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¿Por qué hay cientos de colombianos combatiendo en Yemen?

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Combatientes de la milicia huti, Yemen – Fuente: Reuters.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Adén es un puerto comercial a orillas del océano indico; en sus calles estrechas se comercia con pescado, mariscos y hortalizas, en los edificios de ladrillo rojo y marrón departen, aliviados del calor por la brisa marina y el té frío, negociantes, líderes tribales y el ocasional intermediario de piratas somalíes. En sus calles ya patrullan mercenarios latinoamericanos -la mayoría colombianos- que hacen parte de las fuerzas sunnitas aliadas del gobierno yemení y que planean lanzar una ofensiva contra la tribu huti que ocupa la capital, Sanaá, en el norte del país.

Ahora es Yemen -como Bahrein, Kuwait, Irak y Libia antes- el lugar que recibe a cientos de mercenarios colombianos buscando un buen salario por pelear una guerra ajena ¿cuántos de esos colombianos entenderán las peculiaridades del conflicto entre sunismo y chiismo? ¿Alguno sabrá por qué los rebeldes Huti pelean contra el gobierno yemení? ¿Les importará?

El mercenarismo no es, ni de lejos, un fenómenos reciente o novedoso; es tan viejo como la guerra organizada, tan ancestral como la disposición humana a resolver conflictos grupales por medio de la violencia sistemática. Por otro lado, los mercenarios son atractivos porque suponen fuerzas experimentadas en la guerra y que pueden “acomodar” su lealtad a un nuevo patrón por el único incentivo del pago. Esto los vuelve poco confiables -así lo advertía Maquiavelo- pero no deja de hacerlos útiles para acompañar a fuerzas más bisoñas en operaciones y combates.

El final de las guerras siempre deja a muchos combatientes sin oficio, décadas de enfrentamientos han creado una clase social de soldados, hombres -y algunas mujeres- que solo saben de la milicia y que con el final, o al menos la reducción en la intensidad de las hostilidades, se encuentran al borde se la obsolescencia.

Colombia no solo debe pensar en lo que va a hacer en los próximos años con los combatientes desmovilizados de las guerrillas; el inevitable desescalamiento de la guerra en el marco de los procesos de paz con Farc y Eln llevará a una eventual, así sea gradual, reducción del pie de fuerza de la fuerza pública (sobre todo en el ejército) ¿qué se hará con esos miles de hombres en armas? ¿Añadirlos al bien más exportado por Colombia, su capital humano? ¿Dejarlos ir a pelear una guerra ajena en algún rincón olvidado de este planeta de conflictos extraños?

Porque el segundo elemento, complementario a la oferta de veteranos desempleados colombianos, es la demanda por parte de regímenes o fuerzas militares de combatientes experimentados en conflictos rancios. En este caso, han sido las autocracias árabes de los países del golfo pérsico los principales empleadores de estos mercenarios. En este caso, la inestabilidad y el surgimiento de conflictos en Medio Oriente se ha convertido en el principal mercado internacional de mercenarios. Así, mientras algunos países latinoamericanos, pero sobre todo Colombia, siga produciendo veteranos sin muchas perspectivas locales, seguirá exportando combatientes a conflictos lejanos.

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¿Qué está pasando en Irak?

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Por Santiago Silva Jaramillo

En la mañana del pasado diez de junio, luego de algunas horas de ligeros combates, por lo menos unos tres mil hombres del ejército iraquí se retiraron o desertaron sus puestos en Mosul, la ciudad más grande del norte de Irak y su segunda ciudad en importancia. En su retirada, las tropas iraquíes dejaron docenas de tanques, carros armados, municiones y armas; un excelente botín para el grupo que atacaba la ciudad. En efecto, la fuerza invasora, constituida por militantes islamistas de varios grupos sunnitas –aunque liderados por la organización extremista armada “ISIS”-, tomaron el control de la ciudad y saquearon sus bancos y arsenales.

Recompuestos luego de la conquista de Mosul, los apenas cientos de militantes han continuado su avance hacia el sur, con miras a la capital, Bagdad. Solo dos días después, capturaron Tikrit, la cuna del ejecutado dictador iraquí Saddam Husein, mientras el gobierno chiita iraquí, liderado por el corrupto y autocrático Nuri Al- Maliki, se ha visto a gatas para utilizar sus casi quinientos mil hombres –armados y entrenados por Estados Unidos antes de la salida de las tropas en 2011- para detener los ataques de un par de miles de militantes sunnitas.

ISIS son las siglas en inglés para el “Estado islámico de Irak y la gran Siria”. Es un grupo islamista de origen sunnita, que empezó como una rama de Al-Qaeda en Irak, pero que en los últimos años de enfrentamientos con el gobierno iraquí y sus aliados estadounidenses, y luego con su intervención en la guerra civil siria, se ha convertido en una fuerza independiente (además de tildada como “demasiado violenta” por el liderazgo de Al-Qaeda), con pretensiones de construir un Estado regido por la sharia en la región de Levante, que incluya a las poblaciones sunnitas del oriente de Siria, el norte de Irak y el norte de Jordania.

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Ahora bien, el éxito de la ofensiva de ISIS no se explica por su capacidad militar, sino, más bien, por la debilidad del gobierno iraquí y la profunda división que existe entre las tres grandes facciones dentro de su territorio. Por un lado, el gobierno de Al-Maliki inició una criticada campaña de exclusión de la minoría sunnita, en contra de los compromisos adquiridos con los Estados Unidos, que acababa de retirar sus tropas del territorio. Ante la persecución y exclusión de los chiitas, y el vacío de poder dejado por las tropas estadounidenses en grandes porciones del territorio iraquí, las milicias sunnitas empezaron a ganar influencia y control sobre pueblos en el norte y sobre las fronteras de Irak.

En 2011, con el inicio de la guerra civil en Siria, y sobre todo en 2013, con su recrudecimiento, facciones de islamistas armados del mundo árabe acudieron a Siria a ayudar a los insurgentes sunnitas que luchan contra el presidente alauita Bashar Al-Assad, aliado de los poderes chiitas de la región.  El germen de ISIS acudió también y peleando en el oriente del país ha logrado ganar los recursos, los hombres y la experiencia para lanzar la actual ofensiva, sustentada en el descontento sunnita del norte de Irak con el gobierno chiita de Al-Maliki.

Ante el peligro que representa el avance de ISIS –y sobre todo la rapidez con la que se deterioró la situación en Irak- la comunidad internacional ha reaccionado, pero el desconcierto se une a las dificultades políticas de intervenir. Estados Unidos, por ejemplo, se encuentra atrapado en viejas promesas de política interna y el desgaste de las últimas guerras. Obama sustentó buena parte de sus apuestas de gobierno e convencer al público estadounidense de que Irak era la “mala guerra”, que la salida de las tropas era necesaria e irrevocable; que los estadounidense dejaban Irak de una vez por todas. Para el presidente estadounidense, aunque todos lo esperen y la situación lo requiera, resulta muy difícil en términos políticos justificar internamente nuevas operaciones militares en Irak.

EJERCITO IRAQUI

Por otro lado, Irán ya ha despachado algunas tropas para ayudar a defender los intereses del gobierno iraquí, particularmente cerca de su frontera y en el caso de que Bagdad efectivamente esté en peligro de ser atacada. Pero la solidaridad chiita (Al-Maliki e Irán), se contrapone a la solidaridad sunnita. En efecto, algunas agencias han reportado de la influencia y financiación de algunos líderes petroleros de los Estados del golfo pérsico sobre ISIS y las milicias sunnitas en el norte de Irak.

El problema es que, incluso con toda la ayuda, el gobierno de Al-Maliki se ha cavado su propia tumba en términos políticos, tanto, que incluso la tercera facción dentro de Irak ya ha empezado a aprovecharse la situación. Los kurdos, perseguidos por décadas por los gobiernos iraquíes y que actualmente cuentan con una situación de relativa autonomía en el nororiente del país, han tomado su histórica capital de Kirkut, hasta hace poco en manos del gobierno.

Los próximos días –de pronto semanas- serán determinantes para identificar si la sorpresa fue la mejor alidada de ISIS, y se encuentra en camino de caer ante una ofensiva de las fuerzas iraquíes apoyadas por Irán y posiblemente Estados Unidos, o si la falla estructural es del gobierno iraquí y se encuentra a punto de caerse a pedazos ate el avance de las fuerzas insurgentes.

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