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Las dos caras del 2015 (II)

cuarteto de Túenz

Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez, ganadores del Nobel de Paz de 2015

Por Santiago Silva Jaramillo

En el plantea convive tragedia con esperanza, maldad y bondad, y aunque en este blog he defendido la escuela de pensamiento de los “grises”, eso no quiere decir que sea imposible determinar con bastante certeza cuando las cosas salen bien o mal en los asuntos internacionales. El 2015 no ha sido diferente, presentando estas dos caras del trepitar constante de la historia, de su insistente disposición a presentarse en forma de dicotomías.

2. Grupo(s): El cuarteto para el diálogo nacional en Túnez y el Estado Islámico.

Tanto la democracia tunecina como la guerra civil en Siria son producto del mismo hecho significativo: la Primavera Árabe. Los dos son casos extremos de lo que las protestas y revueltas empezadas en 2011 por la inmolación de un frutero tunecino provocó en varios países del Medio Oriente y el Norte de África. La indignación y el descontento recorrieron Egipto, Libia, Barheim, Siria y el mismo Túnez, pero quizás solo este último puede ver algo positivo en el desenlace de la revolución iniciada en sus calles. Y buena parte de este éxito se debe al papel desempeñado por el Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez (conformado por la Unión General Tunecina del Trabajo, la Unión Tunecina de la Industria, el Comercio y la Artesanía, la Liga Tunecina de los Derechos Humanos y la Orden Nacional de los Abogados de Tunicia) para defender la naciente democracia del país y que fue reconocida con el Premio Nobel de Paz en 2015. El Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez ha permitido que los tunecinos tengan el único caso de verdadero éxito luego de la Primavera Árabe y que las nuevas instituciones democráticas del país funcionen efectivamente.

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Miembros del Estado Islámico, organización terrorista.

Por otro lado, el Estado Islámico se ha configurado en 2015 como una de las principales fuerzas de la destrucción y el caos y en enemigo común de la comunidad internacional. En primer lugar, su control sobre amplias zonas de  Siria e Irak continúa en medio de la crueldad y los desenfrenos, con reportes cada vez más detallados de la tragedia que es vivir bajo el estricto y a la vez caótico orden impuesto por el grupo extremista. Y aunque la expansión de su territorio parece haberse detenido por la acción de las coaliciones internacionales que lo combaten y la apertura de demasiados frentes de batalla, millones de sirios e iraquíes continúan viviendo bajo el injusto gobierno del EI. En segundo lugar, el grupo ha echado mano de formas de violencia más “convencionales” a su tipo de organización y ha desarrollado ataques terroristas en varios países, como Líbano y Francia. Esto es a partes iguales signo de debilidad y demostración de fuerza. Da cuenta de que los bombardeos y esfuerzos internacionales están funcionando, de que el EI tiene pocas alternativas al terrorismo para devolver esos golpes, pero también que los ataques son difíciles de prevenir y costosos en vidas y moral para estos países. En sus ataques en Paris, además, el Estado Islámico demostró su capacidad y disposición a responder a las potencias sus operaciones en Siria, su alcance y poder de organización. El terror de esa noche los graduó en la organización más peligrosa del planeta.

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Gráfico: Refugiados y desplazados en 2014

Refugiados y desplazados en 2014: de acuerdo a cifras de la Agencia para los Refugiados de la ONU (UNHCR) en 2014 había al menos 55 millones de personas viviendo como refugiados o desplazados internamente en el planeta. Los tres países que más participan de esta tragedia son Siria, Colombia e Irak, concentrando el 22% del total de esta población. El siguiente gráfico da cuenta del panorama general, señalando los quince países que más refugiados y desplazados internos tuvieron en 2014. Fuente: UNHCR, 2015Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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El ascenso del Estado Islámico (Presentación – EAFITMUN)

Abu-Bakr-al-Bagdadi

Abu Bak al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, habla en una alocución desde Mosul, Irak

El ascenso del Estado Islámico: el pasado martes 01 de septiembre tuve la oportunidad de compartir con el grupo de estudiantes que conforman el modelos de las Naciones Unidas de la Universidad EAFIT (EAFITMUN). Estuve presentando algunas ideas sobre el nacimiento y desarrollo del Estado Islámico y sus consecuencias para el Medio Oriente. A continuación, les comparto mi presentación para ese día.

Agentes del caos. Presentación para EAFITMUN

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¿Por qué sigue creciendo el terrorismo internacional?

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Provincia de Helmand, Afganistán (2008). Fuente: Time.com (Ver galería).

Por Santiago Silva Jaramillo

La semana pasada, ataques terroristas simultáneos -aunque no necesariamente coordinados- golpearon con tragedias a tres países. En Francia, una persona murió y diez quedaron heridas luego de un ataque de un grupo presuntamente yihadista en una fábrica de Lyon; mientras que en Kuwait, un terrorista suicida hizo explotar un chaleco-bomba en una mezquita; y en Túnez, un militante armado asesinó al menos a treinta turistas en las playas de la costa Mediterránea.

La pregunta que surge en este contexto es clara ¿está creciendo el terrorismo mundial? Y si ése es el caso ¿por qué?

La respuesta a la primera cuestión es sencilla y soportada por datos del Global Terrorism Data Base (ver gráfica) es claro que entre mediados de la década del 000′ y el 2013, los incidentes asociados a actos de terrorismo se han más que duplicado. De igual forma, de acuerdo a cifras del Departamento de Estado de Estados Unidos, en 2010 hubo un total de 13.186 muertes por ataques terroristas, mientras que en 2014 ese número aumentó a 32.727. De hecho, ese año se ha convertido en el momento más fatal del terrorismo desde que se recogen datos.

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Comportamiento histórico de incidentes relacionados al terrorismo (bombas, ataques armados, asesinatos, sabotaje). Fuente: Global Terrorism Data Base, 2015.

Ahora bien, la segunda pregunta permanece ¿cuál es la razón del incremento? Lo primero para acercarse a una respuesta podría ser intentar pensar un poco más sobre las motivaciones y razones del terrorismo. El terrorismo es ante todo un instrumento de guerra irregular o de resistencia violenta en situaciones de asimetrías de fuerza. Mejor dicho, es el arma de los que quieren tener un impacto en una población o poder enemigo y tienen pocos recursos o se oponen a una contra-parte que los supera sustantivamente; es ante todo una forma “eficiente” -terrible, pero positiva en términos de un cálculo costo-beneficio- de buscar un objetivo político por medios violentos.

Por supuesto, la naturaleza del terrorismo solo puede explicar el incremento en los incidentes y las víctimas si se relaciona con la coyuntura política. En efecto, la región del planeta más afectada por el terrorismo en la última década es el Sur de Asia (Afganistán, Pakistán), seguida por Medio Oriente y el Norte de África. Tres circunstancias parecen explicar la explosión del terrorismo en estas zonas: (1) la invasión de Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos y varias potencias europeas; (2) la Primavera Árabe iniciada en 2011 en países como Libia, Siria, Egipto y Túnez; y (3) el enfrentamiento geopolítico entre las potencias sunnita y chiíta, Arabia Saudita e Irán.

La primera circunstancia le dio gasolina a grupos islamistas como el mismo al-Qaeda o los talibanes, generando una lucha desigual en la que la única manera de oponerse a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en las montañas de Afganistán y las ciudades de Irak era el terrorismo. La segunda circunstancia creó enfrentamientos entre autócratas regionales y sus poblaciones, pero llevó a el ascenso de organizaciones islamistas, respuestas violentas de los mismos dictadores que se resistían a ceder el poder o en los casos de Siria y Libia, un caos de transición o guerra en donde florecen las fuerzas de organizaciones como el Estado Islámico. Y la tercera circunstancia ha servido de combustible -en dinero, armas y apoyo político- a expresiones políticas y religiosas violentas de cada frente por la lucha entre sauditas e iraníes por la hegemonía del Medio Oriente.

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¿Por qué el 2014 fue el año con más desplazamiento forzado de la historia?

Campo de refugiados en Jordania. Fuente: The Guardian

Campo de refugiados sirios en Jordania. Fuente: The Guardian

Por Santiago Silva Jaramillo

La respuesta corta: por el Estado Islámico.

La respuesta larga: a continuación.

Pero primero, señalar que el diagnóstico del desplazamiento forzado en el planeta de ACNUR-ONU en un reciente informe sobre la materia nos presenta un panorama muy preocupante sobre el fenómeno. En efecto, el énfasis del informe está en el “récord” establecido en 2014 en número de victimas de desplazamiento forzado interno en el planeta, al alcanzar los 59,5 millones de personas. El incremento de esta población es todavía más frustrante en tanto la violencia en general y los conflictos armados a gran escala en particular, se han reducido sistemáticamente en las últimas dos décadas. De hecho, el mundo es un lugar menos violento y con menos guerras, pero aún así una de las principales consecuencias de los conflictos violentos -el desplazamiento forzado de civiles en medio de la confrontación- ha llegado a su pico histórico el año pasado.

Entonces ¿por qué el 2014 ha sido el año con más desplazamiento forzado de la historia reciente?

1. El ascenso del Estado Islámico y la guerra en Medio Oriente: retomo la respuesta corta. En efecto, la violenta campaña del Estado Islámico por conquistar territorios en Siria e Irak, junto a su brutal forma de gobierno de los lugares bajo su dominio, han creado una crisis humanitaria en Medio Oriente que no tiene precedentes. Aproximadamente unas once millones quinientas mil personas han sido desplazadas en Siria en los últimos cinco años de guerra civil y unas cuatro millones cien mil en Irak entre conflictos locales y la lucha entre el gobierno, las autoridades kurdas y el Estado Islámico.

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Fuente: tomado de ACNUR-ONU (2015)

2. Etnias, religión y exterminio: los conflictos en Siria, Irak, la República Democrática del Congo, Nigeria, Libia, Myanmar, entre otros, tienen dos comunes denominadores, sus causas o factores agravantes asociadas a la religión y las diferencias étnicas. Ambos suelen incentivar prácticas de exterminio o explotación de las poblaciones civiles “contrarias” a la religión -o facción religiosa- o la etnia del grupo que conquista un territorio. Un ejemplo trágico de este fenómeno es la pretensión -y casi realización- del exterminio del la secta yazide por parte de militantes del Estado Islámico en Irak; en varios meses de combates y opresión, docenas de miles de yazides murieron y miles de mujeres y niñas fueron esclavizadas.

3. La “degradación” de la violencia: los conflictos que más desplazamiento forzado generan tienen dos particularidades (que pueden presentarse juntas o por separado), las causas relacionadas con la tenencia de la tierra o la ocupación de un territorio -como en Colombia, donde la tierra es central en los intereses de los grupos armados y una de las principales razones del desplazamiento-; y la “degradación” de la violencia asociada al conflicto. En este caso, podemos entender degradación como el uso sistemático de prácticas de violencia contra la población civil en busca de “golpear” al contrincante armado, algo similar a la “guerra total”, pero con un poco más de sevicia en los ataques y no necesariamente con herramientas industriales. El mejor ejemplo de este tipo de prácticas es la del presidente sirio Bashar al-Assad, que ha utilizado armas químicas, bombas de racimo y fuego de artillería contra barrios llenos de civiles que el gobierno consideraba que escondía, apoyaba o se encontraban ocupados por fuerzas rebeldes.

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Fuente: tomado de ACNUR-ONU (2015)

4. La naturaleza interna de los conflictos activos: desde 1991 la mayoría de los conflictos armados en el planeta han sido internos, involucrando dos o más facciones o grupos dentro de un mismo país que se pelean por la preeminencia nacional, el control de territorios o recursos específicos o incluso, el exterminio o dominación sobre un grupo contrario. Los conflictos internos suelen carecer de frentes claros de combate y en su caos de posiciones, ataques y contraataques, suelen recurrir a tácticas de insurgencia, terrorismo, sabotaje y sobre todo, “castigos” a la población civil que se presume -o se sabe- ha ayudado al enemigo.

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¿Por qué el Estado Islámico está destruyendo patrimonios históricos?

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Un soldado del gobierno sirio en un anfiteatro de la recién perdida ciudad de Palmira. Fuente: theindependent.com.uk

Por Santiago Silva Jaramillo

Aterrados, observamos paso a paso cómo los militantes del Estado Islámico se acercaban a las ruinas de la ciudad de Palmira, sitio arqueológico de la antigüedad romana reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los arcos de acueductos y columnas de templos y foros esperaron en medio del desierto del suroriente de Siria la llegada de los extremistas de negro en sus tanques y camionetas. Las fuerzas del Estado Islámico derrotaron a una fuerza defensiva del presidente sirio Bashar al-Assad en la cercana ciudad de Tadmur y ahora controlan las ruinas, ubicadas en una estratégica carretera que une la capital Damasco en el occidente, con la frontera iraquí y la provincia de Ambar en el oriente, donde los extremistas acaban de tomar la ciudad de Ramadi.

El temor internacional por el legado histórico en riesgo en Palmira no es exagerado, el Estado Islámico ha ganado notoriedad internacional –entre otros muchos excesos y crímenes- por su disposición a destruir sitios arqueológicos, textos antiguos y esculturas y artefactos depositados en museos de las regiones bajo su control. El primer caso fue la destrucción de manuscritos y estatuas que reposaban en el museo de la ciudad de Mosul, la primera gran urbe en caer en sus manos y su “presentación en sociedad” en términos internacionales.

Su justificación entonces, como en la demolición de la fortaleza antigua de Hatra y una iglesia Asiria en abril de 2015 o la destrucción de artefactos invaluables en la ciudad de Nimrud, ha sido la lucha contra la idolatría y las imágenes de religiones y tradiciones infieles, como el paganismo asirio, romano y griego o el zoroastrismo persa. Esta “masacre de civilización” ha estado fundada en la aplicación de la sharia o ley islámica por parte del Estado Islámico y el convencimiento fundamentalista de que los sitios históricos representan un desafío a la fe del profeta Mahoma del que se creen defensores en la forma de su autoproclamado califato.

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Un miembro del Estado Islámico destruye una estatua en Hatra. Fuente: BBC.com

La segunda explicación a la destrucción de los sitios históricos bajo su control es menos divina. De hecho, el Estado Islámico se ha estado financiado en no poca medida por el contrabandeo de artefactos y reliquias históricas en los mercados negros de antigüedades y arqueología. Algunas fuentes incluso señalan que los videos realizados por el grupo mostrando la destrucción de artefactos suelen ser montajes y que los verdaderos son vendidos fuera de Irak y Siria.

Sin embargo, buena parte de la destrucción ha sido validada por las mismas autoridades iraquíes y sirias. En Palmira, por ejemplo, el gobierno de al-Assad se apresuró a evacuar importantes piezas del museo de Tadmur antes de la llegada del Estado Islámico. Pero la protección de la herencia histórica de la región ha sido, por supuesto, menos que una prioridad en el estado de caos en que se encuentran los gobiernos locales. Y ahora, de sus reducidos recursos y la ayuda internacional depende la protección de docenas de otros sitios representativos en términos históricos del saqueo y la destrucción de los fundamentalistas del Estado Islámico, demoledores de civilización.

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5 razones por las cuáles el Estado Islámico será derrotado

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Combatientes del Estado Islámico desfilan por las calles de una ciudad iraquí. Fuente: Aljazeera.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Ante la sorpresa –y el horror- de la comunidad internacional, en los últimos meses la organización fundamentalista de origen sunnita, autodenominado “Estado Islámico” se ha hecho al control de grandes porciones del territorio del oriente de Siria y el norte y occidente de Irak. En el camino, humillaron al ejército iraquí con rápidas victorias, atacaron a las fuerzas rebeldes moderadas que luchan contra Bashar al-Assad en Siria y ha intentado exterminar a minorías étnicas y religiosas y enclaves de minorías locales como los kurdos o los yizadiz.

Las potencias vecinas, como Turquía o Arabia Saudita –con algo de reticencia-, y Occidente –con mucho más escepticismo- han lanzado una campaña de bombardeos y apoyo a poderes locales para enfrentar al Estado Islámico. En un principio, la intervención no logró los resultados esperados, pero el mantenimiento de la ofensiva y la ayuda de combatientes locales, han empezados a conseguir avances en las últimas semanas.

Algunos analistas siguen desconfiando de la posibilidad de “destruir” al EI, como lo prometió el presidente estadounidense Barack Obama al anunciar los bombardeos de la OTAN contra el grupo, pero existen cinco razones principalmente para entender que, coyuntural y estructuralmente, el Estado Islámico se encuentra condenado al fracaso.

1. Conquistar es fácil, gobernar por otro lado…: el fundamentalismo del Estado Islámico es uno de sus peores enemigos. En efecto, luego de conquistar pueblos, ciudades y provincias sirias e iraquíes, el Estado Islámico ha intentado establecer algunas mímicas de autoridad (la mayoría, simplemente reciclando instituciones locales o tribales existentes), pero al mismo tiempo, han impuesto las sanciones de su versión de la Ley Islámica, sobre un control social extremo, violento y arbitrario, con crucifixiones, decapitaciones, violaciones, y masacres. Ese tipo de dominación ya ha probado ser un importante incentivo para la resistencia de las poblaciones locales y el ascenso de grupos de oposición armada a la ocupación. En el caso del EI, es solo una cuestión de tiempo.

2. Hacer enemigos es más sencillo que hacer amigos: el Estado Islámico nació como un proyecto de construcción de nuevo Califato Islámico, y este objetivo “misional” ha determinado las acciones y la expansión del grupo, llevándolo, primero, a crecer demasiado rápido y dependiendo de poblaciones locales y tribus cuya lealtad es en el mejor de los casos dudosa, y segundo, ha implicado la creación de docenas de grupos y países enemigos en un cortísimo lapso de tiempo, mientras, por supuesto, la creación de amigos ha sido exigua.

Explosiones de bombas lanzadas por aviones de la OTAN en el norte de Siria. Fuente: Aljazeera.com

Explosiones de bombas lanzadas por aviones de la OTAN en el norte de Siria. Fuente: Aljazeera.com

3. La geopolítica puede ser bastante cruel con sus hijos: el Estado Islámico nació y se nutrió de la inestabilidad de la región –y el creciente extremismo de algunos grupos locales- en la primera década del 2000. Su expansión fue posible, sobre todo, por los problemas vividos por Bashar al-Assad en Siria y luego, por las decisiones políticas torpes del gobierno chiita de Bagdad, cuya persecución de la minoría sunnita del norte del país preparó el terreno para que el EI fuera recibido como liberador por las poblaciones excluidas. Pero nacer del caos implica vivir de él, y la caminante coyuntura regional puede crear reyes y destronarlos con igual rapidez.

4. Llamar la atención de Occidente es perder: durante meses, las potencias Occidentales, aunque declaraban su preocupación y apoyaban el ingreso al conflicto de las potencias regionales, se mantuvieron prudentemente distanciados de intervenir en la lucha contra el Estado Islámico. Pero la creciente inestabilidad y sobre todo, el asesinato de ciudadanos occidentales por el EI llevaron a que Estados Unidos y sus aliados europeos no tuvieran opción sino intervenir directamente y buscara construir un coalición regional contra el grupo fundamentalista. Este es, por supuesto, un enemigo que el Estado Islámico no puede permitirse y que ha invertido recursos económicos y políticos importantes en luchar contra la expansión del grupo en la región.

5. Financiarse con el saqueo es insostenible: el Estado Islámico, como otros grupos similares, utilizan el saqueo como principal fuente de financiación. El problema es que el robo de recursos y la captura de rentas no suelen crear riqueza y aunque en los primeros momentos de la conquista son una fuente importante para mantener el esfuerzo bélico, tienden a agotarse rápidamente o a crear dependencia de intermediarios poco confiables, como en el caso del contrabando de petróleo o artefactos históricos. Así, con el tiempo, las rentas que sustentan a los militantes, sus armas y provisiones, se irán reduciendo cada vez más, obligándolos a ampliar su control territorial y a estirar sus líneas de comunicación y de logística, hasta un punto, seguramente, insostenible.

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5 preguntas: La nueva estrategia de Obama contra el Estado Islámico (Daniel Montoya)

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Tropas iraquíes entrenan para enfrentar al Estado Islámico – Fuente: The Big Picture – Boston.com

Esta es la primera entrada de “5 preguntas”, entrevistas sobre política internacional. Daniel Montoya*(@D_nielMontoya), negociador internacional de la Universidad EAFIT, responde algunas cuestiones sobre la nueva estrategia del presidente estadounidense, Barack Obama, para combatir al Estado Islámico en Siria e Irak.

RealpolitikMundial (1): El presidente Obama presentó recientemente una nueva estrategia de su país en su lucha contra el Estado Islámico ¿cree que la nueva apuesta por contener la expansión del grupo con bombadeos, apoyo en armas a la oposición siria y construcción de coaliciones internacionales es suficiente?

Daniel Montoya: La estrategia puede ser suficiente para contener y debilitar, como en Yemen a AQAP y en Somalia a Al-Shabab, pero insuficiente para eliminar definitivamente del mapa al Estado Islámico (EI)

RealpolitikMundial (2): Ahora, con la nueva estrategia, que compromete directamente a Estados Unidos en la región ¿cómo reaccionará el mismo Estado Islámico en el territorio?

Daniel Montoya: Si la estrategia de EEUU resulta efectiva, EI podría cambiar de la guerra de posiciones a la guerra insurgente donde evite la confrontación directa; movilizarse en células pequeñas, emplear tácticas de ataque-repliegue y esconderse entre la población civil.

RealpolitikMundial (3): Algunas voces -incluso de las mismas fuerzas armadas de EEUU- han criticado la estrategia como tímida en sus recursos (sin tropas en el terreno), y ambiciosa en su discurso (la promesa de “destruir al EI”) ¿cree que estas críticas están justificadas?

Daniel Montoya: Tienen razón en que para borrar a EI del mapa se necesita comprometer más recursos – como tropas en el terreno, sin embargo es muy costoso política y económicamente, y por eso Obama se ha cuidado de optar por esta opción.

El objetivo principal de EEUU en la guerra contra EI es evitar la formación de una plataforma exportadora de terrorismo a EEUU, y en segunda instancia, conservar la balanza de poder regional; en orden de eficiencia primero están los ataques aéreos, apoyo militar y de inteligencia a tropas de la región, que la intervención directa.

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– Daniel Montoya

RealpolitikMundial (4): Otro asunto relevante para los países occidentales ha sido el flujo de “combatientes extranjeros” que pelean en las fuerzas del Estado Islámico ¿cómo se puede configurar esto como un peligro para su seguridad interna en el futuro?

Daniel Montoya: Definitivamente es una preocupación para los países occidentales el regreso de veteranos Yihadistas, sin embargo no se debe sobredimensionar. Un ataque terrorista requiere de una logística compleja que hoy funciona bien en Siria e Irak, pero que es difícil de replicar en Europa o EEUU. Eso incluye acceso a dinero, explosivos, transporte, entrenamiento y personal, entre otros.

En realidad el mayor peligro son los “lone-wolfs”: radicales que operan solos y hacen ataques de baja elaboración – por ejemplo el Tiroteo en el Museo Judío en Bélgica, el 24 de Mayo de 2014. En este caso lo más importante es la capacitación y trabajo con la Comunidad para la detección temprana de esas personas con comportamiento sospechoso.

RealpolitikMundial (5): La política local había sido un obstáculo para Obama -y otros líderes occidentales- de tomar decisiones en el caso del EI ¿cómo reaccionaron y se comportarán las fuerzas políticas y los ciudadanos de los países involucrados en la intervención?

Daniel Montoya: La política doméstica de EEUU, Turquía, Irán, Arabia Saudita y, en menor medida, Rusia, se verá afectada en el momento en el que los gobiernos tengan que comprometer recursos sustanciales, hasta el momento no lo han hecho. Solo si el asunto EI rompe el equilibrio de la región, los países mencionados estarán dispuestos a intervenir directamente y las fisuras internas se harán evidentes.

* Daniel Montoya es Negociador Internacional de la universidad EAFIT, donde se desempeñó como coordinador del grupo de investigación en Estudios Internacionales y se enfocó en el estudio del impacto de las remesas en el sector de la construcción en Colombia. Durante su carrera profesional, Daniel ha trabajado y vivido en el exterior donde se destaca su trabajo en Proexport China y Stratfor. Sus áreas de conocimiento incluyen la inversión extranjera, inteligencia estratégica y geopolítica.

¿Quién llenará el vacío dejado por Estados Unidos en el mundo?

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Reclutas chiítas marchan en el sur de Irak. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La lenta, pero firme, retirada de Estados Unidos del mundo, está dejando enormes vacíos de poder que han llevado a la inestabilidad de regiones de vital importancia para el orden internacional y la estabilidad de los asuntos globales.

En Medio Oriente, donde millones de personas, tres religiones, varios cientos de facciones y docenas de intereses colisionan, Estados Unidos ha jugado un controvertido papel de “equilibrio de poderes” durante casi toda su historia reciente. En ocasiones fracasa, por supuesto, como durante y luego de la invasión de 2003 en Irak, pero en otras ha sido capaz de mantener una tensa estabilidad entre los poderes regionales, a través de profundas relaciones diplomáticas y de cooperación, o en algunos casos (particularmente en el Golfo Pérsico) por la intervención armada.

Sin embargo, el Medio Oriente no es, ni mucho menos, el único lugar en el que los estadounidenses intervienen en búsqueda de mantener el statu quo. La independencia de Europa occidental, la seguridad de la navegabilidad en el Océano Índico, la contención de China en el Mar Amarillo, la democratización de América Latina y el apoyo contra rebeldes y terroristas en el África Subsahárica, son algunos de estos casos.

Ahora bien, esta apuesta de política exterior supone una carga importante en recursos –tanto económicos como políticos- para el Estado Federal y los presidentes estadounidenses, y siempre ha supuesto un reto para justificar internamente. En efecto, los ciudadanos estadounidenses han sido durante casi su toda histórica democrática aislacionistas, recelosos de las “responsabilidad y cargas” que su país ha asumido en el siglo XX y XXI en el resto del planeta.

Así, de acuerdo al Pew Research Center, en 2013 el 52% de los estadounidenses sostuvieron que su país debía “ocuparse de sus propios asuntos internacionalmente”, el porcentaje más alto desde 1964, primer año en que se realizó esta encuesta. El escepticismo del público estadounidense puede verse, sobre todo, como una consecuencia de la “fatiga de guerra”, luego de más de una década de acciones armadas a gran escala en Asia, pero también, se explica un poco en las preocupaciones internas asociadas a la crisis económica internacional y sus consecuencias para Estados Unidos.

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Restos del avión de Malasya Airlines derribado en el este de Ucrania. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Tres de las más sonadas crisis internacionales de los últimos meses sirven como buenos ejemplos para la “retirada estadounidense” y algunas de sus consecuencias en las regiones donde los compromisos se están reduciendo.

En primer lugar, Ucrania, donde Vladimir Putin, el envalentonado presidente ruso, ha invadido la península de Crimea e incentivado y apoyado la rebelión de fuerzas pro-rusas en el Oriente del país. Estados Unidos ha liderado a Occidente en rechazar las acciones y aplicar sanciones económicas a Rusia por su intervención en Ucrania, pero tanto el presidente Obama, como sus conciudadanos, tienen poco interés en presionar demasiado al liderazgo ruso, mucho menos, intervenir en la defensa directa del territorio ucraniano.

Por un lado, Ucrania supone, en la nueva doctrina estadounidense de “liderar desde atrás” del gobierno Obama, parte de la influencia directa de Rusia y no de Europa Occidental y de la OTAN. Es decir, que por más que el presidente estadounidense continúe con su mandato histórico de “mantener el equilibrio internacional”, no intervendrá más allá de lo absolutamente necesario y posible políticamente. Porque, por otro lado, la opinión pública de su país ha dejado bien claro que no quiere ver a su país inmiscuido en Ucrania, peor aún, en un enfrentamiento con Rusia. Así, de acuerdo al Pew Research Center, el 56% de los estadounidenses sostuvieron en marzo de 2014 que su país no debía involucrarse mucho en la crisis ucraniana.

En segundo lugar, Siria e Irak, donde esta “doctrina Obama” se ha enfrentado a varios retos respecto a su propio compromiso descuidado y lejano con la estabilidad. En efecto, ni la represión del dictador Bashar al-Assad de su propio pueblo y luego su duro enfrentamiento con las fuerzas rebeldes sirias, incluso utilizando armas químicas, y cruzando la “línea roja” establecida por el propio Obama; han logrado mover a Estados Unidos a intervenir más allá del apoyo condicionado a algunas de las organizaciones rebeldes.

En este contexto, donde al-Assad pudo enfrentarse directamente a las fuerzas rebeldes más moderadas, mientras en el oeste y sur del país, la ya famosa organización extremistas ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) ganaba poder, poniéndose por encima incluso de otras fuerzas rebeldes, ganando terreno, controlando ciudades y acumulando armamento. A principios de 2014, este mismo grupo lanzó una ofensiva militar en el norte de Irak, su lugar de nacimiento, y apoyándose en el descontento de los sunnitas con el gobierno chiíta del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, su avance ya ha llevado a la caída de ciudades como Mosul, Tikrit o Fallujah, y amenazan la capital, Bagdad.

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Bombardeo de las fuerzas de seguridad israelí en una localidad de la franja de Gaza. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Ante el preocupante avance, Obama decidió recientemente atacar las posiciones de ISIS en el norte de Irak, intentado detener su ofensiva contra los kurdos. Es solo contención, en el mejor de los casos, la “atención de los síntomas, no de la enfermedad”. Y su alcance está determinado de entrada por la negativa de los Estados Unidos a tener compromisos más amplios.

De nuevo, los ciudadanos estadounidenses se oponen a esta acción, y sobre todo y particularmente, a cualquier incremento en el involucramiento de su país en la crisis del país del Medio Oriente.

Por supuesto, la política exterior de Obama da cuenta de nuevas realidades en las actitudes políticas de sus conciudadanos. De esta forma, tomar decisiones de intervenir internacionalmente –incluso frente a peligrosos conflictos y enemigos tan claros, como en los primeros meses del conflicto en Siria- se ha convertido en una tarea imposible para un líder estadounidense, por culpa de los altos costos políticos.

Y esta es una realidad interna que plantea un obstáculo casi imposible de salvar para el presidente Obama y los líderes estadounidenses por venir.

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¿Qué está pasando en Irak?

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Por Santiago Silva Jaramillo

En la mañana del pasado diez de junio, luego de algunas horas de ligeros combates, por lo menos unos tres mil hombres del ejército iraquí se retiraron o desertaron sus puestos en Mosul, la ciudad más grande del norte de Irak y su segunda ciudad en importancia. En su retirada, las tropas iraquíes dejaron docenas de tanques, carros armados, municiones y armas; un excelente botín para el grupo que atacaba la ciudad. En efecto, la fuerza invasora, constituida por militantes islamistas de varios grupos sunnitas –aunque liderados por la organización extremista armada “ISIS”-, tomaron el control de la ciudad y saquearon sus bancos y arsenales.

Recompuestos luego de la conquista de Mosul, los apenas cientos de militantes han continuado su avance hacia el sur, con miras a la capital, Bagdad. Solo dos días después, capturaron Tikrit, la cuna del ejecutado dictador iraquí Saddam Husein, mientras el gobierno chiita iraquí, liderado por el corrupto y autocrático Nuri Al- Maliki, se ha visto a gatas para utilizar sus casi quinientos mil hombres –armados y entrenados por Estados Unidos antes de la salida de las tropas en 2011- para detener los ataques de un par de miles de militantes sunnitas.

ISIS son las siglas en inglés para el “Estado islámico de Irak y la gran Siria”. Es un grupo islamista de origen sunnita, que empezó como una rama de Al-Qaeda en Irak, pero que en los últimos años de enfrentamientos con el gobierno iraquí y sus aliados estadounidenses, y luego con su intervención en la guerra civil siria, se ha convertido en una fuerza independiente (además de tildada como “demasiado violenta” por el liderazgo de Al-Qaeda), con pretensiones de construir un Estado regido por la sharia en la región de Levante, que incluya a las poblaciones sunnitas del oriente de Siria, el norte de Irak y el norte de Jordania.

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Ahora bien, el éxito de la ofensiva de ISIS no se explica por su capacidad militar, sino, más bien, por la debilidad del gobierno iraquí y la profunda división que existe entre las tres grandes facciones dentro de su territorio. Por un lado, el gobierno de Al-Maliki inició una criticada campaña de exclusión de la minoría sunnita, en contra de los compromisos adquiridos con los Estados Unidos, que acababa de retirar sus tropas del territorio. Ante la persecución y exclusión de los chiitas, y el vacío de poder dejado por las tropas estadounidenses en grandes porciones del territorio iraquí, las milicias sunnitas empezaron a ganar influencia y control sobre pueblos en el norte y sobre las fronteras de Irak.

En 2011, con el inicio de la guerra civil en Siria, y sobre todo en 2013, con su recrudecimiento, facciones de islamistas armados del mundo árabe acudieron a Siria a ayudar a los insurgentes sunnitas que luchan contra el presidente alauita Bashar Al-Assad, aliado de los poderes chiitas de la región.  El germen de ISIS acudió también y peleando en el oriente del país ha logrado ganar los recursos, los hombres y la experiencia para lanzar la actual ofensiva, sustentada en el descontento sunnita del norte de Irak con el gobierno chiita de Al-Maliki.

Ante el peligro que representa el avance de ISIS –y sobre todo la rapidez con la que se deterioró la situación en Irak- la comunidad internacional ha reaccionado, pero el desconcierto se une a las dificultades políticas de intervenir. Estados Unidos, por ejemplo, se encuentra atrapado en viejas promesas de política interna y el desgaste de las últimas guerras. Obama sustentó buena parte de sus apuestas de gobierno e convencer al público estadounidense de que Irak era la “mala guerra”, que la salida de las tropas era necesaria e irrevocable; que los estadounidense dejaban Irak de una vez por todas. Para el presidente estadounidense, aunque todos lo esperen y la situación lo requiera, resulta muy difícil en términos políticos justificar internamente nuevas operaciones militares en Irak.

EJERCITO IRAQUI

Por otro lado, Irán ya ha despachado algunas tropas para ayudar a defender los intereses del gobierno iraquí, particularmente cerca de su frontera y en el caso de que Bagdad efectivamente esté en peligro de ser atacada. Pero la solidaridad chiita (Al-Maliki e Irán), se contrapone a la solidaridad sunnita. En efecto, algunas agencias han reportado de la influencia y financiación de algunos líderes petroleros de los Estados del golfo pérsico sobre ISIS y las milicias sunnitas en el norte de Irak.

El problema es que, incluso con toda la ayuda, el gobierno de Al-Maliki se ha cavado su propia tumba en términos políticos, tanto, que incluso la tercera facción dentro de Irak ya ha empezado a aprovecharse la situación. Los kurdos, perseguidos por décadas por los gobiernos iraquíes y que actualmente cuentan con una situación de relativa autonomía en el nororiente del país, han tomado su histórica capital de Kirkut, hasta hace poco en manos del gobierno.

Los próximos días –de pronto semanas- serán determinantes para identificar si la sorpresa fue la mejor alidada de ISIS, y se encuentra en camino de caer ante una ofensiva de las fuerzas iraquíes apoyadas por Irán y posiblemente Estados Unidos, o si la falla estructural es del gobierno iraquí y se encuentra a punto de caerse a pedazos ate el avance de las fuerzas insurgentes.

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