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¿Son los ataques con drones una buena estrategia para luchar contra el terrorismo?

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Fuente: RT.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La semana pasada el presidente estadounidense, Barack Obama, reconoció la muerte de un ciudadano estadounidense y uno italiano durante una operación de bombardeo en Pakistán, adelantada por drones -aviones no piloteados- que apuntaba a dar de baja a varios miembros de al-Qaeda que se presumián en el sitio. Su anuncio incluyó una disculpa de parte de su gobierno a las familias de ambos muertos, rehenes del grupo islamista de hacía varios meses.

La noticia ha provocado reacciones de varios grupos de defensa de derechos humanos que han señalado por años las dificultades inherentes del programa de operaciones con drones de evitar las muertes de civiles inocentes. De acuerdo a datos del Bereau of Investigative Periodism, que hace un juicioso seguimiento de los reportes de ataques y muertes por drones, al menos un cuarto de las muertes causadas por operaciones en Pakistán serían civiles.

El problema, por supuesto, es que los ataques son utilizados como parte de las operaciones contra el terrorismo y acciones encubiertas de la CIA y las fuerzas armadas estadounideneses por sus ventajas sobre casi cualquier otra alternativa. Obama ha aumentado la utilización de los ataques con drones, por un lado, por las mejoras recientes en términos de su autonomía y precisión, pero sobre todo, porque suponen una manera “indirecta” de luchar contra grupos como al-Qaeda o al-Shabaab sin comprometer recursos humanos e incluso a un bajo costo económico si se comparan con otras operaciones más “convecionales”.

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Los grupos que critican la utilización extensiva de los ataques con drones señalan sin embargo que el programa esta poco vigilado y que la decisión de bombardear un lugar o no -exponiendo la muerte de civiles- se toman con información comunmente incompleta y por burócratas de nivel medio.

Ahora bien, el incidente de los civiles estadounidense e italiano muerto tienen pocas probabilidades de cambiar la política de Estados Unidos en términos de su utilización de drones para atacar sospechosos de pertenecer a organizaciones islamistas, pero sí puede aumentar la presión sobre mayor información y control sobre cómo y quién ordena los ataques y si estas decisiones utilizan la información de inteligencia suficiente y las medidas de precaución necesarias, para intentar evitar el alto costo para los civiles de estos ataques.

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Guerras no guerra

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre las otras guerras de Estados Unidos

La semana pasada, en la localidad somalí de Haradhere, fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos atacaron una guarida de piratas, destruyendo varias lanchas rápidas en la primera operación de este tipo realizada desde que la crisis de piratería en el Mar Índico escaló hace tres años.

Por supuesto, la intervención en Somalia no solo viene en la forma del control de la piratería. Estados Unidos ha realizado varios ataques con drones en el país africano durante los últimos años, particularmente contra jefes de la red terrorista Al-Shabaab y en apoyo de las operaciones del ejército keniano para derrotar a este grupo.

Estas operaciones constituyen, para muchos, otro frente de guerra para los estadounidenses, así no les exija una gran cantidad de recursos y no aparezca en las noticias todos los días como Afganistán o Irak.

Pero Somalia no es ni muchos menos el único nuevo conflicto en el que se ve involucrado Estados Unidos en los últimos tiempos. Yemen también recibe mucha atención por parte de los asesores militares y los ataques dirigidos del ejército estadounidense, recientemente, los recursos de apoyo al gobierno yemení se han incrementado, junto con las operaciones con drones, en la lucha contra las células de Al-Qaeda en el territorio de este país al sur de la península arábiga.

La llamada “Doctrina Obamade intervención internacional, en la que las fuerzas terrestres y los grandes despliegues militares son reemplazados por  acciones de comando, apoyo logístico a las fuerzas locales y los bombardeos selectivos, particularmente con drones.

Estos nuevos conflictos, aunque de baja intensidad, pueden representar desafíos enormes para las fuerzas e intereses de Estados Unidos a largo plazo. Pues requieren de un pulso enorme para no empeorar la situación local mientras se atiene el problema de resolver o por lo menos contener la violencia y sus repercusiones.

Pero estas nuevas guerras de Obama resultan problemáticas por otro asunto de política interna, su dificultad de ser controladas políticamente, mejor dicho, la ausencia total de “accountability” sobre lo que se hace o deja de hacer. En efecto, tanto las fuerzas espaciales, los consultores militares y sobre todo los drones, suponen herramientas de guerra excesivamente difíciles de auditar por parte de los otros poderes político estadounidenses.

Este tipo de libertad operativa del ejecutivo puede llevar a que excesos o errores en las intervenciones sean obviados o desconocidos. De igual manera, le da un aire de ilegalidad internacional a todo el asunto, empeorado por el secretismo y la confidencialidad.

Un excelente ejemplo de esto fue la reciente discusión en el ceno del sistema político y judicial estadounidense sobre la legalidad de las operaciones adelantadas por drones en territorio internacional y si los muertos constituían ejecuciones extrajudiciales. El Fiscal General estadounidense determinó que las operaciones eran legales y legitimas de defensa, pero el sinsabor en la opinión, particularmente la especializada, permanece.

¿Son éstas intervenciones legales o legítimas? ¿Son una buena manera de pelear una guerra sin las dificultades y colaterales de una invasión en toda regla? ¿Se puede ganar una guerra de ese tipo? ¿Se le saldrán de las manos estas acciones a Estados Unidos eventualmente? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Aventuras africanas y la nueva “Doctrina Obama”

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre la decisión de Barack Obama de enviar tropas a África Central y de apoyar la nueva guerra en el cuerno de África

El pasado 14 de octubre el presidente estadounidense Barack Obama autorizó el de cien especialistas militares de su país en Uganda, donde ayudarán al gobierno en su larga lucha contra el grupo miliciano Ejército de Resistencia del Señor (LRA en inglés). Las tropas asesorarán y brindarán apoyo al ejército ugandés, pero no entrarán en combate a menos que se vean obligados en defensa propia.

El LRA es un grupo miliciano que actúa en el África central, responsable por miles de muertes y docenas de secuestros en la zona. Nacido a finales de los años ochenta y comandado por Joseph Kony, un autoproclamado profeta que en nombre de su misión de llevar los diez mandamientos a las leyes de Uganda, los hombres del LRA han mutilado y asesinado a cientos de campesinos en Uganda, Sudán del sur, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

El anunció de Obama ha provocado reacciones mixtas. Los críticos, señalan que luchar contra el LRA no representa una prioridad para la seguridad nacional estadounidense y supone un abuso a los atributos presidenciales para decidir en dónde y cuándo utiliza al ejército de su país. Para los opositores de la misión en Uganda, Obama no solo excede sus poderes como presidente, sino que se ha sostenido de la doctrina de “Responsabilidad de Proteger” para lanzar toda una nueva política exterior intervencionista de los Estados Unidos.

Por otro lado, quienes apoyan la intervención en contra del LRA, sostienen que la administración Obama está buscando mejorar las condiciones de violencia armada y respeto de los Derechos Humanos en los países de sus aliados africanos como una estrategia para mejorar la estabilidad de la región.  Sin embargo, también defienden la posición moral de enfrentar y derrotar a una sanguinaria  milicia que ha traído muerte y destrucción a una región por lo demás destrozada por la pobreza y la enfermedad. Luchas contra el LRA no debe verse como un asunto estratégico, sino como uno de carácter humanitario.

Pero otro anuncio de días pasados ha ayudado a la construcción de los que muchos están llamando la “Doctrina Obama” (esto es, la aproximación de Barack Obama a los asuntos internacionales): la utilización de aviones no tripulados para apoyar a las tropas kenianas que luchan contra el grupo terrorista Al-Shabab en el sur de Somalia.

Todo empezó cuando hace un par de semanas el gobierno de Kenia anunció una operación de represalia a gran escala contra el grupo terrorista somalí Al-Shabab, filial de Al-Qaeda en el cuerno de África, que había realizado varios secuestros y asesinatos de turistas europeos en los hoteles del norte de Kenia. Poco después, los oficiales estadounidenses develaron que estaban apoyando a las fuerzas kenianas en su avance por el sur de Somalia con ataques de precisión sobre la dirigencia de Al-Shabab, utilizando aviones no tripulados desplegados en un aeropuerto civil en la vecina Etiopía.

La famosa “Doctrina Obama” puede entenderse como un “Humanitarismo pragmático”. Mejor dicho, el presidente estadounidense parece entender que su país tiene una responsabilidad (basada en capacidad, pero sobre todo en principios) de evitar e intervenir allí en dónde los Derechos Humanos están siendo violados. Digo que es pragmático porque el principio de intervención se encuentra supeditado a la factibilidad política y económica del esfuerzo, pues al fin de cuentas, Obama no pretende intervenir en la masacre de los civiles sirios a causa de las complejas implicaciones políticas y no utiliza todos los recursos a su disposición en las nuevas misiones en África porque supondría un costo en dinero insostenible en el actual ambiente de crisis económica.

El “Humanitarismo pragmático”, en todo caso, parece perfilarse como la opción por defecto de los próximos años en la política exterior estadounidense.

¿Cuál será el resultado de las dos nuevas misiones estadounidenses en África? ¿Existe en realidad una “Doctrina Obama”? ¿La cree conveniente? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Los peligros de tener conciencia

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre el daño que puede provocar la ayuda  y caridad internacional

Los hombres somos naturalmente caritativos, es decir, casi todas las personas cuentan con un sentimiento de compasión que se solidariza con otras personas cuando éstas se encuentran en situaciones desesperadas de pobreza, enfermedad o abocados a las terribles circunstancias de un desastre natural.

Y es por esto que la mayoría de nosotros corremos a realizar donaciones cada vez que vemos el hambre y la enfermedad en África o los devastadores efectos de un tsunami en Japón o un terremoto en Haití. La caridad es una acción estimable y que se soporta en la solidaridad entre los hombres, pero en ocasiones, un impulso noble no lleva necesariamente a consecuencias igualmente buenas.

Este es el caso de las perjudiciales, y a veces ridículas, donaciones que muchas personas en el mundo terminan enviando a los lugares de los desastres. Es el caso de la “ropa usada”, uno de los artículos más populares de las donaciones, y que como efecto contraproducente solo ha logrado minar la capacidad productiva de las industrias textiles locales, incapaces, a todas luces, de competir contra camisas, zapatos y pantalones gratis.

Las donaciones de comida también pueden entrar a jugar un papel perjudicial en las difíciles dinámicas del país y la sociedad receptora. En 2004, por ejemplo, una empresa norteamericana donó una gran cantidad de pasteles dulces, dirigidos a los niños de Afganistán. Sin embargo, la mayoría terminaron en el mercado negro, perpetuando el comercio ilegal que tanto daño le ha hecho a la economía y al precario sistema tributario afgano.

Lo anterior se refiere a las donaciones y a la caridad privada, es decir, la impulsada por las personas de a pie o por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, los mayores proveedores de ayuda internacional son los gobiernos y las organizaciones multilaterales.

El problema es que este tipo de ayuda, que busca atender sobre todo el problema de la pobreza en los países en vías de desarrollo, también puede llegar a cometer errores en las aproximaciones que tienen sobre el problema.

La primera dificultad se refiere a la dependencia económica que algunos países pueden desarrollar respecto a la ayuda internacional que reciben. Es el caso de Afganistán, en donde el dinero recibido del exterior representa casi la mitad de la economía, de tal manera que cualquier reducción en la cantidad de ayuda enviada (como la que se producirá una vez las tropas estadounidenses se retiren en 2014) podría representar una catástrofe para el país asiático.

El segundo inconveniente está dado por la naturaleza de los regímenes que reciben la ayuda internacional y cómo las consideraciones políticas locales, convierten al más altruista esfuerzo en una manera de perpetuar las condiciones que causaron el desastre humanitario en primer lugar. En efecto, en muchos países que dependen en gran medida de la ayudad internacional, tanto para atender su problema con la pobreza, como para funcionar con relativa efectividad como Estados, el dinero de préstamos y donaciones internacionales se termina utilizando para soportar la reducida legitimidad del régimen. Es el caso de la comida que USAID y la ONU envío a Somalia durante la reciente sequía y que fue utilizada por el grupo islamista Al-Shabab como moneda de cambio para mejorar su posición entre los somalíes con hambre.  Así, en algunos casos, los recursos salidos del altruismo y solidaridad terminan empeorando o perpetuando la situación de pobreza, opresión y violencia que buscaban atender.

¿Cómo puede la ayuda internacional mejorar su impacto en los países con pobreza extrema o víctimas de desastres naturales? Cuéntenme lo que piensa, comente.

4 lugares en donde en este momento se decide el futuro del mundo.

Nada de El Pentágono, La Casa Blanca, La Haya o el Consejo de Seguridad, los principales conflictos internacionales se viven, y deciden, lejos de los centros convencionales de poder.

  1. Waziristán ¿Por qué es importante? Porque El Talibán, Al Qaeda y cuanto grupo extremista pueda pensarse se refugia allí y con toda seguridad el próximo gran ataque terrorista saldrá de ese lugar ¿Dónde está? En la frontera entre Pakistán y Afganistán, lo que no es gratuito, el terreno es difícil y el clima duro y todo juega a favor para que lo que no debería nunca coincidir lo haga.
  2. El mar chino del sur ¿Por qué es importante? Porque la pelea por la hegemonía en Asia se da en este lugar, chinos, estadounidenses, japoneses y surcoreanos miden su fuerza, realizan ejercicios militares, chocan por la violación de límites marítimos y, en general, se muestran los dientes cada que pueden ¿Donde está? Al sur del mar Amarillo, frente a la rica e industrializada costa del este chino y a medio camino de las islas del sudeste asiático.
  3. El estrecho de Adén ¿Por qué es importante? Porque como en Waziristán, convergen allí todos los problemas posibles: piratas, extremistas y rebeldes. Yemen, Somalia y Eritrea reúnen todos estos males y la inestabilidad de la zona supone una constante amenaza de terrorismo internacional, violación de derechos humanos y estrangulamiento de las rutas comerciales mundiales ¿Dónde  está? Entre el océano Índico y el mar Rojo, es el cuello de botella de la ruta entre Asia y Europa, y el paso obligado hacía el Canal del Suez, quizá el lugar más importante para la comunicación y el comercio internacional.
  4. Medio Oriente ¿Por qué es importante? Porque luego de muchos años, el futuro del mundo musulmán (y de buena parte del resto del globo) se decide según las relaciones entre Israel y sus vecinos, Iraq y sus vecinos e Irán y los suyos. La paz entre judíos y palestinos; el futuro de Hamas y Hezbolla; la pelea de saudíes e iraníes por influenciar en Iraq, el advenimiento de Turquía como potencia regional, entre otros conflictos, continuaran llenando la agenda internacional ¿Dónde está? Entre Egipto y Turquía, desde las orillas del Mediterráneo oriental hasta el Jorasán iraní, esta región reúne docenas de etnias, varias religiones y la mayor reserva de petróleo del mundo.

Piratas.

Ya van dos años desde que una flota internacional fue desplegada en el índico para controlar la piratería somalí. Esta actividad, que lleva años pero sólo empezó a amenazar seriamente las rutas comerciales internacionales en los últimos tiempos, ha logrado la reacción de muchos países con intereses en la zona, pero los resultados de las acciones que han emprendido han sido por lo general bastante exiguos.

En 2010-1, los piratas atacaron 91 barcos y secuestraron 20. Y aunque estas cifras representan una mejoría respecto al mismo periodo del año pasado, el problema sigue siendo importante y las fuerzas internacionales incapaces de detenerlo.

La comunidad internacional sigue ignorando la única posible solución a largo plazo: la construcción de un Estado Somalí con la fuerza suficiente para controlar el problema. Hace algunos meses escribí un artículo que se refería a este tema, en donde reseñaba una solución con la que todos los analistas internacionales parecen estar de acuerdo. Hoy la complemento un poco.

Evitando una intervención directa, EEUU, la OTAN, la UE y China deben trabajar junto a los países africanos para fortalecer al gobierno somalí y darle las herramientas (sobre todo económicas y políticas) para combatir a la piratería desde dentro. Con apenas el control de algunas partes del territorio, el actual Estado somalí, que recibe un apoyo insuficiente de EEUU y algunos países africanos, es incapaz de enfrentar a las bandas de criminales y señores de la guerra que se disputan el país.

Dado que ni la Otan, ni EEUU, ni la EU, ni China, que desplegaron flotas para proteger las rutas comerciales, parecen dispuestas a dar el siguiente paso e intervenir directamente en Somalia, deberían apoyar la intervención de países africanos con más disposición a hacerlo, como Etiopia, Kenia, Ruanda o Uganda, que además ya cuentan con fuerzas de paz en Somalia. La construcción de un Estado somalí, con el poder de controlar su territorio efectivamente, es la única forma de acabar con la piratería en sus aguas, aún cuando pueda resultar larga y tortuosa.

¿Tienen los países africanos el suficiente poder para intervenir en Somalia? ¿Cree que esta intervención sirve a sus intereses? Cuénteme lo que piensa, comente.


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