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La integración en las Américas: sin norte, sin sur.

Por Felipe Arango

En el hemisferio occidental hay por lo menos diez estructuras de asociación entre países: CAN, Mercosur, Caricom, SICA, ALADI, CELAC, ALBA, NAFTA, CAFTA-DR, UNASUR. Todas ellas fueron fraguadas y puestas en marcha con el fin de profundizar la integración en las Américas. No obstante, de tal proliferación de acuerdos, algunos ya moribundos y otros embrionarios, emana el sentimiento de haber perdido el norte de tan noble causa y de estarnos sumiendo en una entropía multilateral conducente a una mayor fragmentación.

Preguntémonos entonces qué ha sustentado hasta ahora la integración en las Américas.  Existen marcos de asociación de tipo State-led  como la CAN (1969). Los signatarios del Pacto Andino optaron por una “institucionalización precoz” del bloque subregional, pero sus cimientos supranacionales resultaron muy débiles para soportar el peso de las soberanías nacionales. Hoy en día la CAN cuenta dos miembros menos que al momento de su creación (Chile y Venezuela), una unión aduanera imperfecta y un parlamento estéril y deslegitimado.

En décadas posteriores llegó una oleada de acuerdos de distinta naturaleza, jalonados por el comercio (market-led), como CARICOM, la ALADI, Mercosur y NAFTA. Puesto que su piedra angular era el liberalismo económico, se les denominó “regionalismo. Pero una vez más la integración se quedó a media asta pues predominó su fase más primitiva (libre movilidad de bienes y servicios), mientras que el proyecto más ambicioso (Mercosur) que además incluía libre movilidad de personas y capitales se convirtió en un teatro de intrigas proteccionistas y querellas arancelarias.

Finalmente cabe mencionar dos casos sui-generis de integración política en la región: la Organización de Estados Centroamericanos- ODECA (década de 1950) que nació como mecanismo de coordinación ante la ONU y como espacio de convivencia pacífica. Aun así terminó siendo la caja de resonancia de la cruzada estadounidense contra el gobierno guatemalteco de Jacobo Arbenz, este último abanderado de la reforma agraria y graduado de comunista por la Casa Blanca. El segundo es el ALBA, producto de la “diplomacia petrolera” de Hugo Chávez y contraproyecto del libre comercio en las Américas. Su sistema autodenominado como solidario y anticapitalista es paradójicamente financiado por los petrodólares de las exportaciones venezolanas a la superpotencia planetaria y a su contrincante asiático…Señores del capitalismo a ultranza.

A la luz de tantos avatares del proceso de integración en las Américas surgen las siguientes conclusiones: la integración política (State-led) es inconcebible sin una transferencia mínima y auténtica de soberanía a instituciones supranacionales. El problema en América Latina es que la soberanía, presente en la región desde escasos dos siglos, es una prerrogativa irrenunciable, tanto más cuanto se ha visto tan profanada en el marco de la lucha contra el comunismo, el narcotráfico y el terrorismo. Por otro lado, la integración económica (market-led) ha mostrado una clara inclinación hacia acuerdos bilaterales (TLC) (Colombia, Chile, México, Centroamérica, Perú), al igual que ha puesto de manifiesto el malestar profundo de algunos países con el paradigma neoliberal (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua). En este escenario la integración económica avanzada (mercado común y unión monetaria) no tiene porvenir alguno.

Luego, casos como el de Centroamérica y el ALBA nos recuerdan que la materia prima de la integración, es decir la cooperación multilateral, no sólo es usada para resolver, sino también para generar conflictos y exacerbar clivajes ideológicos en lugar de alinear objetivos. En este sentido una hipótesis es que en nuestro hemisferio no existe un “multilateralismo cualitativo”, aquel que constituye un patrón estable de comportamiento y conlleva a la integración ya que gira en torno a valores y objetivos compartidos. Tal vez no exista porque el Norte y el Sur poseen valores y propósitos “irreconciliables” y porque en el propio Sur los gobiernos latinoamericanos ven a la integración con recelo pues temen que los valores y propósitos compartidos logren desdibujar su sacrosanta soberanía. A lo sumo pervive en la región un “multilateralismo utilitario”, aquel que existe como estrategia ad-hoc y permite una cooperación intermitente para alcanzar fines inaccesibles por vía unilateral: “multilateral when we must, unilateral when we can”.

Algunos analistas de la integración europea arguyen que fue necesario un gran “traumatismo” (WWII) para desencadenar un frenesí federalista inicial que en realidad evolucionó como un modelo híbrido entre supranacionalidad (Comisión, derecho comunitario y mayoría calificada para toma de decisiones) y soberanía nacional (Consejo, toma de decisiones por unanimidad y política de opting-out). ¿Es el “gran traumatismo latinoamericano” el eslabón faltante de nuestra integración?

Discordia antes de la cumbre

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre las disputas previas a la Cumbre de las Américas

Los próximos 14 y 15 de abril se realizará en Cartagena, Colombia, la VI Cumbre de las Américas, desde hace semanas, la reunión de los países del hemisferio se ha visto opacada por las discusiones y polémicas, particularmente, por la sugerida asistencia de Cuba por parte de los países del ALBA. Algunas ideas sobre la Cumbre y sus consecuencias preliminares.

En primer lugar. El alto perfil de la visita y comitiva de Obama (más de mil acompañantes) hace suponer que hará importantes anuncios para la región, con miras a ganar apoyo electoral entre los latinos en Estados Unidos. La importancia de esto no es poca, en tanto muchos analistas coinciden en endilgar cada vez mayor importancia electoral a la población hispana en las próximas presidenciales.

Así pues, es bastante probable que Obama quiera lanzar algunas de sus propuestas para Latinoamérica durante la Cumbre buscando atraer el voto latino. Por eso resultaba tan inconveniente la presencia de Cuba, gracias a la importancia electoral de los inmigrantes y refugiados cubanos en EEUU.

Realizar cambios drásticos respecto a la política estadounidense frente a Cuba a pocos meses de unas elecciones presidenciales resultaría terriblemente inconveniente para Obama; la población cubana en Florida (un estado considerado fundamental para decidir la presidencia) es de primera importancia para la campaña de este año y el presidente estadounidense no tiene intención alguna de cometer un error tan torpe. Aunque, por supuesto, la realidad es que Cuba no cumple con los requisitos, particularmente los expuestos en la Carta Democrática Interamericana, para asistir a la Cumbre.

En segundo lugar. Los países del ALBA impulsaron el boicot a la Cumbre si no se invitaba a Cuba, liderados en este caso por el ecuatoriano Rafael Correa, pero Nicaragua y Bolivia ya han confirmado su asistencia y Chávez podría no asistir pero por sus problemas de salud. Correa ha sostenido que se ausentará de la Cumbre gracias a la negativa del gobierno colombiano de invitar a los cubanos, pero esto resultará a la larga más perjudicial para él mismo. Por un lado, no tendrá la oportunidad de enfrentar a Obama en Cartagena y reclamarle por el asunto cubano, y de igual forma, perderá el chance de darse el baño mediático que este tipo de espacios supone.

Porque al fin de cuentas, de eso se trata todo, de la foto al final de las tediosas reuniones y de algunos apartes de peleas o discusiones que se dan en el interior y que pasan a las noticias de la noche en los países de Latinoamérica. No asistir puede privar a los presidentes de un excelente escenario para hacerse visibles en el hemisferio, pero sobre todo, en sus propios países.

¿Qué gana Colombia con acoger la Cumbre? ¿Qué ganan los países participantes? ¿Qué tan útiles son estos espacios para el dialogo hemisférico? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Imperator

Fuente: wikipedia commons

Sobre la campaña de acoso de Rafael Correa a los medios de comunicación de Ecuador

El pasado lunes 27 de febrero el presidente ecuatoriano Rafael Correa, en un acto de desvergonzado descaro y fingida magnanimidad ‘perdonó’ al periódico El Universo de su país, a sus editores y uno de sus columnistas, condenados a dos años de cárcel y  a pagar una millonaria indemnización al señor Correa por cargos de injuria y calumnia.

En una intervención que hizo pensar a muchos en un emperador romano decidiendo sobre la vida de un gladiador herido sobre la arena del coliseo. La imagen resulta perturbadora porque (aparte de lo obvio) supone que Correa quiere hacerse ver como el hombre con poder de vida o muerte sobre los medios de comunicación ecuatorianos.

En realidad, estoy convencido que toda la pantomima (es decir, la demanda, el proceso judicial, la condena y el perdón) fueron parte del esfuerzo de Correa para intimidar a los medios locales adversos a su gobierno. Mejor dicho, que su objetivo no era castigar particularmente a El Universo sino ponerlo como ejemplo para el resto de periodistas de su país; dejarles claro un mensaje sobre las consecuencias de cuestionarlo frente a la opinión pública.

Por supuesto que esto representa una clara violación a la libertad de prensa y expresión de una democracia liberal moderna. Correa ha logrado amenazar a todos los medios de comunicación de su país soterradamente y podrá mantenerlos con el bozal mientras exista la posibilidad de llevarlos ante las cortes por ‘hablar demasiado’ sobre el presidente ecuatoriano y su gobierno.

Muchos han sostenido que el perdón presidencial a El Universo se debió a la presión que organizaciones internacionales y gobiernos de la región ejercieron sobre Correa para que desistiera de sus acciones contra los periodistas y el periódico juzgados. Sin embargo, estoy convencido de que el presidente ecuatoriano se salió con la suya.

Me explico.

Por un lado, Correa pudo haber desistido del proceso en incontables ocasiones, incluyendo cuando, en medio del proceso judicial, la comunidad hemisférica se mostraba más contraria a su proceder. Esto demuestra que Correa quería esperar por el efecto que la sentencia y posteriormente la muestra de magnanimidad presidencial del perdón tendría en los medios y la sociedad ecuatoriana.

De igual manera, actuar como lo hizo, y en los tiempos en los que lo hizo particularmente, le permitieron no llevar las cosas hasta un punto en dónde quedara como el dictadorzuelo que es. Es decir, decidió echarse para atrás y ‘perdonar’ a los condenados porque sabía de las consecuencias de llevar al proceso hasta el final y porque esto podría, en algunos círculos bastante miopes, ser visto como el gesto de un conciliador y no el de un hipócrita calculador.

El Universo no cerrará y los periodistas y editores no perderán sus empleos o irán a la cárcel, pero el daño está hecho, la prensa ecuatoriana ha entendido el mensaje y vienen muchos meses de autocensura por delante. Esperemos igual que en el resto de América Latina, los presidentes y gobiernos no están tomando nota de las acciones del patético emperador ecuatoriano.

¿Qué consecuencias este el caso de El Universo para el resto de Latinoamérica? ¿Existen límites para la libertad de prensa? ¿Está en las potestades de los poderosos delimitar esas fronteras? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Una década de cambios

Una década de cambios: los últimos diez años han supuesto una gran cantidad de cambios económicos, sociales y poblacionales para Colombia. Este mapa intenta traer algunas luces sobre indicadores claves para el país. Fuente: data.worldbank.org, sipri.org, hdr.undp.org, wipo.org, unodc.org.

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Mapa: ¿Quién nos gobierna?

¿Quién nos gobierna?: visualización con los presidentes de Sudamérica y sus profesiones. Especialmente interesante la cantidad de economistas y la peculiaridad de dos países con presidentes que hacían parte de las fuerzas armadas (ambos, además, involucrados en intentos de golpes en sus países). Fuente: wikipedia.org

 

Santos y el mundo

De cómo el presidente Juan Manuel Santos entiende el papel de Colombia en el mundo.

Por años, Colombia ha sido un país aislado, separado del mundo e incluso de su vecindario inmediato. Los problemas internos, pero también una patética sensación de inferioridad, han mantenido apartada a la diplomacia y el liderazgo colombiano de las dinámicas y grandes discusiones mundiales. Pero Juan Manuel Santos quiere que todo eso cambie y los hechos de las últimas semanas lo demuestran; el presidente, ha logrado alcanzar importantes avances en lo que, parece, es su visión sobre el rol que Colombia debe ocupar en el mundo.

Así pues, estos son los tres frentes estratégicos en los que la ofensiva diplomática del gobierno Santos se ha concentrado:

  1. Cordialidad con los vecinos: Santos apenas se estrenaba como presidente de Colombia cuando ya había normalizado las relaciones con Venezuela. El nuevo gobierno colombiano estaba convencido de la necesidad de cooperar con los venezolanos en vez de enfrentarlos. Narcotráfico, terrorismo, comercio y la situación de la frontera fueron las mayores razones para que uno y otro bando bajaran las espadas, sin embargo, fue el convencimiento de que el conflicto era inmensamente impopular entre los mismos ciudadanos venezolanos, el principal impulso de Chávez para relajar sus ataques. Esta semana, esa nueva relación (retratada por la famosa declaración de amistad de ambos líderes), se enfrentó a su mayor desafío cuando el presidente Santos tuvo que decidir el destino de extradición del narcotraficante venezolano Walid Makled, que decía tener información sobre corrupción en el gobierno venezolano, entre Venezuela y Estados Unidos. Santos, que ya lo había prometido a Chávez, cumplió el compromiso, por más perjudicial que pareciera en ese momento. Aún así, el escepticismo de mantiene y muchos no saben muy bien cómo hará Santos para mantener este equilibrio entre gobiernos tan diferentes como el estadounidense y el venezolano, sin tener que enfrentarse eventualmente a alguno. Sin embargo, el pragmatismo de Santos ha dado sus frutos hasta el momento y es difícil argüir que haberse acercado a Chávez el año pasado no fue la decisión correcta.
  2. Liderazgo en la región: Colombia es durante el mes de Abril, presidente del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas. Aquel es un puesto rotatorio y bien podría un país pasar por ahí sin pena ni gloria, pero Santos lo aprovechó para revivir y darle algo de aliento al olvidado esfuerzo por la reconstrucción de Haití, una causa de la que todo el hemisferio puede sentirse parte y de la que bien podría Colombia convertirse en líder. Similar es la ‘emboscada’ que Santos le tendió a Chávez cuando, en la reunión de la semana pasada en Cartagena, el presidente colombiano invitó al presidente hondureño Porfilio Lobo. Chávez lidera un grupo de países latinoamericanos que desconocen al gobierno de Lobo, luego del golpe de Estado que sacó del poder a Manuel Zelaya en 2009, pero desde las últimas elecciones presidenciales, Honduras aspira a ser readmitido en la OEA y reconocido por los Estados que se mantienen en reserva. Y Santos, de nuevo, buscará ayudar al gobierno hondureño a hacerlo. Finalmente, está Unasur, un foro en donde Colombia no se ha sentido cómodo en los últimos años, Santos, antes que abandonar la organización sudamericana como algunos sugerían en los peores años del aislamiento colombiano, se las arregló para hacer elegir a una colombiana, María Emma Mejía, como presidenta, que además, comparte el cargo con un representante venezolano (por si alguien tenía dudas de la reconciliación entre ambos gobiernos).
  3. Comercio con el mundo: finalmente, Santos logró la promesa más clara del gobierno estadounidense para impulsar la aprobación del TLC entre los dos países desde que el gobierno de Barack Obama ocupa la Casa Blanca. Los colombianos prometieron una mejora más clara de la situación de seguridad de los líderes sindicalistas y otras disposiciones laborales en contraprestación de una renovada intención del gobierno Obama de aprobar el tratado en el Congreso americano. Todo el merito no va al gobierno colombiano por supuesto, pues recibió algo de ayuda de las circunstancias, especialmente del ambiente de elecciones y la intención del gobierno estadounidense de acercarse a los republicanos al aprobar los tratados de libre comercio pendientes. De la misma forma, Santos emprendió esta semana una nueva gira diplomática, que lo llevará a España y Alemania, donde buscará ganar el apoyo de los respectivos gobiernos y eurodiputados para el tratado de libre comercio con la Unión Europea y las perspectivas son bastante alentadoras.

Santos se ha embarcado en la difícil tarea de sacar a Colombia de su aislamiento y de plantear una política exterior que incluya al país en el escenario internacional como un actor de importancia y deje atrás los temas tradicionales de la relación de la nación con el mundo. Las expectativas, como siempre, están del lado de que en efecto lo logre y que, en el mediado plazo, todo esto sea efectivamente benéfico para el país.

¿En realidad Juan Manuel Santos ve a Colombia diferente en su papel en el mundo? ¿Qué tan benéfico es para el país dirigir su política exterior con pragmatismo? Cuénteme lo que piensa, comente.

Brasil, de nuevo: De su papel en el mundo. (2 de 2).

Hace unos meses publiqué una entrada en el blog sobre las perspectivas de Brasil como potencia mundial, pero desde entonces había dejado el tema del ascenso brasilero a un lado. Intentando pagar esa deuda, pues aquella entrada es una de las más visitadas y buscadas, presento lo que podría considerarse la ‘continuación’ de ese análisis sobre la nueva potencia sudamericana. En la primera parte, “De cómo se convirtió en potencia regional”, hablaré un poco sobre la manera en que Brasil aumentó exponencialmente su poder nacional y en la segunda, “De su papel en el mundo”, sobre su futuro como potencia regional y mundial.

Al contrario de los que puedan creer algunos, Estados Unidos no encuentra necesariamente inconveniente para sus intereses que Brasil tome un papel de liderazgo en América Latina, mejor aún, está consiente de que puede beneficiarlo. La apuesta de Washington en muchas partes del mundo, y en buena medida en Sudamérica, se ha caracterizado por el mantenimiento a toda costa de la estabilidad internacional. Los esfuerzos que esta tarea implican para Estados Unidos son sumamente desgastantes y por eso el hecho de que las potencias regionales (Rusia, India, Sudáfrica, incluso China) estén ganando poder e influencia en sus vecindarios no le es necesariamente incomodo.

Estados Unidos conserva el poder suficiente para hacer imposiciones importantes, sin embargo, la guerra en Irak le demostró los pocos réditos que puede traer cualquier acción que no esté respaldada por la comunidad internacional. De esta forma, Brasil (junto con las otras potencias emergentes) jugarán un papel fundamental en el nuevo mundo multipolar, donde las acciones unilaterales serán cada vez más escasas y dañinas para quienes las emprendan y los poderes regionales serán quienes regulen las dinámicas mundiales en negociación con los países menores y la superpotencia.

Respecto a los países latinoamericanos, el liderazgo de Brasil puede abrir las puertas para el fortalecimiento de bloques regionales y el estrechamiento de las relaciones políticas y económicas del continente. Brasil supone muchas oportunidades para los países sudamericanos y en muchos casos ya es considerado como la potencia de facto de la región. Los países del Mercosur hace varios años que dejaron de ver a su centro en Argentina y giraron hacia la nueva potencia, los miembros del ALBA, aunque pretendan jugar un juego diferente, han mantenido sus acciones fuera del camino de la voluntad brasilera y el resto (Colombia, Perú y Chile) han buscado desde hace varios años fomentar una silenciosa pero cercana relación con el país carioca.

Así pues, el gobierno colombiano, por ejemplo, ha reconocido los beneficios de unas estrechas relaciones diplomáticas con Brasil y durante ya algún tiempo ha firmado tratados de cooperación energética, comercial y en temas de seguridad. La gran disyuntiva que algunos plantean entre EEUU y Brasil no parece ser tan cierta como parece. Colombia, ni ningún otro país en ese caso, debe escoger entre ambas potencias; perfectamente puede fomentar las dos relaciones y hacerlo con armonía y cosechando excelentes beneficios. La prioridad de los últimos años de Colombia de ganar en seguridad interna es un buen punto donde analizar este nuevo escenario. Pues si bien Estados Unidos es una pieza fundamental en la lucha contra el crimen, el narcotráfico y el terrorismo, Brasil (como canal para conseguir el apoyo regional contra estas dinámicas) también resulta un aliado de suma importancia.

Finalmente, es claro que el nuevo estatus de potencia de Brasil lo lleva a una posición de importancia nivel internacional, pero este nuevo lugar no necesariamente quiere decir que chocará con otras potencias, en especial Estados Unidos. De la mima forma, se puede identificar una tendencia desde principios de siglo de cómo los países sudamericanos se han plegado frente al nuevo poder, buscando su liderazgo. Así, el desarrollo económico, político y social brasilero lo convierte en un socio obligado de todas las naciones de América y dejan claro que en el futuro no se podrá analizar las perspectivas y dinamias del continente sin tener en cuenta a la nueva potencia regional.

¿Cree que en realidad Estados Unidos y Brasil si pueden cooperar en los temas latinoamericanos? ¿Qué tan conveniente para la región es un liderazgo brasilero? Cuénteme lo que piensa, comente.

Brasil, de nuevo: De cómo se convirtió en potencia regional. (1 de 2).

Hace unos meses publiqué una entrada en el blog sobre las perspectivas de Brasil como potencia mundial, pero desde entonces había dejado el tema del ascenso brasilero a un lado. Intentando pagar esa deuda, pues aquella entrada es una de las más visitadas y buscadas, presento lo que podría considerarse la ‘continuación’ de ese análisis sobre la nueva potencia sudamericana. En la primera parte, “De cómo se convirtió en potencia regional”, hablaré un poco sobre la manera en que Brasil aumentó exponencialmente su poder nacional y en la segunda, “De su papel en el mundo”, sobre su futuro como potencia regional y mundial.

El milagro brasilero no es precisamente eso, un milagro, sino el resultado de un proceso político y económico sostenido en la búsqueda de estabilidad y responsabilidad estatal como motores de la economía y el poder nacional. Brasil no ha llegado donde está por suerte (aunque el alto precio de algunos productos y los descubrimientos de petróleo en los últimos años le hayan ayudado), ha sido gracias a que los brasileros se trazaron un rumbo especifico desde los años noventa de llegar a ocupar el puesto que hoy ostentan y con disciplina, lo lograron.
Así, Brasil es la octava economía del mundo, con un crecimiento sustentado por el petróleo, el biodiesel y una agricultura muy dinámica: Brasil es el primer productor mundial de azúcar y café y el mayor exportador de pollos, café, azúcar y carne. Esta diversidad lo diferencia de cualquier otra gran nación, tanto más importante en la cantidad de comida que está produciendo, porque hace menos de cuarenta años era uno de los mayores importadores de alimento.
Pero la transformación brasilera no solo es económica, los programas gubernamentales de asistencia, acompañados por la inversión privada y pública en sectores productivos, ha logrado sacar a millones de brasileros de la pobreza; una fuerte clase media ha emergido de estos cambios.
Por otro lado, percatándose de la posición que ganaba en el mundo, el gobierno brasilero inició una expansión de su influencia internacional por medio de acciones como la creación y el apadrinamiento de comunidades regionales (UNASUR) o el apoyo a programas de ayuda internacional en África y Centro América. El poder blando le ha funcionado muy bien, sin embargo, también ha mantenido una tendencia de aumento en su gasto en defensa interrumpida desde 1997 y para este año doblará el presupuesto que destinaba a este rubro hace diez años.
Así pues, la premisa del Estado brasilero ha sido la de la estabilidad y la continuidad. De esta forma, gobiernos de muy diferentes corrientes ideológicas han pasado por el ejecutivo y legislativo del país, pero en ningún modo han buscado que, promoviendo sus intereses políticos particulares, se tuerza el buen camino que se ha recorrido por años.
Brasil, en todo caso, es una potencia, sino mundial, regional; esta es una realidad que nadie discute. Ahora bien ¿cómo afectará este nuevo poder a América latina, e incluso al mundo? (Sigue en la parte 2).

¿Qué rescata del camino recorrido por Brasil para convertirse en potencia? ¿Cree que hay elementos que puedan ser traspasados a otros países? Cuénteme lo que piensa, comente.

Tiranía (2 de 3): la democracia como apariencia.

El año 2011 parece empezar bastante mal para la democracia en varios países del mundo: autoritarismo, coerción, recorte de libertades, corrupción y manipulación de los sistemas electorales. A continuación, tres entregas que revisan algunas perspectivas de estos fenómenos en el mundo. Primero intentando dar claridad a qué es un régimen democrático (El ideal democrático), luego identificando los métodos mediante los cuales se manipula y utiliza el prestigio democrático (La democracia como apariencia) y finalmente, revisando algunos eventos puntuales (De cómo el 2011 será menos democrático).

La democracia como apariencia:

Anteriormente veíamos qué condiciones necesitaba un régimen político para ser considerado una democracia (incluso parcialmente). Mejor dicho, decía que una democracia no puede ser solo unas elecciones de cuando en cuando, tiene que tener sustancia. Sin embargo, muchos gobiernos alrededor del mundo se hacen llamar democracias mientras se comportan autoritariamente ¿por qué entonces, no ser abiertamente dictatorial? Muy sencillo, decirse democrático procura legitimidad a un régimen interna y externamente.

Lo anterior es algo que los autoritarios de este mundo saben muy bien. No hace falta decir que si se le interrogara al respecto, ningún líder político diría que no es un demócrata. Decirlo, pretenderlo, les da un poco de la legitimidad democrática que puede resultar tan beneficiosa. Todo esto, sin embargo, mientras aprietan las tuercas sobre sus ciudadanos, censurando medios, corrompiendo elecciones, debilitando a la oposición o simplemente eternizándose en el poder.

Así pues, los líderes autoritarios pueden utilizar principalmente dos formas de manipular la legitimidad de la democracia para mantenerse en el poder. La primera es intervenir directamente en el sistema, aumentando su poder mientras atacan el de sus enemigos, siendo, en cierta forma, abiertamente anti democráticos, pero intentando por todos los medios que sus acciones no se manchen por tal apelativo. Es el caso, por ejemplo, de cuando hace unas semanas el presidente venezolano, Hugo Chávez (nuestro Nuevo mejor amigo), llamó a sus diputados en la Asamblea Nacional a “triturar” a la oposición, que en 2010 por fin ganó suficientes escaños para constituirse como un verdadero obstáculo al gobierno chavista.

La segunda manera en la que los autócratas contemporáneos manipulan los supuestos valores democráticos, es la de utilizar el sistema para que se ataque a si mismo. Mejor dicho, hacer que mediante los mecanismos democráticos se aprueben normas o poderes anti democráticos. Chávez, de nuevo, es un maestro en este tipo de cosas. Así, en el mes de diciembre de 2010, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una veintena de leyes en tiempo record, aprovechando su mayoría absoluta antes de que la nueva asamblea se posesione. La más importante de las leyes aprobadas fue la ‘Ley habilitante’, que otorga poder de legislar por decreto al presidente venezolano por 18 meses. Curiosamente, esos 18 meses coinciden con la llegada de la nueva asamblea y con el tiempo que queda para las próximas elecciones presidenciales (a las que Chávez por supuesto se presentará).

¿De qué otra manera se puede manipular la democracia? ¿Qué formas existen para evitarlo? ¿Le parece que Venezuela recorre el camino hacia una dictadura? Cuénteme lo que piensa, comente.

La maldición

Al lunes de esta semana, 1334 personas habían muerto en Haití por culpa de la epidemia de cólera que azota desde octubre al país caribeño. La enfermedad llegó como remate al terremoto de principios de año y a la temporada de huracanes de las últimas semanas, que tienen a la nación en ruinas y a su gente en un constante estado de emergencia humanitaria.

Como podía esperarse en estas circunstancias extremas, sobrevino el descontento de la población y una serie de disturbios entre haitianos y las fuerzas de la ONU que operan el país añadieron otras victimas al ya largo conteo de la tragedia.

El descontento con los cuerpos de paz, según informaron las agencias internacionales, se inició cuando se esparció el rumor en el norte de la isla que los miembros nepalíes de ésta habían sido los responsables de llevar la cólera a Haití. El presidente haitiano se apresuró a desmentir esto (no solo la identidad de los supuestos culpables, sino el hecho de que los haitianos estuvieran diciendo que la misión de la ONU estuviera maldita), dijo el primer mandatario, que aquellos rumores habían sido esparcidos por opositores y políticos locales, con miras a las elecciones de fin de año.

Poco importa en realidad el porqué creen los haitianos que la cólera los afecta o incluso si vino con las fuerzas de paz nepalíes o si siempre estuvo allí, lo que de verdad debe llamar la atención es lo que todo el episodio, en el fondo, dice de las necesidades y la situación extrema del país.

Por eso es que el compromiso internacional en Haití no puede flaquear, porque el futuro del país depende de la determinación de la ayuda y acompañamiento internacional. Pensar en abandonar el país en este momento (o incluso el futuro cercano) implicaría tanto para los haitianos, como para el Caribe y el hemisferio occidental, confirmar la mala suerte (la maldición, podrían decir algunos) de un pueblo que ha sufrido todo lo que ha podido, pero que resiste, aún cuando la amenaza de resquebrajamiento interno se mantenga.

¿Cree que la ayuda internacional si está llegando a Haití como debería? ¿Es necesaria la presencia internacional en la reconstrucción del país? Cuénteme lo que piensa, comente.


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