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Acuerdo en Ucrania >Crisis en Venezuela

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Ucrania y Venezuela recorren, a miles de kilómetros de distancia, pero con realidades políticas curiosamente similares, los caminos de la resistencia contra los hombres fuertes que los gobiernan. Las manifestaciones en Ucrania iniciaron en noviembre de 2013, luego que el entonces presidente, Viktor Yanukóvich decidiera estrechar sus vínculos con el gobierno de Vladimir Putin, en vez de acercarse a la Unión Europea (una perspectiva que implicaba su posible y futuro integro a la UE).

En Venezuela, una protesta en rechazo a varios hechos de violencia en el occidente del país, salida de control luego de la agresiva respuesta de las autoridades a las concentraciones estudiantiles del 12 de febrero de 2014. El presidente Nicolás Maduro, heredero del difunto Hugo Chávez, y gobernante de un país con profundos problemas económicos (desabastecimiento e inflación) y de seguridad, respondió con fuerza y su represión logró unir a la desorganizada oposición venezolana y radicalizar el país hasta el borde de la violencia organizada.

Tanto Maduro, como Yanukóvich se decidieron por la alternativa más sencilla y arbitraria, la represión violenta de las manifestaciones. Una herramienta de autócratas, pero que siempre tiene un doble filo; puede dar cuenta de firmeza para la facción del dictador, pero termina de polarizar a los manifestantes y, generalmente, llama la atención y el repudio internacional.

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The Big Picture – Boston.com

La intermediación de los países vecinos fue fundamental para alcanzar un pre-acuerdo en Ucrania y llevar al país a la situación de relativa calma y reforma democrática en el que se encuentra actualmente, pero ¿qué han hecho los vecinos de Venezuela por ayudar a superar la crisis?

En efecto, la diferencia entre los desarrollos de la situación de ambos países reside –hasta ahora- en las posiciones de los demás países (sobre todo los vecinos) en influenciar el desenlace del conflicto. En Ucrania, Rusia jugó un papel de apoyo a Yanukóvich, pero siempre con el freno puesto en las reacciones de los demás países europeos a los excesos. De igual forma, la Unión Europeo intentó en primer lugar darle una salida al presidente ucraniano, al ofrecerle un nuevo trato, pero ante su rechazo (presionado por Moscú, seguramente) inició una campaña de apoyo diplomático a la oposición, que incluyó, incluso, sanciones económicas.

El pasado 21 de febrero el presidente Yanukóvich y los opositores firmaron un acuerdo para intentar superar la crisis que atraviesa su país. Pero luego de la presión por parte de los opositores, el presidente ucraniano se exilió de la capital –y se rumora, del país-, mientras los líderes de la protestas formaron un gobierno de emergencia y convocaron a elecciones.

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The Big Picture – Boston.com

Ahora bien, en Venezuela el único actor internacional que hasta el momento ha actuado realmente es Cuba, que según reportes de los opositores, ha estado enviando aviones llenos de oficiales cubanos para apoyar a los leales a Maduro a reprimir las protestas. En efecto, Cuba tiene mucho que perder en la caída de los chavistas; su influencia internacional y el petróleo que Venezuela le regala son demasiado importantes para los Castro como para no dar la pelea.

Sin embargo, desconcierta un poco el silencio y la inacción del resto de países del hemisferio. Estados Unidos ha hecho algunas declaraciones aisladas (sobre todo en la voz no vinculante de sus congresistas latinos) condenando la violencia y advirtiendo a Maduro por la utilización de fuerzas excesiva. En la mayoría de los demás países la política ha sido el silencio. El presidente colombiano Juan Manuel Santos hizo un llamado al diálogo, pero luego de la airada respuesta de Maduro a la no intromisión en sus asuntos internos, Santos abandonó el tema.

Esperemos que los líderes de las Américas no esperen a que los asuntos se salgan de control, a que la violencia sea generalizada y huela a guerra civil o represión armada, para presionar al régimen venezolano a dejar de matar a su gente, y luego, quizás, a escuchar sus justos reclamos. Si no, a que inviten a Maduro (tan “cortésmente” como sea necesario) a dejar un lado la presidencia de su convulsionado país.

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¡Paperos del mundo uníos!

Fuente: Caracol.com.co

Fuente: Caracol.com.co

Sobre cómo reportan los medios internacionales el paro en Colombia

La política es un gran pantano en el que todos, de alguna manera, nos revolcamos. En efecto, es muy difícil oír opiniones, leer análisis, discutir puntos de vista sin ver en cada uno de ellos los prejuicios, posiciones e ideologías: la mugre que nos empantana el juicio. Además, resulta más complejo buscar esta “neutralidad” cuando los problemas son de política local y mucho peor, cuando pertenecen a la más inmediata coyuntura. Así pues, una manera de recoger opiniones –no tan- sesgadas sobre un hecho político cercano a nosotros es revisar la prensa internacional, leer sobre “cómo nos ven desde el exterior”.

Por supuesto, medio internacional no es sinónimo de imparcialidad, en muchos casos incluso, leerlos puede dar cuenta de ignorancia o de un análisis comparado falas (como cuando trasladan modelos de otros países al nuestro). Sin embargo, confío en lo valioso del ejercicio, sobre todo cuando el hecho que vivimos se ha inscrito en una polarización tan compleja como la que actualmente divide a Colombia.

La semana pasada, un par de cientos de miles de personas salieron a las calles en Colombia para manifestarse en contra del gobierno y –en principio- apoyando a los campesinos de varios departamentos que llevan unos quince días en paro. La respuesta gubernamental ha sido torpe y descoordinada, por momentos violenta, por momentos diplomáticaMás allá del hecho mismo, ya algunos analistas hablan del final de la posibilidad de reelección del presidente Santos, e incluso del ascenso de algo más complejo, una expresión más elaborada del descontento de los colombianos.

Pero ¿cómo vio el resto del mundo el comienzo del paro nacional colombiano?

  • Colombia Report se concentra en reportar y analizar eventos políticos en Colombia para el resto del mundo. Su artículo “The week Santos lost Colombia”, representa una fuerte crítica a lo que perciben como la desconexión del presidente con los problemas reales de los colombianos. Una curiosa lista sobre las cuestiones básicas que cualquier líder debe conocer sobre manejo de crisis, solo aumenta la exasperación con la incompetencia del presidente Santos. Al final, el autor, Kevin Howlett, señala “Dios sabe, ya era hora de que los colombianos empezaran a exigir más de sus gobernantes”.
  • Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute, escribió “Is the FTA Responsible for the Plight of Colombian Farmers?”, en el que evalúa si en realidad el TLC entre EEUU y Colombia es el responsable de la crisis del agro colombiano, como muchos de los campesinos y algunos políticos –particularmente el senador Jorge Robledo- señalan. Según Hidalgo, tres de los sectores productivos que más se han quejado (a saber: productores de papa, aves de corral y lácteos) no han sufrido un aumento de competencia significativo, sea porque sus productos todavía no han sido desgravados por el acuerdo (y continúan teniendo aranceles de entre el 25 al 160%), o porque el ingreso de productos no ha sido suficiente como para excluirlos del mercado (las importaciones de pollo de EEUU solo atienden el 4% de la demanda colombiana).
  • El Wall Street Journal reportó sobre las manifestaciones en Bogotá, enfocándose en los enfrentamientos entre policía y algunos manifestantes en la calles de la capital. En efecto, las imágenes de un video se centran en personas rompiendo las aceras para hacerse con piedras y ladrillos y los camiones blindados de la policía lanzando chorros de agua contra la conglomeración.
  • The Guardian se concentra de nuevo en las manifestaciones en Bogotá; señala cómo se unieron otros sectores sociales a los campesinos que se manifestaban por las políticas agrícolas y comerciales del presidente Santos. Para el periódico británico, “Santos ha sido incapaz e terminar con la huelga nacional”, mientras las circunstancias y exigencias de los manifestante se vuelven más complejas.
  • El portal Euronews se centra en reportar sobre la creciente violencia de las manifestaciones, mientras señala la difícil posición que vive el gobierno de Juan Manuel Santos, enfrentando las protestas y una compleja negociación con la guerrilla de las Farc. Terminan su nota con la expansión del descontento por otras ciudades y a otros sectores ajenos al campo.

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La hora de la clase media

protestas brasil

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre cómo el ascenso de la clase media mundial está cambiando la historia

Según el Banco Mundial, el PIB per cápita chino pasó de 949 dólares en el año 2000 a 5.445 dólares en 2011; de manera consecuente, en este mismo periodo el consumo de carne per cápita en China aumentó de 24.8 a 28.8 kilos y el de pescado pasó de 24.2 a 35.6, mientras el consumo de arroz se reducía de 82.8 a 77.7 y el de trigo de 72.5 a 61.6. De igual forma, la población urbana del gigante asiático (otro indicador de clase media) pasó del 19% en 1980 al 51% en 2011. La suscripción a telefonía celular por cada 100 habitantes pasó de 48 a 73 entre 2008 y 2011; los usuarios de internet por cada 100 personas pasaron de 22.6 a 38.4. La población viviendo con menos de 2 dólares diarios se redujo del 97.8% en 1981, al 27.2 en 2009.

De igual forma, la población urbana de Brasil pasó del 65% en 1980, al 85% en 2011. Su PIB per cápita de 1.931 dólares en 1980 a 12.164 en 2011. Mientras que las suscripciones a telefonía celular por cada 100 habitantes pasaron de 79 a 124 entre 2008 y 2011, y los usuarios de internet por cada 100 personas crecieron de 33.8 a 45 en el mismo periodo. La población viviendo con menos de 2 dólares diarios se redujo del 26.8% en 1981, al 10.8 en 2009.

Similar es el caso de Turquía, en donde la población urbana pasó del 44% en 1980 al 71% en 2011. El PIB per cápita se multiplicó por diez en los últimos 30 años, pasando de 1.560 dólares en 1980 a 10.124 dólares en 2011. Las suscripciones a telefonía celular por cada 100 habitantes pasaron de 42 a 89 entre 2004 y 2007, mientras los usuarios de internet por cada 100 personas pasaron de 34.4 a 42.1. La población viviendo con menos de 2 dólares diarios se redujo del 7.7% en 1987, al 4.7 en 2010.

Esta larga lista de datos busca mostrar algo: el ascenso de la nueva clase media mundial; un fenómeno social, político y económico que está cambiando la manera en que se comportan muchas sociedades alrededor del mundo y que bien puede ayudar a explicar desde la Primavera Árabe hasta las recientes protestas en Brasil y Turquía, y predecir la inevitable y posible inestabilidad política de los próximos años en China.

gráfico consumo y PIB China

La nueva clase media mundial tiene hábitos de consumo distintos, más exigentes, y de igual manera, pide mejores instituciones y reglas de juego sobre las cuáles organizar sus sociedades; es por eso que asuntos apartemente mínimos y aislados (desde la demolición de un parque en Estambul, hasta la realización de un Mundial de futbol en Brasil) se pueden ver como conexión de las necesidades cambiantes de la nueva clase media. Lo que podrían parecer excusas se han vuelto en detonantes que tienen a gobiernos enteros de países generalmente prósperos en verdaderas dificultades.

En efecto, como sostiene Moisés Naím en una reciente columna, Samuel Huntington señalaba a finales de los años 60 que la gran ironía de la prosperidad de los países en crecimiento es que crean con demasiada rapidez una clase media a la que no pueden atender efectivamente ni sus gobiernos o gobernantes.

La clase media es más difícil de satisfacer y más democrática que el resto de la sociedad. En efecto, sus intereses y necesidades son superiores que los de las clases bajas (que ocasiones pueden ser satisfechas con populismo y con esto suelen perdonar el autoritarismo), pero sin el poder y la influencia de las clases altas, a las medias solo les queda exigir una democracia y un sistema más equitativo y controlado que les permita velar por su posición.

Así pues, entre demostraciones, cánticos y gases lacrimógenos se gesta la más reciente revolución; el comienzo de la era de la clase media.

¿Realmente ha nacido una nueva clase media mundial? ¿Qué efectos tendrá para la política mundial? Cuéntenos lo que piensa, comente.

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Autoritarismo electoral

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre las protestas en Turquía y Brasil y qué significan para la democracia

En las últimas semanas, turcos y brasileros han salido a las calles a expresar su rabia y frustración con sus gobiernos. En Turquía, todo empezó luego de que una protesta en contra de la voluntad del gobierno de entregar un permiso para construir un centro comercial en el histórico parque Taksim en Estambul, fue reprimida violentamente por la policía. La indignación por la respuesta gubernamental alimentó entonces una ola de descontento que ha mantenido al primer ministro Recep Tayyip Erdogan asediado por el descontento y las críticas. Todo el asunto ha levantado serias dudas sobre la salud de la democracia turca.

La historia empezó con algunas similitudes en Brasil, en donde el incremento inusitado del valor pasaje de bus. Pero como suele pasar, los manifestantes iniciales fueron acompañados pronto por otros descontentos y otras causas; la corrupción y las preguntas sobre la inversión para el Mundial de 2014 se añadieron al listado de agravios de los brasileros. Pero hasta ahí las similitudes con el caso turco, porque la mesurada respuesta del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff contrasta con la represión liderada por Erdogan.

En efecto, como sostiene The Economist, Erdogan se ha inscrito, luego de reprimir las protestas de sus ciudadanos por la demolición del parque Taksim, junto a la larga lista de autoritarios electorales. En esencia, un autoritario electoral es el líder de un país relativamente democrático que “asume que ganar elecciones es toda la legitimidad que necesita” y que no tiene reparos en utilizar la fuerza si su autoridad es contestada.

Mientras el primer ministro turco respondió con autoritarismo y violencia a las protestas de sus ciudadanos (logrando solamente envalentonarlos más), la presidente de Brasil, Dilma Rousseff utilizó una aproximación tangencialmente opuesta a la Erdogan. La presidenta brasilera ha tomado una posición democrática ante una expresión legítima –por incómoda que sea- de sus ciudadanos.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Así pues,  las protestas hacen parte de las expresiones ciudadanas de una democracia; y solo cuando degeneran en violencia –y esto suele ocurrir solo luego de que son reprimidas sistemáticamente por el gobierno- pierden su legitimidad inicial. Al final, las protestas son el resultado de demandas sociales que no son escuchadas por medio de los canales institucionales convencionales; suponen una expresión  de la democracia participativa ante las dificultades de control social que en ocasiones supone la democracia representativa.

Revisar algunos datos de la World Values Survey nos puede traer algunas luces sobre lo que pasa y cómo entienden su realidad política los ciudadanos de Brasil y Turquía. En efecto, al preguntarles por la que debe ser la prioridad de sus países, el 59% de los brasileros y el 64% de los turcos señalan que el crecimiento económico sostenido. Pero curiosamente, el 25% de los brasileros también apuntan a la posibilidad de que las personas sean escuchadas, frente al 11,2% de los turcos, y solo el 6,1% de los brasileros apuntan al “embellecimiento de las ciudades”, frente al 9,4% de los turcos.

Al final, las diferencias sobre cómo asumieron las protestas líderes turcos y brasileros hablan sobre la madurez y estabilidad de sus democracias y probablemente auguran futuros muy distintos para ambos movimientos ciudadanos.

¿Qué otras cosas sobre la democracia nos dicen las protestas en Brasil y Turquía? ¿Cuál será el futuro de los manifestantes? ¿Qué pasará con los presidentes Rousseff y Erdogan y sus decisiones respecto a las protestas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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