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¿Quién llenará el vacío dejado por Estados Unidos en el mundo?

Irak

Reclutas chiítas marchan en el sur de Irak. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La lenta, pero firme, retirada de Estados Unidos del mundo, está dejando enormes vacíos de poder que han llevado a la inestabilidad de regiones de vital importancia para el orden internacional y la estabilidad de los asuntos globales.

En Medio Oriente, donde millones de personas, tres religiones, varios cientos de facciones y docenas de intereses colisionan, Estados Unidos ha jugado un controvertido papel de “equilibrio de poderes” durante casi toda su historia reciente. En ocasiones fracasa, por supuesto, como durante y luego de la invasión de 2003 en Irak, pero en otras ha sido capaz de mantener una tensa estabilidad entre los poderes regionales, a través de profundas relaciones diplomáticas y de cooperación, o en algunos casos (particularmente en el Golfo Pérsico) por la intervención armada.

Sin embargo, el Medio Oriente no es, ni mucho menos, el único lugar en el que los estadounidenses intervienen en búsqueda de mantener el statu quo. La independencia de Europa occidental, la seguridad de la navegabilidad en el Océano Índico, la contención de China en el Mar Amarillo, la democratización de América Latina y el apoyo contra rebeldes y terroristas en el África Subsahárica, son algunos de estos casos.

Ahora bien, esta apuesta de política exterior supone una carga importante en recursos –tanto económicos como políticos- para el Estado Federal y los presidentes estadounidenses, y siempre ha supuesto un reto para justificar internamente. En efecto, los ciudadanos estadounidenses han sido durante casi su toda histórica democrática aislacionistas, recelosos de las “responsabilidad y cargas” que su país ha asumido en el siglo XX y XXI en el resto del planeta.

Así, de acuerdo al Pew Research Center, en 2013 el 52% de los estadounidenses sostuvieron que su país debía “ocuparse de sus propios asuntos internacionalmente”, el porcentaje más alto desde 1964, primer año en que se realizó esta encuesta. El escepticismo del público estadounidense puede verse, sobre todo, como una consecuencia de la “fatiga de guerra”, luego de más de una década de acciones armadas a gran escala en Asia, pero también, se explica un poco en las preocupaciones internas asociadas a la crisis económica internacional y sus consecuencias para Estados Unidos.

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Restos del avión de Malasya Airlines derribado en el este de Ucrania. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Tres de las más sonadas crisis internacionales de los últimos meses sirven como buenos ejemplos para la “retirada estadounidense” y algunas de sus consecuencias en las regiones donde los compromisos se están reduciendo.

En primer lugar, Ucrania, donde Vladimir Putin, el envalentonado presidente ruso, ha invadido la península de Crimea e incentivado y apoyado la rebelión de fuerzas pro-rusas en el Oriente del país. Estados Unidos ha liderado a Occidente en rechazar las acciones y aplicar sanciones económicas a Rusia por su intervención en Ucrania, pero tanto el presidente Obama, como sus conciudadanos, tienen poco interés en presionar demasiado al liderazgo ruso, mucho menos, intervenir en la defensa directa del territorio ucraniano.

Por un lado, Ucrania supone, en la nueva doctrina estadounidense de “liderar desde atrás” del gobierno Obama, parte de la influencia directa de Rusia y no de Europa Occidental y de la OTAN. Es decir, que por más que el presidente estadounidense continúe con su mandato histórico de “mantener el equilibrio internacional”, no intervendrá más allá de lo absolutamente necesario y posible políticamente. Porque, por otro lado, la opinión pública de su país ha dejado bien claro que no quiere ver a su país inmiscuido en Ucrania, peor aún, en un enfrentamiento con Rusia. Así, de acuerdo al Pew Research Center, el 56% de los estadounidenses sostuvieron en marzo de 2014 que su país no debía involucrarse mucho en la crisis ucraniana.

En segundo lugar, Siria e Irak, donde esta “doctrina Obama” se ha enfrentado a varios retos respecto a su propio compromiso descuidado y lejano con la estabilidad. En efecto, ni la represión del dictador Bashar al-Assad de su propio pueblo y luego su duro enfrentamiento con las fuerzas rebeldes sirias, incluso utilizando armas químicas, y cruzando la “línea roja” establecida por el propio Obama; han logrado mover a Estados Unidos a intervenir más allá del apoyo condicionado a algunas de las organizaciones rebeldes.

En este contexto, donde al-Assad pudo enfrentarse directamente a las fuerzas rebeldes más moderadas, mientras en el oeste y sur del país, la ya famosa organización extremistas ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) ganaba poder, poniéndose por encima incluso de otras fuerzas rebeldes, ganando terreno, controlando ciudades y acumulando armamento. A principios de 2014, este mismo grupo lanzó una ofensiva militar en el norte de Irak, su lugar de nacimiento, y apoyándose en el descontento de los sunnitas con el gobierno chiíta del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, su avance ya ha llevado a la caída de ciudades como Mosul, Tikrit o Fallujah, y amenazan la capital, Bagdad.

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Bombardeo de las fuerzas de seguridad israelí en una localidad de la franja de Gaza. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Ante el preocupante avance, Obama decidió recientemente atacar las posiciones de ISIS en el norte de Irak, intentado detener su ofensiva contra los kurdos. Es solo contención, en el mejor de los casos, la “atención de los síntomas, no de la enfermedad”. Y su alcance está determinado de entrada por la negativa de los Estados Unidos a tener compromisos más amplios.

De nuevo, los ciudadanos estadounidenses se oponen a esta acción, y sobre todo y particularmente, a cualquier incremento en el involucramiento de su país en la crisis del país del Medio Oriente.

Por supuesto, la política exterior de Obama da cuenta de nuevas realidades en las actitudes políticas de sus conciudadanos. De esta forma, tomar decisiones de intervenir internacionalmente –incluso frente a peligrosos conflictos y enemigos tan claros, como en los primeros meses del conflicto en Siria- se ha convertido en una tarea imposible para un líder estadounidense, por culpa de los altos costos políticos.

Y esta es una realidad interna que plantea un obstáculo casi imposible de salvar para el presidente Obama y los líderes estadounidenses por venir.

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Entendiendo el acuerdo con Irán

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Las negociaciones en Ginebra están dando resultados; qué se ha logrado y las dificultades en el camino

Este 24 de noviembre, el presidente estadounidense Barack Obama anunció el logro de los primeros acuerdos en las negociaciones entre seis potencias mundiales (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China, Rusia y Alemania) e Irán. Este es el primer avance claro de semanas de diálogos en Ginebra, Suiza, e incluye el compromiso de Irán de reducir su esfuerzo de enriquecimiento de uranio (con fines pacíficos, dicen ellos, pero con posibilidad de construir armas nucleares, sostiene la comunidad internacional) y de Occidente de relajar algunas de las sanciones económicas impuestas al país asiático desde 2012.

Este éxito da un respiro al golpeado gobierno de Barack Obama y ha validado su apuesta política respecto al conflicto con Irán. En efecto, Obama se decidió por una combinación de duras sanciones económicas y acercamientos diplomáticos de alto nivel para intentar resolver la tensión entre Occidente e Irán. Las sanciones funcionaron, llevando al liderazgo iraní a buscar el diálogo luego de que la elección del nuevo presidente, el moderado Hassan Rouhani, abriera una ventana de oportunidad.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

El acuerdo alcanzado la semana pasada es, por supuesto, un primer paso en un todavía largo proceso. Construir confianza entre las partes ha sido un enorme reto y el limitado éxito se enfrenta  a varios desafíos que dificultarán que se consigan más avances en los próximos meses:

  1. Oposición y desconfianza por parte de Israel y los gobiernos árabes: la dirigencia israelita no ha estado de acuerdo con que se negocie con Irán, menos, que se relajen las sanciones en espera de compromisos por parte de los iraníes. La desconfianza es comprensible. El anterior presidente de Irán, Mahmod Ahmanineyad, se había vuelto famoso por hablar sobre la inevitable “desaparición” de Israel. Pero los israelitas no son los únicos nerviosos, los saudíes (también los otros estados petroleros del Golfo Pérsico) son los némesis geopolíticos de los iraníes. Su dinero financia a los rebeldes sirios que se enfrentan a las fuerzas Bashar al-Assad, aliado de Irán y sus títeres se enfrentaron en la pequeña isla de Bahréin, durante los primeros meses de la primavera árabe. Para ambos, israelitas y árabes del golfo, un Irán nuclear cambiaría el delicado equilibrio de poder de la región y resulta una situación tan inaceptable, como para planear un temido desenlace militar del conflicto.
  2. Presión interna en Irán de parte de la Guardia Republicana: pero no solo los enemigos de Irán podrían oponerse a que las negociaciones y concesiones continúen. El presidente Rouhani se ha jugado su posición interna al “ceder” frente a Occidente. En efecto, la Guardia Republicana iraní –una élite militar que se ha configurado también como una élite económica, social y política en los últimos años- compone la principal oposición a reducir el ritmo o detener por completo el programa nuclear iraní. El problema es que la influencia de la Guardia dentro de Irán es muy importante, y cuenta con el apoyo de algunos sectores sociales y una representativa sección de las fuerzas políticas. Rouhani tiene que manejar un delicado equilibrio entre seguir comprometiéndose a nivel internacional, sin que su posición interna se debilite mucho.
  3. Verificación de los acuerdos: durante años, desde que Irán empezó su programa nuclear, Occidente se ha debatido entre la especulación, la paranoia y el espionaje respecto a los verdaderos avances del proceso de enriquecimiento de uranio y construcción de las centrifugas. Luego del acuerdo anunciado el domingo pasado, la información y verificación del cumplimiento serán claves para que las negociaciones continúen y logren mayores resultados. Esto implica la presencia de inspectores de la Agencia de Energía Nuclear en las plantas iraníes, algunas de ellas, concebidas como inexpugnables y recelosamente custodiadas por los iraníes en previsión de actos de espionaje, sabotaje o incluso un ataque directo. La confianza ganada por las partes en las últimas semanas y la voluntad política de todos será puesta a prueba.
  4. Punto final: el último desafío será alcanzar el final de la negociación. En efecto, los acordado hasta ahora supone solo una “relajación” y reducción” de las aspiraciones de ambos bandos. Pero tanto para Irán como para las seis potencias, resultará bastante difícil conocer muy bien hasta dónde pueden llevar todo el asunto ¿Irán está dispuesto a clausurar todos los componentes de su programa nuclear? ¿Occidente aceptará un punto en el que no lo haga? ¿Saudíes, israelíes e iraníes pueden relajar sus tensionadas relaciones?

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Pelea de oso con burro amarrado

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Fuente: wikipedia.org

Sobre geopolítica, intereses y paranoia

No creo poder imaginarme un escenario geopolítico más improbable que el de un supuesto enfrentamiento  colombo-ruso. Y sin embargo, las últimas semanas las relaciones entre ambos países se han  tensionado gracias a dos incidentes. En primer lugar, el sobrevuelo de dos bombarderos rusos que viajaban entre Caracas y Managua sin autorización para cruzar el espacio aéreo colombiano, y luego, unas declaraciones de miembros de la armada rusa de visita en Nicaragua sobre el supuesto apoyo ruso al país centroamericano en caso de una guerra con Colombia.

Todo el asunto se enmarca, por supuesto, en el conflicto entre Colombia y Nicaragua por las aguas del Caribe en disputa, el fallo de la Corte Internacional de Justicia y la negativa del gobierno colombiano acatarlo. También –y aquí empezamos a estirar lo real y claro hacia lo especulativo- sobre el supuesto enfrentamiento de proyectos ideológicos en el continente, incluyendo, unos ejes “bolivariano-ruso” y “colombiano-estadounidense”.

Luego de los incidentes, el gobierno colombiano parecía más desconcertado que asustado por el escalamiento del conflicto con Nicaragua y Rusia. Y eso no es bueno. Porque al final, es más preocupante la incapacidad diplomática para asumir estas crisis por parte de Colombia, que la real amenaza de un enfrentamiento armado internacional. Peor fue la reacción de algunos congresistas colombianos, en su declaración sobre el incidente con Rusia, el Partido Conservar habla del “Gobierno Soviético”. Medir esto con mentalidad de Guerra Fría es solo otro patético error de cálculo de parte de la dirigencia colombiana.

Ahora bien, la Cancillería rusa envío un mensaje de tranquilidad como respuesta a la nota de propuesta del Ministerio de Exterior colombiano. De igual manera, los medios “oficiales” rusos –RT por ejemplo– no han reportado sobre las declaraciones de los militares rusos, ni de su efecto en la opinión colombiana.

Sin embargo, algunos analistas asumen el comunicado ruso como una no muy velada amenaza para el Gobierno colombiano y su relación con Nicaragua. Así, asumen que Rusia estaría presentado un frente común de apoyo a los nicaragüenses sobre la idea de un irrespeto por parte de Colombia del fallo de la Corte de La Haya.

Claro, ofenderse por esta posible afiliación –y resalto el “posible”-, es desconocer la regla general en política internacional de que “los países no tienen amigos, sino intereses”. Quizás en un poco de realismo resida la clave de la política colombiana respecto a todo este asunto. El gobierno debe acelerar su búsqueda de países con intereses comunes en la región y el establecimiento de un frente común contra las acciones nicaragüenses.

En Centroamérica hay muchos gobiernos enfrentados al expansionismo de Ortega, Colombia no puede ignorar esas tendencias, tiene que hacer uso de ellas.

¿Qué tan real es la amenaza de los rusos? ¿Se les puede creer en su supuesta “neutralidad”? ¿Qué debe hacer Colombia? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Yo espío, tú espías, todos espiamos

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Fuente: Libertaddigital.com

Sobre porqué ofenderse por el espionaje de Estados Unidos es, ante todo, una hipocresía.

A diferencia de lo que muchos románticos creen, ni Wikileaks, ni Snowden cambiaron la historia, apenas confirmaron una clara sospecha, mostraron a la luz lo que, aunque en la sombra, nadie dudaba.

¿Qué los países se espían? Claro ¿Qué los aliados desconfían? Por supuesto ¿Qué los enemigos harán todo lo posible por ganar ventajas sobre el otro? Sin duda.

La hipocresía es, sin duda, el fundamento de cualquier esfuerzo diplomático. Las embajadas no son otra cosa que espionaje institucionalizado. Fachadas de cocteles y agregados comerciales para recabar información para enviar a casa.

Curiosamente, ese mismo espionaje que tantos juzgan y por el que muchos se indignan, no es otra cosa que una vieja tradición (ingeniosa aunque espontanea) de regulación de las relaciones entre los países. El espionaje permite tomar decisiones informadas y mantener la paranoia a raya. Sin estos flujos, los conflictos se hacen más probables, los problemas más comunes.

Más hipócrita que negar el espionaje es ofenderse porque se da. Todos lo saben, cada líder conoce que lo espían, porque él también hace otro tanto. El mismo sistema internacional se sustenta en este tipo de dinámicas.

Ahora bien, asumir que el escándalo es hipócrita no es desconocer que estos hechos políticos no van a tener consecuencias sobre el escenario internacional. Pero no por las razones comúnmente expuestas. En efecto, lo que puede afectar las relaciones de países aliados de Estados Unidos no es la ofensa de la dirigencia por el episodio, sino la respuesta que se espera de ellos internamente.

La política internacional es sobre todo un reflejo de la política interna. El problema no es que los estadounidenses estuvieran espiando –es claro que todos hacen eso-, sino que se supiera y que los ciudadanos del país espiado se sientan ofendidos al respecto.

¿Resulta tan perjudicial el espionaje entre países? ¿Cómo deben responder los líderes de los países espiados? ¿Qué debería hacer Estados Unidos? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

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Tensiones en el paralelo 38: De por qué una guerra en la península de Corea es muy improbable.

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Fuente: Globalsecurity.org

El pasado miércoles 27 de marzo, Corea del Norte cortó la línea de comunicación de emergencia que la conecta con las autoridades de Corea del Sur y que había sido pensada para (al modo de la “línea roja” entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría) mantener un canal de comunicación abierto que impidiera un enfrentamiento nuclear entre ambos países.

Este es el último de una serie de medidas tomadas por el líder norcoreano, Kim Jong Un en contra de su vecino del sur, Estados Unidos y Japón, luego de que se le instaurara una nueva ronda de sanciones económicas a su régimen como sanción por su programa nuclear ilegal. En días pasados, los norcoreanos han ordenado el despliegue de tropas a la frontera del sur, han preparado sus misiles y piezas de artillería y declararon por terminado de armisticio de 1953, firmado al finalizar la guerra entre las dos coreas.

Lo que está en riesgo es enorme. En efecto, una guerra en la región sería devastador para la economía mundial. La península de Corea se encuentra en un lugar estratégico en término geográficos, y un enfrentamiento bélico en las condiciones actuales podría llegar a involucrar a cuatro de las economías más importantes del globo: China, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos. Así, podrían entrar en guerra los productores de algo así como el 40% del PIB mundial.

Esto ha logrado poner bastante nervioso a los mercados internacionales y ha disparado el precio del petróleo. Sin embargo, los temores parecen, aún en la gravedad de la situación, infundados y solo si algo extraordinario o inesperado sucede, es muy improbable que las tensiones que se viven hoy en Corea lleven a una nueva guerra.

En primer lugar, la guerra es improbable porque desde el enfrentamiento de 1953, las dos coreas no han estado involucrados en ningún otro enfrentamiento a gran escala; los líderes de los dos países, al igual que la mayoría de la comunidad internacional conoce las consecuencias nefastas que una guerra traería para todos. Por supuesto, las cosas pueden salirse de las manos; un disparo de advertencia que da en el blanco equivocado, un avión que pasa una frontera sin quererlo o un barco que se encuentra con otro en altamar en un mal momento. Aun así, mientras este tipo de casualidades no se den, es bastante improbable que las parte involucradas quieran un enfrentamiento.

Y digo esto porque el statu quo de la península ha beneficiado hasta el momento a los liderazgos de ambos países. Por un lado, Corea del Sur pasó en algo menos de cincuenta años de ser uno de los países más pobres del mundo a estar entre las veinte economías más grandes del planeta. Los surcoreanos harán lo que puedan por mantener la paz, porque esto implica la persistencia de su prosperidad económica.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Corea del Norte es un caso más difícil. Durante el mismo periodo desde la separación de la península en los años cincuenta, la dirigencia comunista norcoreana (en cabeza de la dinastía fundada por Kim Il Sung) se ha instalado como una cleptocracia en donde los pocos recursos que produce la destruida industria y campo norcoreano va a los bolsillos de los generales que soportan a los líderes. La situación es tan absurda, que las últimas sanciones de la ONU (las que provocaron estas tensiones recientes) van dirigidas a impedir la importación de artículos de lujo como yates o limosinas al país; todas ellas dirigidas, por supuesto, a Kim Jong Un y su camarilla más cercana.

Y esa es la segunda razón por la que, aunque juega con fuego, Kim Jong Un no arriesgará a salir quemado. Las fuerzas armadas norcoreanas están mal equipadas, sus equipos son obsoletos e incluso la capacidad para coordinar y alimentar a las tropas se cuestiona. El único verdadero poder de Corea del Norte a la hora de enfrentar un conflicto internacional contra Corea del Sur y Estados Unidos sería su arsenal nuclear. En efecto, los norcoreanos tienen un estimado de entre dos y tres cabezas nucleares; no es una gran cantidad, pero en término de armamento y peligro internacional, incluso una sola bomba nuclear es mucho.

Aun así, las armas nucleares son curiosas. Son probablemente uno de los artefactos más poderosos hasta que se utilizan. En efecto, al igual que con su arsenal nuclear, el poder de los norcoreanos viene de su capacidad para extorsionar a la comunidad internacional con sus valentonadas; ha sido durante mucho tiempo un bully de las relaciones internacionales, pero su capacidad para hacerlo está en que no tenga que llegar a cumplir sus amenazas, porque una vez los misiles estén en el aire tiene todas las de perder.

En fin, los norcoreanos, como en tantas otras ocasiones, están haciendo un inmenso bluf. Esto no quiere decir sin embargo que las tensiones aumenten todavía mucho más antes de que las bravuconadas se desinflen. Por eso veremos en el futuro cercano algunos atropellos más y mucha más retorica guerrerista de parte de Kim Jong Un, pero la probabilidad de que esto escale a un enfrentamiento armado a gran escala son muy escasas, por no decir que ninguna.

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Detente

Corea del norte

De cómo Corea del Norte sigue extorsionando a la comunidad internacional

El gobierno norcoreano confirmó este 11 de febrero que había realizado con éxito la tercera prueba nuclear de su historia. En un paraje del noreste del país, detonó un artefacto nuclear de unos diez mil kilotones, ante las protestas y el rechazo internacional. Estados Unidos, Corea del Sur y Japón calificaron el hecho de “provocación”, mientras que China, el único aliado que le queda al régimen norcoreano, se unió al rechazo, llamando la prueba como una acción contraproducente para la paz en la península coreana.

Así las cosas, la prueba norcoreana parece haber jugado una arriesgada carta que llegaría a destapar los juegos de los demás actores de la región. Estas serían sus acciones:

Corea del Sur: los surcoreanos fueron los primeros en confirmar la noticia de la prueba nuclear al registrar un movimiento de tierra de 5 grados en la escala de Ritcher. Corea del Norte representa la mayor amenaza para su seguridad y defensa. Los surcoreanos han combinado siempre las amenazas de represalias con las acciones diplomáticas; en este caso no ha sido diferente, el gobierno de Corea del Sur ha anunciado la movilización de sistemas de defensa balística a la frontera, mientras aprovecha su presidencia temporal del Consejo de Seguridad de la ONU para llamar a una sesión extraordinaria que de como resultado sanciones más fuertes contra los norcoreanos.

Estados Unidos: el gobierno Obama se encontraba justo a la espera de anunciar una reducción sustancial de su propio arsenal nuclear antes de la prueba norcoreana; lo que demuestra las ironías de su estrategia de apaciguamiento. Sin embargo, los estadounidenses tampoco cuentan con mayores herramientas que las ya han utilizado en el pasado; esto es: presión diplomática y sanciones económicas. Corea del Norte ha sido exitoso en un asunto fundamental de su estrategia: ha creado una detente creíble y sustentada en la realidad. Esta prueba nuclear logró subrayar esto, no importa el rechazo, nadie atacará al paranoico régimen norcoreano mientras tangan las manos sobre varias cabezas nucleares.

China: los chinos han dado la sorpresa en este nuevo incidente. En efecto, han señalado su rechazo a la prueba norcoreana y su nueva posición parece explicarse por el agotamiento de la paciencia china frente a las decisiones hostiles del régimen de Kim Jong Un. Este podría ser un punto de cambio en la situación de la península, pues luego de la caída del régimen comunista soviético, los únicos aliados de Corea del Norte han sido sus chinos; particularmente en términos económicos, lo poco que funciona en la destrozada economía norcoreana le debe todo al interés y dinero de los chinos. El temor a perder su último reducto podría ser, al final de cuentas, lo que logre llevar a los norcoreanos a una mesa de diálogos en los que su única apuesta no sea la amenaza nuclear.

¿Cómo abordar una situación de conflicto como la de la península norcoreana? ¿Se puede negociar? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Gráfico: Multilateralismo

Multilateralismo: en las últimas semanas las campañas para elegir al presidente del Banco Mundial y del director de la OIT han recibido bastante atención internacional. También han sacado a relucir un viejo debate sobre qué países han monopolizado las direcciones de los principales organismos multilaterales. Estas gráficas muestran los presidentes y directores de algunas de estas instituciones y su país de origen. Fuente: wikipedia.org, ilo.org, iadb.org

Discordia antes de la cumbre

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre las disputas previas a la Cumbre de las Américas

Los próximos 14 y 15 de abril se realizará en Cartagena, Colombia, la VI Cumbre de las Américas, desde hace semanas, la reunión de los países del hemisferio se ha visto opacada por las discusiones y polémicas, particularmente, por la sugerida asistencia de Cuba por parte de los países del ALBA. Algunas ideas sobre la Cumbre y sus consecuencias preliminares.

En primer lugar. El alto perfil de la visita y comitiva de Obama (más de mil acompañantes) hace suponer que hará importantes anuncios para la región, con miras a ganar apoyo electoral entre los latinos en Estados Unidos. La importancia de esto no es poca, en tanto muchos analistas coinciden en endilgar cada vez mayor importancia electoral a la población hispana en las próximas presidenciales.

Así pues, es bastante probable que Obama quiera lanzar algunas de sus propuestas para Latinoamérica durante la Cumbre buscando atraer el voto latino. Por eso resultaba tan inconveniente la presencia de Cuba, gracias a la importancia electoral de los inmigrantes y refugiados cubanos en EEUU.

Realizar cambios drásticos respecto a la política estadounidense frente a Cuba a pocos meses de unas elecciones presidenciales resultaría terriblemente inconveniente para Obama; la población cubana en Florida (un estado considerado fundamental para decidir la presidencia) es de primera importancia para la campaña de este año y el presidente estadounidense no tiene intención alguna de cometer un error tan torpe. Aunque, por supuesto, la realidad es que Cuba no cumple con los requisitos, particularmente los expuestos en la Carta Democrática Interamericana, para asistir a la Cumbre.

En segundo lugar. Los países del ALBA impulsaron el boicot a la Cumbre si no se invitaba a Cuba, liderados en este caso por el ecuatoriano Rafael Correa, pero Nicaragua y Bolivia ya han confirmado su asistencia y Chávez podría no asistir pero por sus problemas de salud. Correa ha sostenido que se ausentará de la Cumbre gracias a la negativa del gobierno colombiano de invitar a los cubanos, pero esto resultará a la larga más perjudicial para él mismo. Por un lado, no tendrá la oportunidad de enfrentar a Obama en Cartagena y reclamarle por el asunto cubano, y de igual forma, perderá el chance de darse el baño mediático que este tipo de espacios supone.

Porque al fin de cuentas, de eso se trata todo, de la foto al final de las tediosas reuniones y de algunos apartes de peleas o discusiones que se dan en el interior y que pasan a las noticias de la noche en los países de Latinoamérica. No asistir puede privar a los presidentes de un excelente escenario para hacerse visibles en el hemisferio, pero sobre todo, en sus propios países.

¿Qué gana Colombia con acoger la Cumbre? ¿Qué ganan los países participantes? ¿Qué tan útiles son estos espacios para el dialogo hemisférico? Cuénteme lo que piensa, comente.

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La nueva geopolítica del Medio Oriente (1 de 2)

Fuente: The Big Picture - Boston.com

De cómo ha cambiado la región después de las revueltas árabes

Parece que las revueltas en el mundo árabe están llegando a su fin. Claro, en Siria todavía hay enfrentamientos entre el presidente Bashar al-Assad y los ciudadanos sirios que exigen su renuncia, en Egipto el conflicto entre la población civil y el ejército se acentúa, mientras persiste el escepticismo y la desconfianza sobre el papel que jugará la milicia en la futura intentona democrática del país y la guerra civil continúa en Yemen. Sin embargo, es poco probable que nuevas revueltas se extiendan a otros países y todo indica que las llamas de la revolución se extinguen después de más de ocho meses de desordenes, represiones y derrocamientos.

Ahora bien, el Medio Oriente parece haber cambiado en menos de un año mucho más que en la última década y, desde que EEUU invadiera Irak en 2003, la composición geopolítica de la región no vivía un traumatismo similar. La nueva realidad (con las claras incertidumbres que permanecen) sería algo más o menos así:

Turquía: los turcos llevan varios años profundizando sus relaciones en Oriente Medio, tomando el lugar de mediación, de “parte no interesada”, en muchos de los conflictos de la región. De igual manera, han mantenido un inteligente equilibrio entre sus compromisos mundiales (especialmente con Europa) y sus nuevos compromisos regionales. Es el caso de la posición que Turquía ha tenido respecto a las mismas revueltas árabes, combinación prudente entre rechazar la represión sobre los manifestantes y no apoyar la intervención de los europeos y estadounidenses en el asunto. Turquía ha mantenido su aproximación de “doble cara” durante la crisis, en donde se sigue mostrando como a lo que aspira: el liderazgo natural en Medio Oriente.   Su apuesta, además, recibió un impulso inesperado con el incidente de la flotilla de Gaza y, sobre todo, con la caída de Mubarak y la incetidumbre e inestabilidad egipcia, hasta ahora uno de los países más respetados y poderosos de la región. Si los turcos pueden llegar a llenar el vacío de poder dejado por los egipcios, todo el esfuerzo reciente habrá valido la pena.

Irán: el régimen iraní no ha tenido un buen año. Por un lado, las sanciones internacionales empiezan a hacer mella en su economía y mantener el control sobre una población descontenta se vuelve cada vez más difícil. El sistema político del país también pasó por una profunda crisis a mediados del año cuando el gabinete del presidente Mahmud Ahmadineyad se enfrentó al ayatola Alí Jamenei y la dirigencia clerical. El conflicto por afianzar el poder de ambos sectores sobre el país aumentó las dudas sobre la estabilidad y fortaleza del sistema político teocrático de Irán y representó un duro golpe al prestigio internacional del gobierno de Ahmadineyad. Aparte de esto, Irán no ha salido muy bien librado de las revueltas de la llamada “primavera árabe”. En Bahréin, la pequeña isla en medio del golfo pérsico, Irán se midió frente a uno de sus archienemigos, Arabia Saudita, al apoyar a los manifestantes de la mayoría chiita que buscaba derrocar a la dirigencia sunita que controla el país. Los saudíes, aliados de los gobernantes de Bahréin, enviaron tropas en su ayuda y aplastaron la revuelta. La situación actual en Siria tampoco les favorece a los iraníes, aliados desde hace años del régimen de al-Assad. En el mejor (peor ¿?) de los casos, si el presidente sirio prevalece, su posición dentro del país será demasiado débil e Irán, pase lo que pase, habrá perdido un importante aliado en la región.

¿Quién más gana y pierde en el nuevo Medio Oriente? ¿Qué otro cambio geopolítico importante puede identificarse en el nuevo escenario de la región? Cuénteme lo que piensa, comente.

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