Talibán.

¿Qué deben buscar Estados Unidos y el gobierno afgano en su negociación con los talibanes? ¿Hay una manera de reincorporarlos en la vida civil sin que trastornen a la sociedad y política del país? ¿Es la negociación siempre la mejor salida de un conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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África en llamas.

Lo que estaba pasando mientras mirábamos las revueltas de Medio Oriente y el terremoto de Japón.

La semana pasada ha sido uno de los momentos más movidos de noticias en la historia reciente, tanto, que eventos que en otras circunstancias habrían resultado de primera plana, se perdieron entre los reportes de los bombardeos aliados en Libia (junto con el recrudecimiento de las protestas en Yemen y Siria) y los temores de un desastre nuclear en la planta japonesa de Fukushima. Uno de ellos, y quizás el más importante por los desafíos y peligros que entraña, es la guerra civil a la que ha descendido el pequeño país africano de Costa de Marfil.

Todo empezó luego de que en las disputadas elecciones presidenciales de noviembre del año pasado, el presidente Laurent Gbagbo desconociera los resultados de su derrota frente a su rival, Alassane Ouattara, reeligiéndose, luego de diez años en el poder. La comunidad internacional (la ONU y la Unión Africana de Naciones) reconocieron a Ouattara como el verdadero ganador, pero los jefes militares locales apoyaron la fraudulenta victoria de Gbagbo, que se negó a ceder a las presiones externas. Ambos presidentes (el legitimo y el de de facto) reunieron entonces bandas armadas y dieron inicio a enfrentamientos por controlar el país. Avances, retrocesos y denuncias de violaciones de DDHH y al DIH siguieron, mientras el mundo seguía pendiente de las crisis en Egipto y Libia.

Todo esto ha pasado relativamente desapercibido gracias en parte a los acontecimientos de Medio Oriente, donde la ola de revueltas ha mantenido la atención internacional por semanas, dados los importantes intereses en juego. Costa de Marfil sin embargo, resulta de poco valor o importancia estratégica para ninguna de las potencias y por eso su conflicto solo ha logrado preocupar a los compradores de cacao, principal exportación de la pequeña nación africana.

Mientras, los combates siguen cobrando victimas civiles. Se estiman que más de un millón de personas han sido desplazadas, unas cien mil de ellas fuera del país, y abundan los reportes de ataques por parte de los milicianos a los pobladores. Los temores porque se repitan atrocidades como las de Ruanda abundan y periodistas, diplomáticos y miembros de ONG’s, claman porque las sanciones que ya impuso el Consejo de Seguridad se amplíen.

Ahora bien, si alguna vez hubo un caso claro para la intervención humanitaria internacional (incluso más que Libia) es Costa de Marfil. Pues todo lo que puede salir mal se reúne en la crisis del país africano. Primero, una nación que ha sufrido anteriormente de violencia étnica y partidista, donde dos lideres con un poder militar similar se disputan el control territorial y rodeada además de otros países con iguales antecedentes de guerra civil e inestabilidad política. Las perspectivas para costa de Marfil no son buenas y el hecho de que el mundo parezca ignorar esta crisis empeora todo. Así pues, como en Libia, el Consejo de Seguridad de la ONU debe ordenar una intervención en orden de proteger la vida y los derechos humanos de los civiles, pues a falta de la capacidad o disposición por parte de sus líderes de hacerlo, esta responsabilidad recae en todos los gobiernos del planeta.

¿Cree que la intervención humanitaria es necesaria en el caso de Costa de Marfil? ¿Puede detener los abusos a los DDHH? Cuénteme lo que piensa, comente.

Tiranía (3 de 3): de cómo el 2011 será menos democrático.

El año 2011 parece empezar bastante mal para la democracia en varios países del mundo: autoritarismo, coerción, recorte de libertades, corrupción y manipulación de los sistemas electorales. A continuación, tres entregas que revisan algunas perspectivas de estos fenómenos en el mundo. Primero intentando dar claridad a qué es un régimen democrático (El ideal democrático), luego identificando los métodos mediante los cuales se manipula y utiliza el prestigio democrático (La democracia como apariencia) y finalmente, revisando algunos eventos puntuales (De cómo el 2011 será menos democrático).

De cómo el 2011 será menos democrático:

Ya hablé de Chávez en el artículo anterior de esta serie, de la forma como su gobierno ataca a las instituciones democráticas venezolanas utilizándolos a ellas mismas para el trabajo sucio. Ahora bien, por más preocupante que estas prácticas puedan ser, un incidente ocurrido hace unos meses parece indicar una posibilidad aún más perjudicial para el futuro de Venezuela que otra reelección del presidente. Así, enfrentado contra la posibilidad de que el chavismo fuera vencido en 2012, un general del ejército venezolano aseguró que las fuerzas armadas no permitirían un gobierno de la actual oposición. Chávez, antes que desmentir la amenaza dictatorial, lo ascendió.

Pero la ‘erosión de la democracia’, como la llama el informe del Índice de Democracia 2010 de la revista The Economist, es un fenómeno mucho más generalizado y que no se limita a los autócratas tropicales como Chávez. El 2010 también vio como el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, se reelegía por cuarta ocasión consecutiva (gobierno desde 1994), entre las acusaciones de fraude de la oposición y la agresión de las fuerzas de seguridad (constituidas y apadrinadas por Lukasehnko) hacia los manifestantes que protestaban el resultado de la elección. El bielorruso, considerado como ‘el último dictador de Europa’, ha constituido en su país un sistema cuasi soviético, donde los medios de comunicación y casi el 80% de la industria es estatal, donde se persigue y aplasta el disenso y se celebran elecciones arregladas cada cuatro años intentando ganar la aprobación de EEUU y la UE para ayuda económica.

Rusia, por otro lado, tampoco mejora. Desde la caída de la URSS, los rusos han luchado con su débil democracia contra el autoritarismo y la plutocracia. Sin embargo, parecía que durante los 90 no encontraban un sistema que pudiera satisfacer a las clases dirigentes, a los políticos e incluso a los nostálgicos del socialismo. Vladimir Putin configuró este nuevo orden desde que ascendió al poder a finales de los noventa, conformando una tripleta oligarquía-plutócratas-gobierno que, no hace falta decirlo, no se comporta muy democráticamente. Recientemente, por ejemplo, un rico industrial y petrolero decidió aislarse de la cámara clientelar y corrupta del gobierno, recibiendo por esto una acusación y condena de la justicia rusa. La condena despertó el rechazo mundial, a lo que el juez ruso respondió aumentando la pena que el petrolero tendrá que pagar en al cárcel.

Así, Putin, del que algunos analistas internacionales guardaban esperanzas de que llevara algo de justicia al difícil sistema ruso cuando accedió al poder, ha decidido finalmente que el camino de su país no es el de la democracia.

Pero los ejemplo, sobran. En Irán se restablecen los procesos judiciales contra miembros de la oposición, leyes de control de los medios de comunicación pasan en Ucrania y otros países de Europa Central, los autócratas de Medio Oriente y el África sub sahárica mantienen indemne su poder y la muralla informática china contra la información pro occidental y democrática en internet parece funcionar mejor de lo que todos habrían pensado.

La democracia retrocede en 2011, lo que hace parte de una tendencia que empezó hace unos años y que la crisis financiera de 2008 sólo ayudó a impulsar. Autócratas y fundamentalistas amenazan lo que se ha ganado con tanta dificultad en las últimas dos décadas en términos de participación política, libertades individuales y, en general, derechos humanos.

¿Cómo se puede corregir la tendencia anti-democrática? ¿De quién es la responsabilidad? ¿La clase gobernante? ¿La ciudadanía?  Cuénteme lo que piensa, comente.

Tiranía (2 de 3): la democracia como apariencia.

El año 2011 parece empezar bastante mal para la democracia en varios países del mundo: autoritarismo, coerción, recorte de libertades, corrupción y manipulación de los sistemas electorales. A continuación, tres entregas que revisan algunas perspectivas de estos fenómenos en el mundo. Primero intentando dar claridad a qué es un régimen democrático (El ideal democrático), luego identificando los métodos mediante los cuales se manipula y utiliza el prestigio democrático (La democracia como apariencia) y finalmente, revisando algunos eventos puntuales (De cómo el 2011 será menos democrático).

La democracia como apariencia:

Anteriormente veíamos qué condiciones necesitaba un régimen político para ser considerado una democracia (incluso parcialmente). Mejor dicho, decía que una democracia no puede ser solo unas elecciones de cuando en cuando, tiene que tener sustancia. Sin embargo, muchos gobiernos alrededor del mundo se hacen llamar democracias mientras se comportan autoritariamente ¿por qué entonces, no ser abiertamente dictatorial? Muy sencillo, decirse democrático procura legitimidad a un régimen interna y externamente.

Lo anterior es algo que los autoritarios de este mundo saben muy bien. No hace falta decir que si se le interrogara al respecto, ningún líder político diría que no es un demócrata. Decirlo, pretenderlo, les da un poco de la legitimidad democrática que puede resultar tan beneficiosa. Todo esto, sin embargo, mientras aprietan las tuercas sobre sus ciudadanos, censurando medios, corrompiendo elecciones, debilitando a la oposición o simplemente eternizándose en el poder.

Así pues, los líderes autoritarios pueden utilizar principalmente dos formas de manipular la legitimidad de la democracia para mantenerse en el poder. La primera es intervenir directamente en el sistema, aumentando su poder mientras atacan el de sus enemigos, siendo, en cierta forma, abiertamente anti democráticos, pero intentando por todos los medios que sus acciones no se manchen por tal apelativo. Es el caso, por ejemplo, de cuando hace unas semanas el presidente venezolano, Hugo Chávez (nuestro Nuevo mejor amigo), llamó a sus diputados en la Asamblea Nacional a “triturar” a la oposición, que en 2010 por fin ganó suficientes escaños para constituirse como un verdadero obstáculo al gobierno chavista.

La segunda manera en la que los autócratas contemporáneos manipulan los supuestos valores democráticos, es la de utilizar el sistema para que se ataque a si mismo. Mejor dicho, hacer que mediante los mecanismos democráticos se aprueben normas o poderes anti democráticos. Chávez, de nuevo, es un maestro en este tipo de cosas. Así, en el mes de diciembre de 2010, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una veintena de leyes en tiempo record, aprovechando su mayoría absoluta antes de que la nueva asamblea se posesione. La más importante de las leyes aprobadas fue la ‘Ley habilitante’, que otorga poder de legislar por decreto al presidente venezolano por 18 meses. Curiosamente, esos 18 meses coinciden con la llegada de la nueva asamblea y con el tiempo que queda para las próximas elecciones presidenciales (a las que Chávez por supuesto se presentará).

¿De qué otra manera se puede manipular la democracia? ¿Qué formas existen para evitarlo? ¿Le parece que Venezuela recorre el camino hacia una dictadura? Cuénteme lo que piensa, comente.

Tiranía (1 de 3): el ideal democrático.

El año 2011 parece empezar bastante mal para la democracia en varios países del mundo: autoritarismo, coerción, recorte de libertades, corrupción y manipulación de los sistemas electorales. A continuación, tres entregas que revisan algunas perspectivas de estos fenómenos en el mundo. Primero intentando dar claridad a qué es un régimen democrático (El ideal democrático), luego identificando los métodos mediante los cuales se manipula y utiliza el prestigio democrático (La democracia como apariencia) y finalmente, revisando algunos eventos puntuales (De cómo el 2011 será menos democrático).

El ideal democrático:

Tratar de defender la democracia como el mejor sistema de gobierno posible para los hombres parece algo innecesario. Podríamos pensar que existe un consenso universal respecto a lo que un ideal democrático puede traer a una sociedad y porqué debería ser su preocupación conservarlo. Sin embargo, en temas importantes nunca hay redundancias, de la misma forma, pareciera que con la popularización del término y su aceptación como un ‘bien universal’, el ideal democrático ha sido tergiversado y manipulado para cubrir con su legitimidad a autócratas y dictadores en todos los rincones del planeta.

La claridad, entonces, es más necesaria que nunca.

Así pues,  ¿cómo podemos distinguir entre una democracia real y una ficticia? Robert Dahl, politólogo norteamericano, sostiene que un sistema democrático efectivo debe contar con ciertas instituciones específicas:

1.       Cargos públicos electos: la idea es la representatividad del sistema político, usted elige a las personas que se desempeñarán en el gobierno, directa (votando por ellos) o indirectamente (votando por quienes los eligen).

2.       Elecciones libres, imparciales y frecuentes: no existe una interferencia importante en las decisiones políticas tomadas en las elecciones, que además se celebran en tiempos establecidos y en donde hay libertad y neutralidad por parte de quienes están en el poder.

3.       Libertad de expresión: usted tiene derecho a expresarse libremente sobre cualquier tema, ni intimidación, ni censura, nada debe interferir entre usted y su posibilidad de decir o pensar cualquier cosa sobre lo que quiera.

4.       Acceso a fuentes alternativas de información: el canal institucional no puede ser su única posibilidad de informarse, una democracia debe contar con suficientes y variados medios de comunicación.

5.       Autonomía de asociaciones: usted puede formar asociaciones que promuevan sus intereses libremente, sin importar el tinte político o social de las mismas.

6.       Ciudadanía inclusiva: obviamente, ninguna persona puede ser privada de la participación en las instituciones que detallé arriba. Igualdad política respecto a lo que se hace dentro del sistema. Todos podemos votar, ser electos y criticar.

Por supuesto que lo que se plantea es un ideal y ninguna democracia cumple estas condiciones totalmente, sin embargo, existe también una gran distancia entre los sistemas que protegen y promueven estas instituciones y aquellos que las atacan. Con la claridad de saber qué condiciones debería cumplir una democracia (al menos para Dahl) es más fácil identificar en qué países ésta se encuentra amenazada.

¿Qué otras instituciones debe tener una democracia, aparte de las que dice Robert Dahl? ¿Qué países cree que no las respetan? ¿Cuáles si? Cuénteme lo que piensa, comente.


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