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Mapa: Una década de cambios

Una década de cambios: los últimos diez años han supuesto una gran cantidad de cambios económicos, sociales y poblacionales para Colombia. Este mapa intenta traer algunas luces sobre indicadores claves para el país. Fuente: data.worldbank.org, sipri.org, hdr.undp.org, wipo.org, unodc.org.

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Descenso al infierno

Fuente: hispanidad.com

De cómo Centroamérica se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo

El terrible incidente acontecido en una cárcel hondureña el pasado 15 de febrero, cuando un incendio llevó a la trágica muerte de más de 350 de los reclusos deja ver mucho más que la falta de previsión o la intransigencia de los guardas. En realidad, habla sobre la realidad política y social de buena parte de Centroamérica y sirve de macabro ejemplo para entender las dinámicas de la región en los últimos años.

Centroamérica ha vivió en los últimos años un doloroso proceso de desinstitucionalización y agudización de la problemáticas de violencia y pobreza que llevan al pesimismo sobre sus perspectivas a futuro. Con las representativas excepciones de Costa Rica y Panamá, toda la región se encuentra en una situación que hace suponer que los años por venir serán particularmente difíciles para sus gobiernos y ciudadanos.

Por un lado, la violencia se ha incrementado a un ritmo dramático. Entre 1999 y 2009, la tasa de homicidios en Honduras se duplicó, pasando de 42,1 a 82,1 y alcanzando el primer lugar a nivel mundial. El segundo lugar lo ocupa El Salvador, con una tasa de 66 homicidios. Tanto Guatemala, Nicaragua y Panamá han sufrido también aumentos en la última década, aunque no tan drásticos. Para darle algo de perspectiva a estos datos sería bueno saber que la tasa de México es de 18,1, mientras la de Colombia es de 33,4. En efecto, Centroamérica es actualmente la región más violenta del planeta.

Esta tendencia se puede explicar en dos difíciles y complejas dinámicas que han caído como pestes sobre los países centroamericanos. Por un lado, el incremento de la presencia de carteles del narcotráfico (en especial venidos de México a cuidar las rutas de la droga colombiana), y por el otro, la configuración de las famosas ‘maras’ o pandillas luego de la deportación de cientos de sus miembros desde los Estados Unidos en los años noventa.

Pero los países centroamericanos también sufren por la incompetencia y falencias de sus gobiernos. Algunos analistas han incluso sugerido que Honduras, El Salvador y Guatemala sean vistos como Estados potencialmente fallidos, un término que hasta hace poco se le reservaba a algunos países africanos inmersos en guerras civiles y crisis humanitarias. Pero aunque el apelativo pueda parecer drástico, la realidad compite por cumplir sus expectativas.

El caso es que los débiles gobiernos de estos países han perdido gobernabilidad e incluso control territorial frente a pandilleros y narcotraficantes, una situación a la que los desafíos sociales y económicos de su empobrecida población no ha ayudado. De igual manera, y como quienes hemos vivido en países con problemas de narcotráfico y violencia del crimen organizado bien conocemos, las débiles instituciones democráticas han hecho poco para soportar el embate de la ilegalidad y la corrupción política y policial se ha convertido en la regla.

La tragedia de la semana pasada en la prisión hondureña fue solo una consecuencia más de la difícil situación que viven los países centroamericanos y demuestra los enormes retos que les depara el futuro a sus debilitados gobiernos.

¿Cómo puede enfrentarse la situación en Centroamérica? ¿Están sus problemas determinados únicamente por el narcotráfico? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Corrupción, un problema global.

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre las desastrosas consecuencias económicas y sociales de la corrupción.

La mayoría de los países en desarrollo se enfrentan a un enemigo escurridizo, difícil de enfrentar efectivamente y que representa una amenaza enorme para las reformas económicas y políticas en las que se encuentran enfrascados. En efecto, la corrupción (pública y privada) es quizás la última gran barrera, luego de que se han establecido procedimientos e instituciones democráticas, se ha instaurado un modelo de Estado de Derecho y se han afinado las reglas de juego económicas.

La corrupción destroza la confianza entre la sociedad civil, los empresarios y el gobierno. Las personas desarrollan, cuando la corrupción pública y privada es la regla, una natural resignación respecto al problema, a la falta de eficiencia y a la ilegalidad en sus interacciones comunes. Así, como todo buen mal, la corrupción afecta todos los procesos normales de la vida diaria y toca desde al más alto ejecutivo o servidor público, hasta el burócrata en la base de la pirámide o el ciudadano del común.

Los sobornos para conseguir servicios públicos, la extorción de los oficiales del Estado y la complacencia burocrática y política para sostener el sistema implican costos enormes, y en ocasiones imposibles de asumir, para los empresarios y emprendedores de cualquier país. De igual manera, la incertidumbre de un sistema judicial, político y económico atravesado por las prácticas y los funcionarios corruptos afecta la confianza democrática, en el sistema político y en el establecimiento de los contratos privados. El mundo se convierte en una selva, en donde todos intentan sacar un pequeño provecho de todo sobre lo que puedan ejercer algún tipo de influencia, por mínima que sea.

Es el caso de Rusia, en donde se ha combinado una desastrosa formula de permisividad con la corrupción y el establecimiento de una estructura oligárquica y burocrática que se renueva y protege a sí misma. El problema es que los sobornos y las extorciones de los funcionarios públicos han configurado un sistema en el que las empresas privadas y los ciudadanos de a pie se ven obligados a participar de las prácticas corruptas si quieren acceder a servicios o evitar las sanciones y multas.

El sistema político, como en todos estos casos, no ayuda. Vladimir Putin, primer ministro y el seguro próximo presidente ruso, instauró desde el año 2000 un equilibrio entre estatismo y protección de la oligarquía que funcionó mientras el boom de hidrocarburos de los últimos diez años pudo soportar la ineficiencia de las empresas públicas y el Estado benefactor que impulsó el consumo de los rusos. Pero ahora, en medio de la profunda crisis económica internacional, Rusia ha sido incapaz de promover la iniciativa privada y reunir a los inversionistas, que sacan su dinero del país, huyendo de la rampante corrupción.

Similares problemas se presentan en países como India, China o Brasil, pero también en la mayoría de las naciones africanas y latinoamericanas. Según Transparencia Internacional, la percepción de corrupción (en donde 0 es muy corrupto y 10 muy transparencia), tres cuartos de los 178 países estudiados en el índice se ubican debajo de un puntaje de 5. Mejor dicho, que en más de la mitad del mundo, las personas creen que sus gobiernos son, en el mejor de los casos, bastante corruptos.

Ahora bien, ¿qué facilita la corrupción? Normalmente, el autoritarismo y la falta de controles sociales e institucionales. Es decir, es más probable que se den fenómenos de corrupción en regímenes o sistemas políticos poco democráticos y en donde la sociedad civil y las instituciones de control sean débiles. El control ciudadano fuerte, una democracia vibrante y unas instituciones políticas y económicas dinámicas y justas son, entre otras maneras, la mejor aproximación hacia los desafíos que presenta la corrupción.

¿Tiene solución la corrupción en los países en desarrollo? ¿Cuál es la mejor manera de abordar este problema? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Homicidio Mundial

Homicidio Mundial: algunas regiones del mundo enfrentan graves problemas gracias a sus de altas tasas de homicidio, principalmente, América Latina y África. Ésta es una de las conclusiones del “Global Study on Homicide” adelantado por la Oficina Contra las Drogas y el Crimen de la ONU. El siguiente mapa visualiza las tasas de homicidio de 2008, 2009 y 2010 en algunos países del mundo. Fuente: unodc.org

Nuevas y viejas amenazas

De cómo pueden reversarse las ganancias de seguridad de Colombia

Colombia ha recorrido un largo y difícil camino fuera de la posición de Estado fallido donde se encontraba hace algunos años. De hecho, los últimos diez años de lucha contra los grupos ilegales y por llevar la presencia del Estado a todos los rincones del territorio colombiano ha representado un éxito del que otros países esperan sacar lecciones.

Sin embargo, con creciente preocupación, los ciudadanos y autoridades colombianas han visto cómo en los últimos meses la situación de seguridad del país se deteriora.

Por un lado, las FARC ha rediseñado su estrategia de guerra, volviendo a confiar en las tácticas de guerrilla, en el terrorismo y en el secuestro. Además, han acompañado sus cambios con una ofensiva coordinada que busca, sobre todo, aumentar la percepción de inseguridad en el país, mientras intenta ganar algo de aire en zonas neurálgicas de la guerra como los departamentos de Antioquia, Nariño y Cauca, en el norte oeste y sur oeste del país.

Las acciones de las FARC no demuestran un fortalecimiento, por lo menos no de sus estructuras. Mejor dicho, el hecho de que haya más acciones no implica una mayor cantidad de recursos, ni siquiera que puedan llevar operaciones de gran alcance o de control territorial mantenido. Muy acorde a la llamada guerra de guerrillas, las FARC han confiado más en los atentados con bombas, las emboscadas, los campos minados y los francotiradores que disparan y huyen.

La nueva estrategia es genial a la hora de desmoralizar y extender la percepción de inseguridad, lo que puede ser desastroso no solo para un gobierno, sino para sus ciudadanos. Los medios internacionales (como varios enlaces que incluyo en este texto atestiguan) hacen referencia desde hace semanas al deterioro de la seguridad del país. La inversión extranjera y la confianza en el proceso de recuperación que llevaba el país pueden flaquear.

Ahora bien, las FARC no constituyen ni mucho menos la única amenaza a la seguridad del Estado y los ciudadanos colombianos en la actualidad. Desde las desmovilizaciones de los grupos paramilitares en 2006, varias nuevas organizaciones criminales (bautizadas como bacrim por las autoridades) han estado ocupando los vacios de poder dejador por las estructuras paramilitares que entregaron las armas.

De esta forma, en departamentos de la costa Caribe y pacifica, en los llanos orientales y en Antioquia, las nuevas bandas criminales, mezcla entre paramilitares y guerrilleros desmovilizados  y narcotraficantes ‘tradicionales’, se han visto involucradas en actividades económicas ilegales como el tráfico de cocaína, la extorsión a comerciantes y el secuestro, y en las consecuencias violentas que éstas conllevan.

El deterioro es real, aunque en términos de percepción parece más grave de los que realmente es. El Gobierno del presidente Santos cuenta con un reto luego de anunciar un relanzamiento de la estrategia de seguridad, que busca, entre otras cosas, atacar las nuevas dinámicas como la movilidad de la guerrilla y las acciones criminales de las bacrim.

El reto, sin embargo, es enorme, pues aún cuando la posibilidad de volver a la situación de hace una década es muy remota, enfrentar estas nuevas amenazas suponen un desgaste difícil de asumir por cualquier administración, al igual que por la sociedad colombiana. Pero solo la firmeza y la perseverancia pueden lograr lo que muchos deseamos: que el Estado y el pueblo colombiano prevalezcan sobre la violencia y quienes la producen.

¿Qué tan real es el deterioro de la seguridad en Colombia? ¿Puede una nueva estrategia lograr un punto de quiebre en el conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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La alianza central

Sobre lo que Colombia le puede enseñar a los países centroamericanos en la lucha contra el narcotráfico.

El pasado 22 de junio, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, participó en la conferencia sobre seguridad centroamericana realizada en Guatemala. Los países centroamericanos se han estado enfrentando en los últimos años a un incremento en la actividad de las mafias de narcotraficantes en sus territorios. Sus líderes, que reciben la presión de sus ciudadanos por mejorar los esfuerzos de sus Estados en la lucha contra estas organizaciones, han iniciado varias iniciativas para mejorar sus capacidades para combatir al crimen organizado y la violencia asociadas al tráfico de drogas.

Santos, en su intervención durante la conferencia, defendió un enfoque integro en la guerra contra las drogas, donde toda la cadena del tráfico ilegal de estupefacientes sea atacado. Colombia, al fin de cuentas, tiene mucho que enseñar a sus vecinos, desde los peruanos (que se convirtieron en 2010 en los principales cultivadores de coca del mundo), hasta los centroamericanos y mexicanos (que viven en los lugares sin guerra más peligrosos del mundo), sobre la manera de enfrentar este increíble desafío. Una mayor cooperación, no solo en medios sino en know how, puede representar un fortalecimiento del esfuerzo conjunto por derrotar a los carteles de la droga y a la violencia e inestabilidad que estos producen.

Tanto en el marco de la conferencia centroamericana, como en sus relaciones bilaterales con Perú y México, Colombia, que cuenta con algunos buenos resultados que mostrar, puede enseñarles, entre otras cosas, algunas de estas lecciones:

  1. En la cooperación está la clave: la primera lección parece obvia y sin embargo, es la que menos se ha aplicado en la lucha global contra el narcotráfico. Los esfuerzos de países solitarios, incluso de un par de Estados, pueden verse frustrados con facilidad por la ineficacia o inoperancia de un tercer país que se encuentre en algún eslabón de la cadena. Mejor dicho, Colombia puede utilizar todos sus recursos en combatir a los grupos armados que protegen los sembrados de mata de coca, pero si los países vecinos son incapaces (o no quieren) atacar fenómenos como el tráfico de armas o la misma salida de la droga por sus fronteras, el esfuerzo no solo es frustrante, sino que puede resultar inútil.
  2. Inteligencia y contrainteligencia: el presidente Santos lo dijo, con toda razón, en Guatemala, la mayor fuerza (y el mayor peligro para los Estados) de las organizaciones narcotraficantes, es su capacidad para infiltrar y cooptar las instituciones del Estado. No es raro, además, que pretendan hacerlo, pues al fin de cuentas, esto les puede garantizar apoyo político, inmunidad judicial y policial e incluso algunos nuevos recursos (¡los públicos!) de los que echar mano. Este es un fenómeno que hemos visto con demasiada frecuencia en Colombia, desde Pablo Escobar en el Congreso, hasta los pactos de la “parapolítica”. Tanto recursos en inteligencia y contrainteligencia son importantes para combatir las infiltraciones, aunque también resulta fundamental:
  3. Un vigoroso sistema de justicia: los criminales se nutren de la debilidad institucional del lugar en donde delinquen. Son agentes del caos y la falta de presencia de un Estado fuerte, o incluso mínimamente funcional, facilita su capacidad de delinquir con impunidad. Esa esta, finalmente, la posibilidad de no pagar por los crímenes cometidos, el mayor incentivo para los narcotraficantes. Un sistema de justicia vigoroso es aquel que, en derecho, funciona eficientemente y además, es lo suficientemente fuerte para resistir la corrupción del dinero de los criminales y sus amenazas.   
  4. Competencia por territorio: finalmente, las bandas de narcotraficantes son, en esencia, mafias, organizaciones criminales estructuradas que buscan incrementar y proteger sus intereses económicos utilizando el dinero ganado en los negocios ilegales o la capacidad de ejercer violencia. Así, la guerra contra las mafias narcotraficantes se termina convirtiendo en una por el control que éstas ejercen en el territorio, donde, además, pretenden reemplazar muchas de las prerrogativas del Estado. Los narcos extorsionan (cobran impuestos), ajustan cuentas (ejercen justicia) e incluso financian obras públicas para mejorar su imagen entre la población. El Estado debe configurarse, a través de una presencia vigorosa y sostenible y de una promoción de la gobernabilidad y la utilización efectiva de los recursos públicos, en una opción viable y atractiva frente a la que representan el dinero y la justicia rápida de los carteles.

 

¿Qué otras lecciones puede enseñar Colombia a los países de Centroamérica? ¿Tiene alguna posibilidad de éxito la Guerra contra las Drogas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Un mundo de nadie.

De cómo las migraciones están cambiando el mundo en el que vivimos.

El número de migrantes en el mundo en el año 2010 fue de 214 millones de personas, según cifras de la IOM (International Organization for Migration), un incremento importante de los 150 millones de 2000. De esta forma, el 3,3% de la población total del planeta es migrante, es decir, no es nacional el país donde reside. Países como Qatar o Singapur mantienen un amplio porcentaje de población migrante, dado los requerimientos de sus economías de mano de obra y tasas bajas de crecimiento de la población local. De esta forma, más de 400 billones de dólares son enviados por los migrantes de vuelta a sus países de origen en forma de remesas, donde tres cuartos de ésta cantidad se direcciona a países en vías de desarrollo.

Así, las poblaciones migrantes han constituido grandes comunidades lejos de sus países de origen en un mundo donde las distancias se acortan, pero las barreras se amplían. Las dinámicas migratorias (y anti-migratorias) se han convertido entonces en una realidad que cobra cada vez mayor importancia en la realidad demográfica mundial.

Países como Estados Unidos, España e Italia reciben millones de inmigrantes (sobre todo de países en vía de desarrollo) cada año. La mayoría de estos movimientos son ilegales (en tanto los migrantes no cuentan con los permisos para vivir o trabajar en esos países) y constituían hasta hace unos años un problema de mediana importancia en estas sociedades. Sin embargo, con la crisis económica encima, tanto en Estados Unidos como en muchos países de Europa, las legislaciones en temas migratorios se han endurecido.

Desde considerar a los inmigrantes ilegales como a criminales en Arizona, como a aplicar deportaciones masivas con gitanos de Europa o prohibir el velo de las niñas musulmanas en las escuelas francesas. Las migraciones de los últimos veinte años están generando conflictos en las sociedades a donde estas mareas de personas están llegando. En Estados Unidos, el presidente Barack Obama y el Congreso llevan meses dilatando una reforma migratoria cuyo alcance y dureza son todavía materia de intenso debate. Mientras tanto, los partidos de extrema derecha europea ganan terreno en los parlamentos y gobiernos de países como Suecia, Holanda o Francia, al dar voz a la xenofobia general que invade a una parte importante de la frustrada población inmersa en la crisis económica.

Pero la inmigración ilegal no es la única manera de migración que representa problemas políticos en el mundo. En 2009 hubo 27 millones de personas desplazadas internamente en el planeta, un incremento de seis millones una década atrás. De igual manera, el número de refugiados, aunque con un leve declive de sus niveles a comienzos del 2000, alcanza algo más de 15 millones de personas.

Las últimas semanas ha visto cómo miles de norteafricanos, huyendo de la guerra en Libia y las tensas situaciones sociales y políticas en Túnez y Egipto, prueban su suerte en el embravecido mediterráneo con la esperanza de alcanzar las costas europeas. Cientos se han ahogado y los que han sobrevivido a la travesía se encuentran con los gobiernos europeos, recelosos, que buscan todas la maneras para pasarse el problema unos a otros.

¿Es la inmigración un problema o una oportunidad? ¿Puede Europa y Estados Unidos asumir este flujo de personas sin perder algo de su identidad? ¿Será pacífico este proceso? Cuénteme lo que piensa, comente.

Santos y el mundo

De cómo el presidente Juan Manuel Santos entiende el papel de Colombia en el mundo.

Por años, Colombia ha sido un país aislado, separado del mundo e incluso de su vecindario inmediato. Los problemas internos, pero también una patética sensación de inferioridad, han mantenido apartada a la diplomacia y el liderazgo colombiano de las dinámicas y grandes discusiones mundiales. Pero Juan Manuel Santos quiere que todo eso cambie y los hechos de las últimas semanas lo demuestran; el presidente, ha logrado alcanzar importantes avances en lo que, parece, es su visión sobre el rol que Colombia debe ocupar en el mundo.

Así pues, estos son los tres frentes estratégicos en los que la ofensiva diplomática del gobierno Santos se ha concentrado:

  1. Cordialidad con los vecinos: Santos apenas se estrenaba como presidente de Colombia cuando ya había normalizado las relaciones con Venezuela. El nuevo gobierno colombiano estaba convencido de la necesidad de cooperar con los venezolanos en vez de enfrentarlos. Narcotráfico, terrorismo, comercio y la situación de la frontera fueron las mayores razones para que uno y otro bando bajaran las espadas, sin embargo, fue el convencimiento de que el conflicto era inmensamente impopular entre los mismos ciudadanos venezolanos, el principal impulso de Chávez para relajar sus ataques. Esta semana, esa nueva relación (retratada por la famosa declaración de amistad de ambos líderes), se enfrentó a su mayor desafío cuando el presidente Santos tuvo que decidir el destino de extradición del narcotraficante venezolano Walid Makled, que decía tener información sobre corrupción en el gobierno venezolano, entre Venezuela y Estados Unidos. Santos, que ya lo había prometido a Chávez, cumplió el compromiso, por más perjudicial que pareciera en ese momento. Aún así, el escepticismo de mantiene y muchos no saben muy bien cómo hará Santos para mantener este equilibrio entre gobiernos tan diferentes como el estadounidense y el venezolano, sin tener que enfrentarse eventualmente a alguno. Sin embargo, el pragmatismo de Santos ha dado sus frutos hasta el momento y es difícil argüir que haberse acercado a Chávez el año pasado no fue la decisión correcta.
  2. Liderazgo en la región: Colombia es durante el mes de Abril, presidente del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas. Aquel es un puesto rotatorio y bien podría un país pasar por ahí sin pena ni gloria, pero Santos lo aprovechó para revivir y darle algo de aliento al olvidado esfuerzo por la reconstrucción de Haití, una causa de la que todo el hemisferio puede sentirse parte y de la que bien podría Colombia convertirse en líder. Similar es la ‘emboscada’ que Santos le tendió a Chávez cuando, en la reunión de la semana pasada en Cartagena, el presidente colombiano invitó al presidente hondureño Porfilio Lobo. Chávez lidera un grupo de países latinoamericanos que desconocen al gobierno de Lobo, luego del golpe de Estado que sacó del poder a Manuel Zelaya en 2009, pero desde las últimas elecciones presidenciales, Honduras aspira a ser readmitido en la OEA y reconocido por los Estados que se mantienen en reserva. Y Santos, de nuevo, buscará ayudar al gobierno hondureño a hacerlo. Finalmente, está Unasur, un foro en donde Colombia no se ha sentido cómodo en los últimos años, Santos, antes que abandonar la organización sudamericana como algunos sugerían en los peores años del aislamiento colombiano, se las arregló para hacer elegir a una colombiana, María Emma Mejía, como presidenta, que además, comparte el cargo con un representante venezolano (por si alguien tenía dudas de la reconciliación entre ambos gobiernos).
  3. Comercio con el mundo: finalmente, Santos logró la promesa más clara del gobierno estadounidense para impulsar la aprobación del TLC entre los dos países desde que el gobierno de Barack Obama ocupa la Casa Blanca. Los colombianos prometieron una mejora más clara de la situación de seguridad de los líderes sindicalistas y otras disposiciones laborales en contraprestación de una renovada intención del gobierno Obama de aprobar el tratado en el Congreso americano. Todo el merito no va al gobierno colombiano por supuesto, pues recibió algo de ayuda de las circunstancias, especialmente del ambiente de elecciones y la intención del gobierno estadounidense de acercarse a los republicanos al aprobar los tratados de libre comercio pendientes. De la misma forma, Santos emprendió esta semana una nueva gira diplomática, que lo llevará a España y Alemania, donde buscará ganar el apoyo de los respectivos gobiernos y eurodiputados para el tratado de libre comercio con la Unión Europea y las perspectivas son bastante alentadoras.

Santos se ha embarcado en la difícil tarea de sacar a Colombia de su aislamiento y de plantear una política exterior que incluya al país en el escenario internacional como un actor de importancia y deje atrás los temas tradicionales de la relación de la nación con el mundo. Las expectativas, como siempre, están del lado de que en efecto lo logre y que, en el mediado plazo, todo esto sea efectivamente benéfico para el país.

¿En realidad Juan Manuel Santos ve a Colombia diferente en su papel en el mundo? ¿Qué tan benéfico es para el país dirigir su política exterior con pragmatismo? Cuénteme lo que piensa, comente.

Brasil, de nuevo: De su papel en el mundo. (2 de 2).

Hace unos meses publiqué una entrada en el blog sobre las perspectivas de Brasil como potencia mundial, pero desde entonces había dejado el tema del ascenso brasilero a un lado. Intentando pagar esa deuda, pues aquella entrada es una de las más visitadas y buscadas, presento lo que podría considerarse la ‘continuación’ de ese análisis sobre la nueva potencia sudamericana. En la primera parte, “De cómo se convirtió en potencia regional”, hablaré un poco sobre la manera en que Brasil aumentó exponencialmente su poder nacional y en la segunda, “De su papel en el mundo”, sobre su futuro como potencia regional y mundial.

Al contrario de los que puedan creer algunos, Estados Unidos no encuentra necesariamente inconveniente para sus intereses que Brasil tome un papel de liderazgo en América Latina, mejor aún, está consiente de que puede beneficiarlo. La apuesta de Washington en muchas partes del mundo, y en buena medida en Sudamérica, se ha caracterizado por el mantenimiento a toda costa de la estabilidad internacional. Los esfuerzos que esta tarea implican para Estados Unidos son sumamente desgastantes y por eso el hecho de que las potencias regionales (Rusia, India, Sudáfrica, incluso China) estén ganando poder e influencia en sus vecindarios no le es necesariamente incomodo.

Estados Unidos conserva el poder suficiente para hacer imposiciones importantes, sin embargo, la guerra en Irak le demostró los pocos réditos que puede traer cualquier acción que no esté respaldada por la comunidad internacional. De esta forma, Brasil (junto con las otras potencias emergentes) jugarán un papel fundamental en el nuevo mundo multipolar, donde las acciones unilaterales serán cada vez más escasas y dañinas para quienes las emprendan y los poderes regionales serán quienes regulen las dinámicas mundiales en negociación con los países menores y la superpotencia.

Respecto a los países latinoamericanos, el liderazgo de Brasil puede abrir las puertas para el fortalecimiento de bloques regionales y el estrechamiento de las relaciones políticas y económicas del continente. Brasil supone muchas oportunidades para los países sudamericanos y en muchos casos ya es considerado como la potencia de facto de la región. Los países del Mercosur hace varios años que dejaron de ver a su centro en Argentina y giraron hacia la nueva potencia, los miembros del ALBA, aunque pretendan jugar un juego diferente, han mantenido sus acciones fuera del camino de la voluntad brasilera y el resto (Colombia, Perú y Chile) han buscado desde hace varios años fomentar una silenciosa pero cercana relación con el país carioca.

Así pues, el gobierno colombiano, por ejemplo, ha reconocido los beneficios de unas estrechas relaciones diplomáticas con Brasil y durante ya algún tiempo ha firmado tratados de cooperación energética, comercial y en temas de seguridad. La gran disyuntiva que algunos plantean entre EEUU y Brasil no parece ser tan cierta como parece. Colombia, ni ningún otro país en ese caso, debe escoger entre ambas potencias; perfectamente puede fomentar las dos relaciones y hacerlo con armonía y cosechando excelentes beneficios. La prioridad de los últimos años de Colombia de ganar en seguridad interna es un buen punto donde analizar este nuevo escenario. Pues si bien Estados Unidos es una pieza fundamental en la lucha contra el crimen, el narcotráfico y el terrorismo, Brasil (como canal para conseguir el apoyo regional contra estas dinámicas) también resulta un aliado de suma importancia.

Finalmente, es claro que el nuevo estatus de potencia de Brasil lo lleva a una posición de importancia nivel internacional, pero este nuevo lugar no necesariamente quiere decir que chocará con otras potencias, en especial Estados Unidos. De la mima forma, se puede identificar una tendencia desde principios de siglo de cómo los países sudamericanos se han plegado frente al nuevo poder, buscando su liderazgo. Así, el desarrollo económico, político y social brasilero lo convierte en un socio obligado de todas las naciones de América y dejan claro que en el futuro no se podrá analizar las perspectivas y dinamias del continente sin tener en cuenta a la nueva potencia regional.

¿Cree que en realidad Estados Unidos y Brasil si pueden cooperar en los temas latinoamericanos? ¿Qué tan conveniente para la región es un liderazgo brasilero? Cuénteme lo que piensa, comente.

Brasil, de nuevo: De cómo se convirtió en potencia regional. (1 de 2).

Hace unos meses publiqué una entrada en el blog sobre las perspectivas de Brasil como potencia mundial, pero desde entonces había dejado el tema del ascenso brasilero a un lado. Intentando pagar esa deuda, pues aquella entrada es una de las más visitadas y buscadas, presento lo que podría considerarse la ‘continuación’ de ese análisis sobre la nueva potencia sudamericana. En la primera parte, “De cómo se convirtió en potencia regional”, hablaré un poco sobre la manera en que Brasil aumentó exponencialmente su poder nacional y en la segunda, “De su papel en el mundo”, sobre su futuro como potencia regional y mundial.

El milagro brasilero no es precisamente eso, un milagro, sino el resultado de un proceso político y económico sostenido en la búsqueda de estabilidad y responsabilidad estatal como motores de la economía y el poder nacional. Brasil no ha llegado donde está por suerte (aunque el alto precio de algunos productos y los descubrimientos de petróleo en los últimos años le hayan ayudado), ha sido gracias a que los brasileros se trazaron un rumbo especifico desde los años noventa de llegar a ocupar el puesto que hoy ostentan y con disciplina, lo lograron.
Así, Brasil es la octava economía del mundo, con un crecimiento sustentado por el petróleo, el biodiesel y una agricultura muy dinámica: Brasil es el primer productor mundial de azúcar y café y el mayor exportador de pollos, café, azúcar y carne. Esta diversidad lo diferencia de cualquier otra gran nación, tanto más importante en la cantidad de comida que está produciendo, porque hace menos de cuarenta años era uno de los mayores importadores de alimento.
Pero la transformación brasilera no solo es económica, los programas gubernamentales de asistencia, acompañados por la inversión privada y pública en sectores productivos, ha logrado sacar a millones de brasileros de la pobreza; una fuerte clase media ha emergido de estos cambios.
Por otro lado, percatándose de la posición que ganaba en el mundo, el gobierno brasilero inició una expansión de su influencia internacional por medio de acciones como la creación y el apadrinamiento de comunidades regionales (UNASUR) o el apoyo a programas de ayuda internacional en África y Centro América. El poder blando le ha funcionado muy bien, sin embargo, también ha mantenido una tendencia de aumento en su gasto en defensa interrumpida desde 1997 y para este año doblará el presupuesto que destinaba a este rubro hace diez años.
Así pues, la premisa del Estado brasilero ha sido la de la estabilidad y la continuidad. De esta forma, gobiernos de muy diferentes corrientes ideológicas han pasado por el ejecutivo y legislativo del país, pero en ningún modo han buscado que, promoviendo sus intereses políticos particulares, se tuerza el buen camino que se ha recorrido por años.
Brasil, en todo caso, es una potencia, sino mundial, regional; esta es una realidad que nadie discute. Ahora bien ¿cómo afectará este nuevo poder a América latina, e incluso al mundo? (Sigue en la parte 2).

¿Qué rescata del camino recorrido por Brasil para convertirse en potencia? ¿Cree que hay elementos que puedan ser traspasados a otros países? Cuénteme lo que piensa, comente.


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