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Gráfico: ¿Cuál es la primera potencia económica mundial?

¿Cuál es la primera potencia económica mundial?: Este gráfico recoge las opiniones de los habitantes de cuatro países sobre cuál es el país (o unión de países, en el caso de la Unión Europea) que, según su percepción, es la primera potencia económica mundial El gráfico muestra las opiniones de estadounidenses, chinos, japoneses y alemanes. Así, para el 39% de los encuestados en Estados Unidos, la principal potencia económica es su país, pero para el 44% es China. Los chinos, responder de forma contraria, el 46% cree que la potencia es Estados Unidos y el 30% que es su país. Por otro lado, el 67% de los japoneses consideran que la potencia es Estados Unidos, mientras el 59% de los alemanes cree que es China.  Fuente: Pew Global, 2013

Cuál es la primera económica mundial

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Mirando al Oriente

China

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Aunque los recientes acontecimientos en Rusia podrían sugerir lo contrario, el enfrentamiento geopolítico más importante del siglo XXI será entre una China que asciende en Asia y se proyecta más allá de sus fronteras, y un preocupado Estados Unidos que intenta contenerla antes de que llegue a competir con su influencia en otros lugares del mundo. En la mitad, el mundo. Pero antes que los demás, los principales implicados (beneficiados o perjudicados) son los vecinos inmediatos de la nueva potencia oriental.

Desde el año 2012, el presidente estadounidense Barack Obama anunció un profundo cambio en las preocupaciones estratégicas de su país, lo que denominó el “pivote de Asia”; es decir, la concentración de intereses, recursos y presencia política, económica y militar en la región Asia-Pacífico. La idea era doble. Por un lado, aprovecharse de los recursos y mercados de la región más económicamente dinámica y de crecimiento estable del mundo, y por otro, contener el crecimiento de la influencia de China en la región.

La apuesta de política exterior del presidente estadounidense no solo fue acertada y pertinente, sino que supuso un cambio efectivo a la pasividad –algo desubicada– de la política internacional de Estados Unidos luego de los desastres en Medio Oriente. Sin embargo, la realidad ha presenciado pocos cambios reales en terreno hasta ahora.

Esta semana, Obama iniciará una gira por Asia que busca “lanzar” el famoso pivote asiático, pero las visitas han despertado poco interés en la prensa y bastante menos en los países interesados en que haya claridad sobre la posición de Estados Unidos en la región. Dos asuntos podrían ser culpables de esto: la crisis en Ucrania (y el comportamiento de Rusia) y la falta de un plan de acción claro por parte de Estados Unidos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

De hecho, es muy probable que el tema del que más se hable estas semanas en Asia sea la crisis en Europa oriental. La intervención, hasta ahora impune, de Rusia en territorio ucraniano ha avivado los temores de que China haga algo parecido en territorios en disputa con sus vecinos, particularmente en el Mar del sur de China, donde Japón, Taiwan, Filipinas, Vietnam y China sobrelapan sus intereses.

Esta preocupación se sustenta en dos realidades. La primera, la demostrada imposibilidad de Estados Unidos para defender a sus aliados en los conflictos regionales, como en el caso de Ucrania; y la segunda,  el incremento del gasto militar chino y su agresividad a la hora de defender lo que considera su área de influencia natural.

En efecto, el incremento del presupuesto militar de China ha sido espectacular en los últimos diez años, sobre todo, si se compara con el comportamiento de los presupuestos de sus vecinos. Particularmente, Japón y Corea del Sur, dos de los países más nerviosos con el ascenso chino, más cercanos a Estados Unidos y, hasta hace relativamente poco, los que contaban con mayores inversiones en defensa en la región.

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 Por supuesto, muchos analistas sostienen que el enfrentamiento en Asia entre China y Estados Unidos y sus aliados no es inevitable. De acuerdo a dos escenarios. En el primero, el temido ascenso de China y el aumento de su influencia mundial se ve constreñido por los problemas políticos y demográficos internos. Es decir, que la potencial inestabilidad interna del país impediría que su crecimiento y expansión sean sostenibles en el tiempo. En el segundo escenario, tanto China, como Estados Unidos y sus aliados en la región, logran repartir sus áreas de influencia e interés en la región, y gestionan efectivamente los posibles conflictos.

Sea cómo sea, Obama inicia un cambio estratégico de suma importancia para la política global de los próximos cien años. Determinará, entre otras cosas, luego del enfrentamiento (no necesariamente violento), la nueva potencia regional en Asia y quizá, la nueva súperpotencia global (o la renovación de la actual). También, el futuro de la región más importante del planeta, y que como Europa en el Siglo XX, determinará el futuro del planeta en el XXI.

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Tensiones en el paralelo 38: De por qué una guerra en la península de Corea es muy improbable.

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Fuente: Globalsecurity.org

El pasado miércoles 27 de marzo, Corea del Norte cortó la línea de comunicación de emergencia que la conecta con las autoridades de Corea del Sur y que había sido pensada para (al modo de la “línea roja” entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría) mantener un canal de comunicación abierto que impidiera un enfrentamiento nuclear entre ambos países.

Este es el último de una serie de medidas tomadas por el líder norcoreano, Kim Jong Un en contra de su vecino del sur, Estados Unidos y Japón, luego de que se le instaurara una nueva ronda de sanciones económicas a su régimen como sanción por su programa nuclear ilegal. En días pasados, los norcoreanos han ordenado el despliegue de tropas a la frontera del sur, han preparado sus misiles y piezas de artillería y declararon por terminado de armisticio de 1953, firmado al finalizar la guerra entre las dos coreas.

Lo que está en riesgo es enorme. En efecto, una guerra en la región sería devastador para la economía mundial. La península de Corea se encuentra en un lugar estratégico en término geográficos, y un enfrentamiento bélico en las condiciones actuales podría llegar a involucrar a cuatro de las economías más importantes del globo: China, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos. Así, podrían entrar en guerra los productores de algo así como el 40% del PIB mundial.

Esto ha logrado poner bastante nervioso a los mercados internacionales y ha disparado el precio del petróleo. Sin embargo, los temores parecen, aún en la gravedad de la situación, infundados y solo si algo extraordinario o inesperado sucede, es muy improbable que las tensiones que se viven hoy en Corea lleven a una nueva guerra.

En primer lugar, la guerra es improbable porque desde el enfrentamiento de 1953, las dos coreas no han estado involucrados en ningún otro enfrentamiento a gran escala; los líderes de los dos países, al igual que la mayoría de la comunidad internacional conoce las consecuencias nefastas que una guerra traería para todos. Por supuesto, las cosas pueden salirse de las manos; un disparo de advertencia que da en el blanco equivocado, un avión que pasa una frontera sin quererlo o un barco que se encuentra con otro en altamar en un mal momento. Aun así, mientras este tipo de casualidades no se den, es bastante improbable que las parte involucradas quieran un enfrentamiento.

Y digo esto porque el statu quo de la península ha beneficiado hasta el momento a los liderazgos de ambos países. Por un lado, Corea del Sur pasó en algo menos de cincuenta años de ser uno de los países más pobres del mundo a estar entre las veinte economías más grandes del planeta. Los surcoreanos harán lo que puedan por mantener la paz, porque esto implica la persistencia de su prosperidad económica.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Corea del Norte es un caso más difícil. Durante el mismo periodo desde la separación de la península en los años cincuenta, la dirigencia comunista norcoreana (en cabeza de la dinastía fundada por Kim Il Sung) se ha instalado como una cleptocracia en donde los pocos recursos que produce la destruida industria y campo norcoreano va a los bolsillos de los generales que soportan a los líderes. La situación es tan absurda, que las últimas sanciones de la ONU (las que provocaron estas tensiones recientes) van dirigidas a impedir la importación de artículos de lujo como yates o limosinas al país; todas ellas dirigidas, por supuesto, a Kim Jong Un y su camarilla más cercana.

Y esa es la segunda razón por la que, aunque juega con fuego, Kim Jong Un no arriesgará a salir quemado. Las fuerzas armadas norcoreanas están mal equipadas, sus equipos son obsoletos e incluso la capacidad para coordinar y alimentar a las tropas se cuestiona. El único verdadero poder de Corea del Norte a la hora de enfrentar un conflicto internacional contra Corea del Sur y Estados Unidos sería su arsenal nuclear. En efecto, los norcoreanos tienen un estimado de entre dos y tres cabezas nucleares; no es una gran cantidad, pero en término de armamento y peligro internacional, incluso una sola bomba nuclear es mucho.

Aun así, las armas nucleares son curiosas. Son probablemente uno de los artefactos más poderosos hasta que se utilizan. En efecto, al igual que con su arsenal nuclear, el poder de los norcoreanos viene de su capacidad para extorsionar a la comunidad internacional con sus valentonadas; ha sido durante mucho tiempo un bully de las relaciones internacionales, pero su capacidad para hacerlo está en que no tenga que llegar a cumplir sus amenazas, porque una vez los misiles estén en el aire tiene todas las de perder.

En fin, los norcoreanos, como en tantas otras ocasiones, están haciendo un inmenso bluf. Esto no quiere decir sin embargo que las tensiones aumenten todavía mucho más antes de que las bravuconadas se desinflen. Por eso veremos en el futuro cercano algunos atropellos más y mucha más retorica guerrerista de parte de Kim Jong Un, pero la probabilidad de que esto escale a un enfrentamiento armado a gran escala son muy escasas, por no decir que ninguna.

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3 lecciones del desastre en Japón.

Terremoto+Tsunami+Desastre nuclear=Lecciones para el mundo.

  1. Nunca se está ‘demasiado’ preparado: es difícil decir que el mejor país para sufrir un desastre de esta magnitud era Japón, pero lo era. No porque lo mereciera, ni mucho menos, sino porque estaba mejor preparado que cualquier otro para enfrentarlo. Los japoneses han vivido siempre con la sombra del desastre sobre ellos, tanto su arquitectura como su cultura de la prevención y la prudencia nacen de milenios de soportar la inestabilidad de la isla. Aún así, incluso los previsores japoneses se vieron superados por el sismo de 9.0 grados en la escala de Ritcher y sus consecuencias, lo que supone un poderoso argumento a favor de las suficientes disposiciones para prevenir y enfrentar estos desastres.
  2. La energía nuclear no es popular, pero eso no la hace menos necesaria: luego de los estallidos y las fisuras de los reactores de la planta nuclear de Fukushima, averiada por el terremoto y el tsunami, países como Alemania y China detuvieron sus proyectos de construir nuevas centrales e incluso adelantan inspecciones sobre las que están en operación. Otros, como Venezuela, detuvieron sus propios programas por completo. El miedo  a sufrir accidentes similares se apoderó de muchas naciones y algunas organizaciones ambientalistas incluso han impulsado protestas buscando presionar una reevaluación de la utilización de la energía nuclear. El problema es que para muchos países (entre ellos Japón) las plantas nucleares ha representado una solución a sus problemas de generación de energía e incluso, a los de la protección al medio ambiente. Porque, sin esta alternativa, las grandes potencias económicas tendrían que recurrir a centrales de gas o carbón, muchísimo más contaminadoras, menos eficientes y más costosas. Y ese es el dilema, que ninguna alternativa en generación de energía (con la tecnología actual) es suficientemente buena.
  3. El liderazgo es una necesidad fundamental: Japón ha sufrido en los últimos años una escasez de liderazgo como pocas en su historia, décadas de primeros ministros sin talante o visión, que se han hundido en el pantanoso escenario de la política local y han sido incapaces de proveer al pueblo japonés de la guía para superar el estancamiento económico y social de una potencia mundial en clara decadencia. Naoto Kan, primer ministro japonés, había sufrido algunos reveses políticos en las últimas semanas y antes del desastre, se estaban reuniendo las condiciones para su renuncia. Sin embargo, el terremoto lo cambió todo e incluso cuando Kan no ha sido especialmente activo o visible en la crisis, todo su gobierno recibió el impulso de la unidad nacional a causa del desastre y la preocupación por el futuro. Lo difícil es determinar cuanto le durará y si logrará utilizar esos réditos políticos para encaminar efectivamente a su país en el el camino de la recuperación.

¿Qué otras cosas se pueden aprender del desastre en Japón, sobre todo, de cómo lo han recibido los japoneses? ¿Cree que el país asiático podrá recuperarse? Cuénteme lo que piensa, comente.

Un protegido incomodo: De como un torpedo puede sabotear la estrategia china en Asia.

El pasado 26 de marzo la corveta sudcoreana Cheonan se hundió en el mar amarillo. No era un accidente, los sobrevivientes hablaban de una explosión y la zona donde el barco patrullaba levantó claras sospechas. Los primeros acusados, por supuesto, fueron los norcoreanos, que respondieron con la falsa indignación (combinación de insulto y amenaza) que terminó de convencer a la comunidad internacional de su culpabilidad. EEUU apoyó a su aliado histórico en las exigencias de reconocimiento y disculpas y otros países occidentales y asiáticos pidieron presión sobre el régimen de Kim Jong Il, pero China, como era de esperarse, entró en defensa de Corea del Norte.
Corea del Sur y Japón, los dos países de la región más preocupados por las envalentonadas de Pyongyang, protestaron por la actitud china, dejando prever que los intentos de Beijing de acercarse a dos de las naciones asiáticas más escépticas por su ascenso fracasarían. Así, por su terquedad, China acabó por evitar que los sudcoreanos y los japoneses (que empezaban a resignarse) se entregaran a su influencia y llevó a que, en cambio, llamaran de nuevo  a su antiguo socio, Estados Unidos. Ya se han realizado ejercicios militares conjuntos en el mar de Japón e incluso probaron la reacción china al anunciar algunos en el mar amarillo, para luego cancelarlos ante la airada protesta de Beijing.

De esta forma, el torpedo norcoreano, paradójicamente, sirvió más a Estados Unidos, su enemigo, que a su aliado, China. Entonces ¿por qué los chinos están dispuestos a mantener a este incomodo protegido? Se podrían proponer dos respuestas. La primera, y la más clara, es que China tiene fuertes intereses económicos en Corea del Norte. No porque el comercio entre ambas naciones sea importante (Pyongyang es demasiado pobre para comprar productos chinos en cantidades representativas) sino porque el país cuenta con enormes recursos naturales sin explotar, que interesan a los chinos, cuya política económica mundial parece encaminarse siempre a la aseguración de materias primas para el sostenimiento de su crecimiento. La segunda, que Kim Jong Il (y aparentemente en algunos meses su sucesor Kim Jong Un) es un arma con la que los chinos pueden negociar y presionar internacionalmente.

Sin embargo, a largo plazo parece que la protección de China sobre Corea del Norte le está trayendo más perjuicios que beneficios e incluso es probable que el escalamiento del conflicto actual en los próximos meses (de nuevo se habla de guerra, aunque sea sumamente improbable) logre que la desconfianza de los países asiáticos por China aumente y que Estados Unidos (ni corto ni perezoso) reclame algo de la influencia que ha estado perdiendo en la región.

¿Quién cree que ejercerá como poder hegemónico de Asia y el pacifico en el siglo XXI? ¿China? ¿Estados Unidos? ¿India? ¿Otro? Cuénteme lo que piensa, comente.


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