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El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

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Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

Egipto

Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

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Desde las cenizas de las revueltas

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre el presente y futuro  de la “primavera árabe”

Los idealistas fantaseamos durante el año pasado con la posibilidad de un cambio radical en los sistemas políticos en los que los jóvenes y las ideas sean los protagonistas; todo, impulsado por las protestas y revueltas que conmocionaron a varios países del mundo árabe.

La realidad, sin embargo, parece ser mucho más complicada y sustancialmente menos cercana a las expectativas que muchos teníamos. En efecto, las revueltas han traído cambios importantes a las dinámicas de países como Libia, Egipto, Túnez, Yemen y Siria, pero estos se han traducido en tibias reformas y la instrumentalización por parte de los políticos de siempre, o en el peor de los casos, en engaños, radicalismo y violencia.

El primero, y quizás más frustrante de los resultados, es la manera en que los políticos y partidos tradicionales han jugado ingeniosamente para aprovecharse de lo que lograron los ciudadanos que protestaban contra el régimen. Es el caso, particularmente, de Libia, Egipto y Túnez, en donde los más organizados y homogéneos movimientos políticos, como la célebre “Hermandad Musulmana”, se han perfilado como los grandes beneficiarios de las nuevas democracias. Mientras tanto, los jóvenes que dirigieron y en su mayoría participaron en las revueltas, se han visto opacados por su falta de recursos e, irónicamente, organización.

Por supuesto, este, aunque decepcionante, no es el peor de los resultados para las revueltas. La violencia fue la respuesta que la mayoría de los tiranos asediados por las protestas tuvieron contra sus ciudadanos. La represión aún persiste en lugares como Siria y Yemen, mientras en Egipto se reavivan las llamas frente al descontento de los ciudadanos con el ejército, que ha lanzado una campaña para atacar a los mismos insatisfechos egipcios que había jurado proteger hace solo unos meses.

Claro que las ganancias de las revueltas del 2011 no pueden subestimarse, al fin de cuentas, los jóvenes tunecinos, egipcios y libios han logrado desembarazarse de los tiranos que los habían oprimido por décadas y se han dado cuenta del poder que como ciudadanos tienen. Sin embargo, no es extraño el escepticismo y la frustración que se ha apoderado de muchas de las personas que guardábamos esperanzas en estos procesos. La violencia, los engaños y el radicalismo se han encargado de esto.

¿Fueron las revueltas de 2011 en vano? ¿Pueden salvarse estos países de volver a caer en las manos de políticos del viejo régimen, radicales o nuevos tiranos? Cuénteme lo que piensa, comente.

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El mundo en 2011

Secciones y artículos más visitados en 2011 - Realpolitikmundial.com

Sobre los acontecimientos internacionales más importantes de este año

El mundo es un lugar interesante; constantemente en movimiento, en donde cada instante supone un nuevo escenario, un cambio pequeño o una revolución. Este año el planeta tuvo de todo un poco, dictadores caídos, nuevas democracias, nuevos dictadores, se iniciaron guerras, se acabaron otras. Sufrimiento,  miseria, gloria y esplendor. Intenté que este blog tuviera referencias a todos estos acontecimientos, algunos tan sonados en los medios como la “Primavera Árabe” o tan obscuros como los nuevos conflictos en el África Subsahariana. Mapas, opinión y análisis; un espacio para discutir lo que pasa en el mundo.

Así pues, y en consonancia con todos los “resúmenes del año” que inundan por estos días a los medios de comunicación, quiero presentarles los acontecimientos que, a mi juicio, fueron más importantes este año, con las referencias al respectivo artículo en este blog o en otra de mis publicaciones. Espero lo encuentren suficiente y lo disfruten.

  1. La “Primavera árabe”: un tema recurrente durante este año en el blog. Hablamos primero, con algo de escepticismo, sobre las perspectivas iniciales de las revueltas y su supuesta pretensión democrática. Luego, sobre el apoyo histórico de Occidente a los autócratas árabes que estaban siendo derrocados y algunas consideraciones sobre las circunstancias del descontento de los pueblos bajo éstos regímenes. También reflexionamos sobre las razones por las cuales, y subiéndonos a la ola de optimismo sobre las revueltas, personajes como Gadafi debían ser derrocados, discutiendo algunas de las cínicas consideraciones de algunas personas. El seguimiento a los acontecimientos en Medio Oriente continuó con artículos en donde hablábamos de Túnez, Egipto y Bahréin y Libia, Yemen y Siria. En medio de todo esto, y luego de que las dudas en Occidente sobre la naturaleza de los grupos de oposición que lideraban las revueltas se extendieran, una dosis apenas saludable de escepticismo. Mediante la atención se centró en lo que sucedía en Libia a mediados del año, hicimos algunas consideraciones sobre el futuro del país luego de las revueltas y de las razones por las cuales la intervención de la OTAN en Libia no se replicaba en Siria. Hablamos también del nuevo escenario geopolítico de Medio Oriente luego de las revueltas y de las consecuencias de la muerte de Gadafi en Octubre.
  2. La muerte de Osama Bin Laden: luego de una operación en Pakistán contra un complejo en medio de una villa de retiro de los oficiales del ejército de ese país, la muerte de Osama Bin Laden durante una acción de las fuerzas especiales estadounidenses sacudió al mundo. Consideramos las consecuencias inmediatas de la muerte del líder de al-Qaeda y evaluamos las pretensiones que durante toda esta década enfrentó al terrorista saudí contra Occidente.
  3. La crisis europea: el 2011 se conocerá como el año en que la primera economía de mundo (en su conjunto, por supuesto) tambaleó a causa de las debilidades de los sistemas políticos y económicos europeos, sacadas a la luz por la crisis mundial de 2008. En el blog revisamos algunas de las razones estructurales de esta crisis y algunas ideas sobre las dificultades que implicará superarla.
  4. La retirada estadounidense de Irak: Diciembre de 2011 fue el mes escogido por el presidente Barack Obama para ordenar la retirada de las tropas estadounidenses de Irak. Hablamos sobre algunas de las consecuencias de esta retirada y lo que implicó estratégicamente para Estados Unidos, su papel en el mundo y su influencia futura en Medio Oriente.

¿Qué otras noticias o acontecimientos marcaron el 2011? ¿Cuál de éstos tendrá más importancia en el 2012? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Los CIVETS en perspectiva

Los CIVETS en perspectiva: los CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica) son las economías emergentes señaladas hace un par de años por la revista The Economist como destinos atractivos para las inversiones. Este mapa pretende mostrar algunos de los cambios de la última década en estos países y si en efecto, sus situaciones economicas pueden ser comparables. Fuente: sipri.org, data.worldbank.org, un.org, hdr.undp.org.

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La nueva geopolítica del Medio Oriente (2 de 2)

Fuente: The big Picture - Boston.com

De cómo ha cambiado la región después de las revueltas árabes

Parece que las revueltas en el mundo árabe están llegando a su fin. Claro, en Siria todavía hay enfrentamientos entre el presidente Bashar al-Assad y los ciudadanos sirios que exigen su renuncia, en Egipto el conflicto entre la población civil y el ejército se acentúa, mientras persiste el escepticismo y la desconfianza sobre el papel que jugará la milicia en la futura intentona democrática del país y la guerra civil continúa en Yemen. Sin embargo, es poco probable que nuevas revueltas se extiendan a otros países y todo indica que las llamas de la revolución se extinguen después de más de ocho meses de desordenes, represiones y derrocamientos.

Ahora bien, el Medio Oriente parece haber cambiado en menos de un año mucho más que en la última década y, desde que EEUU invadiera Irak en 2003, la composición geopolítica de la región no vivía un traumatismo similar. La nueva realidad (con las claras incertidumbres que permanecen) sería algo más o menos así:

Arabia Saudita: el 2011 tampoco ha tratado bien a los saudíes y aunque hayan tenido algunas victorias, como en Bahréin sobre los iraníes y los manifestantes, su posición general se debilita. En primer lugar, los más afectados por el incremento de la influencia de los turcos, después de Egipto, son los saudíes, que ocupados en apagar incendios en casa han dejado espacios a los diplomáticos turcos en toda la región. De igual manera, los acontecimientos en Yemen han supuesto una espina en el costado del régimen saudí que será difícil de curar. El régimen de Saleh, presidente yemení, que aunque corrupto e incompetente, había mantenido unos niveles aceptables para lo saudíes de estabilidad en su país, ha caído y ahora la guerra civil en Yemen parece perfilarse como un problema muy difícil de atender.

Israel: la situación de los israelíes es la más difícil de determinar. En cierta forma, los cambios en la región suelen traer siempre problemas para Israel, sin embargo, la debilidad de Bashar al-Assad en Siria podría suponer una buena noticia, aunque solo, y paradójicamente, si el régimen no se cae, sino que se mantiene comprometido en controlar su posición. Así, al-Assad permanecería distraído con problemas domésticos, dándole un respiro a Israel. Si el régimen cae, por otro lado, un nuevo gobierno en Siria sería, con toda seguridad, igual de adverso a los israelíes que el anterior. Los problemas de Irán, de igual manera, siempre pueden considerarse como victorias para Israel, por eso las desventuras del régimen iraní en los últimos meses solo representan ganancias para los israelíes. Ahora bien, aunque según esto Israel podría considerarse bien librado en el nuevo escenario, todo lo anterior lo ensombrece la caída de Hosni Mubarak en Egipto. Mubarak era un aliado silencioso, pero poderoso de los israelíes; en el interior de su país los maldecía, mientras los apoyaba en el control de la movilidad de la franja de Gaza. Pero una vez derrocado, el nuevo régimen militar egipcio ha aflojado los controles en la frontera con Gaza y la relación entre Israel y Egipto se ha enfriado visiblemente. Finalmente, está Turquía. Los turcos también han ampliado la distancia con los israelíes y los episodios de las flotillas humanitarias que salieron de suelo y con apoyo turco, dirigidas a territorio palestino, ha dictaminado la enemistad que desde hace algunos meses se ha apoderado de la relación entre ambos países. Con la influencia turca en aumento, por supuesto, Turquía es un enemigo que puede hacerle mucho daño a Israel.

El Medio Oriente es una de las regiones políticamente más volubles del planeta y las revueltas se han convertido en un poderoso precedente para los cambios rápidos, aunque traumáticos, en los países de la región. El mundo, claro está, no se detiene por nada y las formas como nos organizamos y desorganizamos constantemente es tan dinámica, que toda predicción puede resultar necia. Medio Oriente se reacomoda, pero sus complejidades permanecen y con toda seguridad, no dejarán de impactar al resto del mundo en el futuro próximo.

¿Quién más gana y pierde en el nuevo Medio Oriente? ¿Qué otro cambio geopolítico importante puede identificarse en el nuevo escenario de la región? Cuénteme lo que piensa, comente.

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La nueva geopolítica del Medio Oriente (1 de 2)

Fuente: The Big Picture - Boston.com

De cómo ha cambiado la región después de las revueltas árabes

Parece que las revueltas en el mundo árabe están llegando a su fin. Claro, en Siria todavía hay enfrentamientos entre el presidente Bashar al-Assad y los ciudadanos sirios que exigen su renuncia, en Egipto el conflicto entre la población civil y el ejército se acentúa, mientras persiste el escepticismo y la desconfianza sobre el papel que jugará la milicia en la futura intentona democrática del país y la guerra civil continúa en Yemen. Sin embargo, es poco probable que nuevas revueltas se extiendan a otros países y todo indica que las llamas de la revolución se extinguen después de más de ocho meses de desordenes, represiones y derrocamientos.

Ahora bien, el Medio Oriente parece haber cambiado en menos de un año mucho más que en la última década y, desde que EEUU invadiera Irak en 2003, la composición geopolítica de la región no vivía un traumatismo similar. La nueva realidad (con las claras incertidumbres que permanecen) sería algo más o menos así:

Turquía: los turcos llevan varios años profundizando sus relaciones en Oriente Medio, tomando el lugar de mediación, de “parte no interesada”, en muchos de los conflictos de la región. De igual manera, han mantenido un inteligente equilibrio entre sus compromisos mundiales (especialmente con Europa) y sus nuevos compromisos regionales. Es el caso de la posición que Turquía ha tenido respecto a las mismas revueltas árabes, combinación prudente entre rechazar la represión sobre los manifestantes y no apoyar la intervención de los europeos y estadounidenses en el asunto. Turquía ha mantenido su aproximación de “doble cara” durante la crisis, en donde se sigue mostrando como a lo que aspira: el liderazgo natural en Medio Oriente.   Su apuesta, además, recibió un impulso inesperado con el incidente de la flotilla de Gaza y, sobre todo, con la caída de Mubarak y la incetidumbre e inestabilidad egipcia, hasta ahora uno de los países más respetados y poderosos de la región. Si los turcos pueden llegar a llenar el vacío de poder dejado por los egipcios, todo el esfuerzo reciente habrá valido la pena.

Irán: el régimen iraní no ha tenido un buen año. Por un lado, las sanciones internacionales empiezan a hacer mella en su economía y mantener el control sobre una población descontenta se vuelve cada vez más difícil. El sistema político del país también pasó por una profunda crisis a mediados del año cuando el gabinete del presidente Mahmud Ahmadineyad se enfrentó al ayatola Alí Jamenei y la dirigencia clerical. El conflicto por afianzar el poder de ambos sectores sobre el país aumentó las dudas sobre la estabilidad y fortaleza del sistema político teocrático de Irán y representó un duro golpe al prestigio internacional del gobierno de Ahmadineyad. Aparte de esto, Irán no ha salido muy bien librado de las revueltas de la llamada “primavera árabe”. En Bahréin, la pequeña isla en medio del golfo pérsico, Irán se midió frente a uno de sus archienemigos, Arabia Saudita, al apoyar a los manifestantes de la mayoría chiita que buscaba derrocar a la dirigencia sunita que controla el país. Los saudíes, aliados de los gobernantes de Bahréin, enviaron tropas en su ayuda y aplastaron la revuelta. La situación actual en Siria tampoco les favorece a los iraníes, aliados desde hace años del régimen de al-Assad. En el mejor (peor ¿?) de los casos, si el presidente sirio prevalece, su posición dentro del país será demasiado débil e Irán, pase lo que pase, habrá perdido un importante aliado en la región.

¿Quién más gana y pierde en el nuevo Medio Oriente? ¿Qué otro cambio geopolítico importante puede identificarse en el nuevo escenario de la región? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Reencontrarse con el Realismo

De porqué desconfiar del futuro de las revueltas árabes

A principios de este año escribí un artículo donde, como reza en su título, sostenía que en el 2011 el mundo sería menos democrático. Decía, sobre todo recogiendo la tesis del informe del Índice de Democracia de la revista The Economist, que las tendencias en los países con regímenes mixtos (que no son ni democracias ni dictaduras, sino algo en el medio) los estaban llevando cada vez más hacia sistemas más autoritarios.

Sin embargo, un par de semanas después, las revueltas en el Mundo Árabe cogieron al planeta por sorpresa, dejando entrever lo que muchos creyeron sería el despertar (la “primavera”, decían) del pueblo árabe contra los dictadores que durante décadas los habían mantenido bajo su poder. El desarrollo de los acontecimiento nos convenció a muchos de que el 2011 si podría traer algunas buenas noticias para el mundo después de todo.

Pero como todos los entusiasmos repentinos, este también vivió su momento y en la actualidad se apaga su llama entre decepción, escepticismo y las humeantes ruinas en Hama y Trípoli.

Ya desde principios de año, muchos autoproclamados ‘realistas’ intentaban quitarle fuerza al entusiasmo general respecto al resultado de las revueltas árabes; decían que si éstas no eran aplastadas por las fuerzas de seguridad del dictador en el poder, los nuevos regímenes nacidos del derrocamiento de éstos no serían, ni mucho menos, mejores a los que habían sido expulsados. Los demás los ignoramos, dejándonos llevar aún más por la borrachera colectiva del idealismo.

Pero la realidad actual parece obligarnos a muchos a hacer un nuevo análisis sobre lo que resultará de la famosa “Primavera Árabe” y si las altas expectativas que alguna vez albergamos eran exageradas. Lo primero por evaluar es la situación de los países donde las revueltas derrocaron a los autócratas locales, esto es, ¿cómo van los procesos democráticos en Egipto y Túnez?  Pero, todavía más preocupante, ¿cuál será su futuro?

Lo primero está en los mismos procesos de establecimiento de una democracia funcional dentro de estos países. Las dudas sobre la verdadera posibilidad de que, desde lugares en donde nunca ha existido nada parecido a un sistema democrático liberal, de la noche a la mañana, aparezcan valores como la equidad, la libertad individual, el respeto por las minorías, la igualdad política o la transparencia en el proceso político.

De igual manera, un sistema democrático instaurado sobre una sociedad sin las capacidades y cultura para mantenerla vibrante y darle la profundidad necesaria, puede llevar a que en pocos años, o se regrese a la misma situación de régimen autocrático o a la creación de una democracia de papel, donde oligarquías se reparten el poder cada cuatro o cinco años.

Por otro lado, los temores que algunos analistas habían señalado desde el comienzo de las revueltas árabes de que éstas se convirtieran en plataformas para que los extremistas islamistas comienzan a parecer algo más que una difícil predicción. En cierta forma, la razón de que Estados Unidos y Europa apoyaran los regímenes autoritarios de personajes como Hosni Mubarak por años era porque garantizaban la estabilidad de sus naciones y luchaban contra los islamistas que buscaban aumentar su influencia en Medio Oriente. Era un trato sucio, pero funcionó por décadas. Y ahora la inestabilidad y el vacío de poder creado por las revueltas puede ser la oportunidad de oro para muchos fundamentalistas de buscar una posición ventajosa dentro del nuevo orden.

¿Realismo o idealismo? ¿El futuro de las revueltas árabes será de democracias, autocracias o regímenes islamistas? Cuénteme lo que piensa, comente.

Observatorio revolucionario (1 de 2)

Sobre cómo van las revueltas y manifestaciones de la Primavera Árabe.

Cuando a finales del año pasado y durante los primeros meses de 2011, miles de personas llevaron su frustración y ansias de libertad a las calles de Túnez, El Cairo, Damasco y Trípoli. Las revueltas han seguido caminos diferentes sin embargo, desde el relativo éxito de los tunecinos y la difícil situación post-Mubarak en Egipto, hasta las represiones violentas en Siria y Bahréin, la intervención internacional en Libia y la guerra civil en Yemen.

El resultado de estos procesos determinará la conformación geopolítica de Oriente Medio y el norte de África y el futuro de otras revueltas similares contra regímenes autocráticos en el resto del mundo. ¿Cómo van las revueltas en cada país? ¿Han sido exitosas en encaminarlos a un futuro más democrático? ¿Qué pasará con los enfrentamientos entre gobiernos y manifestantes?

A continuación, una mirada rápida y por país, a cómo van las revueltas árabes:

Túnez: las revueltas se originaron en este país norteafricano, luego de que, en protesta por las arbitrariedades cometidas por el gobierno contra su negocio, un vendedor de las calles de la capital decidiera prenderse fuego frente a un edificio gubernamental. Los ciudadanos tunecinos, conmovidos por la inmolación de su compatriota, iniciaron una serie de protestas que diez días después llevó al presidente Zine el-Abidine Ben Ali, luego de 23 años de gobierno, a exiliarse en Arabia Saudita. Desde entonces, se desarrolló un juicio contra figuras clave del antiguo régimen y se ha iniciado un proceso para conformar una asamblea constituyente. Sin embargo, el entusiasmo revolucionario, enfrentado a las realidades políticas de país, ha ido remitiendo y los líderes tunecinos se debaten entre mantener algunas estructuras del gobierno derrocado o quemar todo y construir sobre sus ruinas. Aún así, en los enfrentamientos entre las diferentes facciones (revolucionarios, islamistas, ex funcionarios del viejo régimen), los primeros han prevalecido y el camino que recorre Túnez, aunque lentamente, parece ser el indicado para el establecimiento de un verdadero régimen democrático.

Egipto: luego del inicio de las manifestaciones en Túnez, el descontento se extendió por otros países, Egipto fue uno de los primeros en seguir. Las protestas se concentraron en El Cairo, en la ahora celebre plaza Tahrir, donde miles de egipcios exigieron la renuncia del presidente Hosni Mubarak, en el poder desde hacia 30 años. Mubarak intentó todas las maniobras posibles para ganar tiempo, pero al perder el apoyo del ejército, que mantuvo su posición neutral durante las protestas, se vio obligado a dejar su cargo. Los altos mandos militares, encabezados por el general Muhammad Tantawi, se hicieron cargo del periodo de transición. Este proceso, sin embargo, ha sido considerado muy lento por los manifestantes egipcios, que temen que el ejército esté dilatando las elecciones para poder afianzar su posición como el verdadero poder detrás de una democracia de papel. Esto ha llevado a nuevas protestas y, ahora si, a la respuesta violenta del ejército, cuyas represiones han inspirado el rechazo y el descontento entre quienes iniciaron la revolución que tumbó a Mubarak.

Bahréin: esta pequeña isla en medio del mar arábigo también descendió en revueltas contra su gobierno durante las primeras semanas de la llamada “primavera árabe”, sin embargo, la naturaleza del descontento de sus ciudadanos cuenta con la complicación de tener, sobre todo, raíces religiosas. En efecto, mientras la mayoría de los ciudadanos de la isla pertenecen al culto chiita de la religión musulmana, su clase dirigente es sunita. Además de esto, detrás de cada facción, juegan intereses geopolíticos mucho más elevados que la contienda religiosa entre jugadores importantes de la región. Arabia Saudita ha utilizado sus fuerzas para ayudar a sostener al régimen, que es aliado suyo y cuya supervivencia representa las perspectivas del mismo reino saudita. De igual manera, intenta detener la posible expansión en el golfo pérsico de la influencia de Irán, que apoya a los manifestantes. Los saudíes y su aliado, el rey Hamad ibn Isa Al Khalifah, han prevalecido, con la mayoría de las protestas sofocadas y una persecución a gran escala de opositores y manifestantes.

(En la segunda parte, los perfiles de Libia, Yemen y Siria).

¿Cuál cree que será el futuro de la ‘Primavera Árabe’? ¿Llevará más democracia? ¿Se estancará en medio del camino? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Un mundo de nadie.

De cómo las migraciones están cambiando el mundo en el que vivimos.

El número de migrantes en el mundo en el año 2010 fue de 214 millones de personas, según cifras de la IOM (International Organization for Migration), un incremento importante de los 150 millones de 2000. De esta forma, el 3,3% de la población total del planeta es migrante, es decir, no es nacional el país donde reside. Países como Qatar o Singapur mantienen un amplio porcentaje de población migrante, dado los requerimientos de sus economías de mano de obra y tasas bajas de crecimiento de la población local. De esta forma, más de 400 billones de dólares son enviados por los migrantes de vuelta a sus países de origen en forma de remesas, donde tres cuartos de ésta cantidad se direcciona a países en vías de desarrollo.

Así, las poblaciones migrantes han constituido grandes comunidades lejos de sus países de origen en un mundo donde las distancias se acortan, pero las barreras se amplían. Las dinámicas migratorias (y anti-migratorias) se han convertido entonces en una realidad que cobra cada vez mayor importancia en la realidad demográfica mundial.

Países como Estados Unidos, España e Italia reciben millones de inmigrantes (sobre todo de países en vía de desarrollo) cada año. La mayoría de estos movimientos son ilegales (en tanto los migrantes no cuentan con los permisos para vivir o trabajar en esos países) y constituían hasta hace unos años un problema de mediana importancia en estas sociedades. Sin embargo, con la crisis económica encima, tanto en Estados Unidos como en muchos países de Europa, las legislaciones en temas migratorios se han endurecido.

Desde considerar a los inmigrantes ilegales como a criminales en Arizona, como a aplicar deportaciones masivas con gitanos de Europa o prohibir el velo de las niñas musulmanas en las escuelas francesas. Las migraciones de los últimos veinte años están generando conflictos en las sociedades a donde estas mareas de personas están llegando. En Estados Unidos, el presidente Barack Obama y el Congreso llevan meses dilatando una reforma migratoria cuyo alcance y dureza son todavía materia de intenso debate. Mientras tanto, los partidos de extrema derecha europea ganan terreno en los parlamentos y gobiernos de países como Suecia, Holanda o Francia, al dar voz a la xenofobia general que invade a una parte importante de la frustrada población inmersa en la crisis económica.

Pero la inmigración ilegal no es la única manera de migración que representa problemas políticos en el mundo. En 2009 hubo 27 millones de personas desplazadas internamente en el planeta, un incremento de seis millones una década atrás. De igual manera, el número de refugiados, aunque con un leve declive de sus niveles a comienzos del 2000, alcanza algo más de 15 millones de personas.

Las últimas semanas ha visto cómo miles de norteafricanos, huyendo de la guerra en Libia y las tensas situaciones sociales y políticas en Túnez y Egipto, prueban su suerte en el embravecido mediterráneo con la esperanza de alcanzar las costas europeas. Cientos se han ahogado y los que han sobrevivido a la travesía se encuentran con los gobiernos europeos, recelosos, que buscan todas la maneras para pasarse el problema unos a otros.

¿Es la inmigración un problema o una oportunidad? ¿Puede Europa y Estados Unidos asumir este flujo de personas sin perder algo de su identidad? ¿Será pacífico este proceso? Cuénteme lo que piensa, comente.


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