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Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

Egipto

Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

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Las guerras de 2013

guerra siria

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre los conflictos armados en desarrollo

Los últimos días han presenciado importantes cambios en las guerras que se pelean actualmente en el mundo, de igual manera, Vision of Humanity presentó su informe anual de paz; este parece un momento oportuno para evaluar los principales conflictos armados de 2013. Por un lado, Estados Unidos ha decidido empezar a enviar armas a los rebeldes sirios en el conflicto que los enfrenta al gobierno de Bashar al-Assad que ya suma unas noventa mil muertes y las fuerzas de paz de la ONU han recibido carta blanca para luchar por el gobierno en la guerra del Congo. En efecto, revisamos los conflictos que involucran la lucha entre dos o más actores (en los que por lo menos uno de ellos es el Estado) y que registraron más de mil muertes en un año.

  • Conflicto armado en Birmania. Año de inicio: 1948. Beligerantes: Gobierno birmano Vs. Rebeldes comunistas y provinciales (MNDAA, ALP-ALA, KIO.KIa, entre otros). Causas: diferencias étnicas, descontento político y separatismo. Muertes civiles y militares en 2012: 1.900. Muertes de todo el conflicto: 210.000. Financiación: tráfico de opio y apoyo extranjero. Puesto en el Global Peace Index: 140 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Conflicto armado en Colombia. Año de inicio: 1964. Beligerantes: Gobierno colombiano Vs. Grupos insurgentes y criminales (Farc, Eln, bacrim, entre otros). Causas: descontento político, abandono estatal y conflicto de tierras. Muertes civiles y militares en 2012: 1.500. Muertes de todo el conflicto: 150.000-200.000. Financiación: tráfico de estupefacientes y otras economías criminales. Puesto en el Global Peace Index: 147 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra en Afganistán. Año de inicio: 1978-2001. Beligerantes: Gobierno afgano y OTAN Vs. Insurgencia talibán. Causas: diferencias étnicas, conflicto civil, terrorismo y cambio de régimen. Muertes civiles y militares en 2012: 5.100. Muertes de todo el conflicto: 600.000-2.000.000. Financiación: tráfico de opio y apoyo extranjero. Puesto en el Global Peace Index: 162 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra civil en Somalia. Año de inicio: 1991-2009. Beligerantes: Gobierno afgano y apoyo internacional Vs. Insurgencia y grupos terroristas (Al-Shabbab, milicias locales, entre otros). Causas: falla estatal, conflicto civil, étnico y tribal, intervención extranjera. Muertes civiles y militares en 2012: 4.100. Muertes de todo el conflicto: 300.000-400.000. Financiación: pillaje, secuestro y piratería, apoyo internacional. Puesto en el Global Peace Index: 161 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra civil en Irak. Año de inicio: 2003. Beligerantes: Gobierno iraquí y apoyo internacional Vs. Insurgencia y grupos terroristas (Al-Qaeda, milicias locales, entre otros). Causas: falla estatal, conflicto civil, étnico y tribal, intervención extranjera. Muertes civiles y militares en 2012: 5.500. Muertes de todo el conflicto: 100.000-1.200.000. Financiación: apoyo internacional. Puesto en el Global Peace Index: 152 de 162. Fuentes de información: The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra en Pakistán. Año de inicio: 2004. Beligerantes: Gobierno pakistaní y apoyo internacional Vs. Grupos terroristas y milicias locales (Al-Qaeda, talibanes, entre otros). Causas: conflicto étnico y religioso e intervención extranjera. Muertes de civiles y militares en 2012: 9.200. Muertes de todo el conflicto: 38.800. Financiación: tráfico de opio y apoyo internacional. Puesto en el Global Peace Index: 157 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra contra el narcotráfico en México. Año de inicio: 2006. Beligerantes: Gobierno mexicano Vs. Organizaciones narcotraficantes. Causas: tráfico de estupefacientes. Muertes de civiles y militares en 2012: 25.400. Muertes de todo el conflicto: 60.420. Financiación: tráfico de estupefacientes y otras economías criminales. Puesto en el Global Peace Index: 133 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra tribal en Sudán. Año de inicio: 2009. Beligerantes: Sudán del Norte Vs. Sudán del Sur y organizaciones insurgentes. Causas: conflicto étnico, escases de recursos. Muertes de civiles y militares en 2012: 2.900. Muertes de todo el conflicto: 10.000-12.000. Financiación: apoyo internacional, pillaje. Puesto en el Global Peace Index: 158 de 162 y 143 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra civil en Siria. Año de inicio: 2011. Beligerantes: Gobierno sirio Vs. Organizaciones insurgentes. Causas: conflicto étnico-religioso, conflicto civil. Muertes de civiles y militares en 2012: 72.200. Muerte de todo el conflicto: 93.000-120.000. Financiación: apoyo extranjero. Puesto en el Global Peace Index: 160 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.

¿Es la guerra una inevitable compañera de la historia humana? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Radiografía de un Estado Fallido

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre las características del colapso gubernamental

La más reciente edición de la revista Foreign Policy se dedica al análisis de los llamados ‘Estados Fallidos’ y la presentación del ranking que cada año construye en asocio con The Fund for Peace que determina la insuficiencia estatal en 177 países del mundo.

En términos generales, se entiende por Estado Fallido aquel que es incapaz de proveer a su población y sobre su territorio los más básicos servicios públicos. En esencia, la falencia estatal se configura cuando el Estado no tiene el monopolio legítimo de la fuerza, es incapaz de proveer justicia y cobrar impuestos y no proporciona servicios públicos básicos efectivamente a su población.

Por supuesto, las definiciones pueden varias según se entienda el término ‘Estado’. Pero en general, se sigue una definición weberiana, en tanto se entiende al Estado como el ente que controla el monopolio de la violencia dentro de un territorio. De esta manera, un Estado puede fallar cuando es incapaz de controlar todo su territorio efectivamente o cuando se le presentan competidores lo suficientemente fuertes o numerosos para evitar que lo haga.

Ahora bien, ¿por qué falla un Estado? La misma edición de Foreign Policy de la que hablo trae algunas luces. Recojo entonces tres explicaciones preliminares, una institucional, otra geográfica y una última sociopolítica.

  1. Instituciones y Estados Fallidos: una sociedad se desarrolla a partir de una serie de normas formales e informales de comportamiento colectivo que determinan las dinámicas de sus actores. Estas normas son instituciones encargadas de regular las relaciones sociales, económicas y políticas dentro de una sociedad. Según los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, los estados fallan cuando su comportamiento está regulado por instituciones económicas extractivas que acaban con los incentivos, desalientan la innovación, creando un juego económico desigual y facilitando la apropiación desigual de recursos. de acuerdo con Acemoglu y Robinson estas instituciones extractivas son: (1) falta de derechos de propiedad, (2) mano de obra forzada, (3) desigualdad de oportunidades, (4) corrupción de las élites, (5) bloqueo al desarrollo tecnológico, (6) falta de ley y orden, (7) gobierno central débil, (8) servicios públicos e infraestructura deficiente, (9) explotación política y (10) saqueo de recursos sistemático.
  2. Geografía y Estados Fallidos: esta explicación se centra en la incidencia de la geopolítica sobre los destinos de las naciones y los Estados sobre las que éstas se sustentan. La geopolítica, en su acepción más convencional, estudia la distribución del poder determinado por la geografía, particularmente la física. Según esta perspectiva, un Estado Fallido se encuentra destinado en gran medida por su geografía a las dificultades de gobernar su propio territorio efectivamente. Dos ejemplos paradigmáticos son el de Afganistán y Pakistán, que rankean de 6 y 13 en el Índice de este año y han permanecido en los más bajos puestos desde que se realiza este ejercicio. El accidentado territorio de ambas naciones, junto con su posición central en Asia y adyacente a las zonas de influencia de grades potencias regionales y globales parecen condenarlas a la inestabilidad. Por lo menos esto sostiene Robert Kaplan sobre Pakistán. La geopolítica también puede explicar los problemas de otra docena de Estados con problemas de inestabilidad y debilidad institucional, al identificar otros lugares de la geografía mundial que por su importancia económica o estratégica han tenido que enfrentar serios desafíos a la hora de establecer una gobernabilidad efectiva sobre su territorio.
  3. Escenario sociopolítico y Estados Fallidos: una última manera de entender el fracaso de los Estados la provee el mismo compendio de estadísticas y análisis que compone el Índice de Estados Fallidos de Foreign Policy y The Fund for Peace. En efecto, la lista de circunstancias o indicadores sociales, políticos y económicos utilizado para construir el Índice resulta bastante explicativa por si mismo de las condiciones en las que un Estado es más proclive a fallar. A saber: (1) presiones demográficas, (2) refugiados y población desplazada forzosamente, (3) descontento grupal, (4) migración exterior y fuga de cerebros, (5) desigualdad en el desarrollo económico, (6) pobreza y deterioro económico, (7) legitimidad estatal, (8) servicios públicos, (9) derechos humanos y Estado de Derecho, (10) aparato de seguridad, (11) fraccionamiento de las élites e (12) intervención externa.

Fuente: Failed States Index – The Fund for Peace

El gráfico anterior muestra el comportamiento de Colombia en el Índice desde su creación en 2005. Los avances en seguridad y gobernabilidad le han permitido un visible mejoramiento de su posición en los últimos años. También pueden ver algunas cifras de Estados Fallidos y los peores en fotos.

¿Qué otros elementos configuran un Estado Fallido? ¿Qué tan claro o útil es este concepto para analizar el panorama internacional? Cuénteme lo que piensa, comente.

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¿El tiempo de la responsabilidad?

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre porqué la intervención en Siria sigue siendo una lejana posibilidad

El pasado viernes 27 de mayo, en la localidad siria de Houla, más de cien personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad del presidente Bashar al-Assad. Según reportes de la ONU, 49 de las víctimas eran niños, la mayoría menores de diez años. La masacre de Houla ha sido la más reciente de las acciones violentas de la guerra civil que enfrenta al gobierno sirio en contra de las fuerzas rebeldes y manifestantes ciudadanos que por más de dieciocho meses se enfrentan en las calles de las ciudades y los poblados del país árabe.

La respuesta internacional no se hizo esperar y horas después de conocerse las atrocidades de Houla, varios países expulsaron a las delegaciones sirias de su territorio. Los llamados para fortalecer las acciones contra el régimen de al-Assad, incluso para realizar una intervención militar en toda regla se incrementaron. Sin embargo, las condiciones para esta segunda posibilidad, la de aplicar la doctrina de Responsabilidad de Proteger, como en el caso de Libia, e iniciar una campaña en contra de las fuerzas sirias para detener la matanza parece improbable.

Una acción cómo esta necesita del apoyo público y la voluntad política nacional e internacional, además de los medios militares necesarios.

Por supuesto, el apoyo público dentro de Estados Unidos a una intervención armada en Siria es excesivamente bajo y deja prever que Barack Obama no tendrá intención alguna de hacer ese sacrificio político con unas elecciones presidenciales tan reñidas a final de año. Así, una encuesta realizada por Fox News a mediados de marzo mostraba que mientras el 82% de los estadounidenses apoyaba el envío de ayuda humanitaria a los sirios, solo el 37% estaba de acuerdo con proveer apoyo aéreo a las fuerzas rebeldes y apenas el 14% a la utilización de tropas en el suelo del país asiático.

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Este escenario es importante porque, a pesar de las pretensiones que puedan tener otros países pertenecientes a la OTAN, solo Estados Unidos cuenta con la capacidad real de proyectar poder militar y realizar operaciones en Siria a gran escala y con posibilidades de éxito. Mejor dicho, que sin las fuerzas armadas estadounidenses, cualquier intervención contra Siria sería o muy costosa o simplemente imposible para los europeos.

Espero no se me entienda mal, nada quisiera más que ver a los aviones de la OTAN volando sobre las torretas de los tanques de guerra y piezas de artillería de al-Assad que amenazan las vidas de los ciudadanos sirios; ojalá pudieran las potencias Occidentales no negarles a los sirios lo que no negaron a los libios. Pero las cosas no se ven fáciles. Ni el apoyo público, ni la voluntad política para una intervención armada parecen existir dentro de Estados Unidos y los países europeos.

Y claro, todo esto sin siquiera contar con el otro gran obstáculo, el rechazo cómplice y firme de Rusia y China a una acción armada de la OTAN en Siria. Los europeos intentan disuadir al presidente ruso Vladimir Putin de su defensa de al-Assad, pero los rusos no tienen ninguna intervención de cometer el mismo error que cometieron en Libia, mucho menos crear un nuevo precedente sobre la relativización de la soberanía nacional en el caso de una represión estatal sobre los ciudadanos de un país. Putin sabe que eso puede ser incómodo para su régimen en el futuro. Sin el apoyo o por lo menos la complacencia se Rusia y China, ninguna acción armada sobre Siria tendrá la legalidad del Consejo de Seguridad de la ONU y por tanto supondrá un riesgo enorme para quién sea que quiera emprenderla.

Todo lo anterior, sin contar con las dificultades logísticas, políticas, militares y sociales de la intervención. La lucha dentro de Siria no es tan sencilla como la de un pueblo oprimido contra un dictador desalmado. Las complejidades incluyen asuntos étnicos, dependencias económicas y revanchismos.

¿Qué debe hacer la comunidad internacional en Siria? ¿Intervenir u observar? ¿Existe un punto medio lo suficientemente eficaz? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Ni con el pétalo

Ni con el pétalo: el mapa detalla los resultados de encuestas sobre la opinión de las mujeres de varios países respecto a la violencia de los hombres hacia sus compañeras sentimentales. Fuente: Childinfo.org

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Reformas necesarias

Fuente: nacionesunidas.org.co

Sobre la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene como misión mantener la paz y seguridad mundial, una tarea difícil, por supuesto, pero fundamental bajo el nuevo orden establecido luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la forma como fue diseñado le impide actuar en la mayoría de los casos importantes y esto ha supuesto no solo el desprestigio de su función, sino el crecimiento del escepticismo frente a la misión fundamental del Consejo y de la misma ONU: la prevención de la guerra y la protección de los derechos humanos.

El más reciente de estos casos de negligente inactividad es el de Siria. Pues en las ultima semanas, las protestas que han sacudido al país por casi un año se han transformado peligrosamente en los momentos previos de una guerra civil. Bashar al-Assad, el presidente sirio, ha mantenido una campaña de represión que ha cobrado, según estimativos conservadores, miles de vidas.

El día sábado, un grupo de países, encabezado por Estados Unidos y sus aliados, incluyendo el apoyo legitimador de la Liga Árabe, presentó una propuesta de resolución al Concejo de Seguridad en donde se instaba firmemente a al-Assad a dejar de matar a su gente, a permitir las demostraciones pacificas y a dejar entrar a los representantes de las agencias internacionales y humanitarias a su país.

La propuesta no fue aprobada sin embargo, porque Rusia y China la vetaron. No es que hayan votado en contra, sino que utilizaron su poder de impedir que una iniciativa sea siquiera votada. Los países comparten esta capacidad junto a los otros tres miembros permanentes del Concejo de Seguridad, Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Este mecanismo, ideado luego de la Segunda Guerra Mundial para que los vencedores pudieran impedir que nada que los incomodara demasiado se ordenara desde el concejo, se ha convertido en una manera de que nada, absolutamente nada, se haga en la mayoría de las situaciones más complejas y urgentes del planeta.

El apoyo de Rusia y China por el régimen sirio puede tener dos explicaciones, que no son, por supuesto, excluyentes. La primera es un interés económico, particularmente, por la compra de armas que al-Assad hace regularmente a las dos potencias (es con esas mismas armas, claro está, con que el dictador sirio masacra a su gente). La segunda razón es geopolítica y hiede a las dinámicas propias de la Guerra Fría, cuando Rusia defendía sus intereses contra Occidente.

Pero algo incluso más importante que la desastrosa decisión y sus implicaciones para el futuro de los sirios, trae este último desatino del Consejo de Seguridad. Pues todo esto nos confirma que si la ONU desea mantener su relevancia en los asuntos globales, tiene que emprender una serie de reformas pendientes desde hace años. La principal: reemplazar al Consejo de Seguridad por la Asamblea General como máxima instancia del organismo o por lo menos,  la derogación del derecho de veto y la ampliación de los miembros permanentes.

Estas no son reformas fáciles de emprender y es poco probable que las veamos discutiendo dentro de la ONU en el futuro cercano, sin embargo, son necesarias, fundamentales si se quiere, para la relevancia, pertinencia e incluso supervivencia de las Naciones Unidas.

¿Se debe intervenir en siria? ¿Funciona el sistema actual del Consejo de Seguridad? ¿Cómo debería reformarse? Cuénteme lo que piensa, comente.

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De protestas a Guerra Civil

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el aumento  de la violencia en Siria

Con cada día que pasa y mientras las calles de Damasco , Hama y Homs se cubren de sangre, las protestas del pueblo sirio que piden la dimisión del régimen de Bashar al-Assad se han tornado, ante la brutal represión del gobierno, de una violencia que hace temer una guerra civil en este país de Medio Oriente.

En efecto, las últimas semanas han visto el enfrentamiento entre facciones armadas, desertores del ejército y las fuerzas de al-Assad en más de una docena de ciudades y pueblos sirios, incluyendo los suburbios de la capital. Los meses anteriores habían visto como una desorganizada y heterogénea oposición organizaba espontaneas protestas y demostraciones. Ahora, sin embargo, cuentan con un nombre y una facción armada, el “Ejército sirio libre”. Así, las fuerzas de al-Assad no solo reprimen a los manifestantes, sino que se enfrentan en la actualidad a antiguos soldados que se han unido a la oposición y que empiezan librar batallas por ganar posiciones en diferentes partes del país.

Preocupados por la situación, los líderes del mundo árabe (menos Irán, por supuesto) y Occidente han instado al régimen de al-Assad a hacerse a un lado, abandonar la represión violenta y permitir las manifestaciones pacificas de los sirios. El problema es que en Siria, como lo que suele pasar, hay muchas cosas más en juego aparte del porvenir del país: el futuro geopolítico de Medio Oriente y la intrincada red de alianzas en la región.

Así pues, los rusos, aliados del régimen de al-Assad, han hecho expreso su rechazo a cualquier intentona de la comunidad internacional (en este caso del Concejo de Seguridad de la ONU) de imponer sanciones o atacar en cualquier modo a la dictadura siria. El Concejo se reunió sin embargo el día de ayer, buscando aprobar una resolución que exhorte al presidente sirio a dejar el poder.  Los países árabes, en representación de la Liga Árabe, han defendido una resolución de este tipo, pero que en ningún caso lleve a una intervención militar extranjera. Estados Unidos y Gran Bretaña se unieron a ese llamado. Francia se mostró exceptiva frente a la utilidad de una resolución tan “débil”, pero aún así la apoya.

Pero gracias al deficiente sistema ideado para el Concejo de Seguridad, Rusia puede vetar cualquier resolución (al igual que cualquiera de los otros cuatro miembros permanentes, a saber, EEUU, Francia, Gran Bretaña y China). Aún así, el hecho de que se estén discutiendo en el seno del más importante organismo internacional la situación en Siria y por supuesto, que gran parte de la comunidad internacional (incluyendo una porción importante del Mundo Árabe) condene las actuaciones de Bashar al-Assad, implica un golpe para el tirano sirio y una victoria, aunque sea moral, para la oposición.

¿Qué va a pasar en Siria? ¿Ganará al-Assad? ¿Lo hará la oposición? ¿Intervendrá más activamente la comunidad internacional? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Aventuras africanas y la nueva “Doctrina Obama”

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre la decisión de Barack Obama de enviar tropas a África Central y de apoyar la nueva guerra en el cuerno de África

El pasado 14 de octubre el presidente estadounidense Barack Obama autorizó el de cien especialistas militares de su país en Uganda, donde ayudarán al gobierno en su larga lucha contra el grupo miliciano Ejército de Resistencia del Señor (LRA en inglés). Las tropas asesorarán y brindarán apoyo al ejército ugandés, pero no entrarán en combate a menos que se vean obligados en defensa propia.

El LRA es un grupo miliciano que actúa en el África central, responsable por miles de muertes y docenas de secuestros en la zona. Nacido a finales de los años ochenta y comandado por Joseph Kony, un autoproclamado profeta que en nombre de su misión de llevar los diez mandamientos a las leyes de Uganda, los hombres del LRA han mutilado y asesinado a cientos de campesinos en Uganda, Sudán del sur, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

El anunció de Obama ha provocado reacciones mixtas. Los críticos, señalan que luchar contra el LRA no representa una prioridad para la seguridad nacional estadounidense y supone un abuso a los atributos presidenciales para decidir en dónde y cuándo utiliza al ejército de su país. Para los opositores de la misión en Uganda, Obama no solo excede sus poderes como presidente, sino que se ha sostenido de la doctrina de “Responsabilidad de Proteger” para lanzar toda una nueva política exterior intervencionista de los Estados Unidos.

Por otro lado, quienes apoyan la intervención en contra del LRA, sostienen que la administración Obama está buscando mejorar las condiciones de violencia armada y respeto de los Derechos Humanos en los países de sus aliados africanos como una estrategia para mejorar la estabilidad de la región.  Sin embargo, también defienden la posición moral de enfrentar y derrotar a una sanguinaria  milicia que ha traído muerte y destrucción a una región por lo demás destrozada por la pobreza y la enfermedad. Luchas contra el LRA no debe verse como un asunto estratégico, sino como uno de carácter humanitario.

Pero otro anuncio de días pasados ha ayudado a la construcción de los que muchos están llamando la “Doctrina Obama” (esto es, la aproximación de Barack Obama a los asuntos internacionales): la utilización de aviones no tripulados para apoyar a las tropas kenianas que luchan contra el grupo terrorista Al-Shabab en el sur de Somalia.

Todo empezó cuando hace un par de semanas el gobierno de Kenia anunció una operación de represalia a gran escala contra el grupo terrorista somalí Al-Shabab, filial de Al-Qaeda en el cuerno de África, que había realizado varios secuestros y asesinatos de turistas europeos en los hoteles del norte de Kenia. Poco después, los oficiales estadounidenses develaron que estaban apoyando a las fuerzas kenianas en su avance por el sur de Somalia con ataques de precisión sobre la dirigencia de Al-Shabab, utilizando aviones no tripulados desplegados en un aeropuerto civil en la vecina Etiopía.

La famosa “Doctrina Obama” puede entenderse como un “Humanitarismo pragmático”. Mejor dicho, el presidente estadounidense parece entender que su país tiene una responsabilidad (basada en capacidad, pero sobre todo en principios) de evitar e intervenir allí en dónde los Derechos Humanos están siendo violados. Digo que es pragmático porque el principio de intervención se encuentra supeditado a la factibilidad política y económica del esfuerzo, pues al fin de cuentas, Obama no pretende intervenir en la masacre de los civiles sirios a causa de las complejas implicaciones políticas y no utiliza todos los recursos a su disposición en las nuevas misiones en África porque supondría un costo en dinero insostenible en el actual ambiente de crisis económica.

El “Humanitarismo pragmático”, en todo caso, parece perfilarse como la opción por defecto de los próximos años en la política exterior estadounidense.

¿Cuál será el resultado de las dos nuevas misiones estadounidenses en África? ¿Existe en realidad una “Doctrina Obama”? ¿La cree conveniente? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Nuevas y viejas amenazas

De cómo pueden reversarse las ganancias de seguridad de Colombia

Colombia ha recorrido un largo y difícil camino fuera de la posición de Estado fallido donde se encontraba hace algunos años. De hecho, los últimos diez años de lucha contra los grupos ilegales y por llevar la presencia del Estado a todos los rincones del territorio colombiano ha representado un éxito del que otros países esperan sacar lecciones.

Sin embargo, con creciente preocupación, los ciudadanos y autoridades colombianas han visto cómo en los últimos meses la situación de seguridad del país se deteriora.

Por un lado, las FARC ha rediseñado su estrategia de guerra, volviendo a confiar en las tácticas de guerrilla, en el terrorismo y en el secuestro. Además, han acompañado sus cambios con una ofensiva coordinada que busca, sobre todo, aumentar la percepción de inseguridad en el país, mientras intenta ganar algo de aire en zonas neurálgicas de la guerra como los departamentos de Antioquia, Nariño y Cauca, en el norte oeste y sur oeste del país.

Las acciones de las FARC no demuestran un fortalecimiento, por lo menos no de sus estructuras. Mejor dicho, el hecho de que haya más acciones no implica una mayor cantidad de recursos, ni siquiera que puedan llevar operaciones de gran alcance o de control territorial mantenido. Muy acorde a la llamada guerra de guerrillas, las FARC han confiado más en los atentados con bombas, las emboscadas, los campos minados y los francotiradores que disparan y huyen.

La nueva estrategia es genial a la hora de desmoralizar y extender la percepción de inseguridad, lo que puede ser desastroso no solo para un gobierno, sino para sus ciudadanos. Los medios internacionales (como varios enlaces que incluyo en este texto atestiguan) hacen referencia desde hace semanas al deterioro de la seguridad del país. La inversión extranjera y la confianza en el proceso de recuperación que llevaba el país pueden flaquear.

Ahora bien, las FARC no constituyen ni mucho menos la única amenaza a la seguridad del Estado y los ciudadanos colombianos en la actualidad. Desde las desmovilizaciones de los grupos paramilitares en 2006, varias nuevas organizaciones criminales (bautizadas como bacrim por las autoridades) han estado ocupando los vacios de poder dejador por las estructuras paramilitares que entregaron las armas.

De esta forma, en departamentos de la costa Caribe y pacifica, en los llanos orientales y en Antioquia, las nuevas bandas criminales, mezcla entre paramilitares y guerrilleros desmovilizados  y narcotraficantes ‘tradicionales’, se han visto involucradas en actividades económicas ilegales como el tráfico de cocaína, la extorsión a comerciantes y el secuestro, y en las consecuencias violentas que éstas conllevan.

El deterioro es real, aunque en términos de percepción parece más grave de los que realmente es. El Gobierno del presidente Santos cuenta con un reto luego de anunciar un relanzamiento de la estrategia de seguridad, que busca, entre otras cosas, atacar las nuevas dinámicas como la movilidad de la guerrilla y las acciones criminales de las bacrim.

El reto, sin embargo, es enorme, pues aún cuando la posibilidad de volver a la situación de hace una década es muy remota, enfrentar estas nuevas amenazas suponen un desgaste difícil de asumir por cualquier administración, al igual que por la sociedad colombiana. Pero solo la firmeza y la perseverancia pueden lograr lo que muchos deseamos: que el Estado y el pueblo colombiano prevalezcan sobre la violencia y quienes la producen.

¿Qué tan real es el deterioro de la seguridad en Colombia? ¿Puede una nueva estrategia lograr un punto de quiebre en el conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Socavando una potencia

De cómo China se encuentra capturada por sus problemas políticos internos.

Mucho (quizás demasiado) se ha hablado sobre el surgimiento chino y su nuevo papel como potencia en el mundo. La mayoría de los análisis han girado en torno a cómo la planeación central del gobierno chino le ha permitido al país avanzar sin vacilaciones; en otras palabras, muchos expertos han admirado la manera en que la dirigencia del país asiático ha utilizado su poder supremo y dictatorial sobre los asuntos chinos para alcanzar sus objetivos económicos y políticos.

Aún así, pareciera como si la mayor ventaja del gobierno de China fuera también su más grande amenaza para el futuro y para sus perspectivas de convertirse en la potencia hegemónica mundial. En efecto, China cuenta con unos problemas políticos internos que amenazan cualquier posibilidad de tener un crecimiento económico sostenido o de concentrarse en sus intereses exteriores.

Es el caso de la amenaza que para el Estado chino representan las minorías étnicas que viven en su territorio.

Esta semana, miembros de la etnia Uigur, que habita el oeste del país, causaron la muerte a 11 civiles en ataques con bombas y cuchillos en la ciudad de Kashgar. Durante años, los uigures, que son de origen turco, han mantenido una difícil relación con la minoría de chinos Han, que se han desplazado a vivir en la zona y las autoridades del gobierno chino, que mantienen un férreo control sobre cualquier manifestación o reivindicación nacionalista uigur.

La provincia de Xinjiang, donde la mayoría de los uigures viven, ha sido testigo de violencia en años anteriores. En 2009, por ejemplo, enfrentamientos entre los uigures y las Han reclamaron un par de cientos de muertos y algo más de dos mil heridos, luego de días de enfrentamientos en las calles de la capital de la región, Urumqi.

Pero la violencia en Xinjiang es solo la última muestra de inestabilidad y enfrentamientos étnicos dentro de China. A finales de mayo de este año, el norte del país se vio sacudido por las manifestaciones y enfrentamientos entre ciudadanos de origen mongol y los Han, luego de que corriera el rumor de que un chino atropellara a dos mongoles. Los incidentes fueron, como siempre, reprimidos con la fría eficiencia de las fuerzas de seguridad chinas, pero el incidente demostró nuevamente las dificultades internas que vive el país.

El gobierno chino mantiene una doble actitud de paranoia interna y tranquilidad externa respecto a los problemas étnicos dentro de su territorio. De igual manera, suele culpar a intervenciones, rumores y complejas tramas de que aquellos que realizan o impulsan estos actos están apoyados por oscuros enemigos externos.

Aún así, el potencial para la inestabilidad y la violencia parece solo incrementarse, como las también reprimidas muestras de descontento a la par de la “primavera árabe” demostraron a principios de año. China cuenta con suficientes focos de inestabilidad interna como para que esto suponga una preocupación de su dirigencia y como para suponer que su ascenso, aunque por ahora estable, puede tambalear en los próximos años.

¿Puede China seguir el curso que hasta ahora lleva con sus problemas internos? ¿Llegará la democracia por medio del descontento social o de las reformas? ¿Qué es más probable que suceda? Cuénteme lo que piensa, comente.

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