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Las dos caras del 2015 (I)

Francisco I, Papa de Roma.

Por Santiago Silva Jaramillo

En el plantea convive tragedia con esperanza, maldad y bondad, y aunque en este blog he defendido la escuela de pensamiento de los “grises”, eso no quiere decir que sea imposible determinar con bastante certeza cuando las cosas salen bien o mal en los asuntos internacionales. El 2015 no ha sido diferente, presentando estas dos caras del trepitar constante de la historia, de su insistente disposición a presentarse en forma de dicotomías.

  1. Personaje(s): El Papa y Putin.

El Papa Francisco I se ha convertido en una presencia constante, relevante, pero prudente y constructiva en las discusiones internacionales, desde sus buenos oficios para el restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba, hasta sus llamados constantes a que se alcanzara un acuerdo internacional para trabajar en contra del cambio climático. Sus buenos oficios han estado acompañados de su trabajo por recuperar el buen nombre de la Iglesia, con una ingeniosa mezcla de mercadeo personal y reformas de fondo y forma en la jerarquía eclesiástica que ha seducido hasta a los más escépticos.

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Vladimir Putin, presidente ruso.

Por otro lado, Vladimir Putin ha tenido un año de enormes apuestas y consolidación de su papel en el sistema internacional. Mientras continuaba apoyando en “secreto” a los rebeldes prorusos del oriente de Ucrania, Putin anunció y dio inicio a una operación a gran escala en Siria, desplegando hombres, barcos y aviones de combate que ayudaran a su aliado, el disputado presidente Bashar al-Assad, a detener el avance de los rebeldes sirios y el Estado Islámico y a lanzar ofensivas para recuperar territorio perdido en el último año. Putin enmarcó la operación rusa en Siria como parte de su compromiso con la comunidad internacional por combatir el terrorismo (e.i. el Estado Islámico), pero la mayoría de las bombas rusas han caído en territorio de los rebeldes sirios y parecen estar más encaminadas a proteger a al-Assad que a combatir al EI. De igual forma, el derribo de un avión ruso por los turcos tampoco ayudó a mejorar la situación en la región y aunque en este incidente el gobierno turco tiene tanta culpa como el ruso, todo parece indicar que Putin solo le ha echado gasolina a la guerra civil en Siria.

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Los cinco personajes internacionales más perversos del 2015

El líder del grupo terrorista Estado Islámico, Abu Bakr al-Bagdadi. Fuente: elimpulso.com

El líder del grupo terrorista Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi. Fuente: elimpulso.com

Se asume perversidad como la disposición a conseguir objetivos individuales o grupales por encima de cualquier consideración por otros seres humanos. Esto, por supuesto, sazonado con una pisca (y a veces mucho más) de simple maldad. A continuación, los cinco personajes internacionales más perversos del 2015:

  1. Abu Bakr al-Baghdadi ¿Quién es? El líder del grupo fundamentalista Estado Islámico ¿Cuál es la naturaleza de su perversidad? Liderar uno de los grupos extremistas más violentos que ha visto la historia reciente, responsable de miles de muertes en su guerra contra los gobiernos de Irak y Siria y los grupos insurgentes sirios; la persecución de minorías étnicas y religiosas en los territorios conquistas, que luego de someter, esclavizan y reparten entre sus combatientes; y la ejecución sumaria de cientos de prisioneros enemigos, incluyendo a civiles y a varios occidentales (generalmente, periodistas o trabajadores sociales).
  2. Vladimir Putin ¿Quién es? Presidente de la Federación Rusa ¿Cuál es la naturaleza de su perversidad? Vladimir Putin no está acostumbrado a perder, por eso, cuando las protestas de los ciudadanos ucranianos expulsaron a su títere Víktor Yanukóvich en febrero de 2014, inició un plan B para mantener a Ucrania bajo su esfera de influencia que incluía la promoción de una insurgencia pro-rusa en las provincias orientales del país y la invasión “informal” y luego en toda regla, de la península de Crimea. El apoyo de Putin a los insurgentes ucranianos le echó combustible a una sangrienta guerra (el derribo del avión de Malasya Airlines fue a manos de los rebeldes con armas rusas) en varias ciudadanos y pueblos del país, y solo luego de mucha presión internacional –y la resignación internacional respecto a la anexión de Crimea- la violencia se ha reducido y el resto de Ucrania parece estarse introduciendo en un proceso de transición.
  3. Bashar al-Assad ¿Quién es? Presidente –disputado- de la República Siria ¿Cuál es la naturaleza de su perversidad? Luego de unos tres años de guerra civil, al-Assad continúa su ofensiva sin consideraciones contra los grupos insurgentes que buscan su derrocamiento, y aunque el Estado Islámico ha ocupado su lugar como la mayor perversidad en Medio Oriente, el presidente sirio no ha dejado de utilizar los bloqueos de suministros y alimentos a civiles y los bombardeos a zonas residenciales en su terrorífico repertorio para subyugar a sus ciudadanos rebeldes.
  4. La CIA ¿Quién es? La Agencia de Inteligencia de los Estados Unidos ¿Cuál es la naturaleza de su perversidad? No solo los individuos pueden ser perversos, en diciembre de 2014 se conoció un informe del Congreso de Estados Unidos que detallaba las prácticas de tortura –ilegales, extendidas e inútiles- que la CIA ha utilizado desde 2001 en la “Guerra contra el Terrorismo”. Las revelaciones incluyen la disposición de la misma CIA a intentar vender su programa de “técnicas de interrogación ampliadas” (eufemismo para torturar) como efectivo ante la opinión pública estadounidense, en contra de toda evidencia.
  5. Nicolás Maduro ¿Quién es? Presidente de la República Bolivariana de Venezuela ¿Cuál es la naturaleza de su perversidad? Heredero de Chávez, Maduro recibió un legado de crisis a punto de estallar –o en desarrollo- que tienen a Venezuela en una larga situación de estar “al borde de desfiladero”. Ahora, sobre los excesos y defectos administrativos, la polarización política y el conflicto social que dejó las presidencias de Hugo Chávez, Maduro se ha aproximado a los problemas venezolanos con una mezcla perversa de incompetencia y autoritarismo. En efecto, su principal estrategia ha sido la de aumentar la presión sobre las fuerzas políticas de oposición, encarcelando al líder de las marchas ciudadanos Leopoldo López -entre otros- e iniciando procesos judiciales que levantan muchas dudas contra otros políticos contrarios como la diputada María Corina Machado.
El presidente de siria, Bashar al-Assad y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro se reúnen en Damasco. Fuente: Globovision .com

El presidente de siria, Bashar al-Assad y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro se reúnen en Damasco. Fuente: Globovision .com

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Palabras de presidentes: Obama y Putin hablan a sus pueblos

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Fuente: telegraph.co.uk

 

Luego de siglos de preeminencia, los discursos continúan siendo una de las herramientas de comunicación política -y dominación en muchos casos- más importantes de los repertorios de los líderes políticos. Representan un canal rápido e incidente para convencer a una audiencia de una idea, de justificar una decisión o incluso de tantear el terreno para una innovación. Suponen, para los líderes mundiales, el espacio para señalar sus cursos de acción y determinar sus posiciones y políticas, y en las democracias mediáticas actuales, pueden separar a un político de barrio hábil, a un automático hombre fuerte o un torpe señor de la guerra de una fuerza inspiradora que sea capaz de ganar tracción, reunir voluntades y lograr consensos con sus palabras.

Vladimir Putin se dirigió a sus conciudadanos el pasado 04 de noviembre en el discurso del Estado de la Unión de su país. Y aunque hubo referencias a los conflictos internacionales que enfrenta el líder ruso y a la temida “amenaza” que para sus intereses en Europa Oriental supone Occidente, la mayoría de sus palabras se dirigieron a terrenos más cotidianos y se preocuparon por dar certezas más mundanas. Similar fue el discurso del Estado de la Unión del presidente estadounidense Barack Obama el pasado 28 de enero, centrado en la situación económica de su país y su para entonces reciente reforma al sistema de salud.

Los siguientes son los análisis textuales de sus intervenciones, en donde las palabras más repetidas aparecen más grandes.

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Análisis textual del discurso de Vladimir Putin en el Estado de la Unión de la Federación Rusa el pasado 03 de noviembre de 2014.

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Análisis textual del discurso de Barack Obama ante el Estado de la Unión de Estados Unidos el pasado 28 de febrero de 2014.

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¿Quién llenará el vacío dejado por Estados Unidos en el mundo?

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Reclutas chiítas marchan en el sur de Irak. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

La lenta, pero firme, retirada de Estados Unidos del mundo, está dejando enormes vacíos de poder que han llevado a la inestabilidad de regiones de vital importancia para el orden internacional y la estabilidad de los asuntos globales.

En Medio Oriente, donde millones de personas, tres religiones, varios cientos de facciones y docenas de intereses colisionan, Estados Unidos ha jugado un controvertido papel de “equilibrio de poderes” durante casi toda su historia reciente. En ocasiones fracasa, por supuesto, como durante y luego de la invasión de 2003 en Irak, pero en otras ha sido capaz de mantener una tensa estabilidad entre los poderes regionales, a través de profundas relaciones diplomáticas y de cooperación, o en algunos casos (particularmente en el Golfo Pérsico) por la intervención armada.

Sin embargo, el Medio Oriente no es, ni mucho menos, el único lugar en el que los estadounidenses intervienen en búsqueda de mantener el statu quo. La independencia de Europa occidental, la seguridad de la navegabilidad en el Océano Índico, la contención de China en el Mar Amarillo, la democratización de América Latina y el apoyo contra rebeldes y terroristas en el África Subsahárica, son algunos de estos casos.

Ahora bien, esta apuesta de política exterior supone una carga importante en recursos –tanto económicos como políticos- para el Estado Federal y los presidentes estadounidenses, y siempre ha supuesto un reto para justificar internamente. En efecto, los ciudadanos estadounidenses han sido durante casi su toda histórica democrática aislacionistas, recelosos de las “responsabilidad y cargas” que su país ha asumido en el siglo XX y XXI en el resto del planeta.

Así, de acuerdo al Pew Research Center, en 2013 el 52% de los estadounidenses sostuvieron que su país debía “ocuparse de sus propios asuntos internacionalmente”, el porcentaje más alto desde 1964, primer año en que se realizó esta encuesta. El escepticismo del público estadounidense puede verse, sobre todo, como una consecuencia de la “fatiga de guerra”, luego de más de una década de acciones armadas a gran escala en Asia, pero también, se explica un poco en las preocupaciones internas asociadas a la crisis económica internacional y sus consecuencias para Estados Unidos.

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Restos del avión de Malasya Airlines derribado en el este de Ucrania. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Tres de las más sonadas crisis internacionales de los últimos meses sirven como buenos ejemplos para la “retirada estadounidense” y algunas de sus consecuencias en las regiones donde los compromisos se están reduciendo.

En primer lugar, Ucrania, donde Vladimir Putin, el envalentonado presidente ruso, ha invadido la península de Crimea e incentivado y apoyado la rebelión de fuerzas pro-rusas en el Oriente del país. Estados Unidos ha liderado a Occidente en rechazar las acciones y aplicar sanciones económicas a Rusia por su intervención en Ucrania, pero tanto el presidente Obama, como sus conciudadanos, tienen poco interés en presionar demasiado al liderazgo ruso, mucho menos, intervenir en la defensa directa del territorio ucraniano.

Por un lado, Ucrania supone, en la nueva doctrina estadounidense de “liderar desde atrás” del gobierno Obama, parte de la influencia directa de Rusia y no de Europa Occidental y de la OTAN. Es decir, que por más que el presidente estadounidense continúe con su mandato histórico de “mantener el equilibrio internacional”, no intervendrá más allá de lo absolutamente necesario y posible políticamente. Porque, por otro lado, la opinión pública de su país ha dejado bien claro que no quiere ver a su país inmiscuido en Ucrania, peor aún, en un enfrentamiento con Rusia. Así, de acuerdo al Pew Research Center, el 56% de los estadounidenses sostuvieron en marzo de 2014 que su país no debía involucrarse mucho en la crisis ucraniana.

En segundo lugar, Siria e Irak, donde esta “doctrina Obama” se ha enfrentado a varios retos respecto a su propio compromiso descuidado y lejano con la estabilidad. En efecto, ni la represión del dictador Bashar al-Assad de su propio pueblo y luego su duro enfrentamiento con las fuerzas rebeldes sirias, incluso utilizando armas químicas, y cruzando la “línea roja” establecida por el propio Obama; han logrado mover a Estados Unidos a intervenir más allá del apoyo condicionado a algunas de las organizaciones rebeldes.

En este contexto, donde al-Assad pudo enfrentarse directamente a las fuerzas rebeldes más moderadas, mientras en el oeste y sur del país, la ya famosa organización extremistas ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) ganaba poder, poniéndose por encima incluso de otras fuerzas rebeldes, ganando terreno, controlando ciudades y acumulando armamento. A principios de 2014, este mismo grupo lanzó una ofensiva militar en el norte de Irak, su lugar de nacimiento, y apoyándose en el descontento de los sunnitas con el gobierno chiíta del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki, su avance ya ha llevado a la caída de ciudades como Mosul, Tikrit o Fallujah, y amenazan la capital, Bagdad.

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Bombardeo de las fuerzas de seguridad israelí en una localidad de la franja de Gaza. Fuente: The Big Picture – Boston.com

Ante el preocupante avance, Obama decidió recientemente atacar las posiciones de ISIS en el norte de Irak, intentado detener su ofensiva contra los kurdos. Es solo contención, en el mejor de los casos, la “atención de los síntomas, no de la enfermedad”. Y su alcance está determinado de entrada por la negativa de los Estados Unidos a tener compromisos más amplios.

De nuevo, los ciudadanos estadounidenses se oponen a esta acción, y sobre todo y particularmente, a cualquier incremento en el involucramiento de su país en la crisis del país del Medio Oriente.

Por supuesto, la política exterior de Obama da cuenta de nuevas realidades en las actitudes políticas de sus conciudadanos. De esta forma, tomar decisiones de intervenir internacionalmente –incluso frente a peligrosos conflictos y enemigos tan claros, como en los primeros meses del conflicto en Siria- se ha convertido en una tarea imposible para un líder estadounidense, por culpa de los altos costos políticos.

Y esta es una realidad interna que plantea un obstáculo casi imposible de salvar para el presidente Obama y los líderes estadounidenses por venir.

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Putin está ganando: Tres consecuencias para el mundo

Fuente: imagenpoblana.com

Fuente: imagenpoblana.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Sin conocer todavía el desenlace final del conflicto en Ucrania (al momento de escribir este texto, insurgentes pro-rusos del oriente de  Ucrania y fuerzas rusas encubiertas toman el control de estaciones de policía y edificios de gobierno ante un vociferante pero impotente gobierno ucraniano, mientras las fuerzas armadas rusas continuaban concentrando elementos en la frontera), se pueden asumir algunos grandes cambios que los últimos acontecimientos implicarán para el futuro del orden internacional.

Estas son tres consecuencias iniciales de que, en Ucrania, Vladimir Putin, presidente de Rusia, esté ganando:

Fuente: time.com

Fuente: time.com

1. El nuevo zar: desde que llegó al poder en el año 2000, Vladimir Putin se dio a la tarea de crear una Rusia a su imagen y semejanza. Fría, calculadora, fuerte y cruel. Pero próspera y respetada, luego de toda una década de ser la burla del sistema internacional, y unos veinte años de estancamiento político y económico. Y lo ha logrado. Por un lado, con un poco de suerte, al impulsar el crecimiento económico de su país con las bonanzas de las materias primas desde mediados de la década del dos mil, y por el otro, con mucha astucia y algo de arrojo, al ganar varias manos internacionales con sus enemigos occidentales. Putin ha restaurado la influencia rusa en su vecindario y el mundo, ganó las partidas en Georgia en 2007, Siria en 2013, y parece estar a punto de asegurarse otra victoria en Ucrania en 2014. El nuevo zar, y la nueva Rusia, se han convertido en una fuerza a tener en cuenta a nivel global. Justo lo que Putin se planteó desde que asumió el poder.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

2. El “pivote” europeo: en enero de 2013, el presidente estadounidense Barack Obama planteó una nueva “gran estrategia” para la política exterior de su país, el “pivote de Asia”. La idea era concentra los recursos económicos, políticos e incluso militares de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. En primer lugar, para aprovechar el dinamismo económico y las prospectivas de crecimiento de los países de esa zona del mundo, pero en segundo lugar -y no menos importante- para “contener” la expansión de la influencia china. Pero el viejo frente europeo se ha vuelto a abrir. Los estadounidenses habían gestionado las relaciones con los rusos desde la caída de la Unión Soviética; incluso superando crisis complejas como las guerras en los Balcanes y el Caucaso, pero el conflicto en Ucrania, y el incremento de la agresividad rusa a nivel internacional, le exigirán a Estados Unidos que su “pivote de Asia” se vuelva simplemente el viejo “pivote europeo”. Los chinos, al margen, deben estar sonriendo.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

3.La potencia desafiada: desde el final de la Guerra Fría se ha debatido sobre si el mundo se encuentra en un orden unipolar o multipolar. Aunque la crisis en Ucrania ni sea la primera señal de la multipolaridad y la dificultad para Estados Unidos de dirigir y liderar el mundo, si se ha convertido en un poderoso argumento para los que, en efecto, consideran que la súper potencia está todo menos sola en el orden político global. Por supuesto, esto no solo tiene efectos académicos. Futuras crisis -y algunas actuales, como el conflicto en Siria- se verán afectados por los poderes locales que, envalentonados por el ejemplo que da Rusia, no hacen caso de la presión o la negociación de los diplomáticos estadounidenses.

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Un realista, un liberal y un socialista discuten la crisis en Ucrania

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Por Santiago Silva Jaramillo

Un bar, tres comensales discuten las noticias en la barra, en el televisor pasan una nota sobre la anexión de la región de Crimea por parte de la Federación Rusa. En las imágenes, se puede ver a un determinado Vladimir Putin haciendo anuncios y defendiendo las decisiones rusas; luego, una reunión de ministros de asuntos exteriores de Europa occidental y Estados Unidos, caras de preocupación y anuncio de sanciones y más sanciones; finalmente, ciudadanos ucranianos se manifiestan en la calles de Kiev en contra de los rusos, su nuevo presidente, con lo que parece miedo en todas sus maneras, habla frente a los micrófonos con resignada parsimonia.

—El mundo no puede dejar que Putin se salga con la suya…—sostiene el Liberal, indignado.

—Por “el mundo” te refieres a Occidente ¿verdad? —repone, con ironía, el Socialista— Es un mundo muy conveniente, el tuyo ¿eh? El que representa los intereses de los estadounidenses, los europeos y sus compañías multinacionales.

El Liberal se ofende.

—Hasta en tu paranoia y tus reivindicaciones pasadas de tiempo no creo que puedas justiciar la agresión imperialista de Putin.

—¡Por supuesto que puede hacerlo! —interrumpió el Realista, para añadir—Rusia solo está haciendo lo que es mejor para sus intereses geopolíticos. Todo este asunto, desde los coqueteos de la Unión Europea a Ucrania y la contrapropuesta de los rusos, lo que desencadenó en la situación que estamos viendo ahora, hasta la anexión de Crimea por parte de Putin se explican con facilidad desde el cuidado de todas las partes de sus intereses nacionales…

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

—No tienes que hablar por mi…—sostuvo el Socialista, aclarando inmediatamente—menos si lo vas a hacer mal. En realidad, no creo que todo se pueda resumir en un asunto de fríos cálculos geopolíticos; hay dos modelos enfrentados en este conflicto: la unipolaridad de Occidente, en donde el único camino de acción es el que decida Estados Unidos, y el de la multipolaridad, que busca que cada país tome sus decisiones y cada región atienda sus problemas sin que los líderes imperialistas y sus multinacionales metan sus narices para cuidar su dinero.

—¡Un momento! —estalló el Liberal—No puedes pretender que la violación de las normas internacionales, el irrespeto a la soberanía de una nación independiente y la invasión de un territorio ajeno sean “multilateralismo”. Putin ha abusado sistemáticamente de un país vecino: influyó en sus procesos políticos al comprar las elecciones para Yanukovich, impidió que el país se acerca a la Unión Europea, apoyó la represión de las protestas de los últimos meses, y luego se anexó una porción de su territorio ¡todo eso no puede ser “multilateralismo”!

—Ustedes dos son estereotipos andantes… —se lamentó el Realista, mientras negaba con la cabeza y sonreía a media boca.

Sin hacer caso, el Socialista respondió al Liberal.

—¡Putin no tenía otra opción! Occidente lleva años queriendo arrebatarle lo que le queda de su zona de influencia, primero con Polonia, luego con los países bálticos, luego con Georgia y ahora con Ucrania, que está justo sobre su frontera, donde viven muchísimos nacionales rusos y que es la capital histórica de todos los soviéticos. Resultaba simplemente impensable que la Federación Rusa fuera a permitir que el capitalismo occidental y las armas estadounidenses se robaran a Ucrania.

—Estas estancado en la Guerra Fría—repuso el Liberal— no hay tal cosa como un enfrentamiento entre Occidente y Oriente, no hay un “resurgir” de la Rusia como la Unión Soviética… Putin, definitivamente, no es un líder comunista, es un plutócrata; y ha construido un régimen de represión y autoritarismo sustentado en un capitalismo de ladrones, peor al que podrías denunciar en  cualquier país de Europa o América.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

—Putin solo protege a sus nacionales, a los rusos que viven en Ucrania, y a su esfera de influencia, de la agresión imperialista—dice el Socialista.

—Europa y Estados Unidos mantienen su compromiso con el Derecho Internacional y la estabilidad mundial—dice el Liberal.

—Ambos, Occidente y los rusos, solo quieren cuidar sus intereses, también los ucranianos, pero en el medio de dos fuerzas tan grandes como están, serán los únicos verdaderos perdedores de todo este asunto…—puntualizó el Realista.

Las voces se pierden, entremezclándose mediante la discusión se hace más acalorada.

—¡…la culpa es de Occidente…!

—¡…la culpa es de Vladimir Putin…!

—…

—…

En la televisión repiten la nota sobre el conflicto en Ucrania, de nuevo, desfilan las imágenes de movimientos militares y reuniones políticas, en el bar, solo los tres hablan sobre el tema.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Sobre Vladimir Putin, los eventos mundiales y el prestigio internacional

Organizar un evento deportivo internacional es, ante todo, construir una vitrina y exhibirse al mundo. Vladimir Putin, presidente ruso (y en el poder efectivo desde hace ya catorce años) lo sabe muy bien y por eso organizó los juegos Olímpicos de Invierno en la localidad de Sochi para presentar al mundo una visión de una nueva Rusia, a su imagen y semejanza: fuerte, pero autoritaria, pragmática, pero cínica, rica, pero desigual, en orden, pero atemorizada, estable, pero corrupta.

Sin embargo, aunque los Olímpicos en Sochi han sido en efecto vitrina para Rusia; pero ante todo, han avergonzado a Putin. Porque cuando se abre la “caja de Pandora” del escrutinio internacional, nunca se sabe cuáles serán las consecuencias. De hecho, la apuesta de Putin por darse un baño de alta sociedad global no ha tenido, ni de lejos, el impacto que con seguridad esperaba el hombre fuerte de Rusia.

No quiere decir que los escándalos o realidades que salen a la luz durante los Olímpicos no hayan estado presentes por años o hagan parte de problemas estructurales, sino que, a falta de un evento que los apalanque a nivel mediático, muchos han pasado desapercibidos o han sido olvidados en la distraída atención mundial.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

Pero ¿qué ha “encontrado” la opinión pública internacional en su trabajo de fisgonear dentro de Rusia? ¿Cuáles son esos asuntos que echaron al piso la pretensión de Putin de mostrarnos un montón de villas como las de Potemkin?

  • Problemas económicos: Rusia ha sustentado su espectacular crecimiento reciente en la explotación a gran escala y la venta de recursos primarios, sobre todo energéticos, al resto del mundo, particularmente Europa. En efecto, el petróleo y el gas rusos impulsan las economías industriales y calientan los hogares de millones de europeos. Los altos precios recientes permitieron a los rusos una prosperidad nunca antes vista en su historia, pero las únicas consecuencias internas de esta tendencia han sido el incremento de la corrupción, el fortalecimiento de la oligarquía petrolera y la dependencia de estos productos para cualquier perspectiva de crecimiento económico. Ahora, cuando los precios parecen ralentizarse y la producción rusa ha dejado de aumentar, las perspectivas económicas de su país parecen cada vez más grises.
  • Abusos a los derechos civiles: la persecución a minorías políticas en Rusia ha tomado un giro apenas esperado, la persecución de minorías sexuales. En efecto, Putin parece empeñado en modelar a su país a configurarse en una supuesta “potencia moral” del planeta; a falta de recursos diferentes, la apuesta de los rusos ha sido la radicalización de medidas en contra de minorías, como la comunidad LGBTI de su país. La comunidad internacional ha protestado, incluso convirtiendo el asunto en exigencia internacional para las relaciones con Rusia: Putin debe desapretar las amarras sobre su población. Para los rusos esta injerencia no solo ha sido inaceptable, sino vergonzosa; los cuestionamientos parecen afectar esa misma autoridad que Putin buscaba construir. Todo un tiro por la culata.
  • Debilidades de seguridad interna: justo antes de Sochi, un terrorista se inmoló en Moscú, la capital rusa, señalando una realidad que Putin intenta esconder tanto como sea posible a nivel internacional: la continuada guerra en Chechenia. La seguridad en Sochi fue de película, la más costosa desde los juegos en China, sustancialmente más grandes y difíciles de proteger. En efecto, Rusia enfrenta enormes desafíos de seguridad interna nacidos de su viejo conflicto con los rebeldes chechenos.

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Un realista, un liberal y un socialista discuten la intervención en Siria.

Fuente: The Big Picture - Boston.com

Fuente: The Big Picture – Boston.com

Un bar, tres comensales discuten las noticias en la barra, en el televisor pasan una nota sobre la guerra en Siria: se suceden imágenes de una ciudad árabe semi-destruida y hombres de camuflado disparando sus fusiles agazapados detrás de escombros; reuniones en Nueva York y Washington, hombres de saco y corbata hablan y manotean; navíos y barcos de guerra navegan sobre las olas de Mediterráneo; y al final, una fila de cuerpos amortajados, los rostros de niños, hombres y mujeres sin vida.

— ¿Qué están esperando?—se pregunta el Liberal, indignado—La comunidad internacional no puede seguir de manos cruzadas mientras los muertos se siguen acumulando en las calles sirias.

—¿Y quién es esa “comunidad internacional”?—le pregunta, con ironía, el Realista—Mientras los intereses de ningún país sean lo suficientemente grandes como para intervenir, nadie lo hará; lo siento si sueno crudo, pero una guerra cuesta dinero y ni europeos, ni estadounidenses van a gastar ese dinero si sus intereses no están amenazados.

—Pero ustedes dan por sentado que la intervención es algo bueno—terció el Socialista— ¿te preguntas por los intereses en juego? La intervención de Occidente atiende a los intereses del imperialismo, el mismo que se debe culpar por toda la violencia en Medio Oriente desde un principio.

—Evitar la muerte de más ciudadanos sirios y la utilización de armas químicas se inscribe dentro de los intereses del pueblo sirio—repuso, algo exasperado, el Liberal— ¡mierda! Se inscribe en los intereses de la humanidad, señores.

—No es tan sencillo—sostuvo el Realista, mientras el Socialista asentía, de acuerdo— se ha cometido errores enormes cuando se combina moral con política internacional.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

—Además —añadió el Socialista— ¿dónde queda el derecho internacional que tanto defiendes, Liberal? La intervención nunca tendrá la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, pase lo que pase, siempre será ilegal, al violar el principio de uso de la fuerza.

—Cuando las instituciones internacionales—sostuvo el Liberal—no son capaces de hacer cumplir las leyes internacionales porque la política las paraliza, son los países, y en este caso solo Estados Unidos cuenta con la capacidad y disposición para hacerlo, los que deben cumplir esa función.

El Socialista rio con gusto antes de preguntar:

—¿De qué sirve un entramado jurídico que puede violarse según las circunstancias? Suponiendo, por ejemplo, que al-Assad sea culpable, que en realidad lo que busca Estados Unidos y Europa en Siria es detener la matanza y no apoderarse de otro país en Medio Oriente.

—¿Otra de tus conspiraciones de masonería, sionistas y el club Bildelberg…?—Inquirió con ironía el Realista.

—El mundo no es lo que reportan CNN y la BBC, señores—Repuso el Socialista—en fin… ¿qué me dicen de que se realice una acción que viola la soberanía de Siria y del pueblo sirio? Los mismos sirios deben resolver este problema, no tenemos derecho a entrometernos, ni los europeos, ni los estadounidenses.

—¿Y Vladimir Putin si puede? ¿Qué me dices del papel de los rusos en la guerra?—preguntó el Liberal—¿O Irán? ¿Sus armas y apoyo al régimen si se justifica?

El Socialista se encogió de hombros.

—No voy a ser yo quien defienda a Putin…

—Quizá yo pueda explicarlo, aunque no lo quiera defender—repuso el Realista y añadió—Putin es un realista político y en Siria le importa muy poco los desfases de Bashar al-Assad…

—En parte—interrumpió el Liberal—porque no ha hecho nada que los rusos no hayan hecho en Chechenia…

—…su intención—continuó el Realista sin hacer caso—se explica en la defensa de la base rusa en el puerto sirio de Tartus, la compra de armas que al-Assad realiza a la industria rusa y finalmente, se juego buena parte de su prestigio internacional como potencia, sacándole todo el jugo posible al poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

—De acuerdo—repuso el Liberal—pero los simples intereses no solo mueven el mundo, los mismos rusos se comportan con una nostalgia de potencia que no necesariamente defiende sus intereses nacionales más inmediatos.

—Ahora ¿por qué intervendría Estados Unidos?—se preguntó el Realista— según lo veo, solo cuenta con un interés real en juego: su prestigio. En efecto, ya dijo que intervendría, no puede echarse para atrás, al-Assad cruzó la célebre línea roja puesta por el presidente Obama, Estados Unidos no puede darse el lujo de parecer débil en este punto: esa es la única razón.

—No estoy de acuerdo—intervino el Socialista—Estados Unidos busca dar un golpe a los iraníes en la región, mientras se asegura el paso para un gaseoducto que lleve el gas del centro de Asia al Mediterráneo. Al final, todo se reduce a una cuestión de dinero, ni defensa de Derechos Humanos, ni castigo por el uso de armas químicas.

—Lo que sostienes—dice el Liberal—está construido a punta de verdades a medias y suposiciones.

Las voces se pierden, entremezclándose mediante la discusión se hace más acalorada.

—…la culpa es de los rusos, de Vladimir Putin…—se le escucha al Realista.

—…la culpa es de la inacción internacional…—sentencia el Liberal.

—…la culpa es de Estados Unidos y Europa…—sostiene el Socialista.

—…

—…

En la televisión repiten la nota sobre la guerra en Siria, de nuevo, desfilan las imágenes de muerte y destrucción, en el bar, solo los tres hablan sobre el tema.

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Fuente: The Big Picture – Boston.com

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El revés del Zar

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre las recientes elecciones en Rusia y el principio del fin de Vladimir Putin

La débil y asediada democracia rusa ha sido tema recurrente de algunas de mis anteriores entradas en este blog. En efecto, Rusia cuenta con una historia de corrupción, fraude y abusos de poder que han convertido su sistema político en poco más que un gobierno de los burócratas, cleptómanos, militares  e industriales amigos del régimen de turno. A bordo de todo esto se ha sostenido el hombre fuerte de Moscú, Vladimir Putin, un ex agente de la KGB que en 2000 fue electo presidente y que ha mantenido su poder durante la última década a punta de dinero de la bonanza petrolera y captación de los poderes públicos.

Un elemento fundamental de su estrategia está representado en su partido político “Rusia Unida”, que le había asegurado durante todos estos años el control del parlamento ruso, la Duma. La hegemonía de su movimiento político, por supuesto, se había consolidado utilizando el dinero de los petroleros y la intimidación y censura a medios de comunicación y opositores realizada por el mismo gobierno.

Sin embargo, el pasado 2 de diciembre, las cosas parecen haber empezado a cambiar. En una elección sin precedentes en la historia rusa, el partido “Rusia Unida” solo consiguió el 49.5% de los votos a la Duma. El resultado sería excelente para cualquier otro partido político en una elección democrática, sin embargo, para “Rusia Unida”, acostumbrada a conseguir entre el 60 y70 de los votos (en 2007 logró el 64.3%), los resultados han sido catalogados por los analistas como un revés de importancia.

Lo que podría verse como una evento circunstancial, uno de eso caprichos que trae la idea loca de ponerse a prueba cada cierto a tiempo en las urnas, parece más bien representar un punto de quiebre, el inicio de una tendencia, que inevitablemente cambiará la política rusa de los próximos años.

En primer lugar, están los líderes de medios independientes y nuevos partidos y movimientos de oposición que han estado apareciendo en Rusia en los últimos años y que jugaron un papel fundamental en el resultado electoral del 2 de diciembre. Por supuesto, Putin y los suyos han sido rápidos en notar esta amenaza y por eso se han dedicado a censurar medios, perseguir a los líderes de la oposición y hackear los blogs desde donde la oposición se hace oír.

Pero una gran cantidad de rusos, sobre todo los jóvenes, también han tomado la bandera de la democracia y la defensa de las libertades y derechos que se les han prometido. Apenas se conocieron los resultados de las elecciones a la Duma, junto con las denuncias de fraude en el proceso hechos por los pocos actores independientes, miles de rusos se tomaron las calles de Moscú para protestar contra los resultados.

Finalmente, está el mismo Vladimir Putin y su pretensión de lanzarse otra vez a la presidencia, luego haber “descansado” durante un periodo como primer ministro mientras su amigo Dimitri Medvedev le guardaba el puesto en la presidencia. Es precisamente la ambición de Putin lo que ocasionó el revés de su partido en las últimas elecciones; los electores castigaron su aspiración a la presidencia y le han advertido de lo que podría ser todavía más adverso resultado el próximo año, en las presidenciales.

Muchos hablan ya de una primavera rusa. La realidad es bastante lejana todavía y en todo caso, si es que en realidad estamos frente a un cambio profundo en la política rusa, los ejemplos de las revoluciones en el mundo árabe y sus hasta ahora complicados resultados, pueden poner en duda lo beneficioso que esto resultaría para el país y sus 140 millones de ciudadanos.

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Corrupción, un problema global.

Fuente: The big picture - Boston.com

Sobre las desastrosas consecuencias económicas y sociales de la corrupción.

La mayoría de los países en desarrollo se enfrentan a un enemigo escurridizo, difícil de enfrentar efectivamente y que representa una amenaza enorme para las reformas económicas y políticas en las que se encuentran enfrascados. En efecto, la corrupción (pública y privada) es quizás la última gran barrera, luego de que se han establecido procedimientos e instituciones democráticas, se ha instaurado un modelo de Estado de Derecho y se han afinado las reglas de juego económicas.

La corrupción destroza la confianza entre la sociedad civil, los empresarios y el gobierno. Las personas desarrollan, cuando la corrupción pública y privada es la regla, una natural resignación respecto al problema, a la falta de eficiencia y a la ilegalidad en sus interacciones comunes. Así, como todo buen mal, la corrupción afecta todos los procesos normales de la vida diaria y toca desde al más alto ejecutivo o servidor público, hasta el burócrata en la base de la pirámide o el ciudadano del común.

Los sobornos para conseguir servicios públicos, la extorción de los oficiales del Estado y la complacencia burocrática y política para sostener el sistema implican costos enormes, y en ocasiones imposibles de asumir, para los empresarios y emprendedores de cualquier país. De igual manera, la incertidumbre de un sistema judicial, político y económico atravesado por las prácticas y los funcionarios corruptos afecta la confianza democrática, en el sistema político y en el establecimiento de los contratos privados. El mundo se convierte en una selva, en donde todos intentan sacar un pequeño provecho de todo sobre lo que puedan ejercer algún tipo de influencia, por mínima que sea.

Es el caso de Rusia, en donde se ha combinado una desastrosa formula de permisividad con la corrupción y el establecimiento de una estructura oligárquica y burocrática que se renueva y protege a sí misma. El problema es que los sobornos y las extorciones de los funcionarios públicos han configurado un sistema en el que las empresas privadas y los ciudadanos de a pie se ven obligados a participar de las prácticas corruptas si quieren acceder a servicios o evitar las sanciones y multas.

El sistema político, como en todos estos casos, no ayuda. Vladimir Putin, primer ministro y el seguro próximo presidente ruso, instauró desde el año 2000 un equilibrio entre estatismo y protección de la oligarquía que funcionó mientras el boom de hidrocarburos de los últimos diez años pudo soportar la ineficiencia de las empresas públicas y el Estado benefactor que impulsó el consumo de los rusos. Pero ahora, en medio de la profunda crisis económica internacional, Rusia ha sido incapaz de promover la iniciativa privada y reunir a los inversionistas, que sacan su dinero del país, huyendo de la rampante corrupción.

Similares problemas se presentan en países como India, China o Brasil, pero también en la mayoría de las naciones africanas y latinoamericanas. Según Transparencia Internacional, la percepción de corrupción (en donde 0 es muy corrupto y 10 muy transparencia), tres cuartos de los 178 países estudiados en el índice se ubican debajo de un puntaje de 5. Mejor dicho, que en más de la mitad del mundo, las personas creen que sus gobiernos son, en el mejor de los casos, bastante corruptos.

Ahora bien, ¿qué facilita la corrupción? Normalmente, el autoritarismo y la falta de controles sociales e institucionales. Es decir, es más probable que se den fenómenos de corrupción en regímenes o sistemas políticos poco democráticos y en donde la sociedad civil y las instituciones de control sean débiles. El control ciudadano fuerte, una democracia vibrante y unas instituciones políticas y económicas dinámicas y justas son, entre otras maneras, la mejor aproximación hacia los desafíos que presenta la corrupción.

¿Tiene solución la corrupción en los países en desarrollo? ¿Cuál es la mejor manera de abordar este problema? Cuénteme lo que piensa, comente.

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