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¿Por qué se concentra el homicidio en América Latina?

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Miembros de la policía hondureña patrullan las calles de San Pedro Sula, “la ciudad más violenta del mundo”. Fuente: The Big Picture – Bostonglobe.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Incluso con las recientes mejoras en los indicadores de homicidio en la mayoría de las ciudades de América Latina y el Caribe, la región continúa siendo el espacio geográfico que más concentra este fenómeno violento. En efecto, aunque solo el 8% de la población mundial vive en Latinoamérica y las islas del Caribe, en la región se produce el 33% de los homicidios del globo. Peor aún, en 2012 el 12,8% de los homicidios del planeta se produjeron en Brasil, el 5,9% en México, el 4% en Colombia, y el 3,22% en Venezuela, de acuerdo a datos del Igarape Institute.

Por supuesto, el homicidio en la región sigue unas particularidades. La primera, su asocio con el narcotráfico. La segunda, su concentración en la población joven masculina, de hecho, el 85% de las víctimas en América Latina y el Caribe son hombres, por encima del promedio mundial de 78%. Y la tercera, el uso extensivo de armas de fuego, por ejemplo, en el 78% de los casos colombianos y en el 64% de los mexicanos en 2012.

Finalmente, la concentración geográfica. Los homicidios en la región están concentrados en países, subregiones y ciudades particulares. Incluso dentro de las ciudades hay barrios, calles y esquinas en donde los casos de homicidio de acumulan e incluso, resisten las intervenciones públicas y las tendencias de reducción que se presenten en algunos países.

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 ¿Y sobre las causas?

Hay pocos consensos, por supuesto, para explicar la magnitud y resistencia del fenómeno del homicidio en America Latina y el Caribe. La primera razón popular es el narcotráfico, es decir, la presencia sustancial de alguno de los eslabones -o todos- del negocio de drogas ilegales en el país, la subregión y/o la ciudad afectada por altas tasas de homicidio.

La segunda es la exclusión, en términos sociales y económicos. En efecto, buena parte de las víctimas y victimarios parecen compartir características de marginalidad, desde pobreza y hacer parte de una minoría étnica, hasta juventud y desempleo. Los países latinoamericanos y del Caribe no son, en su mayoría, países pobres, pero la desigualdad rampante y los pocos canales de movilidad social los convierten en sociedades con sectores poblacionales excluidos en donde se concentran fenómenos perversos como el homicidio y la criminalidad en general.

La tercera, la urbanización descontrolada. Esto es, el aumento exponencial e informal de la urbanización, que implica dificultades de gobernabilidad de los nuevos territorios, y la exacerbación de las situaciones históricas de exclusión y desigualdad que ya presentan las comunidades.

Y la cuarta, la debilidad relativa de los Estados latinoamericanos, que combinan un escepticismo natural al papel de la fuerza pública, con la poca legitimidad de las instituciones políticas y la baja efectividad de la justicia.

Por supuesto, estas explicaciones no son excluyentes, es más, pueden ser complementarias alrededor del por qué de la concentración de la violencia homicida en América Latina y el Caribe. El problema suele ser que, ante tantas razones sospechosas de ser culpables del fenómeno, la acción de los gobiernos y sociedades afectados por estos asuntos suele ser dispersa y en ocasiones, poco sostenida, lo que crea ciclos de apaciguamiento y exacerbación del homicidio. Esto no quiere decir que no haya iniciativas interesantes y que parecen estar consiguiendo resultados, pero la resiliencia de la violencia ha puesto a prueba a los gobiernos latinoamericanos y del Caribe; haciendo de la seguridad una tarea inconclusa que con cada muerto se convierte en más prioritaria para la agendas de los gobiernos y sociedades de la región.

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Narcotráfico, violencia y migración ilegal

Narcotráfico, violencia y migración ilegal: la reciente crisis en la frontera de Estados Unidos y México por el aumento del flujo de inmigrantes –particularmente niños– desde varios países de Centroamérica ha puesto de nuevo el debate sobre las políticas migratorias del país del norte y las dificultades y peligros que corren los emigrantes ilegales expulsados de los países del sur del continente.  El primer gráfico da cuenta de las tendencias migratorias en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Colombia, todos países expulsores y en su mayoría -aunque no exclusivamente- hacia Estados Unidos. Curiosamente, estos datos dan cuenta de una reducción importante en la cantidad de emigrantes desde estos países en los últimos años, en efecto, el final de los años 90 supuso el momento de mayor expulsión en la muestra, con al menos un millón de personas migrando desde estos países.

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Ahora bien, Estados Unidos es el país con mayor recepción de migrantes del mundo. En las pasadas tres décadas, ha recibido algo más de treinta millones de personas. México, su vecino del sur, es uno de los países con mayor número de población expulsada y por supuesto, una importante participación en las tendencias del mismo debate migratorio en suelo estadounidense. Así, la población de inmigrantes ilegales en Estados Unidos en 2012 era de once millones cuatrocientos mil personas, una cifra que se ha mantenido estable desde su últimos incremento significativo al principio de la década del 2000.

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Las dos gráficas siguientes, comparan la población inmigrante y el promedio de la Tasa de homicidio por cien mil habitantes de Colombia y Guatemala. en ambos países parece existir una coincidencia entre la reducción del homicidio y la reducción de la migración (aunque en Colombia la relación no parezca tan clara en los años 80). Sin embargo, la violencia que sufre un país (sobre todo los brotes e incrementos) pueden verse como una de las razones principales por las que los latinoamericanos emigran hacia otros países.

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Irónicamente, buena parte de esa violencia se puede explicar en la instrumentalización por parte de las expresiones criminales de los países de la región del negocio del narcotráfico como fuente de financiación e interés en disputa. Es la misma guerra contra las drogas que promueve Estados Unidos la que está expulsando a los inmigrantes centroamericanos que inundan su frontera.

Las personas no suelen emigrar porque odien sus países o porque quieran hacer parte de una sociedad que, en la mayoría de los casos desconoce: hay una necesidad transversal a casi todos los inmigrantes. Quienes salen de sus países, sobre todo para ingresar a otro de manera ilegal, lo hacen porque les toca, no porque sea lo que quieran.

Mejor dicho, la inmigración de este tipo está explicada por las dificultades en las condiciones de vida del país expulsor y no tanto en las buenas condiciones que los esperarían en el país receptor. Esto no quiere decir que las “oportunidades” no influyan en la decisión que toman los inmigrantes del lugar al que quieren ir, pero el flujo, y sobre todo el aumento inesperado del mismo, tiene mucho más que ver con conflictos, choques o crisis en el país expulsor.

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La gran mayoría de los migrantes ilegales que viven en Estados Unidos son originarios de México y Centroamérica y aunque la cercanía y facilidad del traspaso explique una parte de este fenómeno, la violencia y los problemas económicos resultan el factor desencadenante de la migración. Una política migratoria integral no solo debería dedicar esfuerzos a regular la entrada y salida al país, sino, y sobre todo, intentar mitigar y compensar los efectos de la violencia y los desafíos de desarrollo en los lugares de origen de los migrantes.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre México, el PRI y la guerra contra los narcos

Cansados de una costosa y frustrante guerra contra el narcotráfico, lanzada por el saliente presidente Felipe Calderón en 2005, los mexicanos eligieron el fin de semana pasado al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, como su nuevo presidente.

Pero el regreso del PRI al poder político en México ha levantado muchas dudas sobre el futuro del país. En primer lugar, por su tradición como fortín de clientelistas, corruptos y autoritarios. Al fin de cuentas, el Partido dominó la política y sociedad mexicana por algo más de setenta años hasta que en el 2000 fue derrotado en las urnas por el PAN de Vicente Fox.

Por otro lado, la falta de claridad sobre la estrategia que asumirá el nuevo presidente y su partido frente a la lucha contra el narcotráfico no ayuda a despejar los rumores de una lógica de ‘acomodación’ entre carteles y políticos. Algo similar a lo que se vivía en México antes de que Calderón iniciara su tristemente célebre guerra.

El mismo Peña Nieto, más allá de los bien merecidos cuestionamientos a sus capacidades para dirigir un país, representa una figura débil y fabricada, lo que podría implicar muy altos niveles de injerencia de la vieja dirigencia del PRI en su gobierno. Si, aquellos corruptos y clientelistas, ambivalentes frente al narco, podrían terminar tomando las decisiones en esta no tan nueva etapa de la política mexicana.

El candidato de la izquierda, Manuel López Obrador, denunció al final de los comicios la ocurrencia de fraude generalizado durante las elecciones. Sus denuncias bien no podrán tener más repercusiones que las de subrayar su papel como oposición política de la nueva y aplastante mayoría del PRI, sin embargo, también suponen la posible canalización de una ola de descontento de una proporción importante de los mexicanos con el resultado de las presidenciales y el retorno del viejo orden.

Por otro lado, la ausencia de violencia en las elecciones no puede verse como una señal de alivio. Los criminales mexicanos conocen muy bien las viejas reglas del juego, saben que asesinar e incluso intimidar es mucho menos eficaz que cooptar. Las mismas denuncias de fraude de López Obrador bien podrían referirse a este tipo de actividades y alianzas entre políticos (no solo del PRI pero si en gran medida) con narcotraficantes y mafiosos locales.

Todo esto implica que la lucha contra el narcotráfico en México sufrirá enormes cambios en los próximos meses. Sea porque se imponga una paz cómplice entre gobierno federal y narcotraficantes o porque la incapacidad del mismo Peña Nieto y la poca disposición de los gobiernos estatales y la policía a combatir a la mafia.

Peña Nieto también debe asumir que su elección (y la derrota de la candidata del partido de Calderón, que quedó en un lejano tercer puesto) supone un mandato para re direccionar la guerra contra el narcotráfico. Y en la cansada sociedad mexicana, esto puede entenderse como el apaciguamiento antes que la imposición del imperio de la ley o la atención de los problemas de fondo en el fenómeno de la violencia mafiosa.

¿Cree que el PRI ha cambiado en los últimos 12 años? ¿Era Peña nieto la mejor opción para México en esta coyuntura? ¿Cuál es el futuro de la guerra contra el narcotráfico? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Descenso al infierno

Fuente: hispanidad.com

De cómo Centroamérica se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo

El terrible incidente acontecido en una cárcel hondureña el pasado 15 de febrero, cuando un incendio llevó a la trágica muerte de más de 350 de los reclusos deja ver mucho más que la falta de previsión o la intransigencia de los guardas. En realidad, habla sobre la realidad política y social de buena parte de Centroamérica y sirve de macabro ejemplo para entender las dinámicas de la región en los últimos años.

Centroamérica ha vivió en los últimos años un doloroso proceso de desinstitucionalización y agudización de la problemáticas de violencia y pobreza que llevan al pesimismo sobre sus perspectivas a futuro. Con las representativas excepciones de Costa Rica y Panamá, toda la región se encuentra en una situación que hace suponer que los años por venir serán particularmente difíciles para sus gobiernos y ciudadanos.

Por un lado, la violencia se ha incrementado a un ritmo dramático. Entre 1999 y 2009, la tasa de homicidios en Honduras se duplicó, pasando de 42,1 a 82,1 y alcanzando el primer lugar a nivel mundial. El segundo lugar lo ocupa El Salvador, con una tasa de 66 homicidios. Tanto Guatemala, Nicaragua y Panamá han sufrido también aumentos en la última década, aunque no tan drásticos. Para darle algo de perspectiva a estos datos sería bueno saber que la tasa de México es de 18,1, mientras la de Colombia es de 33,4. En efecto, Centroamérica es actualmente la región más violenta del planeta.

Esta tendencia se puede explicar en dos difíciles y complejas dinámicas que han caído como pestes sobre los países centroamericanos. Por un lado, el incremento de la presencia de carteles del narcotráfico (en especial venidos de México a cuidar las rutas de la droga colombiana), y por el otro, la configuración de las famosas ‘maras’ o pandillas luego de la deportación de cientos de sus miembros desde los Estados Unidos en los años noventa.

Pero los países centroamericanos también sufren por la incompetencia y falencias de sus gobiernos. Algunos analistas han incluso sugerido que Honduras, El Salvador y Guatemala sean vistos como Estados potencialmente fallidos, un término que hasta hace poco se le reservaba a algunos países africanos inmersos en guerras civiles y crisis humanitarias. Pero aunque el apelativo pueda parecer drástico, la realidad compite por cumplir sus expectativas.

El caso es que los débiles gobiernos de estos países han perdido gobernabilidad e incluso control territorial frente a pandilleros y narcotraficantes, una situación a la que los desafíos sociales y económicos de su empobrecida población no ha ayudado. De igual manera, y como quienes hemos vivido en países con problemas de narcotráfico y violencia del crimen organizado bien conocemos, las débiles instituciones democráticas han hecho poco para soportar el embate de la ilegalidad y la corrupción política y policial se ha convertido en la regla.

La tragedia de la semana pasada en la prisión hondureña fue solo una consecuencia más de la difícil situación que viven los países centroamericanos y demuestra los enormes retos que les depara el futuro a sus debilitados gobiernos.

¿Cómo puede enfrentarse la situación en Centroamérica? ¿Están sus problemas determinados únicamente por el narcotráfico? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Pros y contras de la legalización

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre los beneficios y perjuicios que nos traería legalizar el negocio de las drogas

Durante su reciente visita al Reino Unido, el presidente colombiano Juan Manuel Santos ha vuelto a poner en la mesa la discusión sobre replantearse la lucha contra las drogas, sobre todo y como siempre, atendiendo a la cuestión de la legalización. Sin embargo, no fue más que eso, un llamado a discutir el tema, lo que, en cualquier caso, se ha hecho durante muchos años. Aun así, vale la pena revisar, en el marco de lo que propone Santos, los diferentes argumentos apoyando y atacando la posibilidad de una legalización de las drogas.

A continuación entonces, una breve lista de los pros y los contras de legalizar la droga.

Pros

  1. Reducir las fuentes de financiación de las mafias y grupos terroristas: la mayoría de las organizaciones criminales internacionales se financian, de una y otra forma, con la producción, tráfico y venta de las drogas ilícitas; desde las mafias colombianas y mexicanas, hasta los talibanes afganos. Si el negocio pierde su estatus de ilegalidad, las ingentes ganancias se reducirían muchísimo y el comercio de drogas perdería su lucrativa clandestinidad.
  2. Mejorar las posibilidades de controlar y atender a los adictos: así como se hace con el tabaco o el alcohol, si la producción y comercialización de drogas fuera legal, los gobiernos podrían controlar no solo la calidad del producto, sino monitorear y atender con mayor facilidad a adictos y consumidores.
  3. Posibilitar la tributación del negocio: por supuesto, como con todo negocio legal, el Estado podría recolectar impuestos sobre la producción y venta de la droga. En efecto, se conseguirían con toda seguridad muy buenos ingresos sobre este comercio multimillonario.
  4. Enfoque preventivo sobre coactivo: finalmente, está el asunto de la posibilidad de consumir como parte de las decisiones individuales tomadas en el marco de la libertad de las personas. Esto es más complejo de lo que parece, sin embargo, es claro que un enfoque sobre el consumo más preventivo (que facilitaría la legalización) que coactivo, sería menos invasivo y restrictivo de las libertades individuales de los ciudadanos.

Contras

  1. Las mafias se debilitan, pero no desaparecen: la legalización del negocio podría acabar con los inmensos ingresos que de este negocio llega a las organizaciones criminales, pero no acabaría con ellas, es más, cabe la posibilidad que como buenos hombres de negocios, las mafias simplemente decidan diversificar a otros sectores de la economía ilegal. Las mafias son un problema de aplicación de la ley y debilidad estatal, no de que existan actividades prohibidas, por eso, la legalización no puede verse como la panacea al atender la cuestión global del crimen organizado.
  2. Nuevos, y no menos complejos, desafíos: la legalización cambiaría del enfoque coercitivo al preventivo, pero esto no supone una simplificación del problema; atender adictos es tan complejo como luchar porque no tengan acceso a las drogas. De igual manera, el mayor y más fácil acceso a las sustancias, aunque con seguridad no lleve a un aumento apocalíptico del consumo como algunos creen, si mejorará las posibilidades de muchas personas de acceder y eventualmente convertirse en adictos. El Estado y la sociedad, sea cual sea el enfoque que siga, no podrá lavarse las manos del problema tan fácilmente.
  3. Sobre lo que se va a legalizar: ¿vamos a legalizar la marihuana, la cocaína, la heroína y las drogas sintéticas? ¿o solo la marihuana? Porque según lo que se escoja las consecuencias de la legalización podrían traer consigo algunas combinaciones de los pros y los contras de los que hemos hablado. Mejor dicho, legalizar la marihuana parece el más sencillo de los acuerdos, pero también resultaría ser el más irrelevante en términos de la lucha contra las drogas y la atención de adictos. De igual manera, podríamos legalizar la heroína, una de las sustancias más dañinas y adictivas, pero con seguridad esto supondría un reto social y político enorme.

¿Es la legalización la salida al problema de las drogas? ¿Qué otros pros y contras supone esta opción? Cuénteme lo que piensa, comente.

La alianza central

Sobre lo que Colombia le puede enseñar a los países centroamericanos en la lucha contra el narcotráfico.

El pasado 22 de junio, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, participó en la conferencia sobre seguridad centroamericana realizada en Guatemala. Los países centroamericanos se han estado enfrentando en los últimos años a un incremento en la actividad de las mafias de narcotraficantes en sus territorios. Sus líderes, que reciben la presión de sus ciudadanos por mejorar los esfuerzos de sus Estados en la lucha contra estas organizaciones, han iniciado varias iniciativas para mejorar sus capacidades para combatir al crimen organizado y la violencia asociadas al tráfico de drogas.

Santos, en su intervención durante la conferencia, defendió un enfoque integro en la guerra contra las drogas, donde toda la cadena del tráfico ilegal de estupefacientes sea atacado. Colombia, al fin de cuentas, tiene mucho que enseñar a sus vecinos, desde los peruanos (que se convirtieron en 2010 en los principales cultivadores de coca del mundo), hasta los centroamericanos y mexicanos (que viven en los lugares sin guerra más peligrosos del mundo), sobre la manera de enfrentar este increíble desafío. Una mayor cooperación, no solo en medios sino en know how, puede representar un fortalecimiento del esfuerzo conjunto por derrotar a los carteles de la droga y a la violencia e inestabilidad que estos producen.

Tanto en el marco de la conferencia centroamericana, como en sus relaciones bilaterales con Perú y México, Colombia, que cuenta con algunos buenos resultados que mostrar, puede enseñarles, entre otras cosas, algunas de estas lecciones:

  1. En la cooperación está la clave: la primera lección parece obvia y sin embargo, es la que menos se ha aplicado en la lucha global contra el narcotráfico. Los esfuerzos de países solitarios, incluso de un par de Estados, pueden verse frustrados con facilidad por la ineficacia o inoperancia de un tercer país que se encuentre en algún eslabón de la cadena. Mejor dicho, Colombia puede utilizar todos sus recursos en combatir a los grupos armados que protegen los sembrados de mata de coca, pero si los países vecinos son incapaces (o no quieren) atacar fenómenos como el tráfico de armas o la misma salida de la droga por sus fronteras, el esfuerzo no solo es frustrante, sino que puede resultar inútil.
  2. Inteligencia y contrainteligencia: el presidente Santos lo dijo, con toda razón, en Guatemala, la mayor fuerza (y el mayor peligro para los Estados) de las organizaciones narcotraficantes, es su capacidad para infiltrar y cooptar las instituciones del Estado. No es raro, además, que pretendan hacerlo, pues al fin de cuentas, esto les puede garantizar apoyo político, inmunidad judicial y policial e incluso algunos nuevos recursos (¡los públicos!) de los que echar mano. Este es un fenómeno que hemos visto con demasiada frecuencia en Colombia, desde Pablo Escobar en el Congreso, hasta los pactos de la “parapolítica”. Tanto recursos en inteligencia y contrainteligencia son importantes para combatir las infiltraciones, aunque también resulta fundamental:
  3. Un vigoroso sistema de justicia: los criminales se nutren de la debilidad institucional del lugar en donde delinquen. Son agentes del caos y la falta de presencia de un Estado fuerte, o incluso mínimamente funcional, facilita su capacidad de delinquir con impunidad. Esa esta, finalmente, la posibilidad de no pagar por los crímenes cometidos, el mayor incentivo para los narcotraficantes. Un sistema de justicia vigoroso es aquel que, en derecho, funciona eficientemente y además, es lo suficientemente fuerte para resistir la corrupción del dinero de los criminales y sus amenazas.   
  4. Competencia por territorio: finalmente, las bandas de narcotraficantes son, en esencia, mafias, organizaciones criminales estructuradas que buscan incrementar y proteger sus intereses económicos utilizando el dinero ganado en los negocios ilegales o la capacidad de ejercer violencia. Así, la guerra contra las mafias narcotraficantes se termina convirtiendo en una por el control que éstas ejercen en el territorio, donde, además, pretenden reemplazar muchas de las prerrogativas del Estado. Los narcos extorsionan (cobran impuestos), ajustan cuentas (ejercen justicia) e incluso financian obras públicas para mejorar su imagen entre la población. El Estado debe configurarse, a través de una presencia vigorosa y sostenible y de una promoción de la gobernabilidad y la utilización efectiva de los recursos públicos, en una opción viable y atractiva frente a la que representan el dinero y la justicia rápida de los carteles.

 

¿Qué otras lecciones puede enseñar Colombia a los países de Centroamérica? ¿Tiene alguna posibilidad de éxito la Guerra contra las Drogas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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#MakledUSA

De porqué el narco venezolano Walid Makled debe ser extraditado a Estados Unidos y no a Venezuela. 

El próximo sábado 9 de abril, los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Hugo Chávez, sostendrán la tercera reunión en el marco de las renovadas buenas relaciones entre ambos países. Los “nuevos mejores amigos” se disponen a firmar una cantidad importante de acuerdos y convenios binacionales. Pero como en todas estas reuniones sin embargo, la firma de tratados es solo una excusa para asuntos de mayor importancia, en este caso, el futuro de las mismas buenas migas presidenciales y, por supuesto, los elementos funcionales de esta inesperada alianza.

La reunión de este fin de semana además, presentará el primer verdadero desafío a las relaciones entre los dos países desde que, a pocos días de llegar Santos al poder, se restablecieran los canales diplomáticos y comerciales.

Todo se debe al señor Walid Makled, un ciudadano venezolano capturado en Cúcuta el 18 de agosto de 2010, un día después de que fuera pedido en extradición por un juzgado de Nueva York. Inmediatamente, como alarmado por la posibilidad de que Makled fuera enviado a Estados Unidos, el gobierno venezolano emitió su propia petición de extradición contra el presunto narcotraficante.

La Sala Penal de la Corte Suprema colombiana, interrogada sobre el lío jurídico de los dos destinos para la extradición, dictaminó que era potestad del gobierno nacional decidir a qué país enviaría a Makled. Santos se apresuró a asegurarle a Chávez que lo enviaría a Venezuela, pero los inconvenientes no pararon ahí.

Ahora bien ¿por qué es tan importante Makled?

Desde que cayó en poder de las autoridades colombianas el narco venezolano ha dejado saber que cuenta con información sobre la participación a gran escala del gobierno venezolano en actividades de narcotráfico. Tanto Estados Unidos, como el gobierno de Chávez quieren tener acceso a esas pruebas, para utilizarlas o desmentirlas, según les convenga. Las negociaciones y presiones ya han empezado, Chávez, por ejemplo, canceló la visita de la semana pasada a Colombia por fallas mecánicas de su avión, una decisión que dejó a muchos sospechando que en realidad la ausencia era una amenaza velada. Estados Unidos, por otro lado, ha optado por la zanahoria y la versión de una posible reunión Obama-Santos esta semana (donde se podrían alcanzar compromisos respecto al TLC) ha estado creciendo desde hace unos días.

Y Colombia en el medio.

¿Qué debe hacer Santos entonces? ¿Honrar la promesa que le hizo a Chávez de entregarle a este incomodo criminal y proteger así las relaciones binacionales? o ¿Cumplir con la orden de extradición inicial y con la tradicional cooperación con Estados Unidos contra el narcotráfico?

Santos lo enviará a Venezuela, aunque no debería hacerlo. Lo hará porque teme más la reacción de Chávez que la de Estados Unidos. Sin embargo, que mantenga al presidente vecino contento no quiere decir que sea lo mejor para Colombia. Y no lo es porque tomar abiertamente el lado de los venezolanos en un enfrentamiento con nuestro principal aliado internacional es tan torpe como contraproducente para nuestros intereses. El Congreso estadounidense, con mayoría republicana desde el año pasado, no verá con buenos ojos que Santos haya escogido promover la impunidad de los oficiales venezolanos salpicados por las acusaciones de Makled, protegiendo al debilitado Chávez, que se acerca además a unas elecciones. Igualmente, la reacción de las autoridades estadounidenses puede erosionar la cooperación y confianza mutua, ¿por qué entonces, habrían de compartir información con los colombianos si éstos van a aprovecharla a favor de Chávez, esto es, del narcotráfico?

Santos se equivocará el 15 de abril (o antes), cuando anuncie el envío de Makled a Venezuela, pero las consecuencias de esta acción, estoy seguro, resonarán durante mucho tiempo y nada bueno traerán para Colombia.

¿Qué le conviene más a Colombia, extraditar a Makled a Venezuela o a Estados Unidos? ¿Cree que Makled dice la verdad? Cuénteme lo que piensa, comente.


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