Posts Tagged 'Libia'

¿Por qué sigue creciendo el terrorismo internacional?

2008,Helmand Province, Afghanistan.

Provincia de Helmand, Afganistán (2008). Fuente: Time.com (Ver galería).

Por Santiago Silva Jaramillo

La semana pasada, ataques terroristas simultáneos -aunque no necesariamente coordinados- golpearon con tragedias a tres países. En Francia, una persona murió y diez quedaron heridas luego de un ataque de un grupo presuntamente yihadista en una fábrica de Lyon; mientras que en Kuwait, un terrorista suicida hizo explotar un chaleco-bomba en una mezquita; y en Túnez, un militante armado asesinó al menos a treinta turistas en las playas de la costa Mediterránea.

La pregunta que surge en este contexto es clara ¿está creciendo el terrorismo mundial? Y si ése es el caso ¿por qué?

La respuesta a la primera cuestión es sencilla y soportada por datos del Global Terrorism Data Base (ver gráfica) es claro que entre mediados de la década del 000′ y el 2013, los incidentes asociados a actos de terrorismo se han más que duplicado. De igual forma, de acuerdo a cifras del Departamento de Estado de Estados Unidos, en 2010 hubo un total de 13.186 muertes por ataques terroristas, mientras que en 2014 ese número aumentó a 32.727. De hecho, ese año se ha convertido en el momento más fatal del terrorismo desde que se recogen datos.

Historico de incidentes-terrorismo

Comportamiento histórico de incidentes relacionados al terrorismo (bombas, ataques armados, asesinatos, sabotaje). Fuente: Global Terrorism Data Base, 2015.

Ahora bien, la segunda pregunta permanece ¿cuál es la razón del incremento? Lo primero para acercarse a una respuesta podría ser intentar pensar un poco más sobre las motivaciones y razones del terrorismo. El terrorismo es ante todo un instrumento de guerra irregular o de resistencia violenta en situaciones de asimetrías de fuerza. Mejor dicho, es el arma de los que quieren tener un impacto en una población o poder enemigo y tienen pocos recursos o se oponen a una contra-parte que los supera sustantivamente; es ante todo una forma “eficiente” -terrible, pero positiva en términos de un cálculo costo-beneficio- de buscar un objetivo político por medios violentos.

Por supuesto, la naturaleza del terrorismo solo puede explicar el incremento en los incidentes y las víctimas si se relaciona con la coyuntura política. En efecto, la región del planeta más afectada por el terrorismo en la última década es el Sur de Asia (Afganistán, Pakistán), seguida por Medio Oriente y el Norte de África. Tres circunstancias parecen explicar la explosión del terrorismo en estas zonas: (1) la invasión de Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos y varias potencias europeas; (2) la Primavera Árabe iniciada en 2011 en países como Libia, Siria, Egipto y Túnez; y (3) el enfrentamiento geopolítico entre las potencias sunnita y chiíta, Arabia Saudita e Irán.

La primera circunstancia le dio gasolina a grupos islamistas como el mismo al-Qaeda o los talibanes, generando una lucha desigual en la que la única manera de oponerse a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en las montañas de Afganistán y las ciudades de Irak era el terrorismo. La segunda circunstancia creó enfrentamientos entre autócratas regionales y sus poblaciones, pero llevó a el ascenso de organizaciones islamistas, respuestas violentas de los mismos dictadores que se resistían a ceder el poder o en los casos de Siria y Libia, un caos de transición o guerra en donde florecen las fuerzas de organizaciones como el Estado Islámico. Y la tercera circunstancia ha servido de combustible -en dinero, armas y apoyo político- a expresiones políticas y religiosas violentas de cada frente por la lucha entre sauditas e iraníes por la hegemonía del Medio Oriente.

¿Le gustó este artículo? Suscríbase gratis al blog y recibirá el texto “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década” y el mapa “Los BRIC’s en perspectiva”.

¿Por qué están murieron cientos de inmigrantes ilegales cruzando el Mediterráneo?

Naufragio

Fuente: The Big Picture – Bostonglobe.com

Por Santiago Silva Jaramillo

El pasado 18 de abril unos 700 inmigrantes ilegales murieron ahogados cuando una embarcación que los transportaba desde Libia -en el norte de África- naufragó cerca a las costas italianas de la isla de Lampedusa. La tragedia ha puesto la lupa en la política europea de migración y en el incremento exponencial de los movimientos poblacionales ilegales desde finales de 2011, en la cúspide de la crisis política que afecta a países del Norte de África y Medio Oriente. De hecho, unos 39.000 migrantes fueron detenidos por las agencias migratorias europeas procedentes del Libia, Túnez y Egipto en 2014.

La migración ilegal descontrolada suele constituirse en un problema de doble vía. Por un lado, un país con problemas sociales, políticos o económicos que “expulsa” a su población y por el otro, un país con políticas migratorias restrictivas -pero atractivo en términos de calidad de vida- que no logra “recibir” a los migrantes efectivamente. Esto presenta dos frentes de la problemática para cualquier política migratoria responsable, cooperación para evitar el caos, la inestabilidad o la pobreza que expulsa a grandes cantidades de población, y control fronterizo con inclusión y ampliación de la legalización de los migrantes.

pobEur

Dar clic para ampliar la imagen

Ahora bien, el contexto europeo en este caso cuenta con algunas particularidades. Lo primero es una política migratoria que ha tenido importantes dificultades para proteger la vida de algunos de los migrantes -sobre todo en el Mediterráneo- y por el otro, ha sufrido grandes tropiezos en los esfuerzos por incluir a los nuevos pobladores en la comunidades a las que han llegado. Esto ha llevado a la configuración en barrios de inmigrantes y en algunos casos, de sentimientos de exclusión de parte de quienes llegan y quienes los reciben. En efecto, entre 1990 y 2010 el porcentaje de inmigrantes sobre la población total de Europa pasó del 6,9% al 9,5%.  El otro problema responde a tendencias más complejas, lentas, pero no menos importantes, como la demografía. Europa ha sufrido una desaceleración de su crecimiento poblacional en las últimas décadas y las prospectivas dan cuenta de un continente que empezará a encogerse, amenazando asuntos como el crecimiento económico, la carga pensional e incluso la defensa territorial. Ante la “escasez de europeos” futura, la migración podría suponer una alternativa para evitar la eventualidad demográfica.

Pero la política suele ponerse de por medio. Primero, porque la migración suele provocar conflictos culturales entre “nativos” y “recién llegados”, choques que suelen aprovechar partidos de extremas para construir discursos políticos que atraigan la atención en tiempos de moderación generalizada en Europa. En efecto, movimientos políticos con plataformas anti-inmigrantes han logrado ganar más terreno en los últimos años en países como Francia, Hungría e Italia. Segundo, porque las políticas de multiculturalidad europeas e inclusión de migrantes no han logrado ser un éxito absoluto, dejando a importantes franjas de inmigrantes en “limbos sociales” en donde no se sienten europeos, pero tampoco descendientes del país de origen suyo o de sus padres.

El dilema europeo es evidente: estancamiento poblacional y cohesión cultural Vs. crecimiento poblacional y multicultalismo fallido.Resolverlos, sin embargo, no parece tan sencillo.

¿Le gustó este artículo? Suscríbase gratis al blog y recibirá el texto “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década” y el mapa “Los BRIC’s en perspectiva”.

El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

 ¿Le gustó este artículo? Suscríbase gratis al blog y recibirá el texto “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década” y el mapa “Los BRIC’s en perspectiva”.

Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

Egipto

Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

Egipto2

Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

Egipto3

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

¿Le gustó este artículo? Suscríbase gratis al blog y recibirá el texto “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década” y el mapa “Los BRIC’s en perspectiva”.

Desde las cenizas de las revueltas

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre el presente y futuro  de la “primavera árabe”

Los idealistas fantaseamos durante el año pasado con la posibilidad de un cambio radical en los sistemas políticos en los que los jóvenes y las ideas sean los protagonistas; todo, impulsado por las protestas y revueltas que conmocionaron a varios países del mundo árabe.

La realidad, sin embargo, parece ser mucho más complicada y sustancialmente menos cercana a las expectativas que muchos teníamos. En efecto, las revueltas han traído cambios importantes a las dinámicas de países como Libia, Egipto, Túnez, Yemen y Siria, pero estos se han traducido en tibias reformas y la instrumentalización por parte de los políticos de siempre, o en el peor de los casos, en engaños, radicalismo y violencia.

El primero, y quizás más frustrante de los resultados, es la manera en que los políticos y partidos tradicionales han jugado ingeniosamente para aprovecharse de lo que lograron los ciudadanos que protestaban contra el régimen. Es el caso, particularmente, de Libia, Egipto y Túnez, en donde los más organizados y homogéneos movimientos políticos, como la célebre “Hermandad Musulmana”, se han perfilado como los grandes beneficiarios de las nuevas democracias. Mientras tanto, los jóvenes que dirigieron y en su mayoría participaron en las revueltas, se han visto opacados por su falta de recursos e, irónicamente, organización.

Por supuesto, este, aunque decepcionante, no es el peor de los resultados para las revueltas. La violencia fue la respuesta que la mayoría de los tiranos asediados por las protestas tuvieron contra sus ciudadanos. La represión aún persiste en lugares como Siria y Yemen, mientras en Egipto se reavivan las llamas frente al descontento de los ciudadanos con el ejército, que ha lanzado una campaña para atacar a los mismos insatisfechos egipcios que había jurado proteger hace solo unos meses.

Claro que las ganancias de las revueltas del 2011 no pueden subestimarse, al fin de cuentas, los jóvenes tunecinos, egipcios y libios han logrado desembarazarse de los tiranos que los habían oprimido por décadas y se han dado cuenta del poder que como ciudadanos tienen. Sin embargo, no es extraño el escepticismo y la frustración que se ha apoderado de muchas de las personas que guardábamos esperanzas en estos procesos. La violencia, los engaños y el radicalismo se han encargado de esto.

¿Fueron las revueltas de 2011 en vano? ¿Pueden salvarse estos países de volver a caer en las manos de políticos del viejo régimen, radicales o nuevos tiranos? Cuénteme lo que piensa, comente.

¿Le gustó este artículo? Suscríbase gratis al blog y recibirá el texto “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década” y el mapa “Los BRIC’s en perspectiva”.

El nuevo arte de la guerra

Fuente: Th big picture - Boston.com

Sobre el impacto de los aviones no tripulados y los mecanismos electromagnéticos en la nueva forma de hacer la guerra.

MuammarGadafi no lo esperaba, ni  la centena de hombres que huían junto a él de la recién liberada ciudad de Sirte en una caravana de varios carros por una solitaria carretera sobre el desierto. Pero luego de un breve destello en el cielo, varias de las camionetas salieron volando por los aires envueltas en un remolino de fuego. Poco después, un grupo de rebeldes que perseguían a Gadafi lo apresaron para luego, en confusos hechos, ejecutarlo. Pero ¿quién impactó el convoy de Gadafi?

La OTAN, por supuesto, pero lo relevante de este ataque (además de la posterior muerte del dictador libio, obviamente) es el vehículo utilizado para perpetuarlo: un “Reaper MQ-9”, un avión no tripulado estadounidense que ha llegado a los campos de batalla del mundo para cambiarlos para siempre.

No solo ha participado en misiones durante la zona de exclusión aérea en Libia, también ha visto acción apoyando a las tropas desplegadas en Afganistán, realizando ataques de precisión contra miembros de Al-Qaeda en Somalia y Yemen y liquidando a altos miembros de los talibanes y la red Haqqani en el norte de Pakistán. Sus campañas han sido tan exitosas que incluso un precandidato republicano a la presidencia propuso usarlos contra los narcotraficantes en la frontera mexicana.

Su principal ventaja, además de la seguridad del piloto, que se encuentra a cientos de kilómetros en la seguridad de un cuarto de control, es lo barato que resulta, comparativamente, utilizar estas naves frente a los aviones convencionales. Y hablo del piloto porque los vehículos no tripulados tienen varios (en realidad, unos 160), no son robots, como algunos creen, sino aeronaves operadas a distancia por un numeroso equipo.

Los vehículos no tripulados se constituyen en el futuro de la guerra. Actualmente, más pilotos son entrenados en Estados Unidos para operar “reapers” que para pilotear aviones convencionales. De igual manera, los aviones no tripulados realizan más misiones que su contraparte  y su participación en las acciones bélicas estadounidenses han crecido exponencialmente en los últimos cinco años.

Pero Estados Unidos no es el único utilizando o desarrollando esta nueva arma, China, Israel, Rusia, Gran Bretaña, Francia, entre otros países, cuentan con programas de desarrollo de vehículos no tripulados. Los vehículos no tripulados de combate hacen parte de esta nueva manera de hacer la guerra, en donde la movilidad y capacidad de acción en terrenos difíciles es fundamental y en donde los hombres (en tanto maquinas de combate) pierden protagonismo.

Sin embargo, los “predators” estadounidenses no representan el más impresionante de los últimos avances en términos de tecnología bélica. Los más recientes desarrollos tecnológicos y proyectos de investigación en armamento se han concentrado en los dispositivos electromagnéticos, capaces de causar tremendos estragos en los aparatos electrónicos de los enemigos antes que en sus hombres. Esta nueva arma busca causar enormes pérdidas materiales y tácticas al contrario, con el mínimo de bajas humanas posibles, sobre todo, de civiles.

Existe algo similar a una carrera armamentista en cuanto al desarrollo tanto de los vehículos no tripulados, como de las armas electromagnéticas, así, por supuesto, como en la invención de dispositivos que puedan contrarrestar la efectividad de ambos dispositivos. Lo más interesante, al fin de cuentas (dejando futurismos  aparte) es la manera excepcional en que la naturaleza de la guerra, aunque permanente, impulsa a los hombres a inventar cada día con más ingenio, nuevas maneras de pelear contra el enemigo.

¿Es la guerra cada vez menos “humana”? ¿Cuál es el futuro de los enfrentamientos bélicos? ¿Cómo pueden cambiar estas nuevas armas la manera como se pelean las guerras? Cuénteme lo que piensa, comente.

¿Le gustó este artículo? Suscríbase gratis al blog y recibirá el texto “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década” y el mapa “Los BRIC’s en perspectiva”.

Mercenarios

Fuente: The big picture – Boston.com

Sobre el mercado internacional para los soldados privados.

Un mercenario es aquella persona que vende sus servicios como combatiente a un conflicto ajeno, por el que no siente ningún apego ideológico. Aunque han sido una constante histórica en los conflictos humanos, los mercenarios han tenido altas y bajas. Luego de la aparición de los Estados-nación en los siglos XVIII y XIX, por ejemplo, la guerra se convirtió en un asunto nacional en donde voluntarios, conscriptos o soldados profesionales remplazaron a los mercenarios, que habían dominado los campos de batalla durante la edad media y habían jugado un papel importante durante la antigüedad.

Aunque en su mayoría ausentes, nunca han desaparecido. Los mercenarios han participado en diferentes conflictos durante el siglo veinte, donde han jugado papeles secundarios y muchas veces se han hecho celebres por su irrespeto de los derechos humanos y su falta de lealtad hacia sus contratantes. Como todos los mercenarios, desde que existen.

Es bastante común que en países de post conflicto, una gran cantidad de hombres, que solo han conocido la guerra y lo único que saben hacer es pelearla, busquen alguna manera de sacarle provecho a su know how bélico. Y es precisamente allí donde entran las empresas internacionales de seguridad, esos grandes conglomerados especializados en proveer servicios en lugares con problemas de violencia e inestabilidad, donde entrenan a las fuerzas locales y las apoyan en acciones de vigilancia y donde protegen a personal e intereses de las multinacionales que allí operan.

Estas empresas buscan en todo el mundo ex combatientes que quieran ejercer como guardaespaldas de personajes importantes o vigilantes en sitios clave. Los contratistas en las guerras de Irak y Afganistán son el mejor ejemplo de esta dinámica. De vez en cuando, sin embargo, estas empresas utilizan a sus hombres y contactos para que intervengan activamente en un conflicto armado extranjero, como combatientes pagos de uno de los bandos.

Las revueltas árabes han demostrado esto último muy bien.

En Bahréin, durante la represión a las protestas a principios de año, uno de los jeques de la isla utilizó a empresas de contratistas de seguridad australianas para contratar mercenarios y conformar un grupo elite que protegiera al régimen. Ciudadanos de países de Europa del este y África occidental, e incluso algunos colombianos, respondieron al llamado, que incluía, por supuesto, un atractivo salario de cuatro mil dólares mensuales por los servicios prestados. No hay claridad sobre si esta fuerza alcanzó a entrar en acción durante la represión de las protestas en Bahréin, pero su objetivo principal era el de proteger lugares importantes, como aeropuertos y oleoductos, mientras las cosas volvían a la normalidad en las calles.

Pero el mayor beneficiario de mercenarios durante los últimos meses no ha sido nadie más ni nadie menos que Muammar Gadafi, que desde principios de la rebelión en Benghazi a principios de año, estuvo fletando aviones llenos de mercenarios africanos, que apoyarían a sus fuerzas en la represión de la ahora exitosa revolución libia. Gadafi había llegado a la conclusión, terriblemente acertada, de que sus tropas podrían sentir escrúpulos a la hora de matar a sus compatriotas, un problema que se solucionaría con la entrada en acción de mercenarios extranjeros, que no sentían ningún apego hacia los ciudadanos libios. Esto también explica el desprecio que los libios han sentido durante toda la guerra hacia estas tropas, que han sido depositarios de incluso más odio que las tropas regulares de Gadafi.

El más reciente episodio involucrando a estos personajes incluyó la ejecución de mercenarios croatas y colombianos por parte de las fuerzas rebeldes libias la semana pasada. Los colombianos habían sido reclutados por medio de las redes sociales. El fenómeno no es nuevo, muchos militares y policías colombianos han sido reclutados por empresas como Blackwater (una de las mayores contratistas de servicios de seguridad en el mundo) y han sido desplegados en lugares como Irak, Afganistán, los Emiratos Árabes Unidos, entre muchos otros. También se han conocido reportes de mercenarios que formaban parte de los grupos irregulares colombianos, como las Farc o los paramilitares. Como sabemos, la ideología es lo de menos, los contratistas se preocupan por la experiencia militar, nada más.

¿Qué tan perjudicial es el fenómeno de los mercenarios para el mundo y específicamente para Colombia? ¿Cómo puede abordarse esta cuestión? Cuénteme lo que piensa, comente.

3 escenarios libios

Sobre el futuro de Libia

El régimen de Gadafi tiene los días contados, así su líder siga libre y en algunos bastiones de sus leales todavía se resista a las fuerzas rebeldes que tienen la mayoría del país bajo su control. De seguro habría algunos intentos desesperados de negociar, incluso, en las ciudades y regiones donde la tribu de Gadafi es fuerte, la lucha podría extenderse por meses, pero las posibilidades reales de que las tornas se vuelvan y el dictador libio recupere lo que ha perdido son mínimas. Así pues, la preocupación ahora no debe centrarse en el derrocamiento del régimen nuevo sino en el futuro del nuevo. Se puede, de cualquier manera, pensar en tres escenarios específicos, según otras experiencias similares a la de Libia:

  1. Guerra civil: La primera posibilidad es que la división tribal libia se profundice y que una vez Gadafi haya sido vencido, los mismos rebeldes se resquebrajen entre las dificultades de organizar el sistema político del país, reestructuras el ejército y reconstruir la maltrecha economía. Así, las facciones, que ya están armadas y han presenciado como a través de la violencia se puede ganar poder, podrían enfrentarse según lo que pretendan para el país o la posición que su tribu jugará en el futuro. De igual manera, es probable que las fuerzas de Gadafi (y sobre todo su tribu) no desaparezcan e intenten defender el legado del dictador dentro de este difícil escenario de pos-guerra. Casos similares vivieron Somalia y Afganistán en los años 90, cuando, luego de derrocar a un dictador y un régimen socialista respectivamente, los rebeldes, constituidos en débiles coaliciones, se pelearon por las sobras del país, convirtiendo a estos dos territorios en os paradigmas de Estados Fallidos que son hoy.
  2. Nuevo dictador o democracia de papel: Una vez, como en Egipto, el dictador nacional sea derrocado, Libia se embarcará en la difícil tarea de convocar elecciones e intentar instaurar y consolidar, en meses, un proceso democrático en un país donde nunca ha existido nada parecido. Es probable (y esto supone el segundo escenario futuro del país) que las débiles instituciones libias puedan ser cooptadas tanto por otro personaje similar a Gadafi, aunque utilice el proceso democrático para legitimar su régimen, o una democracia dominada por elites políticas, económicas, e incluso tribales. Lo que planteo es una situación parecida a la que sucedió luego de la caída de la Unión Soviética con varios de los países que surgieron de las cenizas del bloque socialista.
  3. Democracia: Pero quizás, si algo de suerte se combina con algunas buenas señales dentro de la revolución libia, una democracia medianamente liberal, independiente y funcional puede empezar a ser construida dentro de las fronteras del país norteafricano. Sin embargo, los desafíos son enormes y las lecciones aprendidas de otras revoluciones similares no son nada esperanzadoras. Pero los libios que siguieron, apoyaron y sirvieron en la revolución pueden también convertirse en un poder importante dentro del futuro del país y el haber derrocado a su dictador puede darles la confianza, como con muchos egipcios, de mantenerse como un jugador activo en el futuro de su país.

¿Cuál será el futuro de Libia? ¿Otro dictador? ¿Guerra civil? ¿Democracia? Cuénteme lo que piensa, comente.

Recuerden que por suscribirse al blog (en la columna de la derecha) recibirán en su correo electrónico el artículo inédito “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década”.

Reencontrarse con el Realismo

De porqué desconfiar del futuro de las revueltas árabes

A principios de este año escribí un artículo donde, como reza en su título, sostenía que en el 2011 el mundo sería menos democrático. Decía, sobre todo recogiendo la tesis del informe del Índice de Democracia de la revista The Economist, que las tendencias en los países con regímenes mixtos (que no son ni democracias ni dictaduras, sino algo en el medio) los estaban llevando cada vez más hacia sistemas más autoritarios.

Sin embargo, un par de semanas después, las revueltas en el Mundo Árabe cogieron al planeta por sorpresa, dejando entrever lo que muchos creyeron sería el despertar (la “primavera”, decían) del pueblo árabe contra los dictadores que durante décadas los habían mantenido bajo su poder. El desarrollo de los acontecimiento nos convenció a muchos de que el 2011 si podría traer algunas buenas noticias para el mundo después de todo.

Pero como todos los entusiasmos repentinos, este también vivió su momento y en la actualidad se apaga su llama entre decepción, escepticismo y las humeantes ruinas en Hama y Trípoli.

Ya desde principios de año, muchos autoproclamados ‘realistas’ intentaban quitarle fuerza al entusiasmo general respecto al resultado de las revueltas árabes; decían que si éstas no eran aplastadas por las fuerzas de seguridad del dictador en el poder, los nuevos regímenes nacidos del derrocamiento de éstos no serían, ni mucho menos, mejores a los que habían sido expulsados. Los demás los ignoramos, dejándonos llevar aún más por la borrachera colectiva del idealismo.

Pero la realidad actual parece obligarnos a muchos a hacer un nuevo análisis sobre lo que resultará de la famosa “Primavera Árabe” y si las altas expectativas que alguna vez albergamos eran exageradas. Lo primero por evaluar es la situación de los países donde las revueltas derrocaron a los autócratas locales, esto es, ¿cómo van los procesos democráticos en Egipto y Túnez?  Pero, todavía más preocupante, ¿cuál será su futuro?

Lo primero está en los mismos procesos de establecimiento de una democracia funcional dentro de estos países. Las dudas sobre la verdadera posibilidad de que, desde lugares en donde nunca ha existido nada parecido a un sistema democrático liberal, de la noche a la mañana, aparezcan valores como la equidad, la libertad individual, el respeto por las minorías, la igualdad política o la transparencia en el proceso político.

De igual manera, un sistema democrático instaurado sobre una sociedad sin las capacidades y cultura para mantenerla vibrante y darle la profundidad necesaria, puede llevar a que en pocos años, o se regrese a la misma situación de régimen autocrático o a la creación de una democracia de papel, donde oligarquías se reparten el poder cada cuatro o cinco años.

Por otro lado, los temores que algunos analistas habían señalado desde el comienzo de las revueltas árabes de que éstas se convirtieran en plataformas para que los extremistas islamistas comienzan a parecer algo más que una difícil predicción. En cierta forma, la razón de que Estados Unidos y Europa apoyaran los regímenes autoritarios de personajes como Hosni Mubarak por años era porque garantizaban la estabilidad de sus naciones y luchaban contra los islamistas que buscaban aumentar su influencia en Medio Oriente. Era un trato sucio, pero funcionó por décadas. Y ahora la inestabilidad y el vacío de poder creado por las revueltas puede ser la oportunidad de oro para muchos fundamentalistas de buscar una posición ventajosa dentro del nuevo orden.

¿Realismo o idealismo? ¿El futuro de las revueltas árabes será de democracias, autocracias o regímenes islamistas? Cuénteme lo que piensa, comente.

Observatorio revolucionario (2 de 2)

Sobre cómo van las revueltas y manifestaciones de la Primavera Árabe.

(Lea la primera parte)

Cuando a finales del año pasado y durante los primeros meses de 2011, miles de personas llevaron su frustración y ansias de libertad a las calles de Túnez, El Cairo, Damasco y Trípoli. Las revueltas han seguido caminos diferentes sin embargo, desde el relativo éxito de los tunecinos y la difícil situación post-Mubarak en Egipto, hasta las represiones violentas en Siria y Bahréin, la intervención internacional en Libia y la guerra civil en Yemen.

El resultado de estos procesos determinará la conformación geopolítica de Oriente Medio y el norte de África y el futuro de otras revueltas similares contra regímenes autocráticos en el resto del mundo. ¿Cómo van las revueltas en cada país? ¿Han sido exitosas en encaminarlos a un futuro más democrático? ¿Qué pasará con los enfrentamientos entre gobiernos y manifestantes?

A continuación, una mirada rápida y por país, a cómo van las revueltas árabes:

Libia: impulsada por las protestas en la ciudad de Benghazi, al este del país, los ciudadanos libios dieron inicio a un conjunto de manifestaciones pro democráticas que llevó a su líder, Muammar Gadafi, en el poder desde hace 42 años, ha lanzado una violenta campaña para sofocar la rebelión.  Alertada de las violaciones de Derechos Humanos cometidas por los hombres de Gadafi, la comunidad internacional se movilizó y el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó el uso de la fuerza para proteger a los civiles libios. La OTAN intervino y desde entonces desarrolla una operación militar que implementa una zona de exclusión aérea. La situación ha decaído en una guerra entre los leales a Gadafi contra los rebeldes apoyados por la alianza internacional. Los rebeldes libios, que fueron acorralados casi hasta la derrota en los inicios de la acción de las fuerzas gubernamentales, han logrado, luego de avances y retrocesos, falta de comunicación, fuego amigo y falta de armas, municiones y preparación logística y militar, alcanzar puntos estratégicos y asegurar su posición. La victoria, parece, demorará un poco más, pero llegará. El mismo Gadafi se ha visto obligado en los últimos días a reclutar a mujeres y niños para defender Trípoli. Mientras tanto, el gobierno provisional de Benghazi, bastión de los rebeldes, ha logrado ganar el apoyo y reconocimiento de la comunidad internacional. La resolución de la guerra en Libia puede estar cerca, pero como las otras revueltas han demostrado, ni su desenlace, ni su resultado, pueden ser predichos con facilidad.

Yemen: este país se encuentra en el sur de la península arábiga, en un lugar estratégico para el comercio internacional, el paso por el canal del Suez y la provisión de petróleo árabe a Europa. Sin embargo, su importancia geopolítica es inversamente proporcional a su inestabilidad y malas perspectivas políticas. Docenas de tribus y clanes, y una fuerte presencia de Al-Qaeda y otros grupos terroristas, habían sido mantenidos bajo un débil control por el corrupto gobierno de Ali Abdalá Saleh, en el poder desde hace unos treinta años. Las revueltas árabes inspiraron un movimiento en las calles de la capital, Saná, que exigía la renuncia del presidente Saleh. El gobierno yemení, como tantos otros puestos en una situación similar, inició una represión combinada con tenues esfuerzos de negociar y apaciguar los ánimos de los rebeldes. Aún así, la dinámica del país capturó las protestas y pronto descendió a una guerra entre clanes, manifestantes, gobierno y Al-Qaeda. El Sur del país, con una de las ciudades principales, Adén, ha caído en manos de un movimiento separatista, mientras en la capital, el presidente y sus fuerzas pelan una guerra urbana con un poderoso clan rival que ya le representó un grave atentado donde sufrió quemaduras del 40% de su cuerpo y Estados Unidos, ansioso por el avance de Al-Qaeda en varias ciudades del sur y centro del país, utiliza sus aviones son tripulados en bombardeos guiados contra mandos del grupo terrorista. Yemen es el mejor ejemplo de cómo todo puede salir mal en esta “Primavera Árabe”, con violencia, inestabilidad y terrorismo.

Siria: el presidente Bashar al-Assad respondió al desafío planteado por las protestas de los ciudadanos sirios con igual dureza que Gadafi en Libia. Movilizando primero a su policía y luego al ejercito, utilizando tanques de guerra y aviones para sofocar manifestaciones de civiles desarmados. Las voces internacionales pidiendo una intervención internacional a la manera de la que se adelanta en Libia no se hicieron esperar, pero encontraron poco eco en el Consejo de Seguridad de la ONU que se ha limitado a condenar la represión en Siria y a implementar sanciones contra el círculo de al-Assad. Aún así, prácticamente abandonados de cualquier ayuda internacional, los manifestantes han seguido ganando terreno, inspirados por las mismas atrocidades del régimen. El ejército sirio, por ejemplo, ha empezado a ver las primeras deserciones de importancia, donde soldados que peleaban por Bashar se han unido a las protestas, sobre todo gracias a su negativa a cumplir la orden de atacar a sus compatriotas manifestantes. Lo cierto es que la oposición siria gana coherencia mientras el gobierno de al-Assad la pierde, los manifestantes aumentan su fuerza con cada matanza y acto de represión y el presidente sirio, paradójicamente, cava su propia tumba con su campaña de violencia.

¿Cómo cree que van las revueltas en el Mundo Árabe? ¿Cuáles serán sus resultados? Cuénteme lo que piensa, comente.

Recuerden que por suscribirse al blog (en la columna de la derecha) recibirán en su correo electrónico el artículo inédito “10/10: diez tendencias que cambiarán al mundo en la próxima década”.


Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 224 seguidores

¡Publique en RealpolitikMundial!

Si le gusta escribir sobre temas de actualidad política y política internacional participe enviando sus textos a santiagosilvaj@yahoo.com. 500 palabras, una foto y enlaces. ¡Haga parte del blog!

Síganme en Twitter