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Las dos caras del 2015 (II)

cuarteto de Túenz

Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez, ganadores del Nobel de Paz de 2015

Por Santiago Silva Jaramillo

En el plantea convive tragedia con esperanza, maldad y bondad, y aunque en este blog he defendido la escuela de pensamiento de los “grises”, eso no quiere decir que sea imposible determinar con bastante certeza cuando las cosas salen bien o mal en los asuntos internacionales. El 2015 no ha sido diferente, presentando estas dos caras del trepitar constante de la historia, de su insistente disposición a presentarse en forma de dicotomías.

2. Grupo(s): El cuarteto para el diálogo nacional en Túnez y el Estado Islámico.

Tanto la democracia tunecina como la guerra civil en Siria son producto del mismo hecho significativo: la Primavera Árabe. Los dos son casos extremos de lo que las protestas y revueltas empezadas en 2011 por la inmolación de un frutero tunecino provocó en varios países del Medio Oriente y el Norte de África. La indignación y el descontento recorrieron Egipto, Libia, Barheim, Siria y el mismo Túnez, pero quizás solo este último puede ver algo positivo en el desenlace de la revolución iniciada en sus calles. Y buena parte de este éxito se debe al papel desempeñado por el Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez (conformado por la Unión General Tunecina del Trabajo, la Unión Tunecina de la Industria, el Comercio y la Artesanía, la Liga Tunecina de los Derechos Humanos y la Orden Nacional de los Abogados de Tunicia) para defender la naciente democracia del país y que fue reconocida con el Premio Nobel de Paz en 2015. El Cuarteto para el diálogo nacional en Túnez ha permitido que los tunecinos tengan el único caso de verdadero éxito luego de la Primavera Árabe y que las nuevas instituciones democráticas del país funcionen efectivamente.

EI

Miembros del Estado Islámico, organización terrorista.

Por otro lado, el Estado Islámico se ha configurado en 2015 como una de las principales fuerzas de la destrucción y el caos y en enemigo común de la comunidad internacional. En primer lugar, su control sobre amplias zonas de  Siria e Irak continúa en medio de la crueldad y los desenfrenos, con reportes cada vez más detallados de la tragedia que es vivir bajo el estricto y a la vez caótico orden impuesto por el grupo extremista. Y aunque la expansión de su territorio parece haberse detenido por la acción de las coaliciones internacionales que lo combaten y la apertura de demasiados frentes de batalla, millones de sirios e iraquíes continúan viviendo bajo el injusto gobierno del EI. En segundo lugar, el grupo ha echado mano de formas de violencia más “convencionales” a su tipo de organización y ha desarrollado ataques terroristas en varios países, como Líbano y Francia. Esto es a partes iguales signo de debilidad y demostración de fuerza. Da cuenta de que los bombardeos y esfuerzos internacionales están funcionando, de que el EI tiene pocas alternativas al terrorismo para devolver esos golpes, pero también que los ataques son difíciles de prevenir y costosos en vidas y moral para estos países. En sus ataques en Paris, además, el Estado Islámico demostró su capacidad y disposición a responder a las potencias sus operaciones en Siria, su alcance y poder de organización. El terror de esa noche los graduó en la organización más peligrosa del planeta.

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El último día de la Primavera Árabe

File photo of an opposition supporter holding up a laptop showing images of celebrations in Cairo's Tahrir Square, after Egypt's President Hosni Mubarak resigned

Manifestantes en la Plaza Tahrir – El Cairo, Egipto: 2011

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Lo bonito –y trágico- de la historia es que muy pocas veces es complaciente, y son raras las ocasiones en las que nos regala uno de los finales felices que esperamos, uno de los desenvolvimientos sencillos a los que la cómoda vida moderna nos ha acostumbrado. Así, tiende a ser más compleja, a dar varios tumbos antes de llegar a su destino o a desviarse por un camino completamente diferente.

A finales de 2011, cientos de miles de ciudadanos del Medio Oriente y el Norte de África se unían en una largamente esperada protesta contra sus líderes, sus excesos y su tiranía. La Primavera Árabe nos dio a millones de ciudadanos del mundo más la esperanza de que frente a la unidad de los hombres los autócratas podían caer y que todo lo que hacía falta era voluntad y persistencia –a veces sacrificio- para que una nación se sacudiera a un tirano de encima.

Iniciada en Túnez con la inmolación del ventero de frutas Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego luego de que su puesto de comida, único medio de subsistencia, fuera decomisado arbitrariamente por funcionarios del régimen de Ben Alí, presidente tunecino. La indignación de sus ciudadanos lograría que en meses, el tirano tuviera que buscar refugio en Arabia Saudita, luego de 22 años en el poder.

El descontento, una mezcla de indignación por años de humillaciones y dominación y los efectos de economías estancadas y élites depredadoras, se expandió pronto a las vecinas Libia y Egipto, y a Siria y Bahréim; en otros países, algunas expresiones dieron pistas de un mayor contagio, como en Jordania, Omán y Turquía, pero fueron rápidamente sofocadas.

-“Ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países”-

Los cinco países en revoluciones siguieron, sin embargo, trayectorias muy diferentes.

 En Túnez, se inició un proceso de reformas democráticas y a finales de 2011 ya se habían celebrado elecciones para un nuevo parlamento. Mientras tanto, las protestas en Siria y Libia, luego de la represión de los regímenes de Bashar al-Assad y Moumar Gadafi, se convertían en guerras civiles: ciudadanos víctimas, sus familias y militares desertores, liderados por jefes tribales o religiosos, se hacían a Kalashnikovs robadas y Toyotas Pick Ups con ametralladoras montadas para enfrentarse a las fuerzas de seguridad de sus países.

En Libia, la posibilidad de la derrota de las fuerzas rebeldes y el peligro a una masacre en la ciudad de Bengazhi llevó a que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara la resolución 1973 estableciendo una “zona de exclusión aérea” sobre el territorio libio, permitiendo la intervención en favor de los rebeldes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Qatar. El 23 de octubre, caía Sirte, último bastión de Gadafi, y el dictador era asesinado luego de caer prisionero. La transición ha sido difícil en este país del Norte de África, los intereses tribales, que habían sido mantenidos bajo control por Gadafi, han resurgido y en el espacio dejado por las luchas entre facciones, el fundamentalismo islámico ha echado raíz, con la presencia de organizaciones cercanas a Al-Qaeda y el Estado Islámico operando en territorio libio con relativa impunidad. El caos del final de la guerra civil no ha podido superarse.

-“El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto”-

Por otro lado, en Siria, el choque de intereses de las grandes potencias globales y el desgaste de guerra en Estados Unidos, impidió en un primer momento cualquier ayuda –más que informal o simbólica- a los rebeldes sirios que se enfrentaban al régimen de al-Assad. La diplomacia rusa, sobre todo, defendió a su aliado de la interferencia de Europa o Estados Unidos, mientras Irán enviaba tropas y armas al régimen. Pero la incapacidad de al-Assad para imponerse, y de los rebeldes a ganar terreno sobre el dictador, llevaron a que uno de los grupos peleando contra el gobierno, proveniente del norte de Irak, empezara a ocupar espacios y a principios de 2014 se declarara “independiente” de Al-Qaeda y proclamara su pretensión de fundar un “califato” en Medio Oriente. A la fecha, este grupo de combatientes islamistas, tribus sunnitas y desertores del ejército iraquí controlan buena parte del norte y el occidente de Irak, el oriente de Siria, y tienen presencia en Libia, Líbano y Jordania, comandando entre 20 y 30 mil hombres.

En Egipto, las célebres protestas en la plaza Tahrir llevaron que el presidente Hosni Mubarak, en el poder por 30 años, huyera de El Cairo y que el ejército –fundamental en el desenlace de las protestas y en la vida política del país- tomara el control del país y preparara las reformas para unas elecciones libres. El 24 de junio de 2012, Mohamed Morsi se convirtió en presidente egipcio. Su partido, Los Hermanos Musulmanes, habían utilizado su superior organización de bases para derrotar a los secularistas y liberales. El temor de los militares y la rama judicial egipcia a las reformas de corte islamista de Morsi llevaron a que, luego de una serie de protestas ciudadanas contra el gobierno, el ejército derrocara a Morsi en 2013. El 26 de marzo de 2014, la cabeza de las fuerzas armadas egipcias, Abdel Fattah el-Sisi, convertido en candidato, llegó a la presidente. El sistema de gobierno utilizado por Mubarak se restablecería poco a poco.

En Bahréim, las fuerzas del gobierno sunnita, apoyadas por tropas y dinero de Arabia Saudita, aplastaron a los manifestantes chiitas y restablecieron en pocos meses su control sobre la isla del Golfo Pérsico. El mundo se encogió de hombros.

Así, las esperanzas de 2011 se han reducido a dos guerras civiles, una masacre, un nuevo tirano, y un monstruo como pocos en la historia reciente, un híbrido entre insurgencia, fundamentalismo y terrorismo. El Estado Islámico es el hijo bastardo de la Primavera Árabe, al igual que la guerra tribal que desgarra a Libia y el renovado dominio del ejército en Egipto. Solo en el lugar donde nació, Túnez, prevalece alguna pizca del espíritu que motivó las revueltas y manifestaciones de hace cuatro años.

Esperemos que dure.

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Contexto internacional: Entendiendo la “Primavera árabe”

Egipto

Fuente: The Big Picture – Boston.com

1ra entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

  1. Contexto histórico:

Imperio otomano e imperios europeos: Medio Oriente ha estado bajo control de grandes poderes imperiales durante buena parte de su historia reciente. Entre el siglo XVI hasta 1922, el Imperio Otomano dominó a las poblaciones en su mayoría musulmanas y árabes de Medio Oriente y el Norte de África. Su control estaba basado en un sistema que combinaba la represión central con el desentendimiento descentralizado; los sultanes otomanos, demasiado ocupados por sys guerras en Europa y sus conspiraciones palaciegas en Estambul, solían alternar la simple represión, con el recurrente olvido de sus territorios imperiales. Estas instituciones políticas sobrevivieron a la caída del Imperio Otomano a comienzos del siglo XX. En 1922, el Imperio se deshizo oficialmente y lo que quedaba de sus dominios en Medio Oriente y África fue repartido entre las potencias europeas; Francia y Gran Bretaña fueron los principales beneficiarios. Su control se estableció sobre las instituciones de control de los otomanos y los intereses imperiales impidieron cualquier reforma real o profunda que pudiera sacar a sus poblaciones del estado de posiciones coloniales.

Independencia, militarismo y religión: luego de la Segunda Guerra Mundial, los poderes coloniales empezaron su retirada de sus viejas posiciones y una gran ola de independencias recorrió África y Asia. Nuevos gobiernos tomaron el control de los nuevos países; pero dos elementos fundamentales quedaron en manos de las decisiones de los poderes coloniales: las fronteras y la naturaleza de los nuevos gobiernos. En efecto, muchos de los nuevos gobiernos enfrentaron desafíos a su legitimidad de parte de grupos descontentos y separatistas; la Guerra Fría también enrareció el ambiente y pronto llegaron nuevos gobiernos, la mayoría de ellos nacionalistas, militaristas y de corte socialista. Nasser en Egipto, Gadafi en Libia y la dinastía de los al-Assad en Siria fueron los ejemplos a seguir en la región. Algunos de estos y otros hombres fuertes también recibían ayuda internacional, Estados Unidos, Europa y antes de su caída, la URSS, apoyaron con armas y dinero a los personajes que aseguraban con sangre y fuego la “estabilidad” de una región estratégica.

Para más información: Imperio Otomano, Imperios Europeos.

Egipto2

Fuente: The Big Picture – Boston.com

  1. La “Primavera Árabe”:

Túnez: el 17 de diciembre de 2010 un tendero de la ciudad de Sidi Bouzid se prendió fuego enfrente de un edificio gubernamental luego de que un policía le confiscara su puesto de frutas. El sacrificio de Mohamed Bouazizi, el vendedor de frutas inmolado, reunía viejas y profundas frustraciones del pueblo tunecino y poco después, las protestas se tomaron las calles del país. El presidente Ben Ali, un autócrata que gobernaba sobre una democracia de mentiras apoyada por algunos países occidentales, renunció rápidamente al verse sorprendido por la magnitud de las protestas, huyendo a Arabia Saudita. Las protestas de Túnez y la muerte de Bouazizi son reconocidas generalmente como el punto de inflexión de la llamada “Primavera Árabe”. En efecto, mientras Ben Ali dejaba el poder a sus ciudadanos, las protestas ya empezaban a recorrer las calles de Egipto, Libia y Bahréin.

Egipto: la Plaza Tahrir se convirtió pronto en el centro de las protestas egipcias y en el epicentro del futuro político del país. Allí se reunían los cientos de miles de egipcios que protestaban en El Cairo, pidiendo que el presidente Hosni Mubarak, que había gobernado por treinta años. Mubarak respondió con zanahoria y garrote: promesa de reformas y represión en las calles, pero el descontento no amainaba y pronto el Ejército egipcio, que hasta el momento se había mantenido neutral, obligó a Mubarak a salir del poder. Las elecciones democráticas que siguieron pusieron de manifiesto uno de los desafíos más irónicos de la “Primavera Árabe”: quienes las habían impulsado (en su  mayoría jóvenes sin ninguna afiliación política clara) no contaban con la organización ni experiencia para ganar unas elecciones. En Egipto, la Hermandad Musulmana, una organización política islamista perseguida bajo el régimen de Mubarak, ganó las presidenciales con Mohamed Morsi. Pero sus coqueteos con el autoritarismo y el estancamiento económico del país le pasaron factura y el 3 de julio de 2013, luego de un par de semanas de protestas en todo el país, el Ejército intervino de nuevo y depuso a Morsi. Ahora la Hermandad es perseguida de nuevo por el Ejército, mientras el nuevo gobierno de transición ha convocado a elecciones e intenta mantener algo de legitimidad internacional.

Bahréin: las revueltas no fueron iguales en todos los países, aunque si instrumentalizaron viejos conflictos de las poblaciones locales. En la pequeña isla en el Golfo Pérsico de Bahréin, una vieja oligarquía sunita ha gobernado por décadas a una mayoría de población chiita. Las protestas se sustentaron en este conflicto, con las dos facciones religiosas enfrentadas en cada uno de los bandos. De igual manera, las potencias sunita y chiita de la región (a saber, Arabia Saudita e Irán, respectivamente) empezaron a apoyar a gobierno y manifestantes; enviando dinero e incluso armas en el caso de los saudíes. La represión sunita prevaleció y el orden se restableció sin que se diera ninguna reforma o cambio de importancia en la isla.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Libia: poco después de que empezaran las protestas en Túnez, la ciudad del oriente de Libia, Bengazi, vio las primeras manifestaciones. El gobierno de Muamar Gadafi respondió con una curiosa mezcla de paternalismo y violencia (bastante coherente con su forma de gobierno), y pronto la represión dio paso a una revuelta popular en todo orden. Ciudadanos comunes y militares desertores levantaron a las poblaciones de pueblos y ciudades en los extremos orientales y occidentales del país y montando armas pesadas sobre los baúles de camionetas empezaron a combatir a la fuerzas de Gadafi. Pero los militares leales al dictador libio ganaban terreno y se prestó a presenciar el aniquilamiento de las fuerzas rebeldes. La idea de una intervención de la OTAN llevaba algunas semanas sobre las mesas de la diplomacia internacional y durante lo más complejo del conflicto en tierra, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la ejecución de una “zona de exclusión aérea” sobre los cielos de Libia. Impulsada principalmente por Francia, la intervención internacional incluyó el apoyo o participación activa de países europeos, Estados Unidos, Canadá y algún apoyo de los saudíes y qataríes. El 20 de octubre de 2011 Gadafi fue capturado por las tropas rebeldes y ejecutado; el gobierno de transición que se ocupaba de la dirección de la oposición convocó a elecciones. El nuevo gobierno ha encontrado grandes desafíos para controlar su territorio y poner bajo su poder a las bandas armadas y líderes tribales que todavía pululan por todo el país.

Siria: Bashar al-Assad sucedió en el año 2000 a su padre, Hafez al-Assad, en la presidencia de Siria. Hafez había establecido su poder en 1971 y gobernado con un puño de hierro sobre los sirios. Bashar aplicaba las lecciones de su padre y cuando en 2011 su población empezó a salir a las calles a exigir reformas democráticas, la represión fue despiadada. También hubo amagues de cambios, al-Assad prometió adelantar reformas, mientras continuaba la violencia contra los manifestantes, pero las protestas no se calmaron y pronto emergieron grupos de ciudadanos armados y desertores del ejército oponiéndose  ala fuerzas de al-Assad. El conflicto también se alimentaba en la naturaleza religiosa de las partes en lucha. En efecto, similar al caso de Bahréin, la mayoría de la población siria es sunita, mientras el gobierno de al-Assad está conformado en su mayoría por alawitas. De igual forma, Arabia Saudita e Irán también aprovecharon el escenario para apoyar a rebeldes y gobierno, respectivamente, enviando dinero y armas. Las potencias, por otro lado, han discutido su papel durante meses, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos y los europeos defienden una posición de fuerza contra al-Assad, mientras Rusia y China se oponen a cualquier intervención. Aun así, los estadounidenses y europeos llevan meses enviando ayuda a los rebeldes, intentando ayudarlos, pero temerosos de la naturaleza del movimiento y la participación dentro del mismo de grupos extremistas y asociados a al-Qaeda. Sin embargo, a la fecha la situación no parece cercana a decidirse por ningún bando.

Para más información: Sobre las últimas revoluciones, Incongruencias necesarias, Cinco lecciones de las revueltas árabes, Rencontrarse con el realismo, ¿Por qué no intervienen en Siria?, Entendiendo la guerra en Siria, Desde las cenizas de las revueltas.

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Desde las cenizas de las revueltas

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Sobre el presente y futuro  de la “primavera árabe”

Los idealistas fantaseamos durante el año pasado con la posibilidad de un cambio radical en los sistemas políticos en los que los jóvenes y las ideas sean los protagonistas; todo, impulsado por las protestas y revueltas que conmocionaron a varios países del mundo árabe.

La realidad, sin embargo, parece ser mucho más complicada y sustancialmente menos cercana a las expectativas que muchos teníamos. En efecto, las revueltas han traído cambios importantes a las dinámicas de países como Libia, Egipto, Túnez, Yemen y Siria, pero estos se han traducido en tibias reformas y la instrumentalización por parte de los políticos de siempre, o en el peor de los casos, en engaños, radicalismo y violencia.

El primero, y quizás más frustrante de los resultados, es la manera en que los políticos y partidos tradicionales han jugado ingeniosamente para aprovecharse de lo que lograron los ciudadanos que protestaban contra el régimen. Es el caso, particularmente, de Libia, Egipto y Túnez, en donde los más organizados y homogéneos movimientos políticos, como la célebre “Hermandad Musulmana”, se han perfilado como los grandes beneficiarios de las nuevas democracias. Mientras tanto, los jóvenes que dirigieron y en su mayoría participaron en las revueltas, se han visto opacados por su falta de recursos e, irónicamente, organización.

Por supuesto, este, aunque decepcionante, no es el peor de los resultados para las revueltas. La violencia fue la respuesta que la mayoría de los tiranos asediados por las protestas tuvieron contra sus ciudadanos. La represión aún persiste en lugares como Siria y Yemen, mientras en Egipto se reavivan las llamas frente al descontento de los ciudadanos con el ejército, que ha lanzado una campaña para atacar a los mismos insatisfechos egipcios que había jurado proteger hace solo unos meses.

Claro que las ganancias de las revueltas del 2011 no pueden subestimarse, al fin de cuentas, los jóvenes tunecinos, egipcios y libios han logrado desembarazarse de los tiranos que los habían oprimido por décadas y se han dado cuenta del poder que como ciudadanos tienen. Sin embargo, no es extraño el escepticismo y la frustración que se ha apoderado de muchas de las personas que guardábamos esperanzas en estos procesos. La violencia, los engaños y el radicalismo se han encargado de esto.

¿Fueron las revueltas de 2011 en vano? ¿Pueden salvarse estos países de volver a caer en las manos de políticos del viejo régimen, radicales o nuevos tiranos? Cuénteme lo que piensa, comente.

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Observatorio revolucionario (1 de 2)

Sobre cómo van las revueltas y manifestaciones de la Primavera Árabe.

Cuando a finales del año pasado y durante los primeros meses de 2011, miles de personas llevaron su frustración y ansias de libertad a las calles de Túnez, El Cairo, Damasco y Trípoli. Las revueltas han seguido caminos diferentes sin embargo, desde el relativo éxito de los tunecinos y la difícil situación post-Mubarak en Egipto, hasta las represiones violentas en Siria y Bahréin, la intervención internacional en Libia y la guerra civil en Yemen.

El resultado de estos procesos determinará la conformación geopolítica de Oriente Medio y el norte de África y el futuro de otras revueltas similares contra regímenes autocráticos en el resto del mundo. ¿Cómo van las revueltas en cada país? ¿Han sido exitosas en encaminarlos a un futuro más democrático? ¿Qué pasará con los enfrentamientos entre gobiernos y manifestantes?

A continuación, una mirada rápida y por país, a cómo van las revueltas árabes:

Túnez: las revueltas se originaron en este país norteafricano, luego de que, en protesta por las arbitrariedades cometidas por el gobierno contra su negocio, un vendedor de las calles de la capital decidiera prenderse fuego frente a un edificio gubernamental. Los ciudadanos tunecinos, conmovidos por la inmolación de su compatriota, iniciaron una serie de protestas que diez días después llevó al presidente Zine el-Abidine Ben Ali, luego de 23 años de gobierno, a exiliarse en Arabia Saudita. Desde entonces, se desarrolló un juicio contra figuras clave del antiguo régimen y se ha iniciado un proceso para conformar una asamblea constituyente. Sin embargo, el entusiasmo revolucionario, enfrentado a las realidades políticas de país, ha ido remitiendo y los líderes tunecinos se debaten entre mantener algunas estructuras del gobierno derrocado o quemar todo y construir sobre sus ruinas. Aún así, en los enfrentamientos entre las diferentes facciones (revolucionarios, islamistas, ex funcionarios del viejo régimen), los primeros han prevalecido y el camino que recorre Túnez, aunque lentamente, parece ser el indicado para el establecimiento de un verdadero régimen democrático.

Egipto: luego del inicio de las manifestaciones en Túnez, el descontento se extendió por otros países, Egipto fue uno de los primeros en seguir. Las protestas se concentraron en El Cairo, en la ahora celebre plaza Tahrir, donde miles de egipcios exigieron la renuncia del presidente Hosni Mubarak, en el poder desde hacia 30 años. Mubarak intentó todas las maniobras posibles para ganar tiempo, pero al perder el apoyo del ejército, que mantuvo su posición neutral durante las protestas, se vio obligado a dejar su cargo. Los altos mandos militares, encabezados por el general Muhammad Tantawi, se hicieron cargo del periodo de transición. Este proceso, sin embargo, ha sido considerado muy lento por los manifestantes egipcios, que temen que el ejército esté dilatando las elecciones para poder afianzar su posición como el verdadero poder detrás de una democracia de papel. Esto ha llevado a nuevas protestas y, ahora si, a la respuesta violenta del ejército, cuyas represiones han inspirado el rechazo y el descontento entre quienes iniciaron la revolución que tumbó a Mubarak.

Bahréin: esta pequeña isla en medio del mar arábigo también descendió en revueltas contra su gobierno durante las primeras semanas de la llamada “primavera árabe”, sin embargo, la naturaleza del descontento de sus ciudadanos cuenta con la complicación de tener, sobre todo, raíces religiosas. En efecto, mientras la mayoría de los ciudadanos de la isla pertenecen al culto chiita de la religión musulmana, su clase dirigente es sunita. Además de esto, detrás de cada facción, juegan intereses geopolíticos mucho más elevados que la contienda religiosa entre jugadores importantes de la región. Arabia Saudita ha utilizado sus fuerzas para ayudar a sostener al régimen, que es aliado suyo y cuya supervivencia representa las perspectivas del mismo reino saudita. De igual manera, intenta detener la posible expansión en el golfo pérsico de la influencia de Irán, que apoya a los manifestantes. Los saudíes y su aliado, el rey Hamad ibn Isa Al Khalifah, han prevalecido, con la mayoría de las protestas sofocadas y una persecución a gran escala de opositores y manifestantes.

(En la segunda parte, los perfiles de Libia, Yemen y Siria).

¿Cuál cree que será el futuro de la ‘Primavera Árabe’? ¿Llevará más democracia? ¿Se estancará en medio del camino? Cuénteme lo que piensa, comente.

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5 lecciones de las revueltas árabes.

Esta no es ni mucho menos una lista exhaustiva. Muchas más cosas pueden concluirse de lo acontecido en Medio Oriente y el Norte de África en las últimas semanas; estos son en realidad, cinco aspectos que llaman la atención y que estoy convencido que importan.

  1. Los marginados: la gente tiene un deseo natural por hacer parte de la toma de decisiones de su sociedad. La frustración de ver como otros toman decisiones es ya de por si grande, para añadirle que las consecuencias sean terribles. El mal gobierno es más exasperante para los ciudadanos cuando estos no tienen ni voz ni voto respecto a quiénes lo conforman.
  2. Tomados por sorpresa: los que se hubieran podido aprovechar de esto fueron los más sorprendidos. Ni los grupos islamistas, ni Irán, ni Occidente esperaban que esto sucediera y, aún cuando algunos se acusen unos a otros, ninguno de ellos es responsable ni puede indultarse la autoría de las revueltas. Esto no quiere decir, sin embargo, que no puedan inmiscuirse o aprovechar la post-revolución para promover que las cosas se desenvuelvan conforme a sus intereses.
  3. La velocidad y la comunicación son las claves: se ha dicho hasta el cansancio que esta es una revolución de Twitter y Facebook, pero también lo es de los teléfonos celulares y la mensajería instantánea, la televisión satelital y los canales de noticias internacionales (como Al-Yazira), los blogs y foros de discusión, etc.
  4. La situación económica fue el catalizador: la juventud desempleada y pobre fue la que integró las revueltas, la que organizó las protestas y la que encabezó el alzamiento. Y no es coincidencia, el 60% de la población de los países árabes se constituye de menores de treinta años, un grupo en donde el desempleo supera el 30%.
  5. Pobreza: de esta forma, parece que, aunque me duela admitirlo, la falta de libertad no es suficiente para producir una insurrección, al fin y al cabo estos países llevaban decanas sin algo parecido a un régimen liberal. El descontento no fue tanto por la falta de libertad, sino por el mal gobierno de los autócratas y sus consecuencias económicas.

¿Qué otra conclusión se puede hacer al mirar las revueltas en Oriente? ¿Hasta dónde llegarán? ¿Podrán países con un perfil distinto sufrir los mismos efectos? Cuénteme lo que piensa, comente.

Sobre las últimas revoluciones.

Medio Oriente esta en llamas, pero ni es una guerra entre estados, ni una invasión extranjera la culpable. Sus ciudadanos, azuzados por la crisis económica y el alto desempleo, se han tomado las calles de las principales ciudades exigiendo la renuncia de los dictadores que los gobiernan desde hace años. Estas revueltas importan, porque podrían cambiar el panorama del mundo árabe para siempre.

Aún así, un régimen más democrático en los países árabes puede llegar a ser más peligroso para occidente que el de un despiadado autócrata, pues deja abierta la posibilidad de que facciones o partidos islamistas, que habían sido controlados  por los ahora depuestos dictadores, ganen fuerza dentro de los nuevos gobiernos o incluso, se hagan ellos mismos con el poder. Digo esto, claro, intentando sonar lo menos hipócrita que pueda, dadas mis anteriores opiniones. Sin embargo, siempre existe una distancia importante entre las circunstancias en las que nace una democracia.

El problema finalmente, es que los nuevos gobiernos nacidos de estas revoluciones no sean las democracias pro occidentales y sobre todo, anti islamistas que Estados Unidos y Europa quisieran. Este peligro, el de la instauración de regímenes con fuerte presencia de grupos fundamentalistas en países claves para los intereses mundiales, representa un desafío para la estabilidad internacional.

Por dos razones.

La primera, porque la transición de estos países de un sistema autocrático a una democracia supone muchísimos riesgos y desafíos para su institucionalidad y sus fuerzas políticas. El reacomodo de intereses y poderes siempre supone algo de desorden y el cambio abrupto, lo complica todo; la combinación perfecta para mayores desordenes, enfrentamientos y, si todo sale mal, incluso una guerra civil. No hay mucha claridad, ni consenso respecto a qué va a emerger una vez el agua se asiente, aunque muchos temen una “iranización” de la región, donde regímenes similares al iraní se instalen en los países que estrenarían democracias.

La segunda, porque algunos de los países ‘en la mira’ de caer por causa de protestas de sus ciudadanos ocupan lugares estratégicos para los intereses internacionales. La geopolítica es importante. Egipto, por ejemplo, no sólo era un régimen apoyado por Estados Unidos, sino que contaba con una fuerza diplomática importante en la región. De la misma forma, mantenía desde hacia algunos años una relación de cercanía con Israel, luego de luchar tres guerras. Hillary Clinton no exageraba al afirmar que el país se constituye en un “ancla de estabilidad”.  El canal del Suez, por supuesto, siendo el cuello de botella más importante para el comercio marítimo internacional (casi todo el petróleo del Golfo Pérsico que va a Europa pasa por ahí), también representa una preocupación importante para la comunidad internacional.

La situación tiende a empeorar, mediante el ‘virus’ se expande por toda la región y otros países, como Siria o Arabia Saudita, otrora despreocupados de ese tipo de asuntos, empiezan a ponerse nerviosos.

¿Cuál será la extensión de las revueltas? ¿Caerán más gobiernos de la región? ¿Incluso de más lejos? ¿Qué vendrá luego, democracias liberales o teocracias islamistas? Cuénteme lo que piensa, comente.


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