Posts Tagged 'Israel'

Mapa: Un mundo nuclear

Un mundo nuclear: este mapa recoge datos de 2012 sobre los arsenales de armas nucleares en el planeta. Aunque las estadísticas para las grandes potencias parecen ser algo claras (y sus arsenales se hayan reducido desde el final de la Guerra Fría) los de las “pequeñas” potencias nucleares son algo menos seguras y estarían en aumento. Fuente: fas.org

Un mundo nuclear

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Entendiendo Gaza

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Algunas claves para comprender la última ofensiva israelí en Gaza

Las fuerzas militares de Israel han iniciado una fuerte ofensiva contra la franja de Gaza, un territorio palestino gobernado por Hamas en el suroccidente de su territorio. Respondiendo al aumento de los ataques con misiles por parte de milicianos desde Gaza hacia territorio israelí, el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, llevó a Israel a lanzar una operación iniciada el pasado 14 de noviembre con la muerte de uno de los líderes militares del grupo Hamas. El gobierno de Gaza (y las múltiples facciones que operan en la zona) respondieron con todavía más misiles, mientras los israelíes llaman a sus reservas para una probable operación terrestre.

A continuación, algunas claves para entender mejor lo que se plantea como un nuevo capitulo en una guerra demasiado larga.

  • La capacidad de Hamas y los otros grupos que operan en Gaza de golpear las ciudades israelíes ha aumentado en los últimos años. Los cohetes artesanales de corto alcance, fabricados localmente, han dado paso en cuestión de algunos meses a misiles tierra-tierra de medio alcance y mayor poder destructivo.
  • La operación del ejército israelí supone una respuesta a un asunto político. El gobierno de Netanyahu se ha visto presionado por la opinión pública de su país para que tome acciones frente al aumento de los ataques desde Gaza. Esto implica la decisión política de llevar a cabo la intervención y aunque la operación pueda tener objetivos modestos, el mandato es claro para que se lleve a cabo.
  • La reanudación del conflicto supone el final de una tregua de facto entre Israel y Hamas. Desde la última intervención israelí en Gaza en 2008-2009, las hostilidades entre los dos enemigos se habían reducido, dando paso a una especie de tregua, algo frágil y extraña, pero que había visto expresiones cooperativas como intercambio de prisioneros.
  • El objetivo de Israel es reducir la capacidad de sus enemigos de lanzar cohetes sobre su territorio. Una operación terrestre israelí estaría enfocada en destruir las fábricas de armas de las milicias palestinas en Gaza, golpeando su capacidad para seguir atacando sus ciudades en el futuro cercano.
  • Al final, las consecuencias a largo plazo de la operación son mínimas, para ambos bandos. Tanto los israelitas, como los palestinos de Gaza, mantienen expectativas bajas de este nuevo choque. Por lado, el gobierno israelí conoce las dificultades de realizar una operación con tropas en la franja, incluso las de desarticular completamente la capacidad de Hamas y sus aliados de hacer daño; su intervención es una respuesta política y una operación militar de objetivos modestos. Por otro lado, Hamas ya no es un grupo militante cuyo único objetivo es luchar, su posición en el gobierno de la Franja de Gaza le implica tener que responder a sus ciudadanos, lo que le supone mayor responsabilidad en sus decisiones y acciones. Hamas espera pasar la tormenta sin perder el control de su territorio, de forma extraña su preocupación es la estabilidad dentro de Gaza.

¿Es proporcionada la respuesta de Israel a los ataques desde Gaza? ¿Puede llevar este último choque al reinicio del proceso de paz? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Oil, sus riesgos políticos y conflictos armados en Medio Oriente

Pueden revisar este informe especial preparado en conjunto con Valora Inversiones sobre el incremento de las tensiones en Medio Oriente luego de las elecciones presidenciales estadounidenses. Este es el primer esfuerzo de varios análisis futuros que buscan combinar el análisis político con las perspectivas financieras. Este informe se enfoca en las consecuencias para el precio del petróleo internacional a la espera de hostilidades en el Golfo Pérsico y Siria.

Oil, sus riesgos políticos y conflictos armados en Medio Oriente

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La estrella y la media luna

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre el inminente ataque israelí a Irán

Recientes artículos en medios como The Economist y Foreign Policy han reseñado la creciente posibilidad de un ataque de Israel contra de Irán en las próximas semanas.  Ahora bien, en realidad ¿qué tan cercanos estamos a un escenario de otra guerra en Medio Oriente?

Los últimos meses han visto como las tensiones entre Irán e Israel y Occidente han ido creciendo, hasta el punto que se habla de una inevitable guerra. El conflicto responde a muchas y complejas razones estratégicas (como el control del golfo pérsico y el futuro de Irak y Afganistán luego de la retirada de EEUU) y económicas (como el continuo y estable suministro de petróleo), pero la principal fuente del choque es el controversial programa nuclear iraní.

El gobierno israelí se encuentra entonces bajo mucha presión para realizar un ataque aéreo contra las instalaciones nucleares iraníes. Un buen número de circunstancias explican que la acción armada de Israel venga más temprano que tarde. Por ejemplo, lo cerca que estaría el régimen iraní de alcanzar la capacidad nuclear para fabricar armas de destrucción masiva.

De igual manera, la creciente frustración con la inutilidad de las opciones políticas de resolver el conflicto (esto es, las sanciones y la negociación) también juega un papel fundamental en empujar a los israelíes a echar mano del ataque preventivo. Este elemento se le suma otra realidad bastante obvia, pero no por eso menos espectacular: para Israel supone un mejor escenario pelear una guerra en este momento y no cuando Irán cuente con el disuasivo poder de un arma nuclear.

Sin embargo, también existen poderos razones para que un ataque israelí y una nueva guerra en Medio Oriente no se produzca. Por un lado, está la dificultad  táctica para las fuerzas israelíes de lanzar una ofensiva a gran escala contra Irán. Los aviones israelíes pueden alcanzar sus objetivos dentro de Irán, pero si serán capaces de destruir los complejos subterráneos donde se encuentran las centrales nucleares es incierto.

De igual manera, las concrescencias para la maltrecha economía global de una guerra en pleno golfo pérsico que pueda llegar a afectar el suministro de petróleo resultan suficientemente temibles como para que la presión que muchos países del mundo ejerzan para evitar un conflicto sea difícil de resistir.

Aun así, el escalamiento del conflicto parece inevitable. Esta semana las embajadas israelíes en Georgia e India sufrieron ataques terroristas casi simultáneos. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acusó a Irán, por medio de sus aliados de Hezbollah. La diplomacia iraní se apresuró a desmentirlo, pero el daño está hecho y los atentados, sin importar quién o porqué los realizó, se suman a la tensión que tiene a Medio Oriente a punto de otra guerra.

¿Es inevitable una guerra entre Israel e Irán? ¿Cómo más se puede enfrentar este conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Tensiones nucleares

Sobre Irán, Corea del Norte y sus programas nucleares

Dos eventos mantienen en vilo a la comunidad internacional en estos últimos días: la sucesión en Corea del Norte y la crisis en el Golfo Pérsico causada por el programa nuclear iraní. En efecto, Corea del Norte, el ermitaño país asiático que ha sido gobernado por una dictadura comunista desde los años cuarenta, tiene un nuevo líder, el joven Kim Jong Un, hijo del excéntrico Kim Jong Il, muerto en diciembre de 2011 y nieto del fundador de la dinastía, Kim Il Sung.

Esta sucesión es importante porque Corea del Norte, aunque es una nación pobre y de valor estratégico relativamente bajo, cuenta con un pequeño, pero funcional arsenal nuclear, construido durante un controvertido programa nuclear al que se oponen algunos de sus vecinos y muchos otros países de la comunidad internacional.

El problema es que las esperanzas de que la muerte del antiguo líder norcoreano pudiera abrir paso a un cambio en el régimen que albergaban algunos no se cumplió. Kim Jong Un todavía tiene mucho que demostrar a los militares y la población de su país; establecer su control firmemente, pero los días han pasado sin que un cambio significativo de actitud respecto a su gobierno llegue. Es más, el joven e inexperto nuevo líder tendrá que mostrarse duro y decidido para mantener ese frágil control en que se sustenta su régimen y por eso es probable que, antes de ver una decaída en las hostilidades hacia el exterior, éstas aumenten.

El programa nuclear de norcoreano, posiblemente el único orgullo nacional de Corea del Norte, será con toda seguridad el objetivo de la mayor atención para el nuevo líder, por razones de política interna y externa. Por un lado, le ayuda a mantener contentos a los militares, quienes le devuelven el favor manteniéndolo en el poder, mientras que sirve para disuadir a cualquiera de sus enemigos (sobre todo Estados Unidos, Corea del Sur y Japón) de intentar una acción armada en su contra. Finalmente, sus armas nucleares le sirven al régimen norcoreano para extorsionar a la comunidad internacional y recibir así mayores ayudas internacionales, sin las cuales, su país se vendría abajo.

Por otro lado, está la crisis en el golfo Pérsico y las crecientes tensiones creadas por el avanzado programa nuclear iraní. Las tensiones han estado escalando con facilidad en los últimos días y hace temer cada vez más un dramático desenlace. Por un lado, Irán dice que bloquearía el estrecho de Ormuz si se ve amenazado y Estados Unidos responde que no lo permitiría, también, un científico nuclear iraní es asesinado con una bomba en lo que parece una acción del Servicio Secreto israelí y finalmente, los intentos de alcanzar una solución diplomática parecen haberse estancado en el enrarecido ambiente que domina a los involucrados.

Aun cuando las tensiones y la amenaza de guerra aumentan, Irán, curiosamente, tiene las de ganar. Como el caso de Corea del Norte bien lo ilustra, tener armas nucleares puede, en efecto, volverse una ventaja nada despreciable en el sistema internacional actual. Irán cuenta con todos los incentivos, y solo unos pocos obstáculos en el camino, para alcanzar su objetivo de llevar su programa nuclear a feliz término.

¿Es el mundo más seguro si Irán consigue armas nucleares? ¿Es peligroso para el mundo que países como Corea del Norte e Irán adquieran estas capacidades? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Sobre Irán

Fuente: The Big Picture - Boston.com

La carrera nuclear en Medio Oriente y las implicaciones para un año de creciente tensión

Hace unos dos meses, la Agencia de Energía Nuclear presentó un reporte en donde detallaba los avances del programa nuclear iraní en conseguir la capacidad para enriquecer uranio (primer paso en el camino de construir armas nucleares). La reacción internacional, sobre todo de Estados Unidos e Israel, hizo temer que las cosas escalaran a un conflicto directo. Afortunadamente, eso no pasó. Por lo menos, no de inmediato. Esta primera semana del 2012 ha demostrado que si algo, las cosas en Medio Oriente han empeorado.

El pasado dos de enero, sobre las conflictivas aguas del golfo Pérsico, el régimen iraní probó con éxito dos misiles de medio y largo alcance. Teherán se aseguró de mostrar a todo el mundo su más reciente logro militar. Primero, porque le da soporte a sus amenazas de bloquear, como lo prometió en caso de una acción armada en su contra, el estrecho de Ormuz. Segundo, porque sus nuevos misiles le permiten al régimen amenazar directamente a cualquier objetivo a unos mil kilómetros de distancia. Como, digamos, la base aérea estadounidense de Al Udeid en Qatar o la ciudad de Tel Aviv en Israel.

Por supuesto, todo esto ha puesto muy incomodos a estadounidenses e israelíes (aunque también a Gran Bretaña, Francia y Arabia Saudita), el conflicto internacional causado por la intención de Irán (en contra de las exigencias de la comunidad internacional) de mantener su programa nuclear ha escalado en las ultimas semanas. Frente a un escenario en el cual, en cualquier momento Teherán alcanzaría la capacidad de producir armas nucleares.

Ahora bien, todo lo anterior se complica aun más por dos circunstancias. La primera es que esta pelea se enmarca dentro de una batalla más amplia por la hegemonía de Medio Oriente. La segunda, el reacomodo de las fuerzas en la región luego de la retirada de las tropas estadounidenses de Irak y el nuevo escenario después de las revueltas árabes.

En efecto, Irán está ampliando su influencia en Irak, intentado compensar la pérdida sufrida gracias a los problemas de su viejo aliado Bashar al-Assad en Siria. Así, sin la presencia permanente de un Estados Unidos que cada vez busca tener menos compromisos en el exterior, la lucha entre los poderes locales por ocupar el espacio dejado y aprovechar el caos subsecuente aumentará las tensiones en la región durante los próximos años.

Todo está servido para que se produzca un nuevo conflicto en Medio Oriente, sino en la forma de una confrontación directa, si en la de una especie de “guerra fría” entre los países de la región y las potencias con intereses en ella. Aun así, Estados Unidos hará todo lo posible por evitar que las cosas se salgan de control, sacándole el cuerpo a una nueva disputa en la que poco puede ganar y mucho perder. Mientras los nervios de los israelíes y los sauditas serán probados por un Irán con cada vez mayores envalentonadas.

¿Se aproxima otra guerra? ¿Qué implicaciones tiene un Irán con poder nuclear en el mundo? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Ruido de Tambores

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre la ‘inminente’ intervención en Irán

Un reporte de la Agencia de Energía Nuclear publicado esta semana confirma lo que ya muchos analistas sospechaban, que el régimen iraní está cerca de contar con los elementos para desarrollar armas nucleares. La noticia ha sido recibida con creciente alarma en el mundo, pero particularmente en Israel, el viejo némesis de Irán.  En efecto, la posibilidad de que Irán tenga capacidad nuclear representa una amenaza enorme para los intereses israelíes, pero también para toda la región; supondría un rebalanceo de poderes y con toda seguridad, llevaría a que se iniciara una carrera armamentista en un Medio Oriente ya suficientemente inestable.

Por eso, Israel parece decidido a realizar una acción armada contra las instalaciones de desarrollo nuclear iraní. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pasó toda la semana anterior, cuando se filtraron detalles del reporte de la AEN, moviendo sus fichas políticas para lograr el apoyo interno que le permita ordenar el ataque. Mientras tanto, la fuerza aérea de Israel realizaba entrenamientos en el Mediterráneo, posiblemente, preparándose para la misión en Irán. El principal temor de los israelíes sin embargo, y la razón por la cual no han atacado aún, es el apoyo que recibirían de Estados Unidos.

Porque la administración Obama ha mantenido un prudente silencio respecto al tema. Para Estados Unidos, pero sobre todo para su presidente en campaña, una guerra en Irán sería terriblemente inconveniente, incluso, si es necesaria. Pero como en muchos otros casos, el hecho de que los estadounidenses no quieran hacer algo no quiere decir que las circunstancias no terminen obligándolos a hacerlo. Es muy probable, por ejemplo, que si Israel lanza su ataque, Estados Unidos tendría que “terminar el trabajo”, sobre todo, teniendo en cuenta que las instalaciones nucleares iraníes están muy bien protegidas y bajo tierra.

Irán no se ha quedado quieto, por otro lado. Ante el intenso lobby internacional que ha desplegado Israel para ganar momentum con el cual lanzar su operación (Se ha conocido que Gran Bretaña también se prepara y apoyaría un eventual ataque liderado por Estados Unidos), Irán ha amenazado con consecuencias indeterminadas para quienes se involucren en la acción. Como en muchos casos, parece una bravuconada, sin embargo, con suficiente resonancia en los medios, puede llegar a persuadir a los ciudadanos poco convenidos de la guerra (posiblemente más de la  mitad, incluso en Israel) y dificultar el ambiente político interno y el apoyo que necesitarían Netanyahu, Obama o Cameron en las próximas semanas.

La acción contra Irán supone la posibilidad sin embargo, de convertirse en algo más que una rápida acción preventiva (consistente en una campaña de bombardeos aéreos y navales). Para Israel, sobre todo, supondría un nuevo enfrentamiento con los clientes iraníes en la región, Hamas en Gaza y Hezbolla en el Líbano. Los ataques de ambas facciones son de esperarse. Para Estados Unidos, de igual manera, implicaría también la exposición de sus tropas en Irak a nuevas oleadas de ataques terroristas e incluso la reactivación de las acciones insurgentes financiadas por Irán, que tantos dolores de cabeza les dieron en los últimos años.

Las posibilidades de esta guerra anunciada son reales. Reales en tanto puede llegar s suceder, pero también a no hacerlo. Lo cierto que la acción armada mantiene muchos interrogantes sobre si sería efectiva y sobre las consecuencias globales de la misma (por ejemplo, la economía global no puede darse el lujo de que el paso de Ormuz, por donde transita casi la mitad de la producción petrolera del Medio Oriente, esté cerrado por semanas). Sin embargo, el peligro de un Irán nuclear también es real y preocupante. Las cosas todavía no están claras y serán necesarias aún un par de semanas para que se pueda saber si en efecto, habrá guerra.  Solo es esperar.

¿Es un ataque preventivo la mejor opción para detener el programa nuclear iraní? ¿Es peligroso para el mundo que Irán adquiera armas nucleares? Cuénteme lo que piensa, comente.

 

La nueva geopolítica del Medio Oriente (2 de 2)

Fuente: The big Picture - Boston.com

De cómo ha cambiado la región después de las revueltas árabes

Parece que las revueltas en el mundo árabe están llegando a su fin. Claro, en Siria todavía hay enfrentamientos entre el presidente Bashar al-Assad y los ciudadanos sirios que exigen su renuncia, en Egipto el conflicto entre la población civil y el ejército se acentúa, mientras persiste el escepticismo y la desconfianza sobre el papel que jugará la milicia en la futura intentona democrática del país y la guerra civil continúa en Yemen. Sin embargo, es poco probable que nuevas revueltas se extiendan a otros países y todo indica que las llamas de la revolución se extinguen después de más de ocho meses de desordenes, represiones y derrocamientos.

Ahora bien, el Medio Oriente parece haber cambiado en menos de un año mucho más que en la última década y, desde que EEUU invadiera Irak en 2003, la composición geopolítica de la región no vivía un traumatismo similar. La nueva realidad (con las claras incertidumbres que permanecen) sería algo más o menos así:

Arabia Saudita: el 2011 tampoco ha tratado bien a los saudíes y aunque hayan tenido algunas victorias, como en Bahréin sobre los iraníes y los manifestantes, su posición general se debilita. En primer lugar, los más afectados por el incremento de la influencia de los turcos, después de Egipto, son los saudíes, que ocupados en apagar incendios en casa han dejado espacios a los diplomáticos turcos en toda la región. De igual manera, los acontecimientos en Yemen han supuesto una espina en el costado del régimen saudí que será difícil de curar. El régimen de Saleh, presidente yemení, que aunque corrupto e incompetente, había mantenido unos niveles aceptables para lo saudíes de estabilidad en su país, ha caído y ahora la guerra civil en Yemen parece perfilarse como un problema muy difícil de atender.

Israel: la situación de los israelíes es la más difícil de determinar. En cierta forma, los cambios en la región suelen traer siempre problemas para Israel, sin embargo, la debilidad de Bashar al-Assad en Siria podría suponer una buena noticia, aunque solo, y paradójicamente, si el régimen no se cae, sino que se mantiene comprometido en controlar su posición. Así, al-Assad permanecería distraído con problemas domésticos, dándole un respiro a Israel. Si el régimen cae, por otro lado, un nuevo gobierno en Siria sería, con toda seguridad, igual de adverso a los israelíes que el anterior. Los problemas de Irán, de igual manera, siempre pueden considerarse como victorias para Israel, por eso las desventuras del régimen iraní en los últimos meses solo representan ganancias para los israelíes. Ahora bien, aunque según esto Israel podría considerarse bien librado en el nuevo escenario, todo lo anterior lo ensombrece la caída de Hosni Mubarak en Egipto. Mubarak era un aliado silencioso, pero poderoso de los israelíes; en el interior de su país los maldecía, mientras los apoyaba en el control de la movilidad de la franja de Gaza. Pero una vez derrocado, el nuevo régimen militar egipcio ha aflojado los controles en la frontera con Gaza y la relación entre Israel y Egipto se ha enfriado visiblemente. Finalmente, está Turquía. Los turcos también han ampliado la distancia con los israelíes y los episodios de las flotillas humanitarias que salieron de suelo y con apoyo turco, dirigidas a territorio palestino, ha dictaminado la enemistad que desde hace algunos meses se ha apoderado de la relación entre ambos países. Con la influencia turca en aumento, por supuesto, Turquía es un enemigo que puede hacerle mucho daño a Israel.

El Medio Oriente es una de las regiones políticamente más volubles del planeta y las revueltas se han convertido en un poderoso precedente para los cambios rápidos, aunque traumáticos, en los países de la región. El mundo, claro está, no se detiene por nada y las formas como nos organizamos y desorganizamos constantemente es tan dinámica, que toda predicción puede resultar necia. Medio Oriente se reacomoda, pero sus complejidades permanecen y con toda seguridad, no dejarán de impactar al resto del mundo en el futuro próximo.

¿Quién más gana y pierde en el nuevo Medio Oriente? ¿Qué otro cambio geopolítico importante puede identificarse en el nuevo escenario de la región? Cuénteme lo que piensa, comente.

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La nueva geopolítica del Medio Oriente (1 de 2)

Fuente: The Big Picture - Boston.com

De cómo ha cambiado la región después de las revueltas árabes

Parece que las revueltas en el mundo árabe están llegando a su fin. Claro, en Siria todavía hay enfrentamientos entre el presidente Bashar al-Assad y los ciudadanos sirios que exigen su renuncia, en Egipto el conflicto entre la población civil y el ejército se acentúa, mientras persiste el escepticismo y la desconfianza sobre el papel que jugará la milicia en la futura intentona democrática del país y la guerra civil continúa en Yemen. Sin embargo, es poco probable que nuevas revueltas se extiendan a otros países y todo indica que las llamas de la revolución se extinguen después de más de ocho meses de desordenes, represiones y derrocamientos.

Ahora bien, el Medio Oriente parece haber cambiado en menos de un año mucho más que en la última década y, desde que EEUU invadiera Irak en 2003, la composición geopolítica de la región no vivía un traumatismo similar. La nueva realidad (con las claras incertidumbres que permanecen) sería algo más o menos así:

Turquía: los turcos llevan varios años profundizando sus relaciones en Oriente Medio, tomando el lugar de mediación, de “parte no interesada”, en muchos de los conflictos de la región. De igual manera, han mantenido un inteligente equilibrio entre sus compromisos mundiales (especialmente con Europa) y sus nuevos compromisos regionales. Es el caso de la posición que Turquía ha tenido respecto a las mismas revueltas árabes, combinación prudente entre rechazar la represión sobre los manifestantes y no apoyar la intervención de los europeos y estadounidenses en el asunto. Turquía ha mantenido su aproximación de “doble cara” durante la crisis, en donde se sigue mostrando como a lo que aspira: el liderazgo natural en Medio Oriente.   Su apuesta, además, recibió un impulso inesperado con el incidente de la flotilla de Gaza y, sobre todo, con la caída de Mubarak y la incetidumbre e inestabilidad egipcia, hasta ahora uno de los países más respetados y poderosos de la región. Si los turcos pueden llegar a llenar el vacío de poder dejado por los egipcios, todo el esfuerzo reciente habrá valido la pena.

Irán: el régimen iraní no ha tenido un buen año. Por un lado, las sanciones internacionales empiezan a hacer mella en su economía y mantener el control sobre una población descontenta se vuelve cada vez más difícil. El sistema político del país también pasó por una profunda crisis a mediados del año cuando el gabinete del presidente Mahmud Ahmadineyad se enfrentó al ayatola Alí Jamenei y la dirigencia clerical. El conflicto por afianzar el poder de ambos sectores sobre el país aumentó las dudas sobre la estabilidad y fortaleza del sistema político teocrático de Irán y representó un duro golpe al prestigio internacional del gobierno de Ahmadineyad. Aparte de esto, Irán no ha salido muy bien librado de las revueltas de la llamada “primavera árabe”. En Bahréin, la pequeña isla en medio del golfo pérsico, Irán se midió frente a uno de sus archienemigos, Arabia Saudita, al apoyar a los manifestantes de la mayoría chiita que buscaba derrocar a la dirigencia sunita que controla el país. Los saudíes, aliados de los gobernantes de Bahréin, enviaron tropas en su ayuda y aplastaron la revuelta. La situación actual en Siria tampoco les favorece a los iraníes, aliados desde hace años del régimen de al-Assad. En el mejor (peor ¿?) de los casos, si el presidente sirio prevalece, su posición dentro del país será demasiado débil e Irán, pase lo que pase, habrá perdido un importante aliado en la región.

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¿E Israel qué?

De cómo Israel ha sido el más perjudicado con las revueltas árabes.

La historia del Estado de Israel ha sido una de terribles dificultades, guerras, coaliciones, terrorismo y ha estado entrelazada, aunque no quisiera, con los palestinos y sus 62 años detrás de su propio Estado. El conflicto palestino-israelí ha vivido contantes cambios durante su larga duración, negociaciones se han entablado y roto con excesiva rapidez y todo esto ha llevado a que una salida sea vista con resignado pesimismo en toda la comunidad internacional. No por nada, ambas partes han aprendido a vivir con el conflicto, buscando adaptarse y no ceder en un solo punto de sus pretensiones y medios, sin importar lo ilegales o injustos que puedan ser.

La situación entre Israel y los palestinos sin embargo, ha presenciado varios eventos externos que inevitablemente afectaran su dinámica; el estancamiento se ha roto, pero el desarrollo de los eventos no parece dirigirse hacia la paz.

Por un lado, están las revueltas árabes. Desde su inicio, Israel mantuvo una actitud prudente, esperando hacia donde soplaba el viento, sin embargo, la posibilidad que los nuevos regimenes en estos países (sobre todo en Egipto) contaran con presencia de partidos políticos o grupos religiosos contrarios a sus intereses, empezaron a presionar a Estados Unidos y Europa para intervenir (o dejar de hacerlo) en la región. Lo cierto es que Hosni Mubarak, el hombre fuerte egipcio derrocado hace unos meses, había construido una relación de cercanía con Israel extraño en el mundo árabe e incluso había participado del cercamiento de la Franja de Gaza, ayudando a las sanciones que Israel mantenía sobre el grupo terrorista Hamas, que la controlaba.

Sin Mubarak en el poder (y con una tenue democracia en desarrollo) Egipto no solo ha dejado de ayudar a Israel, sino que ha empezado a inclinarse por los palestinos.

En segundo problema nace en Siria. El país (que limita con Israel en el noreste, donde tropas israelíes ocupan la zona de los “Altos del Golham”) atraviesa su propia crisis gracias a las revueltas de los musulmanes sunitas en contra del presidente Bashar al-Assad. El líder sirio ha ordenado una represión a gran escala por parte del ejército, que se encuentra bajo su control, pero los sirios han resistido y Assad se ha visto en aprietos para imponerse. Sin embargo,  Bashar encontró hace unos días una manera inteligente (y que muchos otros líderes árabes han utilizado antes) para distraer la atención y el odio de sus compatriotas: el odio a Israel.

En efecto, Siria es uno de los enemigos jurados de Israel, pues no solo han peleado un par de guerras, sino que mantienen una difícil disputa sobre el Líbano y el apoyo sirio al grupo terrorista Hizbolla. En días pasados, sobre las fronteras israelíes protestaron cientos de sirios y palestinos, pero lejos de la espontaneidad de otras demostraciones, éstas coincidieron con las difíciles circunstancias del régimen de Assad en Siria. Es bastante probable que Bashar haya intervenido, promoviendo las revueltas en contra de Israel para ganar algo de tiempo sobre sus problemas internos, pero si las demostraciones toman impulso, pueden volverse una seria amenaza contra los israelíes.

Pero para completar la mala racha de Israel, las últimas semanas han visto como una iniciativa para reconocer un Estado palestino prospera en la ONU, mientras que el presidente estadounidense, en un reciente discurso sobre su política frente a Medio Oriente, reconoció que la única manera de llegar a la paz entre palestinos e israelíes es sobre las fronteras que ambos tenían en 1967. De la misma forma, las dos facciones palestinas (Hamas y Fatah) se reconciliaron después de un par de años, anunciando una nueva unidad Palestina.

Todo esto resulta terriblemente inconveniente para Israel, pero el problema de fondo es que teniendo tanta presión sobre ellos, los israelíes apoyarán las duras posturas de su primer ministro Benjamin Netanyahu, dejando de lado cualquier intento de retomar las negociaciones de paz y abriendo la puerta para el posible recrudecimiento del ya largísimo conflicto.

¿Cómo queda Israel frente a todos estos inconvenientes? ¿Es posible alcanzar la paz en Medio Oriente? Cuénteme lo que piensa, comente.


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