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¿Por qué se concentra el homicidio en América Latina?

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Miembros de la policía hondureña patrullan las calles de San Pedro Sula, “la ciudad más violenta del mundo”. Fuente: The Big Picture – Bostonglobe.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Incluso con las recientes mejoras en los indicadores de homicidio en la mayoría de las ciudades de América Latina y el Caribe, la región continúa siendo el espacio geográfico que más concentra este fenómeno violento. En efecto, aunque solo el 8% de la población mundial vive en Latinoamérica y las islas del Caribe, en la región se produce el 33% de los homicidios del globo. Peor aún, en 2012 el 12,8% de los homicidios del planeta se produjeron en Brasil, el 5,9% en México, el 4% en Colombia, y el 3,22% en Venezuela, de acuerdo a datos del Igarape Institute.

Por supuesto, el homicidio en la región sigue unas particularidades. La primera, su asocio con el narcotráfico. La segunda, su concentración en la población joven masculina, de hecho, el 85% de las víctimas en América Latina y el Caribe son hombres, por encima del promedio mundial de 78%. Y la tercera, el uso extensivo de armas de fuego, por ejemplo, en el 78% de los casos colombianos y en el 64% de los mexicanos en 2012.

Finalmente, la concentración geográfica. Los homicidios en la región están concentrados en países, subregiones y ciudades particulares. Incluso dentro de las ciudades hay barrios, calles y esquinas en donde los casos de homicidio de acumulan e incluso, resisten las intervenciones públicas y las tendencias de reducción que se presenten en algunos países.

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 ¿Y sobre las causas?

Hay pocos consensos, por supuesto, para explicar la magnitud y resistencia del fenómeno del homicidio en America Latina y el Caribe. La primera razón popular es el narcotráfico, es decir, la presencia sustancial de alguno de los eslabones -o todos- del negocio de drogas ilegales en el país, la subregión y/o la ciudad afectada por altas tasas de homicidio.

La segunda es la exclusión, en términos sociales y económicos. En efecto, buena parte de las víctimas y victimarios parecen compartir características de marginalidad, desde pobreza y hacer parte de una minoría étnica, hasta juventud y desempleo. Los países latinoamericanos y del Caribe no son, en su mayoría, países pobres, pero la desigualdad rampante y los pocos canales de movilidad social los convierten en sociedades con sectores poblacionales excluidos en donde se concentran fenómenos perversos como el homicidio y la criminalidad en general.

La tercera, la urbanización descontrolada. Esto es, el aumento exponencial e informal de la urbanización, que implica dificultades de gobernabilidad de los nuevos territorios, y la exacerbación de las situaciones históricas de exclusión y desigualdad que ya presentan las comunidades.

Y la cuarta, la debilidad relativa de los Estados latinoamericanos, que combinan un escepticismo natural al papel de la fuerza pública, con la poca legitimidad de las instituciones políticas y la baja efectividad de la justicia.

Por supuesto, estas explicaciones no son excluyentes, es más, pueden ser complementarias alrededor del por qué de la concentración de la violencia homicida en América Latina y el Caribe. El problema suele ser que, ante tantas razones sospechosas de ser culpables del fenómeno, la acción de los gobiernos y sociedades afectados por estos asuntos suele ser dispersa y en ocasiones, poco sostenida, lo que crea ciclos de apaciguamiento y exacerbación del homicidio. Esto no quiere decir que no haya iniciativas interesantes y que parecen estar consiguiendo resultados, pero la resiliencia de la violencia ha puesto a prueba a los gobiernos latinoamericanos y del Caribe; haciendo de la seguridad una tarea inconclusa que con cada muerto se convierte en más prioritaria para la agendas de los gobiernos y sociedades de la región.

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3 expertos: la naturaleza del radicalismo

Por Santiago Silva Jaramillo

El radicalismo es uno de los aspectos determinantes para el estudio de las relaciones internacionales en el siglo XXI. Algunos académicos establecen incluso el momento efectivo de la inauguración del nuevo siglo con los atentados al World Trade Center y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Las insurgencias y grupos terroristas islamistas han tallado –con violencia y caos- buena parte de los acontecimientos más relevantes de los últimos 15 años de la historia del mundo; desde los ataques de Al-Qaeda –sus filiales o incluso militantes espontáneos- en Estados Unidos y Europa, hasta la presencia y accionar de organizaciones como el Estado Islámico, los talibanes o Boko Haram en Medio Oriente, el Cáucaso y el Norte u Occidente de África.

¿De dónde y por qué se da el radicalismo de estos grupos? Entender su naturaleza puede tener profundas consecuencias para el futuro del planeta y su comunidad internacional. Les preguntamos a tres politólogos sus opiniones sobre la naturaleza del radicalismo y la violencia. A continuación, sus ideas:

  1. ¿Qué condiciones sociales, políticas y económicas pueden explicar la radicalización –y eventual uso de la violencia- de un grupo dentro de una sociedad?

Felipe Lopera – @felipeloperacp – (Analista de Conflicto Armado): De forma amplia y genérica el uso de la violencia por parte de grupos sociales puede provenir de la colisión de órdenes sociales en tres estructuras básicas. Primero, en la confrontación de órdenes sociales, uno establecido y otro emergente, donde el segundo puede gozar de legitimidad. Segundo, en la confrontación de órdenes emergentes en una sociedad sin un statu quo hegemónico. Y tercero, en la competencia de actores (múltiple) por llegar a ser hegemónico.

Andrés Tobón Villada – @tobonvillada – (Politólogo con maestría en Humanidades): Las causas que subyacen al uso de la violencia poseen una naturaleza multidireccional que no puede ser obviada con facilidad. En primer lugar, es necesario señalar que en condiciones de pobreza y falta de oportunidades se preparan espacios en donde los incentivos para la no utilización de la violencia con fines intencionados, simplemente no existen. No se trata de relacionar pobreza y violencia, ni tampoco -como suele decirse para salvarse de la primera afirmación- de dar cuenta de una relación de dependencia entre desigualdad y violencia. Lo que sucede, más bien, es que en escenarios en donde la desigualdad y la pobreza son persistentes, no existen incentivos para la no violencia. Segundo, que la ausencia de incentivos para la no utilización de la violencia, así como los incentivos de superar la pobreza (que, por supuesto, una economía próspera de cualquier tipo ofrece), suelen ser instrumentalizados por grupos que se sirven de estos escenarios para territorializar sus actividades y, mediante la siembra del miedo y la desconfianza, perpetuar su accionar y control del territorio. Por último, este control territorial les ofrece oportunidades políticas sin precedentes que, bien pudieron ser la meta del grupo o bien son un escenario más que se encuentran en el camino recorrido. Cuando el poder político se presenta en materia de control territorial, los grupos suelen intervenir con fuerza en los sectores que ocupan para garantizar una permanencia no necesariamente guiada por el uso permanente de la violencia, sino con la simple amenaza de hacerlo.

Andrés Felipe Preciado – @andrespreciado3 – (Politólogo): Las condiciones, desde mi opinión, son dos básicas y sucesivas: primero una condición social ligada al cuestionamiento de la posición ideológica que defiende el grupo radical, es decir, la puesta en discusión de los preceptos de actuación que una vez perseguidos entran en etapa defensiva, y una segunda condición económica ligada a la disponibilidad de recursos para la violencia, los grupos radicales que recurren a ella pueden hacerlo porque tienen con qué o la facilidad de obtenerlo de manera sencilla.

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Gráfico: Víctimas de minas anti-persona (2012-2013).

Víctimas de minas anti-persona (2012-2013): este gráfico da cuenta de las víctimas por minas anti-persona en los años 2012 y 2013 en varios países conflictivos del mundo. En efecto, la intensificación de los conflictos armados en sus territorios (Siria, Irak) -o el desescalamiento del mismo (Colombia, Sudán, Afganistán)- parece explicar hasta cierto punto el cambio en el número de víctimas. Las amplias campañas de desminado también sería causante de disminución. Fuente: Landmine Monitor (2015).

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Sobre la radicalización y el terrorismo

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

 

Por Santiago Silva Jaramillo

Entre los años 1970 y 2013, de los 125.087 incidentes terroristas identificados por el Global Terrorism Database, 55.943 (es decir, el 45%) se han producido en el Sur de Asía (Afganistán, Pakistán, India) y el Medio Oriente y el Norte de África. Esta tendencia histórica se encuentra respaldada por la preocupación de los habitantes de estas regiones. En efecto, en los países de Medio Oriente, el 34% de los encuestados por Pew Global en 2014 señalaba a los conflictos étnicos y religiosos como la principal amenaza para sus sociedades, por encima de asuntos como la “desigualdad” o las “armas nucleares”.

El terrorismo se ha convertido en los últimos años en una presencia constante de muchas sociedades, pero muchos mitos parecen acompañar la visión que, sobre todo desde Occidente, se tienen sobre este fenómeno.

Lo primero es señalar que el terrorismo no necesita de apoyo popular extenso. En Nigeria, apenas 10% de la población tiene una percepción favorable de Boko Haram; el territorio de todo Medio Oriente y el Norte de África con una percepción favorable más alta de Al-Qaeda es Palestina, con el 25%; y solo el 8% de los pakistaníes tiene una percepción favorable de los talibanes, de acuerdo a cifras de encuestas de Pew Global.

Pero sí, de una soterrada tolerancia por parte de, al menos, una parte de la elite local. Al menos, para su supervivencia en el tiempo. Así, los militares de Pakistán y los de Nigeria han utilizado por años a los militantes de sendos grupos terroristas para conservar privilegios en sus países o buscar ayuda en el exterior.

En otros casos, su existencia se explica en la connivencia de élites locales –como los señores de la guerra afganos, o los políticos y narcos mexicanos- o por la desidia e incapacidad del Estado central de perseguir a los grupos violentos que compiten dentro de su territorio –como en Colombia, o países africanos como la República Centro Africana-.

Lo segundo, que el terrorismo es ante todo la herramienta de incidencia del radical sin recursos o en posición desventajosa respecto a su enemigo. Es popular entre grupos marginales porque los recursos que exige son pocos respecto al efecto que potencialmente puede tener respecto al objetivo de causar daño o miedo en la contraparte. Por eso no resulta sorpresivo que históricamente las armas más comunes en los ataques terroristas sean los explosivos (47,95% de los incidentes entre 1970 y 2013) y el objetivo más popular, los civiles (24,5% de los incidentes entre 1970 y 2013).

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

De igual forma, la “teatralidad” de un ataque terrorista –tanto por el miedo que genera en el enemigo, como por la satisfacción que puede generar en los miembros actuales o futuros del grupo que lo perpetúa- lo hace todavía más atractivo para los grupos radicales, porque supone un arma que al tiempo golpea al contrincante, asegura al amigo y puede servir de plataforma de reclutamiento.

El problema es que no todo grupo marginal u organización no estatal que busque poder en el nivel local o nacional necesariamente utiliza el terrorismo –sobre todo de forma extensiva-. La utilización desigual del terrorismo como herramienta político-militar (particularmente alrededor de los objetivos y métodos utilizados) habla de diferentes motivaciones políticas.

Por supuesto, entre las diferencias, casi siempre se presenta una constante: la radicalización política de los miembros del grupo que, eventual o inicialmente, utilizan el terrorismo. Ahora, la radicalización es popular como herramienta de instrumentalización política porque recude los costos para los patrones o líderes políticos de “convencer” a sus seguidores o militantes de realizar actos hostiles –como el terrorismo-.

El radicalismo, curiosamente, no tiene preferencias. El extremismo no es –ni mucho menos- un fenómeno circunscrito a la religión o una ideología particular, y su naturaleza da cuenta sobre todo, de la radicalización instrumentalizada por la política.

Así, son los intereses particulares de un grupo marginado con aspiraciones políticas normalmente claras, los que llevan a que sus líderes instrumentalicen la posibilidad de radicalizar a sus miembros alrededor de ideas políticas o religiosas, reduciendo la dificultad –o creando la posibilidad- de utilizarlos en acciones terroristas.

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Gráfico: Homicidio mundial, 2012.

Homicidio mundial, 2012: el siguiente gráfico da cuenta de las tasas de homicidio (número de casos por cada 100.000 habitantes) de unos 191 países del mundo con datos de 2012. Fuente: WHO (2015). Click sobre la imagen para ver tamaño completo.

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Narcotráfico, violencia y migración ilegal

Narcotráfico, violencia y migración ilegal: la reciente crisis en la frontera de Estados Unidos y México por el aumento del flujo de inmigrantes –particularmente niños– desde varios países de Centroamérica ha puesto de nuevo el debate sobre las políticas migratorias del país del norte y las dificultades y peligros que corren los emigrantes ilegales expulsados de los países del sur del continente.  El primer gráfico da cuenta de las tendencias migratorias en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Colombia, todos países expulsores y en su mayoría -aunque no exclusivamente- hacia Estados Unidos. Curiosamente, estos datos dan cuenta de una reducción importante en la cantidad de emigrantes desde estos países en los últimos años, en efecto, el final de los años 90 supuso el momento de mayor expulsión en la muestra, con al menos un millón de personas migrando desde estos países.

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Ahora bien, Estados Unidos es el país con mayor recepción de migrantes del mundo. En las pasadas tres décadas, ha recibido algo más de treinta millones de personas. México, su vecino del sur, es uno de los países con mayor número de población expulsada y por supuesto, una importante participación en las tendencias del mismo debate migratorio en suelo estadounidense. Así, la población de inmigrantes ilegales en Estados Unidos en 2012 era de once millones cuatrocientos mil personas, una cifra que se ha mantenido estable desde su últimos incremento significativo al principio de la década del 2000.

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Las dos gráficas siguientes, comparan la población inmigrante y el promedio de la Tasa de homicidio por cien mil habitantes de Colombia y Guatemala. en ambos países parece existir una coincidencia entre la reducción del homicidio y la reducción de la migración (aunque en Colombia la relación no parezca tan clara en los años 80). Sin embargo, la violencia que sufre un país (sobre todo los brotes e incrementos) pueden verse como una de las razones principales por las que los latinoamericanos emigran hacia otros países.

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Irónicamente, buena parte de esa violencia se puede explicar en la instrumentalización por parte de las expresiones criminales de los países de la región del negocio del narcotráfico como fuente de financiación e interés en disputa. Es la misma guerra contra las drogas que promueve Estados Unidos la que está expulsando a los inmigrantes centroamericanos que inundan su frontera.

Las personas no suelen emigrar porque odien sus países o porque quieran hacer parte de una sociedad que, en la mayoría de los casos desconoce: hay una necesidad transversal a casi todos los inmigrantes. Quienes salen de sus países, sobre todo para ingresar a otro de manera ilegal, lo hacen porque les toca, no porque sea lo que quieran.

Mejor dicho, la inmigración de este tipo está explicada por las dificultades en las condiciones de vida del país expulsor y no tanto en las buenas condiciones que los esperarían en el país receptor. Esto no quiere decir que las “oportunidades” no influyan en la decisión que toman los inmigrantes del lugar al que quieren ir, pero el flujo, y sobre todo el aumento inesperado del mismo, tiene mucho más que ver con conflictos, choques o crisis en el país expulsor.

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La gran mayoría de los migrantes ilegales que viven en Estados Unidos son originarios de México y Centroamérica y aunque la cercanía y facilidad del traspaso explique una parte de este fenómeno, la violencia y los problemas económicos resultan el factor desencadenante de la migración. Una política migratoria integral no solo debería dedicar esfuerzos a regular la entrada y salida al país, sino, y sobre todo, intentar mitigar y compensar los efectos de la violencia y los desafíos de desarrollo en los lugares de origen de los migrantes.

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Gráfico: Pasando la batuta (Tendencias de seguridad en Colombia y Venezuela).

 

Gráfico: pasando la batuta (Tendencias de seguridad en Colombia y Venezuela): el siguiente gráfico (y subsecuente tabla) evalúa algunos indicadores de seguridad ciudadana en Colombia, Venezuela y sus capitales. En primer lugar, aborda el indicador universal para medir la seguridad de un lugar, la tasa de homicidios, esto es, el número de homicidios que se dan en una población por cada 100.000 de sus habitantes. La tabla compara varios indicadores como la percepción de seguridad y victimización en ambos países. Fuente: UNODC, PNUD y OEA
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Gráfico: Causas objetivas (Segunda parte)

Causas objetivas (Segunda parte): ¿son la desigualdad y la pobreza las principales causas de la violencia? Estos gráficos estudian un poco el asunto, al comparar la Tasa de homicidio con el Coeficinte Gini y el Índice de Desarrollo Humano de varios países seleccionados. Supone una segunda aproximación a un ejercicio que se había desarrollado antes en el blog. Fuente: UNODC y PNUD.

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Contexto internacional: Actores armados irregulares: rebeldes, terroristas y bandidos.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

4ta entrega de la serie “Contexto internacional”; ideas, lecturas y recursos básicos para entender la política mundial

1. Contexto histórico y aclaraciones:

Hasta hace muy poco (y todavía en la cabeza de algunos analistas de la “vieja escuela” realista) los únicos actores de importancia a nivel internacional eran los Estados. En efecto, la mayoría de los teóricos de la Relaciones Internacionales han subestimado el papel que los actores no-estatales juegan en los asuntos mundiales. No es extraño sin embargo, pues solo hasta hace unas pocas décadas (y durante unos quinientos años) los principales y casi únicos jugadores de los problemas y desafíos globales eran los Estados-nación modernos.

Pero las últimas décadas han presenciado el ascenso de los actores no-estatales en el escenario mundial, desde las organizaciones multilaterales y las empresas y corporaciones multinacionales, hasta las organizaciones sociales y sus redes. De igual manera, los actores irregulares (sobre todo de naturaleza armada) también han ganado un espacio importante en las decisiones que los Estados toman a nivel internacional.

Una muy buena manera de entender este fenómeno resulta de analizar la dinámica de los conflictos armados recientes. En efecto, las guerras a gran escala (sobre todo entre dos estados) se han vuelto mucho menos comunes, reemplazadas en gran parte por los enfrentamientos entre un Estado y un actor no-estatal. Según datos de la Universidad de Uppsala, el 65% de los conflictos armados entre 1989 y 2012 fueron “menores”, es decir, que produjeron menos de mil muertes en el año de enfrentamientos.

Por otro lado, las redes transnacionales y las nuevas herramientas tecnológicas de comunicación han supuesto el exponencial aumento del poder de viejas organizaciones criminales y el alcance de tradicionales grupos militares. El mundo se enfrenta actualmente a mafias que extienden sus redes a docenas de países, redes de mercenarios que tienen contactos en varios continentes y organizaciones terroristas o insurgentes que se comunican unas con otras como nunca antes.

Nos encontramos en un nuevo mundo, uno en donde abundan los rebeldes, terroristas y bandidos y como nunca antes, se han convertido en una amenaza real al orden y la paz internacional.

Más información: Datos de conflictos armados, Sobre las nuevas guerras, Invisible Armies Insurgency Tracker-CFR

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. Bestiario de actores irregulares:

Rebeldes: la insurgencia es el rechazo violento que un grupo social o político realiza contra una figura de autoridad, comúnmente un Estado, un gobierno o un gobernante. Sus formas de acción y alcance pueden variar, desde un motín, una protesta sistemática, hasta la conformación de una subversión organizada. Los rebeldes están determinados por una idea política, sus acciones se diferencian de la de otros actores no-estatales en la claridad de sus aspiraciones de cambio social, político o económico. La violencia, sin embargo, resulta su arma más eficaz para lograr sus objetivos.

Más información: Noticias de Grupos Rebeldes en El País

Terroristas: El terrorismo (esto es, el uso de la violencia y el miedo para coaccionar a una sociedad o gobierno) ha sido una variable de la política internacional desde hace por lo menos dos siglos. En efecto, hechos tan relevantes como la Primera Guerra Mundial o la invasión estadounidense de Afganistán e Irak tuvieron como hecho desencadenante un acto de terrorismo.

Aunque un grupo que recurre al terrorismo puede tener aspiraciones ideológicas, en esencia, el terrorismo como herramienta es neutral; es decir, la utilizan anarquistas y comunistas, islamistas y fundamentalistas cristianos; Estados y grupos insurgentes, policía, militares y narcotraficantes. Todos por igual.

Sus métodos y formas de ejecutarlo tampoco responder a reglas salvo a una: la generalización del miedo. Aparte de esto, pueden incluir bombas, asesinatos selectivos o indiscriminados, secuestros o desapariciones. En efecto, el terrorismo es un arma irregular de una confrontación violenta, busca maximizar los efectos de lo que puede ser una acción pequeña utilizando el miedo que dicha acción provoca en el grupo contrario.

Más información: Terrorismo en Somalia, Afganistán y Pakistán, Sobre el “Terrorismo solitario”

Bandidos: de acuerdo a cifras de One Earth Future, la piratería marítima le generó entre 7 y 12 billones de dólares en pérdidas a la economía mundial entre los años 2008 y 2011. En efecto, las costas de Somalia, Nigeria, India y Sri Lanka y cerca al estrecho de Malaca concentran la mayoría de los actos de piratería mundial. La piratería es un fenómeno tan viejo como el comercio de bienes entre comunidades humanas, se apega a un fenómeno de bandolerismo organizado, puede darse en tierra o mar y se lucra del robo de mercancías, medios de transporte o el cobro de dinero por la liberación de personas o carga. Aunque herederos de una tradición milenaria, los piratas actuales han sabido adaptarse a las nuevas tecnologías.

En efecto, los piratas somalíes secuestran cargueros en el Estrecho de Adén en lanchas con motores sorbe borda, armados con lanzagranadas y Ak-47, se comunican con las navieras europeas y asiáticas por medio de teléfonos satelitales y luego reciben los rescates por el sistema financiero internacional.

Por otro lado, la enorme economía ilegal mundial, que sobrevive en la sombra de los intentos de control por parte de las autoridades de los Estados, representa un caldo de cultivo bastante fértil para las dinámicas mafiosas. De hecho, los mercados de drogas, armas, personas y bienes en general ilegales generan réditos multimillonarios para los cientos de organizaciones que se dedican a producir y traficar con ellos. La sombre, los réditos y la persecución de los estados implica que estas organizaciones criminales utilizan también la violencia para proteger sus prerrogativas y ganar nuevas, mientras intentan influenciar y corromper los controles que sobre sus actividades intenta ejercer la legalidad.

Más información: Combating Maritine Piracy, Datos sobre economía criminal mundial

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

3. Respuesta internacional:

Entre incertidumbre y desconcierto: existe una desigualdad natural en los intentos de control sobre el accionar de estos actores a nivel internacional. En efecto, los principales responsables de su control son los Estados, pero ¿cómo atender amenazas irregulares desde recursos y marcos de acción regulares? El mismo Estado-nación que ha perdido algo de protagonismo a nivel internacional es el llamado a combatir estas nuevas y viejas (aunque fortalecidas) amenazas.

Las alternativas posibles han variado desde la “descarga” de la regulación de ciertos fenómenos, hasta la apuesta por grandes esfuerzos contra pequeños grupos (Guerra contra el terrorismo). Al final, una salida popular al debate podría estarse perfilando en la apuesta de muchos estados por intentar combatir los fenómenos irregulares de manera irregular. Estados Unidos, por ejemplo, ha optado en los últimos años por la inteligencia, los golpes de precisión y las operaciones especiales en su enfoque para combatir a las organizaciones terroristas e insurgentes.

Más información: Sobre las guerras no guerra, Sobre la intervención desvinculada, Sobre el “nuevo arte de la guerra”

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Gráfico: Homicidio urbano

Homicidio urbano: estas gráficas recogen datos sobre las tendencias en las tasas de homicidios de algunas ciudades capitales del mundo. Fuente: UNODC

Homicidio en ciudades principales

 

Homiciod en ciudades (sin peores)

 

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