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Gráfico: Brasil, antes del Mundial

Brasil, antes del Mundial: a horas de la inauguración del mundial de fútbol 2014 en Brasil, el país se debate entre el evento que los presenta como potencia regional al mundo, y las dificultades que el proyecto ha tenido en los últimos meses. En efecto, la atención parece estar avergonzando a algunos cariocas. No solo eso, movimientos sociales y sindicatos han aprovechado el contexto para cuestionar la inversión de unos 11 billones de dólares que el gobierno brasilero ha hecho en adecuación de infraestructura (sobre todo estadios) para la competencia; mientras enormes desafíos sociales perviven en la realidad brasilera. Estos gráficos dan cuenta de los últimos años de Brasil en términos económicos, y de sus –aunque parecieran insuficientes– enormes avances. Fuente: Banco Mundial

Brasil1

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Mapa: Antes, después

Antes, después: este mapa recoge y compara estadísticas sobre mortandad infantil y pobreza en varios países del mundo. Fuente: pbr.org

Antes, después

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Razones para el optimismo

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre porqué no desesperar por el presente y el futuro de la humanidad

El pesimismo es un ejercicio sencillo, al que las personas se rinden con facilidad y demasiada rapidez. Es bastante común que los hombres nos dediquemos a predecir  y temer por un futuro lleno de inconvenientes y desgracias. Pero al mismo tiempo que nuestra afición al pesimismo, existe el impulso a creer en que la historia humana se desarrolla en la manera de un constante y sostenido progreso.

Pesimismo y optimismo. Historia cíclica e historia lineal. Futuro incierto o progreso seguro.

La verdad, como siempre, es mucho más compleja. Pero, en realidad, el mundo y con él los hombres, mejoran su situación en la manera de “un paso atrás, dos hacia adelante”. Aun así, la situación general, según algunos datos recientes parecen inclinar la balanza hacía el lado del optimismo. Incluso personas tan escépticas respecto al porvenir como los colombianos tenemos razones para sentirnos tranquilos.

En primer lugar, la lucha contra la pobreza va mejor de lo que muchos podrían esperar. Por un lado, los últimos treinta años han visto una reducción sostenida en el número de pobres del mundo. De igual manera, aunque la reducción se ha concentrado en China y el Pacífico, casi todas las regiones del planeta (con la excepción del África Subsahariana) han hecho parte de este fenómeno.

De igual manera, y posiblemente gracias a esa misma reducción de la pobreza, la tasa de mortalidad infantil se ha reducido ostensiblemente durante la segunda mitad del siglo veinte y los primeros años del veintiuno. Esta reducción es transversal a todos los países del mundo, con algunas excepciones por supuesto y el caso particular de las naciones africanas, que aunque han mejorado sus indicadores, lo han hecho a un ritmo sustancialmente menor al del resto del mundo. Aun así, países como Malí han cortado a la mitad el número de muertes infantiles en los últimos cuarenta años, y otras naciones como Turquía, Irán e India han tenido reducciones igualmente impresionantes.

No sorprende entonces que la expectativa de vida al nacer para la población del mundo haya pasado de algo más de 30 años a principios del siglo 20 a 69,4 en 2009. Solo en los últimos siete años, por ejemplo, la expectativa de vida de los hombres como especie ha crecido en 2 años. Las mejoras en la medicina moderna y la mayor disponibilidad de alimentos son los responsables de que la humanidad viva el doble de lo que lo hizo durante casi toda la historia.

En su libro “Better Angels of Our Nature” publicado hace unos meses, el profesor de sicología de Harvard Peter Singer sostiene que la violencia, en todas sus expresiones, pero particularmente causada por las guerras, se ha reducido sostenidamente durante el último milenio de historia humana. Así pues, “La tesis central de “Better Angels” es que nuestra época es menos violento, menos cruel y más tranquila que cualquier otro período de la existencia humana” dice un artículo del New York Times.

Por supuesto que no hay que bajar la guardia; ha sido gracias al inconformismo humano que hemos alcanzado la situación actual en la que nos encontramos. La inquietud y ambición por mejorar es el principal insumo del progreso.

Pero la próxima vez que nos visite el espíritu del pesimismo frente a nuestro futuro, mejor pensar que las cosas no están tan mal como algunos dicen, ni empeorando como otros profetizan. Todo lo contrario, parece que el futuro será mejor de lo que esperamos.

¿Existen otras razones para ser optimista? ¿O el pesimismo es justificado? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Los peligros de tener conciencia

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el daño que puede provocar la ayuda  y caridad internacional

Los hombres somos naturalmente caritativos, es decir, casi todas las personas cuentan con un sentimiento de compasión que se solidariza con otras personas cuando éstas se encuentran en situaciones desesperadas de pobreza, enfermedad o abocados a las terribles circunstancias de un desastre natural.

Y es por esto que la mayoría de nosotros corremos a realizar donaciones cada vez que vemos el hambre y la enfermedad en África o los devastadores efectos de un tsunami en Japón o un terremoto en Haití. La caridad es una acción estimable y que se soporta en la solidaridad entre los hombres, pero en ocasiones, un impulso noble no lleva necesariamente a consecuencias igualmente buenas.

Este es el caso de las perjudiciales, y a veces ridículas, donaciones que muchas personas en el mundo terminan enviando a los lugares de los desastres. Es el caso de la “ropa usada”, uno de los artículos más populares de las donaciones, y que como efecto contraproducente solo ha logrado minar la capacidad productiva de las industrias textiles locales, incapaces, a todas luces, de competir contra camisas, zapatos y pantalones gratis.

Las donaciones de comida también pueden entrar a jugar un papel perjudicial en las difíciles dinámicas del país y la sociedad receptora. En 2004, por ejemplo, una empresa norteamericana donó una gran cantidad de pasteles dulces, dirigidos a los niños de Afganistán. Sin embargo, la mayoría terminaron en el mercado negro, perpetuando el comercio ilegal que tanto daño le ha hecho a la economía y al precario sistema tributario afgano.

Lo anterior se refiere a las donaciones y a la caridad privada, es decir, la impulsada por las personas de a pie o por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, los mayores proveedores de ayuda internacional son los gobiernos y las organizaciones multilaterales.

El problema es que este tipo de ayuda, que busca atender sobre todo el problema de la pobreza en los países en vías de desarrollo, también puede llegar a cometer errores en las aproximaciones que tienen sobre el problema.

La primera dificultad se refiere a la dependencia económica que algunos países pueden desarrollar respecto a la ayuda internacional que reciben. Es el caso de Afganistán, en donde el dinero recibido del exterior representa casi la mitad de la economía, de tal manera que cualquier reducción en la cantidad de ayuda enviada (como la que se producirá una vez las tropas estadounidenses se retiren en 2014) podría representar una catástrofe para el país asiático.

El segundo inconveniente está dado por la naturaleza de los regímenes que reciben la ayuda internacional y cómo las consideraciones políticas locales, convierten al más altruista esfuerzo en una manera de perpetuar las condiciones que causaron el desastre humanitario en primer lugar. En efecto, en muchos países que dependen en gran medida de la ayudad internacional, tanto para atender su problema con la pobreza, como para funcionar con relativa efectividad como Estados, el dinero de préstamos y donaciones internacionales se termina utilizando para soportar la reducida legitimidad del régimen. Es el caso de la comida que USAID y la ONU envío a Somalia durante la reciente sequía y que fue utilizada por el grupo islamista Al-Shabab como moneda de cambio para mejorar su posición entre los somalíes con hambre.  Así, en algunos casos, los recursos salidos del altruismo y solidaridad terminan empeorando o perpetuando la situación de pobreza, opresión y violencia que buscaban atender.

¿Cómo puede la ayuda internacional mejorar su impacto en los países con pobreza extrema o víctimas de desastres naturales? Cuéntenme lo que piensa, comente.


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