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Las religiones en la globalización: La fe al servicio de la política (Contribución).

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Religiones y geopolítica.

Por Juan David Correa

Tras discutir asuntos de índole petrolífera, hace unos años, el rey de Arabia Saudita Abdalá bin Abdelaziz lanzó una inusitada propuesta a Vladimir Putin, primer mandatario ruso: dejarle comprar un predio en Moscú para la construcción de una gran mezquita. Putin contestó afirmativamente, a cambio de que el rey le permitiera erigir un templo ortodoxo en sus dominios. El rey reaccionó con sorpresa argumentando que esto no podía ser posible en tanto que su religión, la ortodoxa, no era la verdadera y no se podía engañar al pueblo, lo que llevó a Putin desde su consabida audacia a esgrimir: “yo pienso igual de su religión y sin embargo permitiría edificar su templo si hubiera correspondencia, así que hemos terminado el tema”.

Las religiones han tenido como finalidad a lo largo de la historia, dotar de sentido la existencia de los hombres y explicar la relación de éste con el cosmos a través de la creencia en un ser o varios seres divinos. Es un rasgo cultural que moldea a un grupo social, que puede ir desde una etnia hasta una civilización. Todas las representaciones del mundo cambian ostensiblemente de una latitud a otra.

Precisamente, una característica esencial de una religión es el “anclaje” a un determinado territorio. Si bien es cierto que ha habido religiones que desde su origen han sido desancladas; como por ejemplo el cristianismo, el islamismo o el budismo, hay que decir que hasta finales del siglo XX han seguido estando supeditadas a una determinada cultura y, como se advirtió, a una territorialidad concreta. Con el proceso de la globalización y la proliferación ingente de los servicios tecnológicos, las religiones acuden ante un escenario de peligrosidad en lo que respecta a su existencia. Si son pequeñas pueden sentirse vulnerables de poder ser absorbidas por religiones mucho más fuertes, acostumbradas al desanclaje con gran capacidad de adaptación. Si son grandes pueden perder protagonismo en determinada zona y cederle espacio a otras religiones, que pueden adueñarse de la parte mística de algunas personas y, más importante aún, del aspecto político.

Es innegable que la imbricación de las religiones y la política, más que algo potencial, es un hecho. Hay sociedades en donde la vida política tiene sentido en un entendido religioso y doctrinal, como en el mundo musulmán. En otras sociedades, la religión no se explicita en lo político directamente, sino que es un recurso del que se sirven algunas autoridades políticas para tener control social en su territorio y para relacionarse exteriormente con otras autoridades político-religiosas, o simplemente,  políticas o religiosas. Ante un mundo globalizado, la paranoia de la absorción cultural por parte de una masa homogeneizadora que tienen las religiones en sí y los órdenes políticos que apelan a la religión para legitimarse, abre la posibilidad a múltiples búsquedas para mantener cierta rigidez que permita dejar a estas religiones y ordenes políticos sin menoscabo alguno.

Paradójicamente, esta rigidez precisa de mucha movilidad, es decir, los tomadores de decisiones necesitan mover las fichas necesarias para que una sociedad o una religión no sucumban. Entre estos movimientos tenemos el del diálogo inter-religioso, que propende por la unificación de ciertos aspectos básicos doctrinales y ceremoniales entre dos religiones distintas o entre facciones de una misma religión. El puente que hace posible tal diálogo son las relaciones internacionales. El profesor Gabriel Andrade nos dice que “a partir de la globalización, los procesos de conformación de polos y diálogos interreligiosos se llevarán a cabo por medio de la política”. Las alianzas estratégicas entre religiones distintas con fines de supremacía política en el orden internacional están actualmente y seguirán estando a la orden del día en el tercer milenio. Así es como los acercamientos entre la Irán chií y el resto del mundo musulmán (predominantemente suní) se pueden dar para reivindicar el panislamismo. El telos de estas alianzas no es más que la erección de polos político-religiosos.

Pero ¿por qué la religión sigue siendo tan vigente en un mundo supuestamente “moderno”?. Lo primero que habría que decir es que la única civilización donde la religión y la política se han separado tajantemente ha sido en la Occidental, dando lugar a un proceso de secularización que se decantó en la modernidad y el capitalismo. Luego, en su apogeo, el capitalismo se constituyó en industrialización y   en progreso, algo que se denominó como modernización. El abrigo filosófico de éste fenómeno fue la Ilustración. No obstante, la religión siguió ocupado un lugar prominente en dicha civilización, sólo que hizo una mutación. El mundo laico no deja de ser religioso, simplemente manifiesta la religiosidad de otro modo. Bien decía Nietzsche que en el Occidente cristiano “Dios es la verdad”. Con la Ilustración simplemente se invierte la premisa, pero sigue dando el mismo rédito y la misma operatividad para la sociedad: “La Verdad es Dios”.

Así pues, se tiende a asumir lo “moderno” con lo occidental, y con éste rasero se juzgan a las demás civilizaciones que no han tenido procesos de escisión entre lo espiritual y lo temporal. Se las llama “pre-modernas” y arcaicas. A pesar de que la modernización ha hecho que muchas sociedades se secularicen y se ha incrementado exponencialmente el grupo de los no-religiosos, las religiones no han perdido fuerza. Por el contrario, ante la crisis de la modernidad y los fenómenos existenciales, los humanos se han amparado más fuertemente en las religiones.

Éste resurgir de las religiones en un escenario globalizado ha arrojado problemas muy nuevos como el fundamentalismo. Se está dando el rechazo a ultranza de determinados pueblos respecto de los intereses imperialistas y expansionistas de Occidente (en cabeza de E.E.U.U) como bastión de la “modernización”. En esa dialéctica de la inclusión y de la exclusión propia de la globalización encaja perfectamente el fenómeno del fundamentalismo islámico, por ejemplo. Los intentos fallidos de la occidentalización en Oriente Medio y en el mundo árabe en general ha hecho que éstos pueblos se pregunten muy seriamente si la adopción de los cánones de ésta civilización sirve para potenciar el desarrollo en sus territorios. Después de la incógnita se han decantado por un “no” rotundo, y ha habido mucho brotes de grupos que intentan reivindicar su cultura y volver a implementar los códigos y las normas propias de su religión para auto-determinarse. Este es el caso de los  renombrados Estado Islámico, Al Qaeda o Hezbolá, entre otros.

En este estado de cosas podemos aseverar que la religión seguirá teniendo un rol enorme en la configuración del orden global. Los diálogos y acercamientos interreligiosos acarrearán el origen de diversos polos y enclaves políticos, que buscarán la supremacía frente a los demás. Habrá muchas pugnas por la influencia en ciertas zonas que tienen unas religiones minoritarias y en algunos territorios con una población místicamente débil. Se constituirá pues un cierto estado avanzado del Choque de Civilizaciones, y será mucho más complejo de entender, porque pueden darse diálogos entre un país que hace parte de una civilización dada con otro país de otra civilización (ambos religiosamente y culturalmente disímiles) y podrán pelear contra una diada similar.

La religión pues no está rezagada, vive hoy más que nunca.

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5 consecuencias geopolíticas de la crisis en Ucrania

Barack Obama visita Europa, Londres Fuente: The Big Picture - Boston.com

Barack Obama visita Europa, Londres
Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

A las anteriores entradas sobre la crisis en Ucrania (Un realista, un liberal y un socialista discuten la crisis en Ucrania; y Putin está ganando: tres consecuencias para el mundo), ahora presento estas cinco consecuencias geopolíticas de las agresiones rusas en Europa Oriental y la tímida respuesta de Occidente:

Llamada de atención a la Unión Europea y sus detractores: los enemigos comunes son siempre el mejor incentivo para fortalecer una alianza. Y en los últimos años, a la Unión Europea le faltaba precisamente eso, un enemigo común claro que no fuera las peleas internas y la crisis económica. Rusia ha llegado a llenar ese vacío en la confederación de estados europeos. Ahora, los líderes europeos utilizan a este nuevo-viejo contendor internacional como la excusa perfecta para destrabar procesos de integración estancados e incluso contener las tendencias de separación en algunos países como Reino Unido. Una idea clásica, pero no por eso menos poderosa.

Puerto de Sebastopol, Crimea Fuente: The Big Picture - Boston.com

Puerto de Sebastopol, Crimea
Fuente: The Big Picture – Boston.com

“¡Fascistas del mundo, uníos!”: curiosamente, el mayor apoyo de Putin a su agresión en Ucrania no ha venido del interior de Rusia, los más emocionados con la “nueva asertividad” rusa son los extremistas de derechas de los países europeos. Partidos y líderes políticos nacionalistas de extrema derecha de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Hungría, entre otros, han reconocido el referendo de Crimea que la anexó a la Federación Rusa y apoyado públicamente las pretensiones de Putin en Europa Oriental. Putin resulta un modelo a seguir tentador para muchos extremistas europeos: nacionalista, xenófobo, autoritario y conservador. Su apoyo resulta extraño, pero posiblemente peligroso si siguen ganando escaños en los parlamentos de sus países igual que en los últimos años.

La sonrisa en la boca de China: Barack Obama había anunciado un “pivote a Asia” hace poco más de un año y aunque la semana pasada realizó un extenso viaje en la región como soporte de la estrategia de contención del ascenso chino, la realidad es que la crisis en Ucrania probablemente s se ha robado la atención de la opinión pública estadounidense, y los tomadores de decisión de Washington. El pivote tendrá que esperar a que el viejo enemigo resurgido en Europa Oriental pueda regresar a las buenas maneras de los años noventa o a que los europeos occidentales asuman un rol más activo en su oposición a las valentonadas de Putin.

Escuela de Cadetes, Rusia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Escuela de Cadetes, Rusia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

La impotencia del Occidente democrático: sanciones. Esa ha sido la principal respuesta de Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental a la agresión rusa. Eso y hablar duro. Pero ninguna de esas dos apuestas han detenido las acciones de Putin en contra de Ucrania, ni han ayudado al torpe e incapacitado gobierno ucraniano a responder efectivamente a la práctica invasión de varias de sus provincias en el este y la pérdida de Crimea. Occidente ha demostrado que no cuenta ni con la determinación, ni con las herramientas adecuadas para prevenir una agresión como la de Rusia en Ucrania. Esto lanza al ambiente global un peligroso mensaje: que las potencias locales pueden pretender hacer algo similar sin que Estados Unidos o Europa tengan la voluntad suficiente y los recursos para impedirlo.

La doctrina Putin: toda la crisis en Ucrania ha sido, por supuesto, el perfeccionamiento de la política internacional expansiva de Vladimir Putin. Rusia, en las manos de Putin, busca volver a las viejas glorias del imperio soviético, poniendo bajo su bota, por lo menos, a los países que considera vitales para mantener su influencia regional y proyectar su poder global. Es nostalgia de potencia perdida, pero real y con consecuencias tan claras como las que ahora viven los ucranianos. Dos ideas sustentan esta doctrina –que con seguridad marcará las acciones rusas en los próximos años-: (1) que el “vecindario ruso” es inviolable por otras potencias y que, llegado el caso de una amenaza de oposición a la voluntad rusa (2) la fuerza puede utilizarse con impunidad ante la inactividad de la comunidad internacional. Estas ideas fueron puestas en práctica por Putin primero en Georgia en 2007, ahora en Ucrania y Moldavia y probablemente podrían influenciar sus estrategias futuras en Europa del Este y Asia Central.

Protestas en Europa en 2012, Grecia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Protestas en Europa en 2012, Grecia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

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4 tendencias mundiales y 4 colombianas para el 2014

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Energía, crisis, reforma y guerra

En el mundo:

  • Estados Unidos continúa su desvinculación del resto del mundo: el aumento de la independencia energética de Estados Unidos, la prevalencia de los problemas económicos y el desprestigio de su política interna y externa incentiva que los líderes estadounidenses se miren el ombligo.
  • Medio Oriente, la paz y la guerra: mientras en Siria continúa la violencia y ningún bando parece cercano a imponerse sobre otro, las negociaciones internacionales son utilizadas por ambas partes (o las muchas, en realidad) para ganar tiempo en el terreno y mejorar su posición. Sin embargo, las negociaciones de las seis potencias mundiales con Irán avanzan, logrando mayores compromisos por parte de los iraníes a cambio de la reducción de las sanciones internacionales.
  • Afganistán y la guerra perdida: las tropas de la misión internacional abandonan definitivamente Afganistán y el control militar de todo el país pasa a manos de las autoridades afganas. La ayuda internacional civil también se reduce, en tanto los países donantes se ven a gatas de seguir aprobando de sus ajustados presupuestos en casa. La economía se tambalea y la política se tensiona. En el caos, el país podría empezar a fraccionarse de nuevo.
  • China empieza a forzar la mano, pero tiembla internamente: una nueva potencia ha surgido en Oriente y las especulaciones de cuándo comenzará a utilizar su reciente poder parecen coincidir con que el conflicto sobre las aguas e islas del Mar del Sur de China son el escenario perfecto para que le nuevo gigante juegue su primer juego armado en política internacional. Sin embargo, internamente las cosas no irán bien, millones de chinos, que unas dos décadas atrás eran pobres, empiezan a exigir que junto a su nuevo estatus de clase media, vengan iguales derechos políticos.
Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

En Colombia:

  • Polarización política y elecciones: una controvertida negociación de paz que defensores y detractores ponen en el centro de la discusión política, unas elecciones en marzo de un parlamente desprestigiado y con pocas posibilidades de renovación y otras elecciones, esta vez de presidente en mayo, en dónde el actual primer mandatario se enfrentará a rivales mediocres por una poco entusiasta reelección seguirán caldeando el ambiente político.
  • Proceso de paz y violencia: Las Farc harán proselitismo armado por el presidente y sus candidatos por un lado, mientras siguen consolidando su poder local con miras a futuras aspiraciones políticas. Mientras tanto, sus rangos se irán depurando, en tanto algunos frentes se deciden finalmente por la criminalidad y el narcotráfico. Se firma un acuerdo, pero los detalles esconden sorpresas y el apoyo de los colombianos puede tambalearse.
  • Una nueva (vieja) cara del crimen organizado: Siempre innovador, el crimen organizado en Colombia continúa su mutación. Ahora, tomando lecciones de años de guerras costosas y poco útiles, las organizaciones empiezan a operar como verdaderas “mafias modernas”. Sus enfoques dejan de ser las armas y la confrontación y se concretan en la influencia política y la captura de rentas legales e ilegales. Mientras tanto, las autoridades se ven desconcertaras y frustradas por su poca efectividad a la hora de combatir estos nuevos fenómenos.
  • Estabilización y crecimiento económico: no sin dificultades, el juicio de los últimos gobiernos colombianos en materia  macroeconómica empieza a dar sus frutos. De igual forma, viejas reformas atrasadas entran en vigor y por fin se ven las inversiones en infraestructura. El Nuevo Sistema General de Regalías y un posible nuevo Código Minero incentiva el sector, mientras sus recursos fluyen a inversiones más responsables en los municipios colombianos. Sin embargo, se mantiene el peligro por arbitrariedades, los problemas de Ecopetrol, la mayor petrolera del país, y la venta de Isagen, una de sus mayores generadoras de energía, podrían dar pistas de una politización irresponsable de las empresas estatales.

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Cambio geopolítico

Fuente: Portafolio.co

Fuente: Portafolio.co

Sobre las profundas consecuencias mundiales de que Estados Unidos sea energéticamente autosuficiente

Entre 2011 y 2012, Estados Unidos aumentó su producción de petróleo en poco más de un millón de barriles diarios, alcanzando 8.905.000 (un incremento del 13,9%). Este impresionante salto fue impulsado principalmente por el desarrollo tecnológico de la explotación de esquisto, en el que la tierra que rodea los depósitos de petróleo y gas es utilizada para la extracción. Gracias a esto, viejos campos que se creían agotados en vuelto a entrar en funcionamiento y las reservas probadas han pasado de 30.7 miles de millones de barriles en 2002 a 35 miles de millones en 2011, de acuerdo a cifras de BP.

Este profundo cambio en el mercado energético –que continúa- traerá importantes modificaciones en la geopolítica mundial.

La participación de Estados Unidos en los asuntos de Medio Oriente (hasta ahora y durante los últimos cincuenta años, su principal fuente de petróleo extranjero) se verá disminuida. En efecto, el principal interés de los estadounidenses en la región –solo competido por la protección de Israel- ha sido el mantenimiento de flujos energéticos estables y confiables. De esta forma, una vez logre suplir su demanda interna con su propia producción, Estados Unidos podrá reducir sus compromisos (aunque es poco probable que se ausente completamente) en los conflictos de Medio Oriente.

El vacío, aunque sea parcial, será ocupado por otros poderes globales. Por un lado, los europeos, que siguen dependiendo en su mayoría de los recursos energéticos que vienen de Asia –y se afanan por “independizarse” de su desconfiable proveedor ruso-, y por otro, los chinos, cuyo apetito por hidrocarburos no cede, mientras sus propios recursos son bastante reducidos.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Otro escenario en el que el papel de Estados Unidos ya está cambiando es en su vecindario más próximo. Los países de Centroamérica –a excepción de México, por supuesto- y el Caribe siempre han sido vulnerables a su falta de recursos energéticos, sin muchos excedentes de dinero para comprar en el mercado internacional, han cambiado influencia y afiliaciones internacionales por buques cisternas. El fallecido ex presidente venezolano supo aprovechar esta debilidad con mucho ingenio, comprando la lealtad de varios países de la cuenca del Caribe a punta de petróleo subsidiado.

Pero ante la profunda crisis económica venezolana y los nuevos recursos petroleros estadounidenses se está produciendo un rebalanceo de influencias en la región. Estados Unidos recuperará viejos aliados utilizando una estrategia que tiene tanto de mezquina como de efectiva.

Finalmente, si Estados Unidos logra consolidar su producción hasta el punto de convertirse en exportador –y todo parece indica que lo hará-, no solo venderá su petróleo en el Caribe, otro potencial cliente son las economías desarrolladas del pacífico asiático. Los japoneses, surcoreanos y taiwaneses no tienen ninguna pretensión de intervenir en Medio Oriente para cuidar sus intereses y el petróleo estadounidense les caería bastante bien.

Por supuesto, este nuevo mercado para los hidrocarburos de Estados Unidos aumentará la importancia que la región tiene en las preocupaciones geopolíticas de la potencia del norte. Y por tanto, la posibilidad de que se produzcan conflictos con la ascendente potencia regional, China. En efecto, la creación de ese nuevo mercado, introduciría un nuevo elemento a las crecientes tensiones en las relaciones de los países en la región.

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¿Qué otros cambios puede traer la independencia energética estadounidense? Cuénteme lo que piensa, comente.

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IMPERIO APÁTICO

IMPERIO APÁTICO (Clic para leer el artículo completo)

Los últimos meses han estado llenos de señales de una probable “retirada” de Estados Unidos de los asuntos mundiales; la crisis económica, el final de la misión en Afganistán, las guerras en Libia, Siria y Malí, la eventual autosuficiencia energética y el más reciente discursos al Estado de la Unión del presidente Obama llevan a pensar que el tradicional aislacionismo estadounidense puede estar de regreso. Pero a diferencia de lo que muchos podrían querer pensar, un mundo sin la participación activa de Estados Unidos sería menos seguro, menos próspero y menos estable.

Vía Bajo la Manga

La nueva geopolítica del Medio Oriente (1 de 2)

Fuente: The Big Picture - Boston.com

De cómo ha cambiado la región después de las revueltas árabes

Parece que las revueltas en el mundo árabe están llegando a su fin. Claro, en Siria todavía hay enfrentamientos entre el presidente Bashar al-Assad y los ciudadanos sirios que exigen su renuncia, en Egipto el conflicto entre la población civil y el ejército se acentúa, mientras persiste el escepticismo y la desconfianza sobre el papel que jugará la milicia en la futura intentona democrática del país y la guerra civil continúa en Yemen. Sin embargo, es poco probable que nuevas revueltas se extiendan a otros países y todo indica que las llamas de la revolución se extinguen después de más de ocho meses de desordenes, represiones y derrocamientos.

Ahora bien, el Medio Oriente parece haber cambiado en menos de un año mucho más que en la última década y, desde que EEUU invadiera Irak en 2003, la composición geopolítica de la región no vivía un traumatismo similar. La nueva realidad (con las claras incertidumbres que permanecen) sería algo más o menos así:

Turquía: los turcos llevan varios años profundizando sus relaciones en Oriente Medio, tomando el lugar de mediación, de “parte no interesada”, en muchos de los conflictos de la región. De igual manera, han mantenido un inteligente equilibrio entre sus compromisos mundiales (especialmente con Europa) y sus nuevos compromisos regionales. Es el caso de la posición que Turquía ha tenido respecto a las mismas revueltas árabes, combinación prudente entre rechazar la represión sobre los manifestantes y no apoyar la intervención de los europeos y estadounidenses en el asunto. Turquía ha mantenido su aproximación de “doble cara” durante la crisis, en donde se sigue mostrando como a lo que aspira: el liderazgo natural en Medio Oriente.   Su apuesta, además, recibió un impulso inesperado con el incidente de la flotilla de Gaza y, sobre todo, con la caída de Mubarak y la incetidumbre e inestabilidad egipcia, hasta ahora uno de los países más respetados y poderosos de la región. Si los turcos pueden llegar a llenar el vacío de poder dejado por los egipcios, todo el esfuerzo reciente habrá valido la pena.

Irán: el régimen iraní no ha tenido un buen año. Por un lado, las sanciones internacionales empiezan a hacer mella en su economía y mantener el control sobre una población descontenta se vuelve cada vez más difícil. El sistema político del país también pasó por una profunda crisis a mediados del año cuando el gabinete del presidente Mahmud Ahmadineyad se enfrentó al ayatola Alí Jamenei y la dirigencia clerical. El conflicto por afianzar el poder de ambos sectores sobre el país aumentó las dudas sobre la estabilidad y fortaleza del sistema político teocrático de Irán y representó un duro golpe al prestigio internacional del gobierno de Ahmadineyad. Aparte de esto, Irán no ha salido muy bien librado de las revueltas de la llamada “primavera árabe”. En Bahréin, la pequeña isla en medio del golfo pérsico, Irán se midió frente a uno de sus archienemigos, Arabia Saudita, al apoyar a los manifestantes de la mayoría chiita que buscaba derrocar a la dirigencia sunita que controla el país. Los saudíes, aliados de los gobernantes de Bahréin, enviaron tropas en su ayuda y aplastaron la revuelta. La situación actual en Siria tampoco les favorece a los iraníes, aliados desde hace años del régimen de al-Assad. En el mejor (peor ¿?) de los casos, si el presidente sirio prevalece, su posición dentro del país será demasiado débil e Irán, pase lo que pase, habrá perdido un importante aliado en la región.

¿Quién más gana y pierde en el nuevo Medio Oriente? ¿Qué otro cambio geopolítico importante puede identificarse en el nuevo escenario de la región? Cuénteme lo que piensa, comente.

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