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Pelea de oso con burro amarrado

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Fuente: wikipedia.org

Sobre geopolítica, intereses y paranoia

No creo poder imaginarme un escenario geopolítico más improbable que el de un supuesto enfrentamiento  colombo-ruso. Y sin embargo, las últimas semanas las relaciones entre ambos países se han  tensionado gracias a dos incidentes. En primer lugar, el sobrevuelo de dos bombarderos rusos que viajaban entre Caracas y Managua sin autorización para cruzar el espacio aéreo colombiano, y luego, unas declaraciones de miembros de la armada rusa de visita en Nicaragua sobre el supuesto apoyo ruso al país centroamericano en caso de una guerra con Colombia.

Todo el asunto se enmarca, por supuesto, en el conflicto entre Colombia y Nicaragua por las aguas del Caribe en disputa, el fallo de la Corte Internacional de Justicia y la negativa del gobierno colombiano acatarlo. También –y aquí empezamos a estirar lo real y claro hacia lo especulativo- sobre el supuesto enfrentamiento de proyectos ideológicos en el continente, incluyendo, unos ejes “bolivariano-ruso” y “colombiano-estadounidense”.

Luego de los incidentes, el gobierno colombiano parecía más desconcertado que asustado por el escalamiento del conflicto con Nicaragua y Rusia. Y eso no es bueno. Porque al final, es más preocupante la incapacidad diplomática para asumir estas crisis por parte de Colombia, que la real amenaza de un enfrentamiento armado internacional. Peor fue la reacción de algunos congresistas colombianos, en su declaración sobre el incidente con Rusia, el Partido Conservar habla del “Gobierno Soviético”. Medir esto con mentalidad de Guerra Fría es solo otro patético error de cálculo de parte de la dirigencia colombiana.

Ahora bien, la Cancillería rusa envío un mensaje de tranquilidad como respuesta a la nota de propuesta del Ministerio de Exterior colombiano. De igual manera, los medios “oficiales” rusos –RT por ejemplo– no han reportado sobre las declaraciones de los militares rusos, ni de su efecto en la opinión colombiana.

Sin embargo, algunos analistas asumen el comunicado ruso como una no muy velada amenaza para el Gobierno colombiano y su relación con Nicaragua. Así, asumen que Rusia estaría presentado un frente común de apoyo a los nicaragüenses sobre la idea de un irrespeto por parte de Colombia del fallo de la Corte de La Haya.

Claro, ofenderse por esta posible afiliación –y resalto el “posible”-, es desconocer la regla general en política internacional de que “los países no tienen amigos, sino intereses”. Quizás en un poco de realismo resida la clave de la política colombiana respecto a todo este asunto. El gobierno debe acelerar su búsqueda de países con intereses comunes en la región y el establecimiento de un frente común contra las acciones nicaragüenses.

En Centroamérica hay muchos gobiernos enfrentados al expansionismo de Ortega, Colombia no puede ignorar esas tendencias, tiene que hacer uso de ellas.

¿Qué tan real es la amenaza de los rusos? ¿Se les puede creer en su supuesta “neutralidad”? ¿Qué debe hacer Colombia? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Yo espío, tú espías, todos espiamos

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Fuente: Libertaddigital.com

Sobre porqué ofenderse por el espionaje de Estados Unidos es, ante todo, una hipocresía.

A diferencia de lo que muchos románticos creen, ni Wikileaks, ni Snowden cambiaron la historia, apenas confirmaron una clara sospecha, mostraron a la luz lo que, aunque en la sombra, nadie dudaba.

¿Qué los países se espían? Claro ¿Qué los aliados desconfían? Por supuesto ¿Qué los enemigos harán todo lo posible por ganar ventajas sobre el otro? Sin duda.

La hipocresía es, sin duda, el fundamento de cualquier esfuerzo diplomático. Las embajadas no son otra cosa que espionaje institucionalizado. Fachadas de cocteles y agregados comerciales para recabar información para enviar a casa.

Curiosamente, ese mismo espionaje que tantos juzgan y por el que muchos se indignan, no es otra cosa que una vieja tradición (ingeniosa aunque espontanea) de regulación de las relaciones entre los países. El espionaje permite tomar decisiones informadas y mantener la paranoia a raya. Sin estos flujos, los conflictos se hacen más probables, los problemas más comunes.

Más hipócrita que negar el espionaje es ofenderse porque se da. Todos lo saben, cada líder conoce que lo espían, porque él también hace otro tanto. El mismo sistema internacional se sustenta en este tipo de dinámicas.

Ahora bien, asumir que el escándalo es hipócrita no es desconocer que estos hechos políticos no van a tener consecuencias sobre el escenario internacional. Pero no por las razones comúnmente expuestas. En efecto, lo que puede afectar las relaciones de países aliados de Estados Unidos no es la ofensa de la dirigencia por el episodio, sino la respuesta que se espera de ellos internamente.

La política internacional es sobre todo un reflejo de la política interna. El problema no es que los estadounidenses estuvieran espiando –es claro que todos hacen eso-, sino que se supiera y que los ciudadanos del país espiado se sientan ofendidos al respecto.

¿Resulta tan perjudicial el espionaje entre países? ¿Cómo deben responder los líderes de los países espiados? ¿Qué debería hacer Estados Unidos? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Obama, Romney y el mundo

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre la política internacional de los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos se encuentran cada vez más cerca. Según las últimas encuestas ambos candidatos permanecen opcionados para ganar, aunque Obama mantiene una ligera ventaja sobre Romney. Así las cosas, incluso la política internacional de ambos candidatos podrían influenciar a los pocos indecisos que aún se debaten por decidir su voto.

Este texto recoge algunas de las posturas de Barack Obama y Mitt Romney en temas claves para la política internacional estadounidense y las compara con lo que la opinión pública de ese país piensa, según la encuesta del Chicago Council of Foreign Affairs. La idea es traer algunas luces comparativas, pero también conocer un poco más sobre lo que los candidatos piensan hacer en el mundo una vez ocupe el cargo más importante del planeta.

1. Terrorismo internacional

Lo que dice Obama: la campaña demócrata se ha enfocado en resaltar los logros de Obama en la lucha contra el terrorismo, particularmente la muerte de Osama bin Laden. Las políticas actuales son una buena muestra de lo que significarían cuatro años más del presidente en el poder. Es decir, la utilización de vehículos no tripulados para dar golpes de precisión en países con presencia de militantes, como Yemen, Pakistán y Somalia en la actualidad, y las operaciones especiales, como la que un equipo de SEALs de la Marina realizó para dar de baja a bin Laden. La retirada de Afganistán, por otro lado, se mantendría como programado, para el 2014.

Lo que dice Romney: la retirada de las tropas estadounidenses en Afganistán debe atrasarse, la misión, sostiene la campaña de Romney, no se ha terminado y aunque la cooperación de los gobiernos afganos y pakistaní resulta fundamental para estabilizar la región, las tropas de Estados Unidos permanecerán para asegurar la región frente a los insurgentes y grupos terroristas que allí operan.

Lo que dicen los estadounidenses: el 67% de los estadounidenses considera que el terrorismo internacional constituye una amenaza para Estados Unidos en 2012. El porcentaje es alto,  pero ha sufrido un importante descenso desde 2002, cuando estaba en 92%.

2. Estados Unidos en el mundo

Lo que dice Obama: aunque con menos insistencia que los republicanos, el presidente Obama también resalta el carácter excepcional del Estados Unidos y su papel en el mundo. Sin embargo, sus políticas y discurso se acercan más a un tono conciliador y pragmático del rol que debe jugar su país en los asuntos internacionales. La famosa expresión de “liderar desde atrás”, popularizada durante la intervención aliada en Libia, se ha convertido en paradigma de la manera cómo Obama entiende las acciones de su nación.

Lo que dice Romney: los republicanos, como es costumbre, se asocian con mayor claridad a la idea del excepcionalismo estadounidense, esto es, la concepción de Estados Unidos como un país único en el escenario internacional, con unos valores y una misión moral superior a la de sus contrapartes. Algunas de las acusaciones de Romney a la timidez de las políticas de Obama o la denuncia de su supuesta disposición a “pedir disculpas por América” han señalado la preminencia del excepcionalismo en las ideas políticas del candidato republicano.

Lo que dicen los estadounidenses: la opinión pública estadounidense ha sufrido un ataque de aislacionismo en los últimos años, victima de la crisis económica y los desencantos internacionales. Así, en 2012 el 38 de los encuestados, un porcentaje históricamente alto de estadounidenses, se inclinan por permanecer al margen de los asuntos externos. La encuesta se realiza desde 1947 y nunca había registrado un aislacionismo tan marcado. Sin embargo, el 70% de los encuestados aún consideran que su país es excepcional, aunque la calificación que le dan a Estados Unidos sobre su influencia en el mundo se ha reducido un poco, dándole importancia a potencias regionales, particularmente China.

3. Irán y su carrera nuclear

Lo que dice Obama: el gobierno de Obama ha promovido las sanciones económicas durante los últimos meses contra Irán. A diferencia de los republicanos sin embargo, le ha quitado importancia a la opción militar, temiendo las consecuencias regionales y recelando de la efectividad de tal medida. Su otra apuesta, la de presionar por medio de la diplomacia, ha encontrado oídos sordos en Rusia y China. Si es relegido, la administración Obama mantendría la presión sobre Irán, pero haría cuanto estuviera en su poder para evitar llegar a utilizar la fuerza.

Lo que dice Romney: se aumentarían las sanciones económicas al régimen iraní, mientras se construye una opción militar creíble que disuada al gobierno de Irán de mantener el programa nuclear en movimiento. De igual manera, se incentivaría y apoyaría la disidencia y la oposición dentro del país, con miras a un cambio de régimen interno. Finalmente, se retomaría el abortado programa de defensa balística en Europa Oriental, iniciado por el gobierno Bush y cancelado por Obama, que busca proteger a Occidente de un posible ataque con misiles nucleares desde Medio Oriente.

Lo que dicen los estadounidenses: el porcentaje de estadounidenses que identificaban la posibilidad de que Irán consiga un arma nuclear como una de las mayores amenazas para Estados Unidos se redujo en cuatro puntos de 2010 a 2012, sin embargo, las respuestas siguen constituyendo el 64% de los entrevistados. De igual manera, aunque una gran mayoría se opone a no presionar a Irán por su programa nuclear (76%), un poco más de la mitad de los encuestados apoyarían una acción militar contra Teherán. Así, las sanciones económicas y la presión diplomática constituyen las alternativas de acción más populares entre los estadounidenses, compartiendo el 70% de apoyo.

4. El ascenso de China

Lo que dice Obama: de nuevo, las políticas actuales pueden traer algunas luces sobre las acciones de un posible segundo periodo. En efecto, Obama ha emprendido un esfuerzo por renfocar las prioridades de Estados Unidos desde el Medio Oriente al Pacífico, lo que busca responder a nuevas realidades globales, entre ellas, el ascenso económico y político de los chinos. El presidente también ha apelado a organismos como la OMC para denunciar las prácticas de comercio injusto de China, con resultados mixtos.

Lo que dice Romney: la campaña del candidato republicano se dispone para contener los efectos negativos para los intereses estadounidenses de la nueva potencia asiática. En primer lugar, propone reforzar la presencia militar de su país en la región, particularmente la capacidad naval. De igual manera, fortalecería los lazos de cooperación, particularmente económicos, con los países aliados. Romney señala las prácticas comerciales injustas y la agresiva expansión de los chinos, proponiendo como herramientas para contenerlas la promoción del libre mercado en la región y las exigencias en materia de respeto a los derechos humanos.

Lo que dicen los estadounidenses: respecto al impacto para Estados Unidos del crecimiento económico chino, el 9% de los estadounidenses lo considera positivo, el 49% entre positivo y negativo y el 40% negativo. En efecto, un porcentaje cada vez mayor de estadounidenses considera que el comercio con China es injusto para Estados Unidos, pasando de 53% de las respuestas en 2002 a 67% en 2012. Sin embargo, solo el 40% de los encuestados considera que China representa una amenaza a los intereses vitales de Estados Unidos. El 69% de los encuestados se opondría al uso de tropas estadounidenses en el caso de que China invadiera Taiwan, frente solo el 28% que lo apoyaría. Al final, la mayoría de los encuestados premió la cooperación (69%) al enfrentamiento (30%) en la relación de su país con China y la opinión se divide a mitades respecto a su los dos países son amigos o competidores.

Romney u Obama ¿Cuál tiene una propuesta de política exterior más coherente? ¿Cuál de los dos candidatos está en mayor sintonía con la opinión pública estadounidense? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Los candidatos republicanos y el mundo.

Sobre la política exterior de los principales precandidatos republicanos a la presidencia de EEUU

La carrera a la dominación republicana para la presidencia de Estados Unidos ha sido bastante movida, sobre todo, respecto a la cantidad de candidatos y la indecisión que los electores aún mantienen sobre su favorito. En efecto, solo Mitt Romney ha sostenido su intención de voto en las encuestas durante el último año (rodeando el 20% de intención), mientras que un desfile de candidatos, impulsados por sus lanzamientos de campaña y la atención de los medios, han ocupado brevemente el primer lugar. Michelle Bachman, Rick Perry y Herman Cain han entrado en esta categoría; en las nubes por unas semanas para luego volver al anónimo lugar del que habían salido.

Las últimas dos semanas han traído sin embargo a un nuevo favorito y al último de los contendores de Romney: Newt Gingrich. Un polémico ex presidente de la cámara de representantes, famoso por sus posturas radicales y declaraciones fuera de tono. Su súbita popularidad podría tratarse de otra burbuja como la de Bachman, Perry o Cain, pero los analistas señalan que a solo un mes de celebrarse las primarias republicanas, la pelea se decidirá entre Gingrinch y Romney, con el primero en la delantera.

Ahora bien, una revisión general de la visión de ambos candidatos sobre el mundo y especialmente, sobre el papel que su gobierno jugaría en el caso de ser electos  podría darnos una imagen de lo que podemos esperar en el caso, no tan improbable, de que uno de estos hombres le gane a Barack Obama en 2012.

Newt Gingrich: este especialista en historia europea e investigador independiente en temas sociales y políticos es considerado por muchos dentro del partido como un “intelectual” republicano. Sin embargo, ni siquiera sus actividades académicas han estado exentas de controversias y muchas de sus afirmaciones durante esta campaña, especialmente en términos de política exterior, han sido para muchos una seña de un radicalismo peligroso. Así, Gingrich ha desconocido la existencia de un “pueblo palestino”, mientras intenta acercarse a la comunidad judía estadounidense al decir cosas como que el primer acto de su gobierno será pasar la embajada de su país en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. También ha jugado la carta del miedo en sus afirmaciones sobre Irán, al plantear el programa nuclear de ese país como una amenaza “existencial” para Estados Unidos, lo que es a todas luces una exageración. Cuando sus posiciones no son controversiales son, quizás, contradictorias, en efecto, Gingrich se ha encontrado con que muchas de sus opiniones y posiciones respecto a temas como la Rusia de Putin o la intervención en Libia cambian con una rapidez inesperada. Aun así, y en términos generales, Gingrich es un defensor del libre comercio (impulsó, entre otros, el NAFTA) y el excepcionalismo estadounidense, sobre todo, en su papel de intervenir en situaciones de riesgo internacional (apoyó las misiones en Bosnia, Kosovo y Haití).

Mitt Romney: el ex gobernador de Massachusetts y hombre de negocios mormón se ha mantenido como el candidato más estable en la intención de voto y a veces favorito, durante la carrera por la nominación republicana a la presidencia de Estado Unidos. Para mucho supone un tono moderado respecto a la mayoría de sus contrincantes y podría ser, una vez enfrentado a Barack Obama, el que tenga mayores posibilidades de atraer el voto de los independientes e incluso de algunos demócratas. Romney mantiene la mayoría de las posiciones tradicionales del partido republicano en términos de política exterior, esto es, más gasto militar, mayor seguridad en las fronteras, relaciones más estrechas con Israel y mano dura contra China, Irán y Corea del Norte. Sin embargo, el ex gobernador no resulta tan propenso a pensar en guerras y conflictos en el exterior como muchos de sus contrincantes y se mantiene saludablemente escéptico frente al tipo de peligros reales a los que se enfrenta Estados Unidos. Quizás esa sea su mayor ventaja, pero también desventaja: su prudencia. Por ejemplo, Romney ha señalado que no atacaría Pakistán y que preferiría la diplomacia en el caso de que las relaciones se siguieran agriando. Esto apela a las personas del centro y a los republicanos moderados, pero deja de lado un cuerpo importante de su partido, más radical y que puede llegar a decidir la elección del candidato republicano.

Por supuesto, en un ambiente de lenta recuperación económica y un desempleo extendido los temas internacionales son lo que menos trasnocha a los estadounidenses. En una manera extraña, somos el resto del mundo y no quienes elegirán al próximo presidente de los Estados Unidos, los más preocupados, porque aquel hombre tendrá en sus manos el destino de muchos otros en el resto del mundo.

¿Ganará Gingrich o Romney la nominación republicana? ¿Podrán ganarle a Obama? Cuénteme lo que piensa comente.

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El mayor peligro.

De porqué las armas nucleares de Pakistán representan el mayor peligro para la seguridad internacional.

El pasado 23 de mayo, seis comandos de la facción pakistaní de los talibanes atacaron una base naval en la ciudad de Karachi. El ejército de Pakistán solo logró recuperar el control del lugar luego de 16 horas de intensos combates. Un portavoz talibán sostuvo que la acción había sido una retaliación por la muerte de Osama bin Laden; pocos días después, otros ataques suicidas y bombas sacudieron al país. La humillación para el ejército pakistaní, que se ha visto en verdaderos aprietos para evitar estas acciones, y la creciente desconfianza de la comunidad internacional en el compromiso de los altos mandos militares de combatir a las organizaciones terroristas, han disparado el temor por la situación de inestabilidad dentro de Pakistán.

En 1971, luego de perder otra dura guerra contra India por la disputada región de Cachemira, la dirigencia pakistaní inició la elaborada y difícil tarea de conseguir armas nucleares. Cuando algunos años después lo consiguió, luego de robar secretos industriales en Europa e incluso recibir financiamiento de Gaddafi, los pakistaníes se sentaron sobre un arsenal nuclear modesto, pero con todo el potencial para amenazar y sobornar al mundo.

Digo amenazar, porque gracias a su capacidad nuclear, Pakistán ha logrado mantener una efectiva detente con India, donde ninguno de los dos países puede ganar mucho frente al otro o dejar que el conflicto escale. De esta forma, los servicios secretos pakistaníes han podido patrocinar ataques terroristas contra objetivos indios y recibir respuestas muy tibias por parte de las prudentes fuerzas de seguridad de Nueva Delhi.

Y digo sobornar, porque si no fuera por sus armas nucleares, Pakistán no sería ni un décimo de lo importante que es para la comunidad internacional, no recibiría la cantidad de ayuda internacional que recibe, ni llamaría la atención de Estados Unidos de la forma que lo hace. Sus bombas nucleares le han dado un  prestigio y peso ficticio, pero indiscutible en el juego regional, que Pakistán no está dispuesto a perder.

Sin embargo, hechos como el ataque de la semana pasada (y las otras tantas acciones terroristas similares), levantan dudas sobre la capacidad de las fuerzas pakistaníes de proteger sus armas nucleares. Según un reporte del Centro para Combatir el Terrorismo de la academia militar de West Point, casi la totalidad de las centrales nucleares pakistaníes se encuentran en zonas con alguna presencia de militantes islamistas y aunque la seguridad puede ser mejor que la de la base naval de Karachi, los peligros de que éstas armas caigan en las manos equivocadas (así sea por un corto lapso de tiempo) supone un peligro para el mundo, pero sobre todo para el mismo Pakistán, que tiene que ser asumido.

Por eso, las sugerencias de muchos de que se despoje a Pakistán de sus armas nucleares cuanto antes, sin embargo, teniendo en cuenta lo complejo de la situación y los intereses en juego, esto es sumamente difícil de hacer. Pero mientras la situación de seguridad del país se degrade, el peligro de sus armas nucleares será cada vez mayor y más complejo de enfrentar.

¿Qué otros peligros traería la desestabilización de Pakistán? ¿Cómo se podría disminuir el riesgo de que las armas nucleares caigan en las manos equivocadas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Santos y el mundo

De cómo el presidente Juan Manuel Santos entiende el papel de Colombia en el mundo.

Por años, Colombia ha sido un país aislado, separado del mundo e incluso de su vecindario inmediato. Los problemas internos, pero también una patética sensación de inferioridad, han mantenido apartada a la diplomacia y el liderazgo colombiano de las dinámicas y grandes discusiones mundiales. Pero Juan Manuel Santos quiere que todo eso cambie y los hechos de las últimas semanas lo demuestran; el presidente, ha logrado alcanzar importantes avances en lo que, parece, es su visión sobre el rol que Colombia debe ocupar en el mundo.

Así pues, estos son los tres frentes estratégicos en los que la ofensiva diplomática del gobierno Santos se ha concentrado:

  1. Cordialidad con los vecinos: Santos apenas se estrenaba como presidente de Colombia cuando ya había normalizado las relaciones con Venezuela. El nuevo gobierno colombiano estaba convencido de la necesidad de cooperar con los venezolanos en vez de enfrentarlos. Narcotráfico, terrorismo, comercio y la situación de la frontera fueron las mayores razones para que uno y otro bando bajaran las espadas, sin embargo, fue el convencimiento de que el conflicto era inmensamente impopular entre los mismos ciudadanos venezolanos, el principal impulso de Chávez para relajar sus ataques. Esta semana, esa nueva relación (retratada por la famosa declaración de amistad de ambos líderes), se enfrentó a su mayor desafío cuando el presidente Santos tuvo que decidir el destino de extradición del narcotraficante venezolano Walid Makled, que decía tener información sobre corrupción en el gobierno venezolano, entre Venezuela y Estados Unidos. Santos, que ya lo había prometido a Chávez, cumplió el compromiso, por más perjudicial que pareciera en ese momento. Aún así, el escepticismo de mantiene y muchos no saben muy bien cómo hará Santos para mantener este equilibrio entre gobiernos tan diferentes como el estadounidense y el venezolano, sin tener que enfrentarse eventualmente a alguno. Sin embargo, el pragmatismo de Santos ha dado sus frutos hasta el momento y es difícil argüir que haberse acercado a Chávez el año pasado no fue la decisión correcta.
  2. Liderazgo en la región: Colombia es durante el mes de Abril, presidente del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas. Aquel es un puesto rotatorio y bien podría un país pasar por ahí sin pena ni gloria, pero Santos lo aprovechó para revivir y darle algo de aliento al olvidado esfuerzo por la reconstrucción de Haití, una causa de la que todo el hemisferio puede sentirse parte y de la que bien podría Colombia convertirse en líder. Similar es la ‘emboscada’ que Santos le tendió a Chávez cuando, en la reunión de la semana pasada en Cartagena, el presidente colombiano invitó al presidente hondureño Porfilio Lobo. Chávez lidera un grupo de países latinoamericanos que desconocen al gobierno de Lobo, luego del golpe de Estado que sacó del poder a Manuel Zelaya en 2009, pero desde las últimas elecciones presidenciales, Honduras aspira a ser readmitido en la OEA y reconocido por los Estados que se mantienen en reserva. Y Santos, de nuevo, buscará ayudar al gobierno hondureño a hacerlo. Finalmente, está Unasur, un foro en donde Colombia no se ha sentido cómodo en los últimos años, Santos, antes que abandonar la organización sudamericana como algunos sugerían en los peores años del aislamiento colombiano, se las arregló para hacer elegir a una colombiana, María Emma Mejía, como presidenta, que además, comparte el cargo con un representante venezolano (por si alguien tenía dudas de la reconciliación entre ambos gobiernos).
  3. Comercio con el mundo: finalmente, Santos logró la promesa más clara del gobierno estadounidense para impulsar la aprobación del TLC entre los dos países desde que el gobierno de Barack Obama ocupa la Casa Blanca. Los colombianos prometieron una mejora más clara de la situación de seguridad de los líderes sindicalistas y otras disposiciones laborales en contraprestación de una renovada intención del gobierno Obama de aprobar el tratado en el Congreso americano. Todo el merito no va al gobierno colombiano por supuesto, pues recibió algo de ayuda de las circunstancias, especialmente del ambiente de elecciones y la intención del gobierno estadounidense de acercarse a los republicanos al aprobar los tratados de libre comercio pendientes. De la misma forma, Santos emprendió esta semana una nueva gira diplomática, que lo llevará a España y Alemania, donde buscará ganar el apoyo de los respectivos gobiernos y eurodiputados para el tratado de libre comercio con la Unión Europea y las perspectivas son bastante alentadoras.

Santos se ha embarcado en la difícil tarea de sacar a Colombia de su aislamiento y de plantear una política exterior que incluya al país en el escenario internacional como un actor de importancia y deje atrás los temas tradicionales de la relación de la nación con el mundo. Las expectativas, como siempre, están del lado de que en efecto lo logre y que, en el mediado plazo, todo esto sea efectivamente benéfico para el país.

¿En realidad Juan Manuel Santos ve a Colombia diferente en su papel en el mundo? ¿Qué tan benéfico es para el país dirigir su política exterior con pragmatismo? Cuénteme lo que piensa, comente.

5 lecciones de las revueltas árabes.

Esta no es ni mucho menos una lista exhaustiva. Muchas más cosas pueden concluirse de lo acontecido en Medio Oriente y el Norte de África en las últimas semanas; estos son en realidad, cinco aspectos que llaman la atención y que estoy convencido que importan.

  1. Los marginados: la gente tiene un deseo natural por hacer parte de la toma de decisiones de su sociedad. La frustración de ver como otros toman decisiones es ya de por si grande, para añadirle que las consecuencias sean terribles. El mal gobierno es más exasperante para los ciudadanos cuando estos no tienen ni voz ni voto respecto a quiénes lo conforman.
  2. Tomados por sorpresa: los que se hubieran podido aprovechar de esto fueron los más sorprendidos. Ni los grupos islamistas, ni Irán, ni Occidente esperaban que esto sucediera y, aún cuando algunos se acusen unos a otros, ninguno de ellos es responsable ni puede indultarse la autoría de las revueltas. Esto no quiere decir, sin embargo, que no puedan inmiscuirse o aprovechar la post-revolución para promover que las cosas se desenvuelvan conforme a sus intereses.
  3. La velocidad y la comunicación son las claves: se ha dicho hasta el cansancio que esta es una revolución de Twitter y Facebook, pero también lo es de los teléfonos celulares y la mensajería instantánea, la televisión satelital y los canales de noticias internacionales (como Al-Yazira), los blogs y foros de discusión, etc.
  4. La situación económica fue el catalizador: la juventud desempleada y pobre fue la que integró las revueltas, la que organizó las protestas y la que encabezó el alzamiento. Y no es coincidencia, el 60% de la población de los países árabes se constituye de menores de treinta años, un grupo en donde el desempleo supera el 30%.
  5. Pobreza: de esta forma, parece que, aunque me duela admitirlo, la falta de libertad no es suficiente para producir una insurrección, al fin y al cabo estos países llevaban decanas sin algo parecido a un régimen liberal. El descontento no fue tanto por la falta de libertad, sino por el mal gobierno de los autócratas y sus consecuencias económicas.

¿Qué otra conclusión se puede hacer al mirar las revueltas en Oriente? ¿Hasta dónde llegarán? ¿Podrán países con un perfil distinto sufrir los mismos efectos? Cuénteme lo que piensa, comente.

Brasil, de nuevo: De su papel en el mundo. (2 de 2).

Hace unos meses publiqué una entrada en el blog sobre las perspectivas de Brasil como potencia mundial, pero desde entonces había dejado el tema del ascenso brasilero a un lado. Intentando pagar esa deuda, pues aquella entrada es una de las más visitadas y buscadas, presento lo que podría considerarse la ‘continuación’ de ese análisis sobre la nueva potencia sudamericana. En la primera parte, “De cómo se convirtió en potencia regional”, hablaré un poco sobre la manera en que Brasil aumentó exponencialmente su poder nacional y en la segunda, “De su papel en el mundo”, sobre su futuro como potencia regional y mundial.

Al contrario de los que puedan creer algunos, Estados Unidos no encuentra necesariamente inconveniente para sus intereses que Brasil tome un papel de liderazgo en América Latina, mejor aún, está consiente de que puede beneficiarlo. La apuesta de Washington en muchas partes del mundo, y en buena medida en Sudamérica, se ha caracterizado por el mantenimiento a toda costa de la estabilidad internacional. Los esfuerzos que esta tarea implican para Estados Unidos son sumamente desgastantes y por eso el hecho de que las potencias regionales (Rusia, India, Sudáfrica, incluso China) estén ganando poder e influencia en sus vecindarios no le es necesariamente incomodo.

Estados Unidos conserva el poder suficiente para hacer imposiciones importantes, sin embargo, la guerra en Irak le demostró los pocos réditos que puede traer cualquier acción que no esté respaldada por la comunidad internacional. De esta forma, Brasil (junto con las otras potencias emergentes) jugarán un papel fundamental en el nuevo mundo multipolar, donde las acciones unilaterales serán cada vez más escasas y dañinas para quienes las emprendan y los poderes regionales serán quienes regulen las dinámicas mundiales en negociación con los países menores y la superpotencia.

Respecto a los países latinoamericanos, el liderazgo de Brasil puede abrir las puertas para el fortalecimiento de bloques regionales y el estrechamiento de las relaciones políticas y económicas del continente. Brasil supone muchas oportunidades para los países sudamericanos y en muchos casos ya es considerado como la potencia de facto de la región. Los países del Mercosur hace varios años que dejaron de ver a su centro en Argentina y giraron hacia la nueva potencia, los miembros del ALBA, aunque pretendan jugar un juego diferente, han mantenido sus acciones fuera del camino de la voluntad brasilera y el resto (Colombia, Perú y Chile) han buscado desde hace varios años fomentar una silenciosa pero cercana relación con el país carioca.

Así pues, el gobierno colombiano, por ejemplo, ha reconocido los beneficios de unas estrechas relaciones diplomáticas con Brasil y durante ya algún tiempo ha firmado tratados de cooperación energética, comercial y en temas de seguridad. La gran disyuntiva que algunos plantean entre EEUU y Brasil no parece ser tan cierta como parece. Colombia, ni ningún otro país en ese caso, debe escoger entre ambas potencias; perfectamente puede fomentar las dos relaciones y hacerlo con armonía y cosechando excelentes beneficios. La prioridad de los últimos años de Colombia de ganar en seguridad interna es un buen punto donde analizar este nuevo escenario. Pues si bien Estados Unidos es una pieza fundamental en la lucha contra el crimen, el narcotráfico y el terrorismo, Brasil (como canal para conseguir el apoyo regional contra estas dinámicas) también resulta un aliado de suma importancia.

Finalmente, es claro que el nuevo estatus de potencia de Brasil lo lleva a una posición de importancia nivel internacional, pero este nuevo lugar no necesariamente quiere decir que chocará con otras potencias, en especial Estados Unidos. De la mima forma, se puede identificar una tendencia desde principios de siglo de cómo los países sudamericanos se han plegado frente al nuevo poder, buscando su liderazgo. Así, el desarrollo económico, político y social brasilero lo convierte en un socio obligado de todas las naciones de América y dejan claro que en el futuro no se podrá analizar las perspectivas y dinamias del continente sin tener en cuenta a la nueva potencia regional.

¿Cree que en realidad Estados Unidos y Brasil si pueden cooperar en los temas latinoamericanos? ¿Qué tan conveniente para la región es un liderazgo brasilero? Cuénteme lo que piensa, comente.

Incongruencias necesarias: Intereses vs. Ideales.

El mundo vive en un constante y siempre inacabado proceso de estabilización. Todos los días diferentes eventos cambian, la mayoría de las veces de manera casi imperceptible, el orden internacional. Algunos países temen estos cambios, no los pequeños, sino los grandes y traumáticos, porque se perfilan como amenazas a sus intereses.

Es el caso de las recientes protestas y revueltas en el mundo árabe. El interés de Occidente en la región siempre ha estado atravesado por su dependencia del flujo de petróleo que de ella sale. Por eso, la estabilidad ha sido durante décadas la premisa cuando se  trata de abordar las relaciones con sus países. Estabilidad entendida como las circunstancias que garanticen que los buques petroleros sigan llegando a los puertos europeos y estadounidenses. Ahora bien, si para lograr esto (es decir, la defensa de un interés nacional fundamental) se deben apoyar a hombres fuertes, con dudosas posiciones respecto a los Derechos Humanos y la democracia (ideales más altos de Occidente), pues nada que hacer.

Así, los países comprometen sus ideales por la defensa de sus intereses.

La coherencia entre principios nacionales y ambiciones internacionales puede resultar muy perjudicial para un país. Por eso, la política exterior de la mayoría tiende a privilegiar los últimos sobre los primeros. Hacer concesiones al fin y al cabo, es la mayor herramienta con la que cuenta la diplomacia para lograr sus objetivos.

Encontrar ejemplos no es para nada difícil. Como cuando Colombia se hace la de la vista gorda con las acciones de Chávez para proteger el comercio binacional o en el silencioso apoyo que durante años le han brindado a los autócratas árabes Estados Unidos y Europa en nombre de la estabilidad. No es poco común, no es la excepción, es la regla. Y responde a una verdad muy simple, que los países son como las personas, actúan con racionalidad, buscando proteger sus intereses propios por encima de muchísimas otras consideraciones.

Ahora bien, no digo que no haya espacio para la cooperación o incluso para que algunas acciones estén dictadas por razones más altas que el simple interés, pero la cuestión no está en cambiar la naturaleza de las motivaciones internacionales, lo cual resultaría sumamente difícil, sino en buscar la forma en que los intereses puedan coincidir con los ideales.

¿Cómo puede lograrse que los ideales coincidan con los intereses? ¿Y lograr que esto sea la regla y no la excepción? ¿Cree que esto ya sucede? Cuénteme lo que piensa, comente.

Seis tendencias para ser optimistas en 2011.

Mis últimas entradas al blog han sido bastante pesimitas respecto al futuro: “que el mundo será menos democrático, que las revueltas árabes pueden ser malas”. Por eso quiero hacer algo diferente esta vez y presentarles algunos eventos (posibles en algunos casos) que nos pueden hacer sentir un poco mejor respecto a nuestro porvenir.

  1. Llegará (por fin) la recuperación de la economía mundial: tanto en Estados Unidos como en Europa, que han sido desde el comienzo el centro de la crisis, las perspectivas para este nuevo año son muy buenas. Nada parece indicar que todo volverá a la normalidad y la lucha por controlar el crecimiento sostenible, el desempleo, la inflación y el alto gasto público continuará.
  2. Es posible la caída de Ahmanidejad: la crisis económica y el alto desempleo (sobre todo en los jóvenes) podría llevar a un cambio en el régimen iraní, uno, ojala, para mejor. La reciente tendencia de rebeliones civiles en Medio Oriente, que Irán intenta vender como islamistas, aunque en esencia no lo sean, también podría reforzar las intentonas de algunos sectores de crear una oposición fuerte e incluso, de obligar a un cambio profundo del régimen.
  3. Secesión en Sudán: los resultados preliminares de las elecciones así parecen atestiguarlo, el sur del país se separará del norte y aunque esto supone un delicado proceso y se enfrenta a serias amenazas, podría terminar con el conflicto religioso que ha llevado a su población al borde del genocidio.
  4. Los talibanes pierden terreno: la ofensiva sostenida de las fuerzas aliadas en el sur de Afganistán y el fortalecimiento del gobierno y ejército afgano están haciendo el trabajo de los talibanes un poco más difícil y plantean buenas perspectivas para el futuro y estabilidad del sur de Asia.
  5. START: el tratado suscrito entre Estados Unidos y Rusia reducirá en cientos la cantidad de cabezas nucleares del mundo. Lo que es de por si bueno. Mis más elaborados argumentos no podrían superar el simple hecho de que haya menos armar nucleares.
  6. Dialogo en Corea: las reuniones entre altos funcionarios militares de Corea del Sur y del Norte de los últimos días podrían ser el preámbulo de negociaciones a mayor escala a finales del año, bajándole un poco a la temperatura del conflicto entre los dos países. Y aunque la firma de la paz o incluso, una reunificación es improbable en el futuro cercano, un papel más activo de China y la sucesión del régimen norcoreano, pueden llevar a cambios profundos en la tensionada península.

 

Por supuesto, así como existen razones para el optimismo, las hay para ser pesimista, pero en el juego de las suposiciones, es mejor apostar por lo mejor y perder, que hacerlo por lo peor y acertar.

¿Qué otras dinamizas saludables ve en el mundo? ¿Qué otras cosas nos deberían mantener optimistas respecto al futuro? Cuénteme lo que piensa, comente.


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