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La nueva geopolítica del petróleo

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Algo está cambiando en el mercado energético y por supuesto, en la estabilidad geopolítica de las últimas cuatro décadas. En efecto, el precio del petróleo -pero también de otros hidrocarburos y en general, de los recursos naturales- se han desplomado en las últimas semanas. Algunos analistas señalan a una decisión de competencia internacional y lucha política los bajos precios del petróleo. Tom Friedman, por ejemplo, sostiene que la reducción del precio del petróleo internacional no ha sido una coincidencia, sino consecuencia del enfrentamiento entre Estados Unidos y Arabia Saudita contra Rusia e Irán. Es decir, un aumento en la venta de las reservas de los estadounidenses y sauditas que busca aprovechar la dependencia de las economías de sus enemigos en el comercio del crudo, ahondando en las sanciones económicas que ya ha impuesto Occidente a ambos países.

Sin embargo, parece no ser solo un asunto de contexto. De hecho, los datos del mercado energético parecen presentar una tendencia más profunda de bajos precios del petróleo. En primer lugar, por el desarrollo tecnológico que ha permitido que varios países que hasta hace poco solo tenían producciones marginales o apenas suficientes para su consumo interno, han aumentado su producción, convirtiéndose incluso en exportadores de energía.

En segundo lugar, la conservación y apuestas por nuevas tecnologías de generación -sobre todo más limpias- han reducido la dependencia de algunos países en las fuentes fósiles de  generación de energía. Este ha sido un esfuerzo explicado por dos razones: (1) la respuesta a las necesidades ambientales y la agenda de sostenibilidad, y sobre todo (2), la “independencia” de las importaciones de hidrocarburos y el riesgo que implica depender de los países petroleros (que suelen ser inestables y conflictivos) para suplir la demanda energética.

Son estos, los países petroleros, los mayores afectados con estas nuevas tendencias del mercado energético.

Por supuesto, el enemigo de las potencias petroleras no es el “fracking” estadounidense, sino el ascenso de las energías alternativas, la conservación energética y el desarrollo de nuevas tecnologías. Es decir, no es una consecuencia lineal ni única del “fracking” como herramienta de extracción, sino de varias tendencias energéticas que están moldeando la nueva geopolítica de la energía global. Así, el consumo energético de Estados Unidos, por ejemplo, ha reducido de manera importante su dependencia no solo de las importaciones de petróleo, sino del uso de energía de fuentes fósiles en general, pasando del 91,4% en el año 1980 al 83,6% en 2012.

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Por supuesto, esto supone un escenario de consumo de energía más complejo, en donde las nuevas tecnologías, la preocupación por el medio ambiente y los conflictos geopolíticos parecen estar, por fin, desincentivando la dependencia y el uso de hidrocarburos en muchos países. Esto implica que el bajo precio del petróleo, que incluso ha aguantado el empeoramiento de la situación política en Medio Oriente y en Europa del este, algo que hace algunos años hubiera lanzado el precio del crudo al cielo.

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Por supuesto, el crecimiento de los centros urbanos también ha implicado un incremento importante en la demanda de energía, pero sobre todo, de la contaminación y la preocupación por encontrar alternativas energéticas.

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Pero no solo las grandes potencias petroleras de Medio Oriente y Asia han sentido el golpe de los cambiantes precios de hidrocarburos. Países latinoamericanos, como Venezuela y Colombia (en grados diferentes, pero ambos con preocupaciones fiscales) han visto sus presupuestos reducidos en semanas. El asunto es que la inestabilidad de los precios pueden influenciar la inestabilidad de su política. Venezuela, por ejemplo, ya ha extendido el temor en los mercados de una cesación de pagos y las dinámicas de su política interna no ayudan a tranquilizar sobre su futuro cercano en el que las rentas del petróleo costoso se hayan terminado.

Así, como otros países dependientes del petróleo, Colombia y Venezuela tendrán que replantear su política fiscal en la nueva realidad energética, en donde las reducciones del consumo en Europa y China, la “independencia” energética de Estados Unidos, y el enfrentamiento entre los saudíes e Irán, mantendrán el precio del crudo en precios relativamente bajos en comparación con los últimos años.

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Gráfico: El ébola y la infraestructura de salud

El ébola y la infraestructura de salud: la epidemia se expande. Por un lado, al aumentar las víctimas mortales e infectados en los países donde empezó la infección (Liberia, Sierra Leona y Senegal ya cuentan más de 8.000 muertos e infectados pro el virus); por el otro, al llegar a nuevos países y amenazar con contagiar a muchas más personas. La OMS, por su parte, ya advirtió que espera al menos unos 10.000 infectados más en las próximas semanas, mientras el gobierno de Estados Unidos y la ONU aumentan su misión en el Occidente africano y los recursos para contender la enfermedad. Por supuesto, el ébola sigue prosperando en países pobres y con una deficiente infraestructura médica y de atención hospitalaria para atender el virus. En efecto, los recursos de salud de las capitales de Sierra Leona, Freetown, y de Liberia, Monrovia; donde la economía y la política local empiezan a resentirse por culpa de la epidemia.

Los siguientes son datos de muertes e infectados por ébola, y médicos por cada 1.000 habitantes y camas de hospital por cada 10.000 habitantes para los ocho países en los que hasta el 12 de octubre se habían confirmado casos del virus. En efecto, los seis países africanos involucrados en el brote y la expansión del virus enfrentan no solo el desafío de la enfermedad, sino, sobre todo, la falta de recursos adecuados para atender la emergencia.

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Gráfico: La democracia en América

La democracia en América: América es, quizás solo después de Europa, el continente más democrático del planeta. La Democracia, tan discutida como concepto, tan utilizada como lugar común y tan manipulada para dar legitimidad a regímenes que no lo son, constituye sin duda unos de los sistemas políticos más populares, y sin embargo, frustrantes, del inventario político histórico. Estos dos gráficos intentan diagnosticar comparativamente la situación de la democracia en el continente americano, con datos de siete países. Fuente: Institute for Democracy and Electoral Assistance, 2014; The Economist, 2013; World Values Survey, 2014.

(De click en las imágenes para verlas en su tamaño original).

Actitudes y percepciones democráticas en América

Participación y democracia (América)

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¿Quién llenará el vacío dejado por Estados Unidos en el mundo?

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Reclutas chiítas marchan en el sur de Irak. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La lenta, pero firme, retirada de Estados Unidos del mundo, está dejando enormes vacíos de poder que han llevado a la inestabilidad de regiones de vital importancia para el orden internacional y la estabilidad de los asuntos globales.

En Medio Oriente, donde millones de personas, tres religiones, varios cientos de facciones y docenas de intereses colisionan, Estados Unidos ha jugado un controvertido papel de “equilibrio de poderes” durante casi toda su historia reciente. En ocasiones fracasa, por supuesto, como durante y luego de la invasión de 2003 en Irak, pero en otras ha sido capaz de mantener una tensa estabilidad entre los poderes regionales, a través de profundas relaciones diplomáticas y de cooperación, o en algunos casos (particularmente en el Golfo Pérsico) por la intervención armada.

Sin embargo, el Medio Oriente no es, ni mucho menos, el único lugar en el que los estadounidenses intervienen en búsqueda de mantener el statu quo. La independencia de Europa occidental, la seguridad de la navegabilidad en el Océano Índico, la contención de China en el Mar Amarillo, la democratización de América Latina y el apoyo contra rebeldes y terroristas en el África Subsahárica, son algunos de estos casos.

Ahora bien, esta apuesta de política exterior supone una carga importante en recursos –tanto económicos como políticos- para el Estado Federal y los presidentes estadounidenses, y siempre ha supuesto un reto para justificar internamente. En efecto, los ciudadanos estadounidenses han sido durante casi su toda histórica democrática aislacionistas, recelosos de las “responsabilidad y cargas” que su país ha asumido en el siglo XX y XXI en el resto del planeta.

Así, de acuerdo al Pew Research Center, en 2013 el 52% de los estadounidenses sostuvieron que su país debía “ocuparse de sus propios asuntos internacionalmente”, el porcentaje más alto desde 1964, primer año en que se realizó esta encuesta. El escepticismo del público estadounidense puede verse, sobre todo, como una consecuencia de la “fatiga de guerra”, luego de más de una década de acciones armadas a gran escala en Asia, pero también, se explica un poco en las preocupaciones internas asociadas a la crisis económica internacional y sus consecuencias para Estados Unidos.

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Restos del avión de Malasya Airlines derribado en el este de Ucrania. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Tres de las más sonadas crisis internacionales de los últimos meses sirven como buenos ejemplos para la “retirada estadounidense” y algunas de sus consecuencias en las regiones donde los compromisos se están reduciendo.

En primer lugar, Ucrania, donde Vladimir Putin, el envalentonado presidente ruso, ha invadido la península de Crimea e incentivado y apoyado la rebelión de fuerzas pro-rusas en el Oriente del país. Estados Unidos ha liderado a Occidente en rechazar las acciones y aplicar sanciones económicas a Rusia por su intervención en Ucrania, pero tanto el presidente Obama, como sus conciudadanos, tienen poco interés en presionar demasiado al liderazgo ruso, mucho menos, intervenir en la defensa directa del territorio ucraniano.

Por un lado, Ucrania supone, en la nueva doctrina estadounidense de “liderar desde atrás” del gobierno Obama, parte de la influencia directa de Rusia y no de Europa Occidental y de la OTAN. Es decir, que por más que el presidente estadounidense continúe con su mandato histórico de “mantener el equilibrio internacional”, no intervendrá más allá de lo absolutamente necesario y posible políticamente. Porque, por otro lado, la opinión pública de su país ha dejado bien claro que no quiere ver a su país inmiscuido en Ucrania, peor aún, en un enfrentamiento con Rusia. Así, de acuerdo al Pew Research Center, el 56% de los estadounidenses sostuvieron en marzo de 2014 que su país no debía involucrarse mucho en la crisis ucraniana.

En segundo lugar, Siria e Irak, donde esta “doctrina Obama” se ha enfrentado a varios retos respecto a su propio compromiso descuidado y lejano con la estabilidad. En efecto, ni la represión del dictador Bashar al-Assad de su propio pueblo y luego su duro enfrentamiento con las fuerzas rebeldes sirias, incluso utilizando armas químicas, y cruzando la “línea roja” establecida por el propio Obama; han logrado mover a Estados Unidos a intervenir más allá del apoyo condicionado a algunas de las organizaciones rebeldes.

En este contexto, donde al-Assad pudo enfrentarse directamente a las fuerzas rebeldes más moderadas, mientras en el oeste y sur del país, la ya famosa organización extremistas ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) ganaba poder, poniéndose por encima incluso de otras fuerzas rebeldes, ganando terreno, controlando ciudades y acumulando armamento. A principios de 2014, este mismo grupo lanzó una ofensiva militar en el norte de Irak, su lugar de nacimiento, y apoyándose en el descontento de los sunnitas con el gobierno chiíta del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, su avance ya ha llevado a la caída de ciudades como Mosul, Tikrit o Fallujah, y amenazan la capital, Bagdad.

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Bombardeo de las fuerzas de seguridad israelí en una localidad de la franja de Gaza. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Ante el preocupante avance, Obama decidió recientemente atacar las posiciones de ISIS en el norte de Irak, intentado detener su ofensiva contra los kurdos. Es solo contención, en el mejor de los casos, la “atención de los síntomas, no de la enfermedad”. Y su alcance está determinado de entrada por la negativa de los Estados Unidos a tener compromisos más amplios.

De nuevo, los ciudadanos estadounidenses se oponen a esta acción, y sobre todo y particularmente, a cualquier incremento en el involucramiento de su país en la crisis del país del Medio Oriente.

Por supuesto, la política exterior de Obama da cuenta de nuevas realidades en las actitudes políticas de sus conciudadanos. De esta forma, tomar decisiones de intervenir internacionalmente –incluso frente a peligrosos conflictos y enemigos tan claros, como en los primeros meses del conflicto en Siria- se ha convertido en una tarea imposible para un líder estadounidense, por culpa de los altos costos políticos.

Y esta es una realidad interna que plantea un obstáculo casi imposible de salvar para el presidente Obama y los líderes estadounidenses por venir.

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Narcotráfico, violencia y migración ilegal

Narcotráfico, violencia y migración ilegal: la reciente crisis en la frontera de Estados Unidos y México por el aumento del flujo de inmigrantes –particularmente niños– desde varios países de Centroamérica ha puesto de nuevo el debate sobre las políticas migratorias del país del norte y las dificultades y peligros que corren los emigrantes ilegales expulsados de los países del sur del continente.  El primer gráfico da cuenta de las tendencias migratorias en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Colombia, todos países expulsores y en su mayoría -aunque no exclusivamente- hacia Estados Unidos. Curiosamente, estos datos dan cuenta de una reducción importante en la cantidad de emigrantes desde estos países en los últimos años, en efecto, el final de los años 90 supuso el momento de mayor expulsión en la muestra, con al menos un millón de personas migrando desde estos países.

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Ahora bien, Estados Unidos es el país con mayor recepción de migrantes del mundo. En las pasadas tres décadas, ha recibido algo más de treinta millones de personas. México, su vecino del sur, es uno de los países con mayor número de población expulsada y por supuesto, una importante participación en las tendencias del mismo debate migratorio en suelo estadounidense. Así, la población de inmigrantes ilegales en Estados Unidos en 2012 era de once millones cuatrocientos mil personas, una cifra que se ha mantenido estable desde su últimos incremento significativo al principio de la década del 2000.

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Las dos gráficas siguientes, comparan la población inmigrante y el promedio de la Tasa de homicidio por cien mil habitantes de Colombia y Guatemala. en ambos países parece existir una coincidencia entre la reducción del homicidio y la reducción de la migración (aunque en Colombia la relación no parezca tan clara en los años 80). Sin embargo, la violencia que sufre un país (sobre todo los brotes e incrementos) pueden verse como una de las razones principales por las que los latinoamericanos emigran hacia otros países.

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Irónicamente, buena parte de esa violencia se puede explicar en la instrumentalización por parte de las expresiones criminales de los países de la región del negocio del narcotráfico como fuente de financiación e interés en disputa. Es la misma guerra contra las drogas que promueve Estados Unidos la que está expulsando a los inmigrantes centroamericanos que inundan su frontera.

Las personas no suelen emigrar porque odien sus países o porque quieran hacer parte de una sociedad que, en la mayoría de los casos desconoce: hay una necesidad transversal a casi todos los inmigrantes. Quienes salen de sus países, sobre todo para ingresar a otro de manera ilegal, lo hacen porque les toca, no porque sea lo que quieran.

Mejor dicho, la inmigración de este tipo está explicada por las dificultades en las condiciones de vida del país expulsor y no tanto en las buenas condiciones que los esperarían en el país receptor. Esto no quiere decir que las “oportunidades” no influyan en la decisión que toman los inmigrantes del lugar al que quieren ir, pero el flujo, y sobre todo el aumento inesperado del mismo, tiene mucho más que ver con conflictos, choques o crisis en el país expulsor.

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La gran mayoría de los migrantes ilegales que viven en Estados Unidos son originarios de México y Centroamérica y aunque la cercanía y facilidad del traspaso explique una parte de este fenómeno, la violencia y los problemas económicos resultan el factor desencadenante de la migración. Una política migratoria integral no solo debería dedicar esfuerzos a regular la entrada y salida al país, sino, y sobre todo, intentar mitigar y compensar los efectos de la violencia y los desafíos de desarrollo en los lugares de origen de los migrantes.

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¿Qué está pasando en Irak?

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Por Santiago Silva Jaramillo

En la mañana del pasado diez de junio, luego de algunas horas de ligeros combates, por lo menos unos tres mil hombres del ejército iraquí se retiraron o desertaron sus puestos en Mosul, la ciudad más grande del norte de Irak y su segunda ciudad en importancia. En su retirada, las tropas iraquíes dejaron docenas de tanques, carros armados, municiones y armas; un excelente botín para el grupo que atacaba la ciudad. En efecto, la fuerza invasora, constituida por militantes islamistas de varios grupos sunnitas –aunque liderados por la organización extremista armada “ISIS”-, tomaron el control de la ciudad y saquearon sus bancos y arsenales.

Recompuestos luego de la conquista de Mosul, los apenas cientos de militantes han continuado su avance hacia el sur, con miras a la capital, Bagdad. Solo dos días después, capturaron Tikrit, la cuna del ejecutado dictador iraquí Saddam Husein, mientras el gobierno chiita iraquí, liderado por el corrupto y autocrático Nuri Al- Maliki, se ha visto a gatas para utilizar sus casi quinientos mil hombres –armados y entrenados por Estados Unidos antes de la salida de las tropas en 2011- para detener los ataques de un par de miles de militantes sunnitas.

ISIS son las siglas en inglés para el “Estado islámico de Irak y la gran Siria”. Es un grupo islamista de origen sunnita, que empezó como una rama de Al-Qaeda en Irak, pero que en los últimos años de enfrentamientos con el gobierno iraquí y sus aliados estadounidenses, y luego con su intervención en la guerra civil siria, se ha convertido en una fuerza independiente (además de tildada como “demasiado violenta” por el liderazgo de Al-Qaeda), con pretensiones de construir un Estado regido por la sharia en la región de Levante, que incluya a las poblaciones sunnitas del oriente de Siria, el norte de Irak y el norte de Jordania.

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Ahora bien, el éxito de la ofensiva de ISIS no se explica por su capacidad militar, sino, más bien, por la debilidad del gobierno iraquí y la profunda división que existe entre las tres grandes facciones dentro de su territorio. Por un lado, el gobierno de Al-Maliki inició una criticada campaña de exclusión de la minoría sunnita, en contra de los compromisos adquiridos con los Estados Unidos, que acababa de retirar sus tropas del territorio. Ante la persecución y exclusión de los chiitas, y el vacío de poder dejado por las tropas estadounidenses en grandes porciones del territorio iraquí, las milicias sunnitas empezaron a ganar influencia y control sobre pueblos en el norte y sobre las fronteras de Irak.

En 2011, con el inicio de la guerra civil en Siria, y sobre todo en 2013, con su recrudecimiento, facciones de islamistas armados del mundo árabe acudieron a Siria a ayudar a los insurgentes sunnitas que luchan contra el presidente alauita Bashar Al-Assad, aliado de los poderes chiitas de la región.  El germen de ISIS acudió también y peleando en el oriente del país ha logrado ganar los recursos, los hombres y la experiencia para lanzar la actual ofensiva, sustentada en el descontento sunnita del norte de Irak con el gobierno chiita de Al-Maliki.

Ante el peligro que representa el avance de ISIS –y sobre todo la rapidez con la que se deterioró la situación en Irak- la comunidad internacional ha reaccionado, pero el desconcierto se une a las dificultades políticas de intervenir. Estados Unidos, por ejemplo, se encuentra atrapado en viejas promesas de política interna y el desgaste de las últimas guerras. Obama sustentó buena parte de sus apuestas de gobierno e convencer al público estadounidense de que Irak era la “mala guerra”, que la salida de las tropas era necesaria e irrevocable; que los estadounidense dejaban Irak de una vez por todas. Para el presidente estadounidense, aunque todos lo esperen y la situación lo requiera, resulta muy difícil en términos políticos justificar internamente nuevas operaciones militares en Irak.

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Por otro lado, Irán ya ha despachado algunas tropas para ayudar a defender los intereses del gobierno iraquí, particularmente cerca de su frontera y en el caso de que Bagdad efectivamente esté en peligro de ser atacada. Pero la solidaridad chiita (Al-Maliki e Irán), se contrapone a la solidaridad sunnita. En efecto, algunas agencias han reportado de la influencia y financiación de algunos líderes petroleros de los Estados del golfo pérsico sobre ISIS y las milicias sunnitas en el norte de Irak.

El problema es que, incluso con toda la ayuda, el gobierno de Al-Maliki se ha cavado su propia tumba en términos políticos, tanto, que incluso la tercera facción dentro de Irak ya ha empezado a aprovecharse la situación. Los kurdos, perseguidos por décadas por los gobiernos iraquíes y que actualmente cuentan con una situación de relativa autonomía en el nororiente del país, han tomado su histórica capital de Kirkut, hasta hace poco en manos del gobierno.

Los próximos días –de pronto semanas- serán determinantes para identificar si la sorpresa fue la mejor alidada de ISIS, y se encuentra en camino de caer ante una ofensiva de las fuerzas iraquíes apoyadas por Irán y posiblemente Estados Unidos, o si la falla estructural es del gobierno iraquí y se encuentra a punto de caerse a pedazos ate el avance de las fuerzas insurgentes.

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Gráfico: ¿Cuál es la primera potencia económica mundial?

¿Cuál es la primera potencia económica mundial?: Este gráfico recoge las opiniones de los habitantes de cuatro países sobre cuál es el país (o unión de países, en el caso de la Unión Europea) que, según su percepción, es la primera potencia económica mundial El gráfico muestra las opiniones de estadounidenses, chinos, japoneses y alemanes. Así, para el 39% de los encuestados en Estados Unidos, la principal potencia económica es su país, pero para el 44% es China. Los chinos, responder de forma contraria, el 46% cree que la potencia es Estados Unidos y el 30% que es su país. Por otro lado, el 67% de los japoneses consideran que la potencia es Estados Unidos, mientras el 59% de los alemanes cree que es China.  Fuente: Pew Global, 2013

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5 consecuencias geopolíticas de la crisis en Ucrania

Barack Obama visita Europa, Londres Fuente: The Big Picture - Boston.com

Barack Obama visita Europa, Londres
Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

A las anteriores entradas sobre la crisis en Ucrania (Un realista, un liberal y un socialista discuten la crisis en Ucrania; y Putin está ganando: tres consecuencias para el mundo), ahora presento estas cinco consecuencias geopolíticas de las agresiones rusas en Europa Oriental y la tímida respuesta de Occidente:

Llamada de atención a la Unión Europea y sus detractores: los enemigos comunes son siempre el mejor incentivo para fortalecer una alianza. Y en los últimos años, a la Unión Europea le faltaba precisamente eso, un enemigo común claro que no fuera las peleas internas y la crisis económica. Rusia ha llegado a llenar ese vacío en la confederación de estados europeos. Ahora, los líderes europeos utilizan a este nuevo-viejo contendor internacional como la excusa perfecta para destrabar procesos de integración estancados e incluso contener las tendencias de separación en algunos países como Reino Unido. Una idea clásica, pero no por eso menos poderosa.

Puerto de Sebastopol, Crimea Fuente: The Big Picture - Boston.com

Puerto de Sebastopol, Crimea
Fuente: The Big Picture – Boston.com

“¡Fascistas del mundo, uníos!”: curiosamente, el mayor apoyo de Putin a su agresión en Ucrania no ha venido del interior de Rusia, los más emocionados con la “nueva asertividad” rusa son los extremistas de derechas de los países europeos. Partidos y líderes políticos nacionalistas de extrema derecha de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Hungría, entre otros, han reconocido el referendo de Crimea que la anexó a la Federación Rusa y apoyado públicamente las pretensiones de Putin en Europa Oriental. Putin resulta un modelo a seguir tentador para muchos extremistas europeos: nacionalista, xenófobo, autoritario y conservador. Su apoyo resulta extraño, pero posiblemente peligroso si siguen ganando escaños en los parlamentos de sus países igual que en los últimos años.

La sonrisa en la boca de China: Barack Obama había anunciado un “pivote a Asia” hace poco más de un año y aunque la semana pasada realizó un extenso viaje en la región como soporte de la estrategia de contención del ascenso chino, la realidad es que la crisis en Ucrania probablemente s se ha robado la atención de la opinión pública estadounidense, y los tomadores de decisión de Washington. El pivote tendrá que esperar a que el viejo enemigo resurgido en Europa Oriental pueda regresar a las buenas maneras de los años noventa o a que los europeos occidentales asuman un rol más activo en su oposición a las valentonadas de Putin.

Escuela de Cadetes, Rusia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Escuela de Cadetes, Rusia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

La impotencia del Occidente democrático: sanciones. Esa ha sido la principal respuesta de Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental a la agresión rusa. Eso y hablar duro. Pero ninguna de esas dos apuestas han detenido las acciones de Putin en contra de Ucrania, ni han ayudado al torpe e incapacitado gobierno ucraniano a responder efectivamente a la práctica invasión de varias de sus provincias en el este y la pérdida de Crimea. Occidente ha demostrado que no cuenta ni con la determinación, ni con las herramientas adecuadas para prevenir una agresión como la de Rusia en Ucrania. Esto lanza al ambiente global un peligroso mensaje: que las potencias locales pueden pretender hacer algo similar sin que Estados Unidos o Europa tengan la voluntad suficiente y los recursos para impedirlo.

La doctrina Putin: toda la crisis en Ucrania ha sido, por supuesto, el perfeccionamiento de la política internacional expansiva de Vladimir Putin. Rusia, en las manos de Putin, busca volver a las viejas glorias del imperio soviético, poniendo bajo su bota, por lo menos, a los países que considera vitales para mantener su influencia regional y proyectar su poder global. Es nostalgia de potencia perdida, pero real y con consecuencias tan claras como las que ahora viven los ucranianos. Dos ideas sustentan esta doctrina –que con seguridad marcará las acciones rusas en los próximos años-: (1) que el “vecindario ruso” es inviolable por otras potencias y que, llegado el caso de una amenaza de oposición a la voluntad rusa (2) la fuerza puede utilizarse con impunidad ante la inactividad de la comunidad internacional. Estas ideas fueron puestas en práctica por Putin primero en Georgia en 2007, ahora en Ucrania y Moldavia y probablemente podrían influenciar sus estrategias futuras en Europa del Este y Asia Central.

Protestas en Europa en 2012, Grecia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Protestas en Europa en 2012, Grecia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

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Mirando al Oriente

China

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Aunque los recientes acontecimientos en Rusia podrían sugerir lo contrario, el enfrentamiento geopolítico más importante del siglo XXI será entre una China que asciende en Asia y se proyecta más allá de sus fronteras, y un preocupado Estados Unidos que intenta contenerla antes de que llegue a competir con su influencia en otros lugares del mundo. En la mitad, el mundo. Pero antes que los demás, los principales implicados (beneficiados o perjudicados) son los vecinos inmediatos de la nueva potencia oriental.

Desde el año 2012, el presidente estadounidense Barack Obama anunció un profundo cambio en las preocupaciones estratégicas de su país, lo que denominó el “pivote de Asia”; es decir, la concentración de intereses, recursos y presencia política, económica y militar en la región Asia-Pacífico. La idea era doble. Por un lado, aprovecharse de los recursos y mercados de la región más económicamente dinámica y de crecimiento estable del mundo, y por otro, contener el crecimiento de la influencia de China en la región.

La apuesta de política exterior del presidente estadounidense no solo fue acertada y pertinente, sino que supuso un cambio efectivo a la pasividad –algo desubicada– de la política internacional de Estados Unidos luego de los desastres en Medio Oriente. Sin embargo, la realidad ha presenciado pocos cambios reales en terreno hasta ahora.

Esta semana, Obama iniciará una gira por Asia que busca “lanzar” el famoso pivote asiático, pero las visitas han despertado poco interés en la prensa y bastante menos en los países interesados en que haya claridad sobre la posición de Estados Unidos en la región. Dos asuntos podrían ser culpables de esto: la crisis en Ucrania (y el comportamiento de Rusia) y la falta de un plan de acción claro por parte de Estados Unidos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

De hecho, es muy probable que el tema del que más se hable estas semanas en Asia sea la crisis en Europa oriental. La intervención, hasta ahora impune, de Rusia en territorio ucraniano ha avivado los temores de que China haga algo parecido en territorios en disputa con sus vecinos, particularmente en el Mar del sur de China, donde Japón, Taiwan, Filipinas, Vietnam y China sobrelapan sus intereses.

Esta preocupación se sustenta en dos realidades. La primera, la demostrada imposibilidad de Estados Unidos para defender a sus aliados en los conflictos regionales, como en el caso de Ucrania; y la segunda,  el incremento del gasto militar chino y su agresividad a la hora de defender lo que considera su área de influencia natural.

En efecto, el incremento del presupuesto militar de China ha sido espectacular en los últimos diez años, sobre todo, si se compara con el comportamiento de los presupuestos de sus vecinos. Particularmente, Japón y Corea del Sur, dos de los países más nerviosos con el ascenso chino, más cercanos a Estados Unidos y, hasta hace relativamente poco, los que contaban con mayores inversiones en defensa en la región.

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 Por supuesto, muchos analistas sostienen que el enfrentamiento en Asia entre China y Estados Unidos y sus aliados no es inevitable. De acuerdo a dos escenarios. En el primero, el temido ascenso de China y el aumento de su influencia mundial se ve constreñido por los problemas políticos y demográficos internos. Es decir, que la potencial inestabilidad interna del país impediría que su crecimiento y expansión sean sostenibles en el tiempo. En el segundo escenario, tanto China, como Estados Unidos y sus aliados en la región, logran repartir sus áreas de influencia e interés en la región, y gestionan efectivamente los posibles conflictos.

Sea cómo sea, Obama inicia un cambio estratégico de suma importancia para la política global de los próximos cien años. Determinará, entre otras cosas, luego del enfrentamiento (no necesariamente violento), la nueva potencia regional en Asia y quizá, la nueva súperpotencia global (o la renovación de la actual). También, el futuro de la región más importante del planeta, y que como Europa en el Siglo XX, determinará el futuro del planeta en el XXI.

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Putin está ganando: Tres consecuencias para el mundo

Fuente: imagenpoblana.com

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Por Santiago Silva Jaramillo

Sin conocer todavía el desenlace final del conflicto en Ucrania (al momento de escribir este texto, insurgentes pro-rusos del oriente de  Ucrania y fuerzas rusas encubiertas toman el control de estaciones de policía y edificios de gobierno ante un vociferante pero impotente gobierno ucraniano, mientras las fuerzas armadas rusas continuaban concentrando elementos en la frontera), se pueden asumir algunos grandes cambios que los últimos acontecimientos implicarán para el futuro del orden internacional.

Estas son tres consecuencias iniciales de que, en Ucrania, Vladimir Putin, presidente de Rusia, esté ganando:

Fuente: time.com

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1. El nuevo zar: desde que llegó al poder en el año 2000, Vladimir Putin se dio a la tarea de crear una Rusia a su imagen y semejanza. Fría, calculadora, fuerte y cruel. Pero próspera y respetada, luego de toda una década de ser la burla del sistema internacional, y unos veinte años de estancamiento político y económico. Y lo ha logrado. Por un lado, con un poco de suerte, al impulsar el crecimiento económico de su país con las bonanzas de las materias primas desde mediados de la década del dos mil, y por el otro, con mucha astucia y algo de arrojo, al ganar varias manos internacionales con sus enemigos occidentales. Putin ha restaurado la influencia rusa en su vecindario y el mundo, ganó las partidas en Georgia en 2007, Siria en 2013, y parece estar a punto de asegurarse otra victoria en Ucrania en 2014. El nuevo zar, y la nueva Rusia, se han convertido en una fuerza a tener en cuenta a nivel global. Justo lo que Putin se planteó desde que asumió el poder.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. El “pivote” europeo: en enero de 2013, el presidente estadounidense Barack Obama planteó una nueva “gran estrategia” para la política exterior de su país, el “pivote de Asia”. La idea era concentra los recursos económicos, políticos e incluso militares de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. En primer lugar, para aprovechar el dinamismo económico y las prospectivas de crecimiento de los países de esa zona del mundo, pero en segundo lugar -y no menos importante- para “contener” la expansión de la influencia china. Pero el viejo frente europeo se ha vuelto a abrir. Los estadounidenses habían gestionado las relaciones con los rusos desde la caída de la Unión Soviética; incluso superando crisis complejas como las guerras en los Balcanes y el Caucaso, pero el conflicto en Ucrania, y el incremento de la agresividad rusa a nivel internacional, le exigirán a Estados Unidos que su “pivote de Asia” se vuelva simplemente el viejo “pivote europeo”. Los chinos, al margen, deben estar sonriendo.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

3.La potencia desafiada: desde el final de la Guerra Fría se ha debatido sobre si el mundo se encuentra en un orden unipolar o multipolar. Aunque la crisis en Ucrania ni sea la primera señal de la multipolaridad y la dificultad para Estados Unidos de dirigir y liderar el mundo, si se ha convertido en un poderoso argumento para los que, en efecto, consideran que la súper potencia está todo menos sola en el orden político global. Por supuesto, esto no solo tiene efectos académicos. Futuras crisis -y algunas actuales, como el conflicto en Siria- se verán afectados por los poderes locales que, envalentonados por el ejemplo que da Rusia, no hacen caso de la presión o la negociación de los diplomáticos estadounidenses.

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