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La nueva geopolítica del petróleo

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Algo está cambiando en el mercado energético y por supuesto, en la estabilidad geopolítica de las últimas cuatro décadas. En efecto, el precio del petróleo -pero también de otros hidrocarburos y en general, de los recursos naturales- se han desplomado en las últimas semanas. Algunos analistas señalan a una decisión de competencia internacional y lucha política los bajos precios del petróleo. Tom Friedman, por ejemplo, sostiene que la reducción del precio del petróleo internacional no ha sido una coincidencia, sino consecuencia del enfrentamiento entre Estados Unidos y Arabia Saudita contra Rusia e Irán. Es decir, un aumento en la venta de las reservas de los estadounidenses y sauditas que busca aprovechar la dependencia de las economías de sus enemigos en el comercio del crudo, ahondando en las sanciones económicas que ya ha impuesto Occidente a ambos países.

Sin embargo, parece no ser solo un asunto de contexto. De hecho, los datos del mercado energético parecen presentar una tendencia más profunda de bajos precios del petróleo. En primer lugar, por el desarrollo tecnológico que ha permitido que varios países que hasta hace poco solo tenían producciones marginales o apenas suficientes para su consumo interno, han aumentado su producción, convirtiéndose incluso en exportadores de energía.

En segundo lugar, la conservación y apuestas por nuevas tecnologías de generación -sobre todo más limpias- han reducido la dependencia de algunos países en las fuentes fósiles de  generación de energía. Este ha sido un esfuerzo explicado por dos razones: (1) la respuesta a las necesidades ambientales y la agenda de sostenibilidad, y sobre todo (2), la “independencia” de las importaciones de hidrocarburos y el riesgo que implica depender de los países petroleros (que suelen ser inestables y conflictivos) para suplir la demanda energética.

Son estos, los países petroleros, los mayores afectados con estas nuevas tendencias del mercado energético.

Por supuesto, el enemigo de las potencias petroleras no es el “fracking” estadounidense, sino el ascenso de las energías alternativas, la conservación energética y el desarrollo de nuevas tecnologías. Es decir, no es una consecuencia lineal ni única del “fracking” como herramienta de extracción, sino de varias tendencias energéticas que están moldeando la nueva geopolítica de la energía global. Así, el consumo energético de Estados Unidos, por ejemplo, ha reducido de manera importante su dependencia no solo de las importaciones de petróleo, sino del uso de energía de fuentes fósiles en general, pasando del 91,4% en el año 1980 al 83,6% en 2012.

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Por supuesto, esto supone un escenario de consumo de energía más complejo, en donde las nuevas tecnologías, la preocupación por el medio ambiente y los conflictos geopolíticos parecen estar, por fin, desincentivando la dependencia y el uso de hidrocarburos en muchos países. Esto implica que el bajo precio del petróleo, que incluso ha aguantado el empeoramiento de la situación política en Medio Oriente y en Europa del este, algo que hace algunos años hubiera lanzado el precio del crudo al cielo.

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Por supuesto, el crecimiento de los centros urbanos también ha implicado un incremento importante en la demanda de energía, pero sobre todo, de la contaminación y la preocupación por encontrar alternativas energéticas.

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Pero no solo las grandes potencias petroleras de Medio Oriente y Asia han sentido el golpe de los cambiantes precios de hidrocarburos. Países latinoamericanos, como Venezuela y Colombia (en grados diferentes, pero ambos con preocupaciones fiscales) han visto sus presupuestos reducidos en semanas. El asunto es que la inestabilidad de los precios pueden influenciar la inestabilidad de su política. Venezuela, por ejemplo, ya ha extendido el temor en los mercados de una cesación de pagos y las dinámicas de su política interna no ayudan a tranquilizar sobre su futuro cercano en el que las rentas del petróleo costoso se hayan terminado.

Así, como otros países dependientes del petróleo, Colombia y Venezuela tendrán que replantear su política fiscal en la nueva realidad energética, en donde las reducciones del consumo en Europa y China, la “independencia” energética de Estados Unidos, y el enfrentamiento entre los saudíes e Irán, mantendrán el precio del crudo en precios relativamente bajos en comparación con los últimos años.

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Putin está ganando: Tres consecuencias para el mundo

Fuente: imagenpoblana.com

Fuente: imagenpoblana.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Sin conocer todavía el desenlace final del conflicto en Ucrania (al momento de escribir este texto, insurgentes pro-rusos del oriente de  Ucrania y fuerzas rusas encubiertas toman el control de estaciones de policía y edificios de gobierno ante un vociferante pero impotente gobierno ucraniano, mientras las fuerzas armadas rusas continuaban concentrando elementos en la frontera), se pueden asumir algunos grandes cambios que los últimos acontecimientos implicarán para el futuro del orden internacional.

Estas son tres consecuencias iniciales de que, en Ucrania, Vladimir Putin, presidente de Rusia, esté ganando:

Fuente: time.com

Fuente: time.com

1. El nuevo zar: desde que llegó al poder en el año 2000, Vladimir Putin se dio a la tarea de crear una Rusia a su imagen y semejanza. Fría, calculadora, fuerte y cruel. Pero próspera y respetada, luego de toda una década de ser la burla del sistema internacional, y unos veinte años de estancamiento político y económico. Y lo ha logrado. Por un lado, con un poco de suerte, al impulsar el crecimiento económico de su país con las bonanzas de las materias primas desde mediados de la década del dos mil, y por el otro, con mucha astucia y algo de arrojo, al ganar varias manos internacionales con sus enemigos occidentales. Putin ha restaurado la influencia rusa en su vecindario y el mundo, ganó las partidas en Georgia en 2007, Siria en 2013, y parece estar a punto de asegurarse otra victoria en Ucrania en 2014. El nuevo zar, y la nueva Rusia, se han convertido en una fuerza a tener en cuenta a nivel global. Justo lo que Putin se planteó desde que asumió el poder.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. El “pivote” europeo: en enero de 2013, el presidente estadounidense Barack Obama planteó una nueva “gran estrategia” para la política exterior de su país, el “pivote de Asia”. La idea era concentra los recursos económicos, políticos e incluso militares de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. En primer lugar, para aprovechar el dinamismo económico y las prospectivas de crecimiento de los países de esa zona del mundo, pero en segundo lugar -y no menos importante- para “contener” la expansión de la influencia china. Pero el viejo frente europeo se ha vuelto a abrir. Los estadounidenses habían gestionado las relaciones con los rusos desde la caída de la Unión Soviética; incluso superando crisis complejas como las guerras en los Balcanes y el Caucaso, pero el conflicto en Ucrania, y el incremento de la agresividad rusa a nivel internacional, le exigirán a Estados Unidos que su “pivote de Asia” se vuelva simplemente el viejo “pivote europeo”. Los chinos, al margen, deben estar sonriendo.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

3.La potencia desafiada: desde el final de la Guerra Fría se ha debatido sobre si el mundo se encuentra en un orden unipolar o multipolar. Aunque la crisis en Ucrania ni sea la primera señal de la multipolaridad y la dificultad para Estados Unidos de dirigir y liderar el mundo, si se ha convertido en un poderoso argumento para los que, en efecto, consideran que la súper potencia está todo menos sola en el orden político global. Por supuesto, esto no solo tiene efectos académicos. Futuras crisis -y algunas actuales, como el conflicto en Siria- se verán afectados por los poderes locales que, envalentonados por el ejemplo que da Rusia, no hacen caso de la presión o la negociación de los diplomáticos estadounidenses.

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Entendiendo el acuerdo con Irán

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Las negociaciones en Ginebra están dando resultados; qué se ha logrado y las dificultades en el camino

Este 24 de noviembre, el presidente estadounidense Barack Obama anunció el logro de los primeros acuerdos en las negociaciones entre seis potencias mundiales (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China, Rusia y Alemania) e Irán. Este es el primer avance claro de semanas de diálogos en Ginebra, Suiza, e incluye el compromiso de Irán de reducir su esfuerzo de enriquecimiento de uranio (con fines pacíficos, dicen ellos, pero con posibilidad de construir armas nucleares, sostiene la comunidad internacional) y de Occidente de relajar algunas de las sanciones económicas impuestas al país asiático desde 2012.

Este éxito da un respiro al golpeado gobierno de Barack Obama y ha validado su apuesta política respecto al conflicto con Irán. En efecto, Obama se decidió por una combinación de duras sanciones económicas y acercamientos diplomáticos de alto nivel para intentar resolver la tensión entre Occidente e Irán. Las sanciones funcionaron, llevando al liderazgo iraní a buscar el diálogo luego de que la elección del nuevo presidente, el moderado Hassan Rouhani, abriera una ventana de oportunidad.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

El acuerdo alcanzado la semana pasada es, por supuesto, un primer paso en un todavía largo proceso. Construir confianza entre las partes ha sido un enorme reto y el limitado éxito se enfrenta  a varios desafíos que dificultarán que se consigan más avances en los próximos meses:

  1. Oposición y desconfianza por parte de Israel y los gobiernos árabes: la dirigencia israelita no ha estado de acuerdo con que se negocie con Irán, menos, que se relajen las sanciones en espera de compromisos por parte de los iraníes. La desconfianza es comprensible. El anterior presidente de Irán, Mahmod Ahmanineyad, se había vuelto famoso por hablar sobre la inevitable “desaparición” de Israel. Pero los israelitas no son los únicos nerviosos, los saudíes (también los otros estados petroleros del Golfo Pérsico) son los némesis geopolíticos de los iraníes. Su dinero financia a los rebeldes sirios que se enfrentan a las fuerzas Bashar al-Assad, aliado de Irán y sus títeres se enfrentaron en la pequeña isla de Bahréin, durante los primeros meses de la primavera árabe. Para ambos, israelitas y árabes del golfo, un Irán nuclear cambiaría el delicado equilibrio de poder de la región y resulta una situación tan inaceptable, como para planear un temido desenlace militar del conflicto.
  2. Presión interna en Irán de parte de la Guardia Republicana: pero no solo los enemigos de Irán podrían oponerse a que las negociaciones y concesiones continúen. El presidente Rouhani se ha jugado su posición interna al “ceder” frente a Occidente. En efecto, la Guardia Republicana iraní –una élite militar que se ha configurado también como una élite económica, social y política en los últimos años- compone la principal oposición a reducir el ritmo o detener por completo el programa nuclear iraní. El problema es que la influencia de la Guardia dentro de Irán es muy importante, y cuenta con el apoyo de algunos sectores sociales y una representativa sección de las fuerzas políticas. Rouhani tiene que manejar un delicado equilibrio entre seguir comprometiéndose a nivel internacional, sin que su posición interna se debilite mucho.
  3. Verificación de los acuerdos: durante años, desde que Irán empezó su programa nuclear, Occidente se ha debatido entre la especulación, la paranoia y el espionaje respecto a los verdaderos avances del proceso de enriquecimiento de uranio y construcción de las centrifugas. Luego del acuerdo anunciado el domingo pasado, la información y verificación del cumplimiento serán claves para que las negociaciones continúen y logren mayores resultados. Esto implica la presencia de inspectores de la Agencia de Energía Nuclear en las plantas iraníes, algunas de ellas, concebidas como inexpugnables y recelosamente custodiadas por los iraníes en previsión de actos de espionaje, sabotaje o incluso un ataque directo. La confianza ganada por las partes en las últimas semanas y la voluntad política de todos será puesta a prueba.
  4. Punto final: el último desafío será alcanzar el final de la negociación. En efecto, los acordado hasta ahora supone solo una “relajación” y reducción” de las aspiraciones de ambos bandos. Pero tanto para Irán como para las seis potencias, resultará bastante difícil conocer muy bien hasta dónde pueden llevar todo el asunto ¿Irán está dispuesto a clausurar todos los componentes de su programa nuclear? ¿Occidente aceptará un punto en el que no lo haga? ¿Saudíes, israelíes e iraníes pueden relajar sus tensionadas relaciones?

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Gráfico: Gasto militar

Gasto militar: este gráfico reúne datos sobre el gasto militar de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU en los últimos veintiún años. Fuente: SIPRI.org

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Yo espío, tú espías, todos espiamos

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Fuente: Libertaddigital.com

Sobre porqué ofenderse por el espionaje de Estados Unidos es, ante todo, una hipocresía.

A diferencia de lo que muchos románticos creen, ni Wikileaks, ni Snowden cambiaron la historia, apenas confirmaron una clara sospecha, mostraron a la luz lo que, aunque en la sombra, nadie dudaba.

¿Qué los países se espían? Claro ¿Qué los aliados desconfían? Por supuesto ¿Qué los enemigos harán todo lo posible por ganar ventajas sobre el otro? Sin duda.

La hipocresía es, sin duda, el fundamento de cualquier esfuerzo diplomático. Las embajadas no son otra cosa que espionaje institucionalizado. Fachadas de cocteles y agregados comerciales para recabar información para enviar a casa.

Curiosamente, ese mismo espionaje que tantos juzgan y por el que muchos se indignan, no es otra cosa que una vieja tradición (ingeniosa aunque espontanea) de regulación de las relaciones entre los países. El espionaje permite tomar decisiones informadas y mantener la paranoia a raya. Sin estos flujos, los conflictos se hacen más probables, los problemas más comunes.

Más hipócrita que negar el espionaje es ofenderse porque se da. Todos lo saben, cada líder conoce que lo espían, porque él también hace otro tanto. El mismo sistema internacional se sustenta en este tipo de dinámicas.

Ahora bien, asumir que el escándalo es hipócrita no es desconocer que estos hechos políticos no van a tener consecuencias sobre el escenario internacional. Pero no por las razones comúnmente expuestas. En efecto, lo que puede afectar las relaciones de países aliados de Estados Unidos no es la ofensa de la dirigencia por el episodio, sino la respuesta que se espera de ellos internamente.

La política internacional es sobre todo un reflejo de la política interna. El problema no es que los estadounidenses estuvieran espiando –es claro que todos hacen eso-, sino que se supiera y que los ciudadanos del país espiado se sientan ofendidos al respecto.

¿Resulta tan perjudicial el espionaje entre países? ¿Cómo deben responder los líderes de los países espiados? ¿Qué debería hacer Estados Unidos? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

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Mi patio trasero es tu patio trasero

China

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre la creciente competencia entre Estados Unidos y China por el amor de Latinoamérica

El pasado 07 de junio, el presidente Barack Obama recibió a su homólogo chino, Xi Jianping, en California. El líder chino llegaba a la reunión luego de una gira de varios días por algunos países de Latinoamérica. En efecto, Trinidad y Tobago, Costa Rica, Brasil y México estuvieron en su itinerario.

El dinero chino y el esfuerzo diplomático que lo acompaña ya ha hecho recorridos similares al que busca en Latinoamérica en África y Asia. China ha entendido que el incremento de su influencia por medio de préstamos e inversiones no solo puede garantizar el flujo de productos que su crecimiento económico necesita, sino que puede darle la muy ambicionada presencia sobre lugares que considera de intereses estratégico.

Así pues, en la visita de la semana pasada, Xi Jianping acordó la inversión de recursos chinos en hospitales, complejos industriales y préstamos gubernamentales. La gira también sirvió parar fortalecer las relaciones con dos nuevos socios comerciales estratégicos: el comercio bilateral con Brasil, por ejemplo, sobrepasó los 75 billones de dólares en 2012, convirtiendo a China en el primer destino de las exportaciones brasileras, por encima de Estados Unidos.

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De hecho, algunos analistas han sugerido que la mejor manera de asumir la relación bilateral es aceptar que una amistad es imposible. Así, reconocer los conflictos inevitables entre las dos potencias en movimiento (un nuevo poder chino sediento de poder y un Estados Unidos en retirada poco dispuesto a salir del primer lugar sin dar la pelea) implica dejar los canales abiertos para resolverlos sin llegar a recurrir a la violencia.

Sin embargo, esta perspectiva parece bastante improbable en el futuro cercano. En efecto, las relaciones entre chinos y estadounidenses han estado en claro deterioro desde por lo menos 2009 y las tensiones en el Pacífico y Asia, y la nueva actividad china en el vecindario estadounidense solo puede ayudar a empeorarla. De igual manera, los choques irregulares entre las agencias de inteligencia y las escaramuzas de ciberguerra han destruido lo que quedaba de confianza entre las dirigencias de ambos países.

Sí, China se convierte cada vez más en un actor relevante en Latinoamérica, y aunque estemos muy lejos de hablar de una confrontación como la que la URSS y Estados Unidos tuvieron en la región durante la guerra fría, las visitas y los cortejos de chinos y estadounidenses en al región solo aportan a las crecientes tensiones entre ambos.

¿Qué posición deben tomar los países latinoamericanos frente a la creciente influencia china? ¿Es inevitable el conflicto entre China y Estados Unidos? Cuénteme lo que piensa, comente.

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¿Intervenir o no intervenir?: El gran dilema de Obama.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

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Sobre la posible intervención armada de la OTAN en Siria

Los reportes de las agencias de inteligencia de Occidente sobre el uso por parte del régimen de Bashar al-Assad de armas químicas (específicamente Gas sarín) contra rebeldes y civiles sirios han aumentado en los últimos días. El autócrata sirio ha cruzado la que el mismo presidente estadounidense Barack Obama había delimitado como la “línea roja” del conflicto; las discusiones sobre qué viene para Siria ahora cae en el dilema estadounidense y europeo de realizar una intervención armada a través de la OTAN.

El presidente de los Estados Unidos se encuentra en una posición especialmente incómoda. Por un lado, él mismo había delimitado que el uso de armas químicas por el régimen de al-Assad implicaría una respuesta fuerte por parte de los estadounidenses. Sin embargo, la opinión pública estadounidense todavía sufre el desgaste de las guerras en Irak y Afganistán y se encuentra poco dispuesta a que su país se involucre en otro conflicto internacional en Medio Oriente. En efecto, según una encuesta de marzo del Pew Reseach Center, el 64% de os estadounidenses sostiene que Estados Unidos no tiene ninguna responsabilidad para intervenir en el conflicto sirio. Es más, el 63% se opone a la estrategia actual de la Casa Blanca de armar a los insurgentes.

Así, Obama deberá sobreponerse a una enorme resistencia interna por parte de la opinión pública estadounidense si llegara a ordenar una intervención armada en Siria. Aun así, el precedente de la intervención en Libia (en donde Obama se unió a la acción armada aunque fuera impopular dentro de su país) puede indicarnos que si la situación se hace insostenible -esto es, las pruebas del uso de armas químicas son incontrovertibles- el presidente estadounidense podría ordenar la intervención.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

El segundo gran obstáculo es la política internacional. En efecto, los rusos y los chinos siguen oponiéndose a cualquier posibilidad de una intervención de Occidente, lo que impide una acción aprobada desde el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese caso, siempre queda la OTAN, pero las implicaciones estratégicas de implantar (por ejemplo) una zona de exclusión área como en Libia durante la reciente guerra civil, son enormes. La caída de al-Assad podría suponer que Irán, su principal aliado, acelere su desarrollo de armas nucleares; la situación en el inestable Líbano e incluso en Israel, que tendrían que enfrentar lo que sea que salga de un nuevo gobierno sirio, podría desestabilizar aún más la región. Obama tiene todo esto en la cabeza.

Los llamados por la intervención en Siria son bastante viejos; la situación solo ha empeorado desde entonces, con aproximadamente unos 70.000 civiles muertos y más de un millón de refugiados; ambos bandos también se han radicalizado, la insurgencia está cada vez más conformada por islamistas y voluntarios yihadistas y el régimen se ha decidido a usar todos los recursos a su alcance, incluyendo las famosas armas químicas en su poder.

Uno de los mayores temores es que al-Assad esté probando su suerte y tanteando hasta qué punto puede estrechar la respuesta internacional en su contra. En efecto, el autócrata sirio ha escalado el conflicto (usando a cada paso armamento más pesado) mientras con un ojo observa la reacción internacional (particularmente la estadounidense). No actuar ahora podría significar validar la suposición de al-Assad de que no habrá consecuencias para los abusos y las arbitrariedades que se le ocurran para aplastar a los rebeldes.

Sin embargo, con tanto en juego (dentro de Estados Unidos y en el exterior) el prudente presidente Obama se tomará su tiempo para tomar una decisión; mientras tanto, la guerra continúa en las ásperas llanuras sirias y los combatientes miran al cielo, conteniendo el aliento.

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Mapa: Un mundo nuclear

Un mundo nuclear: este mapa recoge datos de 2012 sobre los arsenales de armas nucleares en el planeta. Aunque las estadísticas para las grandes potencias parecen ser algo claras (y sus arsenales se hayan reducido desde el final de la Guerra Fría) los de las “pequeñas” potencias nucleares son algo menos seguras y estarían en aumento. Fuente: fas.org

Un mundo nuclear

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Tensiones en el paralelo 38: De por qué una guerra en la península de Corea es muy improbable.

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Fuente: Globalsecurity.org

El pasado miércoles 27 de marzo, Corea del Norte cortó la línea de comunicación de emergencia que la conecta con las autoridades de Corea del Sur y que había sido pensada para (al modo de la “línea roja” entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría) mantener un canal de comunicación abierto que impidiera un enfrentamiento nuclear entre ambos países.

Este es el último de una serie de medidas tomadas por el líder norcoreano, Kim Jong Un en contra de su vecino del sur, Estados Unidos y Japón, luego de que se le instaurara una nueva ronda de sanciones económicas a su régimen como sanción por su programa nuclear ilegal. En días pasados, los norcoreanos han ordenado el despliegue de tropas a la frontera del sur, han preparado sus misiles y piezas de artillería y declararon por terminado de armisticio de 1953, firmado al finalizar la guerra entre las dos coreas.

Lo que está en riesgo es enorme. En efecto, una guerra en la región sería devastador para la economía mundial. La península de Corea se encuentra en un lugar estratégico en término geográficos, y un enfrentamiento bélico en las condiciones actuales podría llegar a involucrar a cuatro de las economías más importantes del globo: China, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos. Así, podrían entrar en guerra los productores de algo así como el 40% del PIB mundial.

Esto ha logrado poner bastante nervioso a los mercados internacionales y ha disparado el precio del petróleo. Sin embargo, los temores parecen, aún en la gravedad de la situación, infundados y solo si algo extraordinario o inesperado sucede, es muy improbable que las tensiones que se viven hoy en Corea lleven a una nueva guerra.

En primer lugar, la guerra es improbable porque desde el enfrentamiento de 1953, las dos coreas no han estado involucrados en ningún otro enfrentamiento a gran escala; los líderes de los dos países, al igual que la mayoría de la comunidad internacional conoce las consecuencias nefastas que una guerra traería para todos. Por supuesto, las cosas pueden salirse de las manos; un disparo de advertencia que da en el blanco equivocado, un avión que pasa una frontera sin quererlo o un barco que se encuentra con otro en altamar en un mal momento. Aun así, mientras este tipo de casualidades no se den, es bastante improbable que las parte involucradas quieran un enfrentamiento.

Y digo esto porque el statu quo de la península ha beneficiado hasta el momento a los liderazgos de ambos países. Por un lado, Corea del Sur pasó en algo menos de cincuenta años de ser uno de los países más pobres del mundo a estar entre las veinte economías más grandes del planeta. Los surcoreanos harán lo que puedan por mantener la paz, porque esto implica la persistencia de su prosperidad económica.

Corea del norte tensiones

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Corea del Norte es un caso más difícil. Durante el mismo periodo desde la separación de la península en los años cincuenta, la dirigencia comunista norcoreana (en cabeza de la dinastía fundada por Kim Il Sung) se ha instalado como una cleptocracia en donde los pocos recursos que produce la destruida industria y campo norcoreano va a los bolsillos de los generales que soportan a los líderes. La situación es tan absurda, que las últimas sanciones de la ONU (las que provocaron estas tensiones recientes) van dirigidas a impedir la importación de artículos de lujo como yates o limosinas al país; todas ellas dirigidas, por supuesto, a Kim Jong Un y su camarilla más cercana.

Y esa es la segunda razón por la que, aunque juega con fuego, Kim Jong Un no arriesgará a salir quemado. Las fuerzas armadas norcoreanas están mal equipadas, sus equipos son obsoletos e incluso la capacidad para coordinar y alimentar a las tropas se cuestiona. El único verdadero poder de Corea del Norte a la hora de enfrentar un conflicto internacional contra Corea del Sur y Estados Unidos sería su arsenal nuclear. En efecto, los norcoreanos tienen un estimado de entre dos y tres cabezas nucleares; no es una gran cantidad, pero en término de armamento y peligro internacional, incluso una sola bomba nuclear es mucho.

Aun así, las armas nucleares son curiosas. Son probablemente uno de los artefactos más poderosos hasta que se utilizan. En efecto, al igual que con su arsenal nuclear, el poder de los norcoreanos viene de su capacidad para extorsionar a la comunidad internacional con sus valentonadas; ha sido durante mucho tiempo un bully de las relaciones internacionales, pero su capacidad para hacerlo está en que no tenga que llegar a cumplir sus amenazas, porque una vez los misiles estén en el aire tiene todas las de perder.

En fin, los norcoreanos, como en tantas otras ocasiones, están haciendo un inmenso bluf. Esto no quiere decir sin embargo que las tensiones aumenten todavía mucho más antes de que las bravuconadas se desinflen. Por eso veremos en el futuro cercano algunos atropellos más y mucha más retorica guerrerista de parte de Kim Jong Un, pero la probabilidad de que esto escale a un enfrentamiento armado a gran escala son muy escasas, por no decir que ninguna.

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