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Las dos caras del 2015 (II)

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Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez, ganadores del Nobel de Paz de 2015

Por Santiago Silva Jaramillo

En el plantea convive tragedia con esperanza, maldad y bondad, y aunque en este blog he defendido la escuela de pensamiento de los “grises”, eso no quiere decir que sea imposible determinar con bastante certeza cuando las cosas salen bien o mal en los asuntos internacionales. El 2015 no ha sido diferente, presentando estas dos caras del trepitar constante de la historia, de su insistente disposición a presentarse en forma de dicotomías.

2. Grupo(s): El cuarteto para el diálogo nacional en Túnez y el Estado Islámico.

Tanto la democracia tunecina como la guerra civil en Siria son producto del mismo hecho significativo: la Primavera Árabe. Los dos son casos extremos de lo que las protestas y revueltas empezadas en 2011 por la inmolación de un frutero tunecino provocó en varios países del Medio Oriente y el Norte de África. La indignación y el descontento recorrieron Egipto, Libia, Barheim, Siria y el mismo Túnez, pero quizás solo este último puede ver algo positivo en el desenlace de la revolución iniciada en sus calles. Y buena parte de este éxito se debe al papel desempeñado por el Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez (conformado por la Unión General Tunecina del Trabajo, la Unión Tunecina de la Industria, el Comercio y la Artesanía, la Liga Tunecina de los Derechos Humanos y la Orden Nacional de los Abogados de Tunicia) para defender la naciente democracia del país y que fue reconocida con el Premio Nobel de Paz en 2015. El Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez ha permitido que los tunecinos tengan el único caso de verdadero éxito luego de la Primavera Árabe y que las nuevas instituciones democráticas del país funcionen efectivamente.

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Miembros del Estado Islámico, organización terrorista.

Por otro lado, el Estado Islámico se ha configurado en 2015 como una de las principales fuerzas de la destrucción y el caos y en enemigo común de la comunidad internacional. En primer lugar, su control sobre amplias zonas de  Siria e Irak continúa en medio de la crueldad y los desenfrenos, con reportes cada vez más detallados de la tragedia que es vivir bajo el estricto y a la vez caótico orden impuesto por el grupo extremista. Y aunque la expansión de su territorio parece haberse detenido por la acción de las coaliciones internacionales que lo combaten y la apertura de demasiados frentes de batalla, millones de sirios e iraquíes continúan viviendo bajo el injusto gobierno del EI. En segundo lugar, el grupo ha echado mano de formas de violencia más “convencionales” a su tipo de organización y ha desarrollado ataques terroristas en varios países, como Líbano y Francia. Esto es a partes iguales signo de debilidad y demostración de fuerza. Da cuenta de que los bombardeos y esfuerzos internacionales están funcionando, de que el EI tiene pocas alternativas al terrorismo para devolver esos golpes, pero también que los ataques son difíciles de prevenir y costosos en vidas y moral para estos países. En sus ataques en Paris, además, el Estado Islámico demostró su capacidad y disposición a responder a las potencias sus operaciones en Siria, su alcance y poder de organización. El terror de esa noche los graduó en la organización más peligrosa del planeta.

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¿Se aproxima la tercera guerra mundial?

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Fuente: telegraph.co.uk

Por Santiago Silva Jaramillo

Para empezar, no. No es probable que en el futuro cercano -y menos por el conflicto en Siria, como afirman algunos– se produzca una tercera guerra mundial.

En primer lugar, porque las apuestas y tensiones no son tan altas en este conflicto de Medio Oriente; es decir, que el riesgo de las afectaciones que una confrontación a gran escala produciría a los involucrados es mayor al de resolver los problemas por medio de la diplomacia. Por eso el derribo de un avión ruso por parte de Turquía ha creado muchos problemas, pero no produjo un escalamiento en la confrontación o más desorden que el incidente mismo. En efecto, Vladimir Putin y Percep Erdogan se pueden despreciar y considerar enemigos, pero esos sentimientos e intereses encontrados no alcanzan para generar una guerra entre ambos países.

En segundo lugar, la geografía supone un reto enorme e impone unas restricciones prácticas bastante complejas para todas las potencias involucradas. Es decir, que aunque Medio Oriente es fundamental para las potencias Occidentales, Rusia y obviamente las potencias regionales (Irán, Arabia Saudita y Turquía), el grado de dependencia sigue siendo bajo, y las condiciones de un despliegue completo en la región serían una pesadilla logística.

Finalmente, la oposición interna, las democracias y la inestabilidad de una guerra a gran escala disparada por un conflicto ajeno y lejano, convierten la alternativa de una confrontación armada entre las potencias por Siria en la fuente de inestabilidad interna que la mayoría de los líderes mundiales prefieren evitar. Esto no es una garantía, pero le resta puntos a la probabilidad de una tercera guerra mundial.

Así que calma, el apocalipsis todavía está lejos.

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Infografía: Amigos y enemigos en Siria

Bashar al-Assad y su aliado Vladimir Putin en un cartel propagandístico en Siria.

Por Santiago Silva Jaramillo

La guerra civil en Siria ha dejado millones de desplazados y cientos de miles de muertos; sus consecuencias sobre la población civil siria e iraquí han sido traumáticas, heridas que tomará décadas sanar en una región en donde los riesgos de inestabilidad geopolítica lo condicionan todo. La capacidad de escalamiento también es sustancial, como hemos visto en las últimas semanas en Siria con la intervención de Rusia, que ha estado lanzando bombardeos a posiciones rebeldes y del Estado Islámico y ha apuntalado fuerzas militares en defensa de su aliado Bashar al-Assad; la red de amigos y enemigos se puede volver confusa rápidamente, por eso, miremos un poco cómo se dividen las facciones de la guerra. Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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Gráfico: Refugiados y desplazados en 2014

Refugiados y desplazados en 2014: de acuerdo a cifras de la Agencia para los Refugiados de la ONU (UNHCR) en 2014 había al menos 55 millones de personas viviendo como refugiados o desplazados internamente en el planeta. Los tres países que más participan de esta tragedia son Siria, Colombia e Irak, concentrando el 22% del total de esta población. El siguiente gráfico da cuenta del panorama general, señalando los quince países que más refugiados y desplazados internos tuvieron en 2014. Fuente: UNHCR, 2015Nota: de clic sobre la imagen para ver los detalles en su tamaño completo.

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El ascenso del Estado Islámico (Presentación – EAFITMUN)

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Abu Bak al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, habla en una alocución desde Mosul, Irak

El ascenso del Estado Islámico: el pasado martes 01 de septiembre tuve la oportunidad de compartir con el grupo de estudiantes que conforman el modelos de las Naciones Unidas de la Universidad EAFIT (EAFITMUN). Estuve presentando algunas ideas sobre el nacimiento y desarrollo del Estado Islámico y sus consecuencias para el Medio Oriente. A continuación, les comparto mi presentación para ese día.

Agentes del caos. Presentación para EAFITMUN

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¿Por qué la guerra contra el Estado Islámico sigue empeorando?

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Combatiente de las fuerzas leales a Bashar al-Assad en la ciudad de Deir ez-Zor. Fuente: Time (Ver la galería completa).

Por Santiago Silva Jaramillo

Luego de meses de mantenerse neutrales, los turcos han decidido intervenir en la guerra que en su frontera con Siria luchan las fuerzas del Estado Islámico, las tropas leales a Bashar al-Assad, las diferentes facciones rebeldes y los kurdos. Era casi inevitable que el caos en Siria e Irak terminara por arrastrar a los turcos –al igual que lo ha hecho con otros países vecinos como Jordania e Irán y amenaza hacerlo con Líbano, Arabia Saudita e Israel- al enfrentamiento del enemigo común representado por el EI.

La decisión del gobierno turco –que sus aliados occidentales venían esperando desde hace varios meses– llegó luego de que un atentado terrorista en una localidad al sur de Turquía fuera atribuido al Estado Islámico y su intención de golpear a sus enemigos kurdos y a los refugiados sirios que utilizan la frontera turca para refugiarse, aprovisionarse y atacar las posiciones del EI.

Los turcos, que habían evitado el enfrentamiento directo con el EI por razones geopolíticas –aunque prestaban ayuda y apoyo indirecto a fuerzas que combatían a los islamistas- han lanzado varias operaciones aéreas en el norte de Siria y operativos para capturar simpatizantes dentro de su territorio (unos doscientos en cuestión de días). Aunque el gobierno de primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan ha descartado el despliegue de tropas al otro lado de la frontera, los bombardeos aéreos o de artillería a posiciones del EI tenderá aumentar.

La entrada directa de los turcos al conflicto sirio no solo afecta al Estado Islámico. Los kurdos, por otro lado, también se ven perjudicados por la decisión de Turquía. En efecto, las fuerzas kurdas que combaten al Estado Islámico en el norte de Siria están fuertemente relacionadas con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (KPP por sus siglas en inglés), una guerrilla kurda que lucha por la independencia de la etnia en el oriente de Turquía. El gobierno turco, que en muchos sentidos había evitado luchar directamente con el Estado Islámico por no ayudar a los kurdos, ha lanzado operativos simultáneos contra ambas fuerzas para “equilibrar” sus intereses en la región.

De esta forma, el caos de la guerra en Siria aumenta el territorio de las hostilidades a buena parte del sur y oriente de Turquía, donde las fuerzas turcas enfrentarán al Estado Islámico en la frontera, mientras atacan a los militantes del KKP en un intento por evitar que ocupen los vacíos dejados por un eventual retroceso del EI.

20 year-old YPJ fighter Beritan Khabat from Derek, Syria. She joined the YPJ four years ago to protect her homeland and put an end to the suppression of women. "I fought with ISIS in Jezza and Serikani.  Women of YPJ are not scared of ISIS."  Newsha Tavakolian for TIME  Beritan believes that in her society women should be armed with guns and fight for their rights. She says that they have created a new idea for the men of the world. telling them that women too can be good fighters. "I fought with ISIS in Jezza and Serikani. And the first time I heard the sound of bullets next to my ears was in Talala town, while I was fighting with ISIS for the first time. The first time I thought about facing ISIS, my whole body was shivering and the whole thing seemed more like a joke to me. But when I thought deeply, I realized that I was going to fight with a radical group, and this empowered me so much that all my fears faded away. Women of YPJ are not scared of ISIS".

Una de las mujeres que combaten con las fuerzas kurdas cerca de la frontera turco-siria en la localidad de Kobani. Fuente: Time.com (Ver galería completa).

Por último, frente a este nuevo jugador en la guerra, el principal beneficiado es el presidente sirio, Bashar al-Assad, enemigo de los turcos, que verá como tres de sus contrincantes luchan entre sí mientras él puede concentra sus fuerzas e intenta recuperar algo del territorio perdido en cuatro años de guerra. Porque las hostilidades continuarán y solo dan señales de agravarse en el futuro, así en las últimas semanas la diplomacia mundial –en cabeza de la ONU– esté intentando sentar a las partes del conflicto sirio en una mesa de negociación.

Una solución negociada al conflicto parece improbable porque algunos de sus actores más importantes no tienen ninguna intención –al menos por el momento y visible- de ceder en sus posiciones sin exigir demasiado de sus contrapartes (como al-Assad y las mismas fuerzas rebeldes) y otros han ganado mucho en el caos de la guerra para querer que una negociación “prematura” les haga perder sus victorias (como el Estado Islámico o los kurdos).

En este punto, la comunidad internacional solo puede esperar que la guerra, que arrecia, no se siga saliendo por las costuras fronterizas y arrastrando a más partes al conflicto. Pero de esas esperanzas solo suelen quedar tragedias.

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¿Por qué sigue creciendo el terrorismo internacional?

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Provincia de Helmand, Afganistán (2008). Fuente: Time.com (Ver galería).

Por Santiago Silva Jaramillo

La semana pasada, ataques terroristas simultáneos -aunque no necesariamente coordinados- golpearon con tragedias a tres países. En Francia, una persona murió y diez quedaron heridas luego de un ataque de un grupo presuntamente yihadista en una fábrica de Lyon; mientras que en Kuwait, un terrorista suicida hizo explotar un chaleco-bomba en una mezquita; y en Túnez, un militante armado asesinó al menos a treinta turistas en las playas de la costa Mediterránea.

La pregunta que surge en este contexto es clara ¿está creciendo el terrorismo mundial? Y si ése es el caso ¿por qué?

La respuesta a la primera cuestión es sencilla y soportada por datos del Global Terrorism Data Base (ver gráfica) es claro que entre mediados de la década del 000′ y el 2013, los incidentes asociados a actos de terrorismo se han más que duplicado. De igual forma, de acuerdo a cifras del Departamento de Estado de Estados Unidos, en 2010 hubo un total de 13.186 muertes por ataques terroristas, mientras que en 2014 ese número aumentó a 32.727. De hecho, ese año se ha convertido en el momento más fatal del terrorismo desde que se recogen datos.

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Comportamiento histórico de incidentes relacionados al terrorismo (bombas, ataques armados, asesinatos, sabotaje). Fuente: Global Terrorism Data Base, 2015.

Ahora bien, la segunda pregunta permanece ¿cuál es la razón del incremento? Lo primero para acercarse a una respuesta podría ser intentar pensar un poco más sobre las motivaciones y razones del terrorismo. El terrorismo es ante todo un instrumento de guerra irregular o de resistencia violenta en situaciones de asimetrías de fuerza. Mejor dicho, es el arma de los que quieren tener un impacto en una población o poder enemigo y tienen pocos recursos o se oponen a una contra-parte que los supera sustantivamente; es ante todo una forma “eficiente” -terrible, pero positiva en términos de un cálculo costo-beneficio- de buscar un objetivo político por medios violentos.

Por supuesto, la naturaleza del terrorismo solo puede explicar el incremento en los incidentes y las víctimas si se relaciona con la coyuntura política. En efecto, la región del planeta más afectada por el terrorismo en la última década es el Sur de Asia (Afganistán, Pakistán), seguida por Medio Oriente y el Norte de África. Tres circunstancias parecen explicar la explosión del terrorismo en estas zonas: (1) la invasión de Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos y varias potencias europeas; (2) la Primavera Árabe iniciada en 2011 en países como Libia, Siria, Egipto y Túnez; y (3) el enfrentamiento geopolítico entre las potencias sunnita y chiíta, Arabia Saudita e Irán.

La primera circunstancia le dio gasolina a grupos islamistas como el mismo al-Qaeda o los talibanes, generando una lucha desigual en la que la única manera de oponerse a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en las montañas de Afganistán y las ciudades de Irak era el terrorismo. La segunda circunstancia creó enfrentamientos entre autócratas regionales y sus poblaciones, pero llevó a el ascenso de organizaciones islamistas, respuestas violentas de los mismos dictadores que se resistían a ceder el poder o en los casos de Siria y Libia, un caos de transición o guerra en donde florecen las fuerzas de organizaciones como el Estado Islámico. Y la tercera circunstancia ha servido de combustible -en dinero, armas y apoyo político- a expresiones políticas y religiosas violentas de cada frente por la lucha entre sauditas e iraníes por la hegemonía del Medio Oriente.

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¿Por qué el 2014 fue el año con más desplazamiento forzado de la historia?

Campo de refugiados en Jordania. Fuente: The Guardian

Campo de refugiados sirios en Jordania. Fuente: The Guardian

Por Santiago Silva Jaramillo

La respuesta corta: por el Estado Islámico.

La respuesta larga: a continuación.

Pero primero, señalar que el diagnóstico del desplazamiento forzado en el planeta de ACNUR-ONU en un reciente informe sobre la materia nos presenta un panorama muy preocupante sobre el fenómeno. En efecto, el énfasis del informe está en el “récord” establecido en 2014 en número de victimas de desplazamiento forzado interno en el planeta, al alcanzar los 59,5 millones de personas. El incremento de esta población es todavía más frustrante en tanto la violencia en general y los conflictos armados a gran escala en particular, se han reducido sistemáticamente en las últimas dos décadas. De hecho, el mundo es un lugar menos violento y con menos guerras, pero aún así una de las principales consecuencias de los conflictos violentos -el desplazamiento forzado de civiles en medio de la confrontación- ha llegado a su pico histórico el año pasado.

Entonces ¿por qué el 2014 ha sido el año con más desplazamiento forzado de la historia reciente?

1. El ascenso del Estado Islámico y la guerra en Medio Oriente: retomo la respuesta corta. En efecto, la violenta campaña del Estado Islámico por conquistar territorios en Siria e Irak, junto a su brutal forma de gobierno de los lugares bajo su dominio, han creado una crisis humanitaria en Medio Oriente que no tiene precedentes. Aproximadamente unas once millones quinientas mil personas han sido desplazadas en Siria en los últimos cinco años de guerra civil y unas cuatro millones cien mil en Irak entre conflictos locales y la lucha entre el gobierno, las autoridades kurdas y el Estado Islámico.

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Fuente: tomado de ACNUR-ONU (2015)

2. Etnias, religión y exterminio: los conflictos en Siria, Irak, la República Democrática del Congo, Nigeria, Libia, Myanmar, entre otros, tienen dos comunes denominadores, sus causas o factores agravantes asociadas a la religión y las diferencias étnicas. Ambos suelen incentivar prácticas de exterminio o explotación de las poblaciones civiles “contrarias” a la religión -o facción religiosa- o la etnia del grupo que conquista un territorio. Un ejemplo trágico de este fenómeno es la pretensión -y casi realización- del exterminio del la secta yazide por parte de militantes del Estado Islámico en Irak; en varios meses de combates y opresión, docenas de miles de yazides murieron y miles de mujeres y niñas fueron esclavizadas.

3. La “degradación” de la violencia: los conflictos que más desplazamiento forzado generan tienen dos particularidades (que pueden presentarse juntas o por separado), las causas relacionadas con la tenencia de la tierra o la ocupación de un territorio -como en Colombia, donde la tierra es central en los intereses de los grupos armados y una de las principales razones del desplazamiento-; y la “degradación” de la violencia asociada al conflicto. En este caso, podemos entender degradación como el uso sistemático de prácticas de violencia contra la población civil en busca de “golpear” al contrincante armado, algo similar a la “guerra total”, pero con un poco más de sevicia en los ataques y no necesariamente con herramientas industriales. El mejor ejemplo de este tipo de prácticas es la del presidente sirio Bashar al-Assad, que ha utilizado armas químicas, bombas de racimo y fuego de artillería contra barrios llenos de civiles que el gobierno consideraba que escondía, apoyaba o se encontraban ocupados por fuerzas rebeldes.

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Fuente: tomado de ACNUR-ONU (2015)

4. La naturaleza interna de los conflictos activos: desde 1991 la mayoría de los conflictos armados en el planeta han sido internos, involucrando dos o más facciones o grupos dentro de un mismo país que se pelean por la preeminencia nacional, el control de territorios o recursos específicos o incluso, el exterminio o dominación sobre un grupo contrario. Los conflictos internos suelen carecer de frentes claros de combate y en su caos de posiciones, ataques y contraataques, suelen recurrir a tácticas de insurgencia, terrorismo, sabotaje y sobre todo, “castigos” a la población civil que se presume -o se sabe- ha ayudado al enemigo.

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¿Por qué el Estado Islámico está destruyendo patrimonios históricos?

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Un soldado del gobierno sirio en un anfiteatro de la recién perdida ciudad de Palmira. Fuente: theindependent.com.uk

Por Santiago Silva Jaramillo

Aterrados, observamos paso a paso cómo los militantes del Estado Islámico se acercaban a las ruinas de la ciudad de Palmira, sitio arqueológico de la antigüedad romana reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los arcos de acueductos y columnas de templos y foros esperaron en medio del desierto del suroriente de Siria la llegada de los extremistas de negro en sus tanques y camionetas. Las fuerzas del Estado Islámico derrotaron a una fuerza defensiva del presidente sirio Bashar al-Assad en la cercana ciudad de Tadmur y ahora controlan las ruinas, ubicadas en una estratégica carretera que une la capital Damasco en el occidente, con la frontera iraquí y la provincia de Ambar en el oriente, donde los extremistas acaban de tomar la ciudad de Ramadi.

El temor internacional por el legado histórico en riesgo en Palmira no es exagerado, el Estado Islámico ha ganado notoriedad internacional –entre otros muchos excesos y crímenes- por su disposición a destruir sitios arqueológicos, textos antiguos y esculturas y artefactos depositados en museos de las regiones bajo su control. El primer caso fue la destrucción de manuscritos y estatuas que reposaban en el museo de la ciudad de Mosul, la primera gran urbe en caer en sus manos y su “presentación en sociedad” en términos internacionales.

Su justificación entonces, como en la demolición de la fortaleza antigua de Hatra y una iglesia Asiria en abril de 2015 o la destrucción de artefactos invaluables en la ciudad de Nimrud, ha sido la lucha contra la idolatría y las imágenes de religiones y tradiciones infieles, como el paganismo asirio, romano y griego o el zoroastrismo persa. Esta “masacre de civilización” ha estado fundada en la aplicación de la sharia o ley islámica por parte del Estado Islámico y el convencimiento fundamentalista de que los sitios históricos representan un desafío a la fe del profeta Mahoma del que se creen defensores en la forma de su autoproclamado califato.

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Un miembro del Estado Islámico destruye una estatua en Hatra. Fuente: BBC.com

La segunda explicación a la destrucción de los sitios históricos bajo su control es menos divina. De hecho, el Estado Islámico se ha estado financiado en no poca medida por el contrabandeo de artefactos y reliquias históricas en los mercados negros de antigüedades y arqueología. Algunas fuentes incluso señalan que los videos realizados por el grupo mostrando la destrucción de artefactos suelen ser montajes y que los verdaderos son vendidos fuera de Irak y Siria.

Sin embargo, buena parte de la destrucción ha sido validada por las mismas autoridades iraquíes y sirias. En Palmira, por ejemplo, el gobierno de al-Assad se apresuró a evacuar importantes piezas del museo de Tadmur antes de la llegada del Estado Islámico. Pero la protección de la herencia histórica de la región ha sido, por supuesto, menos que una prioridad en el estado de caos en que se encuentran los gobiernos locales. Y ahora, de sus reducidos recursos y la ayuda internacional depende la protección de docenas de otros sitios representativos en términos históricos del saqueo y la destrucción de los fundamentalistas del Estado Islámico, demoledores de civilización.

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El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

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