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Pelea de oso con burro amarrado

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Fuente: wikipedia.org

Sobre geopolítica, intereses y paranoia

No creo poder imaginarme un escenario geopolítico más improbable que el de un supuesto enfrentamiento  colombo-ruso. Y sin embargo, las últimas semanas las relaciones entre ambos países se han  tensionado gracias a dos incidentes. En primer lugar, el sobrevuelo de dos bombarderos rusos que viajaban entre Caracas y Managua sin autorización para cruzar el espacio aéreo colombiano, y luego, unas declaraciones de miembros de la armada rusa de visita en Nicaragua sobre el supuesto apoyo ruso al país centroamericano en caso de una guerra con Colombia.

Todo el asunto se enmarca, por supuesto, en el conflicto entre Colombia y Nicaragua por las aguas del Caribe en disputa, el fallo de la Corte Internacional de Justicia y la negativa del gobierno colombiano acatarlo. También –y aquí empezamos a estirar lo real y claro hacia lo especulativo- sobre el supuesto enfrentamiento de proyectos ideológicos en el continente, incluyendo, unos ejes “bolivariano-ruso” y “colombiano-estadounidense”.

Luego de los incidentes, el gobierno colombiano parecía más desconcertado que asustado por el escalamiento del conflicto con Nicaragua y Rusia. Y eso no es bueno. Porque al final, es más preocupante la incapacidad diplomática para asumir estas crisis por parte de Colombia, que la real amenaza de un enfrentamiento armado internacional. Peor fue la reacción de algunos congresistas colombianos, en su declaración sobre el incidente con Rusia, el Partido Conservar habla del “Gobierno Soviético”. Medir esto con mentalidad de Guerra Fría es solo otro patético error de cálculo de parte de la dirigencia colombiana.

Ahora bien, la Cancillería rusa envío un mensaje de tranquilidad como respuesta a la nota de propuesta del Ministerio de Exterior colombiano. De igual manera, los medios “oficiales” rusos –RT por ejemplo– no han reportado sobre las declaraciones de los militares rusos, ni de su efecto en la opinión colombiana.

Sin embargo, algunos analistas asumen el comunicado ruso como una no muy velada amenaza para el Gobierno colombiano y su relación con Nicaragua. Así, asumen que Rusia estaría presentado un frente común de apoyo a los nicaragüenses sobre la idea de un irrespeto por parte de Colombia del fallo de la Corte de La Haya.

Claro, ofenderse por esta posible afiliación –y resalto el “posible”-, es desconocer la regla general en política internacional de que “los países no tienen amigos, sino intereses”. Quizás en un poco de realismo resida la clave de la política colombiana respecto a todo este asunto. El gobierno debe acelerar su búsqueda de países con intereses comunes en la región y el establecimiento de un frente común contra las acciones nicaragüenses.

En Centroamérica hay muchos gobiernos enfrentados al expansionismo de Ortega, Colombia no puede ignorar esas tendencias, tiene que hacer uso de ellas.

¿Qué tan real es la amenaza de los rusos? ¿Se les puede creer en su supuesta “neutralidad”? ¿Qué debe hacer Colombia? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Gráfico: Gasto militar

Gasto militar: este gráfico reúne datos sobre el gasto militar de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU en los últimos veintiún años. Fuente: SIPRI.org

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Un realista, un liberal y un socialista discuten la intervención en Siria.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Un bar, tres comensales discuten las noticias en la barra, en el televisor pasan una nota sobre la guerra en Siria: se suceden imágenes de una ciudad árabe semi-destruida y hombres de camuflado disparando sus fusiles agazapados detrás de escombros; reuniones en Nueva York y Washington, hombres de saco y corbata hablan y manotean; navíos y barcos de guerra navegan sobre las olas de Mediterráneo; y al final, una fila de cuerpos amortajados, los rostros de niños, hombres y mujeres sin vida.

— ¿Qué están esperando?—se pregunta el Liberal, indignado—La comunidad internacional no puede seguir de manos cruzadas mientras los muertos se siguen acumulando en las calles sirias.

—¿Y quién es esa “comunidad internacional”?—le pregunta, con ironía, el Realista—Mientras los intereses de ningún país sean lo suficientemente grandes como para intervenir, nadie lo hará; lo siento si sueno crudo, pero una guerra cuesta dinero y ni europeos, ni estadounidenses van a gastar ese dinero si sus intereses no están amenazados.

—Pero ustedes dan por sentado que la intervención es algo bueno—terció el Socialista— ¿te preguntas por los intereses en juego? La intervención de Occidente atiende a los intereses del imperialismo, el mismo que se debe culpar por toda la violencia en Medio Oriente desde un principio.

—Evitar la muerte de más ciudadanos sirios y la utilización de armas químicas se inscribe dentro de los intereses del pueblo sirio—repuso, algo exasperado, el Liberal— ¡mierda! Se inscribe en los intereses de la humanidad, señores.

—No es tan sencillo—sostuvo el Realista, mientras el Socialista asentía, de acuerdo— se ha cometido errores enormes cuando se combina moral con política internacional.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

—Además —añadió el Socialista— ¿dónde queda el derecho internacional que tanto defiendes, Liberal? La intervención nunca tendrá la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, pase lo que pase, siempre será ilegal, al violar el principio de uso de la fuerza.

—Cuando las instituciones internacionales—sostuvo el Liberal—no son capaces de hacer cumplir las leyes internacionales porque la política las paraliza, son los países, y en este caso solo Estados Unidos cuenta con la capacidad y disposición para hacerlo, los que deben cumplir esa función.

El Socialista rio con gusto antes de preguntar:

—¿De qué sirve un entramado jurídico que puede violarse según las circunstancias? Suponiendo, por ejemplo, que al-Assad sea culpable, que en realidad lo que busca Estados Unidos y Europa en Siria es detener la matanza y no apoderarse de otro país en Medio Oriente.

—¿Otra de tus conspiraciones de masonería, sionistas y el club Bildelberg…?—Inquirió con ironía el Realista.

—El mundo no es lo que reportan CNN y la BBC, señores—Repuso el Socialista—en fin… ¿qué me dicen de que se realice una acción que viola la soberanía de Siria y del pueblo sirio? Los mismos sirios deben resolver este problema, no tenemos derecho a entrometernos, ni los europeos, ni los estadounidenses.

—¿Y Vladimir Putin si puede? ¿Qué me dices del papel de los rusos en la guerra?—preguntó el Liberal—¿O Irán? ¿Sus armas y apoyo al régimen si se justifica?

El Socialista se encogió de hombros.

—No voy a ser yo quien defienda a Putin…

—Quizá yo pueda explicarlo, aunque no lo quiera defender—repuso el Realista y añadió—Putin es un realista político y en Siria le importa muy poco los desfases de Bashar al-Assad…

—En parte—interrumpió el Liberal—porque no ha hecho nada que los rusos no hayan hecho en Chechenia…

—…su intención—continuó el Realista sin hacer caso—se explica en la defensa de la base rusa en el puerto sirio de Tartus, la compra de armas que al-Assad realiza a la industria rusa y finalmente, se juego buena parte de su prestigio internacional como potencia, sacándole todo el jugo posible al poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

—De acuerdo—repuso el Liberal—pero los simples intereses no solo mueven el mundo, los mismos rusos se comportan con una nostalgia de potencia que no necesariamente defiende sus intereses nacionales más inmediatos.

—Ahora ¿por qué intervendría Estados Unidos?—se preguntó el Realista— según lo veo, solo cuenta con un interés real en juego: su prestigio. En efecto, ya dijo que intervendría, no puede echarse para atrás, al-Assad cruzó la célebre línea roja puesta por el presidente Obama, Estados Unidos no puede darse el lujo de parecer débil en este punto: esa es la única razón.

—No estoy de acuerdo—intervino el Socialista—Estados Unidos busca dar un golpe a los iraníes en la región, mientras se asegura el paso para un gaseoducto que lleve el gas del centro de Asia al Mediterráneo. Al final, todo se reduce a una cuestión de dinero, ni defensa de Derechos Humanos, ni castigo por el uso de armas químicas.

—Lo que sostienes—dice el Liberal—está construido a punta de verdades a medias y suposiciones.

Las voces se pierden, entremezclándose mediante la discusión se hace más acalorada.

—…la culpa es de los rusos, de Vladimir Putin…—se le escucha al Realista.

—…la culpa es de la inacción internacional…—sentencia el Liberal.

—…la culpa es de Estados Unidos y Europa…—sostiene el Socialista.

—…

—…

En la televisión repiten la nota sobre la guerra en Siria, de nuevo, desfilan las imágenes de muerte y destrucción, en el bar, solo los tres hablan sobre el tema.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

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¿Intervenir o no intervenir?: El gran dilema de Obama.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre la posible intervención armada de la OTAN en Siria

Los reportes de las agencias de inteligencia de Occidente sobre el uso por parte del régimen de Bashar al-Assad de armas químicas (específicamente Gas sarín) contra rebeldes y civiles sirios han aumentado en los últimos días. El autócrata sirio ha cruzado la que el mismo presidente estadounidense Barack Obama había delimitado como la “línea roja” del conflicto; las discusiones sobre qué viene para Siria ahora cae en el dilema estadounidense y europeo de realizar una intervención armada a través de la OTAN.

El presidente de los Estados Unidos se encuentra en una posición especialmente incómoda. Por un lado, él mismo había delimitado que el uso de armas químicas por el régimen de al-Assad implicaría una respuesta fuerte por parte de los estadounidenses. Sin embargo, la opinión pública estadounidense todavía sufre el desgaste de las guerras en Irak y Afganistán y se encuentra poco dispuesta a que su país se involucre en otro conflicto internacional en Medio Oriente. En efecto, según una encuesta de marzo del Pew Reseach Center, el 64% de os estadounidenses sostiene que Estados Unidos no tiene ninguna responsabilidad para intervenir en el conflicto sirio. Es más, el 63% se opone a la estrategia actual de la Casa Blanca de armar a los insurgentes.

Así, Obama deberá sobreponerse a una enorme resistencia interna por parte de la opinión pública estadounidense si llegara a ordenar una intervención armada en Siria. Aun así, el precedente de la intervención en Libia (en donde Obama se unió a la acción armada aunque fuera impopular dentro de su país) puede indicarnos que si la situación se hace insostenible -esto es, las pruebas del uso de armas químicas son incontrovertibles- el presidente estadounidense podría ordenar la intervención.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

El segundo gran obstáculo es la política internacional. En efecto, los rusos y los chinos siguen oponiéndose a cualquier posibilidad de una intervención de Occidente, lo que impide una acción aprobada desde el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese caso, siempre queda la OTAN, pero las implicaciones estratégicas de implantar (por ejemplo) una zona de exclusión área como en Libia durante la reciente guerra civil, son enormes. La caída de al-Assad podría suponer que Irán, su principal aliado, acelere su desarrollo de armas nucleares; la situación en el inestable Líbano e incluso en Israel, que tendrían que enfrentar lo que sea que salga de un nuevo gobierno sirio, podría desestabilizar aún más la región. Obama tiene todo esto en la cabeza.

Los llamados por la intervención en Siria son bastante viejos; la situación solo ha empeorado desde entonces, con aproximadamente unos 70.000 civiles muertos y más de un millón de refugiados; ambos bandos también se han radicalizado, la insurgencia está cada vez más conformada por islamistas y voluntarios yihadistas y el régimen se ha decidido a usar todos los recursos a su alcance, incluyendo las famosas armas químicas en su poder.

Uno de los mayores temores es que al-Assad esté probando su suerte y tanteando hasta qué punto puede estrechar la respuesta internacional en su contra. En efecto, el autócrata sirio ha escalado el conflicto (usando a cada paso armamento más pesado) mientras con un ojo observa la reacción internacional (particularmente la estadounidense). No actuar ahora podría significar validar la suposición de al-Assad de que no habrá consecuencias para los abusos y las arbitrariedades que se le ocurran para aplastar a los rebeldes.

Sin embargo, con tanto en juego (dentro de Estados Unidos y en el exterior) el prudente presidente Obama se tomará su tiempo para tomar una decisión; mientras tanto, la guerra continúa en las ásperas llanuras sirias y los combatientes miran al cielo, conteniendo el aliento.

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Mapa: Un mundo nuclear

Un mundo nuclear: este mapa recoge datos de 2012 sobre los arsenales de armas nucleares en el planeta. Aunque las estadísticas para las grandes potencias parecen ser algo claras (y sus arsenales se hayan reducido desde el final de la Guerra Fría) los de las “pequeñas” potencias nucleares son algo menos seguras y estarían en aumento. Fuente: fas.org

Un mundo nuclear

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Tensiones en el paralelo 38: De por qué una guerra en la península de Corea es muy improbable.

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Fuente: Globalsecurity.org

El pasado miércoles 27 de marzo, Corea del Norte cortó la línea de comunicación de emergencia que la conecta con las autoridades de Corea del Sur y que había sido pensada para (al modo de la “línea roja” entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría) mantener un canal de comunicación abierto que impidiera un enfrentamiento nuclear entre ambos países.

Este es el último de una serie de medidas tomadas por el líder norcoreano, Kim Jong Un en contra de su vecino del sur, Estados Unidos y Japón, luego de que se le instaurara una nueva ronda de sanciones económicas a su régimen como sanción por su programa nuclear ilegal. En días pasados, los norcoreanos han ordenado el despliegue de tropas a la frontera del sur, han preparado sus misiles y piezas de artillería y declararon por terminado de armisticio de 1953, firmado al finalizar la guerra entre las dos coreas.

Lo que está en riesgo es enorme. En efecto, una guerra en la región sería devastador para la economía mundial. La península de Corea se encuentra en un lugar estratégico en término geográficos, y un enfrentamiento bélico en las condiciones actuales podría llegar a involucrar a cuatro de las economías más importantes del globo: China, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos. Así, podrían entrar en guerra los productores de algo así como el 40% del PIB mundial.

Esto ha logrado poner bastante nervioso a los mercados internacionales y ha disparado el precio del petróleo. Sin embargo, los temores parecen, aún en la gravedad de la situación, infundados y solo si algo extraordinario o inesperado sucede, es muy improbable que las tensiones que se viven hoy en Corea lleven a una nueva guerra.

En primer lugar, la guerra es improbable porque desde el enfrentamiento de 1953, las dos coreas no han estado involucrados en ningún otro enfrentamiento a gran escala; los líderes de los dos países, al igual que la mayoría de la comunidad internacional conoce las consecuencias nefastas que una guerra traería para todos. Por supuesto, las cosas pueden salirse de las manos; un disparo de advertencia que da en el blanco equivocado, un avión que pasa una frontera sin quererlo o un barco que se encuentra con otro en altamar en un mal momento. Aun así, mientras este tipo de casualidades no se den, es bastante improbable que las parte involucradas quieran un enfrentamiento.

Y digo esto porque el statu quo de la península ha beneficiado hasta el momento a los liderazgos de ambos países. Por un lado, Corea del Sur pasó en algo menos de cincuenta años de ser uno de los países más pobres del mundo a estar entre las veinte economías más grandes del planeta. Los surcoreanos harán lo que puedan por mantener la paz, porque esto implica la persistencia de su prosperidad económica.

Corea del norte tensiones

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Corea del Norte es un caso más difícil. Durante el mismo periodo desde la separación de la península en los años cincuenta, la dirigencia comunista norcoreana (en cabeza de la dinastía fundada por Kim Il Sung) se ha instalado como una cleptocracia en donde los pocos recursos que produce la destruida industria y campo norcoreano va a los bolsillos de los generales que soportan a los líderes. La situación es tan absurda, que las últimas sanciones de la ONU (las que provocaron estas tensiones recientes) van dirigidas a impedir la importación de artículos de lujo como yates o limosinas al país; todas ellas dirigidas, por supuesto, a Kim Jong Un y su camarilla más cercana.

Y esa es la segunda razón por la que, aunque juega con fuego, Kim Jong Un no arriesgará a salir quemado. Las fuerzas armadas norcoreanas están mal equipadas, sus equipos son obsoletos e incluso la capacidad para coordinar y alimentar a las tropas se cuestiona. El único verdadero poder de Corea del Norte a la hora de enfrentar un conflicto internacional contra Corea del Sur y Estados Unidos sería su arsenal nuclear. En efecto, los norcoreanos tienen un estimado de entre dos y tres cabezas nucleares; no es una gran cantidad, pero en término de armamento y peligro internacional, incluso una sola bomba nuclear es mucho.

Aun así, las armas nucleares son curiosas. Son probablemente uno de los artefactos más poderosos hasta que se utilizan. En efecto, al igual que con su arsenal nuclear, el poder de los norcoreanos viene de su capacidad para extorsionar a la comunidad internacional con sus valentonadas; ha sido durante mucho tiempo un bully de las relaciones internacionales, pero su capacidad para hacerlo está en que no tenga que llegar a cumplir sus amenazas, porque una vez los misiles estén en el aire tiene todas las de perder.

En fin, los norcoreanos, como en tantas otras ocasiones, están haciendo un inmenso bluf. Esto no quiere decir sin embargo que las tensiones aumenten todavía mucho más antes de que las bravuconadas se desinflen. Por eso veremos en el futuro cercano algunos atropellos más y mucha más retorica guerrerista de parte de Kim Jong Un, pero la probabilidad de que esto escale a un enfrentamiento armado a gran escala son muy escasas, por no decir que ninguna.

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¿El tiempo de la responsabilidad?

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre porqué la intervención en Siria sigue siendo una lejana posibilidad

El pasado viernes 27 de mayo, en la localidad siria de Houla, más de cien personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad del presidente Bashar al-Assad. Según reportes de la ONU, 49 de las víctimas eran niños, la mayoría menores de diez años. La masacre de Houla ha sido la más reciente de las acciones violentas de la guerra civil que enfrenta al gobierno sirio en contra de las fuerzas rebeldes y manifestantes ciudadanos que por más de dieciocho meses se enfrentan en las calles de las ciudades y los poblados del país árabe.

La respuesta internacional no se hizo esperar y horas después de conocerse las atrocidades de Houla, varios países expulsaron a las delegaciones sirias de su territorio. Los llamados para fortalecer las acciones contra el régimen de al-Assad, incluso para realizar una intervención militar en toda regla se incrementaron. Sin embargo, las condiciones para esta segunda posibilidad, la de aplicar la doctrina de Responsabilidad de Proteger, como en el caso de Libia, e iniciar una campaña en contra de las fuerzas sirias para detener la matanza parece improbable.

Una acción cómo esta necesita del apoyo público y la voluntad política nacional e internacional, además de los medios militares necesarios.

Por supuesto, el apoyo público dentro de Estados Unidos a una intervención armada en Siria es excesivamente bajo y deja prever que Barack Obama no tendrá intención alguna de hacer ese sacrificio político con unas elecciones presidenciales tan reñidas a final de año. Así, una encuesta realizada por Fox News a mediados de marzo mostraba que mientras el 82% de los estadounidenses apoyaba el envío de ayuda humanitaria a los sirios, solo el 37% estaba de acuerdo con proveer apoyo aéreo a las fuerzas rebeldes y apenas el 14% a la utilización de tropas en el suelo del país asiático.

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Este escenario es importante porque, a pesar de las pretensiones que puedan tener otros países pertenecientes a la OTAN, solo Estados Unidos cuenta con la capacidad real de proyectar poder militar y realizar operaciones en Siria a gran escala y con posibilidades de éxito. Mejor dicho, que sin las fuerzas armadas estadounidenses, cualquier intervención contra Siria sería o muy costosa o simplemente imposible para los europeos.

Espero no se me entienda mal, nada quisiera más que ver a los aviones de la OTAN volando sobre las torretas de los tanques de guerra y piezas de artillería de al-Assad que amenazan las vidas de los ciudadanos sirios; ojalá pudieran las potencias Occidentales no negarles a los sirios lo que no negaron a los libios. Pero las cosas no se ven fáciles. Ni el apoyo público, ni la voluntad política para una intervención armada parecen existir dentro de Estados Unidos y los países europeos.

Y claro, todo esto sin siquiera contar con el otro gran obstáculo, el rechazo cómplice y firme de Rusia y China a una acción armada de la OTAN en Siria. Los europeos intentan disuadir al presidente ruso Vladimir Putin de su defensa de al-Assad, pero los rusos no tienen ninguna intervención de cometer el mismo error que cometieron en Libia, mucho menos crear un nuevo precedente sobre la relativización de la soberanía nacional en el caso de una represión estatal sobre los ciudadanos de un país. Putin sabe que eso puede ser incómodo para su régimen en el futuro. Sin el apoyo o por lo menos la complacencia se Rusia y China, ninguna acción armada sobre Siria tendrá la legalidad del Consejo de Seguridad de la ONU y por tanto supondrá un riesgo enorme para quién sea que quiera emprenderla.

Todo lo anterior, sin contar con las dificultades logísticas, políticas, militares y sociales de la intervención. La lucha dentro de Siria no es tan sencilla como la de un pueblo oprimido contra un dictador desalmado. Las complejidades incluyen asuntos étnicos, dependencias económicas y revanchismos.

¿Qué debe hacer la comunidad internacional en Siria? ¿Intervenir u observar? ¿Existe un punto medio lo suficientemente eficaz? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Humo

Humo: datos sobre el consumo de tabaco y su incidencia en las muertes en el mundo. Fuente: tobaccoatlas.org

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Reformas necesarias

Fuente: nacionesunidas.org.co

Sobre la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene como misión mantener la paz y seguridad mundial, una tarea difícil, por supuesto, pero fundamental bajo el nuevo orden establecido luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la forma como fue diseñado le impide actuar en la mayoría de los casos importantes y esto ha supuesto no solo el desprestigio de su función, sino el crecimiento del escepticismo frente a la misión fundamental del Consejo y de la misma ONU: la prevención de la guerra y la protección de los derechos humanos.

El más reciente de estos casos de negligente inactividad es el de Siria. Pues en las ultima semanas, las protestas que han sacudido al país por casi un año se han transformado peligrosamente en los momentos previos de una guerra civil. Bashar al-Assad, el presidente sirio, ha mantenido una campaña de represión que ha cobrado, según estimativos conservadores, miles de vidas.

El día sábado, un grupo de países, encabezado por Estados Unidos y sus aliados, incluyendo el apoyo legitimador de la Liga Árabe, presentó una propuesta de resolución al Concejo de Seguridad en donde se instaba firmemente a al-Assad a dejar de matar a su gente, a permitir las demostraciones pacificas y a dejar entrar a los representantes de las agencias internacionales y humanitarias a su país.

La propuesta no fue aprobada sin embargo, porque Rusia y China la vetaron. No es que hayan votado en contra, sino que utilizaron su poder de impedir que una iniciativa sea siquiera votada. Los países comparten esta capacidad junto a los otros tres miembros permanentes del Concejo de Seguridad, Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Este mecanismo, ideado luego de la Segunda Guerra Mundial para que los vencedores pudieran impedir que nada que los incomodara demasiado se ordenara desde el concejo, se ha convertido en una manera de que nada, absolutamente nada, se haga en la mayoría de las situaciones más complejas y urgentes del planeta.

El apoyo de Rusia y China por el régimen sirio puede tener dos explicaciones, que no son, por supuesto, excluyentes. La primera es un interés económico, particularmente, por la compra de armas que al-Assad hace regularmente a las dos potencias (es con esas mismas armas, claro está, con que el dictador sirio masacra a su gente). La segunda razón es geopolítica y hiede a las dinámicas propias de la Guerra Fría, cuando Rusia defendía sus intereses contra Occidente.

Pero algo incluso más importante que la desastrosa decisión y sus implicaciones para el futuro de los sirios, trae este último desatino del Consejo de Seguridad. Pues todo esto nos confirma que si la ONU desea mantener su relevancia en los asuntos globales, tiene que emprender una serie de reformas pendientes desde hace años. La principal: reemplazar al Consejo de Seguridad por la Asamblea General como máxima instancia del organismo o por lo menos,  la derogación del derecho de veto y la ampliación de los miembros permanentes.

Estas no son reformas fáciles de emprender y es poco probable que las veamos discutiendo dentro de la ONU en el futuro cercano, sin embargo, son necesarias, fundamentales si se quiere, para la relevancia, pertinencia e incluso supervivencia de las Naciones Unidas.

¿Se debe intervenir en siria? ¿Funciona el sistema actual del Consejo de Seguridad? ¿Cómo debería reformarse? Cuénteme lo que piensa, comente.

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De protestas a Guerra Civil

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el aumento  de la violencia en Siria

Con cada día que pasa y mientras las calles de Damasco , Hama y Homs se cubren de sangre, las protestas del pueblo sirio que piden la dimisión del régimen de Bashar al-Assad se han tornado, ante la brutal represión del gobierno, de una violencia que hace temer una guerra civil en este país de Medio Oriente.

En efecto, las últimas semanas han visto el enfrentamiento entre facciones armadas, desertores del ejército y las fuerzas de al-Assad en más de una docena de ciudades y pueblos sirios, incluyendo los suburbios de la capital. Los meses anteriores habían visto como una desorganizada y heterogénea oposición organizaba espontaneas protestas y demostraciones. Ahora, sin embargo, cuentan con un nombre y una facción armada, el “Ejército sirio libre”. Así, las fuerzas de al-Assad no solo reprimen a los manifestantes, sino que se enfrentan en la actualidad a antiguos soldados que se han unido a la oposición y que empiezan librar batallas por ganar posiciones en diferentes partes del país.

Preocupados por la situación, los líderes del mundo árabe (menos Irán, por supuesto) y Occidente han instado al régimen de al-Assad a hacerse a un lado, abandonar la represión violenta y permitir las manifestaciones pacificas de los sirios. El problema es que en Siria, como lo que suele pasar, hay muchas cosas más en juego aparte del porvenir del país: el futuro geopolítico de Medio Oriente y la intrincada red de alianzas en la región.

Así pues, los rusos, aliados del régimen de al-Assad, han hecho expreso su rechazo a cualquier intentona de la comunidad internacional (en este caso del Concejo de Seguridad de la ONU) de imponer sanciones o atacar en cualquier modo a la dictadura siria. El Concejo se reunió sin embargo el día de ayer, buscando aprobar una resolución que exhorte al presidente sirio a dejar el poder.  Los países árabes, en representación de la Liga Árabe, han defendido una resolución de este tipo, pero que en ningún caso lleve a una intervención militar extranjera. Estados Unidos y Gran Bretaña se unieron a ese llamado. Francia se mostró exceptiva frente a la utilidad de una resolución tan “débil”, pero aún así la apoya.

Pero gracias al deficiente sistema ideado para el Concejo de Seguridad, Rusia puede vetar cualquier resolución (al igual que cualquiera de los otros cuatro miembros permanentes, a saber, EEUU, Francia, Gran Bretaña y China). Aún así, el hecho de que se estén discutiendo en el seno del más importante organismo internacional la situación en Siria y por supuesto, que gran parte de la comunidad internacional (incluyendo una porción importante del Mundo Árabe) condene las actuaciones de Bashar al-Assad, implica un golpe para el tirano sirio y una victoria, aunque sea moral, para la oposición.

¿Qué va a pasar en Siria? ¿Ganará al-Assad? ¿Lo hará la oposición? ¿Intervendrá más activamente la comunidad internacional? Cuénteme lo que piensa, comente.

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