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¿Quién llenará el vacío dejado por Estados Unidos en el mundo?

Irak

Reclutas chiítas marchan en el sur de Irak. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La lenta, pero firme, retirada de Estados Unidos del mundo, está dejando enormes vacíos de poder que han llevado a la inestabilidad de regiones de vital importancia para el orden internacional y la estabilidad de los asuntos globales.

En Medio Oriente, donde millones de personas, tres religiones, varios cientos de facciones y docenas de intereses colisionan, Estados Unidos ha jugado un controvertido papel de “equilibrio de poderes” durante casi toda su historia reciente. En ocasiones fracasa, por supuesto, como durante y luego de la invasión de 2003 en Irak, pero en otras ha sido capaz de mantener una tensa estabilidad entre los poderes regionales, a través de profundas relaciones diplomáticas y de cooperación, o en algunos casos (particularmente en el Golfo Pérsico) por la intervención armada.

Sin embargo, el Medio Oriente no es, ni mucho menos, el único lugar en el que los estadounidenses intervienen en búsqueda de mantener el statu quo. La independencia de Europa occidental, la seguridad de la navegabilidad en el Océano Índico, la contención de China en el Mar Amarillo, la democratización de América Latina y el apoyo contra rebeldes y terroristas en el África Subsahárica, son algunos de estos casos.

Ahora bien, esta apuesta de política exterior supone una carga importante en recursos –tanto económicos como políticos- para el Estado Federal y los presidentes estadounidenses, y siempre ha supuesto un reto para justificar internamente. En efecto, los ciudadanos estadounidenses han sido durante casi su toda histórica democrática aislacionistas, recelosos de las “responsabilidad y cargas” que su país ha asumido en el siglo XX y XXI en el resto del planeta.

Así, de acuerdo al Pew Research Center, en 2013 el 52% de los estadounidenses sostuvieron que su país debía “ocuparse de sus propios asuntos internacionalmente”, el porcentaje más alto desde 1964, primer año en que se realizó esta encuesta. El escepticismo del público estadounidense puede verse, sobre todo, como una consecuencia de la “fatiga de guerra”, luego de más de una década de acciones armadas a gran escala en Asia, pero también, se explica un poco en las preocupaciones internas asociadas a la crisis económica internacional y sus consecuencias para Estados Unidos.

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Restos del avión de Malasya Airlines derribado en el este de Ucrania. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Tres de las más sonadas crisis internacionales de los últimos meses sirven como buenos ejemplos para la “retirada estadounidense” y algunas de sus consecuencias en las regiones donde los compromisos se están reduciendo.

En primer lugar, Ucrania, donde Vladimir Putin, el envalentonado presidente ruso, ha invadido la península de Crimea e incentivado y apoyado la rebelión de fuerzas pro-rusas en el Oriente del país. Estados Unidos ha liderado a Occidente en rechazar las acciones y aplicar sanciones económicas a Rusia por su intervención en Ucrania, pero tanto el presidente Obama, como sus conciudadanos, tienen poco interés en presionar demasiado al liderazgo ruso, mucho menos, intervenir en la defensa directa del territorio ucraniano.

Por un lado, Ucrania supone, en la nueva doctrina estadounidense de “liderar desde atrás” del gobierno Obama, parte de la influencia directa de Rusia y no de Europa Occidental y de la OTAN. Es decir, que por más que el presidente estadounidense continúe con su mandato histórico de “mantener el equilibrio internacional”, no intervendrá más allá de lo absolutamente necesario y posible políticamente. Porque, por otro lado, la opinión pública de su país ha dejado bien claro que no quiere ver a su país inmiscuido en Ucrania, peor aún, en un enfrentamiento con Rusia. Así, de acuerdo al Pew Research Center, el 56% de los estadounidenses sostuvieron en marzo de 2014 que su país no debía involucrarse mucho en la crisis ucraniana.

En segundo lugar, Siria e Irak, donde esta “doctrina Obama” se ha enfrentado a varios retos respecto a su propio compromiso descuidado y lejano con la estabilidad. En efecto, ni la represión del dictador Bashar al-Assad de su propio pueblo y luego su duro enfrentamiento con las fuerzas rebeldes sirias, incluso utilizando armas químicas, y cruzando la “línea roja” establecida por el propio Obama; han logrado mover a Estados Unidos a intervenir más allá del apoyo condicionado a algunas de las organizaciones rebeldes.

En este contexto, donde al-Assad pudo enfrentarse directamente a las fuerzas rebeldes más moderadas, mientras en el oeste y sur del país, la ya famosa organización extremistas ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) ganaba poder, poniéndose por encima incluso de otras fuerzas rebeldes, ganando terreno, controlando ciudades y acumulando armamento. A principios de 2014, este mismo grupo lanzó una ofensiva militar en el norte de Irak, su lugar de nacimiento, y apoyándose en el descontento de los sunnitas con el gobierno chiíta del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, su avance ya ha llevado a la caída de ciudades como Mosul, Tikrit o Fallujah, y amenazan la capital, Bagdad.

Gaza

Bombardeo de las fuerzas de seguridad israelí en una localidad de la franja de Gaza. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Ante el preocupante avance, Obama decidió recientemente atacar las posiciones de ISIS en el norte de Irak, intentado detener su ofensiva contra los kurdos. Es solo contención, en el mejor de los casos, la “atención de los síntomas, no de la enfermedad”. Y su alcance está determinado de entrada por la negativa de los Estados Unidos a tener compromisos más amplios.

De nuevo, los ciudadanos estadounidenses se oponen a esta acción, y sobre todo y particularmente, a cualquier incremento en el involucramiento de su país en la crisis del país del Medio Oriente.

Por supuesto, la política exterior de Obama da cuenta de nuevas realidades en las actitudes políticas de sus conciudadanos. De esta forma, tomar decisiones de intervenir internacionalmente –incluso frente a peligrosos conflictos y enemigos tan claros, como en los primeros meses del conflicto en Siria- se ha convertido en una tarea imposible para un líder estadounidense, por culpa de los altos costos políticos.

Y esta es una realidad interna que plantea un obstáculo casi imposible de salvar para el presidente Obama y los líderes estadounidenses por venir.

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5 consecuencias geopolíticas de la crisis en Ucrania

Barack Obama visita Europa, Londres Fuente: The Big Picture - Boston.com

Barack Obama visita Europa, Londres
Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

A las anteriores entradas sobre la crisis en Ucrania (Un realista, un liberal y un socialista discuten la crisis en Ucrania; y Putin está ganando: tres consecuencias para el mundo), ahora presento estas cinco consecuencias geopolíticas de las agresiones rusas en Europa Oriental y la tímida respuesta de Occidente:

Llamada de atención a la Unión Europea y sus detractores: los enemigos comunes son siempre el mejor incentivo para fortalecer una alianza. Y en los últimos años, a la Unión Europea le faltaba precisamente eso, un enemigo común claro que no fuera las peleas internas y la crisis económica. Rusia ha llegado a llenar ese vacío en la confederación de estados europeos. Ahora, los líderes europeos utilizan a este nuevo-viejo contendor internacional como la excusa perfecta para destrabar procesos de integración estancados e incluso contener las tendencias de separación en algunos países como Reino Unido. Una idea clásica, pero no por eso menos poderosa.

Puerto de Sebastopol, Crimea Fuente: The Big Picture - Boston.com

Puerto de Sebastopol, Crimea
Fuente: The Big Picture – Boston.com

“¡Fascistas del mundo, uníos!”: curiosamente, el mayor apoyo de Putin a su agresión en Ucrania no ha venido del interior de Rusia, los más emocionados con la “nueva asertividad” rusa son los extremistas de derechas de los países europeos. Partidos y líderes políticos nacionalistas de extrema derecha de Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Hungría, entre otros, han reconocido el referendo de Crimea que la anexó a la Federación Rusa y apoyado públicamente las pretensiones de Putin en Europa Oriental. Putin resulta un modelo a seguir tentador para muchos extremistas europeos: nacionalista, xenófobo, autoritario y conservador. Su apoyo resulta extraño, pero posiblemente peligroso si siguen ganando escaños en los parlamentos de sus países igual que en los últimos años.

La sonrisa en la boca de China: Barack Obama había anunciado un “pivote a Asia” hace poco más de un año y aunque la semana pasada realizó un extenso viaje en la región como soporte de la estrategia de contención del ascenso chino, la realidad es que la crisis en Ucrania probablemente s se ha robado la atención de la opinión pública estadounidense, y los tomadores de decisión de Washington. El pivote tendrá que esperar a que el viejo enemigo resurgido en Europa Oriental pueda regresar a las buenas maneras de los años noventa o a que los europeos occidentales asuman un rol más activo en su oposición a las valentonadas de Putin.

Escuela de Cadetes, Rusia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Escuela de Cadetes, Rusia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

La impotencia del Occidente democrático: sanciones. Esa ha sido la principal respuesta de Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental a la agresión rusa. Eso y hablar duro. Pero ninguna de esas dos apuestas han detenido las acciones de Putin en contra de Ucrania, ni han ayudado al torpe e incapacitado gobierno ucraniano a responder efectivamente a la práctica invasión de varias de sus provincias en el este y la pérdida de Crimea. Occidente ha demostrado que no cuenta ni con la determinación, ni con las herramientas adecuadas para prevenir una agresión como la de Rusia en Ucrania. Esto lanza al ambiente global un peligroso mensaje: que las potencias locales pueden pretender hacer algo similar sin que Estados Unidos o Europa tengan la voluntad suficiente y los recursos para impedirlo.

La doctrina Putin: toda la crisis en Ucrania ha sido, por supuesto, el perfeccionamiento de la política internacional expansiva de Vladimir Putin. Rusia, en las manos de Putin, busca volver a las viejas glorias del imperio soviético, poniendo bajo su bota, por lo menos, a los países que considera vitales para mantener su influencia regional y proyectar su poder global. Es nostalgia de potencia perdida, pero real y con consecuencias tan claras como las que ahora viven los ucranianos. Dos ideas sustentan esta doctrina –que con seguridad marcará las acciones rusas en los próximos años-: (1) que el “vecindario ruso” es inviolable por otras potencias y que, llegado el caso de una amenaza de oposición a la voluntad rusa (2) la fuerza puede utilizarse con impunidad ante la inactividad de la comunidad internacional. Estas ideas fueron puestas en práctica por Putin primero en Georgia en 2007, ahora en Ucrania y Moldavia y probablemente podrían influenciar sus estrategias futuras en Europa del Este y Asia Central.

Protestas en Europa en 2012, Grecia Fuente: The Big Picture - Boston.com

Protestas en Europa en 2012, Grecia
Fuente: The Big Picture – Boston.com

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Putin está ganando: Tres consecuencias para el mundo

Fuente: imagenpoblana.com

Fuente: imagenpoblana.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Sin conocer todavía el desenlace final del conflicto en Ucrania (al momento de escribir este texto, insurgentes pro-rusos del oriente de  Ucrania y fuerzas rusas encubiertas toman el control de estaciones de policía y edificios de gobierno ante un vociferante pero impotente gobierno ucraniano, mientras las fuerzas armadas rusas continuaban concentrando elementos en la frontera), se pueden asumir algunos grandes cambios que los últimos acontecimientos implicarán para el futuro del orden internacional.

Estas son tres consecuencias iniciales de que, en Ucrania, Vladimir Putin, presidente de Rusia, esté ganando:

Fuente: time.com

Fuente: time.com

1. El nuevo zar: desde que llegó al poder en el año 2000, Vladimir Putin se dio a la tarea de crear una Rusia a su imagen y semejanza. Fría, calculadora, fuerte y cruel. Pero próspera y respetada, luego de toda una década de ser la burla del sistema internacional, y unos veinte años de estancamiento político y económico. Y lo ha logrado. Por un lado, con un poco de suerte, al impulsar el crecimiento económico de su país con las bonanzas de las materias primas desde mediados de la década del dos mil, y por el otro, con mucha astucia y algo de arrojo, al ganar varias manos internacionales con sus enemigos occidentales. Putin ha restaurado la influencia rusa en su vecindario y el mundo, ganó las partidas en Georgia en 2007, Siria en 2013, y parece estar a punto de asegurarse otra victoria en Ucrania en 2014. El nuevo zar, y la nueva Rusia, se han convertido en una fuerza a tener en cuenta a nivel global. Justo lo que Putin se planteó desde que asumió el poder.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. El “pivote” europeo: en enero de 2013, el presidente estadounidense Barack Obama planteó una nueva “gran estrategia” para la política exterior de su país, el “pivote de Asia”. La idea era concentra los recursos económicos, políticos e incluso militares de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. En primer lugar, para aprovechar el dinamismo económico y las prospectivas de crecimiento de los países de esa zona del mundo, pero en segundo lugar -y no menos importante- para “contener” la expansión de la influencia china. Pero el viejo frente europeo se ha vuelto a abrir. Los estadounidenses habían gestionado las relaciones con los rusos desde la caída de la Unión Soviética; incluso superando crisis complejas como las guerras en los Balcanes y el Caucaso, pero el conflicto en Ucrania, y el incremento de la agresividad rusa a nivel internacional, le exigirán a Estados Unidos que su “pivote de Asia” se vuelva simplemente el viejo “pivote europeo”. Los chinos, al margen, deben estar sonriendo.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

3.La potencia desafiada: desde el final de la Guerra Fría se ha debatido sobre si el mundo se encuentra en un orden unipolar o multipolar. Aunque la crisis en Ucrania ni sea la primera señal de la multipolaridad y la dificultad para Estados Unidos de dirigir y liderar el mundo, si se ha convertido en un poderoso argumento para los que, en efecto, consideran que la súper potencia está todo menos sola en el orden político global. Por supuesto, esto no solo tiene efectos académicos. Futuras crisis -y algunas actuales, como el conflicto en Siria- se verán afectados por los poderes locales que, envalentonados por el ejemplo que da Rusia, no hacen caso de la presión o la negociación de los diplomáticos estadounidenses.

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Un realista, un liberal y un socialista discuten la crisis en Ucrania

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Un bar, tres comensales discuten las noticias en la barra, en el televisor pasan una nota sobre la anexión de la región de Crimea por parte de la Federación Rusa. En las imágenes, se puede ver a un determinado Vladimir Putin haciendo anuncios y defendiendo las decisiones rusas; luego, una reunión de ministros de asuntos exteriores de Europa occidental y Estados Unidos, caras de preocupación y anuncio de sanciones y más sanciones; finalmente, ciudadanos ucranianos se manifiestan en la calles de Kiev en contra de los rusos, su nuevo presidente, con lo que parece miedo en todas sus maneras, habla frente a los micrófonos con resignada parsimonia.

—El mundo no puede dejar que Putin se salga con la suya…—sostiene el Liberal, indignado.

—Por “el mundo” te refieres a Occidente ¿verdad? —repone, con ironía, el Socialista— Es un mundo muy conveniente, el tuyo ¿eh? El que representa los intereses de los estadounidenses, los europeos y sus compañías multinacionales.

El Liberal se ofende.

—Hasta en tu paranoia y tus reivindicaciones pasadas de tiempo no creo que puedas justiciar la agresión imperialista de Putin.

—¡Por supuesto que puede hacerlo! —interrumpió el Realista, para añadir—Rusia solo está haciendo lo que es mejor para sus intereses geopolíticos. Todo este asunto, desde los coqueteos de la Unión Europea a Ucrania y la contrapropuesta de los rusos, lo que desencadenó en la situación que estamos viendo ahora, hasta la anexión de Crimea por parte de Putin se explican con facilidad desde el cuidado de todas las partes de sus intereses nacionales…

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

—No tienes que hablar por mi…—sostuvo el Socialista, aclarando inmediatamente—menos si lo vas a hacer mal. En realidad, no creo que todo se pueda resumir en un asunto de fríos cálculos geopolíticos; hay dos modelos enfrentados en este conflicto: la unipolaridad de Occidente, en donde el único camino de acción es el que decida Estados Unidos, y el de la multipolaridad, que busca que cada país tome sus decisiones y cada región atienda sus problemas sin que los líderes imperialistas y sus multinacionales metan sus narices para cuidar su dinero.

—¡Un momento! —estalló el Liberal—No puedes pretender que la violación de las normas internacionales, el irrespeto a la soberanía de una nación independiente y la invasión de un territorio ajeno sean “multilateralismo”. Putin ha abusado sistemáticamente de un país vecino: influyó en sus procesos políticos al comprar las elecciones para Yanukovich, impidió que el país se acerca a la Unión Europea, apoyó la represión de las protestas de los últimos meses, y luego se anexó una porción de su territorio ¡todo eso no puede ser “multilateralismo”!

—Ustedes dos son estereotipos andantes… —se lamentó el Realista, mientras negaba con la cabeza y sonreía a media boca.

Sin hacer caso, el Socialista respondió al Liberal.

—¡Putin no tenía otra opción! Occidente lleva años queriendo arrebatarle lo que le queda de su zona de influencia, primero con Polonia, luego con los países bálticos, luego con Georgia y ahora con Ucrania, que está justo sobre su frontera, donde viven muchísimos nacionales rusos y que es la capital histórica de todos los soviéticos. Resultaba simplemente impensable que la Federación Rusa fuera a permitir que el capitalismo occidental y las armas estadounidenses se robaran a Ucrania.

—Estas estancado en la Guerra Fría—repuso el Liberal— no hay tal cosa como un enfrentamiento entre Occidente y Oriente, no hay un “resurgir” de la Rusia como la Unión Soviética… Putin, definitivamente, no es un líder comunista, es un plutócrata; y ha construido un régimen de represión y autoritarismo sustentado en un capitalismo de ladrones, peor al que podrías denunciar en  cualquier país de Europa o América.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

—Putin solo protege a sus nacionales, a los rusos que viven en Ucrania, y a su esfera de influencia, de la agresión imperialista—dice el Socialista.

—Europa y Estados Unidos mantienen su compromiso con el Derecho Internacional y la estabilidad mundial—dice el Liberal.

—Ambos, Occidente y los rusos, solo quieren cuidar sus intereses, también los ucranianos, pero en el medio de dos fuerzas tan grandes como están, serán los únicos verdaderos perdedores de todo este asunto…—puntualizó el Realista.

Las voces se pierden, entremezclándose mediante la discusión se hace más acalorada.

—¡…la culpa es de Occidente…!

—¡…la culpa es de Vladimir Putin…!

—…

—…

En la televisión repiten la nota sobre el conflicto en Ucrania, de nuevo, desfilan las imágenes de movimientos militares y reuniones políticas, en el bar, solo los tres hablan sobre el tema.

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Acuerdo en Ucrania >Crisis en Venezuela

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Ucrania y Venezuela recorren, a miles de kilómetros de distancia, pero con realidades políticas curiosamente similares, los caminos de la resistencia contra los hombres fuertes que los gobiernan. Las manifestaciones en Ucrania iniciaron en noviembre de 2013, luego que el entonces presidente, Viktor Yanukóvich decidiera estrechar sus vínculos con el gobierno de Vladimir Putin, en vez de acercarse a la Unión Europea (una perspectiva que implicaba su posible y futuro integro a la UE).

En Venezuela, una protesta en rechazo a varios hechos de violencia en el occidente del país, salida de control luego de la agresiva respuesta de las autoridades a las concentraciones estudiantiles del 12 de febrero de 2014. El presidente Nicolás Maduro, heredero del difunto Hugo Chávez, y gobernante de un país con profundos problemas económicos (desabastecimiento e inflación) y de seguridad, respondió con fuerza y su represión logró unir a la desorganizada oposición venezolana y radicalizar el país hasta el borde de la violencia organizada.

Tanto Maduro, como Yanukóvich se decidieron por la alternativa más sencilla y arbitraria, la represión violenta de las manifestaciones. Una herramienta de autócratas, pero que siempre tiene un doble filo; puede dar cuenta de firmeza para la facción del dictador, pero termina de polarizar a los manifestantes y, generalmente, llama la atención y el repudio internacional.

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The Big Picture – Boston.com

La intermediación de los países vecinos fue fundamental para alcanzar un pre-acuerdo en Ucrania y llevar al país a la situación de relativa calma y reforma democrática en el que se encuentra actualmente, pero ¿qué han hecho los vecinos de Venezuela por ayudar a superar la crisis?

En efecto, la diferencia entre los desarrollos de la situación de ambos países reside –hasta ahora- en las posiciones de los demás países (sobre todo los vecinos) en influenciar el desenlace del conflicto. En Ucrania, Rusia jugó un papel de apoyo a Yanukóvich, pero siempre con el freno puesto en las reacciones de los demás países europeos a los excesos. De igual forma, la Unión Europeo intentó en primer lugar darle una salida al presidente ucraniano, al ofrecerle un nuevo trato, pero ante su rechazo (presionado por Moscú, seguramente) inició una campaña de apoyo diplomático a la oposición, que incluyó, incluso, sanciones económicas.

El pasado 21 de febrero el presidente Yanukóvich y los opositores firmaron un acuerdo para intentar superar la crisis que atraviesa su país. Pero luego de la presión por parte de los opositores, el presidente ucraniano se exilió de la capital –y se rumora, del país-, mientras los líderes de la protestas formaron un gobierno de emergencia y convocaron a elecciones.

Ucrania

The Big Picture – Boston.com

Ahora bien, en Venezuela el único actor internacional que hasta el momento ha actuado realmente es Cuba, que según reportes de los opositores, ha estado enviando aviones llenos de oficiales cubanos para apoyar a los leales a Maduro a reprimir las protestas. En efecto, Cuba tiene mucho que perder en la caída de los chavistas; su influencia internacional y el petróleo que Venezuela le regala son demasiado importantes para los Castro como para no dar la pelea.

Sin embargo, desconcierta un poco el silencio y la inacción del resto de países del hemisferio. Estados Unidos ha hecho algunas declaraciones aisladas (sobre todo en la voz no vinculante de sus congresistas latinos) condenando la violencia y advirtiendo a Maduro por la utilización de fuerzas excesiva. En la mayoría de los demás países la política ha sido el silencio. El presidente colombiano Juan Manuel Santos hizo un llamado al diálogo, pero luego de la airada respuesta de Maduro a la no intromisión en sus asuntos internos, Santos abandonó el tema.

Esperemos que los líderes de las Américas no esperen a que los asuntos se salgan de control, a que la violencia sea generalizada y huela a guerra civil o represión armada, para presionar al régimen venezolano a dejar de matar a su gente, y luego, quizás, a escuchar sus justos reclamos. Si no, a que inviten a Maduro (tan “cortésmente” como sea necesario) a dejar un lado la presidencia de su convulsionado país.

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