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Aventuras africanas y la nueva “Doctrina Obama”

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre la decisión de Barack Obama de enviar tropas a África Central y de apoyar la nueva guerra en el cuerno de África

El pasado 14 de octubre el presidente estadounidense Barack Obama autorizó el de cien especialistas militares de su país en Uganda, donde ayudarán al gobierno en su larga lucha contra el grupo miliciano Ejército de Resistencia del Señor (LRA en inglés). Las tropas asesorarán y brindarán apoyo al ejército ugandés, pero no entrarán en combate a menos que se vean obligados en defensa propia.

El LRA es un grupo miliciano que actúa en el África central, responsable por miles de muertes y docenas de secuestros en la zona. Nacido a finales de los años ochenta y comandado por Joseph Kony, un autoproclamado profeta que en nombre de su misión de llevar los diez mandamientos a las leyes de Uganda, los hombres del LRA han mutilado y asesinado a cientos de campesinos en Uganda, Sudán del sur, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

El anunció de Obama ha provocado reacciones mixtas. Los críticos, señalan que luchar contra el LRA no representa una prioridad para la seguridad nacional estadounidense y supone un abuso a los atributos presidenciales para decidir en dónde y cuándo utiliza al ejército de su país. Para los opositores de la misión en Uganda, Obama no solo excede sus poderes como presidente, sino que se ha sostenido de la doctrina de “Responsabilidad de Proteger” para lanzar toda una nueva política exterior intervencionista de los Estados Unidos.

Por otro lado, quienes apoyan la intervención en contra del LRA, sostienen que la administración Obama está buscando mejorar las condiciones de violencia armada y respeto de los Derechos Humanos en los países de sus aliados africanos como una estrategia para mejorar la estabilidad de la región.  Sin embargo, también defienden la posición moral de enfrentar y derrotar a una sanguinaria  milicia que ha traído muerte y destrucción a una región por lo demás destrozada por la pobreza y la enfermedad. Luchas contra el LRA no debe verse como un asunto estratégico, sino como uno de carácter humanitario.

Pero otro anuncio de días pasados ha ayudado a la construcción de los que muchos están llamando la “Doctrina Obama” (esto es, la aproximación de Barack Obama a los asuntos internacionales): la utilización de aviones no tripulados para apoyar a las tropas kenianas que luchan contra el grupo terrorista Al-Shabab en el sur de Somalia.

Todo empezó cuando hace un par de semanas el gobierno de Kenia anunció una operación de represalia a gran escala contra el grupo terrorista somalí Al-Shabab, filial de Al-Qaeda en el cuerno de África, que había realizado varios secuestros y asesinatos de turistas europeos en los hoteles del norte de Kenia. Poco después, los oficiales estadounidenses develaron que estaban apoyando a las fuerzas kenianas en su avance por el sur de Somalia con ataques de precisión sobre la dirigencia de Al-Shabab, utilizando aviones no tripulados desplegados en un aeropuerto civil en la vecina Etiopía.

La famosa “Doctrina Obama” puede entenderse como un “Humanitarismo pragmático”. Mejor dicho, el presidente estadounidense parece entender que su país tiene una responsabilidad (basada en capacidad, pero sobre todo en principios) de evitar e intervenir allí en dónde los Derechos Humanos están siendo violados. Digo que es pragmático porque el principio de intervención se encuentra supeditado a la factibilidad política y económica del esfuerzo, pues al fin de cuentas, Obama no pretende intervenir en la masacre de los civiles sirios a causa de las complejas implicaciones políticas y no utiliza todos los recursos a su disposición en las nuevas misiones en África porque supondría un costo en dinero insostenible en el actual ambiente de crisis económica.

El “Humanitarismo pragmático”, en todo caso, parece perfilarse como la opción por defecto de los próximos años en la política exterior estadounidense.

¿Cuál será el resultado de las dos nuevas misiones estadounidenses en África? ¿Existe en realidad una “Doctrina Obama”? ¿La cree conveniente? Cuénteme lo que piensa, comente.

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El nuevo arte de la guerra

Fuente: Th big picture - Boston.com

Sobre el impacto de los aviones no tripulados y los mecanismos electromagnéticos en la nueva forma de hacer la guerra.

MuammarGadafi no lo esperaba, ni  la centena de hombres que huían junto a él de la recién liberada ciudad de Sirte en una caravana de varios carros por una solitaria carretera sobre el desierto. Pero luego de un breve destello en el cielo, varias de las camionetas salieron volando por los aires envueltas en un remolino de fuego. Poco después, un grupo de rebeldes que perseguían a Gadafi lo apresaron para luego, en confusos hechos, ejecutarlo. Pero ¿quién impactó el convoy de Gadafi?

La OTAN, por supuesto, pero lo relevante de este ataque (además de la posterior muerte del dictador libio, obviamente) es el vehículo utilizado para perpetuarlo: un “Reaper MQ-9”, un avión no tripulado estadounidense que ha llegado a los campos de batalla del mundo para cambiarlos para siempre.

No solo ha participado en misiones durante la zona de exclusión aérea en Libia, también ha visto acción apoyando a las tropas desplegadas en Afganistán, realizando ataques de precisión contra miembros de Al-Qaeda en Somalia y Yemen y liquidando a altos miembros de los talibanes y la red Haqqani en el norte de Pakistán. Sus campañas han sido tan exitosas que incluso un precandidato republicano a la presidencia propuso usarlos contra los narcotraficantes en la frontera mexicana.

Su principal ventaja, además de la seguridad del piloto, que se encuentra a cientos de kilómetros en la seguridad de un cuarto de control, es lo barato que resulta, comparativamente, utilizar estas naves frente a los aviones convencionales. Y hablo del piloto porque los vehículos no tripulados tienen varios (en realidad, unos 160), no son robots, como algunos creen, sino aeronaves operadas a distancia por un numeroso equipo.

Los vehículos no tripulados se constituyen en el futuro de la guerra. Actualmente, más pilotos son entrenados en Estados Unidos para operar “reapers” que para pilotear aviones convencionales. De igual manera, los aviones no tripulados realizan más misiones que su contraparte  y su participación en las acciones bélicas estadounidenses han crecido exponencialmente en los últimos cinco años.

Pero Estados Unidos no es el único utilizando o desarrollando esta nueva arma, China, Israel, Rusia, Gran Bretaña, Francia, entre otros países, cuentan con programas de desarrollo de vehículos no tripulados. Los vehículos no tripulados de combate hacen parte de esta nueva manera de hacer la guerra, en donde la movilidad y capacidad de acción en terrenos difíciles es fundamental y en donde los hombres (en tanto maquinas de combate) pierden protagonismo.

Sin embargo, los “predators” estadounidenses no representan el más impresionante de los últimos avances en términos de tecnología bélica. Los más recientes desarrollos tecnológicos y proyectos de investigación en armamento se han concentrado en los dispositivos electromagnéticos, capaces de causar tremendos estragos en los aparatos electrónicos de los enemigos antes que en sus hombres. Esta nueva arma busca causar enormes pérdidas materiales y tácticas al contrario, con el mínimo de bajas humanas posibles, sobre todo, de civiles.

Existe algo similar a una carrera armamentista en cuanto al desarrollo tanto de los vehículos no tripulados, como de las armas electromagnéticas, así, por supuesto, como en la invención de dispositivos que puedan contrarrestar la efectividad de ambos dispositivos. Lo más interesante, al fin de cuentas (dejando futurismos  aparte) es la manera excepcional en que la naturaleza de la guerra, aunque permanente, impulsa a los hombres a inventar cada día con más ingenio, nuevas maneras de pelear contra el enemigo.

¿Es la guerra cada vez menos “humana”? ¿Cuál es el futuro de los enfrentamientos bélicos? ¿Cómo pueden cambiar estas nuevas armas la manera como se pelean las guerras? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Mapa: Terror y Guerra

Terror y Guerra: el pasado 11 de septiembre marcó el año diez de la “Guerra Contra el Terrorismo“. Luego de algunos atentados en Occidente (Madrid y Londres, particularmente) y los fallidos llamados al Choque de Civilizaciones; el comienzo de la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq y Afganistán y la muerte de Osama bin Laden se perfilan como preludio a una década bastante difícil para el mundo. El siguiente mapa busca visualizar algunos datos representativos del terrorismo que azotó al planeta en 2010. Fuente: National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorism (START). (2011). Global Terrorism Database [Data file]. Retrieved from http://www.start.umd.edu/gtd

La próxima gran guerra

Fuente: The big picture - Boston.com

De cómo el Mar del Sur de China será el próximo escenario de enfrentamiento global

Si abren un libro de historia lo más fácil de identificar será la larga lista de fechas en donde se detalla el nombre del sinnúmero de guerras en que se ha embarcado la humanidad. Pareciera entonces que nuestra historia se ha construido a partir de las guerras que nos han enfrentado; desde las Guerras Médicas que enfrentaron al Imperio Persa con las ciudades-Estado griegas hace 2500 años, hasta el reciente conflicto en Libia, donde rebeldes y la OTAN derrocaron al régimen de Gadafi. Todo esto pasando por las Guerras Púnicas, las Cruzadas, la Guerra de los Cien Años, etc. La lista de conflictos, como todos bien sabemos, es demasiado extensa.

Esta semana, luego de cumplida una década de la llamada Guerra contra el Terrorismo, las fuerzas desatadas por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos están volviendo a sus lugares. El próximo año, unos 40.000 soldados estadounidenses, del poco más de 200.000 desplegados en Afganistán e Irak, regresarán a casa. Osama bin Laden ha muerto y Al Qaeda ha dejado de ser una amenaza global para convertirse en una incomodidad regional en países como Yemen y Pakistán.

No digo con esto que la Guerra contra el Terrorismo haya acabo, mucho menos que los conflictos en Medio Oriente o que la amenaza de las acciones de los islamistas sean menos relevantes, solo que el mundo y los involucrados parecen estar moviéndose hacia otras direcciones.

Por eso, creo que es relevante hablar sobre las crecientes tensiones en un lugar del mundo, donde, probablemente, se desarrolle el próximo gran conflicto de la historia humana: el Mar del Sur de China.

Está ubicado al sur del territorio continental chino, al oeste de Filipinas, al este de Vietnam y al norte de Indonesia y Brunei. Es importante por tres razones. La primera, los recursos naturales que guardan sus aguas e islas. La segunda, porque incluye las aguas nacionales de varios países, muchos de los cuales no se llevan nada bien y además, incluye una de las rutas comerciales más importantes del planeta (el paso del norte del pacifico asiático hacia el Océano Indico). Y la tercera, porque es el primer lugar en donde China ha empezado a imponer su nueva fuerza.

Y es que toda la tensión ha sido generada por la posición de los chinos, que han identificado al Mar del Sur de China como un lugar fundamental para su posición geopolítica en la región e incluso como un punto pivotal para su crecimiento económico. De igual manera, China ha mantenido un crecimiento sostenido de su gasto militar hasta alcanzar los 100 mil millones de dólares anuales; un presupuesto solo superado por el de Estados Unidos.

Una de sus inversiones más recientes y que levanta más temor en la región, ha sido un costoso portaaviones. En efecto, una parte importante del dinero que han destinado a sus fuerzas armadas ha ido a parar a su armada, lo que hace presuponer a muchos analistas, que los chinos se preparan para un escenario de conflicto en el Mar del Sur de China.

Por supuesto, todo esto ha puesto muy nerviosos a los vecinos asiáticos de los chinos, pero ellos, sin poder contar con los recursos para contener a la potencia emergente han intentado profundizar el compromiso de la potencia hegemónica. Así pues, las tensas aguas del Mar del Sur de China podrían convertirse en el lugar en donde China empieza su expansión y Estados Unidos intenta contenerla. El Choque, dicen muchos, sería inevitable y solo una cuestión de tiempo.

¿Dónde será la próxima gran guerra? ¿Es el conflicto entre China y Estados Unidos inevitable? Cuénteme lo que piensa, comente.

Mapa: El Mundo en Guerra

El Mundo en Guerra: los principales conflictos armados activos del planeta, su fecha de inicio, muertes, tipo y tendencia. Fuentes: sipri.org, ucdp.uu.se y globalsecurity.org.

Reencontrarse con el Realismo

De porqué desconfiar del futuro de las revueltas árabes

A principios de este año escribí un artículo donde, como reza en su título, sostenía que en el 2011 el mundo sería menos democrático. Decía, sobre todo recogiendo la tesis del informe del Índice de Democracia de la revista The Economist, que las tendencias en los países con regímenes mixtos (que no son ni democracias ni dictaduras, sino algo en el medio) los estaban llevando cada vez más hacia sistemas más autoritarios.

Sin embargo, un par de semanas después, las revueltas en el Mundo Árabe cogieron al planeta por sorpresa, dejando entrever lo que muchos creyeron sería el despertar (la “primavera”, decían) del pueblo árabe contra los dictadores que durante décadas los habían mantenido bajo su poder. El desarrollo de los acontecimiento nos convenció a muchos de que el 2011 si podría traer algunas buenas noticias para el mundo después de todo.

Pero como todos los entusiasmos repentinos, este también vivió su momento y en la actualidad se apaga su llama entre decepción, escepticismo y las humeantes ruinas en Hama y Trípoli.

Ya desde principios de año, muchos autoproclamados ‘realistas’ intentaban quitarle fuerza al entusiasmo general respecto al resultado de las revueltas árabes; decían que si éstas no eran aplastadas por las fuerzas de seguridad del dictador en el poder, los nuevos regímenes nacidos del derrocamiento de éstos no serían, ni mucho menos, mejores a los que habían sido expulsados. Los demás los ignoramos, dejándonos llevar aún más por la borrachera colectiva del idealismo.

Pero la realidad actual parece obligarnos a muchos a hacer un nuevo análisis sobre lo que resultará de la famosa “Primavera Árabe” y si las altas expectativas que alguna vez albergamos eran exageradas. Lo primero por evaluar es la situación de los países donde las revueltas derrocaron a los autócratas locales, esto es, ¿cómo van los procesos democráticos en Egipto y Túnez?  Pero, todavía más preocupante, ¿cuál será su futuro?

Lo primero está en los mismos procesos de establecimiento de una democracia funcional dentro de estos países. Las dudas sobre la verdadera posibilidad de que, desde lugares en donde nunca ha existido nada parecido a un sistema democrático liberal, de la noche a la mañana, aparezcan valores como la equidad, la libertad individual, el respeto por las minorías, la igualdad política o la transparencia en el proceso político.

De igual manera, un sistema democrático instaurado sobre una sociedad sin las capacidades y cultura para mantenerla vibrante y darle la profundidad necesaria, puede llevar a que en pocos años, o se regrese a la misma situación de régimen autocrático o a la creación de una democracia de papel, donde oligarquías se reparten el poder cada cuatro o cinco años.

Por otro lado, los temores que algunos analistas habían señalado desde el comienzo de las revueltas árabes de que éstas se convirtieran en plataformas para que los extremistas islamistas comienzan a parecer algo más que una difícil predicción. En cierta forma, la razón de que Estados Unidos y Europa apoyaran los regímenes autoritarios de personajes como Hosni Mubarak por años era porque garantizaban la estabilidad de sus naciones y luchaban contra los islamistas que buscaban aumentar su influencia en Medio Oriente. Era un trato sucio, pero funcionó por décadas. Y ahora la inestabilidad y el vacío de poder creado por las revueltas puede ser la oportunidad de oro para muchos fundamentalistas de buscar una posición ventajosa dentro del nuevo orden.

¿Realismo o idealismo? ¿El futuro de las revueltas árabes será de democracias, autocracias o regímenes islamistas? Cuénteme lo que piensa, comente.

Nuevas y viejas amenazas

De cómo pueden reversarse las ganancias de seguridad de Colombia

Colombia ha recorrido un largo y difícil camino fuera de la posición de Estado fallido donde se encontraba hace algunos años. De hecho, los últimos diez años de lucha contra los grupos ilegales y por llevar la presencia del Estado a todos los rincones del territorio colombiano ha representado un éxito del que otros países esperan sacar lecciones.

Sin embargo, con creciente preocupación, los ciudadanos y autoridades colombianas han visto cómo en los últimos meses la situación de seguridad del país se deteriora.

Por un lado, las FARC ha rediseñado su estrategia de guerra, volviendo a confiar en las tácticas de guerrilla, en el terrorismo y en el secuestro. Además, han acompañado sus cambios con una ofensiva coordinada que busca, sobre todo, aumentar la percepción de inseguridad en el país, mientras intenta ganar algo de aire en zonas neurálgicas de la guerra como los departamentos de Antioquia, Nariño y Cauca, en el norte oeste y sur oeste del país.

Las acciones de las FARC no demuestran un fortalecimiento, por lo menos no de sus estructuras. Mejor dicho, el hecho de que haya más acciones no implica una mayor cantidad de recursos, ni siquiera que puedan llevar operaciones de gran alcance o de control territorial mantenido. Muy acorde a la llamada guerra de guerrillas, las FARC han confiado más en los atentados con bombas, las emboscadas, los campos minados y los francotiradores que disparan y huyen.

La nueva estrategia es genial a la hora de desmoralizar y extender la percepción de inseguridad, lo que puede ser desastroso no solo para un gobierno, sino para sus ciudadanos. Los medios internacionales (como varios enlaces que incluyo en este texto atestiguan) hacen referencia desde hace semanas al deterioro de la seguridad del país. La inversión extranjera y la confianza en el proceso de recuperación que llevaba el país pueden flaquear.

Ahora bien, las FARC no constituyen ni mucho menos la única amenaza a la seguridad del Estado y los ciudadanos colombianos en la actualidad. Desde las desmovilizaciones de los grupos paramilitares en 2006, varias nuevas organizaciones criminales (bautizadas como bacrim por las autoridades) han estado ocupando los vacios de poder dejador por las estructuras paramilitares que entregaron las armas.

De esta forma, en departamentos de la costa Caribe y pacifica, en los llanos orientales y en Antioquia, las nuevas bandas criminales, mezcla entre paramilitares y guerrilleros desmovilizados  y narcotraficantes ‘tradicionales’, se han visto involucradas en actividades económicas ilegales como el tráfico de cocaína, la extorsión a comerciantes y el secuestro, y en las consecuencias violentas que éstas conllevan.

El deterioro es real, aunque en términos de percepción parece más grave de los que realmente es. El Gobierno del presidente Santos cuenta con un reto luego de anunciar un relanzamiento de la estrategia de seguridad, que busca, entre otras cosas, atacar las nuevas dinámicas como la movilidad de la guerrilla y las acciones criminales de las bacrim.

El reto, sin embargo, es enorme, pues aún cuando la posibilidad de volver a la situación de hace una década es muy remota, enfrentar estas nuevas amenazas suponen un desgaste difícil de asumir por cualquier administración, al igual que por la sociedad colombiana. Pero solo la firmeza y la perseverancia pueden lograr lo que muchos deseamos: que el Estado y el pueblo colombiano prevalezcan sobre la violencia y quienes la producen.

¿Qué tan real es el deterioro de la seguridad en Colombia? ¿Puede una nueva estrategia lograr un punto de quiebre en el conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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El camino tomado

De cómo la matanza de Oslo no es un hecho aislado, sino una tendencia.

El mundo vio horrorizado cómo, el pasado viernes 22 de julio, Oslo, la capital de la tranquila noruega, se sacudía por dos ataques terroristas. Las primeras imágenes de las humeantes instalaciones gubernamentales golpeadas por una bomba y los reportes previos de las docenas de muertos durante un tiroteo en el campamento de las juventudes del partido socialdemócrata, hicieron a muchos suponer que se trataba de la acción de una célula terrorista islamista.

Pero nuestro prejuicio (que es de todos) estaba equivocado. El autor de los dos atentados, Anders Behring Breivik, es un noruego. No solo eso, sino que la motivación que alegó para realizar estos horrorosos actos fue lo que él denominó la “islamización” se Europa y, sobre todo, la política de multiculturalismo que el partido de gobierno noruego defiende. Por eso el ataque a la isla donde se reunían las juventudes del partido socialdemócrata y a una sede de gubernamental.

Behring sin embargo, se equivoca, la tendencia más preocupante de la actualidad en el viejo continente no es la “islamización” de sus sociedades, sino el advenimiento de cada vez más grupos y partidos políticos con discursos de extrema derecha. El mismo terrorista noruego es la más reciente muestra de ello.

Desde hace algunos años, algunos partidos políticos en Europa, con plataformas conservadoras, pero también xenófobas y populistas, han ganado terreno en la selecciones parlamentarias e incluso participación en las coaliciones de gobierno de varios países.

Éstos grupos políticos defienden plataformas donde, en términos generales, se defiende una identidad nacional fuerte, se ve con recelo a los inmigrantes (sobre todo de origen musulmán) y se promulga por una economía proteccionista. Por supuesto que hay variables, algunos son conservadores sociales, oponiéndose al aborto o los derechos civiles de los homosexuales, otros defienden la economía de mercado, y también hay de los que denigran de la Unión Europea.

Los ciudadanos europeos, frustrados porque las políticas de sus gobiernos parecen incapaces de resolver los problemas de desempleo y déficit presupuestal de sus países, han premiado a partidos populistas de extrema derecha con sus votos. Y como en otros tiempos difíciles, han aceptado la formula sencilla de culpar a otros, en este caso los inmigrantes, de problemas como la creciente inseguridad o la falta de empleo.

Los grupos clandestinos, y con ideologías mucho más extremas, también han tenido un resurgir en los últimos años. Anders Behring hace parte de esta nueva ola de organizaciones, que no sólo comparten su fundamentalismo, sino su disposición a alcanzar sus objetivos por medio de la violencia. Behring, por ejemplo, esperaba utilizar los atentados con el doble propósito de hacer conocer su mensaje y de impulsar un supuesto “levantamiento” de los europeos contra sus gobiernos liberales. En esto falló, pero docenas de personas murieron.

Europa, en todo caso, realiza un giro hacia el populismo y las ideas extremas; hacia las fáciles respuestas que prometen grupos y partidos que toman como bandera la violencia y a los chivos expiatorios. Lo más preocupante es que, si miramos los ejemplos históricos de situaciones similares, esto nunca ha terminado bien.

¿Cuáles son las razones detrás del ataque terrorista de Oslo? ¿Cree que Europa puede irse al extremo en el futuro? ¿Qué tan peligroso sería eso? Cuénteme lo que piensa, comente.

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El futuro de Afganistán.

De cómo el país ganará en estabilidad, pero perderá en DDHH y desarrollo en los próximos meses.

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y el Secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, han confirmado en los últimos días que tanto el gobierno afgano, como las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos, adelantan conversaciones preliminares con la insurgencia talibán, que desde su resurgir en 2003, tiene en jaque al país asiático.

El esfuerzo busca que Afganistán gane algo de estabilidad antes de que las fuerzas aliadas se retiren totalmente en 2014 e incluso, antes de que empiece la reducción de su presencia en algunas zonas del país, en apenas unas semanas.

Sin embargo, las negociaciones con los talibanes implicarían que estos exijan concesiones para volver a la vida civil. Estas necesariamente pasarían por recuperar algunas de sus antiguas normas y ocupar cargos dentro del ejecutivo y legislativo afganos.

De esta forma, la llegada de los talibanes al gobierno y la retirada de las fuerzas internacionales amenazarían los tibios logros en materia de desarrollo económico y protección de los derechos humanos en el país.

La economía afgana, según un reciente informe del Congreso de Estados Unidos, se constituye en un 95% por la ayuda internacional y, como lo demuestra el caso del Irak de la posguerra (que pasó de recibir más de 9 mi millones de dólares anuales en 2008 a menos de 3 mil millones en 2009), la reducción de los recursos que entran actualmente al país son inevitables. Las consecuencias para la anémica economía afgana, en todo caso, serán previsiblemente catastróficos.

Todo esto repercute en el deterioro de la situación social del país y de la popularidad del gobierno de Karzai en su conjunto. En la intrincada y compleja red de lealtades, tribus y clanes que se encuentran en todo Afganistán, esta pérdida de poder del gobierno central puede llevar a que los insurgentes talibanes ganen mayor influencia dentro de las estructuras regionales. Y con un presidente débil, la posibilidad de ganar mayores concesiones dentro del régimen político aumentarán.

Los extremistas serán más fuertes e intentarán imponer su agenda sobre la sociedad afgana.

Lo que quiero decir es que Afganistán, luego de la salida de las tropas aliadas y del final de los grandes flujos de ayuda económica, podría volver a lugares similares a los anteriores a la invasión de 2001. Las consecuencias en términos de respeto de los derechos humanos, desarrollo económico y el mejoramiento de la calidad de vida de los afganos en general serían catastróficas. Durante el régimen Talibán, las normas de conducta podían ser tan ridículas (la prohibición de las cometas), como terribles (prohibir a las mujeres trabajar, estudiar o salir de sus casas sin un hombre que las acompañara). Ellas, las afganas, serían las más afectadas con el regreso al poder del Talibán.

¿Qué deben buscar Estados Unidos y el gobierno afgano en su negociación con los talibanes? ¿Hay una manera de reincorporarlos en la vida civil sin que trastornen a la sociedad y política del país? ¿Es la negociación siempre la mejor salida de un conflicto? Cuénteme lo que piensa, comente.

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El mayor peligro.

De porqué las armas nucleares de Pakistán representan el mayor peligro para la seguridad internacional.

El pasado 23 de mayo, seis comandos de la facción pakistaní de los talibanes atacaron una base naval en la ciudad de Karachi. El ejército de Pakistán solo logró recuperar el control del lugar luego de 16 horas de intensos combates. Un portavoz talibán sostuvo que la acción había sido una retaliación por la muerte de Osama bin Laden; pocos días después, otros ataques suicidas y bombas sacudieron al país. La humillación para el ejército pakistaní, que se ha visto en verdaderos aprietos para evitar estas acciones, y la creciente desconfianza de la comunidad internacional en el compromiso de los altos mandos militares de combatir a las organizaciones terroristas, han disparado el temor por la situación de inestabilidad dentro de Pakistán.

En 1971, luego de perder otra dura guerra contra India por la disputada región de Cachemira, la dirigencia pakistaní inició la elaborada y difícil tarea de conseguir armas nucleares. Cuando algunos años después lo consiguió, luego de robar secretos industriales en Europa e incluso recibir financiamiento de Gaddafi, los pakistaníes se sentaron sobre un arsenal nuclear modesto, pero con todo el potencial para amenazar y sobornar al mundo.

Digo amenazar, porque gracias a su capacidad nuclear, Pakistán ha logrado mantener una efectiva detente con India, donde ninguno de los dos países puede ganar mucho frente al otro o dejar que el conflicto escale. De esta forma, los servicios secretos pakistaníes han podido patrocinar ataques terroristas contra objetivos indios y recibir respuestas muy tibias por parte de las prudentes fuerzas de seguridad de Nueva Delhi.

Y digo sobornar, porque si no fuera por sus armas nucleares, Pakistán no sería ni un décimo de lo importante que es para la comunidad internacional, no recibiría la cantidad de ayuda internacional que recibe, ni llamaría la atención de Estados Unidos de la forma que lo hace. Sus bombas nucleares le han dado un  prestigio y peso ficticio, pero indiscutible en el juego regional, que Pakistán no está dispuesto a perder.

Sin embargo, hechos como el ataque de la semana pasada (y las otras tantas acciones terroristas similares), levantan dudas sobre la capacidad de las fuerzas pakistaníes de proteger sus armas nucleares. Según un reporte del Centro para Combatir el Terrorismo de la academia militar de West Point, casi la totalidad de las centrales nucleares pakistaníes se encuentran en zonas con alguna presencia de militantes islamistas y aunque la seguridad puede ser mejor que la de la base naval de Karachi, los peligros de que éstas armas caigan en las manos equivocadas (así sea por un corto lapso de tiempo) supone un peligro para el mundo, pero sobre todo para el mismo Pakistán, que tiene que ser asumido.

Por eso, las sugerencias de muchos de que se despoje a Pakistán de sus armas nucleares cuanto antes, sin embargo, teniendo en cuenta lo complejo de la situación y los intereses en juego, esto es sumamente difícil de hacer. Pero mientras la situación de seguridad del país se degrade, el peligro de sus armas nucleares será cada vez mayor y más complejo de enfrentar.

¿Qué otros peligros traería la desestabilización de Pakistán? ¿Cómo se podría disminuir el riesgo de que las armas nucleares caigan en las manos equivocadas? Cuénteme lo que piensa, comente.

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