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La alianza central

Sobre lo que Colombia le puede enseñar a los países centroamericanos en la lucha contra el narcotráfico.

El pasado 22 de junio, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, participó en la conferencia sobre seguridad centroamericana realizada en Guatemala. Los países centroamericanos se han estado enfrentando en los últimos años a un incremento en la actividad de las mafias de narcotraficantes en sus territorios. Sus líderes, que reciben la presión de sus ciudadanos por mejorar los esfuerzos de sus Estados en la lucha contra estas organizaciones, han iniciado varias iniciativas para mejorar sus capacidades para combatir al crimen organizado y la violencia asociadas al tráfico de drogas.

Santos, en su intervención durante la conferencia, defendió un enfoque integro en la guerra contra las drogas, donde toda la cadena del tráfico ilegal de estupefacientes sea atacado. Colombia, al fin de cuentas, tiene mucho que enseñar a sus vecinos, desde los peruanos (que se convirtieron en 2010 en los principales cultivadores de coca del mundo), hasta los centroamericanos y mexicanos (que viven en los lugares sin guerra más peligrosos del mundo), sobre la manera de enfrentar este increíble desafío. Una mayor cooperación, no solo en medios sino en know how, puede representar un fortalecimiento del esfuerzo conjunto por derrotar a los carteles de la droga y a la violencia e inestabilidad que estos producen.

Tanto en el marco de la conferencia centroamericana, como en sus relaciones bilaterales con Perú y México, Colombia, que cuenta con algunos buenos resultados que mostrar, puede enseñarles, entre otras cosas, algunas de estas lecciones:

  1. En la cooperación está la clave: la primera lección parece obvia y sin embargo, es la que menos se ha aplicado en la lucha global contra el narcotráfico. Los esfuerzos de países solitarios, incluso de un par de Estados, pueden verse frustrados con facilidad por la ineficacia o inoperancia de un tercer país que se encuentre en algún eslabón de la cadena. Mejor dicho, Colombia puede utilizar todos sus recursos en combatir a los grupos armados que protegen los sembrados de mata de coca, pero si los países vecinos son incapaces (o no quieren) atacar fenómenos como el tráfico de armas o la misma salida de la droga por sus fronteras, el esfuerzo no solo es frustrante, sino que puede resultar inútil.
  2. Inteligencia y contrainteligencia: el presidente Santos lo dijo, con toda razón, en Guatemala, la mayor fuerza (y el mayor peligro para los Estados) de las organizaciones narcotraficantes, es su capacidad para infiltrar y cooptar las instituciones del Estado. No es raro, además, que pretendan hacerlo, pues al fin de cuentas, esto les puede garantizar apoyo político, inmunidad judicial y policial e incluso algunos nuevos recursos (¡los públicos!) de los que echar mano. Este es un fenómeno que hemos visto con demasiada frecuencia en Colombia, desde Pablo Escobar en el Congreso, hasta los pactos de la “parapolítica”. Tanto recursos en inteligencia y contrainteligencia son importantes para combatir las infiltraciones, aunque también resulta fundamental:
  3. Un vigoroso sistema de justicia: los criminales se nutren de la debilidad institucional del lugar en donde delinquen. Son agentes del caos y la falta de presencia de un Estado fuerte, o incluso mínimamente funcional, facilita su capacidad de delinquir con impunidad. Esa esta, finalmente, la posibilidad de no pagar por los crímenes cometidos, el mayor incentivo para los narcotraficantes. Un sistema de justicia vigoroso es aquel que, en derecho, funciona eficientemente y además, es lo suficientemente fuerte para resistir la corrupción del dinero de los criminales y sus amenazas.   
  4. Competencia por territorio: finalmente, las bandas de narcotraficantes son, en esencia, mafias, organizaciones criminales estructuradas que buscan incrementar y proteger sus intereses económicos utilizando el dinero ganado en los negocios ilegales o la capacidad de ejercer violencia. Así, la guerra contra las mafias narcotraficantes se termina convirtiendo en una por el control que éstas ejercen en el territorio, donde, además, pretenden reemplazar muchas de las prerrogativas del Estado. Los narcos extorsionan (cobran impuestos), ajustan cuentas (ejercen justicia) e incluso financian obras públicas para mejorar su imagen entre la población. El Estado debe configurarse, a través de una presencia vigorosa y sostenible y de una promoción de la gobernabilidad y la utilización efectiva de los recursos públicos, en una opción viable y atractiva frente a la que representan el dinero y la justicia rápida de los carteles.

 

¿Qué otras lecciones puede enseñar Colombia a los países de Centroamérica? ¿Tiene alguna posibilidad de éxito la Guerra contra las Drogas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Santos y el mundo

De cómo el presidente Juan Manuel Santos entiende el papel de Colombia en el mundo.

Por años, Colombia ha sido un país aislado, separado del mundo e incluso de su vecindario inmediato. Los problemas internos, pero también una patética sensación de inferioridad, han mantenido apartada a la diplomacia y el liderazgo colombiano de las dinámicas y grandes discusiones mundiales. Pero Juan Manuel Santos quiere que todo eso cambie y los hechos de las últimas semanas lo demuestran; el presidente, ha logrado alcanzar importantes avances en lo que, parece, es su visión sobre el rol que Colombia debe ocupar en el mundo.

Así pues, estos son los tres frentes estratégicos en los que la ofensiva diplomática del gobierno Santos se ha concentrado:

  1. Cordialidad con los vecinos: Santos apenas se estrenaba como presidente de Colombia cuando ya había normalizado las relaciones con Venezuela. El nuevo gobierno colombiano estaba convencido de la necesidad de cooperar con los venezolanos en vez de enfrentarlos. Narcotráfico, terrorismo, comercio y la situación de la frontera fueron las mayores razones para que uno y otro bando bajaran las espadas, sin embargo, fue el convencimiento de que el conflicto era inmensamente impopular entre los mismos ciudadanos venezolanos, el principal impulso de Chávez para relajar sus ataques. Esta semana, esa nueva relación (retratada por la famosa declaración de amistad de ambos líderes), se enfrentó a su mayor desafío cuando el presidente Santos tuvo que decidir el destino de extradición del narcotraficante venezolano Walid Makled, que decía tener información sobre corrupción en el gobierno venezolano, entre Venezuela y Estados Unidos. Santos, que ya lo había prometido a Chávez, cumplió el compromiso, por más perjudicial que pareciera en ese momento. Aún así, el escepticismo de mantiene y muchos no saben muy bien cómo hará Santos para mantener este equilibrio entre gobiernos tan diferentes como el estadounidense y el venezolano, sin tener que enfrentarse eventualmente a alguno. Sin embargo, el pragmatismo de Santos ha dado sus frutos hasta el momento y es difícil argüir que haberse acercado a Chávez el año pasado no fue la decisión correcta.
  2. Liderazgo en la región: Colombia es durante el mes de Abril, presidente del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas. Aquel es un puesto rotatorio y bien podría un país pasar por ahí sin pena ni gloria, pero Santos lo aprovechó para revivir y darle algo de aliento al olvidado esfuerzo por la reconstrucción de Haití, una causa de la que todo el hemisferio puede sentirse parte y de la que bien podría Colombia convertirse en líder. Similar es la ‘emboscada’ que Santos le tendió a Chávez cuando, en la reunión de la semana pasada en Cartagena, el presidente colombiano invitó al presidente hondureño Porfilio Lobo. Chávez lidera un grupo de países latinoamericanos que desconocen al gobierno de Lobo, luego del golpe de Estado que sacó del poder a Manuel Zelaya en 2009, pero desde las últimas elecciones presidenciales, Honduras aspira a ser readmitido en la OEA y reconocido por los Estados que se mantienen en reserva. Y Santos, de nuevo, buscará ayudar al gobierno hondureño a hacerlo. Finalmente, está Unasur, un foro en donde Colombia no se ha sentido cómodo en los últimos años, Santos, antes que abandonar la organización sudamericana como algunos sugerían en los peores años del aislamiento colombiano, se las arregló para hacer elegir a una colombiana, María Emma Mejía, como presidenta, que además, comparte el cargo con un representante venezolano (por si alguien tenía dudas de la reconciliación entre ambos gobiernos).
  3. Comercio con el mundo: finalmente, Santos logró la promesa más clara del gobierno estadounidense para impulsar la aprobación del TLC entre los dos países desde que el gobierno de Barack Obama ocupa la Casa Blanca. Los colombianos prometieron una mejora más clara de la situación de seguridad de los líderes sindicalistas y otras disposiciones laborales en contraprestación de una renovada intención del gobierno Obama de aprobar el tratado en el Congreso americano. Todo el merito no va al gobierno colombiano por supuesto, pues recibió algo de ayuda de las circunstancias, especialmente del ambiente de elecciones y la intención del gobierno estadounidense de acercarse a los republicanos al aprobar los tratados de libre comercio pendientes. De la misma forma, Santos emprendió esta semana una nueva gira diplomática, que lo llevará a España y Alemania, donde buscará ganar el apoyo de los respectivos gobiernos y eurodiputados para el tratado de libre comercio con la Unión Europea y las perspectivas son bastante alentadoras.

Santos se ha embarcado en la difícil tarea de sacar a Colombia de su aislamiento y de plantear una política exterior que incluya al país en el escenario internacional como un actor de importancia y deje atrás los temas tradicionales de la relación de la nación con el mundo. Las expectativas, como siempre, están del lado de que en efecto lo logre y que, en el mediado plazo, todo esto sea efectivamente benéfico para el país.

¿En realidad Juan Manuel Santos ve a Colombia diferente en su papel en el mundo? ¿Qué tan benéfico es para el país dirigir su política exterior con pragmatismo? Cuénteme lo que piensa, comente.

#MakledUSA

De porqué el narco venezolano Walid Makled debe ser extraditado a Estados Unidos y no a Venezuela. 

El próximo sábado 9 de abril, los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Hugo Chávez, sostendrán la tercera reunión en el marco de las renovadas buenas relaciones entre ambos países. Los “nuevos mejores amigos” se disponen a firmar una cantidad importante de acuerdos y convenios binacionales. Pero como en todas estas reuniones sin embargo, la firma de tratados es solo una excusa para asuntos de mayor importancia, en este caso, el futuro de las mismas buenas migas presidenciales y, por supuesto, los elementos funcionales de esta inesperada alianza.

La reunión de este fin de semana además, presentará el primer verdadero desafío a las relaciones entre los dos países desde que, a pocos días de llegar Santos al poder, se restablecieran los canales diplomáticos y comerciales.

Todo se debe al señor Walid Makled, un ciudadano venezolano capturado en Cúcuta el 18 de agosto de 2010, un día después de que fuera pedido en extradición por un juzgado de Nueva York. Inmediatamente, como alarmado por la posibilidad de que Makled fuera enviado a Estados Unidos, el gobierno venezolano emitió su propia petición de extradición contra el presunto narcotraficante.

La Sala Penal de la Corte Suprema colombiana, interrogada sobre el lío jurídico de los dos destinos para la extradición, dictaminó que era potestad del gobierno nacional decidir a qué país enviaría a Makled. Santos se apresuró a asegurarle a Chávez que lo enviaría a Venezuela, pero los inconvenientes no pararon ahí.

Ahora bien ¿por qué es tan importante Makled?

Desde que cayó en poder de las autoridades colombianas el narco venezolano ha dejado saber que cuenta con información sobre la participación a gran escala del gobierno venezolano en actividades de narcotráfico. Tanto Estados Unidos, como el gobierno de Chávez quieren tener acceso a esas pruebas, para utilizarlas o desmentirlas, según les convenga. Las negociaciones y presiones ya han empezado, Chávez, por ejemplo, canceló la visita de la semana pasada a Colombia por fallas mecánicas de su avión, una decisión que dejó a muchos sospechando que en realidad la ausencia era una amenaza velada. Estados Unidos, por otro lado, ha optado por la zanahoria y la versión de una posible reunión Obama-Santos esta semana (donde se podrían alcanzar compromisos respecto al TLC) ha estado creciendo desde hace unos días.

Y Colombia en el medio.

¿Qué debe hacer Santos entonces? ¿Honrar la promesa que le hizo a Chávez de entregarle a este incomodo criminal y proteger así las relaciones binacionales? o ¿Cumplir con la orden de extradición inicial y con la tradicional cooperación con Estados Unidos contra el narcotráfico?

Santos lo enviará a Venezuela, aunque no debería hacerlo. Lo hará porque teme más la reacción de Chávez que la de Estados Unidos. Sin embargo, que mantenga al presidente vecino contento no quiere decir que sea lo mejor para Colombia. Y no lo es porque tomar abiertamente el lado de los venezolanos en un enfrentamiento con nuestro principal aliado internacional es tan torpe como contraproducente para nuestros intereses. El Congreso estadounidense, con mayoría republicana desde el año pasado, no verá con buenos ojos que Santos haya escogido promover la impunidad de los oficiales venezolanos salpicados por las acusaciones de Makled, protegiendo al debilitado Chávez, que se acerca además a unas elecciones. Igualmente, la reacción de las autoridades estadounidenses puede erosionar la cooperación y confianza mutua, ¿por qué entonces, habrían de compartir información con los colombianos si éstos van a aprovecharla a favor de Chávez, esto es, del narcotráfico?

Santos se equivocará el 15 de abril (o antes), cuando anuncie el envío de Makled a Venezuela, pero las consecuencias de esta acción, estoy seguro, resonarán durante mucho tiempo y nada bueno traerán para Colombia.

¿Qué le conviene más a Colombia, extraditar a Makled a Venezuela o a Estados Unidos? ¿Cree que Makled dice la verdad? Cuénteme lo que piensa, comente.

Nuestro “nuevo mejor amigo”

Aclaro, yo entiendo el pragmatismo detrás del acercamiento del presidente Santos a Chávez, estoy consciente de que los altos intereses nacionales lo exigen y que el mejoramiento de las relaciones colombo-venezolanas es un imperativo. Más aún, no dudo de la necesidad de impedir que los nuevos acuerdos se pierdan; un conflicto entre ambos países es tan indeseable como perjudicial. Sin embargo, no me parece que la nueva retórica de “somos súper amigos” del presidente Santos frente al mandatario vecino sea conveniente, es más, me parece excesiva e innecesaria. La relación con el gobierno venezolano debe ser de confianza, cercana, pero no permisiva.

Me explico.

La semana pasada la SIP (Sociedad Iberoamericana de Periodistas) señaló al régimen chavista como la principal amenaza a la libertad de expresión en el continente. Los que no es ninguna sorpresa, pues el presidente venezolano ha utilizado todas las herramientas, desde la no renovación de las licencias, hasta la misma violencia, para acallar a las voces disidentes de los medios de comunicación de su país. Un gobierno que censura y persigue a sus periodistas, que supone que no hay posibilidad alguna de oposición, mejor dicho, un gobierno que no es democrático, no puede ser nuestro mejor amigo.

Tampoco es bueno porque hasta hace muy poco (y nada indica que esto haya terminado), Chávez era, en el mejor de los casos, permisivo con las FARC en su territorio. Estoy consciente que el acercamiento busca precisamente que esto termine, pero la forma en este caso importa y sin antes lograr un compromiso real respecto al rechazo a la guerrilla colombiana, no es conveniente hacer muchas y muy bullosas declaraciones de amistad.

Es más, me pego del pragmatismo por un momento. Hace algunos meses los comerciantes colombianos afirmaron que habían logrado (luego de la crisis de principios del año) reemplazar la mayoría de sus ventas a Venezuela. De la misma forma, la misma economía venezolana se encoge, desgastada por años de mal gobierno, expropiaciones y gasto irresponsable. Es poco probable entonces que el intercambio comercial entre Colombia y su vecino vuelva a alcanzar los niveles de 2007 o 2008.

Lo que quiero decir es que Chávez no es nuestro amigo, no puede serlo. Socio comercial, claro, depositario de nuestro respeto, por supuesto. Pero nunca aliado político. Las agendas internacionales pueden coincidir en algunos casos, la cooperación es necesaria y la relación tiene briznas de dependencia, pero no es nuestro amigo. Amigo Piñera, presidente de Chile, o la recién electa presidenta brasileña, Dilma Rousseff, pero no Chávez, nunca él.

Le cree a la nueva amistad de Hugo Chávez y Juan Manuel Santos? Cuánto cree que durará?. Cuénteme lo que piensa. Comente.

¿El final de un problema? De cómo la tendencia de legalización de la marihuana afecta a Colombia.

La Proposición 19 (que busca legalizar el consumo recreativo de marihuana en California) es solo una de las docenas de iniciativas que han pretendido aflojar las restricciones sobre el consumo de drogas en el mundo.

De la misma forma que los californianos, otra docena de estados en Estados Unidos permiten el uso medicinal de la marihuana y países como Portugal y Holanda cuentan con legislaciones bastante blandas en términos de consumo y venta de drogas.

Aquel es el panorama en los países consumidores (donde la discusión gira entorno a la salud pública y la libertad personal), una tendencia hacia la legalización. O por lo menos, hacia la despenalización del consumo de drogas.

En América Latina por otro lado, los ciudadanos (y también los gobernantes) observan desconcertados las iniciativas que llevan adelante europeos y estadounidenses. La semana pasada, por ejemplo, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos (junto a Felipe Calderón de México y Laura Chinchilla de Costa Rica) hicieron saber su contradicción frente a la posible aprobación de la Proposición 19 en California, diciendo que era el momento de poner sobre la mesa el tema de la legalización de las drogas.

Pero ¿Qué tanto afecta a Colombia iniciativas como la Proposición 19? Yo creo que poco, en realidad.

Primero, porque la exportación de marihuana por parte de Colombia es bastante poca, casi irrelevante. Segundo, porque la producción de la yerba esta en las manos de los mismos estadounidenses. Y tercero, porque la tendencia internacional no parece concebir todavía la legalización de las drogas “duras” que son las que produce Colombia en gran cantidad y que alimentan a las agrupaciones narcotraficantes.

Así pues, es poco probable que seamos receptores de los efectos negativos, como un aumento en la oferta, con más siembra y violencia, pero tampoco los supuestamente positivos, como una reducción de la demanda y abaratamiento del producto, de legalizar el consumo de marihuana en California.

Insisto.

Lo dije antes y sin importar lo que haya pasado en la última semana, me mantengo: la única salida posible al conflicto entre Colombia y Venezuela es la reconstrucción de las relaciones por la vía diplomática.

Repacemos. Juan Manuel Santos, presidente electo colombiano, inició acercamientos con el gobierno venezolano luego de ganar las elecciones y Chávez parecía seguirle la corriente, la posibilidad de un gesto importante en el camino de la reconstrucción de las relaciones (como la visita del mandatario venezolano a la posesión del colombiano) se incrementaba. El presidente Uribe sin embargo, queriendo dejar claro que las malas relaciones con Venezuela eran culpa de Chávez, presentó una serie de pruebas que demostrarían la presencia de varios jefes guerrilleros colombianos en Venezuela con beneplácito del gobierno de ese país.

¿Cuáles son entonces las opciones de Colombia frente a esta nueva realidad? Básicamente, cinco:

  1. Llevar el caso a las organizaciones internacionales y esperar a que alguna clase de presión (que no llegará) se ejerza sobre el gobierno venezolano.
  2. Presentar a los medios de comunicación las pruebas y toda la información que testimonia la relación Venezuela-FARC-ELN y apostarle a la presión que estos pueden generar. Presión por otro lado insuficiente y que Chávez descartará como “propaganda” con toda seguridad.
  3. Intentar influenciar, utilizando entre otros recursos las famosas pruebas, en las elecciones venezolanas, apostando a un debilitamiento o derrota de Chávez y su proyecto político. Opción difícil, en todo caso, además de larga y desgastante.
  4. También se podría pensar en la opción militar. Específicamente en acciones aéreas de precisión, como el bombardeo al campamento de Raúl Reyes, o una de agentes encubiertos, como la captura de Rodrigo Granda. Esta posibilidad sin embargo, quebraría las relaciones irremediablemente e incluso nos podría acercar como nunca antes a un escenario de guerra.
  5. Finalmente, esta la opción que gana mi apoyo, que es ignorar este episodio y retomar, en el marco del nuevo gobierno, la reconstrucción de las relaciones. Pues es claro, sólo en el diálogo se puede lograr que Chávez deje de apoyar a las guerrillas colombianas y sólo mediante la diplomacia se puede lograr reconstruir las relaciones comerciales y diplomáticas. Dejar de “castigar” la relación Chávez-FARC-ELN supone un gran esfuerzo para la mayoría de los colombianos, pero a veces hay que tragarse un sapo de ese tamaño si se quieren obtener resultados importantes en el futuro.

¿Cree que la mejor opción es retomar las negociaciones y los gestos de amistad? ¿Cual otra opción cree que tiene Colombia? Cuénteme lo que piensa, comente.

Colombia y Venezuela.

6 razones por las que con Santos podrían mejorar las relaciones con Venezuela:

  1. Porque no es Santos, tanto como un nuevo gobierno, lo que importa. Incluso si, como el electo, es continuista, un nuevo presidente siempre ofrece la oportunidad al vecino de un inicio fresco. Lo mejor para Chávez hubiera sido un reinicio con Mockus, pero Santos, como todo parece indicar, también le sirve.
  2. Porque Chávez lo necesita. El desabastecimiento venezolano está llegando a dimensiones catastróficas y la economía no solo está en recesión, es una de las pocas que no se puede contar en los pronósticos de recuperación de las demás de la región. Colombia ofrece a Venezuela, por lo menos, energía y víveres a buen precio.
  3. Porque Santos también lo necesita. Muchos de los apoyos más importantes de Santos durante su campaña vinieron del sector empresarial, el gremio que más lobby ha hecho intentando recuperar la relación entre los dos países. Santos no va a decepcionarlos.
  4. Porque tiene que pasar. Nada de “países hermanos” o “historias compartidas”; no necesitamos nada de eso para comprender que la interdependencia económica de ambos países derivaría en el eventual restablecimiento de las plenas relaciones diplomáticas y comerciales. Esto tiene que pasar; un rompimiento indeterminado es insostenible.
  5. Porque a Chávez le sirve. Hay que aceptar que las relaciones se han mantenido rotas, sobretodo, por la intransigencia del líder venezolano, sin embargo, puede ser momento de que Chávez comprenda que el dialogo le puede dar más réditos que el conflicto y que trabajar de la mano con el gobierno colombiano puede serle más lucrativo que enfrentarlo. Solo en términos de ayuda energética, Colombia puede salvarle el gobierno al presidente venezolano, o al menos de una fea derrota en las elecciones de fin de año.
  6. Porque la frontera lo necesita. El caos que se ha apropiado de algunos tramos de la zona fronteriza no beneficia a nadie, y la única forma de evitar que empeore es el restablecimiento y fortalecimiento de las relaciones binacionales.

¿Cree que las relaciones si se restablecerán a corto plazo? ¿Serán estos elementos suficientes? Cuénteme lo que piensa.

5 propuestas (de los perdedores) que Juan Manuel Santos debería utilizar para su política exterior.

Juan Manuel Santos, el presidente electo de los colombianos, ha utilizado un discurso de “unidad nacional” durante las ultimas semanas de campaña. Sería interesante que esta idea superara las simples alianzas políticas y se concentrara en las programáticas, pues de todos los candidatos de la anterior campaña hay puntos rescatables. No es imposible,  Vargas Lleras, por ejemplo, condicionó su adhesión a que Santos rescatará de su programa de gobierno cinco puntos fundamentales. Lo que propongo a continuación es algo similar, pero en términos de política exterior.

  1. Firma de acuerdos de seguridad jurídica reciproca (Vargas Lleras): el candidato de Cambio Radical propuso la firma de Acuerdos de Protección y Promoción de la inversión con países donde los colombianos invierten y que estos acuerdos protejan a los extranjeros que lo hacen en Colombia.
  2. Ingreso a APEC (Noemí Sanín): la candidata conservadora no sólo prometió el ingreso a la Cooperación Económica Asia-Pacifico, en aprovechamiento de la complementariedad de economías, sino que propuso la modernización de la infraestructura portuaria del país en el Pacifico con miras a esta nueva relación.
  3. Liderazgo ambiental (Noemí Sanín): propuso una reforma estructural de las instituciones colombianas de protección ambiental para tomar el liderazgo regional, y apuntar al mundial, en temas de conservación y promoción del cuidado del medio ambiente y combate al cambio climático.
  4. Política exterior, política de Estado (Vargas Lleras): el ex senador propuso la creación de un plan estratégico a largo plazo, que tuviera en cuenta los intereses nacionales, que guiaría la política exterior colombiana en los próximos años, es decir, hacer de la política exterior, más que de gobierno, una de Estado.
  5. Integración con el sur (Gustavo Petro): el candidato del Polo prometió la firma de nuevos acuerdos multilaterales con América del Sur, empezando con temas de cooperación económica y financiera, pretendiendo llevar estas relaciones a una integración mucho más profunda.

Todas estas propuestas apuntaban a una política exterior seria y pragmática, pero también ambiciosa. Esperemos que Santos las recoja y aplique en su gobierno.

¿Qué propuesta falta? Cuénteme lo que piensa.


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