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Reformas necesarias

Fuente: nacionesunidas.org.co

Sobre la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene como misión mantener la paz y seguridad mundial, una tarea difícil, por supuesto, pero fundamental bajo el nuevo orden establecido luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la forma como fue diseñado le impide actuar en la mayoría de los casos importantes y esto ha supuesto no solo el desprestigio de su función, sino el crecimiento del escepticismo frente a la misión fundamental del Consejo y de la misma ONU: la prevención de la guerra y la protección de los derechos humanos.

El más reciente de estos casos de negligente inactividad es el de Siria. Pues en las ultima semanas, las protestas que han sacudido al país por casi un año se han transformado peligrosamente en los momentos previos de una guerra civil. Bashar al-Assad, el presidente sirio, ha mantenido una campaña de represión que ha cobrado, según estimativos conservadores, miles de vidas.

El día sábado, un grupo de países, encabezado por Estados Unidos y sus aliados, incluyendo el apoyo legitimador de la Liga Árabe, presentó una propuesta de resolución al Concejo de Seguridad en donde se instaba firmemente a al-Assad a dejar de matar a su gente, a permitir las demostraciones pacificas y a dejar entrar a los representantes de las agencias internacionales y humanitarias a su país.

La propuesta no fue aprobada sin embargo, porque Rusia y China la vetaron. No es que hayan votado en contra, sino que utilizaron su poder de impedir que una iniciativa sea siquiera votada. Los países comparten esta capacidad junto a los otros tres miembros permanentes del Concejo de Seguridad, Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Este mecanismo, ideado luego de la Segunda Guerra Mundial para que los vencedores pudieran impedir que nada que los incomodara demasiado se ordenara desde el concejo, se ha convertido en una manera de que nada, absolutamente nada, se haga en la mayoría de las situaciones más complejas y urgentes del planeta.

El apoyo de Rusia y China por el régimen sirio puede tener dos explicaciones, que no son, por supuesto, excluyentes. La primera es un interés económico, particularmente, por la compra de armas que al-Assad hace regularmente a las dos potencias (es con esas mismas armas, claro está, con que el dictador sirio masacra a su gente). La segunda razón es geopolítica y hiede a las dinámicas propias de la Guerra Fría, cuando Rusia defendía sus intereses contra Occidente.

Pero algo incluso más importante que la desastrosa decisión y sus implicaciones para el futuro de los sirios, trae este último desatino del Consejo de Seguridad. Pues todo esto nos confirma que si la ONU desea mantener su relevancia en los asuntos globales, tiene que emprender una serie de reformas pendientes desde hace años. La principal: reemplazar al Consejo de Seguridad por la Asamblea General como máxima instancia del organismo o por lo menos,  la derogación del derecho de veto y la ampliación de los miembros permanentes.

Estas no son reformas fáciles de emprender y es poco probable que las veamos discutiendo dentro de la ONU en el futuro cercano, sin embargo, son necesarias, fundamentales si se quiere, para la relevancia, pertinencia e incluso supervivencia de las Naciones Unidas.

¿Se debe intervenir en siria? ¿Funciona el sistema actual del Consejo de Seguridad? ¿Cómo debería reformarse? Cuénteme lo que piensa, comente.

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De protestas a Guerra Civil

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el aumento  de la violencia en Siria

Con cada día que pasa y mientras las calles de Damasco , Hama y Homs se cubren de sangre, las protestas del pueblo sirio que piden la dimisión del régimen de Bashar al-Assad se han tornado, ante la brutal represión del gobierno, de una violencia que hace temer una guerra civil en este país de Medio Oriente.

En efecto, las últimas semanas han visto el enfrentamiento entre facciones armadas, desertores del ejército y las fuerzas de al-Assad en más de una docena de ciudades y pueblos sirios, incluyendo los suburbios de la capital. Los meses anteriores habían visto como una desorganizada y heterogénea oposición organizaba espontaneas protestas y demostraciones. Ahora, sin embargo, cuentan con un nombre y una facción armada, el “Ejército sirio libre”. Así, las fuerzas de al-Assad no solo reprimen a los manifestantes, sino que se enfrentan en la actualidad a antiguos soldados que se han unido a la oposición y que empiezan librar batallas por ganar posiciones en diferentes partes del país.

Preocupados por la situación, los líderes del mundo árabe (menos Irán, por supuesto) y Occidente han instado al régimen de al-Assad a hacerse a un lado, abandonar la represión violenta y permitir las manifestaciones pacificas de los sirios. El problema es que en Siria, como lo que suele pasar, hay muchas cosas más en juego aparte del porvenir del país: el futuro geopolítico de Medio Oriente y la intrincada red de alianzas en la región.

Así pues, los rusos, aliados del régimen de al-Assad, han hecho expreso su rechazo a cualquier intentona de la comunidad internacional (en este caso del Concejo de Seguridad de la ONU) de imponer sanciones o atacar en cualquier modo a la dictadura siria. El Concejo se reunió sin embargo el día de ayer, buscando aprobar una resolución que exhorte al presidente sirio a dejar el poder.  Los países árabes, en representación de la Liga Árabe, han defendido una resolución de este tipo, pero que en ningún caso lleve a una intervención militar extranjera. Estados Unidos y Gran Bretaña se unieron a ese llamado. Francia se mostró exceptiva frente a la utilidad de una resolución tan “débil”, pero aún así la apoya.

Pero gracias al deficiente sistema ideado para el Concejo de Seguridad, Rusia puede vetar cualquier resolución (al igual que cualquiera de los otros cuatro miembros permanentes, a saber, EEUU, Francia, Gran Bretaña y China). Aún así, el hecho de que se estén discutiendo en el seno del más importante organismo internacional la situación en Siria y por supuesto, que gran parte de la comunidad internacional (incluyendo una porción importante del Mundo Árabe) condene las actuaciones de Bashar al-Assad, implica un golpe para el tirano sirio y una victoria, aunque sea moral, para la oposición.

¿Qué va a pasar en Siria? ¿Ganará al-Assad? ¿Lo hará la oposición? ¿Intervendrá más activamente la comunidad internacional? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Desplegados para la paz

Desplegados para la paz: las fuerzas de paz de la ONU realizan actualmente 15 misiones en todo el mundo. La más antigua, en Medio Oriente, data del año 1948, y las dos más recientes, que actúan en la jóven República de Sudán del Sur y la región de Abyei, iniciadas en 2011. El mapa da cuenta de datos sobre los años de inicio, los uniformados y civiles desplegados y las bajas globales (es decir, la acumulación histórica) de las misiones actuales de las Fuerzas de Paz de la ONU. Fuente: un.org

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¿Utopía?

Fuente: The big picture - Boston-com

Sobre la paz mundial

Se puede decir que existe un consenso casi universal sobre el valor intrínseco que tiene la paz entre los hombres. Incluso aquellos pueblos que han dedicado su existencia al conflicto han reconocido los periodos de paz como buenos, al menos, para “prepararse para la guerra”, como reza un viejo proverbio romano.

El caso es que podríamos asegurar, sin mucho miedo a equivocarnos, que la mayoría de las personas, en casi todos los lugares y circunstancias vitales prefieren la paz a la guerra.

Pero ¿Qué es la paz? ¿Es una situación de perfecta armonía entre los hombres? ¿Un paraíso terrenal? En realidad no. La paz es simplemente la ausencia de guerra y violencia; es la situación en la cual los hombres no se hacen daño físico unos a otros.

Aun así, con la claridad de lo que es, e incluso de que todos la queremos, la manera de alcanzarla sigue siendo ampliamente discutida. Aquel es el caso de la célebre “paz mundial” y el ya largo debate sobre la forma en que ésta situación de ausencia de violencia a nivel global (por lo menos entre naciones) puede alcanzarse.

Se puede entonces, identificar algunas ideas sobre la realización de la “paz mundial”, las siguientes son las más representativas:

  1. La paz a través del comercio: según esta idea, si todas las naciones se embarcaran en relaciones comerciales prosperas, el miedo a perder el negocio y sus beneficios las disuadiría de enfrentarse en una guerra. Porqué puede funcionar: ya ha pasado, que países que antes vivían en estados casi constantes de guerra se han dedicado a construir sus relaciones pacíficas a partir de un interés comercial común. El caso más emblemático es el de la Unión Europea, que nació de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, iniciada por Francia y Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial. Porqué puede no funcionar: no todo en la vida es dinero, eso algo que todos sabemos y en muchos casos, los hombres pueden preferir una guerra a una fructífera relación comercial. El comercio es una fuerza poderosa y en verdad puede constituirse en un factor que traiga prosperidad y fortaleza las relaciones de dos naciones, pero el problema no es que no sea buena, solo que no sea suficiente para alcanzar la paz mundial.
  2. La paz a través de la interdependencia: muy similar a la idea del comercio internacional, la globalización (no solo económica, por supuesto) estaría acercando a las naciones y personas del mundo. Así, entre más nos relacionemos y conozcamos unos a otros, más improbable será que nos enfrentemos en una guerra. Porqué puede funcionar: porque las interconexiones pueden significar la identificación y la interdependencia implica que las consecuencias de defraudar  al otro son más perjudiciales que cooperar. De igual manera, el acceso a información ha empoderado a la sociedad civil y permitido que el descontento por conflictos y la presión sobre gobiernos propios y ajenos sea mucho mayor en caso de guerras. Porqué puede no funcionar: porque tememos a lo que no conocemos, pero muchas veces podemos odiar cuando logramos conseguir más información sobre aquello a lo que antes solo temíamos. El gran acceso a información, como Samuel Huntington hizo notar a principios de los noventa, puede ser contraproducente en tanto reafirme las razones por las cuales se pelean las guerras. Por otro lado, aunque la interdependencia reduce el riesgo de guerras (eso es algo que los últimos años han demostrado con la reducción de los conflictos entre Estados), no elimina la posibilidad y sirve bastante poco para evitar las guerras irregulares.
  3. La paz a través del derecho internacional: según esta idea, las normas internacionales y los organismos multilaterales (sobre todo la ONU o una organización similar) obligarían a los países a mantener la paz entre ellos y serían capaces de imponer el orden sobre los demás grupos que quieran romperlo. Porqué podría funcionar: la misión de la ONU es mantener la faz, ha fallado y en qué forma, pero aun así se ha convertido en un lugar de debate y prevención de “algunos” conflictos. El derecho internacional y el multilateralismo pueden funcionar, ayudan a controlar y evitar algunas guerras y pueden constituir instituciones de presión para muchos países. Porqué puede no funcionar: porque el sistema jurídico internacional no es vinculante, es decir, no todos cumplen las mismas normas y no todos están sujetos a las mismas responsabilidades y la manera de castigar las transgresiones no solo no es clara, sino que implica la intervención de terceros países, perdiendo algo de legitimidad. En cuanto a la ONU, su órgano principal, el Consejo de Seguridad, cuya misión es preservar la paz, está viciado por sus miembros permanentes y su capacidad de veto, además de la falta de representación que tiene con algunas regiones y nuevas potencias del planeta.
  4. La paz a través de la expansión de las democracias: las democracias, parece, son menos proclives a pelear guerras, sobre todo entre ellas. Según esta idea, en un mundo donde todos los países se gobernaran por regímenes democráticos la guerra sería muy rara o incluso inexistente. Porqué puede funcionar: la premisa de esta idea es relativamente cierta, en efecto, las democracias pelean menos guerras que, digamos, una autocracia. Dentro de una democracia, además, los controles para ir y mantenerse en combate son muchos mayores que en cualquier otro sistema político. Porqué puede no funcionar: primero, porque la democracia por sí sola no implica que un país no irá a la guerra. En efecto, las democracias pelean menos guerras, pero no dejan de hacerlo absolutamente, por lo menos no por el hecho de ser democracias. Y segundo, porque suponer un momento tipo “fin de la historia”, donde todos los países adopten la democracia (en la manera como la entiende el Occidente liberal además), es tan improbable como la propia paz mundial.

¿Se puede alcanzar la paz mundial? ¿Cuáles de estas ideas parecen más probables para hacerlo? Cuénteme lo que piensa, comente.

África en llamas.

Lo que estaba pasando mientras mirábamos las revueltas de Medio Oriente y el terremoto de Japón.

La semana pasada ha sido uno de los momentos más movidos de noticias en la historia reciente, tanto, que eventos que en otras circunstancias habrían resultado de primera plana, se perdieron entre los reportes de los bombardeos aliados en Libia (junto con el recrudecimiento de las protestas en Yemen y Siria) y los temores de un desastre nuclear en la planta japonesa de Fukushima. Uno de ellos, y quizás el más importante por los desafíos y peligros que entraña, es la guerra civil a la que ha descendido el pequeño país africano de Costa de Marfil.

Todo empezó luego de que en las disputadas elecciones presidenciales de noviembre del año pasado, el presidente Laurent Gbagbo desconociera los resultados de su derrota frente a su rival, Alassane Ouattara, reeligiéndose, luego de diez años en el poder. La comunidad internacional (la ONU y la Unión Africana de Naciones) reconocieron a Ouattara como el verdadero ganador, pero los jefes militares locales apoyaron la fraudulenta victoria de Gbagbo, que se negó a ceder a las presiones externas. Ambos presidentes (el legitimo y el de de facto) reunieron entonces bandas armadas y dieron inicio a enfrentamientos por controlar el país. Avances, retrocesos y denuncias de violaciones de DDHH y al DIH siguieron, mientras el mundo seguía pendiente de las crisis en Egipto y Libia.

Todo esto ha pasado relativamente desapercibido gracias en parte a los acontecimientos de Medio Oriente, donde la ola de revueltas ha mantenido la atención internacional por semanas, dados los importantes intereses en juego. Costa de Marfil sin embargo, resulta de poco valor o importancia estratégica para ninguna de las potencias y por eso su conflicto solo ha logrado preocupar a los compradores de cacao, principal exportación de la pequeña nación africana.

Mientras, los combates siguen cobrando victimas civiles. Se estiman que más de un millón de personas han sido desplazadas, unas cien mil de ellas fuera del país, y abundan los reportes de ataques por parte de los milicianos a los pobladores. Los temores porque se repitan atrocidades como las de Ruanda abundan y periodistas, diplomáticos y miembros de ONG’s, claman porque las sanciones que ya impuso el Consejo de Seguridad se amplíen.

Ahora bien, si alguna vez hubo un caso claro para la intervención humanitaria internacional (incluso más que Libia) es Costa de Marfil. Pues todo lo que puede salir mal se reúne en la crisis del país africano. Primero, una nación que ha sufrido anteriormente de violencia étnica y partidista, donde dos lideres con un poder militar similar se disputan el control territorial y rodeada además de otros países con iguales antecedentes de guerra civil e inestabilidad política. Las perspectivas para costa de Marfil no son buenas y el hecho de que el mundo parezca ignorar esta crisis empeora todo. Así pues, como en Libia, el Consejo de Seguridad de la ONU debe ordenar una intervención en orden de proteger la vida y los derechos humanos de los civiles, pues a falta de la capacidad o disposición por parte de sus líderes de hacerlo, esta responsabilidad recae en todos los gobiernos del planeta.

¿Cree que la intervención humanitaria es necesaria en el caso de Costa de Marfil? ¿Puede detener los abusos a los DDHH? Cuénteme lo que piensa, comente.

La Asamblea General: insinuaciones, payasadas y conspiraciones.

Los lideres mundiales (presidentes, primeros ministros, autócratas, etc.), como buenos políticos que son, no desaprovechan ninguna oportunidad de darse un pantallazo. La Asamblea General de la ONU es un excelente lugar para hacerlo, porque no solo se pavonean frente a sus compatriotas como es costumbre, sino que el mundo entero tiene sus ojos fijos en ellos.

Por eso no es extraño que todos asistan, que hablen con forzada elocuencia y que terminen convirtiendo su intervención en una justificación y promoción de sus acciones enfocada, sobre todo, a sus propios gobernados. Así pues, acusaciones, declaraciones de principios, propuestas realistas y alucinadas e incluso teorías conspiracionistas, la Asamblea General lo ha oído y presenciado todo.

Todos recordamos por ejemplo, cuando en 2006 el presidente venezolano Hugo Chávez olió alrededor del podio y exclamó ante la Asamblea: “El diablo estuvo aquí ayer; todavía huele a azufre”, haciendo referencia a George W. Bush, que había realizado su intervención el día anterior. Quienes no conocían a Chávez hasta entonces nunca lo olvidarían después de esa intervención ¿cómo podrían ignorar al tropical mandatario sudamericano, el estereotipo de hombre fuerte latino, llamando diablo al presidente de Estados Unidos? ¿Cuál puede ser una mejor promoción para un showman como el venezolano? El mundo supo quien era ese día y eso que por una de sus payasadas.

Pero no todos los que van a la Asamblea General hacen excentricidades, también pueden mandar insinuaciones a la comunidad internacional sobre sus intenciones. O, como el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, pueden hacer ambas. El pasado 25 de septiembre, durante su intervención en la ONU, el señor Ahmadineyad propuso que los atentados terroristas del 11 de septiembre fueron una conspiración del gobierno estadounidense para justificar sus guerras en oriente. No solo eso, en su alucinante discurso, el presidente iraní aprovechó para también negar nuevamente el holocausto judío y afirmar que Irán es la otra superpotencia mundial, a la par de Estados Unidos.

Hasta aquí la locura. Sin embargo, algunos analistas internacionales pudieron extraer de la intervención del presidente iraní las pistas para una posible negociación con occidente. No solo eso, sino (y más importante aún) pudieron ver que entre más envalentonadas, payasos y paranoicos, los lideres mundiales son más débiles. Ahmadineyad esta sobrecompensando y en política internacional esto puede ser terriblemente contraproducente.

¿Qué otros escenarios internacionales se prestan para que los presidentes se den pantalla? ¿De que les sirve esto? Cuénteme lo que piensa, comente.


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