Posts Tagged 'Guerra Civil'



Sobre las “nuevas guerras” (1 de 3): los inevitables cambios bélicos.

De cómo los conflictos del siglo XXI han dejado obsoleta la vieja forma de hacer la guerra. 

Las ‘nuevas guerras’ darán forma al mundo en las próximas décadas. Así, los “Inevitables cambios bélicos” (primera parte) han llevado a que los conflictos del siglo XX dejen obsoleta la vieja forma de hacer la guerra. Mientras, “Los nuevos medios del combate” (segunda parte), han llevado a países como Estados Unidos a repensar su gasto militar y enfoque estratégico y la popularización del Internet entre grupos terroristas e insurgentes lo han convertido en una “Herramienta para el caos” (tercera parte). Análisis del futuro de la guerra, de sus motivos y sus medios, y las consecuencias de esos cambios para el mundo.

El 9 de abril del año 378 d.C., al noreste de la ciudad de Adrianopolis, el emperador romano fue muerto y su ejército aniquilado por una banda de visigodos. Esa batalla, según los historiadores militares, marcó el fin de la prevalencia de la infantería y el comienzo de la supremacía de la caballería en la guerra. Mil doscientos años después, con la introducción de la pólvora y las armas de fuego a Europa, los caballeros medievales pasaron a un segundo plano en los esfuerzos bélicos, para desaparecer como unidad efectiva poco antes de la primera guerra mundial, cuando se inauguró la costosísima guerra de trincheras y posiciones.

En 1914, nadie imaginaba una guerra donde la infantería no fuera el arma principal y donde dos Estados nación no fueran los protagonistas; luego de la segunda guerra mundial, una estrategia diferente al blitzkrieg alemán, con abundantes y rápidos tanques y aviones, parecía tonta; y en los años setenta una amenaza diferente a las de las armas nucleares se desestimaba con facilidad.

La verdad es que la guerra, como cualquier otra actividad donde los hombres inviertan ingenio y dinero, cambia y a veces lo hace con una rápida innovación de la táctica o la tecnología en que se sustenta o con la lenta, gradual, pero inevitable, emergencia de nuevas realidades políticas, sociales o económicas.

Es decir, existen dos realidades que determinan la manera en que se desarrollan las guerras: la política (1) y la tecnología (2). En la actualidad, según Mary Kaldor, las guerras entre Estados nación han dado paso a una serie de pequeños, pero más largos conflictos, donde grupos de violencia organizada, se debaten entre actividades criminales y violaciones a los derechos humanos. Estas ‘nuevas guerras’ se producen comúnmente dentro de los mismos Estados, entre complicadas estructuras y enfrentamientos tribales, religiosos o culturales.

Ahora bien, frente a la realidad política que señala Kaldor, los medios: las armas y la tecnología con que se pelean las nuevas guerras también ha evolucionado. O retrocedido, según se vea. En 1989, algunos analistas militares estadounidenses introdujeron el concepto de la ‘Guerra de cuarta generación’, que predecía un mundo donde los conflictos internos y la guerra no-convencional sería la regla. Pero aunque acertaron en la naturaleza de los combates, fallaron en determinar los medios.

Efectivamente, la ‘Guerra de cuarta generación’ suponía la utilización de armas nucleares, químicas y biológicas, además de amplios recursos tecnológicos para lograr ataques terroristas de amplio alcance, que supondrían una amenaza para los Estados en su totalidad. Sin embargo, más allá de terroristas cibernéticos, la actualidad ha visto la creación de redes sociales con propaganda y antes de complejos dispositivos para utilizar armas atómicas en suelo estadounidense, hemos visto la utilización de los medios más convencionales para atacar blancos civiles y militares.

El caso es que la naturaleza de las ‘nuevas guerras’ (que no son todas),como las armas utilizadas para pelearlas, han sufrido un cambio importante desde el final de la Guerra Fría. Y de esta misma forma, las herramientas de los Estados para enfrentarlas se acomodarán a estas realidades. Por eso, muchas de las verdades entendidas como indiscutibles hasta hace unos pocos años cada vez parecen más débiles.

¿Cómo más ha cambiado la guerra? ¿Son los objetivos e intereses los mismos ahora que en el siglo pasado? Cuénteme lo que piensa, comente.

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África en llamas.

Lo que estaba pasando mientras mirábamos las revueltas de Medio Oriente y el terremoto de Japón.

La semana pasada ha sido uno de los momentos más movidos de noticias en la historia reciente, tanto, que eventos que en otras circunstancias habrían resultado de primera plana, se perdieron entre los reportes de los bombardeos aliados en Libia (junto con el recrudecimiento de las protestas en Yemen y Siria) y los temores de un desastre nuclear en la planta japonesa de Fukushima. Uno de ellos, y quizás el más importante por los desafíos y peligros que entraña, es la guerra civil a la que ha descendido el pequeño país africano de Costa de Marfil.

Todo empezó luego de que en las disputadas elecciones presidenciales de noviembre del año pasado, el presidente Laurent Gbagbo desconociera los resultados de su derrota frente a su rival, Alassane Ouattara, reeligiéndose, luego de diez años en el poder. La comunidad internacional (la ONU y la Unión Africana de Naciones) reconocieron a Ouattara como el verdadero ganador, pero los jefes militares locales apoyaron la fraudulenta victoria de Gbagbo, que se negó a ceder a las presiones externas. Ambos presidentes (el legitimo y el de de facto) reunieron entonces bandas armadas y dieron inicio a enfrentamientos por controlar el país. Avances, retrocesos y denuncias de violaciones de DDHH y al DIH siguieron, mientras el mundo seguía pendiente de las crisis en Egipto y Libia.

Todo esto ha pasado relativamente desapercibido gracias en parte a los acontecimientos de Medio Oriente, donde la ola de revueltas ha mantenido la atención internacional por semanas, dados los importantes intereses en juego. Costa de Marfil sin embargo, resulta de poco valor o importancia estratégica para ninguna de las potencias y por eso su conflicto solo ha logrado preocupar a los compradores de cacao, principal exportación de la pequeña nación africana.

Mientras, los combates siguen cobrando victimas civiles. Se estiman que más de un millón de personas han sido desplazadas, unas cien mil de ellas fuera del país, y abundan los reportes de ataques por parte de los milicianos a los pobladores. Los temores porque se repitan atrocidades como las de Ruanda abundan y periodistas, diplomáticos y miembros de ONG’s, claman porque las sanciones que ya impuso el Consejo de Seguridad se amplíen.

Ahora bien, si alguna vez hubo un caso claro para la intervención humanitaria internacional (incluso más que Libia) es Costa de Marfil. Pues todo lo que puede salir mal se reúne en la crisis del país africano. Primero, una nación que ha sufrido anteriormente de violencia étnica y partidista, donde dos lideres con un poder militar similar se disputan el control territorial y rodeada además de otros países con iguales antecedentes de guerra civil e inestabilidad política. Las perspectivas para costa de Marfil no son buenas y el hecho de que el mundo parezca ignorar esta crisis empeora todo. Así pues, como en Libia, el Consejo de Seguridad de la ONU debe ordenar una intervención en orden de proteger la vida y los derechos humanos de los civiles, pues a falta de la capacidad o disposición por parte de sus líderes de hacerlo, esta responsabilidad recae en todos los gobiernos del planeta.

¿Cree que la intervención humanitaria es necesaria en el caso de Costa de Marfil? ¿Puede detener los abusos a los DDHH? Cuénteme lo que piensa, comente.


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