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El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

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Gráfico: Desplazamiento interno

Desplazamiento interno: este gráfico da cuenta de la participación de los países con mayor número de desplazados forzados internamente en el total mundial de unos 45 millones de personas. Fuente: CIA World Factbook

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¿Qué está pasando en Irak?

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Por Santiago Silva Jaramillo

En la mañana del pasado diez de junio, luego de algunas horas de ligeros combates, por lo menos unos tres mil hombres del ejército iraquí se retiraron o desertaron sus puestos en Mosul, la ciudad más grande del norte de Irak y su segunda ciudad en importancia. En su retirada, las tropas iraquíes dejaron docenas de tanques, carros armados, municiones y armas; un excelente botín para el grupo que atacaba la ciudad. En efecto, la fuerza invasora, constituida por militantes islamistas de varios grupos sunnitas –aunque liderados por la organización extremista armada “ISIS”-, tomaron el control de la ciudad y saquearon sus bancos y arsenales.

Recompuestos luego de la conquista de Mosul, los apenas cientos de militantes han continuado su avance hacia el sur, con miras a la capital, Bagdad. Solo dos días después, capturaron Tikrit, la cuna del ejecutado dictador iraquí Saddam Husein, mientras el gobierno chiita iraquí, liderado por el corrupto y autocrático Nuri Al- Maliki, se ha visto a gatas para utilizar sus casi quinientos mil hombres –armados y entrenados por Estados Unidos antes de la salida de las tropas en 2011- para detener los ataques de un par de miles de militantes sunnitas.

ISIS son las siglas en inglés para el “Estado islámico de Irak y la gran Siria”. Es un grupo islamista de origen sunnita, que empezó como una rama de Al-Qaeda en Irak, pero que en los últimos años de enfrentamientos con el gobierno iraquí y sus aliados estadounidenses, y luego con su intervención en la guerra civil siria, se ha convertido en una fuerza independiente (además de tildada como “demasiado violenta” por el liderazgo de Al-Qaeda), con pretensiones de construir un Estado regido por la sharia en la región de Levante, que incluya a las poblaciones sunnitas del oriente de Siria, el norte de Irak y el norte de Jordania.

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Ahora bien, el éxito de la ofensiva de ISIS no se explica por su capacidad militar, sino, más bien, por la debilidad del gobierno iraquí y la profunda división que existe entre las tres grandes facciones dentro de su territorio. Por un lado, el gobierno de Al-Maliki inició una criticada campaña de exclusión de la minoría sunnita, en contra de los compromisos adquiridos con los Estados Unidos, que acababa de retirar sus tropas del territorio. Ante la persecución y exclusión de los chiitas, y el vacío de poder dejado por las tropas estadounidenses en grandes porciones del territorio iraquí, las milicias sunnitas empezaron a ganar influencia y control sobre pueblos en el norte y sobre las fronteras de Irak.

En 2011, con el inicio de la guerra civil en Siria, y sobre todo en 2013, con su recrudecimiento, facciones de islamistas armados del mundo árabe acudieron a Siria a ayudar a los insurgentes sunnitas que luchan contra el presidente alauita Bashar Al-Assad, aliado de los poderes chiitas de la región.  El germen de ISIS acudió también y peleando en el oriente del país ha logrado ganar los recursos, los hombres y la experiencia para lanzar la actual ofensiva, sustentada en el descontento sunnita del norte de Irak con el gobierno chiita de Al-Maliki.

Ante el peligro que representa el avance de ISIS –y sobre todo la rapidez con la que se deterioró la situación en Irak- la comunidad internacional ha reaccionado, pero el desconcierto se une a las dificultades políticas de intervenir. Estados Unidos, por ejemplo, se encuentra atrapado en viejas promesas de política interna y el desgaste de las últimas guerras. Obama sustentó buena parte de sus apuestas de gobierno e convencer al público estadounidense de que Irak era la “mala guerra”, que la salida de las tropas era necesaria e irrevocable; que los estadounidense dejaban Irak de una vez por todas. Para el presidente estadounidense, aunque todos lo esperen y la situación lo requiera, resulta muy difícil en términos políticos justificar internamente nuevas operaciones militares en Irak.

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Por otro lado, Irán ya ha despachado algunas tropas para ayudar a defender los intereses del gobierno iraquí, particularmente cerca de su frontera y en el caso de que Bagdad efectivamente esté en peligro de ser atacada. Pero la solidaridad chiita (Al-Maliki e Irán), se contrapone a la solidaridad sunnita. En efecto, algunas agencias han reportado de la influencia y financiación de algunos líderes petroleros de los Estados del golfo pérsico sobre ISIS y las milicias sunnitas en el norte de Irak.

El problema es que, incluso con toda la ayuda, el gobierno de Al-Maliki se ha cavado su propia tumba en términos políticos, tanto, que incluso la tercera facción dentro de Irak ya ha empezado a aprovecharse la situación. Los kurdos, perseguidos por décadas por los gobiernos iraquíes y que actualmente cuentan con una situación de relativa autonomía en el nororiente del país, han tomado su histórica capital de Kirkut, hasta hace poco en manos del gobierno.

Los próximos días –de pronto semanas- serán determinantes para identificar si la sorpresa fue la mejor alidada de ISIS, y se encuentra en camino de caer ante una ofensiva de las fuerzas iraquíes apoyadas por Irán y posiblemente Estados Unidos, o si la falla estructural es del gobierno iraquí y se encuentra a punto de caerse a pedazos ate el avance de las fuerzas insurgentes.

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Contexto internacional: Actores armados irregulares: rebeldes, terroristas y bandidos.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

4ta entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

1. Contexto histórico y aclaraciones:

Hasta hace muy poco (y todavía en la cabeza de algunos analistas de la “vieja escuela” realista) los únicos actores de importancia a nivel internacional eran los Estados. En efecto, la mayoría de los teóricos de la Relaciones Internacionales han subestimado el papel que los actores no-estatales juegan en los asuntos mundiales. No es extraño sin embargo, pues solo hasta hace unas pocas décadas (y durante unos quinientos años) los principales y casi únicos jugadores de los problemas y desafíos globales eran los Estados-nación modernos.

Pero las últimas décadas han presenciado el ascenso de los actores no-estatales en el escenario mundial, desde las organizaciones multilaterales y las empresas y corporaciones multinacionales, hasta las organizaciones sociales y sus redes. De igual manera, los actores irregulares (sobre todo de naturaleza armada) también han ganado un espacio importante en las decisiones que los Estados toman a nivel internacional.

Una muy buena manera de entender este fenómeno resulta de analizar la dinámica de los conflictos armados recientes. En efecto, las guerras a gran escala (sobre todo entre dos estados) se han vuelto mucho menos comunes, reemplazadas en gran parte por los enfrentamientos entre un Estado y un actor no-estatal. Según datos de la Universidad de Uppsala, el 65% de los conflictos armados entre 1989 y 2012 fueron “menores”, es decir, que produjeron menos de mil muertes en el año de enfrentamientos.

Por otro lado, las redes transnacionales y las nuevas herramientas tecnológicas de comunicación han supuesto el exponencial aumento del poder de viejas organizaciones criminales y el alcance de tradicionales grupos militares. El mundo se enfrenta actualmente a mafias que extienden sus redes a docenas de países, redes de mercenarios que tienen contactos en varios continentes y organizaciones terroristas o insurgentes que se comunican unas con otras como nunca antes.

Nos encontramos en un nuevo mundo, uno en donde abundan los rebeldes, terroristas y bandidos y como nunca antes, se han convertido en una amenaza real al orden y la paz internacional.

Más información: Datos de conflictos armados, Sobre las nuevas guerras, Invisible Armies Insurgency Tracker-CFR

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. Bestiario de actores irregulares:

Rebeldes: la insurgencia es el rechazo violento que un grupo social o político realiza contra una figura de autoridad, comúnmente un Estado, un gobierno o un gobernante. Sus formas de acción y alcance pueden variar, desde un motín, una protesta sistemática, hasta la conformación de una subversión organizada. Los rebeldes están determinados por una idea política, sus acciones se diferencian de la de otros actores no-estatales en la claridad de sus aspiraciones de cambio social, político o económico. La violencia, sin embargo, resulta su arma más eficaz para lograr sus objetivos.

Más información: Noticias de Grupos Rebeldes en El País

Terroristas: El terrorismo (esto es, el uso de la violencia y el miedo para coaccionar a una sociedad o gobierno) ha sido una variable de la política internacional desde hace por lo menos dos siglos. En efecto, hechos tan relevantes como la Primera Guerra Mundial o la invasión estadounidense de Afganistán e Irak tuvieron como hecho desencadenante un acto de terrorismo.

Aunque un grupo que recurre al terrorismo puede tener aspiraciones ideológicas, en esencia, el terrorismo como herramienta es neutral; es decir, la utilizan anarquistas y comunistas, islamistas y fundamentalistas cristianos; Estados y grupos insurgentes, policía, militares y narcotraficantes. Todos por igual.

Sus métodos y formas de ejecutarlo tampoco responder a reglas salvo a una: la generalización del miedo. Aparte de esto, pueden incluir bombas, asesinatos selectivos o indiscriminados, secuestros o desapariciones. En efecto, el terrorismo es un arma irregular de una confrontación violenta, busca maximizar los efectos de lo que puede ser una acción pequeña utilizando el miedo que dicha acción provoca en el grupo contrario.

Más información: Terrorismo en Somalia, Afganistán y Pakistán, Sobre el “Terrorismo solitario”

Bandidos: de acuerdo a cifras de One Earth Future, la piratería marítima le generó entre 7 y 12 billones de dólares en pérdidas a la economía mundial entre los años 2008 y 2011. En efecto, las costas de Somalia, Nigeria, India y Sri Lanka y cerca al estrecho de Malaca concentran la mayoría de los actos de piratería mundial. La piratería es un fenómeno tan viejo como el comercio de bienes entre comunidades humanas, se apega a un fenómeno de bandolerismo organizado, puede darse en tierra o mar y se lucra del robo de mercancías, medios de transporte o el cobro de dinero por la liberación de personas o carga. Aunque herederos de una tradición milenaria, los piratas actuales han sabido adaptarse a las nuevas tecnologías.

En efecto, los piratas somalíes secuestran cargueros en el Estrecho de Adén en lanchas con motores sorbe borda, armados con lanzagranadas y Ak-47, se comunican con las navieras europeas y asiáticas por medio de teléfonos satelitales y luego reciben los rescates por el sistema financiero internacional.

Por otro lado, la enorme economía ilegal mundial, que sobrevive en la sombra de los intentos de control por parte de las autoridades de los Estados, representa un caldo de cultivo bastante fértil para las dinámicas mafiosas. De hecho, los mercados de drogas, armas, personas y bienes en general ilegales generan réditos multimillonarios para los cientos de organizaciones que se dedican a producir y traficar con ellos. La sombre, los réditos y la persecución de los estados implica que estas organizaciones criminales utilizan también la violencia para proteger sus prerrogativas y ganar nuevas, mientras intentan influenciar y corromper los controles que sobre sus actividades intenta ejercer la legalidad.

Más información: Combating Maritine Piracy, Datos sobre economía criminal mundial

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

3. Respuesta internacional:

Entre incertidumbre y desconcierto: existe una desigualdad natural en los intentos de control sobre el accionar de estos actores a nivel internacional. En efecto, los principales responsables de su control son los Estados, pero ¿cómo atender amenazas irregulares desde recursos y marcos de acción regulares? El mismo Estado-nación que ha perdido algo de protagonismo a nivel internacional es el llamado a combatir estas nuevas y viejas (aunque fortalecidas) amenazas.

Las alternativas posibles han variado desde la “descarga” de la regulación de ciertos fenómenos, hasta la apuesta por grandes esfuerzos contra pequeños grupos (Guerra contra el terrorismo). Al final, una salida popular al debate podría estarse perfilando en la apuesta de muchos estados por intentar combatir los fenómenos irregulares de manera irregular. Estados Unidos, por ejemplo, ha optado en los últimos años por la inteligencia, los golpes de precisión y las operaciones especiales en su enfoque para combatir a las organizaciones terroristas e insurgentes.

Más información: Sobre las guerras no guerra, Sobre la intervención desvinculada, Sobre el “nuevo arte de la guerra”

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Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

Egipto

Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

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Las guerras de 2013

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre los conflictos armados en desarrollo

Los últimos días han presenciado importantes cambios en las guerras que se pelean actualmente en el mundo, de igual manera, Vision of Humanity presentó su informe anual de paz; este parece un momento oportuno para evaluar los principales conflictos armados de 2013. Por un lado, Estados Unidos ha decidido empezar a enviar armas a los rebeldes sirios en el conflicto que los enfrenta al gobierno de Bashar al-Assad que ya suma unas noventa mil muertes y las fuerzas de paz de la ONU han recibido carta blanca para luchar por el gobierno en la guerra del Congo. En efecto, revisamos los conflictos que involucran la lucha entre dos o más actores (en los que por lo menos uno de ellos es el Estado) y que registraron más de mil muertes en un año.

  • Conflicto armado en Birmania. Año de inicio: 1948. Beligerantes: Gobierno birmano Vs. Rebeldes comunistas y provinciales (MNDAA, ALP-ALA, KIO.KIa, entre otros). Causas: diferencias étnicas, descontento político y separatismo. Muertes civiles y militares en 2012: 1.900. Muertes de todo el conflicto: 210.000. Financiación: tráfico de opio y apoyo extranjero. Puesto en el Global Peace Index: 140 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Conflicto armado en Colombia. Año de inicio: 1964. Beligerantes: Gobierno colombiano Vs. Grupos insurgentes y criminales (Farc, Eln, bacrim, entre otros). Causas: descontento político, abandono estatal y conflicto de tierras. Muertes civiles y militares en 2012: 1.500. Muertes de todo el conflicto: 150.000-200.000. Financiación: tráfico de estupefacientes y otras economías criminales. Puesto en el Global Peace Index: 147 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra en Afganistán. Año de inicio: 1978-2001. Beligerantes: Gobierno afgano y OTAN Vs. Insurgencia talibán. Causas: diferencias étnicas, conflicto civil, terrorismo y cambio de régimen. Muertes civiles y militares en 2012: 5.100. Muertes de todo el conflicto: 600.000-2.000.000. Financiación: tráfico de opio y apoyo extranjero. Puesto en el Global Peace Index: 162 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra civil en Somalia. Año de inicio: 1991-2009. Beligerantes: Gobierno afgano y apoyo internacional Vs. Insurgencia y grupos terroristas (Al-Shabbab, milicias locales, entre otros). Causas: falla estatal, conflicto civil, étnico y tribal, intervención extranjera. Muertes civiles y militares en 2012: 4.100. Muertes de todo el conflicto: 300.000-400.000. Financiación: pillaje, secuestro y piratería, apoyo internacional. Puesto en el Global Peace Index: 161 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra civil en Irak. Año de inicio: 2003. Beligerantes: Gobierno iraquí y apoyo internacional Vs. Insurgencia y grupos terroristas (Al-Qaeda, milicias locales, entre otros). Causas: falla estatal, conflicto civil, étnico y tribal, intervención extranjera. Muertes civiles y militares en 2012: 5.500. Muertes de todo el conflicto: 100.000-1.200.000. Financiación: apoyo internacional. Puesto en el Global Peace Index: 152 de 162. Fuentes de información: The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra en Pakistán. Año de inicio: 2004. Beligerantes: Gobierno pakistaní y apoyo internacional Vs. Grupos terroristas y milicias locales (Al-Qaeda, talibanes, entre otros). Causas: conflicto étnico y religioso e intervención extranjera. Muertes de civiles y militares en 2012: 9.200. Muertes de todo el conflicto: 38.800. Financiación: tráfico de opio y apoyo internacional. Puesto en el Global Peace Index: 157 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra contra el narcotráfico en México. Año de inicio: 2006. Beligerantes: Gobierno mexicano Vs. Organizaciones narcotraficantes. Causas: tráfico de estupefacientes. Muertes de civiles y militares en 2012: 25.400. Muertes de todo el conflicto: 60.420. Financiación: tráfico de estupefacientes y otras economías criminales. Puesto en el Global Peace Index: 133 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra tribal en Sudán. Año de inicio: 2009. Beligerantes: Sudán del Norte Vs. Sudán del Sur y organizaciones insurgentes. Causas: conflicto étnico, escases de recursos. Muertes de civiles y militares en 2012: 2.900. Muertes de todo el conflicto: 10.000-12.000. Financiación: apoyo internacional, pillaje. Puesto en el Global Peace Index: 158 de 162 y 143 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.
  • Guerra civil en Siria. Año de inicio: 2011. Beligerantes: Gobierno sirio Vs. Organizaciones insurgentes. Causas: conflicto étnico-religioso, conflicto civil. Muertes de civiles y militares en 2012: 72.200. Muerte de todo el conflicto: 93.000-120.000. Financiación: apoyo extranjero. Puesto en el Global Peace Index: 160 de 162. Fuentes de información: GlobalSecurity.org, The Economist, Vision of Humanity.

¿Es la guerra una inevitable compañera de la historia humana? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Radiografía de un Estado Fallido

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre las características del colapso gubernamental

La más reciente edición de la revista Foreign Policy se dedica al análisis de los llamados ‘Estados Fallidos’ y la presentación del ranking que cada año construye en asocio con The Fund for Peace que determina la insuficiencia estatal en 177 países del mundo.

En términos generales, se entiende por Estado Fallido aquel que es incapaz de proveer a su población y sobre su territorio los más básicos servicios públicos. En esencia, la falencia estatal se configura cuando el Estado no tiene el monopolio legítimo de la fuerza, es incapaz de proveer justicia y cobrar impuestos y no proporciona servicios públicos básicos efectivamente a su población.

Por supuesto, las definiciones pueden varias según se entienda el término ‘Estado’. Pero en general, se sigue una definición weberiana, en tanto se entiende al Estado como el ente que controla el monopolio de la violencia dentro de un territorio. De esta manera, un Estado puede fallar cuando es incapaz de controlar todo su territorio efectivamente o cuando se le presentan competidores lo suficientemente fuertes o numerosos para evitar que lo haga.

Ahora bien, ¿por qué falla un Estado? La misma edición de Foreign Policy de la que hablo trae algunas luces. Recojo entonces tres explicaciones preliminares, una institucional, otra geográfica y una última sociopolítica.

  1. Instituciones y Estados Fallidos: una sociedad se desarrolla a partir de una serie de normas formales e informales de comportamiento colectivo que determinan las dinámicas de sus actores. Estas normas son instituciones encargadas de regular las relaciones sociales, económicas y políticas dentro de una sociedad. Según los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, los estados fallan cuando su comportamiento está regulado por instituciones económicas extractivas que acaban con los incentivos, desalientan la innovación, creando un juego económico desigual y facilitando la apropiación desigual de recursos. de acuerdo con Acemoglu y Robinson estas instituciones extractivas son: (1) falta de derechos de propiedad, (2) mano de obra forzada, (3) desigualdad de oportunidades, (4) corrupción de las élites, (5) bloqueo al desarrollo tecnológico, (6) falta de ley y orden, (7) gobierno central débil, (8) servicios públicos e infraestructura deficiente, (9) explotación política y (10) saqueo de recursos sistemático.
  2. Geografía y Estados Fallidos: esta explicación se centra en la incidencia de la geopolítica sobre los destinos de las naciones y los Estados sobre las que éstas se sustentan. La geopolítica, en su acepción más convencional, estudia la distribución del poder determinado por la geografía, particularmente la física. Según esta perspectiva, un Estado Fallido se encuentra destinado en gran medida por su geografía a las dificultades de gobernar su propio territorio efectivamente. Dos ejemplos paradigmáticos son el de Afganistán y Pakistán, que rankean de 6 y 13 en el Índice de este año y han permanecido en los más bajos puestos desde que se realiza este ejercicio. El accidentado territorio de ambas naciones, junto con su posición central en Asia y adyacente a las zonas de influencia de grades potencias regionales y globales parecen condenarlas a la inestabilidad. Por lo menos esto sostiene Robert Kaplan sobre Pakistán. La geopolítica también puede explicar los problemas de otra docena de Estados con problemas de inestabilidad y debilidad institucional, al identificar otros lugares de la geografía mundial que por su importancia económica o estratégica han tenido que enfrentar serios desafíos a la hora de establecer una gobernabilidad efectiva sobre su territorio.
  3. Escenario sociopolítico y Estados Fallidos: una última manera de entender el fracaso de los Estados la provee el mismo compendio de estadísticas y análisis que compone el Índice de Estados Fallidos de Foreign Policy y The Fund for Peace. En efecto, la lista de circunstancias o indicadores sociales, políticos y económicos utilizado para construir el Índice resulta bastante explicativa por si mismo de las condiciones en las que un Estado es más proclive a fallar. A saber: (1) presiones demográficas, (2) refugiados y población desplazada forzosamente, (3) descontento grupal, (4) migración exterior y fuga de cerebros, (5) desigualdad en el desarrollo económico, (6) pobreza y deterioro económico, (7) legitimidad estatal, (8) servicios públicos, (9) derechos humanos y Estado de Derecho, (10) aparato de seguridad, (11) fraccionamiento de las élites e (12) intervención externa.

Fuente: Failed States Index – The Fund for Peace

El gráfico anterior muestra el comportamiento de Colombia en el Índice desde su creación en 2005. Los avances en seguridad y gobernabilidad le han permitido un visible mejoramiento de su posición en los últimos años. También pueden ver algunas cifras de Estados Fallidos y los peores en fotos.

¿Qué otros elementos configuran un Estado Fallido? ¿Qué tan claro o útil es este concepto para analizar el panorama internacional? Cuénteme lo que piensa, comente.

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¿El tiempo de la responsabilidad?

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre porqué la intervención en Siria sigue siendo una lejana posibilidad

El pasado viernes 27 de mayo, en la localidad siria de Houla, más de cien personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad del presidente Bashar al-Assad. Según reportes de la ONU, 49 de las víctimas eran niños, la mayoría menores de diez años. La masacre de Houla ha sido la más reciente de las acciones violentas de la guerra civil que enfrenta al gobierno sirio en contra de las fuerzas rebeldes y manifestantes ciudadanos que por más de dieciocho meses se enfrentan en las calles de las ciudades y los poblados del país árabe.

La respuesta internacional no se hizo esperar y horas después de conocerse las atrocidades de Houla, varios países expulsaron a las delegaciones sirias de su territorio. Los llamados para fortalecer las acciones contra el régimen de al-Assad, incluso para realizar una intervención militar en toda regla se incrementaron. Sin embargo, las condiciones para esta segunda posibilidad, la de aplicar la doctrina de Responsabilidad de Proteger, como en el caso de Libia, e iniciar una campaña en contra de las fuerzas sirias para detener la matanza parece improbable.

Una acción cómo esta necesita del apoyo público y la voluntad política nacional e internacional, además de los medios militares necesarios.

Por supuesto, el apoyo público dentro de Estados Unidos a una intervención armada en Siria es excesivamente bajo y deja prever que Barack Obama no tendrá intención alguna de hacer ese sacrificio político con unas elecciones presidenciales tan reñidas a final de año. Así, una encuesta realizada por Fox News a mediados de marzo mostraba que mientras el 82% de los estadounidenses apoyaba el envío de ayuda humanitaria a los sirios, solo el 37% estaba de acuerdo con proveer apoyo aéreo a las fuerzas rebeldes y apenas el 14% a la utilización de tropas en el suelo del país asiático.

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Este escenario es importante porque, a pesar de las pretensiones que puedan tener otros países pertenecientes a la OTAN, solo Estados Unidos cuenta con la capacidad real de proyectar poder militar y realizar operaciones en Siria a gran escala y con posibilidades de éxito. Mejor dicho, que sin las fuerzas armadas estadounidenses, cualquier intervención contra Siria sería o muy costosa o simplemente imposible para los europeos.

Espero no se me entienda mal, nada quisiera más que ver a los aviones de la OTAN volando sobre las torretas de los tanques de guerra y piezas de artillería de al-Assad que amenazan las vidas de los ciudadanos sirios; ojalá pudieran las potencias Occidentales no negarles a los sirios lo que no negaron a los libios. Pero las cosas no se ven fáciles. Ni el apoyo público, ni la voluntad política para una intervención armada parecen existir dentro de Estados Unidos y los países europeos.

Y claro, todo esto sin siquiera contar con el otro gran obstáculo, el rechazo cómplice y firme de Rusia y China a una acción armada de la OTAN en Siria. Los europeos intentan disuadir al presidente ruso Vladimir Putin de su defensa de al-Assad, pero los rusos no tienen ninguna intervención de cometer el mismo error que cometieron en Libia, mucho menos crear un nuevo precedente sobre la relativización de la soberanía nacional en el caso de una represión estatal sobre los ciudadanos de un país. Putin sabe que eso puede ser incómodo para su régimen en el futuro. Sin el apoyo o por lo menos la complacencia se Rusia y China, ninguna acción armada sobre Siria tendrá la legalidad del Consejo de Seguridad de la ONU y por tanto supondrá un riesgo enorme para quién sea que quiera emprenderla.

Todo lo anterior, sin contar con las dificultades logísticas, políticas, militares y sociales de la intervención. La lucha dentro de Siria no es tan sencilla como la de un pueblo oprimido contra un dictador desalmado. Las complejidades incluyen asuntos étnicos, dependencias económicas y revanchismos.

¿Qué debe hacer la comunidad internacional en Siria? ¿Intervenir u observar? ¿Existe un punto medio lo suficientemente eficaz? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Fronteras africanas

Caricatura del Congreso de Berlin

Sobre los nuevos países del continente y las consecuencias de las fronteras arbitrarias

Entre noviembre de 1884 y febrero de 1885, Jefes de Estado de toda Europa respondieron al llamado de Francia, Reino Unido y Alemania para conferenciar en Berlín sobre el futuro de África y la resolución de varios conflictos sobre la posesión y repartición de los territorios del continente entre las potencias europeas.

Los convidados establecieron dos criterios para la repartición que intentaban evitar que afloraran los conflictos entre las potencias por la posesión de los territorios. El primero buscaba que los accidentes geográficos (ríos, montañas, desiertos) fueran utilizados para trazar fronteras. El segundo establecía el principio de posesión por soberanía, conquista o acuerdo con la dirigencia local.

Los regímenes coloniales establecieron entonces territorios con fronteras bastante arbitrarias, nacidos de estos dos principios, dentro de las que confluían circunstancias muy diferentes, particularmente religiosas, culturales, tribales y étnicas.

Sin entrar a discutir el colonialismo como institución, particularmente los posibles beneficios y claros abusos a las poblaciones locales, la repartición indiscriminada y posterior independencia de territorios increíblemente desiguales y heterogéneos sigue teniendo visibles consecuencias en las dinámicas africanas en la actualidad.

Distribución colonial africana

Los más recientes ejemplos nos llegan del recientemente separado Sudán y de la declaración de independencia del pueblo Tuareg después del golpe de Estado en Malí.

En el primer caso, esta semana las tensiones y enfrentamientos de las tropas de Sudán del Norte y Sudán del Sur aumentaron mientras se espera que las escaramuzas lleven pronto a una guerra en toda regla entre ambos países. La posibilidad del conflicto bélico es particularmente frustrante en tanto la experiencia de la reciente separación del territorio sudanés entre el norte musulmán y el sur cristiano y animista se veía en muchos lugares como la salomónica solución para los problemas creados por las fronteras de territorios ficticios de las administraciones coloniales europeas.

Sin embargo, el resultado (la paz entre norte y sur) parece haberse escapado a la supuestamente ingeniosa idea. La lucha se desarrolla alrededor de una región rica en petróleo y tiene todos los visos de estar impulsada por mezquinas ambiciones de los señores de la guerra sudaneses. Aun así, el conflicto plantea las dificultades de abordar el problema de las fronteras africanas, incluso luego de lograr resultados tan difíciles y que parecerían tan claros como la separación de los territorios en unidades más homogéneas y menos conflictivas.

En el segundo caso encontramos a la recién proclamada independiente Azawad, un territorio en el norte de Malí en donde líderes tribales Tuareg se han rebelado. Los tuareg hacen parte de los varios pueblos que habitan el país norteafricano, son nómadas y pueden encontrarse en prácticamente todos los países que comparten el desierto del Sahara.

Este nuevo país ha pasado bastante desapercibido en los medios internacionales y no ha sido reconocido por ningún gobierno. En realidad, parece ser una decisión oportunista de los Tuareg, que han aprovechado las dificultades en Malí causadas por el reciente golpe de Estado y las cada vez mayores amenazas de un contra golpe, para proclamar la independencia de Azawad. Sus mismas posibilidades de supervivencia a futuro son bastante reducidas.

Pero de nuevo, la aparente facilidad con la que los Tuareg han renunciado a pertenecer a Malí es prueba de la falta en muchos países africanos de algo semejante a un sentimiento nacional. La tribu y la religión son un elemento aglutinador superior a la nacionalidad impuesta.

¿Serán las sucesivas rebeliones y declaraciones de independencia la tendencia del futuro de África? ¿Está condenado el continente al conflicto y la guerra? ¿Podrá el reciente crecimiento económico africano sobrevivir a sus profundos desafíos políticos y sociales? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Aventuras africanas y la nueva “Doctrina Obama”

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre la decisión de Barack Obama de enviar tropas a África Central y de apoyar la nueva guerra en el cuerno de África

El pasado 14 de octubre el presidente estadounidense Barack Obama autorizó el de cien especialistas militares de su país en Uganda, donde ayudarán al gobierno en su larga lucha contra el grupo miliciano Ejército de Resistencia del Señor (LRA en inglés). Las tropas asesorarán y brindarán apoyo al ejército ugandés, pero no entrarán en combate a menos que se vean obligados en defensa propia.

El LRA es un grupo miliciano que actúa en el África central, responsable por miles de muertes y docenas de secuestros en la zona. Nacido a finales de los años ochenta y comandado por Joseph Kony, un autoproclamado profeta que en nombre de su misión de llevar los diez mandamientos a las leyes de Uganda, los hombres del LRA han mutilado y asesinado a cientos de campesinos en Uganda, Sudán del sur, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

El anunció de Obama ha provocado reacciones mixtas. Los críticos, señalan que luchar contra el LRA no representa una prioridad para la seguridad nacional estadounidense y supone un abuso a los atributos presidenciales para decidir en dónde y cuándo utiliza al ejército de su país. Para los opositores de la misión en Uganda, Obama no solo excede sus poderes como presidente, sino que se ha sostenido de la doctrina de “Responsabilidad de Proteger” para lanzar toda una nueva política exterior intervencionista de los Estados Unidos.

Por otro lado, quienes apoyan la intervención en contra del LRA, sostienen que la administración Obama está buscando mejorar las condiciones de violencia armada y respeto de los Derechos Humanos en los países de sus aliados africanos como una estrategia para mejorar la estabilidad de la región.  Sin embargo, también defienden la posición moral de enfrentar y derrotar a una sanguinaria  milicia que ha traído muerte y destrucción a una región por lo demás destrozada por la pobreza y la enfermedad. Luchas contra el LRA no debe verse como un asunto estratégico, sino como uno de carácter humanitario.

Pero otro anuncio de días pasados ha ayudado a la construcción de los que muchos están llamando la “Doctrina Obama” (esto es, la aproximación de Barack Obama a los asuntos internacionales): la utilización de aviones no tripulados para apoyar a las tropas kenianas que luchan contra el grupo terrorista Al-Shabab en el sur de Somalia.

Todo empezó cuando hace un par de semanas el gobierno de Kenia anunció una operación de represalia a gran escala contra el grupo terrorista somalí Al-Shabab, filial de Al-Qaeda en el cuerno de África, que había realizado varios secuestros y asesinatos de turistas europeos en los hoteles del norte de Kenia. Poco después, los oficiales estadounidenses develaron que estaban apoyando a las fuerzas kenianas en su avance por el sur de Somalia con ataques de precisión sobre la dirigencia de Al-Shabab, utilizando aviones no tripulados desplegados en un aeropuerto civil en la vecina Etiopía.

La famosa “Doctrina Obama” puede entenderse como un “Humanitarismo pragmático”. Mejor dicho, el presidente estadounidense parece entender que su país tiene una responsabilidad (basada en capacidad, pero sobre todo en principios) de evitar e intervenir allí en dónde los Derechos Humanos están siendo violados. Digo que es pragmático porque el principio de intervención se encuentra supeditado a la factibilidad política y económica del esfuerzo, pues al fin de cuentas, Obama no pretende intervenir en la masacre de los civiles sirios a causa de las complejas implicaciones políticas y no utiliza todos los recursos a su disposición en las nuevas misiones en África porque supondría un costo en dinero insostenible en el actual ambiente de crisis económica.

El “Humanitarismo pragmático”, en todo caso, parece perfilarse como la opción por defecto de los próximos años en la política exterior estadounidense.

¿Cuál será el resultado de las dos nuevas misiones estadounidenses en África? ¿Existe en realidad una “Doctrina Obama”? ¿La cree conveniente? Cuénteme lo que piensa, comente.

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